BAJO LAS ESTRELLAS—

Por Zury Himura


Esta semana fue de actualizaciones, pues está esta junto a Ceder o Caer, así que disfruten ambos contrastes. Gracias a todos por leer, y a Naty por recordarme lo lindo que es escribir historias con una trama harmoniosa. Comenten por favor y disfruten.

Disclaimer: Los personajes no son míos.


Capítulo 7

Su máscara serena se le había desvanecido, destrozándosele en mil pedazos con la voz de Tomoe en sus oídos. Percibió la mano cálida de Kaoru sobre su mejilla, y supo que no se trataba de ningún espejismo ni una de sus locuras. Sino de una alternativa realidad. Su corazón había comenzado a azotarse contra su pecho salvajemente, tras ver una delgada figura femenina en un vestido entallado y largo caminando de lado a lado en el escenario, mirándole esporádicamente como si sus ojos trataran de decirle que le conocía.

La mano de Kaoru abandonó la piel que de repente se había empalidecido y comenzado a sudar. Angustiada, trató de llamarlo cuando sus labios temblaron sin razón. Su vista estaba perdida en algún sitio del escenario, parecía desencajada y el brillo en sus ojos parecía haberse opacado súbitamente.

¿Qué pasaba? ¡Quería saber! Atraída por sus gestos, siguió la trayectoria en la que se habían enfocado los iris de su amigo. Entonces, la vio, mirándolo también a él con una pizca de familiaridad. Asumió que se conocían, pero recordó, como un relámpago atravesando su cabeza hasta aterrizar en su corazón, la historia del viaje en el tiempo de Kenshin. Él no podía conocer a Tomoe a menos que le hubiese mentido. Y le pareció sentir un dolor en el estómago, percibiendo angustia y ansiedad. Pues el nombre de la mujer había sido el mismo que había mencionado días atrás.

Tomoe Yukishiro.

Con rastros afligidos y preocupados, vio nuevamente su reflejo en aquellos ámbares que se habían llegado a suavizar gradualmente desde que había llegado a su hogar. Dejando sus dudas a un lado, y aunque le partiera el alma, sujetó con fuerza la mano de Kenshin para confortarlo. Para decirle que no estaba solo. Así como él le había dejado apoyarse en su persona hacia algunos minutos.

—Kenshin… —Kaoru sacudió suavemente su mano cuando la de él pareció apretarla con más fuerza. Sus pestañas negras y largas cayeron suavemente, cerrando sus parpados y rozando sus sonrojadas mejillas—. Podemos entrevistarla y encontrarla cuando baje del escenario —le sugirió con una sonrisa triste, cuando al proponerlo el chico pareció salir de su trance.

Una vez más el corazón parecía salírsele del pecho. Observó a Kaoru sintiendo como el nudo en su estómago comenzaba a subirle por la garganta. Asintió lentamente, aceptando y agradeciendo lo que Kaoru haría por él sin conocer su historia. Sin conocer sus pecados y pena que parecían recordarle que existían con la presencia de esa mujer.

Después de un corto y contundente discurso, hablado con una formalidad intachable, Tomoe bajó del escenario. Sus lentos y elegantes pasos parecían cautivar a la audiencia, cuyas vistas la habían seguido hasta llegar a su mesa. Su belleza era fría, y ella una persona aislada de las amistades que la habían saludado mientras era rodeada de un mundo misterioso.

La dueña de la agencia haló al pelirrojo tras ella, y cruzaron en un santiamén varias de las mesas en el salón. El agarre de Kenshin se había tensado y al estar a solo pasos de la hermosa mujer se había llegado a aflojar. Kaoru disimuló un suspiro y la punzada de dolor cuando actuó de esa forma. ¿Acaso Tomoe significaba algo para él y por eso no quería verse «afectivo» ella?

Agachó la mirada, tratando de renovar sus ánimos y repitiéndose que no había motivo alguno para sentirse de esa forma. Probablemente no había nada entre ellos, y bien podían tener una relación amistosa, ¿cierto? Que ironía, pensó. En realidad, tampoco había nada entre él y ella. Más que una mera coincidencia en la que habían llegado a conocerse y pasar momentos juntos.

Resoplo en silencio y fingió una sonrisa al llegar ante la presencia de Tomoe. Acomodó sus cabellos con nerviosismo y se presentó. La otra chica solo había alzado la vista para recibirlos con un par de palabras que habían sido un tanto cortantes. Para Kaoru su actitud ya era normal. Ella era alguien que no se metía con cualquiera, tomaba descansos sola y no tenía compañía en ningún evento. Eras de esas chicas despampanantes que llegaban a una fiesta a solas, solo para terminar siendo el centro de atención por su belleza e inaccesibilidad.

—Hola, Tomoe… hermoso discurso —mintió acariciando la gota de diamante que colgaba en su oído. No había escuchado ni una palabra de lo que había dicho por preocuparse por su acompañante. Pero era obvio que no se lo haría saber—. Quería presentarte a Kenshin, al parecer él es fan tuyo —titubeó con la última palabra y quiso morderse la lengua. La oración le había salido de la boca como si se tratara de un reproche.

Quiso retractarse cuando la otra mujer la observó cuestionaste. Pero agradeció al cielo, cuando se giró y se presentó con su amigo, restándole importancia a ella.

—Mucho gusto, parece que ya no tengo que presentarme formalmente contigo.

Los mechones del cabello carmín golpearon su mejilla cuando el asintió, concordando con ella. Como si se tratara de un corderito aterrorizado y obediente—. Usted se ve hermosa esta noche…

La de ojos zafiro sufrió, como si el edificio que había estado en construcción en su interior le estuviera cayendo encima. Su compañero estaba coqueteando a su lado, en sus narices, sabiendo que ella estaba interesada en él y sin ninguna prudencia. Quería llevar sus manos y desgarrarse el pecho para sacar aquello que la molestaba dentro, pero no lo haría… no ahí. Tal vez nunca… Quería ser fuerte y aprender cómo controlar sus emociones, incluso en esas áreas de su vida.

Se puso de pie, tras algunos minutos de escasa conversación. Había sido excluida, por ende estaba ligeramente molesta y muy envidiosa. Acomodó su vestido después de despedirse y decirle a Kenshin que podía platicar hasta tarde pues ella iría con Misao, esperando secretamente que su partida fuera impedida por él. Pero nada semejante pasó. Kenshin le había agradecido y hasta le había deseado buena noche, para su sorpresa.

Un poco fuera de lugar, caminó en busca de Misao, tratando de alegrarse con una copa de vino que recién había cogido.

—No pasa nada, Kaoru… Respira profundo y no seas idiota —se tranquilizó a si misma mirando las mismas estrellas que había mirado en el bosque cuando cruzó una puerta hacia el jardín. Estar rodeada de la naturaleza la calmó y la vació de aquellos malos sentimientos que había abultado con tan solo contemplar su hermosura. Lamentaba ser tan estúpida, creyéndose y reclamando cosas que ni siquiera eran de su posición. Puesto que no tenía motivos, él se lo había dejado claro y ella…

Ella ya no era una niña para jugar a los dramas. Había sufrido bastante y seguía en pie, así que ese era motivo suficiente para levantar la cabeza, respirar profundo y vencer cualquier obstáculo tan pequeño como ese. Pues todavía estaban hablando de atracción, no de amor. Tenía que esforzarse y mirar hacia delante, y por supuesto… dejarse de boberías.

—Muy linda noche, ¿cierto?

Sus mechones negros volaron en el aire al voltear a mirar con curiosidad al hombre que había llegado a su lado—. Sí, lo es… —concedió imaginándose que la fiesta comenzaba a ponerse aburrida y por eso todos comenzaban a inquietarse y salir del lugar.

—Mi nombre es Gentatsu Takatsuki…

—Mucho gusto Gen… ¿…qué? Eres el hermano de Aoshi Shinomori? —Actuó emocionada juntando sus manos en el aire. Sin querer se visualizó a sí misma como una colegiala viendo en vivo a su artista favorito—. ¡Shinomori me ha contado tanto de ti!

El hombre rio y sacudió con nerviosismo su cabello negro mientras con la otra mano aflojaba su corbata—. Vaya, te ha contado chismes en ese caso —bromeó luciendo apenado de lo que seguramente su medio hermano había contado de él.

La pelinegra sonrió con su gesto. Le parecía tan tierno sonrojado—. No, al contrario… está orgulloso de tener un hermano tan brillante como tú, ya que pronto te postulas —le aseguró terminando su oración con un suceso que todo Japón esperaba.

—Bueno, si es así creo que me ha hecho el favor de hablarte bien de mi —El hombre se quitó su saco y se lo extendió. Comenzaba a hacer frio y la chica solo lucía un vestido de tirantes muy delgados. Aunque se lamentaba tener que ocultar su escote, se imaginaba que era lo correcto en esa situación.

Kaoru miró las estrellas nuevamente cuando el chico flexionó sus brazos y se recargó en el barandal donde ella estaba para examinar la constelación.

—El pelirrojo de allá adentro es…

—Mi amigo —repitió ella con una gran sonrisa en el rostro y miró disimuladamente hacia dentro, donde Tomoe y Kenshin seguían hablando con tanta… bueno, ya no hablaban… solo se miraban.

Alzó los hombros y rápido descartó el interés en ellos. Si quería mirar a Kenshin de otra forma, debía comenzar desde ese momento. Aún estaba a tiempo de correr del delirio y dolor de los celos. Estaba a tiempo de huir de un amor mal correspondido y la pena de un rechazo o abandono.

—Ah, me alegra escucharlo —titubeó el chico de ojos verdes carraspeando para disimular el tono alegre con el que le había salido su voz—. Es decir, quise decir, bueno… que me alegra que tengas amigos.

La sonrisa de ella se extendió. Aoshi le había dicho que a pesar de ser magnifico senador, era muy tímido con las mujeres y era verdad. Era obvio que si estaba ahí era para conocerla pero la inseguridad competía con esas ganas de hacerlo.

—Oye, ¿entonces tu hermano también vino?

—Claro, ¿quién crees que cocino la cena de hoy? —El chico se giró y señaló al otro hombre quien ya no vestía su uniforme de chef y que ahora platicaba con Misao—. He ahí la razón que lo convenció a venir. Aunque él no lo acepte.

Sus ojos azules parecieron brillar de gusto. Ella siempre había opinado que Misao se vería divina a lado de Shinomori, tanto que le había mandado un sin fin de invitaciones al hombre para que se encontrara con su amiga, ocasionado numerosos encuentros. Ya que sabía que el chico tenía un interés en la modelo y sería una buena influencia para la chica. Sin embargo, Misao era de esas chicas que se enfocaban mucho en su profesión y estudios, y tener a alguien a su lado le consumía tiempo extra, como ella lo decía.

—Ya veo, creo que él haría muy buena pareja con…

—Misao —sonrió el chico que se había quitado el saco para ponerlo en los hombros de su bella acompañante—. También lo he pensado, se la pasa hablando de ella aunque no sé dé cuenta. Lástima que ella no piense lo mismo de él.

Kaoru le agradeció por su gentileza y miró hacia adentro, esperando no ser escuchada por nadie más a excepción del chico y el viento. Acto seguido, se inclinó hacia él cubriendo su boca con una de sus manos—. Dile que no se rinda, yo no creo que Aoshi le sea totalmente indiferente. Algo que ha dicho me hace sospecharlo…

Takatsuki se alejó de ella con una sonrisa de lado a lado—. Ya veo, ¿quieres jugar conmigo a los cupidos?

Kaoru asintió emocionada. Era la primera vez que servía de espía para el beneficio de una amiga. Siguió con sus ojos emocionados y cristalinos el dedo índice del de cabello oscuro que apunto hacia la mesa de Tomoe. Ante esa señal su corazón se congeló y en seguida volteó a ver al que le hacía compañía por una respuesta.

—Comencemos con tu amigo, que parece que necesita un poco de ayuda —evidenció el de ojos azules con una sonrisa inocente, tomando a Kaoru de la mano mientras la halaba nuevamente hacia dentro del salón—. Así que hagámoslo nuestra segunda pareja.

Sin poder escapar Kaoru corrió tras él, sintiendo como el viento acariciaba sus piernas y su vestido fluía contra ellas. Su estómago comenzó a cosquillearle y su mano a sudar. Su reparación se había vuelto alocada y sentía como su lengua comenzaba a secarse.

¿Qué haría? No podía ir ahí como si no le hubiera dicho nada a Kenshin horas atrás y tratar de involucrarlo en una relación de un segundo a otro. Tampoco podía actuar como una despechada vengadora. Después de todo Kenshin parecía estar totalmente interesado en Tomoe y ella… lo respetaba.

Los ojos de Kenshin se arrastraron por la mesa hasta llegar hasta ella. Enfocándose en la unión de su mano junto a la de Gentatsu con intriga. Al verlos venir, soltó un resoplo un tanto burlón para su gusto y sin quitarle la mirada de encima, que ahora había llegado y se había quedado en sus ojos, penetrándolos con frialdad.

Sin entender su actitud, aceptó el asiento que su nuevo amigo le había ofrecido, justo frente a su guardaespaldas. Se incomodó tan pronto como había colocado su cartera en la mesa aun con la mirada ambarina sobre ella. Cogió valor y miró a Tomoe, luego a Kenshin y de nuevo a Tomoe. Curiosa, se preguntó que había pasado entre esos dos para que estuvieran en silencio y para que Kenshin hubiera perdido la atención en la modelo para observarla fija y recelosamente a ella. ¿Acaso le había hecho algo malo? ¿Tomoe le había contado algo malo de ella?

Nerviosa, comenzó a jugar con sus dedos en el mantel blanco, mientras que el de ojos azules comenzaba a crear conversación, obteniendo buena respuesta de parte de la otra chica en la mesa. Tomoe comenzó a hablar y pronto Kenshin se vio cautivado otra vez por su voz.

Por fin… pensó Kaoru, entreteniéndose con la piel de su bolsa para matar el tiempo.

—Mi hermano quiere mudarse a la ciudad —Tomoe miró de reojo a Kaoru, esperando su reacción—. Pero hay varios inconvenientes que se lo impiden.

—Ya veo, no conozco a tu hermano pero seguramente le gustara la ciudad, si lo hace…. —comentó el senador positivamente y dirigiéndose hacia su nueva compañera—. ¿Cierto, Kaoru? —La cogió de la mano atrayendo la atención tanto de Tomoe como la de Kenshin.

—Sí, tal vez —contestó la dueña de la compañía fingiendo un bostezo, cogiendo su cartera y moviendo su silla para despedirse.

—Enishi tratará de mover todas sus cosas este fin de semana pero no estoy segura en qué parte de la ciudad se quedará —una vez más Tomoe volteó disimuladamente para ver la expresión en su jefa, como si hubiera esperado que su mundo colapsara frente a sus ojos.

Kaoru se detuvo, y casi mecánicamente giró su cabeza hacia la nueva compañía del pelirrojo.

—¿Enishi has dicho? —balbuceó con voz apenas audible.

Tomoe asintió y siguió con su conversación como si la expresión pálida de Kaoru no hubiera sido suficiente.

Sus ojos se llenaron de temor, pero en su interior encontró la fuerza para ordenarle a sus piernas no debilitarse y colapsar, sino que se movieran y siguieran adelante. Empujó su silla y fingió fortaleza, saliendo del grupo que comenzaba a preguntar por qué su repentina despedida. Pero ella no escuchó, solo ondeó la mano en el aire y caminó sin voltear atrás. Todo se había vuelto borroso nuevamente, el miedo en ella comenzaba a construir sus cimientos cada que escuchaba sobre él.

Como se arrepentía. Nunca debió ir a ese proyecto… nunca debió salir de su casa y actuar como si todo estuviera superado, nunca debió…

—Te dije que estaría contigo…

Su cabeza giró instantáneamente, mirando con conmoción al pelirrojo que comenzaba a quitarle el saco del otro hombre de su espalda. Aun así siguió sin poder hablar y Kesnhin la comprendió. Lo esperó paralizada, mientras que él le regresaba la prenda al otro hombre que también se había puesto de pie al verla partir.

—Gracias… —masculló ella en un gemido que daba pistas de su estado emocional.

Kenshin puso su palma abierta en su espalda baja, solo como un instintivo de apoyo—. Vamos… —musitó sabiendo lo que el nombre de aquella versión del futuro infundía en su corazón. Volteó una vez más hacia la mesa de Tomoe, dejarían su charla inconclusa pero esperaba verla muy pronto.

—Kaoru… —El otro hombre llegó hasta la pareja corriendo, aun con el saco en mano. Y cuando la mujer de su interés se viró a verlo, trató de recobrar su compostura—. Tómalo, hace frio.

Kaoru sonrió, sintiendo que con la amabilidad del chico se reconfortaba un poco. Agradeció y le explicó en breve que todo estaría bien, pues su cabaña quedaba muy cerca del evento. Mientras que Kenshin solo guardaba silencio y observaba la escena, impacientándose.

—¿Quieres que te acompañe? —Insistió el de camisa blanca y corbata color índigo, como el color de sus ojos—. Es obvio que tu amigo quiere quedarse con Tomoe —Lo había descubierto echándole un último vistazo a la muchacha de la mesa, como una despedida que le costaba hacer. Por eso había pensado que sería la mejor opción para todos.

Kenshin frunció el ceño. ¿Quién se creía ese fulano? ¡Nadie se lo había pedido! Era verdad que había visto a Tomoe, que no la quería dejar y que tenía tantas preguntas, pero Kaoru le necesitaba. Y ese seguramente no entendería lo que la chica había pasado y solo se aprovecharía de su estado emocional. Pero gracias a los cielos, Kaoru era lista y sabía que quedarse con su compañía sería lo mejor. Despues de todo él era un buen amigo en el que podía confiar ciegamente.

—Kenshin, puedes tomarte la noche libre —solucionó con una débil sonrisa que no mejoró mucho la situación.

—No, gracias. No necesito una noche libre —apeló el espadachín, desilusionado de que sus suposiciones hubieran sido las contrarias.

—Amigo —Gentatsu lo tomó del hombro para llamar su atención—, no te preocupes por ella. Trataré de distraerla y alegrarle la noche —comentó sinceramente y con las mejores intenciones.

—Por mí no hay problema —intervino Tomoe en la conversación, poniéndose de pie sin cambiar las facciones de su rostro serio—. No tengo nada que hacer y me caería bien alguien con quien platicar.

—¿Kaoru...? —La miró nuevamente, alzando su hombro y rechazando el gesto del de cabello negro; esperaba su respuesta. No importaba lo que los otros dos dijeran, necesitaba que ella le dijera que no lo necesitaba a su lado esa noche y solamente así respetaría su preferencia.

La curvatura en los labios de la dueña de la boutique se alargó, supuestamente para reconfortarlo y demostrarle que no necesitaba que se sacrificara por su bienestar. No quería que se sintiera responsable, obligado o que ese era su trabajo. Porque al final del día ella no lo veía como su empleado, y quería hacerle saber que no porque viviera con ella debía 'servirle' o 'tenía' que estar con ella, renunciando a las oportunidades que tenía.

Pues podía verlo en sus ojos, desde el primer momento en el que se habían posado en Tomoe él había querido acercarse a ella. El sentía algo muy especial por esa mujer.

—Estaré bien, Kenshin —le aseguró, aceptando nuevamente el saco de su amigo, mientras golpeaba suavemente el brazo de su chico del pasado—, diviértete —le deseó de corazón, sabiendo que no tendría problemas con la tecnología en un lugar tan tradicional como ese. Claro siempre y cuando no se acercara a los micrófonos.

Kenshin se quedó ahí parado observando como la pareja desaparecía del salón. Gentatsu había pasado su brazo sobre los hombros de Kaoru y le había dicho algo que pronto la había hecho sonreír. Resignado y un poco irritado por la intromisión del hombre, tomó asiento junto a Tomoe, quien escribía algo en una servilleta.

—Este es mi número de teléfono —Le extendió la servilleta doblada de una forma modesta y disimulada—. Puedes llamarme cuando sientas que lo necesitas.

—¿Teléfono? —Preguntó curioso de lo que significaba. Ya había escuchado esa palabra antes, solo no recordaba qué objeto era, de todas las cosas que Kaoru le había mostrado.

Tomoe abrió su cartera y desbloqueó el suyo, preguntándole cuál era el suyo.

'¡Ah! 'Kenshin suspiró, entendiendo lo que el aparato era. De lo que no estaba seguro era si debía darle o no el número que Kaoru le había dado. Así que desistió, no quería incomodar a la de ojos azules con asuntos suyos. Dobló la servilleta y la guardó en el bolsillo de su pantalón.

—Gracias por tu numero pero ahora no tengo un teléfono conmigo.

—Pero tienes número, ¿no?

—Sí, pero no puedo dártelo —se sinceró y con inocencia.

—Ah, ya veo —Tomoe abandonó sus intenciones y guardó el celular en la bolsa—. Eres de esos chicos que te dicen: yo te hablo después.

Kenshin no entendió del todo lo que la muchacha quería decirle. Así que prosiguió explicándole que trabajaba para Kaoru y que por el momento no quería incomodarla con llamadas de mujeres. Luego de platicar de más detalles sobre su trabajo y amigos, cambió la conversación a una que le interesaba. Quería saber cuál era el papel de esa Tomoe en la vida del futuro.

—Solo tengo a Enishi y mi padre —confesó ella sin saber que su historia era similar a una que él conocía—. Mi prometido murió hace años en un accidente de coche y desde esa vez mi vida no ha sido la misma —dijo no tan animada de hablar sobre el tema.

Kenshin resoplo pensativo. Esa Tomoe se parecía tanto a su esposa que podría pasar por la misma si le ponía un kimono tradicional. Quería acercarse a ella y averiguar más, deseaba asegurarse de que esta Tomoe fuera feliz en ese mundo y si no lo era él le ayudaría a serlo. Por el otro lado, también estaba Kaoru. Sentía algo extraño en su pecho que le decía que lo que estaba haciendo estaba mal, pero no podía señalar qué o por qué se sentía culpable.

—Yo estuve en la guerra, —pausó Kenshin acalorando su garganta con un poco de agua. No sabía si omitir su parecido con su esposa, pero imaginó que si lo hacia la otra terminaría asustándose—. Estuve casado a mis quince años.

—Vaya, muy joven —Tomoe sorbió delicadamente de la copa de vino y luego limpió con la servilleta sus delgados labios—. ¿Y tuviste hijos?

—No, no era el momento. Todo pasó muy rápido entre ella y yo. Habían cosas que no nos habíamos dicho y…

—Si se enteraban no hubiera funcionado —concluyó ella, sacando una tarjeta de su bolsa y se la extendió.

No, no era lo que él iba a decir. Él iba a confesar que de todos él la había hecho sufrir e incluso había acabado con su vida. Pero... Ahora que Tomoe lo decía desde otra perspectiva, lo había puesto a pensar. ¿Las cosas hubieran funcionado entre ellos si se hubiesen enterado de la verdad y si ella hubiese seguido con vida?

—Te doy esta porque ahí está mi dirección. Casi es tiempo de irme —dijo viendo como los meseros comenzaban a recoger las mesas y los invitados abandonaban el sitio—. Pero me gustaría saber más de ti.

Kenshin asintió levantando solo la mirada—. Necesito hacerte dos preguntas antes de que te vayas…

—Dime… —Ella comenzó a levantarse y a tomar sus cosas para irse.

—Primero quisiera saber si tú hubieras seguido casada con alguien que te guardaba secretos.

—Depende, si los secretos eran fuertes y no había solución o arrepentimiento, incluso si terminaba con mi dignidad, tal vez no —acomodó el suéter que combinaba con el color de su vestido y sacó su cabello para dejarlo sobre su espalda—. Pero, si lo amaba realmente… probablemente hubiera funcionado.

El corazón de Kenshin latió con fuerza. Nadie le aseguraba que eso era lo mismo que había pensado su esposa, sin embargo escuchar a su 'replica' hablar alimentaba la esperanza de un tal vez.

—Segunda pregunta y te dejaré ir… —Él también se puso de pie, guardando la tarjeta dentro de su bolsillo—. Tú, ¿sabes lo que hay entre Enishi y Kaoru?

Tomoe inhaló muy profundo para despues asentir—. Sí, incluso sé lo que pasó entre ellos.

—¿Qué es lo que sabes? —Preguntó irritado por la falta de inexpresión y tacto, de la que lucía igual a su esposa, si es que sabía sobre un tema muy delicado.

—Sé que fueron novios y que él la hizo sufrir mucho.

—Entonces… ¡¿por qué lo mencionaste como si nada?! —Pero pausó en seguida, tranquilizándose. Probablemente Tomoe no sabía todo lo que su hermano había hecho y sabía solo sobre el plan amoroso.

—Con esta van cuatro preguntas y en realidad necesito irme —Dispuesta a omitir más detalles sobre esa relación fallida, estiró la mano para despedirse.

—Tienes razón, lo siento —se disculpó devolviendo el gesto con respeto y se reprendió por dentro. Había estado a punto de ofender a Tomoe con irritable actitud, a pesar de lo que se había prometido ayudarla a ser feliz—. ¿Quieres que te encamine a tu cabaña?

La de mirada vacía asintió y ambos comenzaron a caminar hacia la otra dirección de donde estaba la de Kaoru.

Yukishiro se veía hermosa. Sus facciones finas y delicadas atenuaban el mismo brillo de la luna. Su belleza seguía tal y como la recordaba la última vez que la había visto. Sentía las ganas de acercarse a ella y decirle lo feliz que le hacía volver a verla, abrazarla. Para luego, dejarla ir. Aunque sabía muy bien que eso era simplemente un sueño truncado, Tomoe no era Tomoe, y nunca lo sería. Sin embargo, si tenía la oportunidad de resarcir su pecado con una segunda oportunidad… si había la posibilidad de aliviar un poco su alma ante su recuerdo y su crimen… lo haría.

Kenshin volteó hacia el cielo, una vez llegaron a la puerta donde se despediría por fin del mismo reflejo de su esposa. Había luna llena y las estrellas irradiaban con fuerza. Sonrió, seguramente a Kaoru le gustaría ver ese escenario, justo como lo hacían en su casa a fueras de la ciudad. Como si tratara de una tradición antes de dormir.

A ella le gustaba nombrar las que veía a través de esa espesa neblina, y aunque él a veces no lograba ver nada, por la contaminación del cielo, le gustaba reír con sus suposiciones entretenidas sobre seres de otro planeta. Su mente divagó, qué sería lo que ella diría en esos momentos, seguramente le enseñaría las constelaciones y diría otro disparate sin sentido.

Su risa se alargó inconscientemente. Podía visualizarla y describirla en su mente, con una frazada sobre las piernas en el porche de su cabaña. Sus azules ojos risueños y espolvoreados de los brillos en el cielo completando su pureza junto a su vasta sonrisa. La imaginaba apuntando hacia la negra noche y riendo junto a….puf, el chico del saco.

Dejó caer sus parpados con pesadez y su sonrisa se desapareció. Él mismo había echado a perder su imaginación, incluyendo a un hombre que había preferido en lugar de él.

—¿Estás bien, Kenshin? —Preguntó su tímida acompañante mientras metía la llave a su puerta—. ¿Quieres pasar a tomar un café?

Kenshin quería pasar y aceptar ese ofrecimiento. Pero sabía que era incorrecto intimar de esa forma con alguien que acababa de conocer. Así que se negó, disculpándose por lo tarde que era y sugiriéndole que debía descansar.

—A mi empleadora no le gustará que me tome dichas libertades —se excusó, besando la mano de la mujer antes de comenzar a caminar.

Tomoe agitó la mano en el aire dándole por su lado, y cuando éste había desaparecido, ella entró al lugar rentado—. Dichas libertades, ¿huh? Si te dio la noche libre, Kenshin Himura —terminó resoplando y cerrando la puerta.

Kenshin caminó lentamente. No quería llegar e interrumpir algo entre esas dos... cabezas pelinegras. Pero la noche ya estaba avanzada, y conociendo a Kaoru, seguramente se preocuparía por la hora de su llegada. Miró el cielo una última vez y tocó la puerta, poniéndose una mano en la cara para no ver lo que encontraría.

Kaoru abrió la puerta, precavida. Comenzó a caminar hacia atrás para dejarlo pasar al constatar que se trataba del pelirrojo.

—Bienvenido, Ke… —Rio posando una mano en su cintura y otra en la manija de la puerta al verlo cubrirse los ojos de una manera muy infantil—. ¿Es en serio, Batty?

El espadachín separó los dedos para verla entre los huecos que estos dejaban—. ¿En serio qué?

—¿Por qué te tapas la cara? ¿Acaso Tomoe te abofeteo o te dejo borracho? —Bromeó halándolo de la mano para hacerlo pasar de una vez.

—No, solamente que no sabía lo que iba a encontrar entre tú y el que parece tu hermano… —Sonrió y bajó la mano para entrar, apuntando a sus ojos y luego a su cabello para que la otra entendiera. Revisó el interior y no vio a nadie más ahí. Pues a juzgar por la camisa de dormir de la muchacha, su cabello trenzado y su cara humectada, su acompañante hacia mucho que se había ido.

Kaoru sonrió y acabo de ponerse algo de loción en los brazos. Acaba de salir de tomar una ducha y no se había esperado a Kenshin tan temprano.

—¡Mírate! Aprendiste en un segundo sobre las chicas de esta época, lo cual me alegra pero me ofende a la misma vez —Le dio un golpecito en el hombro y se dejó caer en la cama—. ¿Sabes, Batty? No soy como las demás mujeres.

Se acorrucó en su cama palpando a su lado para que Kenshin la acompañara.

Éste desató su coleta alta y alborotó su cabella al acercarse y sentarse junto a ella. Se inclinó un poco y metió sus manos bajo sus axilas, sujetándola y acarreándola hasta que dejo su cabeza reposando sobre sus piernas flexionadas.

Luego, acarició su cabello con familiaridad. Estaba contento de que Kaoru se hubiera tranquilizado y estuviera más relajada. Contempló la coronilla de su cabeza y recorrió con las yemas de sus dedos las raíces oscuras de su nuca. Alzó los hombros, dándole medio crédito al hombre que había cumplido su promesa de estar con ella hasta que su temor pasara. Por eso, por lo que había hecho por ella lo agradecía… muy, pero muy en el fondo de su corazón. Pero muy en el fondo, donde casi no se notara.

Así pasaron varios minutos hasta que la respiración de Kaoru se volvió más ligera. Pasó varias veces su mano frente al rostro de la chica mientras que la otra seguía acariciando su larga melena.

Ya estaba dormida.

Recargó su cabeza en la cabecera de la cama y cerró los ojos antes de echarle otro vistazo a la figura que reposaba en sus piernas. Y con eso, con la imagen en paz y llena de inocencia de ella se atrevió a concluir su conversación—. No lo eres Kaoru... No eres igual que nadie más.

Sus manos siguieron masajeando su cabeza. Se inclino y posó un dulce beso en su cabeza, regresando nuevamente a su posición original para dormir así, a su lado.

Continuara….


Notas de autor: