Bueno, llegamos al penúltimo capítulo de este fic (telenovela latina) y espero que os haya gustado. Hay otro fic de esta escritora muy parecido a este, se desarrolla en una hacienda también y la relación entre ellas comienza bastante mal por algo que a Emma, por supuesto, no le gusta, pero es un fic mucho más duro que este, no solo porque la Regina del otro fic es mucho más "masculina" en sus actitudes, sino también porque ocurren cosas mucho más fuertes, hay muchos más personajes "malos" en la historia. Es un fic largo, tiene ochenta y pico capítulos, y nunca me he decidido a traducirlo porque no sé si va a gustar, porque si este ha tenido pinta de telenovela, el otro directamente lo es. Ya veré si en algún momento me decido. Mientras a disfrutar de los dos que quedan de este.

Capítulo 34

Intentando ignorar el estruendo de los motores del Jet alquilado por Cora, Emma solo pensaba en Regina y en cuán indefensa y sola debería estar en aquella hacienda. Su corazón se oprimía en el pecho a medida que los minutos pasaban, y el pavor parecía crecer en su alma cada vez que la imagen de Regina herida surgía en su mente.

«Buenas tardes, señora Mills» dijo el piloto, apretando la mano de Cora «Todo lo solicitado por la señora ya fue pedido, y en menos de una hora llegaremos al aeropuerto más cercano a Storybrooke»

Cora hizo una pequeña señal con la cabeza y se dirigió a uno de los sillones. A su lado se sentó Zelena, seguida por Henry y Emma.

A media que el Jet ganaba altitud, las luces que rodeaban la pista de despegue iban desapareciendo y Emma imploraba mentalmente para que Regina estuviese bien.


«Señorita Aurora…¿cómo está ella?» preguntó Margaret

«Está bien…mi padre ha conseguido extraer la bala y ahora solo necesitamos cuidar de la herida para que no se infecte» dijo Aurora, mientras le pasaba a Regina una toalla por la frente «Y esta fiebre que no pasa…»

«Su familia ya está de camino»

«¡Qué bien! Aunque me querrá matar por haberlos avisado. La familia piensa que ella está en Londres»

«Ah…ahora entiendo por qué la señora Cora se asombró cuando le dije que estaba aquí» dijo ella, callándose cuando escuchó golpes en la puerta.

«Con permiso» dijo David «No encontramos a nadie sospechoso por los alrededores de la hacienda, pero le he pedido a Robin que vaya a la ciudad a avisar de lo ocurrido en comisaria»

«Has hecho bien…a pesar de no llevar mucho tiempo aquí, nada me quita de la cabeza que alguien ha intentado matarla»

«No es de extrañar…la patrona ha hecho muchos enemigos cuando estuvo aquí»

«David, será mejor que vayas a buscar a la familia de la patrona que ya debe haber llegado. La señora Zelena ha dejado dicho que venían en un vuelo privado y que aterrizarán en el aeropuerto más cercano a la ciudad. Así que, es mejor ir pronto, porque viene la madre de la señora, y por lo que sé, odia esperar»

«Ya voy entonces. Cualquier cosa, Robin no debe tardar» dijo él, retirándose después

Algo más tarde el Jet finalmente tomo tierra. A lo lejos, David reconoció a Emma y a Henry, y a paso rápido, fue a su encuentro y se presentó como el capataz de la hacienda.

Ya dentro del coche, Cora se preguntaba con qué propósito Regina había cambiado Londres por un lugar como aquel. Recordaba que la hacienda era muy bonita, pero no lo suficiente como para dejar la capital y vivir ahí.

«¿Cómo está mi hija, muchacho?» preguntó ella, aunque Emma ya hubiese hecho la misma pregunta

«Está bien, señora. La bala ya fue extraída, pero cuando salí de la casa estaba con mucha fiebre»

«¡Espere un momento! ¿Mi hija no fue llevada a un hospital?» preguntó ella, en una mezcla de enfado y de asombro

«La señorita Aurora dijo que podría ser peligroso llevarla a un hospital debido a la distancia»

«¿Quién es Aurora?» preguntó Emma, al darse cuenta de que nunca antes había escuchado ese nombre mientras estuvo en la propiedad.

«Es la nueva veterinaria de la hacienda» dijo él «Estaba cabalgando con la patrona cuando ocurrió el accidente» añadió, y sin poder evitarlo, el corazón de Emma entró en alerta. Regina nunca había cabalgado con nadie que no fuese ella, y al saber ese hecho, los celos y las dudas tomaron su cuerpo. Más de un mes había pasado, y según Zelena, Regina continuaba sin fecha de retorno. ¿Sería Aurora el motivo de su permanencia en la hacienda? Se preguntaba mientras la idea de perderla a favor de otra mujer la devastaba por dentro. Perdida en pensamientos, ni se dio cuenta de que habían llegado.

«Lleve nuestras maletas adentro» dijo Cora, bajando rápidamente del coche

«Buenas tardes, señora. Bienvenida» dijo Margaret «Señora Zelena, Emma…» añadió, saludándolas con un movimiento de cabeza

«Hola Margaret» Emma le devolvió el saludo

«¿Mi hermana está en su cuarto?» preguntó Zelena

«Sí señora»

«Vamos, mamá» dijo la pelirroja, caminando deprisa hacia las escaleras.

Emma, Henry y Cora la acompañaron, cada una con su ansiedad y aflicción. Cuando la puerta fue abierta, todas las miradas se posaron en el cuerpo parcialmente inclinado sobre el cuerpo de Regina. Aurora, de un sobresalto, se puso en pie, sus ojos rápidamente analizaron cada figura parada delante de sus ojos, deduciendo que el niño era el hijo de Regina, la mujer más vieja ciertamente sería su madre, sin embargo, ¿quiénes serían las otras dos mujeres? Se preguntaba al mismo tiempo que recordaba que Margaret había mencionado a la hermana de Regina. Solo le quedaba por saber cuál de las dos se llamaba Zelena.

«Buenas tardes» dijo ella, separándose de la cama

«Buenas tarde» dijo Cora, acercándose a Regina acompañada de Emma y Henry «¡Por Dios, está ardiendo en fiebre!»

«Ya se le ha dado la medicación y las vendas han sido cambiada» explicó Aurora

«¿Quién está cuidando de mi hermana?» preguntó Zelena, y en ese momento, Aurora se enteró de que esa mujer era la hermana de Regina

«Mi padre…es médico. Por cierto, mi nombre es Aurora. Soy la nueva veterinaria de la hacienda» explicó ella, y sin poder evitarlo, Emma la recorrió de arriba a abajo con la mirada y no lo pudo negar: Aurora era una mujer extremadamente atractiva, y ese hecho la llenó de inseguridad.

«Ya se puede retirar, muchacha» dijo Cora, atrayendo la atención de todos «Emma y yo cuidaremos de Regina. Así que es mejor que vuelva a sus quehaceres»

«Con permiso» dijo ella, pero antes de marcharse, sus ojos analizaron la figura de Emma.

Después de un buen rato dentro del cuarto, Cora, al lado de Zelena y Henry, se retiraron. Emma optó por quedarse hasta que despertara. Ya era de noche y Marco apareció para asegurarse de que Regina estaba bien, y felizmente todo indicaba que en breve se recuperaría.

«¿Por qué no despierta?» preguntó Henry

«Está bajo los efectos de los medicamentos, pero debe despertar pronto. No te preocupes, muchachito» dijo Marco

«¿Está seguro de que es mejor no llevarla al hospital?» preguntó Cora

«No será necesario, señora Mills. Lo que había que hacer, se ha hecho. Solo es necesario prestar atención a la herida para que no se infecte» explicó él «Preparen una sopa de verduras o una caldo de gallina para cuando despierte. Si necesitan alguna cosa o si la fiebre aumente, llámenme»

«Gracias, doctor» dijo Zelena «Lo acompaño a la puerta»

Pasaban de las siete cuando Margaret anunció que la cena estaba lista para ser servida. Solo Emma rechazó la comida, manteniéndose todo el tiempo al lado de Regina.

«Tienes que comer y descansar» dijo Zelena

«Estoy bien, no te preocupes»

«Bien, voy a acostarme. Si necesitas algo…»

«Vete tranquila…me quedaré con ella»

Con el pulso acelerado, Emma se acercó un poco más a Regina. Lentamente, enjugó el sudor de su cabeza, y enseguida la besó delicadamente, mientras le acariciaba el pelo. Los segundos se transformaron en minutos y los minutos en horas, y a medida que el tiempo pasaba, la angustia de Emma crecía porque Regina no despertaba, ni siquiera se movía.

«Te amo, Regina» susurró Emma «Estoy casi segura de que formabas parte de mis sueños incluso antes de entrar en mi vida» añadió, dejando que sus labios rozasen su rostro «Nunca deberías haberte casado con Kathryn, deberías haberte casado conmigo, pero el destino retrasó nuestro encuentro. Así que, patrona…si me perdonas por haber sido una idiota dejándote sola y rechazando tus peticiones de disculpas, tú y yo vamos a pasar el resto de nuestras vidas juntas, pase lo que pase»

«Solo te voy a perdonar porque soy una buena patrona…» murmuró Regina, El lindo y asustado rostro de Emma casi le cortó la respiración. Sus ojos se apartaron de los de ella para posarse en los temblorosos labios. Labios que había perseguido en sueños desde que se había ido.

«Gracias a Dios…» susurró Emma «Regina…mi amor…» dijo ella, llevando su mano a la boca mientras las lágrimas caían por su rostro «Perdóname, mi amor…nunca más te apartaré de mí, nunca más…»

«Shiiii, no llores…está todo bien» Regina habló, y al ir a enjugar las lágrimas, una expresión de dolor surgió en su rostro haciéndola retroceder.

«No hagas esfuerzos, mi amor. No te esfuerces…» Emma la reprendió

«Necesito saber que no estoy soñando…»

«No estás soñando»

«Entonces, bésame…necesito sentir tus labios tocando los míos» pidió, y sin vacilar, Emma atendió su pedido y después de tanto tiempo, los labios se encontraron.

Sin conseguir controlar el deseo, Regina levantó el brazo derecho, que no había sido alcanzado por el disparo, y sin importarle su estado, su mano agarró los cabellos de Emma y sus labios se apretaron contra los de ella, absorbiendo su familiar sabor al pasear la lengua por su boca.

«Mi amor, con cuidado…» dijo Emma, interrumpiendo el beso cuando escuchó el gemido que escapó de los labios de Regina

«Te amo…y siento tu falta…te echo de menos…» dijo ella, mirando el fondo de aquellos ojos verdes lacrimosos, luchando para resistir la tentación de besarla otra vez.

«Yo también te amo, pero por favor, no hagas esfuerzos. Quiero que te recuperes pronto…»

«Contigo a mi lado, estaré recuperada rápido»

«¿Tienes hambre?»

«Tengo sed…»

«Ten…bebe despacio…» dijo Emma, cogiendo el vaso de agua que estaba sobre la mesilla, y lentamente se lo llevó a la boca de Regina «Voy a buscar algo para que comas…»

«No» la interrumpió Regina «No tengo hambre»

«Pero estás débil. Perdiste mucha sangre y tienes que alimentarte»

«Solo lo haré con una condición»

«¿Qué condición?»

«Dormirás aquí conmigo, en esta misma cama»

«Regina…necesitas espacio y tengo miedo de…»

«Yo te necesito a ti. Y si no es así, no voy a comer»

«¡Qué malcriada! Pareces una cría»

«Lo tomas o lo dejas, Emma…»

«Está bien. Duermo aquí contigo»

«¿Cómo supiste que estaba aquí?» preguntó Regina

«Margaret llamó para contar lo que había pasado. Por cierto, tu madre, Zelena y Henry han venido conmigo…están todos preocupados»

«No hay motivo de preocupación…estoy bien»

«Estate quietita…voy a buscar tu cena…»

Conforme había recomendado el Dr. Marco, Margaret preparó una sopa de verduras y Emma se encargó de hacérsela comer, dándosela directamente en la boca. Cada vez que la cuchara se acercaba, ella giraba el rostro y solo abría la boca después de que Emma la besara.

«¿Cómo no pensé en esto antes? Un tiro te traería de vuelta»

«No digas eso, Regina…por favor»

«Estoy bromeando…»

«No bromees con esas cosas»

«Disculpa»

«Venga, queda poco para acabar»

«No quiero más»

«Está bien…ahora toma la pastilla y descansa»

«Vas a dormir aquí conmigo, ¿verdad?»

«Claro que sí»

Emma se acercó y le dio un suave y demorado beso en los labios. Se anidó a su lado en la cama y cerró los ojos mientras el calor de su cuerpo se irradiaba al suyo.


«Buenos días, mi amor» dijo Emma, acercándose con una bandeja en las manos «Mira quién está aquí»

«¡Mamá!» exclamó Henry, atravesando el cuarto corriendo «¿Cómo te sientes?»

«Estoy bien, mi amor. Solo un fue un susto de nada…¿Y tú cómo estás?»

«Mejor ahora que te veo bien…»

«¡Hija! ¡Qué susto nos diste!» dijo Cora, acercándose rápidamente «¿Cómo te sientes, cariño? ¿Qué diablos viniste a hacer aquí? ¿No ibas a ir a Londres?»

«Cambié de opinión en el último momento y decidí venir para acá»

«¿Estás viendo lo que provocan tus precipitadas decisiones?»

«Mamá, no comiences…»

«Está bien, perdona. ¿Ya comiste?»

«Necesito un baño antes»

«Voy a empezar a creer en aquel dicho que dice: hierba mala nunca muere» dijo Zelena, en tono de broma «¿Cómo estás, hermanita? ¿Con quién te metiste para llevarte esa bala?»

«¡Estás muy graciosa hoy! ¿Has dejado de vestir santos acaso?» dijo Regina, y todos se echaron a reír.

Tras casi una hora charlando, todos se retiraron, excepto Emma que ayudaría a Regina a tomar el baño y cambiarse de ropa. Aunque el proyectil solo había golpeado el hombro izquierdo, aun se sentía débil debido a la cantidad de sangre que había perdido y no desaprovechó la oportunidad para conseguir la máxima atención por parte de Emma, y solo para ella.

«Emma…¿está todo bien entre nosotras ahora?» preguntó Regina

«¿Me perdonaste por haberte apartado de mí y rechazado tus disculpas?»

«No tengo nada que perdonar. En tu lugar, hubiera hecho lo mismo. Pero…¿y en cuanto a lo que hice? ¿Me has perdonado mi comportamiento impulsivo y el dolor que te causé aquel día en la escuela?»

«Vamos a olvidar todo lo malo que nos ha pasado e intentar un recomienzo, ¿te parece? Las dos cometimos errores y juntas lograremos arreglaros. Ahora ven, nos están esperando para desayunar» dijo Emma, agarrándole la mano

La mañana en familia transcurrió de forma tranquila. Regina dejó claro que en cuanto se recuperase, volvería a Augusta. A pesar de la insistencia de Cora en permanecer en la hacienda, Regina, por fin, consiguió convencerla para que volviera a la capital con Henry y Zelena, ya que Emma se ofreció a "cuidar" de ella, y en cuento fuera posible, las dos regresarían a Augusta.

«Ya estoy bien y Emma se quedará conmigo. Henry no puede perder las últimas semanas de clase, Zelena tiene la escuela y tú, mamá…cuidarás de él y de mis negocios» decía Regina

«No se preocupen…cuidaré de Regina y en cuanto la herida se haya cerrado, volveremos a Augusta» dijo Emma

Al caer la tarde, David llevó a la familia al aeropuerto donde el mismo Jet privado los esperaba. La policía estaba investigando y buscando al autor de aquel disparo, y no tardó mucho tiempo en descubrirse que el tiro había salido de Marian.

«Solo lamento que aquella desgraciada no haya muerto» dijo ella, mientras era conducida a la comisaria.

Al anochecer, Regina fue informada de quién había disparado y se asombró al saber que se trataba de Marian. Solo entonces se dio cuenta de lo poco que conocía a sus empleados, y por esa razón, debería mostrarse más atenta con todos los que la rodeaban.

«Cuidado con tus empleados, Regina…no es la primera vez que se rebelan contra ti» dijo Emma

«Ya, lo sé. Pero ya está todo en orden…ha sido detenida y dentro de pocos días volveremos a Augusta»

«Patrona, disculpe…la señorita Aurora pide permiso para hablar con usted» dijo Margaret

«Déjela entrar, por favor»

«Me voy a ir para que hablen a gusto» dijo Emma, y al ir a levantarse, Regina la agarró por el brazo

«No, cariño…no es necesario que te vayas» dijo ella, y antes de que Emma pudiese responder, Aurora entró en la sala.

«¿Cómo está mi mujer de hielo? ¿Lista para otra?» preguntó Aurora. Y a pesar del tono de broma usado por ella, Emma mostró su descontento al escuchar aquellas palabras.