Capítulo 18

«¿Quieres contratar mis servicios para sacar a una persona de la cárcel?»

«Eso mismo. Usted es abogado, ¿no?»

«Sí, pero…claro. Dime, ¿qué persona es esa y qué es lo que ha hecho?»

«Antes de nada, tiene que prometerme que no le dirá nada a mi madre»

«No le voy a decir nada a tu madre»

«Está bien…como iba diciendo, su nombre es Emma Swan y está siendo acusada de asesinado, pero eso no es verdad»

«¿Y cómo sabes que no es verdad?»

«Porque es la persona más bondadosa que he conocido y no sería capaz de matar ni a una cucaracha»

«Vale…hagamos lo siguiente: voy a estudiar el caso, informarme mejor sobre esa chica, sobre las acusaciones y después hablamos, ¿está bien?»

«Gracias, Dr. Víctor. Hasta luego y manténgame informado. Ah, por favor, ponga los honorarios en la cuenta de mi madre, pero sin que ella se entere» dijo él, provocando una sonora carcajada al hombre que tenía delante.

«Está bien, Henry. Te acompaño al coche de tu madre»

«No es necesario»

«Insisto» dijo Víctor, caminando lentamente a su lado «¿Dónde está el coche de tu madre?» preguntó, aunque sabía perfectamente la respuesta

«Ah, olvidé que me dijo que tenía que ir a la farmacia. Voy a esperarla aquí»

«Te llevo a la escuela y la aviso a ella por teléfono para que no se preocupe»

«Está bien, pero deje, yo la aviso. Es peligro conducir y usar el móvil al mismo tiempo»

«Es verdad» dijo Víctor, dándole el aparato a Henry que marcó un número cualquiera y descaradamente fingió una inexistente conversación con Regina.

«¡Gracias por traerme, Dr. Víctor!» dijo Henry, y al ser preguntado por el guardia, Víctor le informó que era el padrino del niño y se disculpó por el atraso.

Después de dejarlo en la escuela, Víctor volvió a su despacho y rápidamente se puso al día en el caso de Emma, y a cada nueva información, se preguntaba de dónde Henry conocía a aquella mujer tan bonita y, según las noticias, tan peligrosa.

«Señora Mills…el Dr. Víctor está aquí» dijo Isabela

«Déjelo entrar, Isabela» dijo ella, volviendo a poner el teléfono en el soporte

«Regina, buenos días. ¿Cómo está?» él la saludó, dándole un rápido apretón de manos

«Buenos días, Víctor. Estoy bien, gracias. Siéntese, por favor»

«Gracias»

«Quedé en llamarlo, pero acabé por olvidarlo. Aún no he revisado los documentos que…»

«No estoy aquí por eso, Regina»

«¿Entonces?»

«Su hijo ha ido esta mañana a mi despacho»

«¿Henry? ¿Con quién? ¿Y qué fue hacer allí?» preguntó ella, visiblemente sorprendida

«Fue solo. No sé cómo consiguió pasar por los guardias de seguridad de la escuela, pero en fin…el hecho es que solicitó mis servicios»

«¿Cómo? ¡Solo puede estar usted de broma!»

«Nunca he hablado más en serio en toda mi vida»

«¿Y para qué quiere sus servicios?»

«Para sacar a una tal Emma Swan de la cárcel» dijo él, y por un instante, Regina temió que su corazón saltase del pecho.

Tras oír las palabras de Víctor, Regina no pudo dejar de sentir el pavor rasgarle el estómago. Estupefacta, inspiró profundamente e intentó recomponerse.

«¿Emma está presa?» preguntó, perpleja

«Entonces, ¿la conoce?»

«Sí…fue niñera de mi hijo estos meses que estuvimos en la hacienda y…»

«¿Y?»

«Me enamoré de ella»

«Comprendo…y su hijo por lo visto también la quiere mucho»

«Sí…Emma se volvió la madre que él no tuvo en Kathryn, mucho menos en mí» dijo con pesar «¡Mierda! ¿Cómo se enteró él de que estaba presa? Pero, ¡claro! ¡Sabía que aquella historia de la receta del pastel de manzana era una invención de él!»

«Bien, no sé de lo que está hablando, pero una cosa es cierta: él no cree que ella sea culpable»

«¡Ella es una farsante! ¡Nos engañó, nos ilusionó y después se marchó…huyó con otro hijo de puta igual que ella!» vociferó Regina, levantándose de repente

«He analizado su caso y…quizás su hijo tenga razón en creer que es inocente» dijo él, y una vez más, el corazón de Regina se aceleró

«¿Qué quiere decir con eso, Víctor?»

«Bueno, ella no tenía antecedentes, fue a una buena universidad y aparentemente, no tenía motivo alguno para matar a quien fuera»

«¡Eso no significa nada!»

«Está bien…¿qué debo hacer?»

«¡No sé ni me interesa! Si es inocente o no, ya lo dirá la justicia»

«Cierto…con permiso, entonces»

Tras la salida de Víctor, Regina se vio presa en una batalla entre su corazón y la razón, entre el amor que aún corría vivo por sus venas y el resentimiento que quedó tras el adiós. Sus manos temblorosas se deslizaban por los cabellos mientas las lágrimas brotaban en sus ojos. Perdida en pensamientos, dejó el despacho.

«¿Regina? Aún es temprano para venir a buscar a Henry, ¿no?» preguntó Zelena, abriendo paso para que ella pasase

«¡Dile a los incompetentes de tus guardias de seguridad que la próxima vez que mi hijo salga solo de la escuela acabo con ellos!»

«¿Henry salió solo? ¡Pero acabo de verlo en el aula!»

«¡Fue más temprano!»

«¿Y tú no lo acompañaste hasta el aula?»

«¡No, porque no quiso! ¡Ya lo había planeado todo!»

«¿Qué había planeado? ¿Y para dónde fue?»

«No te lo vas a creer…»

Tras contarle todo lo ocurrido a Zelena, Regina pareció relajarse, por lo menos de momento. Su cabeza le dolía y sus pensamientos arremolinados estaban a punto de enloquecerla. Incapaz de continuar luchando contra aquel pozo de dudas, Regina se echó a llorar desconsoladamente.

«Calma, Regina…tienes que calmarte, Dios mío…»

«No puedo…la amo y la odio. No sé qué hacer, no sé si debo ir a verla a la cárcel, no sé qué decirle a mi hijo…voy a volverme loca, Zelena»

«Solo necesitas pensar un poco, pensar con calma y después decidir lo que es mejor para ti y para él»

«No es tan sencillo…»

«Claro que lo es. Habla con él…Henry es un niño, pero es muy inteligente y comprensivo. Juntos encontrarán una solución»

Pasaron algunos minutos, y aparentemente más tranquila, Regina escuchó el timbre señalando que la última clase de aquella mañana había llegado a su fin. Al lado de Henry y Zelena, caminó vacilante hasta el coche.

«¡Ciao, mi príncipe!»

«¡Ciao, tía!» exclamó él, y tras ponerse el cinto de seguridad, Regina arrancó

Parte del camino se hizo en silencio. Henry parecía atento al paisaje de fuera, mientras Regina, cada cierto tiempo, lo miraba de reojo. En cuanto llegaron a casa, él corrió hacia el cuarto diciendo que iba a tomar su baño, pues ya había almorzado en la escuela, y tras un largo suspiro, Regina decidió que haría lo mismo.

«¿Ha sucedido algo? Parece preocupada» preguntó Ruby

«Nada importante» dijo ella

«¿A dónde va?»

«Voy a hablar con mi hijo»

«¿No va a almorzar?»

«No tengo hambre, con permiso» dijo, y se marchó


«Hijo, ¿puedo entrar?»

«Sí»

«¿Qué estás haciendo?»

«Estudiando»

«¿No tienes nada que decirme, Henry?»

«Sí…fui el único que sacó un diez en literatura»

«¿Ah sí? ¿Puedo ver el examen?»

«Claro» dijo, dándole el papel

"Fue dentro de una flor que yo me escondí, para que tú, cuando aquella flor se marchite en el jarrón, sin saberlo, puedas sentir por mí casi una…soledad"

«¡Qué bonito, Henry! ¿Lo escribiste tú solo?»

«Es muy bonito sí, pero no lo escribí yo. Fue Emma» dijo él, y casi sin aliento, Regina lo miró

«¿Emma?»

«Sí…ella estudió literatura. ¿No lo sabías?»

«No, no lo sabía»

«Pero sabías que estaba presa y me has estado mintiendo todo este tiempo»

«¡No, Henry! ¡Lo he sabido hoy cuando Víctor me dijo que fuiste a buscarlo!»

«¡Me prometió que no te iba a contar nada!»

«¿Qué idea fue esa de salir solo de la escuela? ¿No te das cuenta del peligro que corriste?» preguntó, y diferente a como imaginaba, él se encogió de hombros «¡Nunca más hagas eso!»

«Quiero quedarme solo»

«¡Aún no hemos acabado de hablar!» dijo ella exaltándose «Juro que no sabía que estaba presa…»

«Entonces, ¿por qué me mentiste diciéndome que estaba cuidando de un pariente enfermo?»

«¡Porque ella se marchó sin decir a dónde. Nos abandonó y solo dejó una maldita carta!»

«Deberías haberme dicho la verdad»

«¡Ella no quería que supieses la verdad! Y por Dios, ¡solo eres un niño! ¡No entiendes esas cosas!»

«¡Entiendo, sí, y sé que ella es inocente!»

«¡Si fuera inocente no habría huido!»

«Estoy seguro que huyó por miedo»

«¡Henry, por favor!»

«Mamá…es verdad. ¿Por qué no vas a verla a la cárcel y hablas con ella?»

«¡Nunca!»

«Por favor…si después de hablar con ella continuas pensando de esa forma, te prometo que no hablo más del asunto»

«¿Por qué la quieres tanto?» preguntó Regina

«Por los mismos motivos que tú la quieres, bueno, no todos…» dijo él, y por increíble que pareciera, Regina acabó sonriendo.

«Eres tan listo para tu edad que a veces pienso que estoy hablando con un adulto»

«No cambies de tema, mamá…¿vas a visitarla?»


Pasaban de las nueve de la mañana cuando Regina estacionó su coche en el aparcamiento de la cárcel donde estaba detenida su mayor pesadilla y su sueño más indecente. Sus pasos se hacían más lentos a medida que se acercaba a la puerta de entrada. Sus manos sudaban y el corazón latía tan descontroladamente que llegaba a dificultarle la respiración.

«¿Señora Mills? ¿A qué debo el honor de su presencia en un sitio como este?» preguntó Marco, director de la cárcel

«Estoy aquí para visitar a una presa» dijo ella «Emma Swan» añadió

«Ah…¡la asesina del pastor! ¿La señora desde cuándo la conoce?»

«Eso no es de su incumbencia»

«Claro, discúlpeme. Acompañe a la señora Mills a la sala de visitas y no tiene que cachearla» dijo él, retirándose enseguida.

Regina se acomodó en una de las sillas destinadas a los visitantes. Su mirada recorrió la estancia observando a las pocas personas que allí hablaban. La mayoría eran mujeres de mediana edad que imaginó que eran parientes de las detenidas. De repente, su mirada se detuvo en el verde inconfundible, aquel verde brillante que le causó el más inimaginable dolor en el corazón. Su bello rostro le pareció cansado, derrotado, despedazado, aunque hubiera confusión y sorpresa detrás de todo eso. Los ojos de las dos, igualmente llenos de tristeza, se encararon. Acercándose a Regina, lenta, vacilante y temblorosa, Emma se mantuvo callada. En aquel instante de silencio, Regina desvió la mirada hacia las esposas alrededor de sus delicadas muñecas, rápidamente analizó la ropa que llevaba de la misma manera y del mismo color que las demás detenidas presentes en la sala. Fue entonces cuando Regina se dio cuenta de que Emma destacaba como una rara joya en medio de bisutería.

«Ahí estás. La farsante que partió mi corazón» dijo Regina, en voz baja, pero amenazadora «¡Gracias por la permanente cicatriz!»

«No era esa mi intención» dijo ella, sin aliento

«¿Ah, no? ¿Y cuál era tu intención? ¿Robarme y huir con tu amante?» preguntó, casi ahogándose por el dolor lacerante en su corazón, mientras aquel rostro lleno de dolor la miraba a su vez. Regina se sentía presa del brillo de aquellos hermosos ojos verdes, pero parecía dispuesta a no permitir que la capturasen otra vez con su hechizo

«¿Amante? ¿De qué estás hablando?» preguntó Emma

«¡Venga, no te hagas la tonta porque no lo eres! Al final, estás aquí porque mataste a un hombre, ¿o no?»

«Sí» ella no lo negó. Sus ojos recorrieron los cabellos cortos y negros. Los trazos bien esculpidos verdaderamente quitaban el aliento, y la boca parecía haber sido diseñada con un cuidado excesivo por el más primoroso de los pintores. Regina era, sin ningún vestigio de duda, la perfección hecha mujer «Lo maté…poro fue en legítima defensa» añadió. Sus piernas temblorosas la obligaron a sentarse, y para su sorpresa Regina hizo lo mismo.

«Entonces, ¿te consideras inocente?»

«Sí, yo solo me defendí»

«Entonces, ¿por qué huiste?»

«Él era, a ojos del pueblo, un pastor que seguía los pasos de Dios, padre de dos hijos y marido ejemplar. Mientras que yo era la prostituta que lo tentaba y al ser rechazada, lo asesinó con frialdad»

«¿Prostituta?» preguntó Regina, con una mezcla de sorpresa y confusión

«Fue así como me llamaron. Pero solo trabajaba como camarera en un club privado» aclaró Emma «Regina…si hui, fue porque no quería verte envuelta a ti ni a tu hijo en esta mierda que es mi vida»

«¡Nos envolviste en el exacto momento en que pusiste los pies en mi hacienda!» exclamó ella, en tono de acusación

«¿Cómo está Henry?»

«No te interesa» dijo ella, saltando de la silla

«Por favor, confía en mí»

«¿Confiar en ti o no marca ahora alguna diferencia? ¡Porque creo que si lo hiciera, me habrías contado la verdad y no habrías huido en la oscuridad de la noche dejando solo una maldita carta!»

«¡Tuve miedo de tu juicio, de tu rechazo, del rechazo de Henry! Tuve miedo de que…me entregases a la policía»

«¿Piensas que sería capaz?»

«Pienso que la rabia y otras cosas podrían influenciarte»

«¡Qué gracioso! No te entregué a la policía, y mira donde estás ahora»

«Y eso me consuela…el hecho de no haber sido tú»

«¿Fue tu amante?»

«¡Por Dios!, ¿de qué amante hablas?» preguntó Emma, sus ojos estaban embargados de lágrimas

«¡Killian Jones! ¿Vas a negar que huiste con él?»

«¡Sí, porque no es verdad! ¿De dónde sacaste eso?»

«¡De ningún lugar! ¡Lo sé y esa es la verdad! ¿Y quieres saber? ¡Ya no me importa!»

«Regina…»

«¡Adiós, Emma!» dijo ella, marchándose inmediatamente

De vuelta a su celda, Emma se llevó la mano a la boca en el intento de ahogar los sollozos del compulsivo llanto. Como si no fuera bastante dudar de su inocencia, Regina creía que ella y el veterinario de la hacienda eran amantes. Los pedazos de su corazón acabaron transformándose en polvo tras aquella visita.

Regina, por otro lado, se vio obligada a pasar a un lado, ya que las lágrimas descontroladas le nublaban la visión por completo. Eran tantas dudas, tantos cuestionamientos. Ver a la mujer que amaba presa en ese sitio era peor que cualquier pesadilla. Aunque Emma fuese culpable por arrancar los puntos que remendaban su corazón, Regina jamás había tenido la intención de entregarla a la policía, todo lo contrario, si hubiese sido necesario, la habría ayudado a escapar aunque eso significase perderla, como de todas las maneras la había perdido. Reencontrarla, a pesar del corto tiempo transcurrido, fue su mayor alegría, así como el más fuerte de los dolores.

«¿Diga? ¿Regina?»

«Víctor» dijo ella, sorbiéndose la nariz al mismo tiempo que se enjugaba las lágrimas «¿Me escucha?»

«Sí, Regina…puede hablar» dijo él, al otro lado de la línea

«Necesito todo su esfuerzo y conocimientos para sacar a Emma Swan de la prisión»