BAJO LAS ESTRELLAS—

Por Zury Himura


Gracias por los comentarios y seguidores. Les agradezco tanto su opinión.

Disclaimer: los personajes no me pertenecen.


Capítulo 9

Retorció la boca cuando la punta plateada del tenedor ralló la superficie negra del sartén, y entonces, al ver la cuarta marca en éste, se decidió por los palillos improvisados que había hecho de plástico. Más cómodo volteó las piezas de carne que cocinaba para el desayuno, y en seguida se lavó las manos para seguir exprimiendo naranjas.

Kaoru bajó de su habitación, bostezando y estirando sus manos en el aire antes de oler la deliciosa esencia de lo que se cocinaba. Animada, acomodó su falda y se sentó frente a la barra de la cocina cruzando sus piernas mientras estudiaba a Kenshin. Vaya, que lucía muy bien, y no se refería exactamente al desayuno. Suspirando y entristeciéndose con lo que podía ver pero no tocar, se recargó en la barra exclamando sobre los malos sueños que había tenido cuando el cocinero le correspondió.

Claro, tenía que mentir y desviar su atención, no quería quedar como: la solterona acosadora que salía con el senador.

—Siento escuchar eso, —Kenshin sopló en la flama de la estufa antes de recordar la manija que había utilizado para encenderla. Avergonzado, esbozó una sonrisa disimulando sus movimientos para apagar la comida—, ¿por qué no tomas el día libre? Digo, puedes hacerlo, ¿no?

—No. —Se talló la cara borrando su cansancio. Y es que era evidente, el asunto de su pasado, junto al de su huésped era más de lo que podía controlar, y su cuerpo comenzaba a mostrar las consecuencias—. Pero tú puedes venir conmigo si quieres.

Él arrancó un pedazo de carne, probando su sabor y su suavidad. Cuando constató que estaba lista, comenzó a servirla en algunos de los platos de plástico que había encontrado en uno de los cajones. Decían feliz cumpleaños y tenían adornos rosas llenos de globos y mariposas. Aunque no estaba seguro que eran una buena opción, prefería usar esos a los que eran más simples y tristes.

Ella sonrió ante la vista de su desayuno. Esos platos los había usado hacia algunos meses al celebrar el cumpleaños de Misao, y aunque era irrelevante, se sintió contenta de que volviera a ver un gesto amable tan temprano ese día.

—Ahí estará Tomoe —Su sonrisa gradualmente se volvió más ligera y pasó saliva como si le costara confesar uno de sus crímenes—. Hoy solo tendremos pruebas así que puedes pasar tiempo con ella —le sugirió.

Kenshin jaló su silla, se sentó frente a ella y asintió sin ninguna palabra tomando sus palillos al agradecer por la comida. Gesto que no fue ignorado por la chica, la cual se preguntó si había dicho algo malo o se estaba metiendo más de la cuenta en asuntos que claramente no eran de ella.

—Y tú, ¿cómo vas con el chico ese, el que parece tu tío…? —preguntó con un toque contradictoriamente desinteresado, mientras jugueteaba con un pedazo de vegetal que resbalaba por su plato.

Aunque por un momento la tomó por sorpresa y hasta dejo de comer, reaccionó rápidamente para contestar sin que se notara su titubeo. Era un tema que nunca pensó tocar con otro chico, sino con sus amigas.

—Emm, si tengo que ser sincera… —¡Claro que tenía que serlo! Entonces, ¡¿por qué algo en su interior quería mentirle?!—. Creo que las cosas están yendo muy rápido —prosiguió nerviosa, dejando su tenedor a un lado para no jugarlo, tal y como Megumi le había dicho que lo hacía cuando mentía—. Y, creo que estará pidiéndome ser su novia oficial esta noche o mañana.

Los dedos del pelirrojo se había dejado de mover y la cortina de su flequillo le obstaculizó el panorama de su mirada ámbar, y de la mitad de su cara al agacharla. Su boca había dejado de mascar y sus labios delgados se habían comprimido mientras pasaba.

Curiosa por la descripción estiró su mano lentamente hacia su rostro, quería tocarlo y ocasionar un escrutinio que le quitara las dudas que sus acciones habían creado. Sobretodo esa reacción singular que fácil había interpretado como incomodidad. Inconformidad con la noticia… o que simplemente estaba malinterpretando y que en realidad Kenshin se estaba ahogando con la comida.

¡Oh por Dios, Kenshin se estaba ahogando con la comida!

Se paró rápidamente al verlo golpear repetidas veces contra su pecho, y sin hesitar lo abrazó por la espalda comprimiendo en la parte que dividía su pecho y su estómago. Se sintió tan estúpida por dejarse llevar por sus expectativas, pero en ese momento la preocupación que sentía por él predominaba sobre cualquier complacencia de su egoísmo.

—Respira, uno, dos, tres, respira y puja fuerte —Apretó varias veces su abdomen imitando como debía exhalar e inhalar. La verdad no tenía idea de lo que hacía, solo había visto en la tele lo que se debía hacer en casos como estos, y estaba segura que lo estaba mezclando con las indicaciones de un parto.

Nerviosa, cerró los ojos y guardó silencio. Era mejor solo ayudarlo y no exponer su falta de conocimientos médicos.

Entonces, separó sus parpados ligeramente cuando las manos de Kenshin se posaron sobre las suyas, calmándola y diciéndole suavemente que ya se encontraba bien. Resoplando de alivio, se recargó contra su espalda separando lentamente sus manos mientras musitaba lo mucho que se había asustado y que lo sentía.

—Era más probable que te sacaba un Kenji que el pedazo de carne que te comiste —suspiró Kaoru avergonzada, saltando de sorpresa cuando sus manos que se retractaban fueron detenidas nuevamente por las de Kenshin, ajustándolas a su abdomen para que permanecieran dentro de los bolsillos de su suéter.

—¿Un Kenji? —Musitó el pelirrojo sin corresponderle la mirada, simplemente se quedó de espaldas quieto y sereno a pesar de lo que había pasado.

Aunque estaba admirada, se quedó inmóvil, debatiéndose si debía preguntar lo que le ocurría y si verdaderamente estaba bien o simplemente debía quedarse ahí. De esa forma.

—Sí —rio rindiéndose y acomodando su mejilla contra su espalda para recargarse sobre él—. Después de lo que ocurrió me prometí que quería un comienzo nuevo y refrescante y que no importaba cuanto tiempo tardara en sanar pero lo haría.

Cerró los ojos, escuchando el sonido del corazón de Kenshin latiendo contra su pecho y dejándose arrullar por el ritmo de sus pasivas respiraciones.

—Entonces, cuando estuviera lista y mi pasado quedara atrás amaría tener una esperanza —siguió con voz ronca acomodándose en la calidez que el cuerpo de su acompañante le ofrecía—. Un comienzo saludable y sano, donde yo crecería para darle a esa esperanza lo mejor de mí. Para que creciera.

Kenshin guardó silencio y solo escuchó la voz de ella enterrándose en su espalda y dejando los rastros de la humedad de sus palabras a través de su ropa.

—¿Kenji, huh? —Repitió Kenshin sintiendo una sensación extraña en su lengua cuando el sonido salía de su garganta—. Hay varios significados para ese nombre.

—Sí. En realidad todo depende con el tipo de Kanji con el que lo escribas, cada uno le da un significado totalmente diferente…

Pensó en lo que actualmente ese nombre tenia de importancia para una mujer como Kaoru y lo mucho que sabía. Lo que para ella significaba y lo que ella deseaba de su vida y su futuro.

—Pero, tu elegiste ese —apretó sus manos enterrándose con más fervor a las de ella—. Muy buena elección, Kaoru.

—Gracias.

II

La lata de té helado cayó nuevamente en su mano mientras la otra daba otro giro en el aire antes de aterrizar es su otra palma. Esa maldita máquina de bebidas, le había dado tantos problemas que había terminado depositando casi todos sus billetes al no entregarle nada de lo que él esperaba. Afortunadamente, el encargado de seguridad, se había hartado de verlo zarandear la máquina de lado a lado con temor a romperla, que se había parado, apretado un par de botones y entonces había obtenido las bebidas de su elección. Incluso hasta había obtenido la mayoría del dinero que había introducido.

Interesado en la apariencia de sus botines, se detuvo en uno de los sillones para atar las cintas y reanudar su paso para no caer.

—Ah, aquí estás —Kenshin suspiró y cerró los ojos con pesar al reconocer esa voz que le retumbaba y le daba dolores de cabeza desde que había llegado a esa época.

Alzó el rostro, cogiendo sus latas de té y quiso escapar de ahí saludándola con tan solo el gesto de su barbilla.

—No, no, no —Misao lo detuvo de su brazo, empujándolo hacia una de las habitaciones vacías para poder hablar con él.

—¿Qué crees que estás haciendo? No me gusta que me toquen —reclamó molesto de que se le arrastrara contra su voluntad.

Pero a la chica no le importó los reproches que tuviera que hacerle, si estaba ahí solo era por una razón: su «amigui» del alma.

—Dime, ¿cómo vas con la esa, con la Tomoe? —Preguntó incitándolo con gestos en sus manos para que se apresurara y no fueran descubiertos. Ya que Kaoru le había pedido quedarse fuera de ese asunto.

—No te importa —Kenshin contestó secamente haciéndola a un lado con la palma de su mano.

Molesta, la modelo corrió y se plantó frente a él impidiéndole su escape. Sabía que Kaoru no era de esas personas que se interponían en relaciones ajenas e incluso si le costaba su propia felicidad. Prefería ser infeliz antes que intervenir en asuntos de otras personas.

—Claro que me importa, estás viviendo con mi amiga después de todo —habló claramente. Que Kaoru le perdonara si estaba por meter la pata—. Ya sabes lo que ella siente. Te has hecho el estúpido y has fingido no saberlo.

Furioso, se volteó arrebatando su mano para liberarse una segunda vez—. No creo que te lo diga ella, pero déjala en paz de una buena vez —Su mirada destalló de impotencia y su voz comenzó a alzarse solo un poco, pero lo suficiente para volverse temible—. Al fin está creando algo, está alcanzando algo por lo que soñó tanto tiempo. Así que déjate de estupideces y déjala crear su nueva vida —le recriminó sus imprudencias—. Así que lo que sea que te haya dicho de mí en su momento, ya olvídalo.

Aun con algunas de esas palabras en sus labios, comenzó a caminar. No tenía por qué hablar de asuntos que seriamente ya no eran de ella.

—Lo dice alguien que ni siquiera se da cuenta de lo que ocurre —se atrevió ella a empujarlo contra la pared. Estaba furiosa y aunque sabía que estaba siendo agresiva no le importó—. Dime, ¿por qué no has ido más allá con Tomoe? ¡¿Por qué dejas que Kaoru te tome cuando quiera mientras a Tomoe la tienes de lejos?! —Rio con burla—. Tal vez amas a Tomoe pero quieres a Kaoru… o al revés.

Gruñó y encerró sus puños con fuerza para contenerse de hablarle de otra forma. Ella era una mujer insulsa que se creía adivina de todo. No le parecía, no le agrada y no la dejaría. Aunque tuviera algunas cosas que agradecerle.

—Es mejor que te mantengas alejada de mí… Kaoru es un asunto que no estoy dispuesto a hablar con nadie.

—¡¿Y si no qué?! —Repelo, sosteniéndose de la cintura con ambas manos.

—Y si no —sonrió girando la manija de la puerta—. Esas marcas oscuras, apenas notables, bajo tus ojos, la debilidad en cada una de tus acciones y tu pérdida de cabello será notada rápidamente por el departamento que se encarga de la salud de sus modelos en la agencia de Kaoru. Y, si eso no es suficiente… te estas metiendo con la persona equivocada.

Misao se detuvo en silencio en la entrada, con labios separados y ojos bien abiertos. Dejándolo ir sin ninguna otra objeción aunque si lo deseaba. Aunque anhelaba seguir luchando por su amiga, las observaciones de su guardaespaldas le afectaban más a ella en muchos aspectos. Si la estaba amenazando, las consecuencias de una dieta rigurosa que eran más que evidentes eran solo las pruebas que el necesitaba para acabar con su carrera.

III

Kaoru colocó dos alfileres más para ajustar la bastilla del vestido en una de sus modelos. Misao había faltado al trabajo y por eso se estaba encargando de otra de sus empleadas. Chasqueó la boca y se alejó un poco para confirmar sus arreglos. Parecía todo en orden y se podría decir que por ese día había terminado.

Kenshin estiró la lata de té hacia Kaoru mientras él sorbía un poco del suyo. Disimulando no notar a Tomoe mirándole desde el otro lado del salón de pruebas. Y es que no era tan fácil entablar una conversación con ella, se sentía nervioso y demasiado incómodo. Probablemente todo se debía a sus pensamientos de culpa y su intimidación ante dicha mujer. Todo era más fácil cuando estaba con Kaoru.

Consideradamente, dejo su bebida a un lado y se sentó junto a él, empujándolo con el codo para que reaccionara. Tampoco le miró, simplemente comenzó la conversación como una casual que simplemente beneficiaria a su amigo. Pues sospechaba sobre su actitud despistada.

—¿Sabes, Batty? —Suspiró Kaoru jugando con los pedazos de tela en su mano—. No tienes que estar conmigo todo el tiempo, puedes ir y hablar con ella si así lo deseas —añadió inhalando aire profundamente. Dios, ¿qué le pasaba? ¿Por qué se sentía tan extraña diciendo esas cosas?

Ella solo quería que fuera feliz. Sinceramente.

—No es eso, Kaoru —replicó con voz pasiva empujándola de igual forma, pero esta vez con todo el peso de su cuerpo, hasta hacerla caer en el sillón donde se habían sentado.

Ambos se miraron y rieron. A veces parecían un par de niños que sabían cómo entretenerse, como despistarse de sus problemas sin llevarse de forma pesada. Podían reír y jugar de manera respetuosa que incluso con cosas tan bobas como esas le hacían olvidar lo que había a su alrededor.

Y entonces Kaoru entendió. Lo que amaba de él era esa sonrisa inexperta, esos momentos bobos en los que tan solo un toque podía iluminar su mundo. Cuándo tan solo una mirada suya podía perderla en el espacio donde no había tiempo y solo reconocía su existencia. Amaba su esencia y la inocencia que poseía a pesar de que su instinto estaba teñido de sangre. Su alma, su espíritu y bondad.

Rápido, desvió la mirada respirando agitadamente, asustada, temerosa de lo que acababa de reconocer. Mierda, gritó mentalmente. Estaba enamorada, había bajado la guardia pensando que de un gusto no pasaría. ¡Y ahora, y ahora….!

Se puso de pie, disculpándose con nerviosismo. Con la excusa de ir al tocador de damas o lo que fuera que había balbuceado al dejarlo. Tenía que despejar su mente e inducirse en una negación profunda donde nadie podría sacarla jamás.

Una vez ahí, sacó su teléfono celular y marcó el icono de la menor de sus amigas, esperando que contestara. Deseaba ser escuchada y reprendida con un: ¿en serio, Kaoru? No, no te alarmes eso no es amor, simplemente quieres llevártelo a la cama. O un: no, amiga, estas exagerando las cosas, veras que mañana todo cambiara.

—¿Hola, Kaoru? —Contestaron desde el otro lado de la línea con voz entrecortada.

Después de todo parecía haber llamado en un mal momento. Se disculpó y prometió llamar más tarde cuando su amiga estuviera desocupada.

—No, no te preocupes. Tengo tiempo —la animó la otra mujer alejándose del ruino aparentemente—. Dime, tiene que ver con Batty, ¿no es cierto?

—Sí —confesó agitada. Lamentaba tener que molestar a otras personas con sus problemas personales, pero en cuestiones amorosas había sido comprobado que era menos que una mera inexperta—. Creo que me enamoré, Misao.

Hubo un silencio del otro lado por unos largos segundos. Pero después la mujer chasqueó la boca pensando en sus siguientes palabras.

—¿Y apenas te diste cuenta? —La regañó exhalando con cansancio—. Lo amaste desde no sé qué momento, necesitarías pensar cuál fue este, pero ya estabas enamorada, amiga.

La mujer en el baño se recargó en el dispensador de papel, tallándose la cara con la única mano que le quedaba libre. Había sido tan ingenua y se había creído superior a todos creyendo que podría controlar y domar su corazón. ¡Qué estúpida, qué tonta!

—Y ahora, ¿qué hago? El ama a Tomoe y no sé qué hacer —pronunció con desesperación. Nunca había estado en esa situación. La última vez que había sufrido por amor fue al darse cuenta que no amaba a su prometido, este no lo había aceptado uniendo su despecho con otras ambiciones y había tratado de matarla. Pero nada en ¡especial!

Ya no quería sufrir. Ya no.

Misao guardó silencio meditando en el consejo que debía darle. Uno que la pondría a sufrir aún más con la posibilidad de ser feliz al final, e involucrarse ella misma y sufrir las consecuencias… u otro, que la forzaría a voltear hacia otro lado con la posibilidad de conformismo y tal vez felicidad forzada.

—¿Has escuchado ese dicho que dice que otro clavo saca a otro clavo? —Musitó Misao con debilidad, o tal vez, sin el conocimiento de Kaoru era tristeza.

—Sí… —contestó Kamiya vencida y con la cabeza baja, sabia a dónde se dirigía todo eso. Y, aunque no lo había esperado de ella, sabía que era lo correcto. Maldición, debió llamar a Megumi, blasfemó en su mente con sarcasmo—. Lo que me dices es que haga mi vida.

—Así es —titubeó aclarando su voz varias veces—. Hay amores con los que no podemos competir, tan intensos y tan 'de una sola vez en la vida'. Esos son los que trascienden el tiempo, los que te desgarran ya sea para hacerte sufrir o vivir realmente. Esos amores no son los que jamás se logran olvidan, sino los que no se quieren olvidar. Pues la marca y esas sensaciones que dejan en tu alma, como huellas, son la única prueba de lo mejor o peor que dimos como ser humanos y la profundidad en lo que nos sumergimos por otra persona. Lo mucho que nos dieron y todo lo que dimos. Es mejor no meterte con esos tipos de amor.

Kaoru asintió agradeciéndole a su amiga sinceramente. Entre Kenshin y Tomoe había una clase de amor que ella aun no entendía pero que definitivamente no quería romper. Por eso…

—Dime, Misa —la detuvo antes de que le colgara el teléfono—. ¿Cómo le puedo decir a Gentatsu que me dé una oportunidad.

—Simplemente no lo hagas —suspiró su amiga sintiendo un nudo en la garganta por su casi hermana—. No hieras a más gente sobre todo si solo lo usaras para olvidar a Batty. Si lo invitas a salir hazlo porque lo deseas, porque fantasía, y estás atraída a él. No por despecho.

—Pero dijiste que…

—Sí, pero quise decir que lo trataras primero —se corrigió. Era evidente que había sido malinterpretada—. Cuando estés segura de que te irás con él a la cama, le harás el amor como una loca sin pensar en ese pelirrojo, entonces… y solo entonces ábrele tu corazón.

—Hacer el amor sin pensar en Kenshin, ¿huh? —Aunque nunca había pensado en eso, ahora Misao le había dado otra cosa de la que tenía que preocuparse—. Quiero tratarlo, Misao y daré lo mejor de mí.

Ambas acordaron guardar el secreto y así se despidieron entre otros temas. Después de que la dueña de la boutique saliera del baño, Tomoe abrió la puerta de uno de los cubículos que había estado ocupando y en el que se había quedado para no interrumpirla y avergonzarla al descubrirla hablando de ella. Pensativa, se quedó parada en medio del cuarto, observando el lugar donde su jefa había estado parada.

—Batty —susurró probando el sobrenombre en sus labios.

IV

Kenshin cogió la agarradera de la jarra de cristal que Kaoru había pasado a comprar en una tienda extravagante de artesanías. Esta tenía cortes diferentes en la base los cuales brillaban con la pureza del agua simple con la que había sido llenada después de haber sido lavada, y la misma que había cautivado su atención por varios segundos.

Kaoru caminó despacio sin interrumpir su concentración y presionó suavemente algunos botones de su horno mientras ella se dedicaba a servir las bebidas de fresa que llevaría a la sala. Estaba realmente emocionada. Extrañamente se sentía cómoda teniendo de invitado a alguien con el que se llevaba tan bien. Nada de nervios, nada de misterios ni obstáculos. Con Gentatsu todo parecía tan fácil y correcto que esa tarde pareció solo la confirmación de lo que estaba dejando atrás. Y, estaba alegre con su decisión.

Sorprendió por el sonido constante de pequeñas explosiones, dio un salto poniéndose en guardia al instante. No sabía hacia dónde voltear o a quién atacar, ese sonido lo había tomado con la guardia baja y lo había sacado de sus cavilaciones. Sin embargo, ahí estaba Kaoru escrutándole con curiosidad y cautela, sujetando una bolsa fuera del horno con sus guantes de cocina.

Con cuidado dejó la bolsa de palomitas a un lado después de abrirla y acercársela para que viera su contenido. Sintiéndose culpable, se acercó observándole como si tratara de disculparse. Y es que a veces, no, la mayoría del tiempo olvidaba que ese hombre decía venir de otra época distinta, hablaba de su pasado como soldado y lo traumático que debió ser su vida, cuando irónicamente, tomaba otras vidas. Pero no lo juzgaba por eso, jamás, si había sido por su patria y para defender. Simplemente, lo relacionaba con su vida diaria y aquello que le recordaba al infierno al que había pertenecido.

Uno que aun en las noches, sin saberlo y mientras dormía, regresaba y se apoderaba de él arrebatándole la paz en sus sueños. Pues, sinceramente no necesitaba dormir a su lado para escuchar los quejidos o darse cuenta que seguía despierto.

Lo tomó del brazo y sonrió cálidamente para asegurarle que todo estaba bien. Ambos tenían tanto que sanar y mucho que superar. Por eso se hacían buena compañía.

—Disculpa…

—No te preocupes —Kenshin se movió de su lugar alejándose de ella mientras revisaba el arroz que cocinaba. Eso era mejor que usar todos esos utensilios extraños que parecían para tortura—. Es mejor que atiendas a tu visitante, no creo que dejarlo a solas deba ser muy bueno.

Ella asintió rápidamente y bajó su mano para ocultarla, reprochando el sentimiento de rechazo que apareció después de que el chico se alejara. No era que estuviera reclamando y exigiendo que se dejara tocar, pero… ¿qué demonios pasaba?

—Sí. Tienes razón. Si me necesitas estaré con él en la sala.

—Ah, y Kaoru...

—¿Si? —Se detuvo en el marco de la puerta de la cocina, con un recipiente en mano y un par de vasos en la otra.

—Creo que él es un buen chico —Sus labios titubearon, pero luego encontraron la fuerza para alargarse formando una sonrisa. Y aunque vio a Kaoru plantarse en su lugar como si esperara algo más, decidió desviar su atención. No tenía más que decir, ya que lo que había dicho era más por el bienestar de Kaoru, por verla feliz y no por un hombre al que estaría cuidando de cerca.

¿Que si debía alegrarse de que Kenshin le diera el visto bueno? Claro que debía alegrarse. Morirse de felicidad y gritar como una chiquilla cuyo pretendiente le correspondía con un beso en la mejilla. Como cuando pasabas un examen por el cual nunca estudiaste o cuando te entregaban el título de la carrera que te liberaba de la escuela. O como cuando creías que morías de alguna enfermedad mortal y salía del consultorio del doctor con medicina para el resfriado.

Algo así, pero en este caso, su caso, era lo contrario. Las lágrimas de impotencia que se estancaban en sus ojos y la fuerza en sus manos que parecía romperle en los dedos mientras que sus adentros se retorcían con dolor solo eran señas de que no estaba lista para escucharlo comportándose como su mejor amigo. Más bien, ni siquiera había pasado por el proceso de aceptar sus sentimientos claramente y rendirse ante ellos, darse cuenta que era un error y tratar de superarlo.

Solo había tenido miedo al sospechar lo que llegaría a sentir y entonces, se había alejado. En otras palabras, nada estaba resuelto como para tratar de brincar hacia el otro escenario de la superación amorosa fallida.

—¿Kaoru, estás bien? —El hombre de camisa blanca de vestir ya se había quitado su corbata y la había desabotonado solo un poco para mayor comodidad. Y, al no verla venir había decidido ir por ella para asistirla en la cocina.

Kenshin los miró por el rabillo del ojo, adoptando una faceta dura cuando se vio correspondido por una mirada recelosa de parte del senador. Sorprendido de que decidiera retarlo por primera vez a pesar de la nobleza que le destacaba. Alzó la ceja, contemplado como el hombre abrazaba a Kaoru y se echaban a andar juntos, sin que el político dejara de amenazarle con la mirada. Una que tal vez decía: ¿qué le hiciste? O… que seguramente le declaraba la guerra.

Por ella.

Pero, en realidad quería saber por qué experimentaba esa sensación de incertidumbre en su interior. Aunque no era amante del televisor apreciaba los momentos en los que Kaoru se sentaba con él a cambiar los canales sin encontrar nada que ver, mientras le explicaba las rarezas de su mundo. Eran pasatiempos que en ese momento concientizaba le pertenecían a ese hombre. En compañía de su amiga y de alguien al que apreciaba verdaderamente. Tampoco había motivos por los que debía temer o preocuparse, estaban bajo el mismo techo y nada pasaría. Entonces… ¿por qué prestaba tanta atención?

Era una decisión que aún no entendía, sentimientos que lo incitaban a tomar su cena y arrastrar los pies no hacia su habitación.

Sonrió y negó.

Sino hacia el otro sillón de sala.

Continuará…


Notas de autor: