Capítulo 20

«Vamos…estoy esperando. ¿A quién le has mandado una carta, Henry?»

«A una…una niña de mi clase» dijo él, y por un instante, Regina se quedó sin palabras.

«¿Carta de amor?» preguntó ella, claramente sorprendida

«Claro que no, mamá. Fue un pedido de disculpas por no llegar a un acuerdo sobre un trabajo y acabar discutiendo»

«Ah…¿y por qué le has mandado una carta en vez de hablar directamente con ella?»

«¡Regina, deja al chico! ¿A qué viene todo este interrogatorio?» intervino Zelena

«Eh, pensé que estaba enamorado o algo así…»

«¿Enamorado? ¡Buaj! ¡Dios me libre!»

«Bien, me tengo que ir…solo pasé para hablar con mi sobrino»

«¿Por qué no vienes a cenar con nosotros?»

«¿Van a cenar fuera?»

«Sí…Henry, ve a terminar de vestirte, ¿ok?» dijo Regina, y cuando él se retiró, continuó «Le prometí a Ruby que la llevaría a cenar fuera esta noche»

«Están juntas, ¿no?»

«Es paciente y cariñosa conmigo. Me ayudará a olvidar a Emma»

«¿Piensas de verdad en eso de que un clavo saca a otro clavo?»

«Sinceramente…no. Pero espero que funcione conmigo»

«Regina, Henry y yo ya estamos listos» dijo Ruby, interrumpiendo la conversación

«¿Vienes Zelena?»

«Sí, sí voy…»

Mientras caminaban hacia el coche de Regina, Zelena analizaba la figura de Ruby dándose cuenta de que, en ese poco tiempo en la capital, se había transformado en otra mujer. Cualquiera que la mirase, jamás imaginaría que se trataba de una muchacha de campo. En el restaurante, Henry se mantuvo todo el tiempo callado, y a pesar de que Ruby se había esforzado en los últimos días en agradarlo, no era su compañía la que él deseaba.

Algunos días después…

«Tranquila, Emma. Dígale al juez y al jurado exactamente lo que me ha dicho a mí» Víctor habló

«Tengo miedo…» dijo ella, recorriendo el sitio con la esperanza de encontrarse el rostro de Regina, aunque en la carta, Henry le había dejado claro que su madre no comparecería. A pesar de los nervios que sentía, Emma no contuvo la sonrisa al recordar las palabras escritas en aquel pedazo de papel. Al contrario que tanta gente, él creía en su inocencia y comprendía las razones que la indujeron a marcharse. Sus pensamientos fueron interrumpidos cuando el Juez se pronunció, y tras interrogarla, dio la palabra al abogado de la acusación y posteriormente, a Víctor Whale, el abogado de la defensa.

«Emma Swan, señores…creció en un orfanato, trabajó duro para mantenerse y entrar en la universidad, donde estudió Literatura sacando las mejores notas. Es su historia. Ese es su pasado. Pero la historia del pastor Arthur…¿alguien la conoce?» preguntó Víctor, y tras un breve minuto de silencio, volvió a hablar «Un hombre que decía seguir la Palabra de Dios, cargaba a sus espaldas cuatro acusaciones de violación…»

«¡Protesto, Señoría!» interrumpió el abogado de la acusación

«Denegada» dijo el juez «Prosiga, Dr. Víctor»

«Gracias, Señoría…bien, como iba diciendo, el pastor Arthur había sido denunciado cuatro veces por violación. Las víctimas, señores…eran muchachas de la calle. La profesión de estas mujeres contribuía a que las investigaciones no salieran adelante, a fin de cuentas, era la palabra de un pastor contra la palabra de "mujeres de la vida" Un ambiente que envuelve alcohol, música, juego, etc… indiscutiblemente no forma parte de la lista de ambientes frecuentados por sacerdotes, pastores y otros individuos que afirman transmitir la Palabra de Dios, pero en el caso del pastor Arthur era muy diferente, ya que él mismo era miembro del club» argumentó, y tras escuchar unos murmullos, continuó hablando «Mi cliente, la señorita Emma Swan, trabajaba en ese mismo club privado como camarera y no como "acompañante" o prostituta como afirmaron terceras personas en testimonios que fueron, curiosamente, alterados. Mi cliente se veía frecuentemente asediada por el pastor Arthur, y una noche de un viernes, cuando ella salía del trabajo, el hombre que debería estar en la Iglesia "enseñando" la Palabra de Dios a sus fieles o sencillamente en casa con su esposa e hijos, estaba, realmente, escondido dentro de su coche, esperando el momento oportuno para saltar y así lo hizo. La señorita Swan fue llevada a la fuerza a un callejón oscuro donde intentó abusar de ella, pero felizmente, ella tuvo la fuerza que ninguna otra de sus víctimas tuvo, e impidió que aquel hombre cometiese ese acto monstruoso y repugnante contra ella» explicó, y tras un largo suspiro, prosiguió «Lo siento mucho por la familia, por los hijos, por la esposa…pero mi cliente actuó en legítima defensa. Así que les pregunto: ¿quién de ustedes no lucharía para escapar de una violencia tan horrenda como esta?»

Tras el alegato, Víctor presentó todas las pruebas para demostrar lo que acababa de decir, así como interrogó a la única testigo que se dispuso a testificar a favor de Emma, confirmando haber presenciado a la víctima persiguiendo innumerables veces a la acusada. Tras quince minutos de pausa, el Juez volvía a la sala con el jurado, y al proferir el veredicto, Emma sintió su corazón dispararse.


«¡Sí, Regina…fue absuelta!» exclamó Víctor, al otro lado de la línea

«Gracias a Dios…» murmuró «¿Y dónde está?» preguntó Regina

«Está aquí en la cárcel…ya sabe…hay que hacer algo de papeleo antes. Pero no se preocupe, la voy a esperar»

«Gracias, Víctor. Si necesita dinero o cualquier otra cosa, por favor, ayúdela y después ya vemos»

«No se preocupe, Regina. Hasta luego» dijo él, cortando la llamada

No pasó mucho tiempo para que Emma volviese cargando sus pertenencias, que consistían solo en la carta de Henry y un par de pendientes. Al lado de Víctor, suspiró aliviada al darse cuenta de que, finalmente, aquella pesadilla había acabado, y ahora podría retomar su vida sin miedos, aunque fuera difícil hacerlo lejos de Regina y Henry.

«¿Dónde se va a quedar, Emma?» le preguntó él

«Voy a buscar algo…puede dejarme en cualquier parte» dijo ella, y minutos después, Víctor estacionó cerca de la plaza central.

«Emma, sé que necesita un tiempo para organizar su vida, encontrar un trabajo…así que, puede quedarse en mi apartamento mientras»

«¡De ninguna manera, Dr. Víctor! Ya ha hecho mucho por mí y…»

«Mire…me paso el día entero en mi despacho, solo vuelvo a casa de noche, así que no hay ningún problema»

«No puedo»

«Que quede claro que solo quiero ayudarla, no me interprete mal»

«No es eso…es que…»

«Emma, hagamos así…yo dormiré en casa de mi hermano mientras usted se organiza, ¿está bien?»

«¿Por qué hace esto? ¿Por qué me ayuda de esta manera?»

«Porque usted es una luchadora y yo odiaba a aquel pastor» dijo él, y sin poderlo evitar, Emma acabó sonriendo.

Al llegar al edificio de lujo, Víctor informó en la portería que Emma se iba a quedar en su apartamento y en seguida, fue conducida al piso. Mientras Víctor le enseñaba el apartamento, ella se quedó admirada ante la impecable decoración. Por lo que parecía, Víctor estaba soltero y a pesar de ser un hombre, mantenía el sitio en perfecto orden.

«Este cuarto era de mi hermana y en el armario hay algo de ropa que ella dejó. Siéntese libre para usar lo que quiera» dijo él

«Pensé que había dicho que tenía un hermano»

«Somos tres» dijo él «Mi hermana vive conmigo, sin embargo, está de viaje y no tiene fecha para volver. Mientras usted esté aquí, me quedaré en casa de mi hermano para que se sienta a gusto»

«Por favor, no se tome tantas molestias. Me siento mal por hacerle dejar su apartamento para…»

«No se preocupe por eso. No se quedará aquí toda la vida, ¿verdad?»

«No, claro que no»

«Bien, voy a coger algunas cosas en mi cuarto…siéntase como en su casa»

«Gracias, Dr. Víctor…no sé cómo agradecérselo»

«Solo vuelva a comenzar su vida con tranquilidad» dicho eso, él se retiró

Después de dejar su propio apartamento, Víctor pensó en informar a Regina sobre el sitio donde Emma se había instalado, sin embargo, prefirió esperar a que ella misma quisiera saber y preguntase al respecto. Emma, por su parte, tras un bañó y un largo día de sueño, despertó pensando en lo que sería de su vida de ese momento en adelante. Su deseo era ir a buscar a Regina y decirle que el tiempo vivido a su lado no solo fue un impulso en el calor del momento. Desde la primera vez en que sus miradas se cruzaron, había sentido la pasión en lo profundo de su alma, en lo más íntimo de su esencia. Aunque al principio Regina fuese la definición de lo inalcanzable, su mente y su corazón la incitaban para que dejase toda la angustia del pasado atrás y permitiese que las cosas pasasen naturalmente, y fue eso lo que sucedió. Lanzó todo al viento y se entregó de cuerpo y alma, sin embargo, fue obligada a retroceder cuando los hechos de su pasado salieron a la luz.

Sosteniendo la carta de Henry en las manos, releyó por décima vez el fragmento en que él le decía la dirección de su casa y de la escuela donde estudiaba. Perdida en pensamientos, se dirigió a la cocina decidida a buscarlo al día siguiente.


«¿Dónde está ella, mamá?»

«¡No lo sé, Henry! ¡Víctor solo me ha dicho que está libre, punto final!» exclamó Regina, impaciente ante la insistencia del hijo en el tema de Emma

«Puede que esté pasando necesidades, ¿lo sabías?»

«¿Y yo qué tengo que ver con eso?»

«Pensaba que la querías»

«¡Lo que pasó entre nosotras acabó! Ahora, por favor, ¡no me atormentes más con eso!»

«El desayuno está listo, mi amor» dijo Ruby, y en respuesta, Regina soltó un pesado suspiro

«Henry, ven a desayunar para ir al colegio» dijo ella

«No tengo hambre»

«¡Pero vas a comer!» dijo ella, exaltadamente «Voy a cambiarme de ropa y ya bajo para llevarte a clase» dicho eso, se retiró

Mientras Regina se dirigía a su cuarto, Ruby esbozaba una discreta sonrisa de satisfacción, ya que la insistencia de Henry en saber todo de Emma comenzaba a irritar a Regina extremadamente. Pero ella tenía que estarse callada, y ni siquiera podía reprenderlo o castigarlo, ya que además de enfadar a Regina, perdería la poca confianza que pensaba haber conquistado.

«Ten un poco de paciencia con tu madre, Henry. Está triste y desilusionada por lo que Emma hizo» dijo ella «Además, estamos intentando ser felices juntas, pero tú no nos dejas hablando todo el tiempo de Emma. ¿No quieres que haga feliz a tu madre?»

«¿Quieres sinceridad o que te haga la pelota?»

«¿Cómo?»

«Mi madre no es feliz contigo porque ama a otra persona y esa persona se llama Emma» dijo él de un tirón

«¿Por qué me odias?» preguntó ella

«No te odio, solo soy sincero»

«¡Vamos!» apareció Regina interrumpiendo la conversación

«¿Podemos almorzar juntas más tarde?» preguntó Ruby, en cuanto Henry se dirigía a la puerta

«No sé si tendré tiempo. Llamó más tarde para avisar» dijo ella, y al hacer amago de retirarse, Ruby hundió su boca en la de ella.

El deseo de arrancar las huellas y los recuerdos de Emma de su mente y de su corazón inducia a Regina a corresponder al beso, sin embargo, ella misma rompió el contacto y se marchó rápidamente.

El silencio dentro del coche le causó una perturbadora incomodad, pero aun así, hizo el camino en silencio. Al parar frente al colegio, soltó lentamente el aire que estaba aguantando, dándose cuenta de que, una vez más, su hijo se veía afectado por sus turbulentas relaciones.

«Hijo, que tengas un buen día y perdóname si fui grosera contigo»

«Está bien, mamá. Gracias y que te vaya bien en el trabajo»

«Gracias, querido. Vengo a buscarte para almorzar juntos, ¿verdad?»

«¿Solos tú y yo?»

«Sí»

«¿Podemos llamar a la tía Zelena?»

«Claro que sí, mi amor. Ahora, vete»

«¡Ciao, ma!» dijo él, y se marchó rápidamente

Pocos minutos después de Regina alejarse, Emma apareció, algo vacilante y temerosa. A pesar que Zelena se había mostrado amable y comprensiva, no sabía realmente si la pelirroja estaría dispuesta a permitir su entrada en aquella escuela para poder conversar y explicarse con Henry. Tras algún tiempo de espera, el guardia de seguridad regresó y para su sorpresa, Zelena no se negó a recibirla.

«Emma, siéntate, por favor» dijo Zelena, señalándole una silla

«Gracias y antes de nada, quiero disculparme por molestarte en tu trabajo»

«No te preocupes. ¿En qué puedo ayudarte?»

«Me gustaría ver a Henry y conversar un poco con él» dijo ella, y al notar la sorpresa en las facciones de la mujer que tenía delante, siguió hablando «Me dijo en su carta que estudiaba aquí y me pidió que lo buscara»

«Claro…la carta» dijo ella, suspirando «Emma, encuentro muy bonito ese cariño que Henry te tiene y viceversa, pero si Regina se entera…»

«¿Ella no quiere que nos veamos?»

«Ella quiere olvidarte y desea que su hijo haga lo mismo»

«La comprendo…pero por favor, déjame, al manos, agradecerle por todo…»

«Está bien. Voy a buscarlo al aula» dijo, y al abrir la puerta, se asustó ante la imponente figura que estaba a punto de entrar en su despacho

«¿Regina?»