Capítulo 17

Algunas semanas después

«Ya ha pasado mucho tiempo y no ha dado noticias, mamá. ¿No estás preocupada?» preguntó Henry, mientras se preparaba para la escuela

«Henry, está ocupada y quizás no quiera volver más. Por favor, concéntrate en los estudios, en tus nuevos amiguitos y olvida a Emma» dijo Regina

«¿Tú la has olvidado?»

«No, ¡pero ella sí se olvidó de nosotros!»

«¿No va a volver?»

«¡No lo sé, Henry! ¡No lo sé!» respondió exaltadamente «Mira…vamos a seguir con nuestras vidas y si un día ella vuelve, hablamos, ¿está bien?»

«Está bien…»

«Buen chico…ahora vamos o llegaremos tarde»

«¿Puedo acompañarlos? Así me entero de dónde está el colegio y cuando no pueda ir a dejarlo, yo misma voy» dijo Ruby, parada en la puerta

Regina recorrió el cuerpo de la mujer que tenía delante con la mirada, de arriba abajo. Ruby había cambiado radicalmente en los últimos días. El vestido palabra de honor negro, un poco por encima de las rodillas, totalmente diferente a los vestidos largos y estampados que llevaba en la hacienda, realzaba las curvas de su cuerpo muy bien definido. Las piernas largas y bellas quedaban visibles, y los zapatos de tacón que llevaba la hacían aún más alta. Regina no tuvo dudas de que Ruby era una mujer muy atractiva, pero ningún escalofrío recorría su columna cuando ella hablaba. Ninguna llama se encendía en su corazón cuando ella sonría. Nada en Ruby era capaz de provocar alguna reacción en su cuerpo como provocara un sencillo gesto esbozado por Emma.

«Vamos…» dijo ella, saliendo de sus devaneos

El colegio en el que Henry estudiaba pertenecía a Zelena, su único patrimonio, al contrario que Regina, que había heredado todos los bienes de su fallecido padre, desde la hacienda en el pueblo de Storybrooke hasta las empresas diseminadas por Augusta que la convertían en una de las mujeres más rica del estado.

«Buen día, cariño» dijo ella, tras dejarlo en la puerta de la entrada.

«Ciao, ma» dijo él, corriendo hacia el patio

«Ahora voy a trabajar. ¿Quiere que la deje en casa?» preguntó, mientras se ponía el cinto de seguridad

«¿Puedo ir con usted?»

«No creo que le vaya a interesar. Si no quiere ir a casa, vaya de tiendas o algún otro lugar»

«Está bien…no quiere que conozca sus negocios, no voy a insistir» dijo ella, y en silencio, Regina condujo hasta un centro comercial cualquiera y tras dejarla allí, siguió derecho a sus oficinas principales

Encerrada en su oficina, se sirvió una copa de whisky sin tomarse la molestia de ponerle hielo. El alcohol puro le quemó la garganta y solo entonces se dio cuenta de que jamás superaría la ausencia de Emma. Independientemente de ser una criminal o no, independientemente de los motivos que la habían llevado a cometer ese delito, la amaba y se sentía traicionada porque Emma se había marchado sin dar explicaciones, sobre todo por haberse ido junto con alguien que conocía tan poco. Desolada y llena de rabia, se sirvió una segunda copa y luego otra, aunque sabía que borracha o sobria, Emma habitaría en su corazón hasta el último respiro.


«¿Diga?»

«¿Señora Zelena?»

«Sí, soy yo»

«Perdón por molestarla. Soy Isabela, la secretaria de la señora Regina»

«Dígame, Isabela. ¿Algún problema?»

«La señora Regina me ha pedido que le diga que acerque usted a su hijo a casa»

«¿Y dónde está Regina?»

«Está encerrada en la oficina desde que llegó, y…bueno, no ha parado de beber»

«Gracias por avisar, Isabela. Voy a llevar a mi sobrino a casa y después hablaré con Regina. Si acaso sale, avíseme, por favor»

«Sí, señora» dijo ella, cortando la llamada.

Mientras conducía, Zelena se preguntaba si una vez más Regina caería en el abismo que por poco no había destruido su vida antes. Henry parecía ajeno a todo lo que pasaba, o quizás fingiese no darse cuenta, lo que solo aumentaba su angustia, ya que la situación lo afectaría de forma directa.

«¿Por qué mi madre no ha venido a buscarme?»

«Porque tenía una reunión muy importante, mi amor»

«Henry, ¿qué tal las clases?» preguntó Ruby en cuanto abrió la cancela

«Normal…voy a mi cuarto» dijo él, y salió corriendo hacia la puerta de entrada

«Señora Zelena…»

«Llámeme Zelena, por favor»

«Como quiera, Zelena…»

«Bien, Regina solo regresará al final de la tarde, así que cuide de él»

«No se preocupe»

«Hasta luego entonces…»

Tras dejar a Henry en casa, Zelena se dirigió derecha al despacho de Regina, y según se había imaginado, su hermana continuaba encerrada en la oficina, emborrachándose no solo con el alcohol, sino con los recuerdos de Emma.

«¡Vi tantas cosas en aquel bello rostro…pero no vi a un puta seductora, loca manipuladora, una criminal disfrazada de bella muchacha!» decía Regina, y al contrario de lo que Zelena pensaba, estaba sobria, más sobria que nunca.

«Entiendo tu dolor… quizás no tanto como me gustaría, pero entiendo. Sin embargo, hay otras cosas en juego, Regina. Tu hijo es una de ellas»

«Lo sé…y no le voy a fallar esta vez»

«¡Entonces, por el amor de Dios…deja de beber esa porquería, vete a casa, toma un baño y siéntate a la mesa con tu hijo! ¡Después ve una película con él y mételo en la cama! Estate presente en su vida…no lo apartes otra vez»

«No lo entiendes…no tienes idea de lo que está pasando en mi cabeza» dijo ella «Nunca sentí mi corazón tan despedazado y al mismo tiempo tan enamorado. No consigo olvidarla, Zelena…lo intento todos los días y no lo consigo» completó. La expresión de tortura en su rostro era alarmante «Si supiese que sería así, jamás…»

«Regina…» Zelena la interrumpió «Aunque te hubiera dicho el día que se conocieron que iba a partir tu corazón, y que pasarían días y meses y seguirías sufriendo, aun así te habrías enamorado porque no mandamos en nuestros corazones. Lo hecho, hecho está…ahora, por favor, esta vez piensa un poquito en tu hijo»


Siguiendo los consejos de Zelena, Regina volvió a casa al caer la tarde. Tras esquivar algunas preguntas por su parte sobre Emma, se dirigió al baño y después de cenar, consiguió entretenerlo con una película. En cuanto se quedó dormido, le besó en la cabeza y apagó las luces, ella caminó sin ganas hacia su cuarto donde Ruby la esperaba.

«¿Quiere compañía?» preguntó Ruby

«Ya hablamos sobre eso» respondió Regina

«¿Tiene miedo de mí?»

«¡No tengo miedo de nadie!» gritó, en tono exaltado

«Déjeme ayudarla a olvidar a Emma. Un amor cura otro»

«Yo no la amo»

«Lo sé, pero con el tiempo podría amarme…» Ruby insistió. Sus manos se deslizaron por los hombros de Regina apartándole la bata de seda. Sus labios tocaron suavemente los de ella buscando un beso que no aconteció «No tenemos que compartir la misma cama si no quiere, pero déjeme mostrarle la pasión que siento desde el día en que la vi en aquella hacienda» añadió, susurrándole al oído para luego rápidamente, deslizar la punta de la lengua por el lóbulo de la oreja.


Regina despertó con la claridad de los rayos del sol invadiendo su cuarto a través de la ventana que había olvidado cerrar la noche anterior. Sobresaltada, se levantó al constatar que ya eran más de las ocho de la mañana. Cubriéndose con la bata que estaba tirada en un sillón, bajó las escaleras apresuradamente cuando encontró la habitación de su hijo vacía.

«Buenos días» dijo Ruby, esbozando una gran sonrisa

«Buenos días. ¿Dónde está Henry?»

«Ya lo llevé al colegio. Me tomé la libertad de coger uno de los coches. Espero que no le importe»

«No pensé que supiese conducir» comentó Regina, claramente sorprendida

«Aprendí en la hacienda. Pero no tengo el permiso de conducir»

«Arreglaré eso. No quiero problemas con la policía si la cogen conduciendo sin permiso»

«Pediré que sirvan el desayuno»

«No quiero. No tengo hambre»

«Tiene que alimentarse…»

«¡No me trate como si fuese una niña! He dicho que no quiero y asunto cerrado» exclamó, suspirando ante el silencio de Ruby «Voy a tomar un baño y si decide salir, coja un taxi. No quiero problemas» añadió y volvió a su cuarto.


Pasaba de la una cuando Regina dejó a Henry en casa, y a diferencia de lo que Ruby pensó, ni siquiera ella bajó del coche. Aunque Regina no hubiese rechazado sus besos la noche anterior, conquistarla como Emma había hecho sería más difícil de lo que pensaba. Quizás, lo más adecuado sería ganarse la confianza y el cariño de Henry antes que nada.

«¿Qué tal las clases, Henry? ¿Te divertiste?» preguntó, sentándose en la mesa junto con él, ya que ella no se consideraba una empleada y por lo visto Regina tampoco, ya que ninguna tarea domestica le había sido encomendada. Además, el guardarropa lleno de trajes de marca que la propia Regina le autorizó a comprar hacía de ella cualquier cosa, menos una empleada.

«Normal» se limitó a decir

«¿Qué te parece si salimos a dar una vuelta?»

«Tengo muchos deberes. Ah, ¿puedo pedirte una cosa?»

«Claro que sí» dijo ella animada

«Querría el portátil de mi madre que está en su cuarto»

«¿Para qué?»

«Tengo que hacer un trabajo para clase»

«Tu madre me ha dicho que no te deje usar Internet»

«¿Sabes en qué siglo estamos? Todos mis compañeros tiene móvil, ordenador, ¡tienen de todo! ¡Menos yo!»

«Esas cosas son para los adultos, no para niños. Y cuanto a la investigación, ella dejó claro que tienes que hacerla con los libros y si no encuentras nada en ellos, ahí sí, en su presencia, podrías usar Internet»

«Haces todo lo que mi madre manda, pero apuesto a que si fuese Emma, ella ya me habría dado el portátil» dijo él, y al hacer mención de retirarse, Ruby lo detuvo

«Espera…» dijo ella, de sopetón «Tu madre se enfadará si lo descubre, así que será nuestro secreto, ¿ok?» añadió, imaginando que así sería más fácil conseguir su confianza.

«¡Ok! ¡Prometo que no tardaré!» dijo él, y junto a Ruby, se dirigió al cuarto de Regina «¡Oh, no! Tiene contraseña…»

«¿Y ahora?»

«Ahora llamas a mi madre y le pides la contraseña»

«¿Y si no me la quiere decir?»

«La convences. Emma consiguió convencerla para que le dejará los coches para llevar al colegio todos los días a los hijos de los empleados» argumentó él, y aunque ya estaba enfada por las comparaciones que él hacia entre ella y Emma, Ruby controló su rabia y llamó a Regina.


«¿Qué pasa Ruby?» preguntó ella, al otro lado de la línea

«¿Podrías usar su portátil unos minutos?»

«¿Y desde cuándo sabe usted usar el ordenador?»

«¡El hecho de haber crecido en el campo no me convierte en una burra! Además, Henry va a ayudarme»

«No quise decir eso…de cualquier forma, ¿para qué lo quiere?»

«Es que…quería coger una receta de Internet»

«¡No me puedo creer que me haya sacado de una reunión para esto!» gritó

«Lo que pasa es que ninguna de las cocineras sabe hacer el pastel de manzana que a Henry tanto le gusta, así que pensé en hacer algo que le agradara…»

«¿Qué clase de cocineras son esas que ni saben hacer un pastel de manzanas?»

«Regina, ¿qué le cuesta dejarme ver una receta?»

«Está bien…»

Después de revelarle la contraseña, Henry esbozó una gran sonrisa cuando apareció ante sus ojos la ventana principal del portátil.

«¡Gracias Ruby! ¡Eres muy guay!»

«De nada…pero no quiero problemas con tu madre»

«No te preocupes, ahora yo me encargo de todo. Puedes marcharte»

En cuanto Ruby lo dejó solo, Henry hizo una rápida búsqueda en las recetas de pastel de manzana, y rápidamente, abrió una sesión anónima para que su verdadera búsqueda no quedase registrada en el historial.

"Emma Swan" fue el nombre que tecleó en el buscador, y de repente, sus ojos se desorbitaron ante la cantidad de noticias que aparecieron en la pantalla del ordenador.

"Acusada de asesinato, Emma Swan es detenida en la ciudad de Stanford"

«¡Emma está presa! Mi madre me ha estado mintiendo todo el tiempo…» murmuró mientras leía rápidamente el reportaje.

Minutos después, apagó el portátil y se encerró en su cuarto. Al final, necesitaba resolver de alguna manera aquel problema sin que Regina se enterara.


Aquella tarde de jueves, Regina decidió regresar a casa más temprano con la intención de llevar a su hijo al cine. A pesar de los sentimientos negativos que le quemaban por dentro, estaba decidida a no fracasar de nuevo con él.

«¿Dónde está Henry?» preguntó ella, y antes de responder, Ruby la sorprendió con un beso en la boca

«Está en el cuarto estudiando» dijo ella, cuando separó los labios de los de ella

«Voy a hablar con él» dijo Regina, y subió las escaleras deprisa, y tras un largo suspiro, llamó a la puerta «Hijo, ¿puedo entrar?»

«Sí» dijo él a secas

«¿Qué tal el día en el cole?»

«Normal, como siempre»

«¿Qué te parece ir al cine? Aquella película que querías ver ya está en cartelera»

«No puedo. Tengo muchos deberes»

«¿Por qué no le has pedido ayuda a Ruby?»

«Porque ella no es lista como Emma»

«Entonces te ayudo yo»

«No es necesario»

«¿Ha pasado algo? ¿Estás enfadado?»

«No. Solo que no quiero ir al cine»

«Está bien…si necesitas ayuda…»

«¡Tía!» exclamó, levantándose de la cama rápidamente

«¡Mi príncipe! ¿Todo bien?»

«¡Sí, todo genial!»

«Voy a tomar un baño y hablamos. Quédate a cenar, ¿sí?»

«Sí, me quedo. Y mientras tú tomas tu baño, yo le hago compañía a mi príncipe»

Pasaron algunas horas y después de cenar, Henry volvió a su cuarto. Ruby paso un rato con Regina y Zelena en el jardín, sin embargo, también se retiró para que las dos pudiesen hablar libremente.

«¿Estás teniendo algo con ella?» preguntó Zelena

«Sinceramente no sé lo que está pasando entre ella y yo»

«¿Y quién lo sabe entonces?»

«No me hinches la cabeza, Zelena»

«¿Por qué no te das un tiempo? Disfruta de tu hijo, céntrate en el trabajo»

«Estoy haciendo todo eso»

«¿Te estás acostando con ella?»

«Aún no»

«¿Eso significa que te vas a acostar?»

«No lo sé…es muy bonita e intenta agradarme de todas las maneras, pero no siento nada por ella»

«Entonces, mándala de vuelta a la hacienda»

«Déjala ahí, ¿cuál es el problema?»

«No me cae muy bien…»

«¡No juzgues el libro por la cubierta! ¡Pensaba que Emma era una santa y a fin de cuentas, además de delincuente, me traicionaba bajo mis ojos!»

«No sabes si realmente te traicionó»

«¡Huyó con aquel maldito!»

«Será mejor que cambiemos de tema. Ya es hora de que te olvides de esa mujer y si crees que Ruby puede hacer que eso pase, adelante…»


«¡No tienes que dejarme en el aula, mamá! Sé ir solo»

«Está bien, no te enfades» dijo ella, sin embargo, solo arrancó cuando lo vio pasar la cancela de la entrada

En cuanto Regina se marchó, Henry se mezcló con la multitud de alumnos que entraban y padres que salían. Sin que los guardias de seguridad se diesen cuenta, atravesó la cancela y corrió en dirección a la parada de taxi más cercana.

«Quiero que me lleve a esta dirección» dijo él dándole un trozo de papel al taxista.

«¿No crees que es peligroso que un niño de tu edad ande por ahí solo?»

«Puede ser…» respondió él, y el resto del viaje se hizo en silencio

Minutos después, el taxista paró frente a un edificio que se correspondía con la dirección entregada, y tras pagar la carrera con el dinero que guardaba dentro de un cerdito, bajó.

«Dr. Víctor…el hijo de la señora Mills pide permiso para entrar» informó la secretaría, desde el otro lado del interfono

«¿Henry? ¿Está solo?» preguntó él, sorprendido

«Sí señor»

«Déjelo entrar» dijo él, y segundos después, la puerta se abrió y aquella figura pequeña entró en la estancia.

«Buenos días, Dr. Víctor»

«Buenos días, campeón. ¿No deberías estar en clase?»

«Sí, y en cuanto hablé con usted, iré»

«¿Dónde está tu madre?»

«Me está esperando fuera en el coche»

«Bien…siéntate y dime en qué puedo ayudarte»

«Quiero contratar sus servicios para sacar a una persona de la cárcel»

«¿Cómo?» preguntó él con una mezcla de sorpresa y confusión.