Capítulo 8

«¿Por qué no quieres que nadie separa sobre ti y mi madre?»

«Bueno…porque las personas comenzarán a hablar cosas y pensar tonterías…» se justificó

«No entiendo lo que quieres decir con eso, pero por mí todo bien…¡entonces será nuestro secreto!»

«Gracias, querido…ahora termina la tarea porque las clases comenzarán el lunes. Mientras, voy a la cocina a buscar una fruta para que te la comas»

En cuanto cerró la puerta detrás de sí, Emma se encontró con Ruby que acababa de salir del cuarto de Regina. De repente, el recuerdo de las palabras de Henry diciéndole que la había visto dejar los aposentos de su madre bien entrada la noche vino a su mente, dando lugar a un aluvión de preguntas en su cabeza. Y como si adivinase sus pensamientos, Ruby no perdió la oportunidad de sembrar la duda.

«Emma, ¿puedo pedirte un favor?»

«Claro, Ruby…¿de qué se trata?»

«Bueno…no comentes con la patrona que me viste saliendo de su cuarto, ¿ok?»

«Ah, no te preocupes…»

«Gracias. Ya sabes que solo Margaret tiene autorización para arreglar su cuarto y bueno, me he quedado preocupada de que ella encuentre algo mío dentro»

«¿Algo tuyo?» preguntó Emma. El ceño fruncido denotaba la incomodidad ante aquellas palabras.

«A veces la patrona le gusta tener compañía por las noches…si sabes por dónde voy»

«Ah…claro, no te preocupes» murmuró ella, en un tono casi inaudible

«Gracias, Emma» dicho eso, Ruby se retiró

Faltaban algunos minutos para que dieran las doce del mediodía cuando finalmente Regina regresó de los establos donde Killian había solicitado su presencia. Henry ya se encontraba sentado a la mesa, mientras Margaret esperaba la autorización para servir el almuerzo.

«¿Dónde está Emma?» preguntó ella, mirando al pequeño

«Cuando bajé, se quedó en mi cuarto arreglando unas cosas» dijo él

«Voy a hablar con ella y ya vuelvo. Puede ir sirviendo, Margaret» tras hablar, Regina caminó apresuradamente en dirección a las escaleras. Aunque se esforzara para no demostrar un interés y entusiasmo mayor del que ya sentía, su corazón y sus emociones la traicionaban cada vez que sus ojos recaían sobre la figura que, en su mente, llamaba la más maravillosa de todas las criaturas existentes en el planeta.

«Hola…» murmuró, entrando lentamente en la habitación «El almuerzo va a ser servido» añadió, esbozando medio sonrisa

«No tengo hambre…después comeré algo» dijo Emma

«Pero me gustaría que almorzases conmigo y con mi hijo»

«Los empleados no se sientan a la mesa con los patrones» dijo ella, y naturalmente, la sonrisa de Regina se deshizo

«Pensé que habías aceptado ser…»

«¿Tu segunda amante?»

«¿El qué? ¿De qué estás hablando?» preguntó Regina, claramente confusa

«¿Estás segura de que no lo sabes?»

«¡Si lo supiese no lo preguntaría!»

«¿Vas a negar que Ruby es tu amante?»

«¿Que qué? ¿De dónde has sacado esa estupidez? ¡Claro que lo voy a negar porque no es verdad!»

«¿Ah, no? ¡Pues es gracioso porque ya han visto salir a Ruby de tu cuarto tarde en la noche!»

«Independientemente de la hora en la que hayan visto salir de mi cuarto, ¡nada ha pasado entre las dos!» exclamó Regina, y al notar el silencio de Emma, se acercó y le tocó los hombros con ambas manos «No quiero que dudes de mí, mucho menos de mis sentimientos» añadió, acariciándole el rostro con la punta de los dedos

«Disculpa…me he puesto…»

«¿Celosa?»

«Sí. Y también sentí miedo y tristeza al pensar que solo sería otra empleada más que…»

«Por favor…¿qué tipo de persona crees que soy?»

«¡Disculpa, disculpa! Soy una boba. Apenas comenzamos y ya estoy haciéndote enfadar con mis idioteces» dijo Emma, y al hacer amago de ir a besarla, Henry entró en el cuarto.

«¡Mamá! ¡La comida se va a enfriar!» exclamó él

«¡Estoy intentando convencer a esta muchacha para se junte a nosotros!» dijo Regina

«¡Vamos, Emma! ¡Estoy hambriento!»

«Está bien…» dijo ella, y salió junto con Regina y Henry hacia el comedor.

«Margaret, coloque un plato más en la mesa…Emma nos acompañará» dijo Regina, y por un momento, todos los allí presentes se mostraron sorprendidos ante aquellas palabras.

El almuerzo transcurrió de forma tranquila, aunque cada cinco minutos, Henry fuese reprendido por hablar con boca llena. Ruby, al presenciar aquella escena, regresó a la cocina convencida de que Marian tenía razón: su patrona tenía sentimientos por Emma, y por ese motivo, tenía que actuar cuanto antes, o en caso contrario, perdería la oportunidad de convertirse en la dueña y señora no solo de aquella propiedad, sino de todos los bienes que le pertenecían a Regina.

«Mamá, ¿puedo ir a jugar con mis amigos?»

«Acabas de comer»

«No voy a estar corriendo por ahí. Vamos a jugar con mis juguetes en el jardín»

«Está bien…»

«Voy a ayudarlo a sacar los juguetes» dijo Emma, pero al hacer amago de salir, Regina la agarró por la mano

«Ven después a mi despacho…necesito hablar contigo» dijo ella, exhibiendo una sonrisa.

«Sí, señora» dijo Emma, en tono bromista, saliendo inmediatamente

Después de comprobar que los niños estaban bien instalados en el jardín lateral de la casa grande, Emma se encaminó al despacho donde Regina la esperaba. Al abrir la puerta, después de escuchar que le daba su permiso, Emma apenas tuvo tiempo de cerrarla antes de que su cuerpo se viera atraído hacia el cuerpo de Regina, y su boca capturada por la boca de ella.

«Me he pasado toda la mañana con ganas de besarte» susurró Regina, casi sin aliento mientras sus labios rozaban los labios de Emma

«No tengo dudas» dijo ella, sin contener la risa

«A partir de ahora, te sentarás en la mesa conmigo y con Henry. También quiero que…»

«No, Regina. Por favor» dijo ella, separándose enseguida

«¿Cómo que no?» preguntó Regina, visiblemente confusa

«No quiero que nadie se entere de que tú y yo estamos juntas»

«¿Y por qué?»

«Bueno…eres la patrona y todos hablarán cosas que…»

«¡Espera!» la interrumpió «¡En primer lugar, no me importa lo que van a decir! En segundo lugar, tarde o temprano se enterarán»

«Por lo menos vamos a esperar un poco…ver si realmente funciona entre nosotras» dijo Emma

«¿Por qué piensas que no funcionará?»

«No lo pienso, es solo…»

«Estoy enamorada de ti, Emma. ¿Qué puede salir mal entre dos personas que se aman?»

«Yo también estoy enamorada de ti. Solo…»

«¡Pues no lo parece!» Regina la interrumpió bruscamente

«No digas eso…»

«¡Es la verdad!»

«No, no lo es. Solo quiero librarte de disgustos y…»

«Está bien. Si así lo quieres, así será»

«¿No estás enfadada conmigo?»

«Lo estoy»

«Lo entiendo, pero no te enfades…no ahora» susurró, arrastrando sus labios por la mandíbula de Regina

«Imposible que me enfade por mucho tiempo si me hablas de esa forma»

«¿Qué forma?» preguntó Emma, mordisqueándole el lóbulo de la oreja

«Tan calmada y provocativa al mismo tiempo…» dijo ella, y sin previo aviso, Emma le invadió la boca con su lengua

Regina sintió todo su cuerpo estremecerse mientras su boca era explorada por la lengua más dulce y suave que había tenido el pacer de probar. El simple hecho de mirar a Emma le dificultaba la respiración. Cuando el beso se acabó, Regina permaneció unos segundos con los ojos cerrados y al abrirlos, se encontró los ojos verdes, brillantes, delante de ella. Ojos vívidos, hipnotizadores, enmarcados por unas pestañas espesas y oscuras.

«Por Dios…eres el ser más bello que he visto en toda mi vida» dijo Regina, acariciándole delicadamente el rostro

La intensidad explicita en la mirada de Regina la dejó sin habla y, por ese motivo, Emma solo le respondió con una sonrisa, y luego la envolvió en un fuerte abrazo.

«Sé que todo esto es reciente» dijo Regina, acariciándole los cabellos rubios «Pero quiero que sepas que esto me asusta tanto como a ti» añadió, separándose para que pudiese mirar su rostro.

«¿Estás asustada?» preguntó Emma

«Un poco…lo que estoy sintiendo por ti es intenso, fuerte, va más allá de lo que imaginé sentir por alguien y…¿de qué te ríes?»

«Esta Regina delante de mí es totalmente diferente a aquella Regina que conocí el primer día que pisé la hacienda»

«Yo aquí declarándome y tú…»

«¡Y yo enamorándome a cada palabra dicha! Con cada gesto, con cada toque…» murmuró, y sin esperar respuesta, dejó que su boca se hundiera, una vez más, en la de Regina.

Una débil batalla comenzó, se mordieron los labios, apoyando ligeramente la lengua en los dientes. Emma permitió a sus manos hundirse en los cabellos cortos de Regina, mientras degustaba el sabor del beso que le cortaba el aliento. Un beso que en el que compartían saliva y un mismo sabor a fruta madura.

«Regina…» susurró Emma, al sentir cómo sus manos se deslizaban abiertas por su trasero, y su cuello era explorado por los labios calientes y humedecidos de la mujer amada.

«Amo tu olor…me enloquece, me excita…» murmuraba ella, y al hacer mención de levantarle el vestido que Emma llevaba, se escucharon golpes en la puerta que la obligaron a retroceder «¡Maldición!» exclamó Regina, suspirando inmediatamente, al mismo tiempo que se dirigía a la puerta «¡Dije que no quería ser interrumpida!» dijo al encontrarse con Marian.

«Disculpe, patrona. Pero el capataz ha avisado de que necesita hablar con usted»

«Ya voy» dijo, cerrando la puerta con una fuerza innecesaria

«¿Por qué te irritas por todo?» preguntó Emma, rozándole el rostro con el lateral de la mano

«Porque no me gusta cuando desobedecen mis órdenes»

«Puede ser importante…»

«Sí, lo sé. Bueno, voy a ver qué quiere»

«Y yo voy a ver si los pequeños se están portando bien»

«Vamos…te acompaño hasta el jardín»

Durante las horas siguientes, Regina se ocupó de algunos imprevistos que habían surgido en la hacienda, entre ellos, la contratación de nuevos empleados, ya que la producción en su propiedad iba a todo vapor.

Al caer la noche, Emma se vio una vez más "obligada" a sentarse a la mesa junto con Regina y Henry. Aunque estaba feliz por lo que empezaba a nacer entre ella y su patrona, Emma temía que esa relación entre ellas pudiese acarrear una serie de problemas, principalmente con respecto al triste acontecimiento de su pasado.

«¡Hora de irse a la cama, hombrecito!» dijo Emma, llevándolo hasta el cuarto

«Pero si aún son las nueve» argumentó él

«Las clases comienzan mañana, ¿lo olvidaste?» dijo ella, mientras le daba el pijama

«Buenas noches, hijo» dijo Regina dándole un beso en la cabeza

«Buenas noches, mamá. Buenas noches, Emma»

«Dulces sueños, querido…» le deseó Emma, retirándose junto con Regina

«¿A dónde piensas que vas?» preguntó Regina, agarrándola delicadamente de la mano

«Voy a ayudar a Margaret a limpiar la cocina y después a mi cuarto» respondió Emma

«Fuiste contratada para cuidar de mi hijo, no de la casa. Y ahora, tendrás un trabajo extra que consiste en cuidar de mí» dijo ella, exhibiendo su bella sonrisa

«¿No cree que ya es bien grandecita para cuidarse sola, señora Mills?»

«Lo que creo es que necesito de tus cuidados…ahora ven…»

«¿A dónde?»

«A mi cuarto»

«¿No crees que es muy pronto?»

«¿Pronto?» preguntó Regina, aparentemente confusa

«No hace ni dos días que estamos juntas y ya quieres llevarme a la cama»

«Disculpa…pensé que…»

«A veces parece que es solo eso lo que quieres…»

«¿Cómo? Incluso después de todo lo que te he dicho, después de declararme como una boba, ¿aún piensas que mi propósito es solamente llevarte a la cama? ¿Qué crees que soy?»

«Disculpa…no quería…»

«Mira, tienes razón. Creo que estoy yendo demasiado rápido, sin embargo, no es con el fin que te imaginas. Yo solo…cuando me gusta alguien, gustarme de verdad, no me importa si me voy a la cama el primer día, después de un mes o de un año…eso no cambia mis sentimientos»

«Perdón…tienes razón y no quería enfadarte» dijo Emma, y al contrario de lo que pensaba, Regina solo le sonrió

«No estoy enfadada, de ninguna manera» dijo, agarrándole el rostro con ambas manos para rápidamente besarla en la cabeza «Buenas noches» añadió, y se encaminó hacia su cuarto

Emma se quedó algunos minutos perdida en sus pensamientos y, rápidamente, bajó las escaleras y se encerró en su cuarto. Aunque estuviese segura de los sentimientos de Regina, no podía evitar el miedo y el recelo reprimidos en su interior, consecuencia de un acontecimiento desastroso que terminó en una tragedia de la que solo ella fue señalada como culpable.

Tras dar vueltas por la cama, inquieta, Emma optó por levantarse y minutos después, se encontraba parada delante de la puerta del cuarto de Regina. Tras tocar varias veces, sonrió cuando sus ojos verdes se encontraron con los castaños.

«¿Alguien necesita cuidados esta noche?» preguntó Emma, exhibiendo su sonrisa más bella

«Alguien necesita tus cuidados todos los días, a todas horas, todas las noches…» dijo Regina, arrastrándola hacia el interior del cuarto, aferrando delicadamente su mano.