BAJO LAS ESTRELLAS—

Por Zury Himura


Disclaimer: los personajes no son míos, en cambio la historia lo es.

Gracias a todos por esperar esta actualización y por amar este fic. Espero sus comentarios y lectura.


Capitulo 5

I

Kenshin estaba sentado, bebiendo una taza de té helado mientras observaba los extravagantes y modernos diseños en la boutique. No le agradaba la idea de haber acompañado a Kaoru a una cita de negocios, donde la mayoría de las chicas corrían semidesnudas de un lado a otro vistiéndose frente a él. Por eso, había preferido salir del salón de pruebas y esperar pacientemente en la recepción.

Kaoru no había hablado con él en toda la mañana; solo había mencionado un viaje hacia el bosque, una cena y la visita a la boutique para recoger algunos papeles. Después de aquellas escasas palabras todo se había reducido a un silencio preocupante, al menos para él ya que no sabía que pasaba dentro la peligrosa mente de aquella mujer. No tenía idea a dónde irían, qué harían y qué pasaría con él. Sólo tenía algo claro: proteger a la chica, esa era su misión. Pues desde que había despertado aquella mañana, una sensación de angustia y pesadumbre había inundado su corazón y sin poder explicarlo había estado muy atento a sus alrededores.

Miró cada detalle del local e ignorando a las recepcionistas que lo examinaban con sumo interés, caminó hacia al baño. Las mujeres comenzaban a ponerle nervioso. Él parecía ser el centro de una atracción turística o de un evento público. Incluso, las supuestas modelos salían de vez en cuando, regalándole sonrisas sugestivas y misteriosas que él rechazaba al ladear su rostro. Estaba preocupado, ¿qué pensaría Kaoru al darse cuenta que llamaba la atención de esa forma?

Se dispuso a lavarse y secarse las manos, pero había algo que no entendía. En la casa de Kaoru solían usar toallitas suaves y con textura para evaporar la humedad de las manos pero ahí, en ese baño demoniaco, había solo máquinas y botones que alumbraban diferentes colores. Luego de enjuagarse, miró su hakama y resopló inseguro. No hay de otra, pensó y se secó con sus ropas.

—Buenos días —Una voz masculina interrumpió sus pensamientos—. Necesito que desocupe el baño, debo hacer el aseo, señorita.

—¿Señorita? —contestó Kenshin indignado y profundizando el tono de su voz por si al señor de la limpieza le quedaba alguna duda sobre su género.

—Emm… —tartamudeó el conserje dando algunos pasos hacia atrás cuando Kenshin lo amenazó cortando la distancia—. Este es el baño de las mujeres, señor.

El encargado del aseo dejó salir un respiro de alivio cuando el pelirrojo se dio la vuelta, y, ruborizado se marchó sin decir una palabra más—. De todas formas, no tengo la culpa de las preferencias de los que trabajan aquí —pensó el conserje, justificando su indiscreción al notar su apariencia delicada.

Era una vergüenza, Kenshin Himura, mejor conocido como Battousai Himura, el más temible hitokiri durante el Bakamatsu… ¡Estaba siendo confundido como una mujer en una época moderna! No, ni siquiera era una mirada de terror la que le había lanzado al de limpieza, sino era una de horror e indignación. ¿Dónde había quedado su imagen? Aquello ya no le gustaba, para ser respetado tenía que mantener los rumores de su rudeza volando y su figura intacta, al menos si quería permanecer a lado de Kaoru y protegerla sin ser una burla.

Kenshin salió del baño a alta velocidad, confirmando afuera que efectivamente los letreros se diferenciaban por un corto kimono, como los que usaba Kaoru en esa época. ¿Eso era lo que significaban? ¿Qué habría pasado si al entrar hubiera encontrado a alguien? ¿Kaoru pensaría que él era un pervertido?

—¿Batty?

Se tensó, esa no era la voz de Kaoru llamándole de forma cariñosa…. ¿Quién diablos insistía con el sobrenombre? Giró enfadado, tenía que corregir a todos los que le conocían de esa forma, sabía que el maldito apodo no le ayudaría a despejar las dudas de su hombría, tenía que tomar cartas en el asunto con rapidez.

De esa forma, dirigió su atención a la recién llegada, ofreciéndole una de sus peores miradas asesinas, una que amedrentaba hasta el más valiente del Shinshengumi en su tiempo. Pero entonces su intención perdió sentido al ver el perfil de una mujer de ojos rasgados, cabello oscuro y piel blanca y delicada. Un rostro fino que denotaba elegancia y sin expresión. Era ella, estaba entrando al mismo local de Kaoru. Tal como la recordaba. …

—Tomoe…—susurró Kenshin, ignorando a la modelo a sus espaldas que lo había saludado.

—No, yo soy Misao, amiga de Kaoru —dijo la pequeña voz al tratar de llamar su atención de nueva cuenta.

Kaoru…

Kenshin volteó hacia la delgada figura casi como si se tratara de un hechizo poderoso. Así, alternó su atención entre ella y una entrada que ya se encontraba vacía. No era la primera vez que veía sus fantasmas interactuando con él. Había pensado que las alucinaciones habían parado después de llegar a la época de Kaoru pero en esos instantes sabía que se había equivocado. Aunque había algo raro en esa aparición, Tomoe se veía diferente, lucia su cabello corto hasta el hombro y vestía casi como Kaoru. Era casi como si estuviera viendo a una Tomoe de la época moderna.

—¿Quién eres? —inquirió el pelirrojo decidiendo ignorar sus pensamientos.

—Soy Misao. Ya sabes, la sexy amiga que seguramente Kaoru te presentaría muy pronto —añadió ella con una gran sonrisa en el rostro. Megumi le había dicho que el chico era atractivo pero nunca le había dicho que terminaría babeando de la misma manera que ella.

—Ah, Kaoru ni siquiera habla de ti —respondió Kenshin regresando a su compostura fría de siempre. Y es que era verdad, Kaoru no le había hablado de ella pero porque… no le hablaba a él.

La modelo frunció el ceño—. No importa, pero lo que me da curiosidad es… —La chica encerró su barbilla entre su dedo índice y el pulgar, pensativa—. ¿Por qué salías del baño de las mujeres?

El interrogado se aclaró la garganta, no estaba listo para ese interrogatorio—. No es tu asunto —se defendió, ladeando su rostro con superioridad y caminando hacia el cuarto donde estaba Kaoru.

—¡No me digas que estabas ahí, con Kaoru! —El grito animoso de la joven se escuchó por todo el local—. ¡Pillines! Lo sabía, Kaoru no perdió su tiempo después de decirme esta mañana que pensaba que se estaba enamorando de ti.

¡¿Qué?! Esa mujer, ¿Qué había dicho? Sin restricciones el acusado la tomó con fuerza.—¿De qué hablas?

—Que al fin Kaoru está empezando a revivir y, —Misao comenzó a desprender cada uno de los dedos que encerraban su brazo—, me alegro que sea con alguien que se preocupe por ella. No como ese tarado de cabello de abuelito.

Kenshin se quedó en silencio sin saber que decir o hacer mientras que la chica sacaba una botella de agua y lo miraba sospechosa. La verdad era que algo en su interior se había conmovido al escucharla confesar aquello tan íntimo de la pelinegra. Pero, no sabía si había sido la sorpresa de saber que alguien podía aceptarle como era o que ese alguien había sido exactamente Kaoru.

—Batty, tienes que cuidarla, ella te quiere. Si no lo haces te atacaré mientras duermas, te jalaré los pies y te tiraré en el barranco más cercano que encuentre.

—No… —pronunció Kenshin sin lograr digerir lo que Kaoru sentía por él.

—Ya, confió en ti. No tienes por qué prometerme nada, —lo interrumpió la joven de ojos verdes y ladeando la cabeza sonrió amenazante—. No hace falta decirte que mi hermana es médico y se sabe una serie de brujerías para mandarte al baño el resto de tu vida —Misao dio media vuelta y caminó pasiva—. Amor y paz, Batty. Nos vemos en la cena.

Kenshin, quien por su parte había ignorado todo a partir del muy famoso «Batty» se dejó caer en el sillón donde había estado sentado con anterioridad. Kaoru no podía quererlo, no era verdad, seguramente todo había sido un mal entendido justo como lo había visto un día antes en la obra que habían llamado telenovela en la caja negra de Kaoru.

Tienes que cuidarla, ella te quiere…

Se quedó estático, esperando a que el piso se abriera y se lo tragara antes de volverle a ver la cara a Kaoru. Pero no fue así, así que esperó y esperó hasta que el tiempo y las largas horas pasaran.

II

—Ya llegue… —Misao fue silenciada en breve cuando el rostro de su amiga de coleta alta apareció en su rango de visión—. ¿Kaoru… qué… qué estás haciendo tú… aquí…? —tartamudeó nerviosa al saber las horribles consecuencias que sus accione tendrían desde ese punto.

La diseñadora alzó la vista, curiosa al escuchar el balbuceo en los labios de su amiga menor.

—¿Estás bien? —Kaoru dejo de empacar lo último del maquillaje y se acercó al pálido rostro de su amiga.

—Sí… sí. Emm, ¿y Batty? —inquirió Misao, fingiendo ignorancia y para ocultar el error que sospechaba había cometido.

—Está allá fuera, esperándome. No he querido darle la cara, sabes… —agregó la dueña del local acortando la distancia entre ellas y para no ser escuchadas—… me siento un poco insegura, no quiero que mis sentimientos crezcan más por él, no al menos al ritmo en que lo están haciendo. Así que lo he evitado desde que me di cuenta. Sé que lo que siento por él no es más que solo un gusto superficial y no quiero que las cosas se compliquen más, además no quiero que él lo descifré y se sienta obligado a corresponderme.

—¡Mierda! —musitó Misao al darse cuenta de lo que había hecho.

—¿Qué pasa? —Kaoru, quien estaba a punto de tomar las valijas y seguir a las modelos que ya estaban desfilando hacia afuera, regresó al escuchar maldecir a su amiga.

—Na… nada. Solo que me he dado cuenta que mi compañera de sesión no está en la habitación —mintió la delgada chica, con aparente nerviosismo—. Te dije que no me pusieras con ella, somos dos polos totalmente opuestos.

La reprendida sonrió y con unas palmaditas en la espalda de la modelo, trató de animarla.—Son los mejores rostros en la agencia, no seas egoísta —le reprendió la diseñadora, divirtiéndose con la expresión facial de la más joven antes de salir del salón de pruebas.

Misao se quedó congelada en su lugar. Si Batty hablaba con Kaoru sobre lo que había dicho, seguramente no solo estaría esperando compensación de desempleo en la fila de su colonia a las cinco de la mañana junto con Poochi, su perro. Sino que la amistad de su jefa la tendría que dar por perdida. Solo esperaba disculparse durante la cena y arreglar lo que había hecho.

—Vaya hasta que apareces, —saludó Misao a la otra modelo sin mirarla a la cara—. Por un pelo y te dejábamos lavando los baños.

La mujer estaba apurada recogiendo sus cosas e ignoró a propósito a la que le llamaba la atención.

Aquello no pasó desapercibido por Misao, quien resoplo audiblemente y salió dejando dentro de aquel cuarto todas sus frustraciones para enfocarse en las amenazas que le haría al chico de coleta pelirroja.

III

El cielo se veía más claro desde ese punto de altitud en aquella montaña rodeada de árboles y vegetación. Le recordaba a las partes desiertas en su viejo Kyoto, por donde solía caminar cruzando los bosques y sus ríos en busca de un hogar. Pero sobretodo le recordaba la tranquilidad que había logrado entablar con Tomoe en aquella choza Ishinshishi. El lugar era similar, excepto que a pesar de sentirse tranquilo y feliz de ausentarse de la tecnología y no tener que aprender nada por algunos días no lograba olvidar las palabras de la joven hiperactiva que había conocido horas antes.

—¿Batty, te gusta?

Kenshin se giró lentamente hacia el horizonte, evitando demostrar el gusto por la sonrisa de aquellos labios rosados de la dueña de ojos azules.

—¿Es un lindo lugar no crees? —insistió ella.

Kenshin asintió en silencio. Tenía que alejarse de Kaoru para no relacionarse con ella en ningún sentido más que el de empleado. Además entre más pronto le explicara que solo podía estar con ella de forma labora sería mejor.

—Disculpa que no hemos podido hablar muy bien en todo el día, pero como veras tenía que arreglar este proyecto —mintió la pelinegra. Obviamente no le diría que había estado celosa durante la noche y en pleno punto de la madrugada la realización de lo que sentía por él la había golpeado tan fuerte que no sabía cómo actuar frente a él. Kenshin le gustaba pero no quería arruinar todo con sentimientos que seguramente no serían correspondidos.

—No te preocupes, lo entiendo.

—Gracias. Por ahora, terminé de hacer mi trabajo así que pensé que sería genial pasar algunos días por acá en lo que superviso —sonrió ella ligeramente y se sentó junto al chico en el porche de la cabaña que había rentado para ellos.

El que estudiaba el paisaje que la luna alumbraba, observó a la mujer de reojo por unos instantes antes de ponerse de pie.

—Soy tu guardaespaldas. Te cuidaré y haré todo lo que me digas —añadió él, cruzándose de brazos y escondiendo su mirada insegura tras sus flequillos escarlata.

—Pero Ken, no quise decirlo de esa manera —se sonrojó la de vestido amarillo avergonzada. No había esperado esa extraña reacción del pelirrojo, normalmente era más amable y amigable con ella—. Sé que debí preguntarte y me disculpo, siento como si te hubiera traído obligado.

—Así lo has hecho —respondió él sintiendo un nudo en el estómago al decirlo y buscar dicha excusa tonta para pelear. Tenía que poner distancia con Kaoru. La muerte de Tomoe era recién y él había sido demasiado permisivo con ella, no había impuesto distancia y como consecuencia tenía un cariño mal correspondido.

—Disculpa, no quiero arruinar nuestra relación —dijo Kaoru muy arrepentida. No quería que Kenshin se sintiera gobernado o maltratado. Quería verlo tranquilo y gustoso de compartir tiempo con ella. Justo como los días anteriores.

—¿Nuestra relación? —pronunció Kenshin con escepticismo. Agachó su cabeza sintiéndose mal de lo que haría.

Los ojos de Kaoru se dirigieron enseguida hacia su rostro con expectación. Algo le decía que lo que le seguía no le sentaría nada bien.

—No existe ninguna entre nosotros. No somos compañeros ni amigos, solo conocidos. En realidad nunca podría pensar siquiera en tener una relación contigo de cualquier otra forma —terminó de decir el pelirrojo sin evadir su mirada y sin cambiar un solo aspecto de su duro e implacable rostro. No podía considerar tener una relación con otra mujer, no con el recuerdo de Tomoe rodeándole. No quería herirla en un futuro, tenía que cortar esos sentimientos desde ese momento.

Los ojos de Kaoru se cristalizaron, había tenido altas expectativas con aquel hombre, y no románticas, sino que había pensado que el sería diferente. Que por fin tendría un amigo el cual no la rechazaría… el cual la aceptaría a pesar de sus deficiencias e impedimentos.

Después de lo que te he hecho… nadie te querrá, Kaoru. Eres una mujer incompleta y todos estarán repugnados con tan solo verte. Después de lo que te hice… me aseguré que solo serás mía…

Kaoru dejo de apretar sus ojos y los abrió. Asintió con pesar y se puso de pie—. No te preocupes, Batty —concedió con una sonrisa—. Entiendo muy bien tu postura —dijo Kaoru dando la vuelta y comenzando a caminar hacia el bosque. Y, casi como si tuviera un lugar a donde ir con prisa, desapareció entre los pinos del lugar.

Kenshin estiró su mano y luego de que la briza de la tarde refrescara su rostro, la dejó caer. Quería detenerla, platicarle lo que había pasado en el baño y escucharla reír con la loca tarde que había tenido. También le contaría sobre su paseo en el elevador de la agencia; ese cuarto de metal le había sacado hasta el demonio una vez se había dejado caer. Quería decirle que había sentido que la tierra se lo tragaba y había estado a punto de saltar del susto y agarrar al chico de cabello puntiagudo de alado. Le había querido contar sobre sus descubrimientos ese día, decirle algo como: espera, ¿seguimos siendo amigos, cierto? ¿Me seguirás nombrando las estrellas, verdad? Pero entonces ese momento de remordimiento le había golpeado y le había recordado las idioteces que le había dicho.

Tú y yo no somos nada...

¡Y por Dios, que quería retractarse en ese momento de sus palabras! Pero la verdad era que no podía. Sabía muy dentro de él que lo que había hecho era y sería lo mejor, aunque en ese momento sus adentros no paraban de atormentarle.

Sus ojos ámbar se arrastraron con pesar, desde la dirección en que la había visto correr hasta la cabaña donde se hospedarían. Arrastrando sus pies y maldiciéndose, llegó hasta el porche donde paró al ver una figura sentada justo al otro extremo del lugar.

—Me han dicho que eres el guardaespaldas de Kaoru... —pronunció el individuo con un tono divertido mientras que con su mano derecha acomodaba sus pequeños anteojos al caminar—. Quiero decirte que esa chica te buscará muchos problemas, me los buscó a mí y ahora me culpa por lo que le ha pasado.

Kenshin desvió su mirada de la puerta y la posó en el joven alto que vestía completamente de negro; la capucha de su gabardina cubría su cabeza, dejándole solo contemplar algunos rasgos en él. Qué parecido y familiar eran sus ojos... Seguro que… no, debía enfocarse en lo que él hablaba sobre la chica. Su presentimiento e instinto asesino se había disparado una vez el chico se había acercado.

—¿Por qué lo dices? —inquirió el pelirrojo secamente, guardando nuevamente la llave que había sacado para abrir la puerta.

—Porque la perra jugó conmigo y ahora está tratando de convencer a todos que el culpable de lo que le pasó soy yo… —dijo el hombre con desdén antes de dar media vuelta, ondear su mano como despedida al no recibir respuesta y echarse a caminar.

El ex Ishinshishi empuñó sus manos como si tratara de desboronar algo entre ellas, corrió por el porche hacia las escaleras, se impulsó en el último escalón y de un ágil salto se posicionó delante del misterioso invitado. Furioso, colocó una mano frente al otro hombre, impidiéndole el paso mientras que su mirada de fuego lo consumía y le exponía su peligrosa naturaleza.

—Nunca vuelvas a llamar a Kaoru de esa forma —le advirtió el de cabellera flameante con ira. Lo miró de perfil con frialdad, intimidando a la figura delgada y haciéndolo cambiar sus férreas facciones a unas de arrepentimiento—. No me importa lo que pasó entre ustedes. Si ella hizo algo es porque seguramente te lo buscaste… Así que ten cuidado con la forma en la que te diriges hacia ella delante de mí.

El hombre de los anteojos dio un paso atrás. Nunca nadie en su vida lo había amenazado de esa forma, y, aunque sabía que seguramente ese joven ladraba más de lo que mordía, quiso prevenir algo lamentable poniendo más distancia entre ellos.

—¡No sabes con quién estás hablando! Soy hijo del capitán de la policía por si no sabías, —le gritó el de negro, frunciendo el ceño al darse cuenta con la persona con la que hablaba. Sí… era él… era… ¡Un cortito, que además de su corta estatura parecía mujer! Respiró profundo y tranquilizó su agitado corazón. Por un momento se había dejado llevar con la mirada intimidante de un mocoso que seguramente apenas alcanzaba al escusado. Con más valentía, dio un paso al frente, alejando su mano con un manotazo—. Estaré por aquí… guardaespaldas… así que cuídate —ironizó mientras reía y se echaba a caminar.

—Cuídatelas tú, estúpido… —Battousai le miró alejarse, y una vez el chico había desaparecido sacó las llaves de la cabaña. Estaba por abrir la puerta cuando recordó algo importante: aquel hombre se había ido hacia la derecha y había desaparecido entre la vegetación de bosque…

¡Hacia la derecha!

¡Justo en la misma dirección por donde había caminado Kaoru!

Sin pensarlo dos veces, tomó una de las linternas que colgaban del porche y salió corriendo. Ese presentimiento, había tenido que ver con ese hombre, y por su forma de hablar era obvio el resentimiento que sentía en contra de Kaoru. Un odio tan fuerte que, estaba seguro, podría alcanzarla y arruinarle la vida.

IV

Kaoru secó sus más recientes lágrimas. Ella se sentía simplemente inconforme consigo misma, nunca podría volver a ser una mujer como cualquier otra ni mucho menos una amada. Por otra parte... ella se había prometido hacer lo mejor para olvidar lo sucedido, salir adelante y ser feliz con sus seres queridos. Así que lo mejor era caminar hacia adelante para después correr hacia la vida.

Sus blancas manos desdoblaron los pliegues de su vestido amarillo y miró hacia el pequeño ojo de agua frente a ella. Se puso de pie y alzó su barbilla con dignidad, había luchado tanto animándose y restaurando su moral… claro que no dejaría que todo su trabajo se fuera a la basura por un hombre. Abrió sus ojos expectantes al escuchar ramas quebrándose a su espalda.

—Maldición, lo sabía… —susurró ella, cerrando sus ojos con nerviosismo y esperando que alguna luz extraña la succionara hacia el cielo—. Dicen que los encuentros con los extraterrestres ocurren cerca de los ríos y lagos en medio de los bosques… —se repitió maldiciéndose una y otra vez por haber elegido ese lugar para descansar y ahogar sus penas. Y, aunque era un pequeño ojo de agua, para ella aquello entraba en la categoría de grandes lagos... O al menos chapoteaderos decentes.

Tras no experimentar nada fuera de lo normal, abrió un ojo y giró lentamente su cabeza. Los ruidos se escuchaban más cerca y una figura se distinguía entre las sombras de los frondosos pinos. Llevó su mano hacia su estómago tras sentir una punzada bajando desde su corazón hacia su vientre. Sus piernas temblaban impacientes y sus ojos se cristianizaron nuevamente al reconocer ese miedo latente que se iba apoderando de su cuerpo.

—¿Kenshin? —inquirió a la sombra que seguía emergiendo de entre los arboles con dificultad—… ¿Kenshin? Por favor… —Llevó sus manos temblorosas hacia su rostro pues presentía lo peor; su corazón se quebraba en mil pedazos con la idea de que aquel individuo era ni más ni menos que su peor pesadilla. Su ser se atemorizaba justamente como lo había hecho en su presencia.

Él era el único que podía dar con ella en aquel lugar secreto, después de todo ambos conocían muy bien ese bosque y sabían la locación de ese mismo ojo de agua.
Sus labios comenzaron a temblar descontroladamente y sus lágrimas comenzaron a rodar sobre sus mejillas sin piedad—. Kenshin... Por favor… Dime que eres tú... ¡Por favor! —se doblegó al sentir la falta de aire en su pecho. Sus piernas se doblaron y la dejaron caer sin misericordia contra el piso—. Por favor, Kenshin… dime que eres tú… dime que eres tú... ¡Dímelo por favor... por favor te lo ruego! —gritó con desesperación y se postró en el piso al escuchar las pisadas frente a ella.

—Shhh, —dijo la otra voz.

No quería ver el rostro de Enishi frente a ella, no quería ver a su verdugo, quien seguramente vendría a burlarse de su estado y acabaría con lo que no había podido hace tiempo. Ladeó su cabeza titubeante, nadie tenía el poder para deshacer su fortaleza más que él y no por consideración o aprecio... sino por temor y miedo. Temerosa, colocó su frente contra el piso y flexionó sus brazos cubriendo su nuca—. Por favor Kenshin, dime que eres tú, por favor… por favor… —rogó.

Kenshin…

Sí, Kenshin la esperaba… y aunque él no quisiera ningún tipo de relación con ella, él la necesitaba. Necesitaba el afecto y apreciación de alguien que no esperaba nada a cambio. Y es que así era su cariño hacia él: incondicional y verdadero. Y hasta ese momento se daba cuanta que se había equivocado al huir. Lo había entendido, ella, su amor y cariño eran incondicionales y no eran de esos que impondría su voluntad y deseos sobre él a través de una pataleta y un acto egocéntrico al hacerla «su situación, su sufrimiento y su dolor»

Decidida y con fuerzas renovadas, se apoyó sobre sus brazos y trató de pararse. En el pasado, ella no habría luchado, ni se habría enfrentado a Yukishiro aunque tuviera la oportunidad… ella se hubiera dejado caer justamente como lo había hecho con anterioridad. Pero no ahora, ella tenía un Batty que la necesitaba, ella tenía a alguien, que sin su ayuda no encontraría su respuesta con su ausencia.

Desesperada, miró hacia sus piernas, no podía moverlas, ¡¿qué había pasado?! Su mente estaba decidida, pero su cuerpo… ¡No respondía! Se arrastró hacia enfrente y cogió una piedra. Sí, atacaría a Enishi con piedras y lo descalabraría si era necesario. De todas formas, así era como los ancestros se habían defendido en el pasado y ganado varias contiendas, ¿no? Y por lo que veía en la televisión, ¡funcionaba hasta contra los policías! Claro, tenía que ser optimista, tenía un arma a su favor.

—¡No me rendiré, tú, bastardo... tú, Eni…! —gritó ella con coraje, y levantó su rostro desafiante al ver una fina mano posarse sobre la suya, la cual sostenía la roca. ¡Su roca! ¡La quería desarmar!

Alzó su barbilla con desdén y fue ahí cuando su mirada tormentosa se calmó al ver aquellos ojos dorados con destellos lavanda que la miraban con tranquilidad.

—Te encontré… —sonrió Kenshin, acariciando con suavidad la tersa y aún mojada piel de su mejilla.

—Batty… digo… Ken… Kenshin —murmulló Kaoru, echándose a llorar nuevamente. Su corazón por fin podía descansar en él, podía sentirse segura aferrándose a su esperanza y ponerse de pie—. ¡Gracias por ser tú, gracias por ser tú, Kenshin!

Kenshin la sostuvo por debajo de sus brazos y la haló hacia él, y sosteniéndola con fuerza contra su cuerpo, acarició con devoción su larga cabellera azabache. La rodeó con su brazo aferrándolo a su fina figura, tenía la necesidad de escucharla decir que todo estaba bien, que ella estaba bien.

—Perdóname, Kaoru… —susurró él con la voz entrecortada—. Te estaba buscando, quería llegar hacia ti y mantenerte a salvo. Mi linterna se extravió y debo decirte que el bosque me trae malos recuerdos. Me fue difícil salir de ahí y llegar hacia ti. Y cuando escuché tu voz… te encontré tirada en el piso, ahí comprendí, te vi… vi tus verdaderos temores e inseguridades —Kenshin la abrazó con fuerza, casi con miedo a que su abrazo no fuera suficiente para expresarle cuanto le importaba.

—Perdóname tú a mí, no debí dejarte. No debí huir, no quiero que correspondas nada… mi cariño y afecto son incondicionales, no importa quien seas…

—No digas más —musitó él ayudándola a ponerse de pie—. Desde hoy te protegeré no porque sea mi obligación o un trabajo… sino porque así lo quiero. Yo lucharé contra tus debilidades y prejuicios, de esa forma jamás volverás a sentirte como lo hiciste hoy —señaló—. Yo seré tus piernas, seré tus ojos, tus manos y tus brazos... Seré todo lo que quieres que sea… porque así lo deseo. No quiero que te pierdas en la oscuridad… quiero ser tu amigo.

No quiero…

—¡Lo mismo digo! —confesó la pelinegra poniéndose de pie antes de corresponder fuertemente el abrazo.

Perderte…

V

—¿Cómo me veo, Batty? —preguntó Kaoru, dando una vuelta completa para mostrarle su corto vestido negro que lucía esa noche.

—¿No crees que es muy corto? —evidenció el pelirrojo frunciendo el ceño—. Además puedo verte casi completa —se bofó con una sonrisa malvada al verla sonrojarse con furor.

—¡Batty, por favor! Deja me cambio —dijo la mujer nerviosa mientras buscaba entre sus ropas nuevamente.

Kenshin sonrío de medio lado—. Solo bromeo, Kao. Además, toda tu ropa es así… lo único que cambiaría sería el color. No tienes un buen gusto al escoger prendas —rio mientras acomodaba su camisa.

—¡Oye! … oye… ¿no sabes cómo usar esa corbata? —Kaoru se soltó a carcajadas al ver el moño que Kenshin había logrado hacer con su corbata—. Mira, esta pieza va aquí, la otra por acá y esta acá abajo. Después jalas esta y ¡ta tan! Ya está, hombre cavernícola —terminó riendo al darle una palmadita a las mejillas ruborizadas de espadachín—. Ishinshishi con mal gusto.

—Ha, tu respuesta al insulto no queda, yo tengo pretextos para no saber lo que hago. Tú… por el otro lado… —dijo él al guiñarle el ojo y abrir la puerta.

—Mira, Batty… Que ya me contaron el abrazo que casi le dabas a Sano, mi asistente personal, en el del ascensor…

Kenshin caminó tras ella por el camino de madera que llevaba hacia donde sería la cena junto a los empleados de la agencia—. Prefiero no profundizar en el tema.

—Sí, claro… —dijo Kaoru divertida al darle unas cuantas palmadillas en el brazo y halarlo de su camisa hacia ella—. Es mejor sin esto… —confesó ella deshaciendo lentamente el nudo de su corbata, sin dejarle de mirarle a los ojos.

Kenshin dejó de respirar al sentir la respiración cálida de la chica chocando contra sus labios. La tenía cerca, muy cerca… deshaciendo el nudo de su corbata de una forma inocentemente seductora. Quería correr y alejarse de su cercanía pero no pudo, en su lugar, se quedó ahí contemplando sus sonrojadas mejillas bañadas por la luz de la luna mientras que sus ojos zafiros se exponían y escondían una y otra vez bajo la cascada de sus largas pestañas oscuras.

Sentía la necesidad de acariciar su tersa piel, recoger los mechones de aquellas hebras negras azuladas que cubrían su rostro y observarlo con detalle. Quería sostenerla de la cintura, atraerla hacia él y colocar un beso sobre su frente como muestra de cariño. Quería hacer todo eso y más al sentir sus delgados y finas manos juguetear sobre su pecho… pero no podía. Así que solo se limitó a suspirar y esperar a que la chica desabotonara su camisa.

—Así tendrás muchas admiradoras esta noche —le animó Kaoru, sacudiendo basurillas imaginarias de su saco—. Vamos.

Kenshin le agradeció y siguió caminando. ¿Acaso no se había dado cuenta de lo que hacia? ¿De lo que eso significaba para él? ¿Acaso él lo había malinterpretado? Dejando todas sus dudas a lado y una vez subieron las escaleras de la locación, pasó una mano sobre su flequillo, secando las pequeñas gotas de sudor que Kaoru le había generado al tocarlo.

Llegaron a la puerta de cristal de la casa del bosque. La mansión era enorme, sus acabados eran de madera y de cristal. Sin duda aquella residencia era la más hermosa que él jamás había visto. Su reparación se cortó de repente al sentir el cuerpo a lado suyo colapsar en el suelo. Conmocionado se giró asistiéndola con rapidez. Ahí estaba Kaoru, con las rodillas flexionadas y con la mirada perdida. Podía ver muy bien sus labios estremecerse incontrolablemente. Sin saber más que hacer, se agachó preocupado y tratando de obtener alguna explicación de parte de ella, pero en lugar de eso solo la observo apuntar con una mano temblorosa hacia la recepción.

Él se giró rápidamente, enfocando su angustiosa mirada dorada en un chico delgado y de cabello plateado, que danzaba con una de las empleadas de Kaoru en la pista de baile. Kenshin ladeó su rostro, devolviendo su atención hacia la joven quien convulsionaba con nerviosismo y temor ante esa imagen.

—El chico de las gafas… ¿eh? —resolvió Kenshin antes de cogerla de la mano y animarla a levantarse.

—Kenshin… mis piernas no reaccionan…

—Lo sé, bonita —Kenshin ocultó su mirada llena de ira tras sus flequillos y la tomó de la cintura para levantarla. Una vez ella estuvo de pie, Kenshin la cogió de la mano y le regaló la mejor de sus sonrisas—. Tienes que entrar ahí.

—Pero, Kenshin —debatió ella suplicante. Tenía miedo.

Kenshin entrelazó sus dedos con los de ella dándole seguridad y volvió a sonreír—. Kaoru… tu puedes yo estoy contigo.

Continuará…


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