Capítulo 3
«Discúlpeme…solo estaba haciendo compañía al pequeño» dijo Emma «Con permiso» añadió, dirigiéndose a la cocina
«No has tocado la comida» comentó Regina, dirigiéndole una mirada reprobatoria
«No tengo hambre» dijo el pequeño
«¿Cómo ha ido el primer día de clase?»
«Estuvo bien»
«¿Te gustó?»
«Sí»
«¿Ya has hecho amigos?»
«Sí»
«¿No quieres conversar conmigo?»
«Tengo tarea. ¿Puedo ir a mi cuarto?»
«Sí…puedes ir» dijo ella, con expresión afligida
«¿Puedo llamar a la señorita Emma para que ayude?»
«Claro. Está aquí para eso»
Regina permaneció sentada en la mesa casi una hora, perdida en pensamientos. La idea de mudarse a la hacienda con la intención de mejorar su relación con Henry, con las personas que la rodeaban y consigo misma parecía no haber surtido el efecto esperado. Aunque lo había intentado, el dolor y la desilusión la seguían atormentando a cada momento. Cuando descubrió la traición, Regina se mantuvo aislada del mundo durante más de un mes, incluso, alejada de su hijo, lo que, al final, acabó por levantar un muro de frialdad entre los dos.
«Quiero pedirte disculpas» murmuró Henry
«¿Por qué?» preguntó Emma
«Mi madre te regañó por mi culpa»
«No te preocupes por eso. Además, no me regañó…solo dijo la verdad. El lugar de los empleados es la cocina»
«Yo no lo creo»
«Pero así es…en fin, ¿qué te parece si acabamos los deberes y después vamos a dar un paseo por el campo, eh?»
«¡Es una gran idea!»
Desde la ventana de su cuarto, Regina observaba a su hijo caminando de mano con Emma. Aquella visión le arrancó una discreta sonrisa, al mismo tiempo que entristeció su corazón al recordar un tiempo en que al lado de Kathryn y Henry ella pasaba los domingos en los parques de Augusta. Tras un largo suspiro, se echó en la cama durante un rato, ya que golpes en la puerta la hicieron levantar.
«Disculpe que la moleste, patrona. Pero el capataz quiere hablar con usted» dijo Margaret
«Ya bajo» dijo, y a continuación cerró la puerta.
Tras unos minutos, Regina salió al encuentro del capataz. La expresión de desagrado en su cara era palpable al ver que Robin conversaba animadamente en la sala con Emma.
«Patrona, buenas tardes» dijo
«Espéreme fuera, Robin» dijo, ignorando el saludo. Una severa mirada fue dirigida hacia Emma, que en respuesta, desvió la suya. Sin decir palabra, ella se retiró a paso firme y largo hacia el patio.
«¿Qué quiere?» preguntó
«Bueno, la vacunación del ganado es mañana y no hay vacunas suficientes…»
«¿Y solo ahora me lo viene a decir?»
«Es que Archie, el veterinario de la hacienda, solo me ha avisado ahora»
«Muy bien…vaya a la ciudad y consiga las vacunas. Y dígale a Archie que está despedido. ¡No quiero gente incompetente en mi hacienda» dicho eso, se retiró
«¡No te vas a creer lo que acabo de escuchar!» exclamó Marian, abordando a Ruby en mitad del camino
«¡Habla de una vez, mujer!» dijo ella
«La patrona acaba de despedir al veterinario solo porque se olvidó de la vacuna del ganado…»
«¡Bien hecho! No me gustaba ese tipo»
«¡Ruby! Pero no tenía que ser despedido por…además…»
«Ruby, a partir de ahora no quiero a ningún peón, incluido Robin, dentro de la casa grande, ¿entendido?» dijo Regina, enfadada como nunca
«Sí señora. Pero, ¿ha pasado algo?»
«¡Sucede que le estoy dando una orden y espero que no me decepcione!» exclamó, marchándose enseguida sin esperar respuesta
«¡Dios mío! ¡Lloverá oro en el día en que esa mujer se despierte menos agresiva!»
«No sabes lo que daría por saber cómo usa toda esa agresividad en la cama…»
«¿Cómo? ¿En la cama?» preguntó Marian, claramente confusa
«¡Sí, en la cama! Conmigo, claro está»
«Si la patrona te escucha diciendo esas cosas, ¡te pone de patitas en la calle!»
«¡Venga ya! Sé perfectamente lo que le gusta…»
«¿Qué quieres decir con eso, Ruby?»
«Nada…no sirve de nada hablar con una ignorante como tú. Ahora es mejor que vuelvas al trabajo antes de que la patrona se enfade aún más» dijo ella, desapareciendo enseguida
Pasaron algunos días y aunque se esforzara, Regina no conseguía arreglarse con Henry para volver a la relación que tenían antes. Desde que Emma había comenzado a trabajar en la casa grande como su niñera, Henry encontró en ella el cariño y la atención que Regina le había negado cuando se separó de Kathryn Nolan.
Era una mañana de sábado. Regina se despertó decidida a retomar una buena relación entre ella y su hijo, y para eso, en su opinión, nada mejor que regalarle uno de los potros que había tenido la yegua más bonita de la hacienda.
«Ven, Henry…quiero enseñarte una cosa» le dijo, agarrándolo por la mano «¿Te gusta? ¡Es tuyo!» añadió, acercándolo al animal
«¿Este potrillo aguanta mi peso?» preguntó
«Claro que sí…eres un niño»
«Pero querría aprender a montar un caballo de verdad»
«Este es de verdad»
«Pero es pequeño»
«Porque tú eres pequeño»
«¡Emma!» exclamó él, corriendo hacia la rubia «¡Mira el caballo que me han regalado! ¿Me ayudas a montar en él?»
«¡Vaya, qué regalo más bonito! Y sí, claro que te ayudo a montar, mi ángel» dijo ella, esbozando una gran sonrisa
«Henry, la señorita Swan tiene muchas cosas que hacer y no creo que sepa lidiar con esto» interrumpió Regina
«¿Sabes manejar caballos, Emma?» preguntó él, y sin saber qué decir, ella se quedó callada
«Yo quiero enseñarte a montar. ¿No quieres aprender conmigo que soy tu madre?»
«Más tarde…tengo tarea y como la señorita Emma no viene los domingos, voy aprovechar para hacerlos ahora» dijo él
«Yo puedo ayudarte hacer los deberes» insistió ella
«Tú te enfadas y me gritas cuando me equivoco o no comprendo» argumentó él, lo que provocó un malestar tanto en Regina como en Emma que se sintió incómoda con la respuesta de él.
«Llevaré de nuevo el caballo a los establos entonces» dijo ella, en tono apenas audible
«¿Vamos Emma?»
«Sí, querido. Con permiso, señora»
Regina se quedó inmóvil por unos instantes mientras los seguía con la mirada, al mismo tiempo que admitía para sí misma que recuperar el cariño y la confianza de su hijo sería más difícil de lo que imaginaba. Después de llevar de vuelta al potro a los establos, volvió a la casa grande, más en concreto para su cuarto, sin embargo, se detuvo en la puerta entreabierta del cuarto de Henry.
«No me gusta la manera en que ella le habla a las personas. Y nunca sonríe» decía Henry
«Bueno…es la patrona y a veces es necesario ser rígida para conquistar la credibilidad de las personas» dijo Emma
«Es demasiado rígida»
«Rígida o no, es tu madre y te quiere»
«¿Por qué la defiendes tanto?» preguntó «¡Ya sé! Tienes miedo de perder el trabajo, ¿no?»
«No es eso…solo creo que…bueno, déjalo estar. Ahora vamos a terminar esa tarea, venga…»
Tras escuchar la conversación entre Emma y su hijo, Regina desistió de encerrarse en su habitación, optó por el despacho donde intentaría olvidar las palabras de Henry leyendo las cuentas de la hacienda.
Faltaban pocos minutos para las cuatro cuando golpes en la puerta se escucharon, y cuando Regina autorizó la entrada, Emma entró en el despacho.
«Con permiso señora»
«¿Qué quiere?»
«Me gustaría pedir permiso para salir antes. Parece que se acerca un temporal y…»
«¡No me interesan los temporales ni nada de eso! Cumpla con su horario y no me moleste más con esas tonterías!» exclamó Regina, y Emma, muy asustada, se marchó en silencio.
Pasó una hora, y finalmente Emma acabó su horario. El viento arreciaba más fuerte que de costumbre y era posible divisar nubes cargadas, señalando que una fuerte tempestad estaba a punto de abatirse. Apurando el paso, intentó recorrer la distancia lo más rápido posible, sin embargo, pocos minutos después de dejar la hacienda, las primeras gotas de lluvia anunciaban la llegada de lo que sería una noche de tormenta.
«¡Oh, no!» exclamó Henry, corriendo hacia la ventana
«¿Qué ocurre Henry?» preguntó Regina
«La lluvia…»
«¿Qué pasa con la lluvia?»
«Que debe haber alcanzado a la señorita Emma y puede resfriarse»
«La lluvia no provoca resfriado a nadie, Henry. Eso es invención del pueblo»
«Está lloviendo y el viento está fuerte. Las personas bajo la lluvia cogen frío y el frío puede hacer que aparezca o se desarrolle el virus de la gripe» explicó él
«¿Quién te ha dicho eso?»
«La señorita Emma. Me dijo también que en estas regiones, incidencias como los rayos son bastante frecuentes, por eso se debe evitar salir de casa cuando llueve fuerte de esta manera. ¡Ella es muy inteligente!» dijo él, y parecía muy orgulloso «Tenías que haberla dejado irse a casa más temprano…» añadió caminando hacia su cuarto
Regina volvió a su escritorio y perdida en sus pensamientos se acercó a la ventana. A través del vidrio, percibió que la lluvia parecía volverse más intensa a medida que los minutos pasaban, y sin esperarlo, sintió en su boca el gusto amargo del arrepentimiento.
«¿Va a salir con esta lluvia, patrona?» preguntó Robin, al encontrarse a Regina en el patio
«¡No…voy a esperar a las próximas lluvias! Idiota…» respondió, mientras abría la puerta del coche
Después de recorrer algunos kilómetros, Regina detuvo la camioneta en un lado mientras recorría la zona con la mirada.
«¡Mierda! ¡Ni sé dónde vive!» murmuró, recorriendo el camino en sentido opuesto. Casi cincuenta minutos conduciendo bajo la cantidad de agua que caía en esa zona.
Después de regresar a la hacienda, Regina se encerró en su cuarto y gran parte de la noche se la pasó en pie, frente a la ventana, preguntándose si Emma habría llegado bien a su casa o si por la mañana no vendría a trabajar debido al resfriado que habría cogido. Sus pensamientos fueron interrumpidos cuando llamaron a la puerta, sacándola de sus devaneos.
«Disculpe que la moleste, patrona. Solo quería saber si necesita algo más» dijo Ruby
«Si lo necesitara, lo pediría» respondió
«Sí señora. Con permiso y buenas noches»
«Ruby…»
«¿Sí, patrona?»
«¿Sabe dónde vive la señorita Swan? Digo…¿es muy lejos de la hacienda?»
«El lugar exacto no lo sé. Pero según Margaret, queda a una hora de aquí»
«¿Una hora?»
«A pie, sí»
«¿Ella viene caminando?»
«Sí señora»
«Gracias. Puede retirarse…»
Teniendo en cuenta la hora en que se marchó de la hacienda y el momento exacto en que la lluvia comenzó a caer, sería imposible que hubiera llegado a tiempo. Aquella noche, Regina apenas consiguió cerrar los ojos. Era la primera vez, desde su separación de Kathryn, que se sentía verdaderamente preocupada por alguien.
«¿Por qué estoy tan preocupada por ella? No tengo culpa de que se pusiera a llover justo cuando ella salió…» Regina murmuraba, mientras caminaba de un lado a otro de su cuarto «Mi hijo tiene razón…debería haberla dejado salir antes…» añadió, inquieta como un animal enjaulado.
En la mañana del lunes, Regina se levantó más temprano que de costumbre, y miró a través de la ventana de la habitación, respiró aliviada cuando sus ojos divisaron la figura de Emma llegando a la hacienda.
«¿Qué está haciendo aquí? ¿No debería despertar a mi hijo para llevarlo a la escuela?» preguntó Regina, al encontrarse de cara con Emma en la cocina
«La lluvia ha provocado desperfectos en el techo de la escuela, y por eso durante unos días no habrá clases» explicó
«Vale…bien…señorita Swan, querría…»
«Con permiso, patrona. El nuevo veterinario está en el patio esperándola» Ruby interrumpió, y en silencio, ella se retiró
Mientras Regina se encargaba de la contratación del nuevo veterinario, Emma arreglaba el cuarto de Henry mientras él se estaba tomando su baño.
«Ven, Henry…»
«Sé vestirme solo y no quiero que me veas desnudo»
«¿Cuál es el problema? Eres un niño»
«Pero no me gusta que me vean desnudo»
«Está bien…me voy a girar mientras te vistes» dijo Emma, poniéndose de espaldas a él.
«Estoy contento por no tener clases…solo lamento que la lluvia haya destruido el techo de la escuela» comentó él, mientras se vestía «¡Debes haberte empapado bien!»
«Gracias a Dios los dueños de la hacienda vecina me acercaron»
«¿Aceptaste que te llevaran unos extraños?»
«Acepté porque son una pareja de ancianos. ¿Ya puedo mirar?»
«¡Puedes!»
«¡Muy bien! ¡Ya sabes bañarte y vestirte solo! Ahora, a desayunar»
«¿Después me enseñarás a montar a caballo?»
«Henry, creo que tu madre es quien debe hacer eso…además, noté que se puso triste porque no quisiste aprender a montar con ella»
«Ella ya no me quiere como antes…en verdad, creo que nunca me quiso. Solo lo fingió a causa de mi otra madre» dijo él
«¿Tu otra madre?» preguntó Emma, algo confusa
«Sí, pero cuando se separaron, se volvió de esa manera…rabiosa con todo el mundo»
«No parece que tengas ocho años…hablas como un adulto» comentó Emma, aún desconcertada por aquella revelación
«Ya soy un hombre, ¿no te has dado cuenta?» preguntó, y en respuesta, Emma solo sonrió
La mañana pasó tranquila y aunque Henry insistió, Emma se negó a enseñarle a montar sin que Regina diese su autorización para eso. A la hora del almuerzo, Ruby informó que Regina pasaría el día entero en la ciudad, cosa que fue un alivio para Emma, pero al mismo tiempo desagradable, ya que la información revelada por Henry no dejaba de martillearle en la cabeza.
