Capítulo 19

«¿Fuiste a verla a la cárcel?» preguntó Zelena

«Sí…y no tienes ni idea de lo difícil que fue verla en aquel sitio, delante de mí y no poder abrazarla»

«Si no la abrazaste es porque no quisiste»

«¿Qué te pasa, Zelena? ¡Estoy hablando en serio, joder!»

«¡Y yo también, Regina! Pero, en fin, ¿qué dijo ella?»

«Dijo que realmente había matado a ese hombre, pero que actuó en legítima defensa»

«¿Legítima defensa? ¿Qué intentó hacer contra ella?»

«No lo sé, no se lo pregunté» dijo ella, suspirando profundamente mientras pasaba sus manos por los cabellos «Mi cabeza está a punto de explotar»

«Bueno…¿le preguntaste al menos por ese tal Killian?»

«Lo negó. Fingió que no sabía de lo que estaba hablando, pero ¡claro que lo sabe!»

«¿Y si está diciendo la verdad?»

«¿Entonces cómo explicar el hecho de que él desapareciera sin comunicármelo? ¿Y quién era la supuesta mujer que lo buscó el mismo día en que ella dejó la hacienda?»

«Debe haber una explicación…»

«Sé perfectamente cuál es la explicación»

«Bueno, ¿y qué pretendes hacer? Henry ya sabe la verdad y…cree en su inocencia»

«Hablé con Víctor…le pedí que se hiciera cargo de su caso. Esta tarde vendrá para contarme los detalles. En fin, ¿puedes ir a buscar a Henry a su aula? Quiero llevarlo a almorzar conmigo y hablar con él de todo esto»

«Claro que sí…ya vengo»

En el camino al restaurante, Regina explicaba sin muchos detalles como había sido su visita a la cárcel donde estaba Emma detenida. Era la primera vez que su hijo se mostraba tan atento a cada palabra dicha por ella, y aunque al principio había apreciado ese cariño entre él y Emma, ya no sabía si ese aprecio tenía que ser llevado adelante.

«¿Viste? ¡Te dije que era inocente!» exclamó él, mientras se sentaba en una silla «Vas a ayudarla, ¿verdad?»

«Víctor se hará cargo de su caso»

«Gracias, mamá. Y cuando esté libre, ¿vas a mandar a Ruby de vuelta a la hacienda, verdad?»

«No, Henry»

«¿Por qué no? ¿Vas a vivir con las dos?» preguntó él, desorbitando los ojos

«¡Claro que no, Henry! Lo que había entre Emma y yo terminó»

«¿Ya no te gusta?»

«Hijo, vamos a cambiar de tema, ¿vale? Ya avisé a Víctor para que se ocupe de todo y es lo único que puedo hacer»

«Pero yo quería que las cosas volvieran a ser como en la hacienda»

«Eso ya no será posible. Ahora termina de comer porque tengo que volver al despacho»

Tras dejar a Henry en casa, Regina volvió al despacho según había dicho. Víctor quedó en ir a visitarla al final de la jornada para informarle de los detalles sobre el caso de Emma. Sus dedos se deslizaban por sus cabellos mientras un maremoto de sensaciones le quitaba el sosiego. Dentro de pocos minutos, tendría lugar una reunión y por primera vez, después de tantos años, agradeció por eso, creyendo, ilusoriamente, que por lo menos durante la misma, Emma saldría de sus pensamientos.

«¡Buenas tardes, Isabela! ¿Puede avisar a Regina de que estoy aquí?»

«Buenas tardes, Dr. Víctor. Está en una reunión, pero tiene…oh, ahí viene»

«Víctor, ¿cómo está?» dijo ella, saludándole con un apretón de manos

«Muy bien, Regina. ¿Y usted?»

«Voy bien…acompáñeme a mi despacho, por favor» dijo ella, dejando paso para que él pasara «Tome asiento» añadió, cerrando la puerta tras de sí.

«He hecho lo que me pidió, incluso, visité a la señorita Emma en la cárcel» dijo él

«¿Y?»

«Bien…actuó en legítima defensa porque la víctima intentó violarla» dijo él «Según su versión, cuando salía del trabajo, él la empujó hacia una calle cercana y estrecha donde intentó llevar a cabo el acto. Hubo una lucha corporal entre los dos y ella le dio en la cabeza con algún objeto, un pedazo de hierro quizás, que encontró en el suelo»

«¿Dónde trabajaba?» preguntó Regina, removiéndose en el asiento, claramente sorprendida ante aquella revelación

«En un club privado, como camarera. Por cierto, algunas personas cambiaron su declaración y afirmaron que ella era una prostituta para denigrar su imagen y enaltecer la figura del pastor»

«¿Ese monstruo imbécil era un pastor?»

«Por increíble que pueda parecer, sí, lo era»

«¿Y cómo sabe que cambiaron la declaración?»

«Tengo algunos informadores de confianza en la policía»

«¿Qué piensa de todo esto, Víctor?»

«Creo que si toda mujer consiguiese defenderse como ella lo hizo, tendríamos menos agresores impunes en las calles. Y voy a ser sincero, Regina…en su lugar, yo habría hecho lo mismo»

«Yo también» dijo ella «Por favor, sáquela de aquel lugar»

«Con mucho placer» dijo él, mientras se levantaba

«Víctor, ¿no le dijo que era mi abogado, verdad?»

«Claro que no…como me pidió, le dije que era el abogado de oficio»

«Gracias»

«De nada…ah, ya me olvidaba. Aquí está el permiso de conducir de la señorita Lucas» dijo él, entregándole el documento «Hasta pronto, Regina. La mantendré informada»


«Ha llegado tarde hoy…» comentó Ruby, en cuanto Regina entró en la sala de estar «¿Le gustaría que fuéramos a cenar fuera?»

«No tengo la cabeza para eso» dijo ella, caminando hacia las escaleras «Quiero tomar un baño y acostarme» añadió, y antes de entrar en su habitación, llamó a la puerta del cuarto de Henry

«¡Hola, ma! Has llegado tarde hoy…»

«Sí, lo sé. Tuve que resolver alguno asuntos pendientes» explicó ella «Mañana es sábado, ¿qué te parece si salimos un poco?»

«Puede ser…»

«¡Vaya, qué entusiasmo!»

«Es que siento pena por Emma. Nosotros divirtiéndonos y ella en la cárcel»

«Emma ya no forma parte de nuestras vidas, así que deja de pensar en ella. Bien…voy a tomar un baño y echarme un poco. Buenas noches, querido» dijo ella, dándole un beso en la cabeza

«Buenas noches, mamá»

Pasaron algunos minutos mientras Regina reflexionaba, encogida en la bañera, sobre los acontecimientos acaecidos. Ya no tenía dudas sobre la inocencia de Emma ante aquel crimen, sin embargo, la confianza se había roto cuando la mujer que decía amarla, se marchó. Cuando se mantuvo callada en lugar de decirle la verdad sobre su pasado y sobre todo, por haber confiado en Killian Jones cuando debería haber confiado en ella y en nadie más.

«Fuiste tan infiel como Kathryn…y eso no lo puedo perdonar» murmuró mientras se alzaba. Después de secarse y cubrirse con un albornoz, Regina volvió a su cuarto donde sorprendió a Ruby sentada en su cama.

«Imagino que está cansada, así que me gustaría saber si puedo hacer algo por usted esta noche» dijo Ruby de un tirón

«Dejarme sola es lo mejor que puede hacer» dijo Regina, arrepintiéndose al mismo momento al ver la insatisfacción en su rostro.

«Claro…con permiso» dijo ella, y al hacer mención de retirarse Regina la detuvo

«Disculpe. Tengo algo de dolor de cabeza y en fin, no quise ser grosera»

«Tal vez no lo crea, pero el día en que no sea grosera, llamaré a urgencias» dijo ella, y al contrario de lo que pensaba, Regina sonrió «¿Quiere una aspirina?»

«Por favor»

«Ya vengo»

Minutos después, Ruby regresó con una bandeja en las manos donde reposaba un vaso de agua. Después der tomarse la pastilla y colocar el vaso vacío encima de la bandeja, sobre la cama, Regina sintió los dedos de Ruby masajear sus sienes.

«Mi madre siempre decía que un ligero masaje en esta zona alivia el dolor» susurró Ruby, dejando que sus labios tocaran la oreja de Regina a propósito. En seguida, sus dedos se deslizaron por su rostro y recorrieron la curva de la mandíbula, y sin previo aviso, giró aquel rostro de trazos perfectos hacia el suyo y le dio un beso en la boca.

Los labios de Ruby, dulces a su manera, no le provocaron esa sensación de temblor y deseo cuando tocaron los suyos.

«Ruby…» murmuró ella, rompiendo el contacto entre los labios

«Te deseo tanto, Regina…haz el amor conmigo…» dijo ella, tomando su rostro entre las mano y hundiendo sus labios una vez más en los de ella.


Pasaron algunos días y desde su primera y última visita a Emma en la cárcel, Regina rechazó volver a aquel lugar. Incluso se negaba a escuchar las noticias que Víctor le llevaba, ya que había tomado una decisión. Emma tenía que ser olvidada y arrancada de su corazón.

Utilizando sus influencias y sus conocimientos, Víctor consiguió que la fecha del juicio de Emma fuera puesta lo más pronto posible, y a pesar de la insistencia de Henry, Regina dejó claro que no pretendía comparecer. Al escuchar la conversación, Ruby no dudó en preguntarle sobre el asunto.

«¿Es verdad que Emma está presa y que le estás pagando un abogado para sacarla de la cárcel?»

«Sí, es verdad»

«¿Por qué estás haciendo eso?»

«¡Porque hago lo que me da la gana!» exclamó, en tono exaltado, y al intentar marcharse, Ruby la agarró por el brazo

«¿Qué soy para ti, Regina? Un día hacemos el amor y al otro te muestras indiferente»

«¡No me gusta que se metan en mis decisiones!»

«Después de haberte mentido, después de haber huido con el veterinario…»

«¿Quién te dijo que había huido con el veterinario?» preguntó Regina, en tono amenazador

«Tú lo dijiste…»

«¡No me acuerdo de haber dicho eso!»

«¿No sería porque estabas borracha?»

«Escúchame, Ruby…solo porque nos acostamos una o dos veces no te da el derecho alguno de cuestionar lo que hago o dejo de hacer. ¡Así que, no pierdas tu tiempo aburriéndome con ese bla bla bla idiota!» dicho eso, Regina se retiró.


«Tía Zelena, ¿puedo hablar contigo un minuto?»

«¡Claro que sí, mi príncipe! Siéntate, por favor» dijo ella, y al cerrar la puerta, se sentó en la silla frente a él «¿Ha pasado algo?»

«Sabes que Emma está presa, ¿verdad?»

«Sí, me enteré»

«¿Sabes también que su juicio sale en pocos días?»

«Regina algo comentó»

«Bien…ella dice que no va a ir, así que quería que tú me llevases»

«No creo que será apropiado, Henry…eres un niño y tu madre me mataría si se entera»

«Por favor, tía»

«Perdona, Henry. No puedo hacer eso»

«Entonces, ¿podrías ir a verla a la cárcel y dale esta carta? Me gustaría que supiera que creo en su inocencia y que voy a rezar para que todo salga bien»

«Está bien…hoy mismo le llevaré esa carta»

El resto del día pasó de forma tranquila, aunque Regina se mostraba algo inquieta ante las cercanías del juicio de Emma. Por décima vez llamó a Víctor para buscar garantías sobre el caso, y para tranquilizar su desespero, él garantizó que sería capaz de comprobar que Emma había actuado en legítima defensa, ya que el pastor no era lo que realmente aparentaba.

Al final de día, alrededor de las cuatro. Zelena llegó a la cárcel donde Emma era mantenida presa. El apellido que llevaba fue el "pase libre" para hablar con la detenida, ya que las visitas solo eran permitidas por la mañana.

«Gracias, señor director. Realmente tengo que hablar con esa muchacha» dijo ella

«Su hermana estuvo aquí, con más mal humor que nunca»

«Ya…Regina está atravesando una serie de problemas, pero como sabe, es una buena persona»

«Sí, claro que sí. Solo que no entiendo….¿de dónde conocen a la detenida?»

«Ella trabajó como niñera de mi sobrino y él le cogió mucho cariño. Por cierto, le traigo una carta que él ha escrito. ¿Hay algún problema?»

«No, claro que no. Le voy a decir a una de las agentes que traiga a la detenida, con permiso»

Pocos minutos pasaron hasta que una agente se acercó al lado de Emma. Los largos cabellos rubios estaban recogidos en una cola de caballo y las muñecas unidas por el metal de las esposas. Ante esa visión, Zelena comprendió la desesperación de Regina, al final, hasta para ella misma era doloroso verla en tales condiciones.

«No te voy a preguntar cómo estás, porque no creo que alguien esté bien en la cárcel, pero me gustaría decir que rezo para que consigas salir de aquí» dijo ella, y sin poder evitarlo, Emma sintió sus ojos colmarse de lágrimas.

«Gracias» fue la única palabra que consiguió decir mientras intentaba secarse el rostro con el brazo

«He venido porque Henry me pidió que te diera esto» dijo ella, entregándole el sobre.

«¿Cómo está él?» preguntó Emma, y una vez más las lágrimas corrieron en abundancia por su rostro

«Está bien…preocupado y te echa de menos»

Tales palabras la golpearon de lleno y se vio incapaz de pronunciar palabra. Era consciente de que Henry sufriría por su partida, así como ella misma sufrió al tener que dejarlo. Por fin, tras recomponerse, alzó la mirada.

«Lo siento tanto…cuando supe que necesitaban una niñera en aquella hacienda, nunca imaginé que me apegaría tanto a él y él a mí. Y ni en sueños pensé que tendría una relación con…Regina» dijo ella, dejando escapar un largo suspiro «No sé si me habría echado para atrás si esa posibilidad hubiera pasado por mi cabeza…lo que quiero decir es que…»

«Sé perfectamente lo que quieres decir, Emma. Querrías haber podido evitar todo esto, pero existen cosas que están destinadas a suceder y por más que lo intentemos, no podemos evitarlas»

«Querría que Regina me comprendiese como lo haces tú»

«Ella está triste, herida…cree que le fuiste infiel, que la traicionaste con el veterinario de la hacienda. ¿Huiste con ese hombre?»

«Por Dios…¿de dónde sacó eso? Si acaso intercambié dos o tres palabras con ese chico»

«Bien…misteriosamente, el veterinario despareció y un trabajador de la pensión donde se hospedaba afirmó que una mujer fue a buscarlo el día en que tú te fuiste»

«Entonces ese trabajador está mintiendo o se trataba de otra mujer. Yo no tenía razón alguna para buscar a ese hombre»

«Eso es lo que imaginé…sin embargo, Regina está ciega de celos, de rabia. Pero es comprensible. Toda esta desconfianza es consecuencia de la infidelidad de su ex esposa»

«¿Infidelidad?»

«Con permiso…el tiempo ha acabado, Zelena. La detenida tiene que regresar a su celda» dijo el director

«Claro, señor director. Ya ha sido muy amable por su parte dejarme entrar a esta hora» dijo Zelena esbozando media sonrisa «Cuídate, Emma. Y buena suerte en el juicio»

«Gracias y dile a Henry que le mando un beso, que le echo de menos y que…lo siento mucho» dijo ella, y rápidamente, fue conducida de vuelta a la celda


«¿Conseguiste hablar con ella, tía?» preguntó Henry

«Sí, mi amor»

«¿Y cómo está?»

«Está bien…te echa de menos. Te manda un beso y me dijo que lo sentía mucho»

«Pobrecita…¿le diste mi carta?»

«¿A quién le has mandado una carta, Henry?» preguntó Regina, interrumpiendo la conversación