Capítulo 25

«¡Buenos días, mis dos amores dormilones! Hora de levantarse y de desayunar»

«Buenos días, querida. ¿Qué hora es?» preguntó Regina

«Las ocho en punto»

«¡Por Dios, Emma! Zelena se pondrá furiosa porque hayas faltado al trabajo…»

«¡Calma, mamá! Hoy es sábado» dijo Henry, sin contener la risa

«Ah…¿de verdad? Pensaba que hoy era…»

«Tienes que relajarte un poco, Regina» dijo Emma, claramente preocupada «Ven, vamos a desayunar»

Antes de terminar el desayuno, el sonido del timbre interrumpió la conversación entre los tres. Era Zelena que no dudó en juntarse al trío y saborear las deliciosas tortitas preparadas por Emma.

«Zelena, muero de vergüenza por lo que pasó» dijo Emma

«Lo entiendo de cierta manera…pero que no se repita, por favor. O desafortunadamente me veré obligada a tomar medidas drásticas»

«No se va a repetir y gracias»

«¿De qué hablan?» preguntó Regina

«¡De cierto incidente ocurrido en el aula!» respondió Zelena

«¿Todavía con eso?»

«¿Qué incidente, tía?» indagó Henry

«Mejor que no lo sepas, cariño»

«Henry, ve a vestirte porque nos vamos a casa» dijo Regina

«Pensé que pasaríamos el fin de semana juntos» dijo él

«Hijo, haz lo que te estoy pidiendo y después hablamos»

«¿Algún problema, Regina?» preguntó Emma

«Tengo algunos asuntos que resolver y necesito organizarme…»

«Deja los problemas para después. Aprovecha el fin de semana y el lunes lo resuelves todo» intervino Zelena

«Está bien…pero de todas maneras, Henry y yo necesitamos cambiarnos de ropa»

«Hagan eso y después saldremos a almorzar, ¿qué te parece?» dijo Emma

«Me parece una buena idea» dijo Regina «¿Vienes con nosotros, Zelena?»

«¡Di que sí, tía! ¡No me dejes de carabina a mí solo!» dijo Henry, arrancando las risas de las tres.

«¡Está bien…haré ese sacrificio por ti!»

El sábado se pasó más deprisa de lo que Regina imaginaba. Paseando por los diferentes parques de Augusta, ella sintió la felicidad apartando la oscuridad de su cuerpo, mientras se divertía como una niña al lado de Emma, Henry y su hermana Zelena.

«Es increíble cómo tu hijo se ha encariñado con ella, y tú también, claro…»

«Emma tiene algo que…¡no sé! Todo de ella me hace bien, me impresiona. La sonrisa, los ojos, la forma en que habla…es como si me hubiese lanzado un hechizo del que no consigo liberarme»

«¡Chica, qué cosa, eh!» dijo Zelena, sin contener la risa «Pero cambiando de tema…¿no pretendes hacer las paces con mamá?»

«No sé…pero ya te adelanto que dependerá mucho de ella»

«Espero que se entiendan. La familia tiene que estar unida, Regina»

«Ya, lo sé. Pero no vamos a hablar de eso ahora…Emma se acerca con Henry y no quiero preocuparlos»

«¡Vaya! ¡La montaña rusa ha sido increíble! No saben lo que se han perdido» decía Henry, de camino de vuelta a casa

«¡No sabemos ni queremos saberlo nunca, mi amor!» dijo Zelena

«¡Menos mal que Emma no es miedica como ustedes!»

«¡Regina! ¿Vas a dejar que tu hijo nos llame miedicas?»

«Henry…» lo reprendió Regina con falsa irritación

«¡Disculpa, tía!»

«Solo te voy a disculpar si aceptas dormir conmigo en casa esta noche, ¿qué te parece?»

«¿Puedo, ma?»

«Claro que sí» dijo ella, y girándose hacia Emma le preguntó «¿Todo bien? Estás tan callada…»

«Todo bien, sí» dijo ella, acariciándole rápidamente la mano

En cuanto llegaron al edificio, Zelena cogió su coche, que se había quedado en el garaje y tras despedirse de Emma y de Regina, junto con Henry se encaminó a su casa.

«Al fin solas…» murmuró Regina, deslizando sus manos por la cintura de Emma «¿Estás segura de que todo está bien?»

«Sí, mi amor. Solo…tengo miedo de que nada de esto sea real»

«Pero claro que es real, Emma»

«Perdóname por haberme marchado, por herir tu corazón…»

«Ya pasó…no quiero hablar más de eso, ¿está bien?» dijo Regina, y antes de que Emma pudiese responder, le calló la boca con la suya. Agarrándole el rostro con ambas manos, Emma vio cómo sus labios eran abiertos y su boca acaparada por la lengua de Regina.

Emma perdió el aire mientras Regina tomaba el control del beso, explorándole la boca con voracidad y urgencia. Su cuerpo se derritió junto al de ella.

«Te amo, Emma» susurró Regina, interrumpiendo el beso poco a poco «No quiero arrepentimientos entre nosotras…» añadió, recorriéndole el cuello con sus labios entreabiertos, mientras sus brazos le rodeaban la cintura y atraía el cuerpo de Emma más cerca del suyo. El corazón, tan vacío hacía pocos días, parecía a punto de explotar de tanta alegría.

«Yo también te amo, Regina…si pudiese, arrancaría mi corazón solo para demostrarte cuán grande es mi amor» dijo Emma, aferrándose a los negros y cortos cabellos.

«Emma, quiero tener sexo contigo y después…quiero hacer el amor» Regina susurró, y aunque para Emma no había tanta diferencia entre tener sexo y hacer el amor cuando se trataba de la persona amada, sintió un escalofrío y una excitación anormal ante aquel pedido.

«Soy enteramente tuya, Regina» dijo ella «Haz conmigo lo que quieras y como quieras…» completó, y cuando vio su vestido arrancado de su cuerpo de una forma salvaje y oyó el sonido de sus bragas rasgándose mientras se encaminaban hacia el cuarto, comprendió, entonces, lo que Regina quería decir con "tener sexo"

En el más profundo de los silencios, Regina le aferró los cabellos y, enseguida, atrajo su rostro al suyo, besándola de forma posesiva. A través de besos y tropezones, Emma vio su cuerpo tirado sobre la cama y ni siquiera tuvo tiempo para pensar, ya que la boca de Regina había encontrado su cuello y sus labios rápidamente trazaron un ardiente camino hasta sus expuestos pechos, ansiosos por aquel toque. Las manos se arrastraban furiosamente sobre la piel caliente y perfumada de Emma, los labios abandonaron los pechos y la lengua se deslizó por su mentón, subiendo por la línea de la mandíbula hasta llegar a la oreja y morderla, la chupó y la volvió a morder, haciendo que su corazón se acelerara como nunca.

Sin grandes ceremonias, Emma le arrancó la camisa, haciendo que los botones saltasen y se diseminasen por la cama. Sin dudar, sus manos desesperadas alcanzaron los botones de la bragueta y en pocos minutos le sacó el pantalón junto con las bragas. Ya ambas se encontraban desnudas.

«Casi me volví loca echándote de menos…» susurró Regina, tomando con su boca los suculentos y exuberantes pezones rígidos por la excitación.

Al deslizar sus manos por sus piernas abiertas, Emma jadeó, contrayendo sus músculos cuando los dedos de Regina penetraron en su intimidad sin ninguna señal de delicadeza.

Instintivamente, ella arqueó la espalda mientras los dedos habilidosos entraban y salían, al mismo tiempo que la lengua castigaba sus entumecidos pezones.

«No pares, Regina…» pidió Emma, moviendo su pelvis hacia los dedos de Regina.

Con el cuerpo en llamas, Emma sabía que no iba a necesitar mucho tiempo para gozar, tampoco le importaba si estaba teniendo sexo o haciendo el amor. Cuando se trataba de Regina, un simple toque era capaz de excitarla hasta un punto extremo, bastaba una mirada para derretirla.

Como si aquellas palabras hubiesen atizado aún más su desmedida pasión, Regina intensificó la fuerza y la velocidad con la que sus dedos entraban y salían, y prácticamente sin aliento, Emma se deshizo por entera cuando la boca de Regina se posó sobre su sexo y los dedos continuaron aquel ritmo constante e implacable. Su cuerpo fue sacudido por un orgasmo arrebatador, convulsionando violentamente con las ondas de calor que se formaban en su vientre.

Con una mirada carnal y llena de pasional furia, Regina cubrió el cuerpo de Emma con el suyo. Sus labios, a pocos centímetros de los de ella, quisieron hablar, sin embargo, vieron su tarea interrumpida por la boca de Emma. Enloquecida con su propio sabor en la lengua de Regina, Emma la empujo e invirtió las posiciones.

«No me importa si estamos teniendo sexo o haciendo el amor» dijo Emma, mientras con la punta de su dedo índice acariciaba el contorno de los labios de Regina «Lo que importa es que somos nosotras dos…y ahora te voy a dar tanto placer que perderás la razón si pasas mucho tiempo sin meterte en la cama conmigo» añadió, y a pesar de la excitación que sintió ante aquellas palabras, Regina no descartó la posibilidad de que eso realmente pasara. Cada día que pasó sin noticias de Emma, sin sus besos, sin su cuerpo, fue mil veces peor que la traición de Kathryn. Si algún día alguien quisiera someterla a alguna clase de tortura, bastaría con que Emma fuera arrancada de su vida.

Sus pensamientos fueron interrumpidos cuando los dedos de Emma se deslizaron hacia el interior de su sexo, y de regreso a la "superficie", ella los encaminó hasta la boca y lamió la humedad que allí se había quedado. En seguida, se los ofreció a Regina, que no vaciló en agarrarle la muñeca y saborear su propio gusto mezclado con la saliva de la mujer que amaba.

La presión y el calor se intensificaron en medio de las piernas de Regina cuando, una vez más, Emma deslizó los dedos en su interior. Esta vez, los mantuvo allí mientras sus ojos verdes se mantenían fijos en los castaños, dilatados por el placer. La punta de su lengua se arrastró sobre los labios de Regina, demorándose sobre la cicatriz que marcaba el labio superior. Amenazando con besarla, Emma empujó los dedos hacia dentro de su encharcada hendidura, y aunque estuviesen solas en el apartamento, ahogó los hambrientos gemidos de Regina con su beso.

Al acabar el beso, Emma mordisqueó el hombro, la oreja, el cuello, mientras empujaba cada centímetro de sus dedos en su interior. Rápidamente, tomó, con posesividad, uno de los pezones con su boca, devolviendo las caricias torturantes que minutos atrás ella había recibido.

Regina tensó el cuerpo y ahogó un grito mordiéndose sus propios labios. Sus ojos estaban cerrados, sin embargo, rápidamente los abrió cuando Emma cesó las caricias y su cuerpo se deslizó a lo largo del suyo, y antes mismo de que pudiese reaccionar, Regina sintió como si una pequeña descarga eléctrica hubiese invadido su cuerpo al sentir la suave lengua moviéndose en su intimidad. Emma comenzó a lamerla y chuparla con más rapidez y fuerza, arrastrándola a la orilla de una excitación fuera de control y de locos. El sonido de un prolongado y ronco gemido resonó por el cuarto y el orgasmo llegó, tan fuerte e intenso que Regina casi desfalleció. Emma anidó su rostro en la curva de su cuello mientas Regina, aún jadeante, le rodeó la cintura con sus brazos. Poco a poco se fueron calmando y tras un largo intercambio de miradas, los labios se encontraron. Esta vez, no había prisa ni urgencia, solamente delicadeza y cariño.

«Te amo» dijo Regina. Sus manos se deslizaban arriba y abajo por la espalda de Emma

«Yo también…y siento todo lo que sucedió»

«Las dos nos equivocamos, pero ya pasó. Ahora ven…quiero hacer el amor contigo…


«¿Qué hora es?» preguntó Emma, mientras hurgaba en el armario de la cocina

«Son las nueve y media» dijo Regina, rodeando su cintura por detrás «Aunque estás linda y sexy con este delantal, creo que sería mejor si pedimos la cena» añadió derramando sus besos por su nuca.

«¿Toda esta prisa es hambre u otra cosa, señora Mills?» preguntó Emma, girándose para tenerla cara a cara

«Claro que es hambre…hambre de ti…de tu cuerpo…de tus besos…» decía ella, pausadamente «Esta noche tienes prohibido dormir»

«¿Ah sí? ¿Y puedo saber el motivo de esa prohibición?»

«Digamos que no pretendo dejarte dormir…»

«¡Menos mal que mañana es domingo!»

«Ven, vamos a tomar un baño» sugirió Regina «Y después saldremos a cenar»

«¿Por qué estás huyendo de mi comida?»

«No estoy huyendo. Solo que creo que no seré capaz de dejarte cocinar y acabaré echándote sobre esa mesa y haciendo de ti mi comida» dijo ella, y Emma no contuvo una carcajada

«¡Ay, Regina! Dices cada cosa…»

Tras el baño regado de besos y caricias osadas, finalmente dejaron el apartamento en busca de un lugar donde poder cenar.

«¿Hasta cuándo te quedarás en el apartamento de Víctor?» preguntó Regina, atenta al agitado tráfico de aquella noche de sábado

«Solo unos días más. Ya he encontrado un estudio para alquilar»

«¿Estudio, Emma?»

«Sí, ¿por qué el asombro?»

«Bueno…esos sitios generalmente son demasiado pequeños»

«Realmente es pequeño, pero es bonito y acogedor. Además, está cerca de la escuela y puedo ir caminando»

«¿Y por qué no vienes a vivir conmigo y Henry?»

«Regina…acabamos de reconciliarnos y quizás sea un poco pronto para eso»

«Entiendo, pero al menos busca un apartamento. Es más, en el mismo edificio de Víctor ya hay algunos amueblados»

«No sé si ya lo sabes, pero el alquiler es altísimo, y todavía ni he recibido mi primer sueldo»

«Puedo perfectamente alquilarlo para ti y…»

«De ninguna manera, Regina. Y vamos a cambiar de asunto, por favor»

«Emma…»

«¿Puedes parar allí delante?» dijo ella, interrumpiéndola «Quiero comer perrito caliente» añadió en cuanto Regina se detuvo

«¿Perrito caliente a esta hora?»

«¿Cuál es el problema? ¡Ya he probado los de aquí y son una delicia!»

«Eso no es cenar y es muy grasiento…»

«No seas aguafiestas. ¡Una vez en la vida no hace daño!»

Mientras saboreaban el perrito caliente, Regina se daba cuenta de que jamás había recibido una invitación de Kathryn para comer algo como eso, por el contrario, su ex mujer siempre lanzaba miradas enojadas a los pequeños puestos diseminados por la plaza central de Augusta. En aquel momento, se preguntó cómo había conseguido permanecer casi diez años casada con una mujer como aquella, y sobre todo, cómo se permitió sufrir tanto tras conocer su infidelidad.

Emma era lo opuesto a Kathryn, la sencillez más pura y encantadora que sus ojos habían visto, además de una belleza deslumbrante.

«¿En qué estás pensando?» preguntó Emma

«¿En dónde estabas hace quince años?»

«No tengo ni idea. ¿Por qué?»

«Porque me hubiera gustado haberte conocido hace quince años» dijo ella, y antes de que Emma pudiese responder, el vendedor interrumpió la conversación al entregarles una lata de coca cola.

La tristeza en los ojos de Regina no pasó desapercibida para Emma, y por ese motivo, no retomó la conversación, sino que trató de abordar otro tema que no fuese el pasado. Una buena hora después, volvieron al apartamento y tras cepillarse los dientes, se echaron en la cama y tras largas horas de amor, acabaron durmiéndose.


Como han podido ver ese ha sido un capítulo pausado, y yo creo que necesario tanto para nuestras chicas como para nosotras. Gracias por todos los comentarios y reviews, chicas. Y me alegra que os esté gustando. Yo normalmente elijo los fics que voy a traducir si a mí me han dicho algo, me han transmitido algo, y casi siempre he acertado, ya que ustedes también lo han sentido y así me lo han comunicado. Pero es verdad que no siempre va a ser así, somos personas diferentes con diferentes vivencias y bagajes personales y culturales. A aquellas personas que han decidido abandonar la lectura solo quiero darles las gracias por haberle dado una oportunidad al fic, y espero que los próximos que traduzca sí colmen sus expectativas o les gusten más.