Un mensaje de la autora: espera que os guste tanto como la de Los vampiros también lloran.
Capítulo 2
«¡Qué mujer más arrogante, Dios mío!» exclamó Marian
«Ni siquiera tuvo la decencia de saludarnos» comentó Margaret
«Es mejor dejar los comentarios para después…la empleada que ha traído de la capital se está acercando» dijo la cocinera, y rápidamente todos se callaron.
Al día siguiente, por la ventana de su cuarto, Regina observaba el movimiento de los trabajadores en la hacienda, por lo menos hasta donde su vista lograba alcanzar. Faltaban treinta minutos para las siete de la mañana y el sol en ese sitio parecía salir más pronto que en la capital. Después de tomar un baño y encontrase debidamente vestida, se dirigió al cuarto de su hijo, y comprobó que ya estaba despierto.
«¿Qué te parece un baño y tomar el desayuno juntos?» sugirió «Vamos, te ayudo a…»
«No quiero tomar baño contigo» dijo él «¡No me dejaste quedar con la tía!»
«Henry, para con la rebeldía o…» antes de que pudiese seguir, golpes en la puerta interrumpieron la conversación y Ruby entró en el cuarto
«Perdón, señora…no sabía que estaba aquí» dijo ella
«¿Qué quiere?» preguntó Regina
«Vine a darle un baño al pequeño para que pueda después tomarse el desayuno»
«¡Sé bañarme solo!» exclamó él
«Ayúdelo en lo que sea necesario y después llévelo a desayunar…estaré abajo» dicho eso, Regina se retiró.
Pasaron algunos minutos y Ruby bajó acompañada de Henry. Regina ya había desayuno y se preparaba para salir, sin embargo, retrocedió al recordar que necesitaba a alguien para que cuidara exclusivamente del pequeño.
«¿Alguna de ustedes sabe dónde puedo encontrar una niñera eficiente para que cuide de mi hijo?» preguntó Regina
«¿He hecho algo malo, patrona?» preguntó Ruby
«No, claro que no»
«Entonces, ¿por qué contratar una niñera? Yo puedo cuidar de él…»
«Usted ya se encarga de la casa y necesito a alguien que se dedique por entero a él»
«Conozco a una chica que está sin trabajo, patrona…y por lo que parece, no es del pueblo y parece bien educada» dijo Margaret
«Pídale que venga mañana a las ocho en punto»
«Sí señora»
«Granny, cuide de Henry mientras» dijo Regina «Ruby, acompáñeme» añadió, caminando hacia la puerta «¿Hace cuánto que vive aquí?»
«Nací aquí, patrona. Mi madre cuidaba de la casa, pero antes de fallecer, me cedió a mí esa tarea»
«¿Quién es el capataz de la hacienda?» preguntaba, mientras caminaba hacia los establos
«Es Robin, señora. Por cierto, está de cháchara y fumando, como siempre» dijo Ruby señalando hacia donde se encontraba él
«Reúna a todos los empleados en el patio, excepto los que trabajan dentro de la casa grande» ordenó ella, entrando en los establos sin esperar respuesta
La jornada de trabajo en la hacienda comenzaba a las siete en punto y por esa razón fue más fácil reunir a todos los empleados sin que Regina tuviese que esperar mucho. A paso lento, pero firme, se acercaba a la multitud aprensiva y al mismo tiempo, admirada por su belleza. Los pantalones de cuero que llevaba, así como la camisa de manga larga parcialmente cubierta por un chaleco negro mostraban el perfecto cuerpo ceñido con esas vestimentas. Las botas de caño alto marrones combinaban perfectamente con el látigo que llevaba consigo, apretándolo firmemente en su mano.
«Buenos días, patrona. Soy Robin, el capataz de la hacienda»
«Lo sé» dijo ella «Solo quiero decir que estoy aquí para quedarme. Todos seguirán ocupando sus respectivos puestos si hacen por merecerlo. Ahora, vuelven al trabajo» señaló, volviendo a pronunciarse cuando Robin hacía amago de retirarse «Robin, ensílleme un caballo»
«¿La señora sabe montar?» preguntó
«Si no supiese montar, no le habría mandado que me ensillara un caballo»
«Sí, señora, con permiso»
«Ruby, en el centro de la ciudad hay una escuela, ¿verdad?» preguntó Regina
«Sí, señora»
«Quiero que vaya a la ciudad y matricule a mi hijo»
«Pero eso solo lo pueden hacer los padres de los niños»
«¡Haga lo que le he mandado! Pida a uno de los peones que la lleve» dicho eso, Regina se retiró.
De acuerdo a lo que había imaginado, la dirección de la pequeña escuela de Storybrooke no se negó a matricular al pequeño cuando tuvo conocimiento de que se trataba del hijo de Regina Mills. Aunque a muchos no les gustase o no quisieran admitirlo, la familia Mills era dueña de prácticamente toda aquella ciudad, ya que la hacienda era la única propiedad activa y productora de la región, dando trabajo en sus tierras a un 60% de la población. Fruta, verdura, carne, leche, entre otros productos, todo era comercializado a partir de aquella hacienda de la que Regina era la única heredera.
«Con permiso, patrona. Hablé con la chica sobre el trabajo y se entusiasmó mucho»
«¿Le advirtió sobre el horario?»
«Sí señora…a las ocho en punto»
«Gracias. ¿Dónde está Ruby?»
«Preparando al niño para cenar. Con permiso»
La cena transcurrió tranquila. Ruby informó que Henry ya podría ir a la escuela el lunes, y por esa razón, Regina tenía cierta urgencia en contratar pronto a una niñera que se encargara de prepararlo y llevarlo a la escuela. Por fortuna, la candidata no rechazó aparecer en la hacienda el domingo por la mañana.
«¡Son las ocho y cuarto! ¡Y dije a las ocho!» decía Regina, dirigiéndose a Margaret
«Patrona, le he dicho, algo tiene que haber pasado porque ella parece muy responsable» se justificó Margaret
«¡Parecer y ser son dos cosas diferentes! ¡Pero la culpa es mía por confiar en una empleada!» dicho eso, se retiró
«Por Dios…¿esa mujer nunca está de buen humor?» comentó Marian
«La patrona es una mujer difícil, pero no siempre fue así…quiero decir, siempre tuvo un temperamento fuerte, pero empeoró tras algunas cosas que pasaron en su vida» intervino Granny
«Usted trabajaba en su casa, en la capital, ¿verdad?» cuestionó Marian
«Sí, hace aproximadamente treinta años que trabajo para ella»
«¿Y por qué vive así, echando fuego por la boca hacia todo el mundo?»
«Bueno…»
«¿Vamos a trabajar y dejar los cotilleos?» interrumpió Ruby «¿Dónde está la patrona?»
«Salió hace unos minutos…estaba escupiendo fuego porque la candidata a niñera no ha dado señales de vida» dijo Marian
«¡Ah, no! Ella está ahí afuera…¿qué hago?»
«¿La patrona?»
«¡No, idiota! ¡La niñera!»
«Deja, yo voy a hablar con ella» dijo Margaret «A fin de cuentas, tengo que saber qué ha pasado para que se haya retrasado tanto»
«¡Emma! ¡Te dije que la patrona había fijado a las ocho de la mañana!» dijo Margaret
«Lo sé…pero tuve un problema con mi bicicleta y he tenido que venir a pie»
«¿Has venido andando todo el camino?» pregunto, atónita ante la distancia recorrida por Emma
«Sí, y por eso me retrase. Pero ahora dime, ¿dónde está tu patrona?»
«Salió furiosa por tu retraso y no quiero ser pesimista…pero creo que perdiste el empleo»
«¡No me digas eso, Margaret! Necesito el trabajo…»
«¿Crees que no lo sé?»
«Voy a esperar a hablar con ella»
«¿Estás segura? Es una mujer muy difícil y malhumorada»
«Tendré que arriesgar y…»
«Hola. ¿Eres la nueva niñera?» preguntó Henry, interrumpiendo la conversación
«¡Hola! Bueno, aún no, pero espero conseguir el empleo» dijo Emma, esbozando media sonrisa
«¿Vas a esperar a que llegue mi madre?»
«Sí, si no es molestia, claro»
«No es molestia…¿puedes ayudarme a hacer este puzle?»
«¡Claro que sí!» exclamó ella, y antes de que pudiese decir nada más, Henry la cogió de la mano y la arrastró hasta mitad de la sala
Pasó algo de tiempo, pero finalmente Regina regresó a la casa grande. Al entrar en la sala, dio un paso hacia atrás cuando sus ojos se encontraron con una larga cabellera rubia. Por un instante, se asustó al pensar que se trataba de Katheryn, sin embargo, ese pensamiento desapareció rápidamente de su cabeza cuando se dio cuenta de que su ex mujer nunca se sentaría para hacer un puzle con su propio hijo, y tampoco era dueña de los cabellos más brillantes y bonitos que sus ojos hayan podido contemplar.
«Mejor jugamos después» dijo Henry, juntando las piezas del puzle
«Pero, ¿por qué? Casi estábamos terminando» dijo Emma, con tono alegre, sin embargo, su sonrisa desapareció de sus labios cuando se dio cuenta de que Henry mantenía su mirada fija en otra dirección.
Al darse la vuelta para descubrir lo que él observaba, sus ojos verdes se cruzaron con los ojos castaños fijos en ella. Sin saber exactamente la razón, Emma sintió su corazón acelerarse y un nerviosismos jamás experimentado antes se apoderó de su cuerpo. Quizás se trataba de la expresión seria que mantenía aquella mujer que tenía delante, o quizás, fuese la sorpresa al enterarse de que la dueña de la mayor hacienda de la región era una mujer totalmente diferente a lo que se había imaginado.
«¿Quién es usted?» preguntó Regina
«Me llamo Emma Swan. Estoy aquí por el puesto de niñera que…»
«La hora marcada no era esta» dijo, seca y grosera
«Lo sé…sucede que…»
«¡Sus explicaciones no me interesan! Váyase de mi casa»
«Mamá, deja que se quede» intervino Henry «Quiero que sea mi niñera» añadió, poniéndose delante de Emma.
«No cumplió con el horario y eso significa que no podrá cumplir con…»
«Por favor, ma…solo se atrasó porque tuvo un problema» insistió él. Regina suspiró pesadamente, dándose cuenta de que había estado manteniendo la respiración mientras su mirada seguía fija en Emma.
«Está bien» dijo ella «¡Pero que quede claro que detesto los atrasos y que no pretendo tolerar ese tipo de faltas!»
«Si señora. No va a repetirse» dijo Emma
«Henry, déjame a solas con la señorita Swan»
«¡Gracias, ma! ¡Ciao, Emma!» dijo él, corriendo hacia las escaleras
Antes de volver a hablar, Regina analizó la figura que tenía delante de arriba abajo, aunque ya lo hubiese hecho desde el primer momento en que su mirada recayó sobre ella. El vestido que llevaba Emma, aunque sencillo, se amoldaba perfectamente a su cuerpo. Los cabellos estaban sueltos y cubrían parte del cuello, expuesto debido al discreto escote de la prenda. En su rostro, no había señal de maquillaje, ni lo necesitaba, ya que los ojos verdes, encendidos como una llama, eran suficiente para hacerla una mujer extremadamente bonita y atractiva.
«Bien…» murmuró, reprendiéndose mentalmente por dejarse llevar por la belleza de aquella hasta entonces desconocida «¿Ya ha trabajado como niñera?» Regina preguntó, sentándose en el gran sofá.
«Sí señora» respondió Emma, sentándose también
«No he dicho que se siente» dijo ella
«Perdón…» Emma murmuró, levantándose rápidamente «Yo…bueno, como iba diciendo, he trabajado como niñera y he dado clases particulares» añadió claramente cohibida
«¿Tiene carta de recomendación?»
«No» se limitó a decir
«¿Y cómo voy a saber si realmente trabajó y si es de confianza? Puede haber…matado a alguien» dijo Regina. Tras sentir su corazón dispararse y latir descontroladamente, Emma tragó en seco y bajó la mirada «¿No va a decir nada?» indago la morena ante aquel silencio
«Como le he dicho, ya trabajé de niñera y he dado clases particulares. No tengo carta de recomendación, pero la señora puede comprobar mi trabajo con el paso de los días»
«Muy bien…De lunes a viernes, a partir de las seis de la mañana. Los sábados a partir de las ocho. El domingo será su día de descanso»
«Sí señora»
«Puede retirarse»
«Con permiso» tras eso, Emma se retiró.
A la mañana siguiente, tal y como Regina le había dicho, a las seis en punto, Emma se encontraba en la casa grande. Ruby la orientó sobre los cuidados que tendría que tener con Henry, desde prepararlo para llevarlo a la escuela, hasta ayudarlo con los deberes escolares. Las clases en Storybrooke comenzaban a las ocho en punto, por ese motivo, era preciso que dejasen la hacienda a lo más tardar a las siete de la mañana, ya que el camino llevaba aproximadamente una hora. Uno de los empleados de la hacienda era el responsable de llevarlos a la escuela, donde Emma lo dejaría personalmente en el aula y solo entonces volvería a la hacienda para ayudar en otros quehaceres mientras el niño estudiaba.
«Cuando me dijiste que la patrona era malhumorada, no pensé que lo fuese tanto…» comentó Emma, mientras recogía el cuarto de Henry
«Aún no has visto nada. No da ni los buenos días…parece que las veinticuatro horas del día se las pasa rabiando con todo el mundo» dijo Margaret «Según la empleada que trabajaba en la casa de la capital, no siempre fue así» añadió, en un tono casi inaudible
«¿Ah, no?»
«No. ¿Y sabes lo que pasó?»
«No…¿qué pasó?»
«Tampoco sé, pero lo descubriré»
La mañana pasó tranquilamente y alrededor de medio día, Emma se dirigió a la ciudad para recoger a Henry de la escuela. Al regresar, mientras Margaret preparaba la mesa para que el almuerzo fuese servido, Henry comentaba con Emma lo divertido que había sido su primer día de clase.
«Siéntate aquí conmigo. No me gusta comer solo» dijo él
«A tu madre puede que no le guste» dijo Emma
«No está en casa y yo como rápido» argumentó el pequeño
«Está bien, pero no comas rápido. Eso sienta mal» dijo ella, sentándose a su lado, arrepintiéndose en el mismo instante en que la voz grave de Regina resonó en el lugar.
«Los empleados no se sientan junto a los patrones» dijo Regina, y Emma, de un salto, se levantó.
Jajajajaja. Cuando lei este fic, me pareció estar viendo una telenovela sudamericana. Esa Regina imponente, vestida a lo amazona, con ese carácter muy masculino, porque está en un terreno en que a las mujeres poco se las tiene en cuenta y tienen que hacerse valer. Ya lo iremos viendo. Pero a ella hay que sumarle la amargura de la traición de su mujer, le va a costar bajar esas barreras, Emma y su paciencia lo conseguirán.
