—BAJO LAS ESTRELLAS—
Por Zury Himura
Gracias por sus comentarios. ¡Los quiero!
Dedicado a Naty
Disclaimer: no me pertenecen, parte de la historia sí.
Cuando tu sueño se hace realidad.
Capítulo 8
"Cuando tu sueño se hace realidad y la realidad tu sueño…
Lucha porque lo mejor está por abrazarte y las pruebas vendrán a tocarte.
Y cuando la lucha de tu sueño se materialice,
Da lo mejor de ti porque de tu pelea nace la esperanza
…y de la esperanza nace la felicidad.
La felicidad es tu sueño el cual puedes hacer realidad "—ZH
Había estado serio desde la mañana, forzándola a darle su espacio durante su viaje de vuelta a casa. Las presentaciones habían finalizado y así la necesidad de estar ahí. Donde también estaba Enishi Yukishiro, acompañante de Tomoe. La mujer que a Batty le interesaba.
A pesar de su imagen abstraída y calma, no podía dejar de verlo como el chico que había dormido con ella mientras le acariciaba el cabello y que después había despertado en el piso, respetándola como siempre. Se sentía sonrojada cada vez que lo evocaba, pero la realidad la aplastaba con todo su peso después de algunos segundos de haber dejado volar su imaginación.
Suspiró y siguió manejando, con un Kenshin a un lado y varias maletas en la cajuela. Era hora de volver a casa.
En el trayecto recordó a Misao y a Aoshi, no sabía exactamente lo que había pasado con ellos o entre ellos. Sonrió, seguramente la modelo se había muerto de nerviosismo y había terminado de arruinar el momento como lo suponía. Aunque había otra cosa que le preocupaba sobre ella, y era su peso. De lo cual se en cargarían de hablar, en seguida, el lunes en la mañana. Solo esperaba que su pretendiente el chef fuera listo lo suficiente como para insistirle y darse cuenta de lo que pasaba para ayudarle.
Dio vuelta en algunas curvas. No sabía si actuar como cupido era lo suyo, aún más cuando era ella misma la que ni siquiera podía olvidarse de la atracción que sentía por el hombre que miraba despistadamente por la ventana. Su soledad había tambaleado desde que él había aparecido, pero no por eso quería entregarse a las macabras manos de lo que era el amor no correspondido. No era tonta, no era idiota y no lo haría. Por eso, estaba decidida a mirar desde las bancas y ayudarle en lo que le fuera posible con Tomoe Yukishiro.
Pues al menos tenía un consuelo de verlo feliz y no sufrir por alguien que jamás le correspondería como ella quería. Lo bueno era que sus sentimientos todavía no se convertían en un amor insostenible. Lo llamaba «una simple atracción battoutina» la cual estaba a tiempo de poder controlar y frenar antes de que diera miedo. Era solo como contemplar a alguien que jamás podrás tocar. Justo como lo que pasaba con sus artistas favoritos. Aunque la desventaja ahí era tenerlo cerca y querer tocarlo a cada rato. Era mucha tentación para ella, sin embargo, sabia controlarse. No era una mujer urgida ni necesitada, solo una confundida y media loca.
—¿Piensas en Tomoe? —Preguntó ella queriendo sonar de lo más casual y de lo menos afectada.
Kenshin dejó de ver hacía la ventana y la miró de reojo. Ella había estado muy callada desde la mañana y por eso él se había hecho a un lado para dejarla respirar sin que él la hostigara al estar a su alrededor. Había imaginado que dormir a su lado posiblemente influenciaba a su repentino cambio de actitud y ánimo. No quería incomodarla, aunque disfrutaba su compañía.
Por otro lado, era cierto que pensaba en Tomoe, pero también en ella. No deseaba que invitara a cualquier hombre en su vida y que no conocía, tal y como lo había hecho la noche anterior, para que después terminara sufriendo.
—No exactamente —Fue su respuesta mientras se posicionaba recto en el asiento para poder hablar mejor sin tener que doblarse.
Sus manos seguían empuñadas en el cojín, temeroso a la velocidad del vehículo. Hecho que le pareció irónico al ser él el supuesto aprendiz de una escuela que usaba la velocidad divina. «¡Velocidad divina mis pies! »Pensó, su habilidad era nada comparado con la aceleración a la que viajaban. Aunque era de suponerse, un humano y una maquina jamás serian lo mismo y eso lo tranquilizaba pero a la misma vez lo asustaba.
Kaoru sonrió y se dispuso a darle una buena noticia, bajando un poco la velocidad por consideración hacia él.
—Hablé con Tomoe esta mañana antes de despedirnos —La conductora aclaró su garganta para poder emprender con fortaleza y sin titubeos. Sus manos en el volante solo se apretaron con desazón por lo que estaba haciendo—. Le pedí su teléfono y le di el número de la casa. Me dijo que estaba muy interesada en ti.
La melena rojiza del espadachín voló en el aire por la alta velocidad con la que había volteado a verla. Ella estaba interesada en él, hecho que le alegraba en gran manera. Tanto que podía llevarse la mano al pecho y golpearse para constatar que no estaba soñando. Pero…
Miró a Kaoru interesado en su sonrisa, que al contrario de su usual parecía extraña.
—Y me preguntó que qué pensaba sobre invitarte a salir —Su voz salió más empujada por su valor que por su fuerza de voluntad. Aunque había parado en una luz roja, se rehusó a mirarlo, simplemente no podía hacerlo mientras renunciaba a él.
—¿Y qué le respondiste? —Quiso saber con una curiosidad bastante extraña, aunque pronto se arrepintió de la forma urgente con la que había salido su pregunta. Fue incapaz de retractarse y esperó por su respuesta. Era como si hubiera querido saber en que había quedado con Tomoe, pero también qué era lo que ella opinaba.
Después de lo que diría estaría sentándose de plano en esas bancas imaginarías del campo Kenshin. Seria llamada solamente para dar aguas y para limpiar el sudor de ambos de sus jugadores. No quería pero debía hacerlo no solo por su bien, sino por la felicidad de alguien al que apreciaba. Inhaló con pesar y dejo salir las últimas palabras que le había repetido a Tomoe—. Le dije que me… me parecía genial —Fingió una gran sonrisa actuando como si de verdad se alegraba por la metida de pata que había hecho.
Él asintió y agradeció su intervención, aunque quedo insatisfecho sin saber el porqué. Algo dentro de él se había reconfortado al saber que ella estaba de acuerdo, pero hubo algo más que simplemente raptó su calma y lo arrojó a pensar en varios factores. ¿Estaba bien lo que estaba haciendo? Era decir, Tomoe no era su Tomoe, sino otra versión del futuro. Una que realmente no conocía. Y Kaoru, no quería incomodarla ni usarla para su beneficio, pero sin ella… sin ella…
—De verdad le gustaste, Batty —dio otro suspiró mientras trataba de quitarle esa expresión de dudas del rostro. Seguramente ya se había dado cuenta de que algo estaba mal—. Ella nunca habla con otros hombres, más que de negocios. Es la primera vez que la veo animada —recapacitó en su oración que muy bien se podría mal interpretar, y más si Tomoe la escuchaba—… no, espera… mmm... ¿Cómo podría describir su actitud? Bueno, el punto es que ella dio el primer paso, y aunque no lo demuestre, porque todas las mujeres somos diferentes, ¿ves? Ella lo proyectara a su manera. Sí, eso es —tartamudeó. Ya ni siquiera sabía lo que estaba hablando. Se sentía hipócrita y apestaba para cupido de Kenshin.
Se estacionó en una orilla al escuchar las risillas de su acompañante. El chico había llevado su mano hacia su boca y se había echado a reír de la forma en la que se estaba expresando. La cuestión era: se reía con ella… o de ella. A pesar de sus patéticos esfuerzos de fingirse enojada y ceñuda, se sintió vencida al dejarse contagiar por sus risas. Se tomó del estómago y se dejó llevar por el suave sonido de su voz. Era maravilloso llevarse con alguien y compartir momentos como esos con otra persona. Y, por esa razón estaba más que agradecía.
Verlo sonreír era suficiente para ella.
Después de tranquilizarse se irguió nuevamente con determinación. Quería hacer las cosas bien—. Yo te enseñaré todo lo que tienes que aprender de esta era y estarás bien, Batty —le prometió.
—Bien…
—Oye, ¿quieres ir a un lugar donde nunca debes llevar a Tomoe en una cita?
Kenshin sonrió—. Adelante, maestra de las citas. Llévame a donde quieras.
El motor del carro se volvió a encender, y así ambos llegaron a un establecimiento de comida rápida en menos de diez minutos.
Kenshin frunció el ceño cuando se detuvieron detrás de un restaurante, esperando por algo que no sabía qué era. Miró en seguida a Kaoru apretando un botón y hablando sola con una máquina. ¿Qué le pasaba? ¿Acaso se encontraba se le había perdido algo por ahí? ¿Por qué hablaba con un poste negro con agujeros?
Se inclinó, solo para asegurarse de no oler a pólvora o algo por el estilo. Pues en su época se habían inventado algunos objetos similares que resultaban más mortales que un espada. No quería que esa cosa disparara y el rostro de Kao sufriera las… Sacudió la cabeza y espantó sus pensamientos fatalistas. Estaba exagerando, se estaba llenado al otro extremo. Probablemente estaba dejando que su mente dramatizara la situación y se estaba preocupando de más. Seguro era otra de esas cosas tecnológicas y endemoniadas que Kaoru amaba usar. Aun así, no se alejó del hombro de Kaoru. Y en su mente se repitió que la acompañaría «por si acaso».
La voz de una cajera se escuchó por una bocina y Kaoru prosiguió con la orden, volteando y preguntándole varias veces si prefería una hamburguesa o una ensalada, papas o una fruta, soda o un jugo, pollo empanizado o asado, aderezo o salsa de tomate, y, al final de todo… si quería un cono de helado.
Como era de esperarse Kenshin quedo conmocionado con la cantidad de preguntas. ¿Esa máquina podría recordar todo? ¿Esa podía hablar por sí sola? ¿Sería su chef? Ahora que lo pensaba, en esa época ya todo era posible. Esa máquina del demonio seguro hacía la comida y así había desplazado a todos los cocineros japoneses que estaban con anterioridad.
Tragó con fuerza y regresó a su asiento temiendo que se encontrara en una época aún más temible de la que imaginaba. Empuñó sus manos cuando el auto comenzó a avanzar lentamente hasta estacionarse frente a una ventanilla, donde los vidrios se abrieron y de ellos salió una mano.
—Aquí tiene, señorita —Kaoru se estiró para pagar y le agradeció a una chica de alrededor de veinte años por su servicio.
Luego avanzaron hacia la otra ventanilla, para que la comida se le fuera entregada. Una vez que esto pasó, dio vuelta y se estacionó detrás del restaurante, esperando y mirando a Kenshin con paciencia.
Parecía confundido, sus manos se habían empuñado sobre sus piernas y su mirada se había clavado en ellas. Como si estuviera asimilando algo importante, o meditando sobre su próxima acción.
—Kenshin, eso de allá fue una cajera —comenzó ella al verlo ido y un poco angustiado con el asunto—. La caja negra es como un teléfono, yo hablo y ella me escucha del otro lado. Anota nuestras órdenes y se las da a los que preparan la comida. En la primera ventanilla ella nos cobra la cantidad y en la segunda alguien más nos entrega los alimentos.
—Tan rápido… —La miró dudoso. Entendía lo de la caja, pero no lo de la comida—. Los chefs deben ser prodigios…
Kaoru sonrió y metió su mano en la bolsa de papel para sacar una hamburguesa. En seguida, la desenvolvió y se la mostró.
—Ahí adentro no hay chefs, hay preparadores solamente o cocineros si los quieres llamar así. Toda esta comida esta procesada, lo que significa es que tienen químicos para darles color y más duración en el congelador. Los alimentes están empaquetados y créeme, no querrás saber qué carne utilizan, cómo la cocinan o de dónde proviene.
—Entonces, ¿por qué la comes? —Preguntó horrorizado de todo lo que ella había implicado. ¡¿Acaso esa mujer no pensaba en su salud?!
Kaoru extrajo un contenedor de ensalada y se lo extendió con un par de cubiertos.
—Lo hice porque quiero mostrarte mi mundo, las cosas buenas e incluso las cosas malas en él —confeso dándole una pequeña mordida a su emparedado de carne—. Además que sabe rica la comida —sonrió de lado a lado—. Así que cómelo, esta será tu primera y última vez… O te vuelves adicto.
Kenshin asintió y tomó la ensalada. No tenía nada que perder, ¿verdad? Ella solo quería mostrarle, enseñarle para volverlo independiente. Así que no la defraudaría.
II
Terminaron de bajar el equipaje y entraron a la casa. Kenshin extrañaba su vieja hakama que había sido sustituida por pantaloncillos un poco muy ajustados para su gusto, así que no podía esperar y salir de ese empaquetado en el que sentía estar.
—¿Hola? Ah, Tomoe… ¿cómo estás?
El pelirrojo se detuvo cuando Kaoru lo miró tras contestar su teléfono. Era Tomoe y Kaoru le hacía señas con la mano como si quisiera que se acercara para escuchar. Pero no lo hizo subió al cuarto de Kaoru para dejar un par de maletas y luego se dirigió al suyo a hacer lo mismo. Quería darle su privacidad para hablar libremente, aunque hablara con la mujer que le interesaba.
Se dejó caer en la cama acolchonada cerrando sus ojos, ¿a quién engañaba? Probablemente debió ir a escuchar. Todo lo que estaba viviendo parecía ser un sueño, uno tan increíble e inédito que simplemente a veces se negaba que fuera verdad. No era que extrañara su vieja vida, pero a veces se preguntaba si merecía todas las comodidades que Kaoru le estaba brindando y si ella era capaz de entender totalmente quien había sido él… y si lo aceptaría tras comprenderlo.
… Pensaba en lo que ella diría si le contaba de su boca lo que había tenido que hacer para ganar la guerra y traer una era Meiji en el pasado. ¿Cómo reaccionaría? ¿Seguiría llamándolo Batty?
Apretó los parpados con desesperación. Era incapaz de gritárselo para que se alejara de él, de decirle sobre las muertes que había ocasionado y las cuales seguramente terminarían con su amistad. No era que se avergonzara de su pasado pero si Kaoru lo había recibido, no estaba seguro si recordarle qué clase de persona había sido sería lo más beneficioso para mantenerla en su vida.
Su mueca se quebró en una sonrisa. Se preguntaba si algún día volvería a su mundo y si en éste habría personas tan amables e inocentes como Kaoru. Quería tener el poder de saber tan solo eso, y si lo hacía, deseaba la oportunidad de entonces decidir en cual época quedarse. Pues si había sido mandado ahí seguramente era con una misión. Probablemente la señora de la posada en el pasado quería darle una segunda oportunidad, una para rehacer su vida. Una para ser valorado por otras personas mientras el cargaba una cartilla en blanco.
Donde había una Tomoe
Y una gran amiga como Kaoru.
—Batty, —la agitada voz de Kaoru apareció dentro de su cuarto.
Él se puso de pie en un segundo, imaginando que algo malo le había pasado para que llegara de una forma tan estrepitosa. La tomó de los brazos y la zarandeó un poco alterado.
—¡¿Qué pasa, Kaoru?! Dime, ¡¿qué te ha pasado?!
Kaoru extendió su mano. Con el dorso de esta posando frente a su rostro y esperando que él la tomara. El pelirrojo alcanzó su palma y recibió lo que esta contenía. «¿Algo rectangular? »Se preguntó.
—Te enseñaré a usarlo —le prometió ella con voz agitada pero con labios sonrientes.
Abrió su puño y vio un teléfono. ¡¿Por eso ella lucia tan emocionada?! La miró confundido tenía que explicarse más o terminaría por llevarla con Megumi.
—Hoy tendrás una cita con Tomoe, así que necesito mostrarte cómo usar éste y muchas otras cosas —sonrió tomándole de la mano e instándolo a ponerse de pie para llevarlo al armario—. Mientras estuvimos fuera Megumi me hizo el favor de conseguirte atuendos para la ocasión, así que aquí estamos…
Kenshin miró a su alrededor más ropa nueva, más zapatos, suéteres y corbatas. Era excesivo lo que había gastado en él, no sabía las marcas de las que ella comenzaba a explicarle pero notaba la calidad y suavidad en toda la ropa. ¡Hasta en los pañuelos!
—Kaoru, no tengo cómo pagar todo esto…
Kaoru guardó silencio y luego se posicionó frente a él tomándolo de los hombros con suavidad—. Es lo menos que puedo hacer por ti si planeas ser mi guardaespaldas. Me acompañarás a muchos lugares que ameritan que luzcas bien, y además tendrás un sueldo.
—¡Pero esto es mucho! Puedes regresarlo y con mi sueldo yo…
—¿Estás tratando de decir que mi vida no vale mucho y que por eso cualquier salario te es suficiente? ¿Es eso, Kenshin? —Dejo caer su ceño y la curvatura de sus labios, mostrando tristeza y dolor.
Él se apresuró agitando su cabeza con desespero ante la malinterpretación que había ocasionado su actitud y rechazo—. No quise decir eso pero…
—¿Pero?
—Está bien, Kaoru —resoplo. Si decía más solo empeoraría las cosas y no quería herir a Kaoru más de lo que seguramente ya había hecho—. Pero esto es lo último que me comprarás. Por favor…
Kaoru dio la media vuelta, dándole la espada mientras sonreía malévolamente porque lo había convencido—. Está bien, Batty, como digas. Ahora, ¿dónde seguíamos?
Kenshin entrecerró la mirada. ¡Qué rápido se había sobrepuesto! Suspiró vencido, no entendía a las mujeres y sus rápidos cambios de humor ni en el pasado ni en el futuro. Y algo le decía que nunca podría hacerlo sin importar en qué época se encontrara.
—Oye, Kao —La tomó del brazo preocupado cuando una duda más le llegó a la cabeza, y un poco apenado cuando el diminutivo de su nombre abandonó su boca—. Te agradezco sobre la cita con Tomoe, pero… que tal y me pasa algo como lo del baño. Hay muchas cosas que aún no conozco de esta época.
—Lo sé —lo relajó con otra sonrisa y salieron de ahí. Lo volvió a llamar a su lado y se sentó en la cama sacando el celular mientras le mostraba algunas imágenes de cubiertos y comida en el restaurante donde Tomoe había acordado llevar a Kenshin—. Por eso necesitamos mostrarte lo más que podamos. A ella ya le he explicado sobre tu condición.
—¿Sobre el viaje en el tiempo?
—¡No, tontito! Sobre tu 'pérdida de memoria súper extra crónica'.
—Ah, quieres que mienta…
—Sí, así es... ¡Digo, no! Solo que omitas el detalle por ahora. Después, cuando lo de ustedes avance puedes comentárselo —aseguró Kaoru. Lo menos que quería para su Batty era que se burlaran de él, que lo molestaran o incluso que lo señalaran por lo que ambos creían que era la verdad. Tampoco conocían a Tomoe como para asegurar que ella entendería. Así que ocultarlo era la mejor opción por ahora.
Kenshin dudó. No quería mentirle a Tomoe, aunque entendía muy bien que lo que decía Kaoru era verdad. Y, si tenía que ser realista era la mejor opción. No quería espantarla y ahuyentarla justo cuando el destino los había unido por segunda ocasión.
—Tienes razón —aceptó moviendo la cabeza y cruzándose de brazos dispuesto a cooperar con lo que ella le dijera—. Enséñame todo lo que tengo que saber en esta cita, maestra.
Kaoru sonrió. Genuinamente se alegraba por él, pero no podía dejar de sentir que lo que hacía estaba mal. Parecía un presentimiento malo que le decía que algo malo saldría de ello. Retorció los labios, ahorrándose las palabras de arrepentimiento que estuvieron por salir de su boca. No interferiría. Seguramente esa sensación no eran más que sus propios sentimientos. Ella no era así, así que se haría a un lado y miraría desde las gradas, tal y como ya se había idealizado. No tenía intenciones de luchar por algo que no era suyo, y que ni siquiera estaba segura atesorar tanto como para volverse una guerrera.
Despues de todo… Batty era su amigo, y solo eso.
III
Una hora antes de que Tomoe pasara por él, tocó a la puerta del cuarto de Kaoru. No sabía qué vestuario utilizar para un restaurante de dicha calidad, como el que había descrito su amiga, mientras lo entrenaba con los cubiertos y algunas cosas del vino y comida de forma virtual.
Se acercaba la hora y no había decidido sobre ningún atuendo. Y quien mejor que Kaoru para iluminarle el camino dentro del mundo de la moda, como ella lo llamaba.
La puerta color café oscuro se abrió lentamente, descubriendo detrás de ella una Kaoru que nunca se imaginó ver. Sus vestidos sueltos, simples, disimulados y de colores pasteles, habían sido sustituidos por un atuendo arrebatadoramente sensual. Aunque seguía siendo largo, tal vez tres pulgadas más abajo de la rodilla, la tela negra ajustada moldeaba su silueta de una manera espectacular, dejando notar los resultados de una buena rutina de ejercicio.
No sabía qué decir, simplemente se había quedado ahí parado como un idiota balbuceando tonterías sobre el color de una corbata que ni siquiera usaría esa noche… o ni siquiera tenía. Esa Kaoru lo había descolocado, no solo por lo atrevida que ahora lucia... Sino porque había dejado de ser su tierna Kaoru.
Kaoru alzó una ceja, esperando a que Kenshin dejara de hablar de una supuesta corbata que ni siquiera ella recordara que hubiese comprado. Ajustó su arete de diamante y luego lo invitó a pasar.
—Disculpa por recibirte así. También me estaba arreglando —Kaoru dio media vuelta y buscó en su cajón las medias protectoras para usar junto a sus zapatillas—. ¿Necesitas ayuda?
—Sí, es decir… no sé qué utilizar con este pantalón. Ni siquiera sé si la camisa que escogí va de acuerdo a la ocasión —confesó el pelirrojo admirando una vez más el vestido negro de lápiz de Kaoru.
—Mmm... —Ella posó sus dedos sobre sus labios recordando su guardarropa entero para darle otra opción. Ya que su camisa para nada estaba mal, simplemente la combinación de las rallas en los bordados de sus calcetines no tenía nada que ver con los cuadros en la camisa de Kenshin—. Ven, busquemos otra cosa.
Él le siguió, disfrutando el delicado y sutil aroma que el cabello azabache iba dejando atrás. Pero entonces, cayó en cuenta. ¿A dónde iría? ¿Con quién iría?
Sospechoso, entró a su habitación, esperando que fuera ella la primera en delatarse.
—Mira, esta camisa no tiene ningún detalle, le ira bien a esos pantalones ya que aunque no tienen bordados o secuencias, el poco brillo de la tela es suficiente para hacerlo la pieza central de tu atuendo. Así que déjalo ser. Usa estos zapatos, el color también ayudará mucho para hacerlo sobresalir.
—¿Qué no sería mejor que la camisa fuera mi centro de atención? Quiero que vea mi cara, no mis pantalones —bromeó Kenshin y se alegró haciéndola sonreír por igual. Era obvio que no sabía nada, ni entendía secuencias ni patrones en las telas, pero se sintió mejor cuando su rostro se suavizó y sonrió junto con él.
—Veo que aprendes muy rápido —aplaudió Kaoru tomándolo de sus hombros para explicarle—. Pero lamentablemente para la moda, tienes un rostro muy hermoso, un color de ojos que sobresalen por sí solos y un color de cabello que en sí es tu pieza central —le dio un par de palmaditas—. En otras palabras, no necesitas la camisa para que ella te mire a los ojos.
Kenshin sonrió apenado. No porque se sintiera halagado por sus comentarios, sino porque Kaoru era una chica que nunca cambiaba y siempre tenía palabras llenas de bondad hacia otras personas. Por eso, la admiraba. Por eso se sentía afortunado de tenerla a su lado, apoyándolo.
—Me hiciste sentir como mujer con esa línea, Kaoru.
Ella cubrió su boca y se echó a reír—. Oye, ahora que lo pienso… tienes razón.
Él se le unió, riendo. Pues era lo mismo que a él le había pasado por la cabeza en ese mismo momento. Aunque no opinaría al respecto y lo respetaría, ella no necesitaba vestirse así para que un hombre le mirara a esos hermosos ojos suyos, al menos él lo sabía. Ella no necesitaba de nada más, ni un perfume caro ni un vestido llamativo, simplemente tenía que ser ella misma para hacer a cuquería feliz.
—Te ves hermosa —admitió a pesar de lo que había concluido en su mente, dándole la espalda para ocultar su sonrojo, ya que no estaba acostumbrado a halagar a ninguna mujer.
Kaoru paró de buscar el saco ideal para él. Lo miró de reojo contemplando solo su espalda. Sonrió suavemente y ajustó los gruesos tirantes de su vestido.
—Gracias por tu opinión. Aunque creo que necesito un…
—Nada… —Él se giró esbozando una sonrisa gentil y genuina—. No necesitas nada más Kaoru, así estás perfecta.
Kaoru soltó un grito dentro de su cabeza y tuvo que contener las ganas de hacerlo audible por la emoción. En su lugar, quiso salir de su habitación para ir a brincar en su habitación del gusto que le había dado oír un halago suyo.
—Necesito preguntar por curiosidad antes de irme y para estar más tranquilo… —añadió Kenshin metiendo las manos en el saco tras escuchar el timbre de la puerta—. ¿A dónde iras?
Kaoru se detuvo en el marco de madera que daba al corredor. Dio la media vuelta y apuntó al botón superior del cuello de la camisa blanca de vestir de Kenshin—. Desabotónalo, la matarás con eso —mencionó con descuido, hablaba por lo que ella experimentaba al verlo así—. En cuanto a tu pregunta... El senador me invito también a una cita. Así que me imagino que ambos llegaremos muy tarde esta noche…
Kenshin se detuvo, con las palabras retumbándole en la cabeza: —Llegaremos muy tarde esta noche…
Continuarah…
Notas de Autor:
