Capítulo 15

«¿Está seguro de eso? ¡Habla, imbécil!» decía Regina, cogiéndolo por el cuello de la camisa con más fuerza

«¡Lo juro, señora!»

«¿Qué está pasando aquí?» preguntó Gold, propietario de la pensión

«¡Nada!» exclamó ella, empujando al desconocido y marchándose enseguida

De camino de vuelta a la hacienda, conduciendo lo más rápido que podía, Regina no conseguía evitar que las lágrimas corriesen sin parar, mientras intentaba encontrar algún sentido para lo que acababa de descubrir. Emma se había escapado con Killian Jones.

Las lágrimas mezcladas con el polvo que subía de los caminos de barro nublaban su visión, pero nada de eso le importaba en aquel momento. El puñal ya había sido clavado en su corazón, mutilándolo, abriendo de nuevo heridas que había creído ya curadas.

Al llegar a la hacienda, enjugó sus lágrimas y a paso largo, se dirigió al despacho.

«¿Qué está pasando? ¿Por qué Emma se marchó?» preguntó Margaret

«Al parecer un pariente está enfermo y tuvo que ausentarse» dijo Ruby

«Pero la patrona está inquieta. Ahora mismo pasó escupiendo fuego y dio un portazo tan fuerte que pensé que iba a reventar la puerta» dijo ella

«¿Y qué día esa mujer no escupe fuego?» indagó Marian

«Bueno, parecía más calmada con la presencia de Emma y…»

«¡Mira, Margaret! Es mejor cerrar el pico porque si la patrona oye esos comentarios, no quiero ni imaginar lo que sería capaz de hacer» dijo Ruby «Vamos a volver al trabajo y…» su voz fue silenciada cuando el ruido de cosas rompiéndose invadió la cocina. Todas, incluido Granny, corrieron hacia la sala al darse cuenta de que el ruido provenía del despacho.

«¡Caramba…se le han cruzado los cables! ¡Está destrozando todo el despacho!» exclamó Marian

«Voy» dijo Ruby, sin embargo, Margaret se lo impidió

«¿Estás loca? ¡La patrona está fuera de control!»

«¡Margaret tiene razón, Ruby! Además, el despacho es de ella y puede hacer lo que le dé la gana»

«¡No puedo dejarla sola! Puede herirse o cometer una tontería» dijo ella soltándose y encaminándose hacia el despacho

Cuando abrió la puerta y sus ojos se encontraron con la estancia completamente destrozada, Ruby no tuvo otra reacción sino la de llevarse la mano a la boca, principalmente al darse cuenta de que Regina estaba herida, ya que algunas gotas de sangre manchaban el suelo.

«Patrona…»

«¿Qué está haciendo aquí? ¡No la llamé, así que fuera!» exclamó Regina, y solo entonces Ruby percibió que aquella sangre provenía de un corte en la mano

«Está herida. Deje que la ayude»

«¡No necesito su ayuda! ¡Salga fuera de mi vista!» gritó

«Por favor…» dijo ella «Todo va a estar bien…» añadió, rasgando el vuelto de su vestido, para a continuación, acercarse a paso lento «Sé que no paso de ser una empleada, pero si quiere hablar, estoy aquí»

«Quiero estar sola» dijo Regina, en un tono casi inaudible. Su respiración desacompasada parecía volver a la normalidad a medida que Ruby le vendaba la mano con el pedazo de tela que acababa de rasgar de su propio vestido.

«¿Por qué no va a su cuarto y toma un baño? No estaría bien que su hijo la viera así y dentro de poco regresará de la escuela…» Ruby sugirió, y en aquel momento, Regina se dio cuenta de que su comportamiento era definitivamente semejante al vivido cuando pilló a su ex esposa en la cama con el chofer de la familia.

«Tiene razón…no puedo fallarle otra vez a mi hijo» dijo ella, caminando hacia la puerta

Al dejar el despacho, Regina se encontró con Margaret, Marian y Granny claramente asustadas ante el estado en que ella se encontraba. En la blusa blanca había señales de sangre, sus cabellos estaban despeinados y la expresión era una mezcla de rabia, sufrimiento y decepción.

«¿Qué están mirando? ¡Vayan a buscar algo que hacer, panda de cotorras!» gritó, y rápidamente todas volvieron a la cocina.


«¿Qué pasó? Su camisa estaba con sangre» preguntó Marian, en cuanto Ruby entró en la cocina

«Debe haber roto el vaso con la mano y acabó cortándose. A propósito, el despacho está hecho un desastre…es mejor recogerlo antes de que su hijo llegue» dijo ella

«Pero, ¿qué pasó? ¿Por qué está descontrolada y rompiendo todo?» esta vez preguntó Margaret

«Aún no lo sé y no es asunto nuestro. Bueno, voy a acoger algunas cosas para hacerle la cura»

«¿Y desde cuándo eres doctora?» preguntó Marian

«¡No es necesario ser médico para hacer una cura, estúpida!» dijo ella, y se marchó

Tras casi una hora de "remojo" en la bañera, Regina se preguntaba si Emma mantendría en el recuerdo los momentos compartidos. ¿Sería realmente ese el fin de un amor que imaginó que duraría para siempre? ¿La había perdido de verdad?, se preguntaba mientras dejaba el baño cubierta apenas por el albornoz. Al entrar en su cuarto, sus ojos enfurecidos encontraron el azul de los ojos de Ruby, esperándola cerca de la puerta con una pequeña caja de primeros auxilios en las manos.

«Considero prudente hacer una cura en ese corte, patrona» dijo ella

«No tiene qué hacerlo. Estoy bien»

«Puede infectarse, sobre todo por el polvo» ella insistió, acercándose cuando Regina se sentó en el borde de la cama «Va a arder un poco…» añadió deslizando el algodón empapado en un antiséptico, después vendó la zona con una gasa apretada.

«¿Qué sabe sobre Killian Jones?» preguntó Regina, de sopetón

«Lo mismo que todo el mundo…es un veterinario que se cree un conquistador»

»Espero nunca encontrármelo delante porque sería capaz de matarlo con mis propias manos…» murmuró

«¿Por qué? ¿Qué ha hecho?»

«Me ha robado…» dijo ella, contrayendo la mandíbula al mismo tiempo que se esforzaba por mantener las lágrimas quietas en sus ojos «¿Ya llegó mi hijo?» preguntó, cambiando rápidamente de tema

«Debe estar llegando, señora»

«Gracias…ahora, por favor, déjeme sola»

«Sí señora. Con permiso»

Sola en su cuarto, sintió que la oscuridad se filtraba en su corazón. Algunos minutos pasaron hasta que Henry llegó, al preguntarle qué había pasado en su mano al verla vendada, Regina se inventó que se había herido en la plantación. Al lado de su hijo, se sentó a la mesa para almorzar aunque no tenía hambre. Al acabar la comida, Henry pidió permiso para jugar con los hijos de los empleados y en aquel momento, Regina agradeció el hecho de que se hubiera acercado a los niños, así podría hundirse en su dolor sin que él se diese cuenta.

Encerrada en su despacho, ya debidamente limpio y organizado, intentó hundirse en el trabajo con la intención de no pensar en Emma. La intención se venía por completo abajo, y cuanto más lo intentaba, más raíces se creaban. Emma estaba metida en su mente como un parásito.

El día fue pasando, y Regina se mantuvo trancada en su despacho, dejando el "refugio" solo cuando el sol estaba casi poniéndose.

«Busque un nuevo veterinario. ¡Aquel hijo de puta se marchó sin decir nada!» dijo Regina, mientras caminaba al lado de Robin

«¿Se marchó así de pronto? Qué extraño…» murmuró él, perdido en pensamientos.

«Le dimos una oportunidad y a cambio recibimos esto. Solo espero que ese maldito imbécil no se crucé en mi camino»

«Si quiere, puedo buscarlo y darle una paliza a ese mal nacido desagradecido»

«Ese desgraciado ya debe estar lejos con…»

«¿Con?»

«¡Con nadie! Lleve mi caballo a los establos y mañana mismo quiero un nuevo veterinario aquí»

«Sí señora. Con permiso»


«¿Dónde está mi hijo?»

«En su cuarto, patrona» dijo Marian, y rápidamente Regina se dirigió hacia allí

«Henry, ¿puedo entrar?»

«Sí, mamá»

«¿No vas a cenar mi amor?»

«Ya piqué algo y no tengo hambre. Voy a hacer los deberes, ver la tele y acostarme. Y tú, ¿te duele la mano?»

«Lo que duele es otra cosa…» dijo ella en su mente «No, no está doliendo» dijo finalmente

«¿Emma no ha dado noticias?»

«Sí…llamó pero no estabas en casa» mintió, sintiéndose pésima por eso

«¿Por qué no apuntaste su teléfono? Así podría llamarla cuando quisiera»

«Llamo desde una cabina pública, Henry»

«¿Y está bien? ¿Dijo cuándo vuelve?»

«Está bien y no sabe cuándo volverá»

«La echo de menos…»

«Bueno…me voy a mi cuarto. Si necesitas algo, puedes llamarme o llama a una de las empleadas, ¿ok?»

«Está bien, mamá. Buenas noches»

«Buenas noches, querido»

En la oscuridad de su cuarto, Regina se echó en la cama mientras la cabeza intentaba asimilar ese día tan cruel. Consciente de que el sueño no sería su amigo aquella noche, se rindió a la soledad, a la tristeza, al dolor y la confusión, mientras los pensamientos eran arrastrados hacia enfermizos escenarios que le ahogaban el corazón donde se imaginaba que la mujer por la que estaba perdidamente enamorada la había abandonado y huido con un hombre cualquiera. Esa visión despedazó su alma al darse cuenta de que su entrega no fue correspondida de la forma en que había imaginado, y a media que las horas se arrastraban, se preguntaba por cuánto tiempo duraría su luto.


Pasaron algunos días y no había nada que apartase la imagen de Emma de sus pensamientos. Su mal humor nunca había estado tan explícito y las únicas personas que parecían inmunes a sus ataques eran Henry y Granny. Henry porque pasaba la mayor parte del tiempo en la escuela y el resto del día jugando con los hijos de los empleados, y Granny porque ni siquiera le dirigía la mirada.

En mitad de una guerra de conflictos, dudas y cuestionamientos que se trababa en su cabeza, Regina percibía cuán difícil seria seguir allí, donde el olor y los recuerdos de aquella mujer consumían los trozos que aún quedaban de su alma destrozada.

«Se marchó con él…debe ser porque es un asesino cruel como ella. ¡Tal para cual!» decía Regina, apartando el vaso para beber directamente de la botella «¿Ves lo que se gana por amar a una…una destroza corazones?» decía, su voz embargada no solo por el alto nivel de alcohol en sangre, sino también por el constante llanto.

«Ella no merece su amor…no sufra por ella, no sufra…» decía Ruby con sus brazos alrededor de su cintura mientras la conducía a la cama.

«La amo y la odio…»

«Entiendo…ahora échese y suelte esa botella» dijo ella, quitándole el objeto de las manos, y enseguida la besó en la boca

«No puedo traicionar a Emma, aunque ella me haya traicionado…» dijo Regina, cerrando los ojos y tras pocos segundos, se durmió

«Veremos hasta cuándo se resiste, patrona… susurró Ruby, marchándose enseguida


«¿Qué estás haciendo aquí, Robin? ¡La patrona fue clara al decir que no quería a ningún peón en la casa grande!» exclamó Ruby, al encontrase al capataz en la sala esperándola

«¡Ya han pasado algunos días y todavía no me has dado lo que me prometiste!»

«Mañana hablamos de eso. Ya es tarde y la patrona está despierta. Si te ve aquí…»

«¡Deja de mentir! ¡Marian me ha dicho que se estaba emborrachando a causa de su noviecita que se marchó de la hacienda!»

«De cualquier manera, alguien nos puede ver e irle a ella con el cuento»

«¿Y cuál es el problema? ¿No quieres que la patrona se entere de que tú y yo tenemos algo?»

«¡No tenemos nada! ¡Ahora sal de aquí!»

«Mira, Ruby…no me vas a tomar por un imbécil. ¡Si no cumples tu parte del trato, le contaré todo a la patrona!»

«¡El más jodido serías tú que mataste al ganado!»

«Ruby…»

«¡Robin, te voy a dar lo que te prometí! Pero, por favor, no me presiones. Mañana hablamos, ¿está bien?»

«Está bien» dijo él, y se marchó enseguida

«Ingenuo…si te crees que me voy a acostar con un peón asqueroso y muerto de hambre como tú…» dijo ella esbozando medio sonrisa mientras se dirigía a su cuarto.

A la mañana siguiente, Regina se despertó con la sensación de cargar el mundo entero sobre su cabeza. Tambaleando, se dirigió al baño esperando que el agua fría aliviase el dolor y el cansancio de su cuerpo. Minutos después, volvió al cuarto donde Ruby la esperaba con una taza de café en las manos.

«Buenos días, patrona. Disculpe por entrar sin llamar, pero creo que necesitará esto» dijo

«Gracias» se limitó a decir, pasando las manos por sus cabellos mojados.

«También he traído un analgésico, por si tiene dolor de cabeza»

«Exageré un poco con la bebida, ¿no?»

«Sí, pero es comprensible…después de lo que la señorita Emma le ha hecho» dijo ella, y en ese momento, Regina se dio cuenta de que había hablado de más «Si me permite que lo diga…necesita olvidarla. Ella no merece que usted sufra de esta manera»

«Sí…tengo que olvidarla…» Regina murmuró. El consejo es simple. Debería olvidarla, pero rechazaba terminantemente hacerlo.

«¿Por qué no regresa a la capital?» sugirió Ruby

«¿Cómo?»

«Bueno…creo que en la capital sería más fácil olvidarla. Sé que tiene negocios allá y…bueno, existen distracciones que aquí no tenemos como tiendas, parques, restaurantes elegantes, teatros…»

«Por favor, Ruby, déjeme sola»

«Sí señora. Con permiso»

Tras la marcha de Ruby, mientras se cambiaba de ropa, Regina pensaba en la posibilidad de volver a la capital donde por lo menos el perfume de Emma penetrando en su cuarto no la perseguiría. Estaba claro que sería difícil sacarla de su mente y de su corazón, por más que durante las últimas semanas lo hubiese intentando.

«Henry…¿podemos conversar?» preguntó Regina

«Claro, mamá»

«Hijo…he estado pensando y…tenemos que volver a la capital»

«¿Por qué?»

«Han surgido algunos problemas y tengo que resolverlos. ¿No quieres volver allí»

«Bueno…confieso que prefiero la capital, aún más ahora que Emma no está con nosotros. Pero no podemos ir, mamá. Tenemos que esperar que ella vuelva»

«Querido, ella va a tardar. Pero cuando regrese, venimos a buscarla o ella vendrá a encontrarnos en la capital»

«¡Ah, si es así, entonces, quiero ir! ¡Echo de menos a la tía, a mis amigos y ver pelis en el cine!»

«¡Entonces, decidido! Mañana mismo regresaremos a la capital»