Capítulo 31
«La amo, mamá… la amo de una forma tan intensa que mi alma llega a doler. Pero acabo estropeándolo todo por culpa de mi maldita inseguridad» decía Regina. Su cabeza apoyada en el regazo de Cora
Mientras le acariciaba los cabellos, Cora reflexionaba sobre la larga conversación que había tenido con Regina. Al igual que su hija, ella también había perdido la confianza en las personas después de escándalo provocado por la infidelidad de Kathryn. Para Cora, toda mujer que se acercaba a Regina tenía intenciones diferentes de las que dejaba aparentar y por esa razón, su lado protector de madre temía que otra "caza fortunas" se aprovechase de los sentimientos de su hija.
«Regina…creo que ya es hora de que olvidemos el pasado de una vez por todas y comencemos de cero»
«¿Cómo es eso?» preguntó Regina, alzándose para poder mirarla a la cara
«¿Recuerdas cómo era nuestra relación antes de que te casaras con Kathryn? Pasábamos los fines de semana en familia…tú, tu hermana y yo» dijo ella «Vamos a desterrar el fantasma de aquella zorra de nuestras vidas y volvamos a ser la familia que siempre fuimos»
«No lo conseguiré sin Emma a mi lado» dijo ella
«Mi amor, no conseguirás reconquistarla humillándote ante ella o invadiéndola de regalos. Lo que tienes que hacer es demostrarle que has madurado, que estás segura de ti misma…¿entiendes?»
«Entiendo…pero no creo que sea capaz…»
«Claro que serás capaz. Eres una mujer inteligente, decidida, fuerte y siempre consigues lo que quieres. ¡Está en la sangre de los Mills!»
«Quizás tengas razón…» murmuró Regina «Gracias, mamá…necesitaba tanto tu apoyo…»
«Nunca más te dejaré sola. Pase lo que pase, te lo prometo. Ahora vete a tomar un baño, yo voy a preparar algo para que comas»
«Está bien, mamá…gracias» dicho eso, Regina se dirigió al baño
Pasaban de las cinco cuando Zelena apareció junto con Henry. La sorpresa se estampó en sus rostros al encontrarse a Cora y Regina senadas en el sofá de la sala, dialogando de forma civilizada como hacía mucho tiempo que no pasaba.
«Henry, creo que nos confundimos de casa» dijo la pelirroja, acercándose lentamente
«¿Hicieron las paces?» preguntó él, tan sorprendido como Zelena
«Sí, mi amor. ¡Regina y yo finalmente hemos aclarado nuestras diferencias y esta familia volverá a ser la de antes!»
«¡Eso sí que es una buena noticia!» exclamó Zelena
«¿Qué les parece una cena en familia hoy?» sugirió Cora, y sin quejas, todos aceptaron.
Aunque parecía triste y desolada, Regina se esforzó para mantener el buen humor y la sonrisa, aunque por dentro estuviera destruida y todo por culpa de su propia inconsecuencia. Al final de la cena, Cora se marchó junto con Zelena y sin pensarlo dos veces, Regina volvió a su despacho donde el ambiente oscuro y silencioso le daba espacio para la soledad que tantas veces le había hecho compañía.
«Mamá…¿puedo entrar?»
«Claro, Henry»
«¿Ya pensaste en lo que mañana le vas a mandar a Emma?»
«No le voy a mandar nada»
«¿Por qué? ¿Ya no quieres reconquistarla?»
«No lo conseguiré con regalos. Pero dime, ¿qué tal la tarde en el parque con ella y con tu tía?»
«¿Cómo sabes que estábamos en el parque?»
«Los vi. ¿Te divertiste?»
«Sí…¿te has enfadado por estar con Emma en el parque?»
«Claro que no. Puedes salir con Emma siempre que quieras y ella pueda. No necesitas mentirme más sobre a dónde vas y con quién»
«Gracias, mamá. Y perdóname por mentirte»
«No te preocupes, cariño. Buenas noches»
A la mañana siguiente, al abrir la puerta y encontrar el felpudo limpio, sin ningún paquete enviado por Regina, Emma esbozó una triste sonrisa imaginando si se había rendido o si su regalo sería enviado a otra hora o incluso directamente a la universidad.
«No…no haría eso, y si lo hace, me va a oír» murmuró Emma consigo misma, caminando hacia la parada del autobús. En breve podría mudarse a un apartamento de verdad y más adelante se compraría un coche, pero antes, tendría que aprender a conducir. Perdida en sus pensamientos, imagino cómo sería tener a Regina como su profesora y sin poderlo evitar, acabó sonriendo. Minutos después, bajó del autobús y para su sorpresa, Regina se encontraba esperándola en el portón principal.
«Hola, Emma. Buenos días» dijo ella
«Buenos días»
«Quería disculparme por haberte molestado estos días con…»
«Estás disculpada» Emma la interrumpió «Ahora, si permites…» añadió, dándose la vuelta para continuar su camino, pero al primer paso, se detuvo cuando la voz de Regina invadió sus sentidos
«Me enseñaste cómo es ser amada de verdad, de todo corazón. ¿Cómo puedo agradecerte por todo eso?» preguntó Regina
«Dejándome seguir con mi vida» respondió Emma
Con el asombro estampado en su rostro tras escuchar aquella respuesta, Regina la vio atravesar la cancela deprisa, abriéndose paso entre la multitud. Sin embargo, a pesar del dolor provocado por aquellas palabras, ella estaba dispuesta a intentarlo una vez más. En algunos pasos rápidos, Regina atravesó la multitud y la agarró por el brazo ya en el pasillo.
«¿Qué puedo hacer para que me perdones? ¿Quieres que me arrodille aquí ante todo el mundo y te implore perdón? Lo hago ahora mismo si quieres…hago cualquier cosa, pero por favor, deja de torturarme…»
«Regina, por favor, márchate…las personas están mirando y no quiero ser perjudicada otra vez» dijo ella, con los ojos llenos de lágrimas.
«Perdón…perdón…» dijo Regina, deslizando una de sus manos por sus cabellos cortos «Soy consciente de que mis celos se pasaron de los límites, pero estoy dispuesta a trabajar en ello…solo tienes que darme una oportunidad» añadió, bajando la cabeza y mirándola directamente a sus ojos, observando la perfección y la sensualidad de su rostro, ahora marcado por la tristeza. Tras aquellos ojos verdes y brillantes, se encontraba el alma de una mujer que llevaba enfrentándose a una serie de problemas, y una parte de esos problemas eran responsabilidad suya. Todo por culpa de su inseguridad y descontrol, de sus actitudes impulsivas que solo dieron como resultado el sufrimiento para ambas partes. A pesar de haber provocado aquella situación, Regina continuaba allí parada, esperando que las palabras que tanto deseaba oír saliesen de la boca de Emma, pero estas no llegaron. Regina permaneció mirándola, sintiendo el corazón reventar ante aquel silencio, y sin decir palabra, Emma se marchó.
Regina, lentamente, volvió al coche y sin darse cuenta, allí estaba, conduciendo sin rumbo por la ciudad. Una parte de ella quería volver a aquella universidad y presionar a Emma un poco más. Sin embargo, la razón le decía que ya había empujado hasta el límite. Golpeando con los puños el volante, se maldijo por todo lo que había dicho en la reunión de padres, donde cavó su propia tumba. Después de un rato, volvió a casa, ya que estaba segura de que no podría concentrarse en el trabajo.
«Mamá, ¿estás ocupada?»
«Claro que no, hija. ¿Ha pasado algo?» preguntó Cora, desde la otra línea
«¿Podemos hablar?»
«Claro, cariño. ¿Quieres que vaya a tu casa?»
«Sí, mamá. Por favor…»
«No tardo, ¿ok?»
«Gracias» dijo al final terminando la llamada
En menos de media hora el chofer de Cora Mills entró por la cancela del bello inmueble donde Regina residía. Claramente preocupada, Cora apresó sus pasos y sin dificultad encontró a su hija pequeña, como siempre, encerrada en su despacho.
«Regina…¿qué pasó?» preguntó Cora, dándole un beso rápido en el rostro
«Quiero pedirte una cosa…»
«Claro, cariño. Lo que quieras»
«Me gustaría que asumieses el mando en mis negocios por un tiempo…necesito hacer un viaje»
«¿A dónde vas?»
«Londres, quizás…aún no lo he pensado. Solo necesito un tiempo para poner mi cabeza en orden»
«¿Será un viaje largo entonces? Porque siempre dejas a Sidney al cargo de los negocios cuando te ausentas…»
«Es un hombre de confianza, pero me quedaré más tranquila si puedes ayudar en eso»
«Claro, hija. Pero…¿acabamos de reconciliarnos y ya te marchas? Además, en breve será Navidad y me gustaría tener a toda la familia reunida»
«No serán nuestras últimas navidades, mamá. Además, quizás vuelva antes de Navidad. No hemos entrado en noviembre todavía»
«Es por ella, ¿no?»
«Sí…» ella no lo negó «Puede parecer que esté huyendo y quizás así sea. Pero no consigo mantenerme alejada sabiendo que ella está tan cerca» Regina explicó
«¿Y crees que viajar resolverá el problema? Por lo que sé, te metiste con esa tal Ruby para olvidarla y de nada sirvió»
«Lo sé, mamá…solo necesito, al menos, acostumbrarme a su ausencia, porque ahora siento que la he perdido para siempre. Estando aquí cerca, no resistiré a la tentación de buscarla y de implorarle que me perdone…y a cada rechazo, una parte de mí se destruye»
«Entonces, ¿estás renunciando a ella?»
«Oí decir que cuando se ama a alguien, pero solo le causamos dolor, debemos dejarla libre» dijo ella, las mismas palabras usadas por Emma «Por eso es que no estoy huyendo, la estoy librando de mí, de todo el mal que le he venido causando»
«No estoy de acuerdo, pero voy a respetar tu decisión»
«Gracias, mamá»
«¿Cuándo saldrás?»
«Mañana mismo»
«Pero…¿tan pronto?»
«Sí»
«Muy bien…» dijo Cora, suspirando «Hoy me ocuparé de la cena, pero antes, llamaré a tu hermana»
«No será una cena de despedida, ¿verdad?»
«Pues claro que será una cena de despedida. Te marcharás mañana sin fecha de regreso…así que sí, será una cena de despedida»
Tras enterarse del viaje repentino de Regina, Zelena se encargó de Henry y al caer la tarde, llegaron a casa, Cora ya se estaba encargando de la cena.
«Abuela ha dicho que mañana saldrás de viaje…¿a dónde vas?»
«Londres. Es un viaje de negocios» dijo Regina, aunque no se sentía cómoda mintiéndole, optó por esa justificación.
«¿Y cuánto tiempo te vas a quedar en Londres?»
«Aún no lo sé. ¿Te gustaría venir conmigo o prefieres quedarte con tu abuela y tu tía?» preguntó ella, aunque no tenía intención de llevárselo.
«Prefiero quedarme…está la escuela y como vas a tener trabajo, no tendrías tiempo para estar conmigo»
«Tienes razón…qué cabeza la mía» dijo ella, dándose cuenta de que incluso su hijo necesitaba un tiempo lejos de su temperamento y confusiones «Ve a tomar un baño…a tu abuela no le gustan los atrasos en las comidas»
«Sí…lo sé…» dijo, y se acercó para darle un beso. Enseguida, se marchó.
Con aquella información martilleando en su cabeza, Zelena se dirigió al encuentro de Regina y como imaginaba estaba encerrada en su despacho. La mirada, dura y fija en un punto de la mesa, se desvió hacia la figura de Zelena en cuando abrió la puerta.
«¿Huyendo otra vez?» preguntó ella
«Siento mucho si no soy lo suficientemente fuerte para aplaudir la escena de mi hermana y mi hijo paseando en el parque junto a la mujer que amo»
«Ah, claro…olvidé que solo eres fuerte para juzgar y joderle la vida a todo el mundo»
«¡Escucha bien, santa Zelena…no me provoques porque olvidaré que eres mi hermana y te meteré un puñetazo en plena cara!»
«¡Vaya, qué miedo! Tus celos son patéticos, Regina. Pero te lo dije y te lo repito…jamás tendría nada con Emma o con cualquier persona que esté o haya estado contigo. ¿Qué vas a hacer en Londres?»
«Intentar poner la cabeza en orden»
«Quizás deberías intentarlo aquí mismo. Ella aún te quiere…solo está herida, y con razón»
«Lo sé…y creo que quedándome cerca, no permitiré que la herida cicatrice. Además, aprovecharé para resolver algunos asuntos de mis negocios…»
«Si tú lo dices…bien, entonces te deseo un buen viaje» dijo Zelena, dándole un apretado abrazo.
«Gracias. Henry se quedará con mamá, pero siempre que puedas o quieras, puedes llevarlo a pasear con…Emma»
«No te preocupes…cuidaré de todo por aquí»
A las siete en punto, Cora anunció que la cena estaba servida. Los ocupantes de la mesa hablaron poco sobre el repentino viaje, ya que Henry estaba delante y aunque era consciente de su buena percepción e inteligencia, prefería creer que él había aceptado que aquel viaje se trataba de negocios, y no de un acto desesperado por su parte. Como mucha gente solía decir, huir no era la solución, pero esta vez, no estaba huyendo, todo lo contrario, su intención era liberar a Emma de su persecución y al mismo tiempo, impedirse a sí misma perseguirla.
Terminada la cena, Henry subió a su cuarto junto a una de las empleadas para recoger sus cosas, ya que en ausencia de Regina se quedaría bajo los cuidados de Cora y Zelena. En la sala de estar, mientras tomaban un café, Cora aprovechaba el poco tiempo que le quedaba al lado de Regina. Y algunas horas después, llegó la despedida.
«¿Estás segura de que quieres ir sola al aeropuerto? Mamá y yo podemos acompañarte» dijo Zelena
«No se preocupes, me voy bastante temprano»
«Está bien entonces. Buen viaje, hermanita, y por favor…vuelve antes de Navidad» dijo la pelirroja, envolviéndola en un apretado abrazo.
«Haré lo posible» dijo ella, dándole un beso en el rostro
«Buen viaje, cariño, y por favor…llama de vez en cuando» fue el turno de Cora para abrazarla fuertemente
«Gracias, mamá…pero no esperes llamadas todos los días»
«¡Qué tengas un buen viaje, mamá! Y como dice la tía, ¡vuelve para Navidad!» dijo Henry
«Gracias, querido. Cuida bien de tu tía y abuela, ¿ok?»
«¡Sí, las voy a cuidar!»
«Hasta pronto» dijo Regina, y tras acompañarlos hasta el coche, volvió a la casa, concretamente a su cuarto, en donde comenzó a preparar las maletas.
A pedido de Zelena, Cora se quedaría en su apartamento así como Henry, ya que el piso se encontraba cerca de la escuela y en su opinión, facilitaría la vida de todo el mundo. A pesar de aceptar la propuesta, Cora dejó claro que esa noche la pasaría en su casa, ya que necesitaría organizar sus cosas, como también orientar a los empleados en su ausencia. A mitad de camino, le ordenó al chofer que desviara el rumbo y minutos después, su coche de lujo se paró en frente del edificio donde pensó que jamás pondría los pies. Al primer timbrazo, Emma abrió la puerta, sorprendiéndose cuando sus ojos se encontraron con la figura de Cora Mills parada frente a ella.
¿Se irá Regina? ¿Cómo reaccionará Emma? Solo quedan cuatro capítulos para el final. Jajajaj parezco la voz en off de una telenovela.
