"BAJO LAS ESTRELLAS"

Por Zury Himura

Corrección: Claudia Gazziero

Gracias a todos por sus palabras! Lean y coméntenme que les ha parecido.

Dedicado a mi amiga Sele, hoy es tu cumple! Happy birthday, girl!

Disclaimer:historia no me pertenece, este fanfic es escrito sin fines de lucro. 2. Cualquier parecido con algún fic, novela o película anterior es meramente coincidencia y se prefiere no profundizar en eso.

3. Se aceptan gustosamente solo reviews positivos. Favor abstenerse de críticas destructivas y comentarios grotescos. 4. Zury Himura se reserva el derecho de admisión de reviews mala onda. 5. Zury Himura ama todos por igual, muchas gracias por sus comentarios anteriores.

Capitulo: Se llamaba Marta.

I

La mañana había avanzado sin ningún problema aparente. El cielo relucía y algunos pajarillos jugueteaban en los árboles frutales plantados en el jardín. Era hermoso, tanto que sus cánticos lo hacían reconsiderar la posibilidad de cerrar los ojos y sentarse en el porche a descansar. Era el descanso más relajante que había tenido en años.

Por fortuna, Kaoru le había enseñado cómo preparar una clase de té negro al que le llamó café, y que por cierto era sumamente amargo. ¿Cómo podrían gustar de esa clase de cosas en esa época? Se descubrió haciendo mohines al recordar el desagradable sabor.

Había tenido dificultades para preparar su desayuno a pesar de que sabía, en teoría, cómo hacerlo: había conectado la cafetera correctamente, había colocado un papel al que Kaoru había llamado 'filtro' y después había presionado el botón rojo de encendido. Todo había marchado bien hasta que por un leve descuido -¡No, por negligencia de Kaoru!- había fracasado. Kaoru debería haber estado ahí para vigilarlo.

Sí, así era. La mujer de ojos azules había sido la culpable de que él olvida poner un vaso y de que el líquido se desparramara en el piso, también de que él se resbalara y en su camino jalara el mantel de la mesa, trayendo consigo los lindos y muy elegantes -y costosos- floreros que se encontraban sobre ella… y todo eso sin contar que había tratado de ponerse de pie sosteniendo el cable de la maldita cafetera.

Resopló recordando lo sucedido con frustración.

Al limpiar el desastre con unas toallas que había encontrado en la cocina, descubrió unas galletitas empaquetadas en la despensa. Supuso que la joven las horneaba y las guardaba… pero, si había que ser realista y sincero, era obvio que un panadero se las había preparado, a juzgar por las cualidades culinarias de su anfitriona la noche anterior. Asintió mientras comía la última galleta del empaque, eso era lo más seguro, ya que estaban deliciosas.

No había tomado café por razones obvias, solo había probado el poco que le había quedado en la cara, así que supuso que, con veintitrés galletas en el estómago estaría más que satisfecho por un buen rato. Después de eso tendría que salir a pescar o cazar en el pequeño estanque que se encontraba en el patio de la casa –que en realidad eran dos, pero en el segundo no había logrado encontrar peces del tamaño adecuado para una cena de dos personas. Además, no quería demoler la cocina entera.

—Será mejor que me ponga a trabajar —dijo levantándose de su sitio y sacándose la camisa limpia -que había encontrado en un armario- para no arruinarla. Cuando Kaoru llegara encontraría la cena lista, debía mostrarle su gratitud de alguna forma.

—Más vale que te vayas apurando…

Kenshin volteó al reconocer aquella provocativa voz. Era la mujer doctor, que entraba asegurando la puerta del jardín tras ella.

—La dueña de la casa no se encuentra… y no creo que esta sea la mejor forma de entrar a una casa que no es suya.

Megumi sonrió al escuchar el tono defensivo y protector con el que defendía la casa de Kaoru; decidió ignorar su comentario y caminó hacia él, exagerando el movimiento de sus caderas. Los diminutos shorts que vestía dejaban al descubierto sus largas piernas, mientras que su blusa de tela traslucida dejaba poco a la imaginación. Se detuvo frente al hombre y alzó la mirada decidida, sosteniéndola expectante ante cualquier reacción del joven. Finalmente, con un dedo recorrió uno de los brazos del pelirrojo hasta llegar a sus labios.

Kenshin frunció el ceño y entrecerró la mirada. No entendía lo que aquella mujer trataba de hacer, bueno… sí lo entendía, pero no sabía los motivos.

—Dime, Kenshin. ¿Te gusta lo que ves? —El tono de su voz era grave y seductor. Lo miró de nuevo y se mordió el labio inferior.

Nada…

El joven se limitó a hacer una poco exagerada mueca de reprobación, sin inmutarse en lo absoluto.

A pesar de que era bella, tanto que al principio se había atrevido a compararla con su esposa, su forma de ser lo incomodaba de sobremanera. Por eso, el haberla cotejado con Tomoe lo ponía furioso.

—Esa pijama te queda muy grande. Es del hermano de Kaoru, ¿cierto? —le preguntó mientras rodeaba su cuello con ambas manos—. ¿Por qué no te las quitamos? —propuso sonriendo de una forma maliciosa.

Kenshin, fastidiado, tomó a la doctora de las manos y la alejó de él, prefería mil veces que ella estuviera a una distancia prudente de su cuerpo. No tenía ganas de tener paciencia, sus acosos lo habían cansado. A pesar de que durante la guerra había tenido muchas mujeres de una noche, no quería incomodar a la dueña de casa involucrándose con esa en específico.

—¿Todas las doctoras de esta época son como usted? —se defendió, sabiendo que usar el orgullo de doctor y la ética moral, la haría poner los pies en la tierra, o al menos eso esperaba—. En mi época los doctores actúan como completos profesionales, me decepciona que aquí no suceda lo mismo.

La mujer se sonrojó al escuchar al joven y se echó el cabello negro hacia atrás. Luego empezó a reír disimuladamente para ocultar su vergüenza. Luego habló: —Si hubiera sabido que reaccionarías así no me hubiera vestido como salchicha empaquetada —sonrió y cogió asiento, señalándole que él también debía hacer lo mismo—. Aun así, no debes comer salchichas, son malas para tu salud.

Kenshin, por su parte, encontró aquella discusión irrelevante y fuera de lugar. No quería conversar con ella, además algo le picoteaba: ¿Qué era una salchicha?

—Sólo quiero hablarte sobre algunas cosas… —resopló bajando su vista hasta llegar a la caja de galletas que se encontraba vacía en el suelo. Regresó una amplia mirada almendrada al hombre de mechones de fuego—. No me digas que te has comido todo lo que había ahí…

La razón de su visita fue rápidamente olvidada y remplazada por una caja de galletas. ¿Acaso Lo estaba evadiendo? El espadachín miró la caja y luego a la doctora para volver a la caja. Algo le olía mal, así que se puso de pie defensivamente y la enfrentó—. Así es, ¿tiene algo de malo?

—No, no… pero no creo que esa sea la comida adecuada para un joven tan atractivo como tú —excusó su preocupación—. Te haré algo más apropiado para almorzar. ¿Estás de acuerdo?

Kenshin la fulminó con la mirada.

—¿Me dirás qué ha sido el espectáculo de hace unos minutos?

En la casa se escuchó la melodiosa y sonora risa de la doctora.

—¡Claro, Ken! —chilló entrando a la cocina y llamándolo—. Veras, tienes que saber algunas cositas de esta época…

—¿Cómo qué? —la interrumpió él, brusca y fríamente.

Megumi sonrió. —Kaoru… tengo que hablarte de ella.

Después de escuchar el nombre de la chica, el exhitokiri puso atención a la doctora. Si estaría en esa casa por un tiempo, necesitaba conocer lo más posible a su dueña. No era que Kaoru le interesara en plan romántico, sino que ella era una pequeña parte de la nueva era que él mismo había ayudado a construir con tanto sudor, sangre y lágrimas.

II

—Querida, no era necesario que trabajaras hoy… —insistió Tae cogiendo algunos alfileres y dándoselos a Kaoru, su jefa, que se empeñaba en quedarse en el taller hasta que las prendas estuvieran finalizadas.

Tae era la del medio en su grupo de amigas. La mayor era Megumi, con veintiséis años, Tae le seguía con veinticuatro y Kaoru con veintidós, por ultimo estaba Misao que tenía veintiuno.

La castaña era una chef recién graduada de la Universidad y, justo antes de la muerte de su padre, había ganado su confianza en los negocios. Juntas habían logrado abrir un elegante y exitoso restaurante.

—Lo sé, pero quiero reanudar mi vida…. —Kaoru caminó un poco distraída y cubrió a la modelo con las finas telas que se encontraban en sus manos—. ¿Qué opinas? Creo que este material se ve mejor de lo que esperaba.

Tae le otorgó la razón levantado el dedo pulgar en el aire. Sabía que la joven trataría de evadir la conversación a toda costa. Sospechaba que Kaoru no quería hablar sobre lo que le había ocurrido.

—Creo que tienes que ajustarlo más a los lados, ya sabes… la modelo que tienes enfrente al parecer está haciendo una dieta rigurosa —se bofó con el afán de hacerla reír—, una rebanada de lechuga y un chícharo, eso es todo lo que come al día.

Kaoru repasó el fino cuerpo de la modelo, confirmando lo que había dicho su amiga. La última vez que había visto a Misao lucía unas curvas exuberantes que le habían parecido envidiables, sin embargo, ese día estaba muy delgada y su antigua figura había desaparecido.

Misao había sido su compañera de clases en la escuela de diseño. Luego había llegado a la boutique de su familia para hacer su práctica profesional, pero pronto sus metas cambiaron. Con sus grandes ojos verdes y hermosa figura se había convertido en el rostro de la tienda, sorprendiendo a todos. Nunca le había gustado mucho la escuela y era conocida por negar sus evidentes sentimientos hacia Aoshi Shinomori, el hermano mayor de Tae y chef en el restaurante.

—¿Por qué hablan de mí como si yo no estuviera aquí? —les recriminó la chica enfadada—. Además no es verdad, como muy bien… este cuerpecito esbelto es así de nacimiento —aseguró, preguntándose en secreto si trataba de convencerlas a ellas o a sí misma.

—Misao, estas no son las mismas medidas de hace un mes; eso significa que has bajado bastante de peso —le recordó la joven de los alfileres, dejando la cinta métrica a un lado para ponerse de pie con ambas manos en la cintura—. La boutique Saphiro trata de promover la buena alimentación, y con eso me refiero a que sus modelos deben lucir saludables. No importa su tipo de cuerpo, debemos promover la igualdad y la aceptación de cada individuo como tal.

—Estás exagerando, Kaoru —resopló molesta y tratando de evadir el tema. Claramente estaba cabreada por la reprimenda que le estaban dando. Se quitó la tela que cubría su cuerpo y se irguió para defenderse—: Yo soy delgada de nacimiento. Además, ¿quién eres tú para criticarme? Deberías verte en un espejo, ni siquiera has buscado ayuda. Cuando seas capaz de enfrentar lo que estás pasando puedes regañarme a gusto.

Tae, preocupada por la fiera actitud que ambas jóvenes habían tomado, intervino para destensar la situación. En el fondo de su corazón, sabía que Misao decía la verdad… Kaoru tenía varios dilemas sin resolver en su vida, y rehuía de ellos como una gata asustada al agua.

—Misao, tú no sabes nada… —se defendió la azabache, furiosa y mortificada por tener que recordar lo sucedido.

—Mi hermana Megumi me ha dicho que estuviste en coma por una semana —la joven se giró de golpe y le sostuvo la mirada—. ¿Fue Enishi, no es cierto?

—No —contestó Kaoru, escueta.

—¿Entonces por qué has dejado de ir al restaurante a supervisar y me has pedido que lleve las cuentas a tu casa? —añadió Tae escéptica.

Kaoru estuvo a punto de replicar, pero se dio cuenta de que no había pensado ninguna excusa, además era totalmente inútil mentir, ya que Misao era la hermana menor de Megumi.

—¿Qué tal tu hermano? —inquirió Misao insistentemente mientras tomaba su bolsa y la colocaba en su hombro—. Sé que le pidió a Tae que te consiguiera un guardaespaldas para que estuvieras más tranquila mientras él termina de cerrar unos negocios en Europa. Megumi dice que es un pelirrojo muy sexy y que maneja la espada mejor que tú.

—Dinos… —demandaron ambas amigas.

Una lágrima recorrió la tersa mejilla de la acusada.

—Él volverá por mí, lo ha jurado. Además no tengo cómo acusarlo porque Saitou, su padre, es jefe de la policía y trabaja en la fiscalía. Jamás lo culparán por nada, antes de apresarlo podrían encarcelarme a mí misma por falso testimonio que a él por homicidio frustrado.

Ambas se miraron afligidas al comprobar la gravedad de la situación en la que estaba Kaoru.

—¿Es por eso que no vas a la escuela? Por lo que sé, ese bastardo va a cada una de tus clases —añadió una Misao muy indignada al atar todos los cabos de la historia.

Kaoru concedió con un movimiento de cabeza. No les había querido contar a sus amigas lo ocurrido para no ponerlas en peligro, aunque ellas sospechaban de todas formas. La única persona que lo había sabido era Megumi Takani, su doctora de cabecera y amiga. Ella había cuidado sus heridas y cuidado las cicatrices de su cuerpo, no así las de su corazón. Faltaba mucho para que esas cicatrices pudieran borrarse de su memoria. Quería sentirse orgullosa de sí misma al superar lo que había sucedido, pero costaba demasiado.

—Bien, basta de caras largas. ¡Alegrémonos! Genzai seguirá administrando la boutique en tu ausencia… no importa cuánto tiempo sea —solucionó Misao con una gran sonrisa. Era lo menos que podía hacer por su amiga, además el anciano era su padre y confiaba en él.

—Y yo cuidaré el restaurante en el que somos socias. Así tú hermano se hace cargo de los negocios en el extranjero y tú descansas lo más posible —se unió Tae mientras sacaba algunas botellas de agua y se las ofrecía.

Kaoru detestaba que las personas tuvieran lástima por lo que le había ocurrido con Enishi, pero decidió no complicarse por eso y aceptar de buena gana la ayuda de sus amigas.

—Bien, cambiemos de tema a uno menos complicado. Kaoru no necesita pensar cosas malas, ¿no es así? —Sonrió la modelo con complicidad—. Dinos… ¿cómo está aquel guardaespaldas tuyo? ¿Guapo o no guapo? ¿Te gusta? Y si no… ¿me lo presentas? —lanzó una serie de preguntas haciendo reír a la chef con la última.

Hacer reír a las personas era la especialidad de Misao y, si tenía que luchar durante años para sacarle una sonrisa a Kaoru, así lo haría. Además, el tema de su alimentación había pasado a segundo plano, así que tenía que mantener la conversación para no volver sobre ese tema.

—¡Oye! —chilló la pelinegra, con un evidente sonrojo adornando sus mejillas y haciendo a las otras dos explotar en carcajadas.

—Mira cómo te has puesto, pequeña Kaoru —evidenció Tae entre risas y se cubrió la boca con una de sus manos para tranquilizarse.

—No me digas que… ¿tan pronto? —insinúo Misao entrecerrando la mirada. Se puso de pie y se sentó junto a su amiga—. Mírame y dime qué has hecho para formar parte de la familia zorruna.

—¡Déjenme en paz! —intentó evadir la chica avergonzada. Se iba a poner de pie cuando la esbelta mano de su compañera la forzó a tomar asiento nuevamente.

—Kamiya, te irás al infierno por no cotillear con nosotras. Escupe lo que paso, todo lo que pasó —enfatizó la más extrovertida del grupo.

La joven de ojos zafiro suspiró derrotada. Ellas nunca se rendirían, la seguirían molestando hasta sacarle todo lo que había ocurrido con Kenshin. No tenía opción, por lo que se decidió a hablar.

—Ayer por la noche él se acercó a mí…

—¡Uh, no me digas que te tomó de la cintura, te volteó contra la pared, te quitó la ropa y… —Misao aguantó el aire por unos segundos y después de pensarlo dos veces volvió a hablar—. Espera, lo que me interesa saber es: ¿cómo se veía desnudo?

—¡Misao! Deja que prosiga y no interrumpas —la reprendió Tae—. Ahora sí, Kaoru… ¿qué sucedió después de la pared?

La más joven se lanzó a reír, pero a Kaoru no le hizo mucha gracia lo que ellas insinuaban, así que agachó su cabeza y prosiguió con su historia.

—Como decía… se acercó a mí y me ofreció ayuda. Me tomó de la mano y acarició mi barbilla. Luego fuimos al porche, la noche era hermosa y por alguna misteriosa razón yo dejé de llorar. Entonces nos sentamos a una distancia prudente y nos cobijamos con una manta. Yo no estaba lista para contarle mi historia así que él me platicó un poco de su pasado.

De repente, notó que se había ensimismado demasiado al recordar aquello y paró de repente. No sabía si omitir el hecho de que el hombre no recordaba nada, que había viajado en el tiempo o ambas. Omitir… eso sería lo mejor. Sonrió al ver a sus amigas entusiasmadas.

—Él era militar y pasó por momentos realmente difíciles. Me contó algunas de sus misiones y fue… Al parecer era muy bueno, trabajaba en las sombras e hizo cosas muy importantes.

—¡Wow, como un ninja! —exclamó Misao alucinando con la figura de un hombre alto y con facciones duras, sin ninguna clase de expresión. Su hombre ideal tenía el cabello negro y ojos azules como el hielo-. Ah, no… ese es Aoshi Shinomori. Es una lástima que es chef en el restaurante de Tae y no un súper ninja –reflexionó secretamente.

Kaoru sonrió. —No, más bien como un hitokiri…

—¿Como aquel cuya existencia se debate en la historia de nuestro país? ¿Cómo se llamaba? —trató de recordar la chef mirando a Misao por asistencia.

—Hitokiti Battousai… ¿creo?

—Sí, ese… ¡es ese! —concedió Tae contenta.

La dueña de la tienda de ropa suspiró. —Sí, él… —cedió con un sonrojó, sin revelar que hablaban del mismo sujeto—. Al principio estábamos mirando el cielo, le nombré las pocas estrellas que se veían en medio de tanta contaminación, bueno… espero que hayan sido estrellas y no aviones —rio escéptica, si hubieran sido aviones u Ovnis habría sido vergonzoso. Bueno, al menos él no se daría cuenta, ya que poco o nada sabía sobre aquella época.

—¿Las estrellas? ¡Qué románti…! —Misao no terminó de hablar, pues recordó algo—. Oye, Kao… ¿estás segura de que eran estrellas? Ayer no teníamos cielo despejado y fue la práctica de la aviación.

Kaoru la ignoró. –Después le expliqué cómo funcionaban algunos aparatos de la casa —titubeó-. Estaba tan entretenida mostrándole fotos de aquellos aparatos en mi tablet que no me di cuenta qué tan cerca lo tenía. De pronto sentí un aliento cálido y fresco sobre mi cuello….

La chef y la modelo gritaron de emoción, descolocando un poco a la narradora.

—¿Ahora viene la parte en la que ruedan por el césped de tu casa y se quita la ropa? —preguntó Misao con emoción en sus palabras.

—¡No!

—Menos mal, porque jamás en mi vida iría a ayudarte a emparejar el césped —se cruzó de brazos y le sonrió—, continúa, por favor.

—Volteé y mis labios quedaron tan cerca de los de él que… —Kaoru se llevó ambas manos a su rostro—. Pensé que me iba a besar, así que lo llamé y le dije: ¡Batty! ¿Es demasiado pronto, no crees? Ya saben, no lo quería incomodar.

—Espera, ¿se llama Batty? —El trio se echó a reír—. ¿Batty de Batman o de Bart o qué demonios? —se burló la joven de ojos verdes.

Batty de Battousai, estuvo a punto de responder Kaoru, pero las risas y miradas que cruzaban sus amigas le aseguraron que sería una burla segura.

—Le dije: No Batty, por favor. Él no contestó, así que pensé que insistía en cortejarme. Entonces cerré mis ojos y me acerqué a él. No quería hacerme de rogar, él ya me había insistido demasiado… —resopló tratando de sonar convincente. Nunca había sido muy buena para decir mentiras.

Tae frunció el ceño. —Pequeña, pero Batty ni siquiera habló…

—Como decía… —la ignoró—. Cerré mis ojitos y estuve a punto de besarlo cuando pronunció algo. Insegura de lo que había escuchado me alejé y me di cuenta de que se había quedado dormido en mi hombro —suspiró con tristeza—. Lo bueno fue que no estuvo despierto para ver lo frustrada que me encontraba. ¡Qué vergonzoso! Después recapacité y me sentí mejor. No era tan malo después de todo, pronto tendría otra oportunidad. Además, él se movió hasta mi hombro en busca de mi calor…

—Es cierto —concedieron las chicas, tratando de consolar a su jefa.

—Traté de moverlo un poco para que estuviera más cómodo y él pronunció una palabra entre sueños: Tomoe… —repitió tratando de imitar la ronca voz de Kenshin.

—¡¿Qué?! ¡Traidor, infiel, mentiroso! —gritó la modelo chocando un puño contra su palma abierta.

—¿Qué? Pero si todavía no son nada… —le recordó la mujer mayor.

—Sí, es verdad —continuó Kaoru—. Después de pronunciar ese nombre él dijo: Akira… Tomoe, perdónenme. Luego todo tuvo sentido para mí. ¡El libro de Sherlock Holmes que me regalo mi hermano tenía que tener alguna utilidad! Él fue el amante de Tomoe y Akira los encontró en plena acción —se cruzó los brazos y entrecerró la mirada—, y ahora se siente culpable y solo. Seguro Akira era su mejor amigo y dejó a Tomoe… por eso les pide perdón. ¡Tremendo cliché! —terminó de relatar sus suposiciones en voz alta, con un tono de voz indignado.

—Wow, Kaoru… necesito leer ese libro. —Tae construyó una sonrisa falsa ocultando sus dudas sobre aquellas deducciones de su joven socia.

Las tres tomaron algunos minutos para tomar agua y reanudaron su plática.

—Yo me enojé, como podrán imaginar no me gustan los traidores, así que quise despertarlo y mandarlo a dormir a su habitación, pero él se movió primero así que asumí que no habría necesidad de echarlo… pero lo único que hizo fue acomodarse más cerca de mí. Acurrucó su rostro en la cuenca de mi cuello y rodeó con ambos brazos mi cuerpo, atrayéndome hacia él. Entonces me dije a mí misma: ¡No, no, no! Te llamará Tomoe y lo levantarás a cachetadas. Esperé que eso sucediera pero él aspiró fuertemente en mi cuello y dijo: jazmines, Kaoru

II

El fuego alumbraba su rostro mientras algunas cenizas volaban por el aire. Sus flequillos carmines caían descuidadamente entre sus manos, pero él no se daba por entendido. Levantó la barbilla y la posó sobre sus rodillas una vez más pensando en lo que Megumi había dicho. Por más que le daba vueltas al asunto no encontraba una solución inmediata.

Según Megumi, Kaoru necesitaba ayuda porque algunas personas malas querían hacerle daño y necesitaba a alguien que le protegiera por un tiempo. Él, dudoso sobre lo que tenía que hacer, había tratado de indagar más en el asunto, pero la mujer le había asegurado que sería la misma Kaoru la que se lo contaría todo cuando confiara en él.

Entonces, le había prometido a Megumi no decir nada sobre eso. Tenía que acercarse a la joven con cuidado para no meter la pata y alejarla.

No pudo evitar pensar en Tomoe. No quería meterse en asuntos que no le correspondían, pero no podía cerrar los ojos y sumergirse en su propio dolor mientras una mujer buena sufría. Cerró sus ojos con fuerza. No quería desplazar el recuerdo de Tomoe ni olvidarla, pero tenía que enfocarse en Kaoru. Ella lo necesitaba y quizás a ella él sí podía ayudarla.

—Kaoru… —tomó aire y lo dejó salir lentamente. La admiraba, ya que después de todo lo que había sufrido continuaba en pie. Ella sabía darle la vuelta a la vida y mirarla cara a cara, sin lamentarse—. Eres un espíritu fuerte, mujer.

Ella sin duda era especial.

Su mirada ambarina había cobrado un brillo especial desde que Megumi se había ido de la casa… y la impotencia de no saber con exactitud cómo actuar con la chica lo abrumaba con fuerza.

Miró al cielo, tomó la comida y la colocó en uno de los platos de porcelana blanca que había tomado de la cocina.

—Ya es tarde… ¿dónde estás Kaoru? —exhaló pensativo. No había logrado despegar a la chica de su cabeza en toda la tarde, no después de haber despertado en sus brazos. Su aroma lo había mecido y reconfortado, le había dado serenidad a su alma después de aquellas pesadillas y le había permitido descansar después de todo ese tiempo angustiante.

Volvió al porche y se sentó de nuevo. —Llega pronto… —Le había prometido a Megumi ser un buen guardaespaldas, al menos durante el tiempo que estuviera ahí, pero ni siquiera sabía dónde estaba la chica en esos momentos. Con ella fuera de su vista no podía estar tranquilo.

—¡Ya llegué! —saludó Kaoru al cruzar el patio—. ¿Qué haces, Batty? Ya no hay sol como para que estés afuera de la casa, ¿me estabas esperando?

Un sonrojo pintó las mejillas de ambos. Kenshin se cruzó de brazos y se giró altanero. —¡Ya quisieras! Pero no, solo estaba mirando el atardecer —mintió—, y no me llamo Batty, te lo he repetido desde ayer.

—Disculpa —sonrió ella complaciente—, solo fue un pregunta —le extendió su mano—. Entremos a casa que hace un frío de locos. —El pelirrojo dudo en aceptar el gesto. Ella insistió—: He traído comida, te gustará. Traje guacamole con pollo a la plancha.

Aunque Kenshin no había entendido nada más que pollo, se levantó y tomó su mano para no ofenderla con un rechazo innecesario. Ambos se dirigieron hacia la cocina envueltos en un nervioso silencio.

Kenshin se ofreció a ayudar, no quería abusar de la hospitalidad de la chica. —Tú solo dime si hago algo mal, yo serviré la cena —dijo sacando los platos y algunos cubiertos de la vitrina—. Quiero que pruebes lo que he hecho de comer hoy, tal vez aprendas algo… —le comentó sin nada de tacto.

Ella abrió la boca incrédula ante su sinceridad,el gesto no pasó desapercibido por Kenshin, quien pronto notó su desacierto. Intentó arreglarlo hablando de más comida. —¿No te gusta el pescado? No cocino tan mal…

La pelinegra negó. —No, no me mal intérpretes. Lo que pasa es que no recuerdo haber comprado pescado, y menos uno de ese tamaño… —añadió sintiéndose tonta. Se puso de pie y se dirigió a la nevera—. Mira, este es el único pescado que tengo. —Sacó un pedazo de salmón envuelto y se lo mostró.

—¡Ah, es eso! Bueno, he salido a pescar… —comentó fanfarroneando sobre sus habilidades.

—¡Espera! ¿De pesca? ¿Dónde? —indagó asustada, presentía lo peor. Salió asustada de la casa y se dirigió al patio.

—Al pequeño lago de allá afuera —musitó un poco irritado. ¡Qué falta de consideración dejarlo con la comida en la mesa!

—¡Batty, ese no es un rio… es un estanque! —chilló la mujer mientras se dejaba caer a la orilla de la gran piscina.

—…Y tienes tiburones ahí dentro, sin contar que por allá tienes otro con peces normales —señaló al otro lado del patio.

—Separé los pescados pequeños de los grandes… —explicó ella señalando el mismo sitio que él—, algunos son muy agresivos. —Volvió su vista a los bagres grandes que se encontraban justo frente de ella—. Si no lo hacía de esa forma, los más violentos se comerían a los pasivos. ¿Pero sabes qué? No hay problema, tú no lo sabías y sé que tus intenciones fueron buenas. —Se paró y juntó sus manos, alzando una plegaria al cielo—. Que en paz descanses, Marta.

—¿Marta? ¡Espera, Kaoru! Maté a un pescado, no a una persona —gruñó al corregirla.

—Shhh, Kenshin… dile adiós a Marta. —El hombre seguía perplejo y confundido—. El bagre que marinaste… ella era Marta —le explicó sin reproche.

Sin más que discutir resopló exasperado, inclinó su cabeza y cerró los ojos. —Disculpa, Marta… no sabía. —le siguió la corriente.

Kaoru lo miró de reojo, sonrió y llamó su atención, tomándole de la mano.

—Espera —la detuvo Kenshin—. ¿Así que has separado a los peces más pequeños de los asesinos, huh?

—Sí, así es —confirmo ella, pero paró en seco al sentir la mano del pelirrojo liberarse de su agarre. ¿Acaso había dicho algo que no debía?

—Si los separas de los débiles es porque los rechazas. Nunca los aceptaras… —dijo duramente y se alejó inconscientemente de ella. Luego se dio una reprimenda mental, aquello había sonado como un reproche y no quería que aquella mujer pensara que era necesaria su aprobación.

—No, Kenshin… no es lo que tú crees —lo miró sosegadamente—. Mi madre fabricó un solo estanque para todos porque amaba los peces de colores —se llevó ambas manos al pecho—. Cuando ella murió y me quedé sola con mi hermano y con mi padre todo cambio. Mi hermano decidió irse a estudiar lejos y mi padre enterrarse en su oficina. Yo estudiaba y me hice cargo de los pecezuelos de mi madre. Ellos eran lo único que tenía para conmemorarla, ya que mi padre quemó todo lo que le recordaba a ella, le dolía su recuerdo.

Él levanto el rostro al notar el quebranto en su voz. No sabía si sentir pena por la chica de los peces o por haber matado a su mejor amiga Marta. Arrugó la nariz ante la ráfaga de culpabilidad que le vino después.

—Una vez los pescados más grandes atacaron a los más pequeños y acabaron con ellos. Mi padre, enfurecido, quiso arrojar un químico en el estanque y matar a todos los peces grandes. Le di la idea de hacer un estanque más grande y transferirlos ahí. No le importo, así que me organicé y lo hice.

Kenshin la escuchó en silencio. Ella prosiguió. —Mi punto, y lo único que quiero que entiendas es que mi intención nunca fue marginarlos. Aunque ellos no pudieran vivir en una sola comunidad teníamos que aceptar su naturaleza, al menos yo lo hice. No soy quien para señalar a nadie, todos merecemos una segunda oportunidad, ya sea por ignorancia o un arrepentimiento genuino.

El joven de dieciocho años levantó el rostro arrepentido por haberla cuestionado. Su corazón latió desenfrenadamente mientras la escuchaba —Per…

—En otras palabras, les di una segunda oportunidad para vivir —lo interrumpió y alejándose de su lado le dijo—: Al parecer, tú también necesitas encontrar tu respuesta.

El chico sonrió al reconocer en sus palabras el mismo mensaje que él le había dado hacía unos días.

—¡Medio sonreíste, ves! Pensé que nunca lo harías, estaba a punto de descargar un libro llamado: "Cómo hacer sonreír a alguien del pasado para tontos" —ambos se miraron y rieron.

Aunque Kenshin no entendió el chiste, valoró de sobremanera la intención de hacerlo reír. Paró de golpe su risa y aclaró su voz al descubrirse fuera de su personalidad.

—No me conoces….

—Ni tú a mí.

—Soy muy complejo Kaoru, probablemente te haré daño. Tengo que regresar de alguna forma a mi época.

—Eras Battousai Himura, el imperialista de la era Tokugawa, no me esperaba menos de ti. —Ella trabajó su respuesta con cuidado, ignorando el hecho de que él quería abandonarla. Tendría que volver a estudiar sobre el asesino cuya identidad seguía debatiéndose.

Kenshin se acercó admirado hacia ella. —¿Cómo has dicho?

—Sé quién eres y que no será fácil. También sé que no hablabas exactamente de Marta y su pandilla hace unos momentos. Hablabas de ti, me preguntabas sobre ti y mis respuestas fueron sinceras.

—Entonces… —preguntó incómodo.

—Sí, seas Battousai Himura o Kenshin Himura, te acepto. Acepto lo que eres y lo que fuiste, ahora depende de ti convertir tu vida en una digna de ser vivida.

Después de esas palabras un profundo silencio se tomó la conversación. Las estrellas comenzaron a brillar en el cielo y la brisa comenzó a soplar con más fuerza. El labio inferior de la chica tembló ligeramente ante su próxima respuesta. Temía haber ido muy lejos, no hacía mucho se conocían.

—No te vayas…

La mirada ambarina y destellante de Kenshin se perdió en el mar azul de los ojos de la chica. La luna alumbraba su cuerpo y su rostro tenuemente, y su cabello azulado enmarcaba su fino rostro con piel de porcelana. Había algo curioso en ella y le sorprendía haberse dado cuenta hasta ese momento. Cuando ella sonreía parecía que todo a su alrededor reía con ella. Sintió una punzada en su pecho, ¿envidia, miedo o satisfacción?

Miró cansado hacia las estrellas y reconoció el mismo cielo del Bakumatsu.

Regresar a su época…

Refunfuñó cuando le dio alcance a la joven y entró a la casa tras ella. —Estás loca por hablar con pescados —le dijo con sorna. Ella alzó la vista y le sonrió, sabía que no lo decía para herirla.

—Te vi pidiéndole perdón a mi amiga Marta, que además estaba muerta —se burló, objetando su comentario.

Ya no estaba tan seguro de querer regresar.

Los ojos zafiro de la chica se volvieron risueños, al igual que su rostro joven y fresco. —¿Kenshin? –llamó su atención al notarlo ensimismado en sus asuntos.

No me iré…

CONTINUARÁ…

Notas de autora: