Capítulo 6
«Además de ladrón, ¿también mentiroso?» preguntó Ruby
«No está mintiendo ni es un ladrón» dijo Emma, acercándose lentamente
«¿Eso quiere decir que tú, sin autorización de nadie, metes las manos en lo que no te pertenece y vas por ahí distribuyéndolo a los hijos de los peones?» cuestionó Ruby
«Señora Mills, pido disculpas por mi atrevimiento. Sé que me he equivocado al no pedir permiso, pero no pensaba que la señora se fuese a enfadar…son las sobras de la cena» dijo Emma, ignorando la pregunta irónica de Ruby
«No me he enfadado. Solo quería saber si el niño estaba diciendo la verdad porque no quiero ladrones en mi hacienda» dijo Regina «Vete a casa y llévate lo que la señorita Swan te ha dado» añadió, retirándose enseguida
«No pienses que por ser la queridita del hijo de la patrona, vas a poder hacer lo que te dé la gana dentro de esta casa» exclamó Ruby, y diferente a lo que Emma pensaba, ella no esperó una respuesta y se marchó
A la mañana siguiente, Regina supo que las clases en la escuela del pueblo comenzarían el lunes siguiente, y aprovechó la información para acercarse un poco más a Emma. Aunque los recuerdos y acontecimientos pasados le hacían temer una nueva desilusión, ella parecía dispuesta a arriesgarse, ya que le estaba siendo muy difícil reprimir los sentimientos nutridos hacia Emma.
«¡Ah, no! ¡Se estaba tan bien sin clases!» dijo Henry
«¿Piensas que está bien pasar el día entero sin hacer nada?» preguntó Regina
«Sí, lo creo. Pero yo no estoy sin hacer nada»
«Estás muy espabilado, mocito» dijo Emma, revolviéndole los cabellos mientas sus labios se curvaban en una sonrisa
«Mamá, ¿no crees que mi niñera se pone muy bonita cuando sonríe?» preguntó, y naturalmente, Emma sintió su rostro arder.
«Eh…sí, lo creo» murmuró Regina, tan sorprendida como Emma ante aquella pregunta del hijo
«¿Quieres decir que estoy fea cuando no estoy sonriendo?» preguntó Emma, en tono bromista, en el intento de esconder su incomodidad
«Eres bonita de todas las maneras, ¿no, mamá?» preguntó otra vez, y antes de que Regina pudiese responder, Ruby apareció interrumpiendo el momento.
Tras la salida de Regina, Emma se sorprendió sonriendo al recordar la respuesta, pero no descartó la posibilidad de que solo fuera amabilidad. Pero, ¿desde cuándo Regina Mills se preocupaba por ser amable con alguien? ¿Sobre todo con un empleado? Pensaba Emma, y una vez más se sorprendió sonriendo.
«La señora Regina no tiene nada de amable…pero parece que últimamente se ha mostrado más calmada, por lo menos conmigo…» murmuró Emma
«¿Qué has dicho?» preguntó Henry, desviando la atención del libro abiertos en sus manos
«Ah, nada…estaba pensando en voz alta, solo eso» dijo ella, claramente avergonzada «¿Quiénes son esos niños?»
«Son los hijos de los empleados»
«¿Por qué no vas a jugar un poco con ellos? Necesitas relacionarte con niños de tu edad»
«Cuando me acerco, se marchan»
«Va a ser que sienten recelo porque eres el hijo de la patrona. Vamos, voy contigo…»
«Pero, ¿qué es esto? ¡Estás todo manchado de tierra!» exclamó Regina, claramente enfadada.
«Estaba jugando» dijo él
«Emma lo dejó con los hijos de los peones, patrona. Y como la señora sabe, esa chiquillería sin educación viven echándose en la tierra como animales» dijo Ruby
«Henry, tu baño ya está lis…»
«¿Cómo ha permitido que mi hijo acabara en este estado?» preguntó Regina
«Todo niño de su edad ha pasado por eso. Es natural…necesita amigos»
«¿Eres psicóloga por casualidad, Emma?» preguntó Ruby
«Soy un ser humano como tú, como los hijos de los peones, como la señora…» dijo Emma, direccionando su mirada hacia Regina
«Vete a tomar un baño para después almorzar» dijo Regina, y en ese mismo instante, Henry se retiró acompañado de Emma
«¡Pero esta Emma es una entrometida! Si la señora no le pone límites, dentro de poco…»
«¡Basta, Ruby! ¡Vaya a buscar algo que hacer y no se meta donde no la llaman!»
Después del almuerzo, antes de dirigirse a las plantaciones como generalmente hacía, Regina fue "abordada" por Emma, y por instinto su corazón se aceleró. Aunque luchase por esconder que aquella presencia turbaba todo su ser, era consciente de que su forma de actuar delante de Emma dejaba transparentar sus emociones hasta el punto de ya no conseguir levantarle la voz como al principio, o simplemente, permanecer más de un minuto enfadada con ella. Aunque la condición impuesta por Emma para volver a trabajar a la casa grande fuese justamente no escuchar sus "gritos", Regina se daba cuenta de que no lo haría más. No a causa de una exigencia idiota, sino sencillamente porque no lo quería hacer.
«Gracias por no enfadarse por haber dejado a Henry jugar con los hijos de los peones» dijo Emma
«¿Por qué piensa que siempre me voy a enfadar por las cosas que hace?»
«Porque siempre se enfada…quiero decir, se enfadaba, creo…»
«Sé que mi temperamento es un poco difícil, pero estoy trabajando en ello»
«Me siento muy feliz en saberlo»
«¿Feliz?» preguntó Regina, claramente sorprendida «¿Por qué?»
«Bueno…porque es…»
«Su caballo ya está ensillado, patrona» dijo Robin, interrumpiendo la conversación
«Ya voy» dijo ella, y enseguida, volvió a centrar su atención en Emma «No me es un problema que mi hijo haga amistad con los hijos de los empleados, pero por favor, cuidado con los juegos. Henry es muy delicado» añadió, y como respuesta, Emma asintió al mismo tiempo que esbozaba una delicada sonrisa.
El nuevo modo de vida adoptado en aquella hacienda, alejado de todo aquello a lo que Regina estaba acostumbrada, finalmente comenzaba a tomar el camino correcto, o por lo menos seguía según ella lo había trazado en su mente. Henry ya no hablaba de regresar a la capital, tampoco mencionaba el nombre de Kathryn, aunque no fuese secreto que él nunca la quiso como un hijo quiere y ama a una madre. Y hablando de Kathryn, los recuerdos de aquella mujer, fuesen buenos o malos, ya no producían aquel efecto devastador que, por poco, arruinó su vida por completo. Felizmente, el pasado había quedado atrás, y ahora, solo existía el presente y un futuro cercano que deseaba compartir con su hijo, y quién sabe, con aquella que ha pasado a residir en sus pensamiento noche y día.
«¿Qué piensa de las plantaciones, patrona?» preguntó Robin
«Están óptimas…» dijo ella
«La señora va a ganar el doble porque las plantaciones de las haciendas vecinas fueron destruidas por las plagas»
«Eso significa que tampoco estamos libres de las plagas, así que todo cuidado es poco»
«No se preocupe, patrona. Los productos que usamos son los mejores de toda la región»
«Cierto…Robin, usted vive aquí hace mucho tiempo, ¿verdad?»
«Desde pequeño, patrona»
«¿Conoce a la niñera de mi hijo? Digo…¿de dónde ha venido, si tiene parientes…esas cosas?»
«No, señora. Llegó a la ciudad hace unos meses y alquiló aquella casita. Es todo lo que sé»
«Bien, me marcho» tras eso, ella se retiró
En el camino de vuelta a la casa grande, Regina pensaba en la vida personal de Emma. Aunque aparentemente parecía ser una mujer humilde, era fácil ver que poseía una educación diferente a los demás. Además de muy bonita, parecía inteligente, demasiado para una mujer de campo y por esa razón, Regina se preguntaba qué buscaba una mujer como Emma en ese fin del mundo.
«¿Dónde están mi hijo y la señorita Emma?» preguntó Regina
«Están en el jardín de atrás, patrona» respondió Marian, y a paso apurado, Regina se encaminó hacia allí
Antes de atravesar el jardín por completo, se detuvo ante los diferentes niños que estaban sentados en la hierba, todos atentos a las palabras proferidas por Emma. Sin embargo, la atención que hasta entonces estaba dirigida hacia aquella mujer de pose angelical y misteriosa se desvió hacia el verde de las hojas bajo ellos cuando se dieron cuenta de la presencia de Regina. Instintivamente, Emma se giró para descubrir lo que había retraído a los niños, y cuando sus ojos capturaron la figura imponente detrás de ella, no tuvo otra reacción sino sonreír.
«Señorita Emma, necesito hablar con usted» dijo Regina
«¡Ya vuelvo, chicos! Mi ayudante me sustituirá mientras» dijo ella refiriéndose a Henry
«¿Qué significa esto? ¡Se le paga para cuidar de mi hijo, no de los hijos de los peones!»
«No estoy cuidando de los hijos de los peones…solo estaba enseñándoles a leer y a escribir» se justificó
«Para eso ya existen las escuelas, ¿no?»
«No van a la escuela porque la ciudad queda muy lejos de la hacienda»
«¡Eso es disculpa de gente holgazana!»
«¡Quizás…pero creo que no estarían aquí si no desearan aprender!» exclamó Emma, usando el mismo tono que Regina «Y solo es una hora…no voy a descuidar a su hijo, todo lo contario, le está gustando ayudarme en esto» añadió, esta vez el tono fue mucho más suave.
«Está bien…pero que sepa que si mi hijo empieza a sacar malas notas, se lo voy a cobrar»
«Y yo lo pagaré sin poner mala cara» dijo ella esbozando una gran sonrisa capaz de derrumbar cualquier barrera impuesta por Regina «Ah, ¿puedo añadir a la lista de compras algunos materiales escolares para ellos?»
«¿No cree que está pidiendo demasiado, señorita?» preguntó Regina
«Serán solo unos cuadernos y…»
«Está bien, añada lo que sea necesario»
«¡Gracias!» dijo Emma, y en un impulso acabó besando el rostro de Regina, y se marchó a recuperar su sitio de "profesora"
Regina se dejó caer en su cama maravillada ante aquel sencillo contacto. El calor de los labios de Emma en su rostro le causó un estremecimiento fuera de lo normal. Sus instintos la habían estado avisando desde hacía un buen tiempo, pero ella se negaba a creer en las alarmas que se disparaban. Sin embargo, ya no era posible esconder o negar, estaba enamorada de Emma.
«Esto no debería pasar…» murmuró
«Creo que será mejor que te busques otro partido o tomes algunas medidas porque cada día me convenzo más de que la patrona está rendida a los pies de la niñera» comentó Marian
«¿Por qué dices eso?» cuestionó Ruby
«Aún sin gustarle, la patrona ha dejado que la niñera juegue a profesora con los hijos de los peones y además dio su autorización para que añada todo esto en la lista de las compras»
«¡Déjame ver eso!» exclamó Ruby, arrancándole el papel de las manos «¡Pues si piensa que voy a traer estas tonterías, está muy engañada!»
«La patrona se enfadará contigo»
«¡No me importa! ¡Si esa entrometida quiere esto, que vaya ella a comprarlo!»
De todas las empleadas de la casa grande, Ruby era la única capaz de leer y escribir con precisión, y por esa razón, además de cuidar de la organización de la casa, era su competencia elaborar listas, realizar las compras y lo que le fuera asignado. Emma, a pesar del amplio conocimiento que poseía, sus tareas se limitaban a Henry y nada más que eso.
«¿Y los materiales?» preguntó Emma mientras Margaret y Marian guardaban todo en el despensa
«¡Esto no es la escuela!» exclamó Ruby
«Pero la señora Regina autorizó y…»
«¡Si quieres jugar a profesora con los hijos de los peones, compra tú misma los materiales!»
En contra de lo que Ruby imaginaba, Emma no prolongó la discusión, tampoco informó a Regina sobre lo ocurrido, todo lo contrario, al preguntarle sobre los materiales que ella misma había pedido, Emma se limitó a decir que se habían agotado en la tienda, y a pesar de encontrar extraño ese hecho, Regina no le dio tanta importancia, no hasta que Margaret le contó que Ruby se había negado a comprar todo lo que Emma había pedido.
«¿Por qué no compró los materiales escolares?» preguntó Regina visiblemente enfadada
«Creí que…»
«¡Usted no tiene que creer nada! ¡La próxima vez que desobedezca mis órdenes tendrá que cargar con las consecuencias!»
«No sabía que la orden había partido de la señora»
«¡Si no sabe una cosa, pregunte!»
«Disculpe, patrona…no se repetirá» murmuró Ruby
«Marian…pida a uno de los peones que la lleve a la ciudad y traiga los materiales que la señorita Emma pidió» dijo Regina, y rápidamente se retiró
Después de buscar a Emma por cada rincón de la casa, Regina, finalmente, la encontró en el cuarto de Henry. Por un instante, el enfado que sentía se esfumó ante la atención y el cuidado con el que aquella mujer organizaba los libros de su hijo. Emma era el tipo de mujer que cualquier niño adoraría tener como madre, y cualquier ser humano, hombre o mujer, le gustaría tener como compañera.
«¿Por qué mintió sobre los materiales?» preguntó Regina
«¿Cómo?» dijo Emma, girándose rápidamente
«Me dijo que no tenían, sin embargo, Ruby…»
«Solo quise evitar una discusión» interrumpió ella
«¡No mienta para evitar nada porque detesto las mentiras!» exclamó Regina, agarrando su brazo con firmeza
Emma no tuvo otra reacción sino la de bajar la mirada ante las palabras de Regina. Si el hecho de omitirle aquella tontería, la enfadó de esa manera, ¿qué haría o diría si supiese la verdad sobre su pasado? Sobre todo, la razón por la que decidió dejar todo atrás. Mudarse a Storybrooke no fue una elección, fue una escapatoria.
