Capítulo 16

«Margaret, haga mis maletas y usted, Miriam, haga las maletas de mi hijo. Mañana, temprano, volveremos a la capital» dijo Regina, recibiendo una mirada de sorpresa por parte de todas ellas «Granny, ¿volverá conmigo o prefiere quedarse aquí?»

«Si no tiene problema, prefiero quedarme aquí, patrona. Creo que la vida en el campo es más adecuada para una persona de mi edad, y sola»

«Está bien…voy a la empaquetadora y volveré más tarde» dijo ella, marchándose rápidamente

Minutos después de saber la decisión de Regina de regresar a la capital, Ruby, extremadamente eufórica, no dudó en buscarla por las cercanías de la empaquetadora. Sin embargo, su recorrido fue interrumpido cuando Robin se le metió delante, exigiendo su pago por el favor prestado días atrás.

«¿A dónde piensas que vas con tanta prisa?» preguntó, agarrándola por el brazo

«¡Suéltame, estúpido! ¡Tengo que hablar con la patrona!»

«¿Hablar de qué?»

«¡No es de tu incumbencia!»

«He oído rumores de que andas ofreciéndote a la patrona. ¿Es eso verdad?»

«¡Robin, no te debo satisfacciones!»

«¡Pero me debes un favor y quiero mi pago, y lo quiero ahora!» dijo él, en tono exaltado, atrayéndola hacia su cuerpo mientras ella se debatía entre sus brazos

«¡Suéltame, Robin! Voy a gritar, ¡suéltame!»

«¡Suéltela, animal!» exclamó Regina, acercándose a paso largo «¿Qué piensa que está haciendo?»

«Patrona…solo estaba…» murmuró él, retrocediendo cuando Regina levantó el látigo a la altura de su rostro

«Escuche bien, cobarde…esta ha sido la última vez que intenta aprovecharse de alguna mujer en esta hacienda. ¡Si me vuelvo a enterar que molesta a alguna de ellas, no solo lo meto en la cárcel, sino que me encargaré de que nadie en este pueblo le dé trabajo!»

«No quería aprovecharme de ella, patrona…»

«¡Cierre su maldita boca!» ella lo interrumpió «¿Le ha hecho algo, Ruby? ¿La ha herido?»

«No señora»

«Está avisado. ¡Ahora desaparezca de mi vista!»

«Con permiso» dijo él, poniendo pies en polvorosa

Intentando recomponerse, Regina respiró profundamente mientras su mirada acompañaba los pasos apurados del capataz. Segundos después, desvió la mirada y se encaró con el intenso azul de los ojos de Ruby.

«¿Qué estaba haciendo por aquí?» preguntó Regina

«Tenía que hablar con usted»

«¿Y no podía esperar a que volviese a la casa?»

«Perdón, patrona»

«¿Y qué quería él con usted?»

«Lo de siempre. Dice que está enamorado de mí, pero a mí no me gusta» ella explicó «Gracias por defenderme»

«¿Qué es eso tan urgente que tiene que decirme?» preguntó Regina, mientras caminaba hacia su coche

«Quiero pedirle que me lleve con usted a la capital»

«La necesito aquí, no allá»

«¡Por favor, patrona! Le juro que no le daré trabajo ni dolores de cabeza. Puedo cuidar de su hijo, de la casa, puedo hacer lo que quiera…pero, por favor, déjeme ir…»

«¿Por qué tanto interés?»

«Bueno…siempre soñé con vivir en la capital, y ahora que estoy sola en el mundo, no quería pasar el resto de mi vida en este sitio. No es que no me guste la hacienda, solo que me gustaría conocer otros ambientes»

«Está bien. Nos marchamos mañana temprano» dijo ella, y Ruby no pudo contener la sonrisa


«¡Te dije que lo conseguiría!» exclamó Ruby, mientras metía algunas cosas en una maleta

«Que te vayas a ir con ella no significa que consigas meterte en su cama» rebatió Marian

«No vas a lograr desanimarme, ¿sabes por qué? Porque lo más difícil lo he conseguido. ¡Y cuando esté allá, llevando ropa elegante y finas joyas, la patrona no se podrá resistir!»

«Si tú lo dices…pero ahora, quiero saber si vas a cumplir lo que me prometiste o no»

«Claro que sí. Hoy mismo le diré a la patrona que eres la persona más indicada para cuidar de la casa»

A la mañana siguiente, mientras uno de los peones llevaba el equipaje al coche, Regina conversaba con Henry sobre haber dejado que Ruby fuera con ellos a la capital.

«¿Por qué tiene que venir con nosotros?» preguntó él, mientras terminaba de ponerse los zapatos

«Me lo rogó, Henry. Además, estará bien tener a alguien que te cuide, que te lleve al colegio cuando yo no pueda, esas cosas…»

«Pero ya tenemos a Emma»

«Mira, cuando Emma vuelva, ya miraré qué hacer, ¿de acuerdo?»

«Está bien entonces»

Henry se dirigió derecho al coche mientras Regina hacía una última llamada desde su despacho. Al final, no pretendía quedarse en un hotel al llegar a la capital. De esa forma, le dijo a su abogado que le buscara una casa en las cercanías de la antigua mansión que, por cierto, ya había sido vendida. Al acabar la llamada, se dirigió a la sala donde todas las empleadas la estaban esperando.

«No sé cuándo regresaré o si lo haré. Y como Ruby viene conmigo, la tarea de cuidar de la casa grande será suya, Margaret» dijo Regina, y la sonrisa floja que Marian tenía en los labios desapareció completamente.

«Gracias por la confianza, patrona» dijo Margaret

«Mantenga mi despacho y mi cuarto cerrado. Cualquier problema, sea con los empleados o con cualquier otra cosa, me llama. Cualquier abuso por parte de los peones o por quien sea, también llámeme, ¿entendió?»

«Sí señora. Buen viaje, patrona»

«Gracias…» dijo ella, caminando hacia la puerta

«Me dijiste que yo me encargaría de la casa» murmuró Marian mientras acompañaba a Ruby hasta el coche

«Relájate…cuando la patrona esté comiendo de mi mano, cumpliré lo que te he prometido»

«Eso no va a pasar nunca, y ¿quieres saber? ¡Qué te den! ¡Tú solo piensas en ti misma!» dijo ella, apartándose rápidamente

«¡No tengo todo el día, Ruby!» Regina la reprendió por la demora

«Disculpe, patrona» dijo ella, sentándose en el asiento del copiloto.

Antes de marcharse, Regina se dirigió a los establos donde Robin se encontraba alimentando a los caballos. No todos en la hacienda sabían que ella regresaba a la capital, pero eso no importaba. Sin embargo, así como Margaret, a partir de ese momento, sería la responsable de cuidar la casa grande, Robin continuaría en su puesto de capataz y por lo menos con él, Regina tenía que hablar.

«¡Robin!» lo llamó

«Sí, patrona»

«En unos instantes me marcharé a la capital y no tengo fecha de regreso. Pero quiero dejar claro que, aunque esté lejos, tengo cómo enterarme de lo que pasa en mis tierras, incluso, lo que usted hace o deja de hacer. Así que, piense bien antes de comportarse otra vez como un animal»

«No se preocupe patrona. Cometí un error y pretendo no cometerlo más»

«Espero que esté diciendo la verdad, en caso contrario, yo misma me encargaré de usted» tras eso, se marchó

Segundos, minutos y horas pasaron de camino a la capital. En su cabeza, Ruby tramaba los planes para dar comienzo a una nueva vida, mientras Regina se daba cuenta de que, una vez más, se encontraba huyendo, cargando los pedazos de su corazón. La tristeza que la rondaba era abrumadora, pero como la primera vez, se juró que lo superaría.

Al llegar a la capital, Ruby se mostró encantada con los enormes edificios, el movimiento de coches, de gente, los carteles con propagandas. Sus ojos intentaban capturar todo aquel mundo totalmente opuesto al que estaba acostumbrada y por un instante, Regina sonrió ante la escena.

«¿Vamos a casa de la tía Zelena, mamá?» preguntó Henry

«No, querido. Mi abogado nos está esperando en un restaurante en el centro de Augusta para que comamos, charlemos y claro nos entregará las llaves de nuestra nueva casa» explicó y minutos después, estacionó frente al restaurante. Tras entregar las llaves al aparcacoches, fue recibida, junto con Ruby y Henry, por el abogado, que ya se encontraba en la puerta.

«Regina, ¿cómo fue el viaje?» preguntó Víctor, apretándole la mano.

«Tranquilo. Ah, esta es la señorita Ruby»

«Un placer, señorita» dijo él, dejando sitio para que entraran.

Una vez más, la mirada de Ruby recorrió el local, constatando cuán elegante era aquel sitio, y a pesar de ser consciente de que su ropa no pasaban de ser harapos comparadas con los trajes finos que las ocupantes de las pocas meses llevaban, no le importó, tampoco se avergonzó, ya que estaba en compañía de una de las mujeres más ricas del estado de Maine, y para ella eso era suficiente.

La comida no tardó en llegar y Regina lo agradeció, ya que su deseo era llegar a la nueva casa y disfrutar del silencio, de los recuerdos de los buenos momentos vividos al lado de Emma, aunque eso le costase innumerables lágrimas.

«Aquí están las llaves de la casa, Regina. Cualquier cosa que no le guste, avíseme. Pero creo que le gustará» dijo Víctor «Aquí está el recibo de la compraventa, las escrituras a su nombre, todo correcto, incluso, escogí los mejores currículos de la agencia y mañana mismo, las candidatas estarán en su casa»

«Gracias, Víctor. Mañana le echaré un vistazo a todo esto y lo llamo»

«Bien, entonces, hasta mañana. Fue un placer, señorita. ¡Ciao, campeón!»

«Hasta luego, señor Víctor» dijo Henry, ya entrando en el coche

Felizmente, el camino hasta la nueva dirección no fue tan largo y en media hora, Regina llegó a su nuevo hogar. Aunque era de noche, se podía ver la belleza del inmueble, rodeado por un inmenso jardín. En el centro, algunos metros antes de la escalera que llevaba a la puerta de la entrada, se encontraba una fuente. El ruido de los chorros del agua daba una sensación de naturaleza viva en ese sitio.

«¡Vaya! ¡Esta casa es bonita, patrona!» exclamó Ruby, y la sonrisa que exhibía se hizo aún mayor cuando Regina abrió la puerta y encendió las luces. Los muebles, los colores, cada detalle de aquel inmueble transmitía el más puro lujo.

Tras unos minutos observando el ambiente, Henry no tardó en encontrar su habitación, Regina hizo lo mismo dejando que Ruby eligiera el cuarto que quisiera para ella.


A la mañana siguiente, Regina fue sorprendida con un generoso desayuno y aunque no tenía hambre, admitió que haber traído a Ruby a la capital no había sido tan malo. Al lado de su hijo, se sentó a la mesa y acabó invitando a Ruby a sentarse con ellos. Una hora después, las candidatas para trabajar en la casa llegaron acompañadas de una trabajadora de la agencia que trató de explicarle a Regina la función de cada una de ellas. Al final, cuatro fueron contratadas para cuidar de los quehaceres domésticos.

«Pueden comenzar hoy mismo y quien no quiera marcharse a su casa, hay cuartos disponibles para los empleados» decía Regina, sin embargo, fue interrumpida por la inesperada llegada de Zelena

«¡Tía!» gritó Henry, corriendo a su encuentro

«¡Mi amor, cuánto te he echado de menos!» dijo ella, abrazándolo fuertemente «¿Cómo es posible que vuelvan de esta manera y ni me avisan ni nada? Si Víctor no me lo hubiese dicho, ¡ni me habría enterado de la vuelta!»

«Mamá lo decidió a última hora, pero te iba a llamar ahorita» dijo él

«Ruby, oriente a las chicas» dijo Regina «Henry, tu tía y yo tenemos que hablar, ¿está bien?»

«Claro, mamá. Voy a jugar al jardín» dijo, y se retiró

En silencio, Regina caminó al lado de Zelena hasta el despacho. Después de cerrar la puerta, suspiró pesadamente preparándose para el asalto de preguntas y sermones que estaba por llegar.

«¿Qué ha pasado? Pensé que la vida en el campo te estaba haciendo bien» dijo Zelena

«Pues que decidí regresar, y punto final»

«¿Dónde está Emma? ¿La cambiaste por esa de ahí?»

«¡Ojalá fuese eso!» exclamó ella, sentándose en el sofá de cuero y al momento, se cubrió el rostro con las manos

«Háblame, Regina…¿qué ha pasado?» preguntó Zelena, sentándose a su lado

«Sucede que…¡Dios, ni me lo creo! ¡Tengo que ser una verdadera hija de puta para ver, otra vez, mi corazón pisoteado!» murmuró, y sus ojos se llenaron de lágrimas

Zelena esperó a que su medio hermana recuperase el aliento y el habla que parecía haber perdido. Regina tomó aire, sintió, una vez más, un nudo formarse en su garganta y el corazón estrecharse en su pecho. Con la respiración entrecortada y la voz embargada por el llanto, relató la historia.

«¡Dios mío, no puede ser! ¡Emma me pareció tan dulce, tan incapaz de herir al más asqueroso de los insectos! Es difícil creer que haya matado a un padre de familia» decía Zelena, asombrada ante aquella revelación.

«No habló conmigo…huyó en mitad de la noche como la criminal que es. ¡Pero lo peor de todo, es que se marchó con él…con aquel maldito de Killian!» vociferó Regina

«¿Quién es Killian?»

«Es un ladrón…que me la robó»

«¿Me estás diciendo que huyó con ese hombre?»

«¡Sí! ¡Ese maldito era el veterinario de la hacienda y desapareció sin dar explicaciones! Y lo más gracioso de todo es que desapareció el mismo día que ella me abandonó. Maldita…me traicionó descaradamente como la zorra de Kathryn hizo…»

«Solo puede ser una coincidencia, Regina…»

«¿Coincidencia? Él se marchó de un día para otro, sin recibir el dinero por los días trabajados, y para completar, uno de los empleados dijo que una mujer lo fue a buscar»

«¿Y era ella?»

«No tengo la certeza…él dijo que intentaba esconder el rostro, pero que vio que sus ojos eran claros»

«¡Por el amor de Dios! ¿Y te estás basando en eso? ¡Emma no es la única mujer del mundo con los ojos claros, mujer!»

«¿Por qué la estás defendiendo, joder?»

«¡No defiendo a nadie! Solo creo que te estás dejando llevar por la rabia, no sé. ¡Que ha huido es un hecho comprobado! Pero que haya huido con ese tal Killian, ya es otra historia de la que no estás segura»

«No sé y ya no me importa. Ella es una criminal. ¡Acabó con lo que quedaba de mi corazón y quiero que se vaya al infierno!»

«¿Y Henry?»

«No sabe nada. Le he dicho que se había ausentado para cuidar de un pariente enfermo»

«Henry no es tonto, Regina. Descubrirá la verdad»

«La olvidará al igual que yo. Por eso he decidido regresar…así se distraerá en el cine, en el parque, en los lugares que le gusta y en poco tiempo, ni se acordará de que, alguna vez, ella estuvo en nuestras vidas»


Regina no estaba segura de si regresar a la capital era realmente la solución más adecuada para borrar todo lo que Emma había grabado en su alma, tampoco si eso remediaría la necesidad de tenerla, pues aunque la rabia y la desilusión estuvieran presentes como si fuesen su sombra, no podía negar que aún la amaba.

«Voy a olvidarte, Emma…juro que voy a olvidarte»