Capítulo 5

«Vamos…» dijo Regina

«¿Para dónde?» preguntó Emma

«¿Cómo que para dónde? ¡Para la hacienda! ¿Para dónde si no?»

«Pero ya son más de las tres»

«Mi hijo solo me creerá si te ve hoy. Vamos…después te traigo yo»

«¡Vaya, está a malas con su hijo, eh!» comentó Emma, aclarándose la garganta enseguida al ver la furia reluciendo en los ojos de Regina «Bien, si es así, está bien»

«¿No considera peligroso vivir aquí sola?» preguntó Regina mientras caminaban hacia el coche

«Es el único lugar que tengo» dijo Emma, y por un instante, Regina pensó en ofrecerle un sitio en su propiedad, sin embargo, el orgullo habló más alto y se mantuvo callada.

El viaje hasta la hacienda se hizo en silencio, aunque las dos tuviesen mucho que hablar, pero a Emma se lo impedía su recelo, y a Regina, la confusión en el interior de su cabeza, que consideraba la causante de esa vacilación. Al llegar a la casa grande, fueron sorprendidas por Henry que esperaba en las escaleras de la puerta de entrada.

«¡Emma!» dijo, corriendo a su encuentro tan pronto como ella descendió del vehículo.

«¡Cariño! Te he echado mucho de menos» dijo ella, envolviéndolo en sus brazos

«Si me echabas de menso, no tendrías que haberme abandonado»

«No te abandoné…solo…bueno, es pasado. Estoy de vuelta, ¿lo ves?»

«¡Sí! Ven, quiero enseñarte el dibujo que he hecho esta tarde»

Apoyada en su coche, Regina observaba cómo los dos se alejaban y aunque estaba contenta por él, un pinchazo de celos se hizo presente, ya que Henry ni había notado su presencia. Emma tampoco, ya que entró en la casa, sin mirar atrás.

«Patrona, la llaman de la cocina» Marian interrumpió sus pensamientos

«Voy» dijo, y tras unos segundos pensativa, se dirigió a la estancia «¿Qué ocurre Ruby?» preguntó Regina, al darse cuenta de que solo ella se encontraba en la cocina

«Me he tomado la libertad de mandar a los peones con Margaret a la ciudad para comprar algunas cosas que necesitamos»

«Perfecto» dijo, y al hacer mención de retirarse, Ruby la agarró por el brazo

«¿Está enfadada conmigo por lo de ayer?»

«No…pero no quiero que se vuelva a repetir»

«¿Por qué? No tendrá obligaciones conmigo si algo pasase entre nosotras…» dijo Ruby, acercando sus labios a los de Regina, sin embargo, Emma entró en la cocina y de repente, las dos se separaron.

«Perdón…no quise interrumpir…» murmuró ella, y aunque se mostrase indiferente, no fue de su agrado presenciar aquella escena

«No está interrumpiendo» se dio prisa Regina en decir «La señorita Lucas solo me explicaba las decisiones que había tomado en mi ausencia» añadió, y por primera vez desde que había llegado a la hacienda, no se mostró agresiva, al contrario, parecía demasiado preocupada en justificarse, lo que no pasó desapercibido a Emma, y tampoco a Ruby.

«Bien, venía hacerle algo de comer a Henry…»

«Estaré en mi despacho. Avíseme cuando tenga que marcharse a casa» tras decir eso, Regina se retiró

Después de preparar la merienda del pequeño y juntarse a él, Emma se quedó reflexionando sobre la escena que minutos antes había presenciado en la cocina. Perdida en sus pensamientos, se pregunta si Regina mantenía algún tipo de relación más íntima con Ruby.

«¿Emma? ¿Qué tienes? Yo aquí hablando y no me prestas atención…» dijo Henry

«Disculpa. Me he distraído con tonterías…pero dime una cosa…¿qué piensas de Ruby?»

«¿Cómo que qué pienso?»

«Ah…¿te cae bien?»

«No mucho. Se la pasa peleando con los otros empleados y unos días atrás, la vi salir tarde del cuarto de mi madre»

«¿Ah sí? Bien, me tengo que ir» dijo ella, levantándose rápidamente

«Pero vienes mañana, ¿no?»

«Sí, cariño. Pórtate bien y no desobedezcas a tu madre»

«No lo haré. ¡Pero solo porque te ha traído de vuelta!»

«Bobo…nos vemos mañana» dijo ella, dándole un beso en la cabeza y marchándose después.

Aunque Regina le había dicho que la avisare cuando desease volver a casa, Emma optó por no molestarla y así, decidió regresar como venía haciendo desde el día en que había empezado a trabajar en aquella propiedad.

«Mamá, ¿puedo entrar?» preguntó Henry, desde el otro lado de la puerta

«Claro, Henry» dijo, sorprendida

«Vine a agradecerte por haber cumplido tu promesa»

«No tienes nada que agradecer…todo lo que quiero es verte feliz»

«Yo también quiero verte feliz»

«Entonces, vamos a trabajar para encontrar nuestra felicidad, ¿qué piensas?» dijo ella, con tono divertido como hacía mucho tiempo que no lo hacía

«¡Trato hecho!» exclamó él, nítidamente entusiasmado «Ahora te dejo trabajar» añadió, dándole un beso rápido en la mejilla, pero al hacer mención de retirarse, Regina lo detuvo

«Ah, hijo…¿dónde está Emma?»

«Ya se fue»

«¿Ya?»

«Sí…voy a ver la tele» dijo, y se retiró

Regina se preguntaba la razón de Emma para haberse ido sin avisarla, al mismo tiempo que se reprendía por el simple hecho de haberse ofrecido a llevarla a casa, y al final, ser ignorada de aquella manera. La rabia se transparentaba en sus facciones, y eso se remarcaba por los pasos largos y firmes que daba.

«¿Va a salir, patrona?» preguntó Ruby

«Sí» se limitó a decir

«¿A dónde va?»

«¡Eso no es de su incumbencia! ¡Ahora, vaya a buscar algo que hacer y déjeme en paz!» exclamó, cerrando con fuerza la puerta del coche y pisando el acelerador.

«No te cansas de que ten con la puerta en las narices, ¿no?» preguntó Marian

«¡Y tú no te cansas de meterte donde no te llaman!» respondió Ruby

«La patrona nunca se va a fijar en ti porque ya tiene puesto el ojo en otra»

«¿Ah sí? ¡No me digas que se ha fijado en ti!» dijo ella, burlándose

«¡Dios me libre! No me gustan esas cosas…y pensaba que a ti tampoco te gustaban, ya que siempre te he visto tirándole los tejos al capataz»

«Robin es un muerto de hambre y la patrona es la dueña de casi prácticamente toda Storybrooke»

«Entonces, ¿tu verdadero interés en ella es por el dinero?»

«Tú no tienes ambiciones, Marian…pero yo sí. Si deseas vivir hasta el final de tu vida en este fin del mundo, es problema tuyo. Yo, sin embargo, no pretendo envejecer aquí, rodeada de peones sudados y malolientes»

«Querer es diferente a poder, Ruby»

«Lo sé…pero voy a luchar hasta el último minuto para conseguir lo que quiero»


«Entre en el coche» dijo Regina al encontrarse a Emma en mitad del camino

«Estoy bien caminando, patrona…» dijo, enfatizando la palabra "patrona" y retomando su camino. Sin alternativas, Regina paró y se bajó del coche.

«Dije que la llevaría a casa»

«No quise molestarla»

«¡Me molestó mucho más que hiciera lo contrario a lo que dije!»

«¡Perdón, Su Majestad!»

«¿Qué quiere que haga? ¿Que la coja en brazos y la meta en el coche?» preguntó Regina, suspirando

«No quiero que haga eso» dijo Emma, sonrojándose de repente al imaginarse la escena de su patrona cogiéndola en brazos

«Entonces, entre en el coche porque ya está oscureciendo»

«¿Tiene miedo a la oscuridad?» preguntó Emma, y al notar que Regina no sonrió ante su broma, acabó obedeciendo en silencio

«Su casa es aislada de todo. ¿Cómo consigue vivir aquí?» preguntó Regina, enfadada ante el pésimo estado en que se encontraba la carretera

«Ya le dije que no tengo elección…es el único lugar que…»

«¡Espere!» dijo Regina «La puerta de su casa está abierta» añadió, y al instante, cogió una pistola de la guantera «quédese en el coche»

«No. ¡Yo voy con usted!»

«Entonces, quédese detrás de mí…» murmuró, cargando la pistola

Regina no tardó mucho en darse cuenta de que la casa donde Emma vivía había sido asaltada. Los pocos muebles estaban patas arriba, la ropa tirada por todos lados. Al comprobar que no había nadie dentro, Regina se puso la pistola en la cintura, mientras Emma recorría el sitio con mirada afligida

«¿Se llevaron algo?» preguntó Regina

«Todos mis ahorros» dijo Emma, recogiendo del suelo una pequeña caja donde ciertamente había estado guardado el poco dinero que tenía.

«Vamos a llamar a la policía, que…»

«¡No!» Emma la interrumpió bruscamente «Quiero decir…no era mucho y no quiero problemas» aclaró al darse cuenta de la mirada confundida de la morena

«Independientemente de la cantidad robada, la policía necesita saber para capturar al culpable»

«Por favor, señora Regina…olvide la policía. Como he dicho, era poco dinero, no vale la pena»

«Está bien, no creo que sea seguro que continúe aquí. Podría haber pasado algo peor si hubiera estado en casa. Así que, a partir de hoy, se quedará en la hacienda»

«¿Por qué se preocupa por mí?» preguntó Emma, con los ojos clavados en los de Regina

«Mis empleados son mi responsabilidad» disparó la primera disculpa que le vino a la cabeza «Recoja sus cosas rápido…la espero fuera» dicho eso, se retiró

En pocos minutos, Emma preparó una pequeña maleta que había traído cuando se había mudado a Storybrooke. Sus pertenencias no pasaban de unos pocos vestidos y algunos objetos de higiene personal, nada de valor aparte de la pequeña cuantía que había conseguido ahorrar y que por obra del destino, le habían robado. El camino de vuelta a la hacienda se hizo en silencio. Emma se daba cuenta de que Regina no era aquel ser despreciable y arrogante que aparentaba, caso contrario, no le hubiera importado su bienestar y su seguridad hasta el punto de llevarla a vivir en la hacienda, cuando pocos empleados residían dentro de la propiedad.

«Ruby, prepare un cuarto para la señorita Swan» dijo Regina, entregando el equipaje para que uno de los peones lo llevara

«Todas las casas construidas dentro de la propiedad están ocupadas, patrona» dijo ella

«He dicho cuarto, no casa»

«Los únicos cuartos disponibles son aquí, en la casa grande…»

«¡Pues prepare uno! ¿O se lo tengo que dibujar para que lo entienda?» dicho eso, Regina se retiró

Incluso después de relatarle lo ocurrido, Ruby no se conmovió con la situación de Emma, y por un instante llegó a pensar en lo que Marian había dicho con respecto a que Regina ya tenía echado el ojo en otra, y en ese caso, esa otra podía ser Emma, ya que ella nunca antes había demostrado preocupación alguna por ningún empleado, o quizás, solo estaba cumpliendo los caprichos del hijo, y si la ha traído de nuevo a la hacienda a trabajar, es a causa de él.

«Es eso…ella solo está aquí a causa del pequeño y no porque la patrona se interese en ella…» murmuró Ruby

«¿Hablando sola, Ruby?» indagó Marian

«Estaba pensando en por qué la patrona aceptó que la niñera volviera. Al final, ni tuvo la decencia de decir a la cara que no volvería, mandó una ridícula carta al pequeño»

«Por lo que he sabido, fue el propio Henry quien insistió para que la patrona la trajera de vuelta y quieres saber, fue una buena jugada por parte de ella»

«¿De qué estás hablando?» indagó Ruby

«Me admira que tú que te las das de saber todo, no te hayas dado cuenta de que la niñera ha conquistado primero al hijo para después atrapar a la patrona» dijo Marian

«No creo que esté interesada en la patrona. Yo misma la vi toda derretida por el nuevo veterinario»

«Bueno, así como tú, debe estar echándole el ojo al dinero y para conseguirlo, es preciso antes de nada conseguir la "llave" del baúl, ¿no estás de acuerdo?»

«¡Vaya, vaya…y yo que pensaba que eras una ignorante!»

«¡Para que veas que las apariencias engañan!»

«Quiero que vigiles a esa Emma y si ves cualquier cosa sospechosa, me avisas»

«¿Y yo qué gano con eso?»

«¡Menos trabajo y más dinero!»

«¡Trato hecho!»

No tardó mucho en caer la noche, y con ella, vino el deseo de Regina de mantenerse lo más próxima posible a Emma. El recuerdo del día en que la pilló completamente desnuda no salía de su cabeza, así como la perfecta sonrisa y los ojos de un verde tan bello como dos esmeraldas.

Pasaron algunos días y la relación entre Emma y Henry solo parecía crecer y mejorar con el tiempo. Aunque le gustaba y aprobaba aquella amistad, Regina no podía negar que sentía algo de celos, tanto por la atención que Emma daba al pequeño como por la que él le dedicaba a Emma, haciendo que ella, en ciertos momentos, se sintiese excluida, y como consecuencia, se alejase lo máximo que podía de los dos, aunque Henry era su hijo y Emma, la mujer que querría que estuviera a su lado.

«Tu madre anda muy solitaria estos días» comentó Emma «Deberías acercarte un poco más a ella»

«Es ella quien se aparta» dijo él

«Entonces, ayúdala a acercarse. Es tu madre y necesita tu cariño»

«Tienes razón»

«Mira, ahí viene…»

«¡Mamá! Me debes unas clases de equitación, ¿te olvidaste?» dijo él, y aunque fue cogida de sorpresa, Regina no contuvo la sonrisa

«Lo había olvidado, pero podemos dar la clase cuando quieras»

«¿Qué tal ahora?»

«¡Perfecto! Le pediré a Robin que ensille tu pequeño caballo»

Finalmente, después de un tiempo que ella consideraba una eternidad, Regina pasó un divertido día al lado de su hijo, sin enfados o malos entendidos por parte de ella o de terceros. Por la noche, mientras la cena era servida, Henry no hablaba de otra cosa que no fuese su primera clase de equitación.

«Ya son las nueve, mocito…hora de ir a la cama» dijo Regina

«¿Puedo ver un poco la tele antes de dormir, mamá?»

«Solo media hora»

«¿Vamos Henry?» Emma lo llamó

«Deja, Emma…yo lo acompaño al cuarto» dijo Regina

«Sí, señora. ¡Buenos noches, príncipe!» dijo ella dándole un beso en la cabeza

«¡Buenas noches, Emma!»

Regina permaneció apenas unos minutos en compañía de su hijo, y después se dirigió a su despacho donde generalmente intentaba organizar los confusos pensamientos de su mente. Sin embargo, su momento de reflexión fue interrumpido cuando Marian tocó a la puerta, informando de que Ruby necesitaba urgentemente su presencia en la cocina.

«¿Qué quiere Ruby?» preguntó Regina, en cuanto entró en la cocina

«¡Encontré a ese chico robando!» exclamó ella

«¡Yo no estaba robando! Solo vine a buscar lo que me dieron…» el pequeño se justificó

«¿Y quién te dio autorización para coger eso?» preguntó Regina

«Fue la señorita Emma»