Capítulo 22

«Henry, lo que me estás pidiendo es imposible» dijo Zelena, sobresaltándose en la silla

«Emma estudió Literatura y yo saqué la mejor nota en el trabajo gracias a su ayuda»

«Henry, entiende que…»

«Tú eres dueña de la escuela y puedes contratar a quien quieras» interrumpió él «Sé que la actual profesora de Literatura va a jubilarse y que tienes que contratar a una nueva. Por favor, tía…necesita un trabajo»

«Las cosas no son tan fáciles como piensas. No soy quien selecciona, quiero decir, yo selecciono pero hay un tribunal…»

«Pon su nombre en la lista de los candidatos, pero por favor, no le niegues una oportunidad»

«Está bien…voy a hablar con ella sobre eso»

«¡Gracias, tía!»

Ya pasaban de las doce cuando Regina llegó a la escuela para recoger a Henry. El repentino entusiasmo le llamó la atención, y movida por la curiosidad, le preguntó a qué se debía aquella gran sonrisa estampada en su rostro. En respuesta, Henry afirmó que se trataba de un cambio de profesores, diciendo que la actual profesora no era muy de su agrado.

«Henry…Ruby almorzará con nosotros y me gustaría que fueses más amable con ella» dijo Regina, y la sonrisa se deshizo

«Está bien que tú finjas que te gusta, pero no me pidas que haga lo mismo» dijo

«¿Por qué no te gusta?»

«No sé. No me gusta. ¿Y tú por qué finges que te gusta?»

«No finjo, me gusta»

«No es verdad. Lo haces para olvidar a Emma»

«¡Por más que lo intente, es imposible olvidarla contigo hablando de ella todo el rato!» exclamó. El tono exaltado de su voz hizo que Henry se encogiera, y con el propósito de evitar la discusión, él prefirió no contestar a lo que ella había dicho.

Tras el almuerzo, y por insistencia de Ruby, Regina la acompañó junto con Henry al centro comercial del centro de Augusta. El clima se volvía difícil de soportar cada vez que Ruby intentaba ser amable con él y cuando no recibía una respuesta desagradable, sencillamente era ignorada.

«¿Qué te parece este vestido, mi amor?» preguntó ella, y antes de que Regina pudiese responder, Henry tomó la palabra

«Pareces una mierda de una sirena» dijo él, y sin poder evitarlo, la vendedora intentó inultamente ahogar la risa

«¡Henry! ¡Basta de ser malcriado!» exclamó Regina, claramente enfadada

«Deja, Regina…tampoco me gusta» dijo ella, volviendo al probador

Al final de la tarde, después de volver a casa, Henry se distrajo con un videojuego en su cuarto, mientras que Regina se tiró en su cama atormentada por los recuerdos de Emma. Por más que lo intentara, no salía de su cabeza.

«Tengo que olvidarte…necesito olvidarte» susurraba, mientras el lacerante dolor provocado por su ausencia parecía crecer en su pecho.


Emma estaba con la mirada perdida en un punto impreciso de la sala, y solo se despertó del trance en que se encontraba cuando el sonido del timbre resonó en la estancia.

«Dr. Víctor, entre por favor» dijo ella, apartándose para que él entrase

«¿Cómo lo lleva todo, Emma?» preguntó él

«Bien…en la medida de lo posible. He estado buscando trabajo, pero no ha sido mi día de suerte. Sin embargo, cuando quiera que me vaya del apartamento…»

«No se preocupe por eso, por favor. He venido para disculparme con usted»

«¿Disculparse? ¿Por qué?»

«Por haberle dicho que era el abogado de oficio. Tendría…»

«No se preocupe…imagino que Regina lo obligó a hacer eso»

«Ella no quería que usted lo supiese»

«Me lo imagino, pero está todo bien. No me debe disculpas, al contrario»

«Emma, sé que no es de mi incumbencia, pero…¿usted y Regina tuvieron algo? Porque se puso hecha una furia cuando supo que estaba aquí, imaginando que yo pudiera estar interesado en usted» dijo Víctor, y sin poder evitarlo, Emma sonrió ampliamente al darse cuenta de que Regina había sentido celos y ese hecho solo significaba una cosa: aún la amaba.

«Sí, Dr. Víctor…Regina y yo comenzamos una relación en la hacienda que ella tiene en Storybrooke. Infelizmente, mi pasado fue el motivo por el que no separamos»

«Entiendo…pero está claro que aún siente algo por usted»

«Quizás…pero traicioné su confianza al huir sin decir nada. Y para empeorar las cosas, ella piensa que me marché con un empleado de la hacienda»

«No lo hizo, ¿verdad?»

«Claro que no. Pero no me cree»

«Es una pena…bueno, quería decirle que salgo de viaje para Inglaterra. Debo estar allá unos quince días, aún no lo sé. Así que, organícese con calma, ¿de acuerdo?»

«Está bien y gracias por todo, Dr. Víctor»

«De nada. Bien, tengo que irme. Aún tengo que hablar con Regina»

«Buena suerte y buen viaje, Dr. Víctor»

«Gracias» dijo él, y tras lo cual se retiró

Tras un largo suspiro, Emma comenzó a reflexionar sobre las palabras de Víctor, mientras pensaba en una manera de reconquistar la confianza de Regina. Sin embargo, antes de dar ese paso, necesitaba encontrar un trabajo y un lugar para vivir antes que Víctor regresara de viaje. Una vez más sus pensamientos fueron interrumpidos por el sonido del timbre.

«¿Zelena?»

«Hola, Emma. ¿Podemos hablar?»

«Sí, claro. Entra, por favor»

«No me va a llevar mucho tiempo»

«No te preocupes por eso. ¿Ha pasado algo? ¿Henry está bien?»

«Está todo bien…pero dime, ¿ya has conseguido trabajo?»

«Aún no…»

«Henry me ha dicho que estudiaste Literatura. ¿Terminaste la carrera?»

«Sí, y postgrado y todo» dijo ella, llena de esperanza con esa conversación

«¿Estarías dispuesta a enfrentarte a una comisión examinadora dentro de dos días?»

«¿Dos días?»

«Sé que es poco tiempo para preparar una buena presentación…pero es el plazo que tienes para conseguir un empleo en mi escuela»

«¡Acepto!»


Dos días después…

Observando su reflejo en el espejo, Emma se abotonaba la camisa blanca de manga larga, metida dentro de la falda lápiz negra. Los cabellos recogidos en una alta cola de caballo valorizaban los trazos perfectos de su rostro maquillado ligeramente. Después de darle la aprobación a su imagen, finalmente se puso los zapatos de tacón de aguja y se dirigió a la escuela donde se encontraba la esperanza de una nueva vida.

Con las manos sudadas y la voz trémula debido a los nervios, Emma se colocó delante del tribunal y con la única ayuda de un proyector, dio un show del arte literario.

«¡Has estado…perfecta!» exclamó Zelena «¡Prepárate para empezar la semana que viene!»

«¿Estás hablando en serio?» preguntó ella, con una mezcla de sorpresa y de incredulidad

«¡Nunca he hablado tan en serio en toda mi vida! ¡Los miembros del tribunal han adorado tu exposición!»

«¡Yo…no sé qué decir…gracias, Zelena! Muchas gracias por esta oportunidad» dijo ella, abrazándola

«No tienes nada que agradecer. Lo has conseguido con tu esfuerzo y tu inteligencia»

«Pero si no hubieses puesto mi nombre en la lista, no estaría aquí ahora»

«En verdad, fue gracias a Henry que eso sucedió. Fue él quien insistió para que pusiese tu nombre en la lista»

«¡Ese niño es un ángel! Doy las gracias todos los días por haberlo conocido»

«Sí…es un amor de persona y se pondrá muy feliz cuando sepa que serás su profesora»

«Me gustaría que tú y él fueran esta noche al apartamento. Querría agradecérselo y…bueno, cenaríamos juntos»

«Le va a encantar la idea…entonces, ¡nos vemos esta noche!»


«¿Puedo saber a dónde vas a cenar?» preguntó Regina, mientras Henry terminaba de ponerse los zapatos

«Aún no sabemos. Tía Zelena me va a llevar a la feria que llegó ayer a la ciudad y después pensaremos dónde cenar» dijo él

«¿Estás listo, príncipe?» preguntó Zelena

«Sí, tía»

«No atiborres a mi hijo de chucherías»

«¡Vete por ahí, Regina!»

«¡Ciao, ma!»

«Hasta más tarde, mi amor. Pórtate bien»

Después de la marcha de ellos, Regina se encerró en su despacho como hacia generalmente. Su rutina consistía en trabajar, llevar a su hijo a la escuela y en rarísimas ocasiones, cuando su humor se mostraba tolerable, aceptaba acompañar a Ruby a cualquier sitio sin ningún entusiasmo. Sus pensamientos giraban y giraban, preguntándose por qué era tan difícil enamorarse de Ruby. Además de muy bonita, Ruby la amaba, toleraba los desplantes de Henry sin quejarse y aun así, no conseguía sentir por ella ni un tercio de lo que sentía por Emma. Cada día que pasaba, aquel agujero en su pecho crecía y la melancolía aumentaba.

«Mi amor, ¿puedo entrar?» preguntó Ruby, interrumpiendo sus pensamientos

«Entra» se limitó a decir

«Estaba pensando…ya que estamos solas, ¿qué te parece si salimos un poco? O si prefieres quedarte en casa, podemos ver una película en la cama. Echo de menos tus besos, dormir abrazada a tu cuerpo…»

«Disculpa, Ruby. Tengo un asunto que resolver dentro de poco»

«¿Por la noche?»

«Sí…Víctor sale de viaje y tengo que resolver unas cosas con él»

«¿No puedo ir contigo?»

«¿Por qué no vas de compras? Te gusta mucho»

«Querría que me acompañases»

«Ya te he dicho que tengo un compromiso»

«¿Y no te importa que yo me vaya sola?»

«¿Debería importarme?»

«¡Claro que sí! ¡Soy tu mujer!»

«No voy a discutir contigo. Con permiso» dicho eso, Regina se marchó

Después de conducir algunos kilómetros sin rumbo, Regina se encontró parada frente al edificio del apartamento de Víctor. El portero de repente la reconoció, y rápidamente abrió las puertas.

«Buenas noches, señora Mills» dijo él

«Buenas noches. Voy a subir para…»

«¡Como guste! Solo falta usted» dijo él, y a pesar de extrañarle el comentario, continuó caminando


«¿Quién será?» preguntó Zelena al escuchar el timbre

«Debe ser el Dr. Víctor. Dijo que se iba de viaje, pero tiene que haber venido a buscar algo. Ya vengo» dijo Emma, alzándose rápidamente, y al abrir la puerta, su corazón se aceleró «¿Regina?»

«Tengo que hablar…» se calló cuando sus ojos capturaron otra figura bastante familiar «¿Zelena? ¿Qué estás haciendo aquí?» preguntó, entrando en la sala sin pedir permiso

«Bueno…yo…»

«¿Mamá? ¿Qué estás haciendo aquí?» cuestionó Henry

«¡Eso pregunto yo! ¿Qué están haciendo aquí?»

«Estábamos cenando» dijo él, mientras Emma alternaba la mirada de uno a otro, claramente indecisa sobre qué hacer

«¡Me dijiste que irían a la feria y después cenarían! ¿Qué mentiras son esas?»

«¡Fuimos a la feria, y después hemos venido a cenar aquí, Regina! ¿Dónde estás viendo las mentiras?» dijo Zelena, usando el mismo tono de la hermana

«¿Por qué no te sientas y cenas con nosotros, ma?» sugirió Henry

«Porque no quiero» dijo ella

«Entonces, sal de aquí» dijo la pelirroja

«Por favor, Regina…¿por qué toda esa agresividad? Tienes todo el derecho de odiarme, pero no tienes el derecho de obligar a los otros a hacerlo» dijo Emma, interfiéranlo por primera vez

«Yo no te odio…» murmuró ella, en tono casi inaudible

«Henry, vamos a dejar a tu madre que hable a solas con Emma…» dijo Zelena «Estaremos en la cocina» dicho eso, lo agarró de la mano y junto salieron de la estancia

El silencio planeó sobre las dos algunos segundos. Emma esperaba que Regina se pronunciase, mientras que Regina esperaba lo mismo de Emma y en esa espera los segundos se volvieron minutos, y esos minutos parecieron horas. Horas de espera, de silencio, de deseos y palabras no dichas, palabras reprimidas, implorando por liberarse.

«Yo…» las dos hablaron al mismo tiempo

«Habla tú primero» dijo Emma

«No, habla tú» dijo Regina

«Confieso que no sé por dónde comenzar…»

«Comienza con la verdad»

«Ya te conté la verdad, Regina. Tuve miedo, quise ahorrarte a ti y a Henry…fui cobarde al huir, pero…»

«¡Deberías haberme contado todo!» la interrumpió «Estaba lista para arriesgarlo todo, dejar de lado tu pasado porque sabía que tú y yo valíamos la pena. Pero ahora…»

«Quería quedarme y enfrentar las consecuencias de mi omisión, pero después de la conversación con Marian…»

«¿Conversación con Marian? ¿Qué conversación fue esa?»

«Por la noche, tú estabas con Robin resolviendo aquel problema de las vacas que habían aparecido muertas cuando ella fue a mi cuarto y me contó que…»

«¿Qué, Emma?»

«Me dijo que pretendías denunciarme…en realidad, me contó un montón de cosas y tuve miedo. Miedo de que me despreciases, miedo del rechazo de Henry, tuve miedo de que no creyesen en mí» explicó Emma, y sin conseguir contener las lágrimas, dejó que rodasen libres por su rostro

«¡Por Dios, Emma! ¡Si hubiera querido entregarte, lo habría hecho cuando aquel maldito detective apareció por la casa!» vociferó Regina «¿Sabes lo que más me hirió de todo esto? Haberte marchado con él»

«Por el amor de Dios, Regina…¿de dónde sacaste esa locura?»

«¿Lo vas a seguir negando?»

«¡Sí, porque no es verdad!»

«¿Y cómo me explicas el hecho de que él hubiera desaparecido? ¡Y lo peor, una mujer fue a buscarlo el mismo día en que tú te marchaste!»

«Esa mujer no era yo…por lo que más amas, confía en mí» Emma suplicó. Con el corazón acelerado en su pecho, se acercó lentamente hasta que sus manos reposaron en la cintura de Regina «Te lo imploro…confía en mí, confía en que te amo…» susurró. Sus ojos se cerraron por un instante, y cuando se abrieron, la voz ganó un tono más grave, sin embargo, aún suave «Ta amo con toda mi alma…» añadió, mientras sus labios se deslizaban por la mandíbula de Regina «Déjame amar cada pedacito de ti…tu cuerpo, tu corazón, tus cicatrices…déjame amarte locamente como nos amamos la primera vez» dijo por fin, hasta que Regina no lo soportó más y aferró su rostro con sus manos para inmediatamente besarla en la boca.