—Bajo las Estrellas—
Por Zury Himura
Corrección por Sele
Disclaimer: los personajes no son míos, sin embargo la historia lo es.
Gracias a Ed y a todos por los reviews. Espero que este capítulo les guste también. Y felices fiestas!
Capítulo 6
Kenshin la tomó de la cintura luego de girarla, y la dejó recargarse sobre su pecho después del paso que había dado. Su aliento cálido chocaba contra su cuello y el nerviosismo de ella podía ser advertido por su cuerpo entero al tenerla tan cerca. Resopló contra su flequillo escarlata para quitarlo de su frente sudada y desprenderlo de sus ojos. Después la tomó de la mano nuevamente y siguió moviéndose con ella, suave y rítmicamente, tal y como el tipo de la canción que los guiaba.
Kenshin ladeó su rostro, ¿cuándo pararía el chico de los instrumentos? ¡Aquello era más difícil de entender que el mismísimo estilo Hiten! Kaoru le había pedido bailar con ella pero la verdad era que no tenía idea de lo que había estado haciendo por lo últimos treinta minutos. Sus pies se movían como los de Kaoru, o algo parecido a los de ella. Tomó a la pelinegra tras finalizar la pieza y astutamente la llevó hacia la mesa para no verse envuelto en otra encrucijada y ser obligado a bailar algo que no conocía.
Al menos Kaoru se había relajado un poco y él… había aprendido tanto…Había aprendido que: los pisotones de Kaoru sí que dolían, a pesar de ser una mujer ligera, y que no porque alguien te dijera en el futuro que sabían bailar necesariamente tenía que ser cierto. Sus pies lo confirmaban y atestiguaban a su favor.
Pero es no le importaba tanto como el hombre que no paraba de comerse a Kaoru con la mirada. Parecía estar saboreándola o analizándola intensamente con algún propósito desconocido, y eso… no le gustaba para nada. De hecho le molestaba, le enfurecía no saber nada sobre el mundo donde estaba y no tener idea de lo que ese hombre significaba en la vida de Kaoru. Sin embargo, no dudaba que ella le temía, lo había confirmado en la entrada al ver a su compañera desvanecerse en el suelo al verlo. Seguramente él seria el hombre del que Megumi le había contado.
—Gracias, Kenshin —sonrió Kaoru mientras tomaba asiento y acomodaba su vestido.
—No tienes por qué agradecer, es un honor aprender algo nuevo de tu mano —agradeció el pelirrojo imitando a Kaoru.
La pelinegra escondió su sonrojo detrás del el gran arreglo floral que adornaba la mesa. Ya no quería malinterpretar lo que el pelirrojo le decía, y tampoco quería hacerlo sentir incomodo con lo que ella sentía hacia él. Así que sabía de antemano que lo más sabio era dejar pasar el tema y olvidarse de él.
—¿Me dirás quién es él? —preguntó Kenshin arriesgándose a ser ignorado y hasta reprendido por preguntar. Indeciso, tomó su silla y se acercó a la joven mujer de ojos índigos al verla agachar la cabeza con temor—. No tienes por qué contarme si así lo deseas, pero de verdad quiero protegerte.
—No tienes por qué— repitió ella con sentimiento. No quería ser la carga de alguien que ni siquiera quería nada que ver con ella, y lo que pensaba no era por resentimiento contras las palabras que el pelirrojo le había expresado aquella tarde, sino la mera verdad. Él no tenía la obligación de estar a su lado, ni por deber ni por compasión. Alzó la mirada y le sonrió, tratando de asegurarle que ella se encontraría bien sin su ayuda. —. Estaré bien.
Kenshin negó y la tomó de la mano. Ella era tan testaruda como lo era de hermosa y no le sorprendía para nada que tratara de alejarlo de su vida después de lo que él le había dicho aquella tarde. Sabía que tenía que trabajar duramente para hacerle saber que había cambiado de opinión al encontrarla en el bosque. Verla así de frágil y con las mejillas totalmente mojadas de lágrimas había servido como una alarma dentro de su corazón, haciéndole saber que esa mujer le importaba y no esperaría a perderla para dejarle saber que quería protegerla y que de hecho sí quería tener que ver mucho con ella; quería estar en su vida.
—Eres una testaruda, mujer extraña— le susurró al oído al inclinarse contra su cuerpo —. Te protegeré, incluso de tus peligrosos pasos de baile.
Kaoru se echó a reír mientras su sonrojo se hacía más profundo. Después, con su palma abierta empujó al hombre de su lado para fingir que estaba jugando. La verdad era que su corazón se había revolucionado al escuchar su sensual voz en su oído y de hecho, millones de pensamientos un poco subidos de tono le habían cruzado por la cabeza—. Ya, mira ahí viene Misao.
El ex Ishinshishi se giró con una sonrisa, satisfecho de haberla hecho reír a costas de sufrir maltrato físico. Miró con curiosidad a la esbelta mujer que caminaba hacia ellos. Parecía que había torturado a un pájaro, le había quitado las plumas, y para colmo, las había usado en la falda de su vestido azul cielo.
—Em… hola, Kao, Batty —saludó la chica temerosa de tan solo dirigirles la palabra. Se preguntaba si para ese punto de la noche Kaoru ya se había enterado de su metida de pata. La pareja la recibió con una sonrisa, asegurándole a Misao que simplemente no había sido descubierta… aún.
—¿Por qué no tomas asiento? —Kaoru se puso de pie, tomando la silla de madera con tallados japoneses de su lado y la empujo hasta donde su amiga se encontraba parada.
—Mmm... No sé, ustedes se ven tan felices sin mi compañía que…
—¡Atención, atención!
La voz de un hombre en el micrófono llamó la atención de todos los presentes, incluyendo la del trio de amigos.
—En solo unos momentos presentáremos los rostros más importantes de la línea de ropa de esta temporada y claro, nuestra jefa nos presentará a las chicas de esta colección —Un hombre de cabello rubio terminó de decir con una reverencia. Después le dio el micrófono a uno de los chicos que trabajaba en el sonido y bajó del escenario.
—Kaoru —Misao la miró consternada—. ¿Estás segura de que estas lista para hablar en público? —La modelo tomó asiento esta vez y por debajo de la mesa pateó al pelirrojo que trataba lo mejor que podía para entender lo que ellas hablaban.
—No tengo de otra —soltó Kaoru tomándose de un trago el tequila que había pedido—. ¿Qué? Necesito valor —confesó al notar el par de ojos juiciosos sobre ella.
—Kaoru, que sorpresa que estés aquí.
El líquido rasposo seguía bajando por la garganta de la dueña de la empresa al escuchar la voz que tanto había temido volver a oír. Dejó caer el vaso de cristal en la mesa, empujó la silla en la que estaba sentada y estuvo a punto de salir corriendo al ver la figura que tomaba asiento a su lado, pero había detenido cualquier moción de sus cuerpo al sentir la cálida mano de Kenshin deteniéndola del hombro. Quería llorar, golpear a Kenshin para que la soltara y de paso golpear al hombre de cabello plateado solo por gusto.
Él le había hecho tanto daño, había jugado con ella y la había herido físicamente. Tanto, que había quedado en coma por más de una semana… y aun así había sido exonerado de cualquier culpa, gracias a su padre. Él era el motivo de sus pesadillas y sus delirios, él era el motivo por el cual ella no podía despertar.
—Tengo que irme, Ken —Kaoru se revolvió en el abrazo que Kenshin había insistido en ofrecer—. Tengo que... Alejarme…
—Kaoru —habló el pelirrojo tomando su cabeza con delicadeza y recargándola contra su pecho. No quería que aquel bastardo la viera de esa forma, no quería que presenciara el derrumbe de Kaoru Kamiya. Así que se inclinó, tomó, sus piernas y para la sorpresa de todos la sacó de ahí en brazos y sin dejar de mirar al hombre con sus fríos ojos dorados mientras acariciaba el brazo de Kaoru para reconfortarla.
—Púdrete, Enishi. ¡Eres un idiota…! Llamaré a seguridad para que te saquen de aquí —amenazó Misao arrojando una servilleta al rostro del joven de ojos oscuros al verlo sonreír, como si disfrutara lo que había pasado.
—Calma, bella. Aunque lo hagas no podrás —le advirtió él, sonriendo ampliamente—. Soy el plus one de alguien y no he hecho nada malo… ¿o sí?—. El hombre se puso de pie y se inclinó retadoramente hacia Misao.
La chica tragó en seco, pero rápidamente recuperó su postura al recordar que ese cínico hombre lunático había sido el culpable de la condición de Kaoru—. No me das miedo, y si estás aquí es por caridad y por una buena acción de alguien que te tuvo lástima, porque en este salón nadie te quiere ni te respeta. Así que hazte un favor a ti mismo y ahórrate esto —señaló las docenas de miradas que lo estudiaban reprobatoriamente.
Enishi se encogió de hombros y luego acomodó su saco con incomodidad. Esa comadreja se las pagaría, al igual que ese pelirrojo infeliz y la sucia mujer de la cual no había podido deshacerse. Todo había sido culpa del hermano de la pelinegra. Si él no hubiera tomado las acciones que supuestamente le pertenecían a Kaoru y la estúpida se hubiera casado con él como lo había planeado, en esos momentos él habría vendido todo a Takeda y quedaría libre de la deuda multimillonaria que tenía con la mafia.
El hombre alzó la barbilla y sin quedarle de otra se retiró a su mesa.
Misao suspiró al verlo desaparecer entre las personas que, para su satisfacción, también lo odiaban al saber lo que le había hecho a Kaoru. Tomó los bordes de su falda y salió corriendo hacia donde Batty había llevado a Kaoru.
II
—¿Estás bien? —inquirió Kenshin, acariciando la tersa mejilla de la pelinegra. La había llevado al balcón de la mansión en la montaña; sabía que respirar aire puro y fresco le ayudaría a despejar sus miedos y tal vez abrirse con él de una buena vez.
La muchacha asintió, le daba vergüenza ser tan débil, pero es que… ¡Enishi la destrozaba con tan solo mirarla! Y no podía sola, lo había entendido en el momento en el que su corazón se había acongojado y su espíritu la había abandonado al escuchar su voz. Probablemente ya era tiempo de decirle a Kenshin su versión de la historia, lo que para ella había sido su final.
—Todo empezó cuando él me propuso matrimonio —Kaoru flexionó sus rodillas y posó su frente en ellas, no quería mirar a Kenshin al relatar lo peor de la historia—. Había sido mi novio como por tres años, así que pensé que era natural que él quisiera pasar su vida junto conmigo. Así que le dije que sí —sollozó al confesar su inocencia—. Un mes después, unos ladrones entraron a la casa… —Kaoru colocó sus palmas abiertas sobre su rostro al soltarse a llorar—. Mi padre había tratado de defenderme de uno de esos asquerosos, así que había tomado el cuchillo de la cocina, había tratado de emboscar a mi agresor. Pero no contábamos con que ellos tenían conocimientos sobre los planos de mi casa, así que su plan estaba destinado a fracasar desde el principio —se lamentó—. Y… él falleció en el intento de salvarme.
Kenshin se acercó hasta cubrirla en un abrazo, le dolía lo que escuchaba pero sobretodo verla de esa forma.
—Eso no fue todo, mi hermano rápido fue llamado por la oficina central, ya que mi padre no había dejado en claro qué acciones pertenecerían a él o a mí, en caso de su ausencia —continuó con la voz quebrada—. Así que estuve sola, con mi luto, mi deshonra y… Enishi.
El ex asesino dejó de respirar al escuchar el nombre que Kaoru había pronunciado. Y de nuevo sus pensamientos se dirigieron al encuentro que había tenido junto con el hombre en aquella tarde, antes de encontrar a Kaoru en el bosque. Él había intuido algo familiar en él, sus ojos extrañamente podían decir que le recordaba a alguien, y ahora que escuchaba su nombre podía hacer la conexión con la familia Yukishiro. Pero entonces... Aquello era…
—Pasó el tiempo —Kaoru musitó en voz baja recostándose sobre el regazo de su Batty —, y entonces Enishi comenzó a presionarme para casarme con él. Ya no era el mismo de antes, ni cariñoso ni romántico. Sus caricias eran forzadas y la presión que ejercía sobre mí era bastante. Hasta que conocí sus verdaderas intenciones…Una vez, me decidí invitarlo a cenar, quería terminar la relación con él porque no le vi nada de futuro. Fue detrás de su puerta cuando lo oí hablar con alguien —Kaoru pausó tratando de recuperar la valentía y continuar—… sobre mi muerte. Quería que fuera igual o peor que la de mi padre… Kenshin, ¡yo vi morir a mi padre! Yo estaba bajo el cuerpo de aquel hombre cuando una bala atravesó el cráneo de mi papá y después… después no necesito contrate lo que me sucedió a mí.
Kenshin seguía sin creerse todo lo que Kaoru había pasado. Aquello era una brutalidad contra su persona, pero lo que más le costaba creer era que a pesar de todo aquello, en muchas otras ocasiones, ella le había sonreído, tan inocente y de una forma pura, que casi podía jurar que había tenido una vida feliz y plena.
—Al darme cuenta que él había estado detrás de todo aquello, me desaté —recordó Kaoru en voz alta—. Abrí la puerta y destrocé su oficina, él desenfundó una de las espadas de colección que tenía en su buró y me amenazó. No me lo esperaba, así que corrí como una loca para salvar mi vida… después de todo, mi padre había dado su vida por mí, así que la iba a defender por él, aunque fuera lo último que lograra hacer. Corrí hasta el estacionamiento y ahí él me disparo de lejos dos veces en una pierna —Kaoru alzó su vestido para exponer las cicatrices en su blanca piel.
El pelirrojo estiró sus dedos temblorosos y acarició inseguro las cicatrices que Kaoru se había atrevido a mostrarle. Ella… había sufrido aquello, y aun así podía decir que era una de las mujeres más fuertes y valientes que había conocido.
—Así que me arrastré, hasta ponerme de pie, y como pude seguí caminando —suspiró —. Pensé que por fin había escapado, había estado a punto de salir a la calle y pedir ayuda, pero entonces lo impensable pasó; él me arrolló con su carro deportivo. El último escenario que puedo recordar es su carro estacionado sobre mis piernas, él bajando y diciéndome lo que se repite sin cesar en cada una de mis pesadillas… «Después de lo que te he hecho… nadie te querrá, Kaoru. Eres una mujer incompleta y todos estarán repugnados con tan solo verte. Después de lo que te hice… me aseguré que solo serás mía»… y después de ahí… solo fue oscuridad para mí.
El hombre de coleta alta la tomó de los hombros y la haló hasta sentarla sobre él. Sintió el cuerpo de Kaoru tensarse ante aquel gesto, pero pronto su mano le acarició su barbilla mientras la otra limpiaba el resto de las lágrimas que caían de sus hermosos ojos índigo. Después, la vio y le sonrió—Esto, —dijo él alzándole el vestido y acariciando las cicatrices de su pierna—, y esto —Tomó una de las manos femeninas y la posó sobre su mejilla izquierda, ocultando la marca en forma de cruz que adornaba su rostro—… solo es un recordatorio de que se puede sobrevivir el sufrimiento, pero también es parte de lo que hemos pasado para llegar a ser quienes somos —terminó de decirle posando un pequeño beso sobre la frente de la muchacha.
Kaoru asintió y sin pensarlo dos veces correspondió su abrazo rodeándolo con ambos brazos—. Gracias, Batty…
—De nada, Kao… de nada.
Misao abrió la puerta que daba al balcón de un solo golpe, no solo quería cerciorarse de que su amiga estaba bien pero también avisarle que era el momento de presentar su nueva colección. La chica congeló su esbelta figura antes de dar el siguiente paso. ¡Ese Batty la confundía! Primero se comportaba como si su amiga le fuera indiferente y ahora la tenía sobre sus piernas, riendo y mirando hacia las estrellas. ¿Qué pensaba esa mata de hebras rojizas?
Lamentándose por lo que tenía que hacer, se aclaró la garganta para llamar la atención de la pareja, y con nerviosismo alisó los bordes de su falda que había remangado para llegar hasta ahí—. Kaoru… —Ambos chicos se giraron hacia ella—…perdona que interrumpa, ¡pillita! —Le guiñó el ojo a su amiga y enseguida optó por una cara más seria—. Pero es hora de la presentación, perdón… pero quería preguntarte si quieres que lo haga por ti.
Kaoru se puso de pie rápidamente y arrojó sus brazos sobre su amiga—. Lo apreciaría tanto Misao… Gracias.
Misao asintió y después de abrazarla y susurrarle una que otra cosa sobre sus atrevimientos con Himura en el balcón, tomó su mano y entraron al gran salón, seguidas por Kenshin.
La modelo subió al escenario, tomó el micrófono y el control para descubrir las fotos de ella junto con su compañera, quienes representarían la marca de ropa de la agencia de su mejor amiga. Comenzó saludando a todos los presentes y nombrando a varias organizaciones que habían tenido que ver con el lanzamiento de la colección. También, agradeció a todos los empleados de parte de Kaoru y anunció algunos cambios en la empresa junto con premios y bonos a los mejores empleados. Pronto algunas risas y aplausos se habían hecho escuchar en todo el salón a consecuencia de las bromas que había decidido incorporar en su discurso inesperado.
Kenshin abrazó a Kaoru por los hombros y la atrajo hacia él al ver la chispa de alegría alumbrarse en su rostro al escuchar los disparates de Misao. Había algo en ella que le atraía y aunque no estaba seguro que sentía, la necesidad de abrazarla y acariciarla hasta que se acabara la noche le quemaba por dentro. Sin duda aquel viaje hacia el bosque había cambiado la visión que tenía sobre la muchacha y había despertado un interés hacia ella que no había sabido controlar. La cuestión era… ¿Cómo debía actuar desde ese momento con ella? ¿Cómo le decía que ella era importante para él?
Kaoru miraba hacia adelante, su atención puesta en su amiga loca y él… despedazándose por dentro y a punto de hacer lo impensable. Se acercó hacia ella, estiró su mano izquierda hasta tomar a la chica de su fina barbilla, obligándola a mirarlo mientras su indecisa forma se acercaba lentamente hacia su rostro. Con su dedo pulgar masajeó su mentón y suspiró; estaba tan cerca de sus labios que podía oler su fragancia dulce…
—Y bueno… quiero decir que a pesar de este duro año, Kaoru ha sido la mejor jefa que hemos tenido y por eso le doy las gracias. Ya que no solo es ella como profesional, ella sigue mostrándose como una sabía mujer y una gran amiga —Misao guardó silencio esperando a que la gran cantidad de empleados dejaran de aplaudir y alabar a la aludida—. Y para cerrar con broche de oro aquí están los nuevos rostros de la empresa… aunque uno ya no es tan nuevo… —bromeó al descubrir la enorme pantalla con su foto—. Pero aun así es un honor esforzarme y ser parte de esta firma. También aquí tenemos a mi compañera —Apretó el botón de su control, dejando al descubierto la siguiente foto y anunció: — Tomoe Yukishiro… un aplauso para ella.
Kaoru había cerrado los ojos al advertir a Kenshin acercarse, estaba segura que la besaría y lo deseaba tanto que había juntado sus parpados par enfocar sus pensamientos en él y no en los rostros recién revelados. Pero nada había pasado. Así que temerosa, abrió los ojos de nuevo, observando a un Kenshin congelando en su lugar con la mirada estoica, sus labios temblorosos y entre abiertos mientras que sus manos se alejaban de ella.
¿Qué ocurría? ¿Qué había pasado con Kenshin? ¿A caso Enishi tenía la razón?
Continuará….
Nota de Autor:
