Capítulo 23
Los labios de Regina robaron a los de Emma un beso cargado de desesperación, hambre de amor, nostalgia y todos los sentimientos que insistía en esconder, una vez que su debilitado autocontrol acabó por rendirse a la pasión hipnótica de la mujer que tenía delante. Aunque respirasen con dificultad, ellas solo se separaron cuando el móvil de Regina sonó. Jadeante, sacó el aparato del bolso y al constatar que se trataba de Ruby, optó por ignorar la llamada.
«Tengo muchas preguntas, muchas dudas…» murmuró Regina
«Te prometo responder a todas con la verdad, y tú puedes dudar de todas mis respuestas, pero por favor…no dudes de mis sentimientos por ti»
«Con permiso ustedes dos» dijo Zelena «Creo que necesitan hablar con calma, así que Henry y yo nos vamos a casa»
«Zelena, yo…»
«No te preocupes, Emma…y tú tampoco, Regina. Cuidaré de mi sobrino como si fuese mi hijo y mañana lo llevaré a la escuela. Solo hablen y tomen una decisión porque estoy harta de esta confusión de orgullo y sufrimiento. Buenas noches»
«Ciao Emma. Ciao, mamá»
«Ciao querido» respondieron las dos a la vez
En cuanto la puerta se cerró, Emma agarró la mano de Regina delicadamente y la condujo, enseguida, al sofá. Sentadas lado a lado, ella suspiró y sin poder evitarlo, las lágrimas vinieron con fuerza, pero consiguió impedir que cayeran de sus ojos.
«Crecí en un orfanato» dijo ella «Nunca conocí a mis padres ni nunca supe de dónde eran ni por qué me habían abandonado. A los 18 años, dejé aquel lugar y como había imaginado, la vida fuera fue bastante difícil. Tras tres años trabajando duro, conseguí juntar un buen dinero y entrar en la universidad donde cursé Literatura. Después de sufrir algunas desilusiones amorosas, mi vida se resumió en trabajar y estudiar. Los fines de semana, un paseo o una carrera por el parque» dijo ella, y tras una pequeña pausa, volvió a hablar «Una colega me comentó de un trabajo de camarera en un club privado donde tendría la posibilidad de ganar un poco más y acepté. Días después de comenzar, un hombre llamado Arthur comenzó a perseguirme prácticamente todas las noches. Informé al director del club y me garantizó que aquel hombre no intentaría nada allí dentro y de hecho, lo intentó fuera. Me arrastró a un callejón oscuro e intentó violarme…»
«Emma, creo en tu inocencia. Yo solo…»
«Déjame acabar, Regina. Por favor» dijo ella, continuando con su historia «cuando caímos al suelo, sentí que algo me había dado en un lado del cuerpo y no sabía lo que era, ni me esforcé por saber…solo cogí aquel objeto y le di en la cabeza con él y dejó de moverse. Salí corriendo y al día siguiente, los periódicos daban la noticia de un pastor muerto. Sin saber qué hacer, fui a hablar con el director del club y le pedí que dijera que aquel hombre me perseguía, pero me negó su ayuda y me dijo que no podía revelar los nombres de los que frecuentaban el local. No tenía a quien recurrir y entonces hui. Después de casi un año yendo de ciudad en ciudad, el dinero que tenía y lo poco que conseguía con algunos "trabajillos" se estaba acabando y pensé que debía instalarme en algún sitio. Entonces me mudé a Storybrooke…un lugar donde viví los mejores días de mi vida a tu lado y al lado de tu hijo…» añadió, enjugando las lágrimas que ya corrían desgobernadamente por su rostro «Tantas veces pensé en contarte la verdad…pero nuestra relación era reciente y tú estabas en proceso de ablandarte. Aquella mirada severa y dura que me diste antes de marcharte con Robin me amedrentó. Y cuando Marian me dijo que pretendías entregarme, el miedo creció en mi interior, principalmente porque Ruby también lo sabía todo y como ya debes haber percibido, yo no le gustaba y no dudaría en entregarme a la policía. En medio de la noche, hui…hui como una ladrona, como una cobarde, dejando atrás mi sueño de formar una familia y cuando el sol nació, yo ya estaba lejos. Sé que has sufrido, pero yo también he sufrido tanto como tú»
«Si no fuiste tú quien buscó a Killian Jones…entonces, ¿quién fue?»
«No sé. Pero él sería la última persona a quien yo recurriría»
«Me tengo que ir…» dijo Regina, levantándose de sopetón
«¿Tienes que volver con ella, verdad?» preguntó Emma
«¿Cómo?»
«Ruby…estás saliendo con ella»
«Me dio apoyo cuando tú me diste la espalda»
«Claro…si todo lo que te acabo de decir no ha cambiado nada, entonces de verdad tienes que irte» dijo ella, abriéndole la puerta.
En silencio, Regina atravesó la sala, y ya afuera, se detuvo un momento, se giró para encararla una última vez.
«Solo una última duda…¿tu verdadero nombre es Emma o Allison?» Regina preguntó, y sin darle una respuesta, Emma cerró la puerta con fuerza.
«Dijo que creía en mi inocencia cuando le dije que actué en legítima defensa, pero no cree que me haya ido sola. Se le ha metido en la cabeza que hui con el veterinario de la hacienda y nada de lo que le dije ha servido de nada»
«Ten un poco de paciencia con ella. Regina se quedó con un trauma después de la infidelidad de su ex» dijo Zelena
«¿La ex esposa le fue infiel?» preguntó Emma, claramente sorprendida
«Sí…y eso la trastornó bastante. Por eso, es desconfiada y difícil de manejar»
«Lo entiendo» dijo Emma, suspirando «Pero sinceramente no sé qué hacer»
«Solo tienes dos caminos…o vas y luchas por reconquistar su confianza, porque amar, te sigue amando. O sigues con tu vida y olvidas lo que ha pasado entre las dos»
«Son dos caminos muy difíciles de recorrer»
«Ya. Lo sé. Pero vamos, anímate. Hoy es tu primer día en la escuela y los alumnos están ansiosos por conocerte»
Conforme Zelena se había imaginado, la dulzura y la paciencia de Emma conquistaron a los alumnos de inmediato. Al principio, algunos padres se mostraron algo intransigentes al enterarse de que la nueva profesora de literatura se trataba de Emma Swan. Sin embargo, Zelena trató de aclarar que aquel hecho del pasado no podría, de forma alguna, ser el motivo para rechazarla, ya que la justicia la había absuelto, y como todos los candidatos ella había participado en el proceso de selección.
«Estoy muy feliz de tenerte como profesora, Emma» dijo Henry
«Yo también estoy feliz, mi amor. Siempre soñé con enseñar» dijo ella «Tu madre se está retrasando» comentó al notar que todos los alumnos ya se habían ido con sus padres, menos Henry.
«Siento mucho que no se hayan arreglado…»
«Tu madre es una cabeza dura…de cualquier forma, ella ya tiene a alguien» dijo Emma, y en ese instante, el coche de Regina estacionó frente a la escuela.
«Llegó…ven, Emma. Habla con ella» dijo Henry, y agarrando su mano, hizo mención de acercarse, pero retrocedió cuando Regina bajó del coche y a su lado estaba Ruby.
«¿Emma?» murmuró Regina, mientras sus ojos recorrían su cuerpo perfectamente cubierto por una falda lápiz marrón y una camisa de manga larga «¿Qué estás haciendo aquí?»
«Soy la nueva profesora de literatura» dijo ella, sin esbozar ningún tipo de emoción «Cuídate, querido…nos vemos mañana en la clase» añadió, y después de darle un beso en la cabeza, pidió permiso y se retiró.
Regina parecía petrificada asimilando aquella información. Emma era la nueva profesora de literatura de la escuela de su hermana, y su hijo era uno de sus alumnos.
«¡Por dios, qué linda es…!» murmuró Regina, mientras Emma se distanciaba. El cuerpo se balanceaba con prestancia en aquella ropa tan elegante y al mismo tiempo tan sexy. Sus ojos siguieron las piernas esbeltas hasta llegar a los zapatos del mismo color de la falda, con tacón de aguja, que adornaban sus pies. Intentó que sus ojos no viajaran de vuelta a las curvas sutiles del cuerpo de Emma, y a los cabellos rubios y largos recogidos en mono deshecho, al mismo tiempo en que luchaba para apartar el dolor de la nostalgia y el deseo de tenerla de nuevo en sus brazos, arrancarle aquellas ropas y saborear cada centímetro de su piel, pero su cuerpo continuó sin reaccionar mientras Emma se alejaba, deseándola con todas sus fuerzas, mientras el corazón, acelerado en su pecho, le dificultaba la respiración.
«¿Mamá?» la llamó Henry, sacándola de ese trance
«Ehh…vamos…» dijo ella, abriendo la puerta del coche que para él entrase
«Pensé que te ibas a pasar todo el día comiéndote con los ojos a la nueva "profesorucha" de tu hijo» comentó Ruby. Su tono de voz estaba cargado de ironía.
«Si ya terminaste con tu escena ridícula de celos, por favor, déjame sola»
«Disculpa… no puedo evitarlo» dijo ella, enlazando el cuello de Regina con sus brazos.
«Voy a tomar un baño» dijo ella, deshaciéndose del abrazo «Con permiso» dijo retirándose
Tras el almuerzo, Regina se despidió de su hijo y volvió a la empresa, sin embargo, se desvió del camino y paró frente al edificio donde vivía Zelena. A aquella hora, su hermana estaría en casa, en su hora del almuerzo.
«¿Regina? ¿Ha pasado algo?» preguntó Zelena, dejado sitio para que ella pasara
«¡Claro que ha pasado! ¿Qué historia es esa de que Emma es la nueva profesora de literatura?» preguntó en tono exaltado
«No es ninguna historia. Hubo un proceso selectivo, ella hizo una exposición delante del tribunal y fue aprobada. Sencillo»
«¿Y cómo se enteró ella de ese proceso selectivo?»
«¿Eso importa?»
«¡Para mí sí! Además, ¿desde cuándo se han vuelto amiguitas?»
«¡Dios mío! ¡Tus celos son ridículos!» exclamó Zelena
«¡No estoy celosa!»
«Mira, Regina…conmigo no necesitas fingir y puedes quedarte tranquila porque en primer lugar, soy tu hermana y jamás me enrollaría con alguien a quien amas. En segundo lugar, ah…¡qué te den! ¡No voy a ir explicándome contigo y dándome dolor de cabeza!»
«¡No estoy celosa! ¡Solo creo que deberías haberme dicho quién era la nueva profesora de mi hijo!»
«Está bien, discúlpame entonces» dijo Zelena, y en silencio Regina se sentó en el sofá mientras sus manos abiertas se deslizaban por sus cortos cabellos. «¡Estás horrible!» añadió, sentándose frente a ella «Pareces tan…torturada»
«No puedo negar que es una tortura tenerla tan cerca y al mismo tan lejos…» murmuró Regina
«Te estás torturando porque quieres. Ve tras ella, apuéstalo todo y arrástrala de nuevo para tu vida. Cuando quieres algo, no desistes hasta conseguirlo. Pero ahora prefieres quedarte ahí, martirizándote por puro orgullo. Nunca he conocido una hija de puta más obstinada que tú, Regina»
«¡Cierra esa mierda de boca, Zelena! ¡No tienes ni idea de las estupideces que estás diciendo!»
«Cierro mi mierda de boca cuando quiera porque estoy en mi jodida casa!» vociferó Zelena, y ante el silencio de Regina, siguió «Es verdad, Regina…la amas y reprimir tus sentimientos te está haciendo mucho mal. Entiende de una vez por todas que la atracción mental es mucho más fuerte que la física. De una mente no te libras ni cerrando los ojos. Y si continuas así, enloquecerás, y lo peor…la perderás para siempre»
Después de la conversación con su hermana, Regina condujo durante casi una hora sin rumbo, perdida en sus pensamientos. Su corazón la empujaba hacia Emma, mientras su mente la incitaba a alejarse. Las palabras de Zelena martilleaban en su cabeza, y por un instante, creyó que estaba a punto de enloquecer. Aunque se sentía cansada y abatida, creyó mejor volver a la empresa.
«Señora Mills, aquellas personas desean hablar con usted» dijo la secretaria, y al girarse hacia la dirección señalada por Isabela, Regina se sorprendió cuando sus ojos se encontraron con las figuras de Margaret y Robin, sus empleados de la hacienda.
«¿Qué están haciendo los dos aquí?» preguntó ella
«Patrona, antes que nada, perdón por venir a la capital sin avisar»
«Espero que haya sido por un buen motivo» dijo ella «Entren…» añadió abriendo la puerta de su oficina. «Isabela, no quiero ser interrumpida por nadie y no me pase ninguna llamada»
«Sí señora»
«Siéntense» dijo Regina, cerrando la puertas tras de sí «Estoy esperando…digan ya lo que están haciendo aquí»
«Hace algunos días que el Dr. Killian Jones apareció en la haciendo buscando a la señora» dijo Margaret
«¡Miserable! ¿Cómo se ha atrevido a poner los pies en mi propiedad?» Regina se exaltó, golpeando la mesa con la mano abierta
«Disculpe, patrona…pero me gustaría pedirle que me dejase hablar» dijo ella, y aunque desconcertada ante aquel atrevimiento, Regina asintió e hizo señas para que continuase
«Gracias» dijo Margaret, removiéndose en la silla. Su nerviosismo era patente «Bien, el Dr. Jones se enteró de que la señorita Emma había sido apresada y por eso volvió a la hacienda. Quería saber lo que había pasado, realmente, quería enfrentarse a la señora y saber por qué lo había despedido sin razón o previo aviso y por haber sido capaz de entregar a la señorita Emma a la policía»
«¿Cómo? Pero, ¿qué está diciendo?»
«Lo que sucede, patrona, es que el mismo día en que la señorita Emma desapareció, Ruby fue al pueblo y le dijo al Dr. Jones que usted no lo quería más en la hacienda y hasta afirmó que los empleados tenían autorización para disparar si él aparecía por allí. Ella le dio algún dinero por los días trabajados y por eso, se marchó del pueblo sin comunicarlo»
«No puede ser…» murmuró Regina
«Fue todo un montaje, patrona» se pronunció Robin por primera vez «Y sin saber en lo que me estaba metiendo, yo participé en todo» añadió bajando la mirada
«¿Qué hizo usted, maldito estúpido?» preguntó ella, exaltadamente
«Fui yo quien mató aquellas cabezas de ganado para que usted se ausentase de la casa grande y Marian convenciese a la señorita Emma para que huyera, diciendo que la había escuchado a usted decir que la entregaría a la policía. Ruby me pidió que hiciera eso a cambio de…a cambio de…acostarse conmigo. Pero le juro que no sabía cuál era su propósito hasta que Marian lo confesó todo y entonces entendimos…fue todo un plan para que usted creyese que la señorita Emma se había escapado con el veterinario»
Atenta a cada palabra dicha, Regina arrastraba sus manos por sus cabellos al mismo tiempo que intentaba absorber con cuidado toda aquella información. Perpleja, se dio cuenta de que la mujer que había buscado a Killian Jones en la pensión había sido Ruby y no Emma.
«¡Qué ingenua fui…!» susurró para sí misma «¿Por qué es ahora que vienen a contarlo?» gritó, golpeando la madera con el puño cerrado.
«Llamé varias veces a su casa, patrona…pero siempre me decían que usted no estaba. Dejé varios recados para que llamase a la hacienda, y como nunca llamó, decidimos venir en persona» se justificó Margaret
«¡Vuelvan a la hacienda! En cuanto me sea posible, iré allá para colocar las cosas en orden» dijo Regina, y en silencio, los dos se retiraron de la oficina «Pagarás caro lo que has hecho, Ruby…lo juro»
