Capítulo 24
Con los ojos echando chispas de rabia y la sangre latiendo en sus venas, Regina era consciente de que si optaba por hablar con Ruby en aquel momento, cometería una locura. La fuerza con la que sus manos apretaban el volante dejaba clara la lucha interna por mantener el autocontrol tanto de sus pensamientos cuanto de sus actos, en caso contrario, sería capaz de matar a alguien con sus propias manos, y cuando decía alguien, se refería solamente a Ruby.
Convencida de que no valía la pena mancharse las manos con un ser tan insignificante, desvió su camino y minutos después, estacionó en un lado al darse cuenta de que se encontraba frente a la escuela donde Emma daba clases.
Ya pasaban de las cinco y la escuela estaba prácticamente vacía, unos pocos alumnos caminando por los pasillos. Ignorando el hecho de que su hermana aún estaba en la escuela, se informó con el celador dónde estaba el aula de la señorita Emma.
El sonido de los tacones resonando en el aula le dieron a Regina la certeza que ya se imaginaba: Emma se encontraba sola en el aula lista para salir, sin embargo, retrocedió cuando la puerta se abrió y los ojos castaños penetraron en sus ojos verdes claramente sorprendidos ante aquella visita.
«¿Regina?» murmuró Emma, sin embargo, el único sonido que oyó fue el de sus tacones retrocediendo mientras Regina, tras cerrar la puerta tras ella, continuó aquella persecución como si fuera una fiera estudiando a su presa. Cuando finalmente consiguió aprisionar a Emma contra la mesa, Regina cerró sus manos en el borde de la madera, acorralándola entre sus brazos. Incómoda, ella respiró hondo cuando Regina le acarició el rostro. Ambas estaban con la respiración entrecortada.
«He sido la mujer más estúpida del mundo al no creer en ti» Regina susurró, agarrándole la cintura con las manos «Comprendería si ahora me despreciaras, pero te imploro…por todo lo que más amas en este mundo, perdóname por haber dudado de ti. Perdóname y dime que aún me amas y que me quieres de vuelta» añadió, apretándose contra su cuerpo.
«¿Por lo que más amo?» indagó Emma «Tú y Henry son las personas que más amo en este mundo» completó, y sin esperar un minutos más, enlazó con sus brazos el cuello de Regina y la atrajo hacia su boca. No fue exactamente un beso romántico, era un beso igualmente feroz y posesivo por ambas partes.
Con los labios todavía pegados a los de ella, Regina la tomó en sus brazos y la sentó sobre la mesa, colocándose entre sus piernas. Los dedos de Emma se enroscaban en los cabellos cortos, mientras Regina le aferraba la parte trasera de las rodillas, colocándolas alrededor de su propio talle. Ahora, solo el sonido de los gemidos, algo apagados, resonaba en la sala, y cuanto más apretaba Emma los cabellos de Regina, más intenso y salvaje se volvía el beso.
«¡Por Dios…estoy loca por ti! No consigo vivir en paz sin ti…» susurró Regina. Las palabras eran pronunciadas sobre la boca de Emma, mientras su mano se filtraba por debajo de su falda.
Cuando Regina le hizo a un lado las bragas, Emma se olvidó de dónde estaba, olvidó el espacio y el tiempo, concentrándose solo en la sensación de las llamas que comenzaban a consumir su cuerpo. El poco autocontrol que le quedaba despareció cuando Regina cubrió su sexo con su mano. Dos dedos se deslizaron hacia dentro mientras el pulgar hacía círculos en el clítoris. Jadeante y enloquecida ante aquellas caricias, Emma dejó que los gemidos escapasen al mismo tiempo que los dedos continuaban entrando y saliendo con rigor de su intimidad.
«Regina…» murmuró Emma, echando la cabeza hacia atrás, exponiendo su cuello en toda su belleza. Sin dudar, Regina diseñó con su lengua una ardiente y mojada línea por su cuello hacia arriba, mordisqueando y lamiendo hasta que sus labios se encontraron de nuevo.
«¿Pero qué diablos es esto dentro de mi escuela?» vociferó Zelena, tras abrir la puerta y encontrarse con la escena.
Emma se sobresaltó, bajando de la mesa y subiéndose rápidamente las bragas, agradeciendo que Regina se hubiera colocado delante como si intentase protegerla de alguna cosa.
«Zelena, puedo explicarlo. La culpa ha sido mía, yo…» Regina intentó justificarse
«¡La culpa es de las dos!» interrumpió ella «¿Dónde creen que están? ¿En un hotel?»
«Zelena…»
«¡Emma, para casa! Mañana hablo contigo de esto» dijo la pelirroja, y extremadamente avergonzada, miró para Regina
«¿Te veo dentro de un rato, ok?» dijo Regina, y en silencio, Emma se retiró.
«¡Qué esa haya sido la última vez que presencie una de esas escenas en mi escuela! ¿Dónde tenías la cabeza? ¡Un alumno podría haber entrado o alguno de los padres! ¿Me quieres arruinar, Regina?»
«¡No es para tanto! ¡A esta hora no hay casi alumnos en la escuela, mucho menos padres!»
«¿Y aún quieres tener razón?»
«¡No, Zelena! ¡No quiero tener razón y por milésima vez perdóname! Me dejé llevar por…»
«Ya, no necesitas entrar en detalles. Pero…¿al final se han arreglado?»
«Bueno…quiero arreglarme con ella…»
«¿Eso significa que te has sacado de la cabeza la idea de que huyó con el veterinario?»
«Eso significa que he descubierto la verdad y que estoy arrepentida y avergonzada por no haber creído en ella…»
«¿Qué verdad has descubierto?»
Tras contarle a su hermana todo lo que sus empleados le habían contado, Regina se mostró decidida a desenmascarar a Ruby esa misma tarde, sin embargo, Zelena la detuvo, aconsejándole que esperara al día siguiente.
«¡Estás con la cabeza caliente y puedes cometer una locura!»
«¡No voy a cometer locura alguna! ¡Aunque mi deseo sea matarla con mis propias manos!»
«¿Lo ves? ¡De eso hablo!»
«¡No quiero a aquella víbora mentirosa ni un minuto más en mi casa!»
«Está bien…entonces déjame ir contigo»
Mientras conducía, Regina llamó al apartamento de Víctor y para su alivio, Emma atendió. Después de tranquilizarla sobre lo corrido algunos minutos antes, le garantizó que más tarde la vería. Terminada la llamada, Regina pisó a fondo el acelerador, ya que en su cabeza solo había una idea, sacar a Ruby de su vida de una vez por todas. Tras bajar del coche al lado del Zelena y abrir la puerta de la casa, sus ojos se desorbitaron cuando al lado de Ruby estaba Cora, su madre.
«Mamá, ¿qué estás haciendo aquí? ¿Cuándo llegaste?» preguntó Zelena, mientras Regina seguía parada, en shock
«Hola, hija» dijo ella, levantándose para recibir el abrazo de Zelena «Llegué hace algunas horas…¿No me vas a dar un abrazo, Regina?»
«¡Quiero a las dos ahora mismo fuera de mi casa!» exclamó la morena, desviando su mirada de Cora y parándose sobre Ruby.
«¡Dios mío! ¿Esa es la forma de hablarle a tu madre, Regina?» preguntó Ruby, aparentemente incrédula
«¡Cierra tu maldita boca, haz tus maletas de mierda y sal de mi casa!» gritó, acorralándola contra el sofá.
«¿Pero qué te pasa? ¡Estás más loca que cuando me marché!» dijo Cora
«¡Sí, estoy loca! ¡Así que da media vuelta y desaparece de aquí como la primera vez!»
«¡Calma, Regina! Estás yendo demasiado lejos» intervino Zelena
«¡Voy a salir con mi hijo y cuando vuelva, no quiero a ninguna de las dos dentro de mi casa!» dijo ella «¡Y en cuando a ti, cretina interesada…agradece que no te dé lo que realmente te mereces!» dicho eso, se dirigió al cuarto de Henry y sin explicar las razones, se lo llevó al coche y enseguida arrancó.
«¿Qué está pasando, mamá? ¿Por qué estabas gritando?»
«Porque estoy cansada de tantas mentiras…pero todo va a estar bien»
«¿A dónde vamos?»
«Para el apartamento de Emma»
«Entonces, ¿se arreglaron?» preguntó él, entusiasmado
«Bueno…creo que estamos en ello, hijo»
Al llegar a la tercera planta, al primer toque del timbre, Emma abrió la puerta y una gran sonrisa nació en sus labios ante la presencia de los dos. Sus brazos se abrieron para ellos, acogiéndolos, anidándolos en su cuerpo con tanta fuerza que parecía temer que se escapasen.
«Entren, por favor» dijo Emma «El apartamento no es mío, pero siéntanse como en casa» añadió, y en silencio, Henry y Regina solo sonrieron.
«Ahora que somos una familia de nuevo, puedes vivir con nosotros, Emma ¿No, mamá?»
«Hijo, Emma y yo todavía tenemos mucho de qué hablar» dijo Regina
«Pues hablen de una vez» dijo él
«Vamos a hablar…» murmuró Regina
«Entonces, yo voy a ver la tele mientras las dos hablan» dijo él, y se marchó al cuarto de Emma
Tras la salida de Henry, Regina fue invitada a sentarse al lado de Emma. En silencio, las dos se miraron por largos minutos, sin embargo el contacto fue quebrado cuando Emma bajó la mirada. De forma lenta y suave, Regina le rozó el mentón con el dedo índice, alzándolo y una vez más sus miradas se encontraron.
«Atacas mis sentidos…es como una sed constante que tiene que ser saciada» dijo Regina, rozando sus labios en los de Emma
«Regina…»
«No digas nada, por favor, no digas nada» la interrumpió, arrastrando sus labios por su rostro «Siento tanto haber dudado de ti…me cegué por los celos, por la rabia. Y solo ahora me he enterado de que todo fue un plan orquestado de Ruby»
«¿Cómo?» preguntó Emma, claramente sorprendida
«Ella aprovechó tu huida para hacerme creer que Killian Jones se había ido contigo»
«Pero, ¿cómo hizo eso, Regina?»
«Te voy a explicar…»
«¡No sirve de nada que intentes negarlo, Ruby! ¡Regina lo ha descubierto todo! Ha descubierto que tú armaste todo para que creyese que el veterinario se había marchado con Emma» decía Zelena
«¡No arme nada! ¡Hice lo que tenía que hacer para que se diese cuenta de que Emma, además de una asesina, no era la santa que decía ser!»
«¿Alguien puede explicarme que es toda esa historia?» se pronunció Cora
«¡Después te lo explicó, mamá! Pero creo que es mejor que te vayas, Ruby…Regina está muy enfadada y puede cometer una locura»
«¡No tengo a dónde ir!»
«Aquí tienes dinero suficiente para que te hospedes en un buen hotel hasta que decidas qué hacer. Pero por favor, ¡desaparece de la vida de mi hermana!»
«Haz tus maletas, muchacha…te quedarás en mi casa un tiempo» dijo Cora, e instintivamente los ojos de Zelena se estrecharon
«Con permiso» dijo Ruby, marchándose inmediatamente
«¿Tienes noción de lo que acabas de hacer?»
«Solo estoy siendo amable con alguien que me ha caído bien»
«Esa mujer es muy sibilina, mamá…» alertó Zelena, y como respuesta, Cora solo sonrió
Casi una hora después de la partida de Zelena, Ruby dejó la casa de Regina al lado de Cora. No pasó mucho tiempo para que comprendiera que había ganado una aliada y que con su ayuda conseguiría destruir a Emma y por consiguiente, volver a tener el camino libre. Después de instalarse en uno de los cuartos de la mansión donde vivía Cora Mills, Ruby le contó todo lo que había pasado con Regina desde el primer día en que ella apareció en la hacienda hasta su relación con una fugitiva de la justicia.
«¡Regina no aprende! ¡Consideró poco todo lo que pasó con aquella zorra de Kathryn, y ahora se mete con una delincuente!» decía Cora
«Si Emma no hubiese huido, ella se hubiera vuelto cómplice y no la habría entregado a la justicia» dijo Ruby
«¡La traición de aquella mujer ha tenido que volverla loca!»
«Pues debe haber enloquecido a sus dos hijas, porque ahora Emma es profesora en la escuela de Zelena»
«¡No puede ser!»
«Sí, lo es»
«Mañana tendré una conversación muy seria con Zelena…»
«Sabía que no le gustaba a Ruby, pero no imaginé que me odiase hasta el punto de…»
«Está todo bien, ya pasó. No vamos a hablar más de eso» dijo Regina, y antes de que Emma pudiese responder, su móvil sonó. Era Zelena, informando que Cora y Ruby ya se habían ido, es más, a la misma casa.
«¿Tu madre estaba en tu casa?» preguntó Emma, en cuando colgó la llamada
«Sí, y por lo visto se ha aliado con Ruby, pues la ha invitado a quedarse un tiempo con ella»
«No te preocupes por eso. Ahora dime, ¿qué te parece quedarte a dormir aquí con Henry?»
«No hemos traído ropa, ni cepillo de dientes y…»
«Eso es una tontería, Regina. Ya busco cómo solucionarlo» dijo ella, levantándose al mismo tiempo que la arrastraba por la mano
«¿Ya hablaron y se arreglaron de una vez?» preguntó Henry, caminando hacia ellas
«Regina, ¿estás segura de que este niño solo tiene ocho años?» preguntó Emma
«¡Claro que la tengo! Lo que pasa es que ha heredado mi inteligencia»
«¡Es verdad, Emma!»
«¡Vaya, qué creídos! ¿Qué les parece si preparamos la cena y después de ver una película, nos echamos los tres juntitos?» sugirió ella
Acabada la cena, Henry siguió hacia el baño mientras Regina programa la tele para que se apagara cuando la película terminase. Regina improvisó vistiendo un pijama del Dr. Víctor, Henry, aparte de con la ropa interior, se cubrió con una camiseta de Emma, y juntos en la misma cama, acabaron durmiéndose antes de que la película terminara.
Bueno, Dios las cría y ellas se juntas. A ver qué maldades planean estas dos juntas.
