Bueno, llegamos al último capítulo de esta historia. Gracias por todos vuestros reviews, y a todos aquellos que este fic ha defraudado o piensan que ha dejado que desear, lo siento. Ya dije aquí o en el otro fic que no siempre acertaré. Es imposible que todo lo que elija guste al 100% siempre. Pero aun así quiero romper una lanza por este fic. Dije desde el principio que se parecía a una telenovela sudamericana, pero en mi opinión y sin ánimo de ofender a nadie (yo misma fui hasta los 20 años, más o menos, devoradora de telenovelas) estos productos televisivos son mucho más machistas, misóginos y violentos que este fic. O por lo menos las telenovelas de los últimos 20 años, porque para mí los celos, el amor violento, las venganzas, etc…de novelas como Doña Bárbara (la moderna, la de la actriz rubia, Edith no sé qué) no tiene nada que ver con novelas como Los ricos también lloran, Cristal, La dama de Rosa, Topacio o La Dueña con Amanda Gutiérrez, o incluso con Falcon Crest., quizás porque gran parte de estas novelas de los ochenta y noventa eran escritas por una mujer, Delia Fiallo. En fin, volvamos al fic. No soy psicóloga, no sé si alguien como Regina debería ir al psicólogo, pero no veo su comportamiento como algo extraordinario, ni el de ella, ni el de Emma, conozco muchas mujeres que son así. Para mí la Regina de este fic es una mujer herida cuyo pasado aún la arrastra, no ha sabido cerrar página, y vuelca esa frustración en su nueva relación. La desconfianza ante Emma y ante sí misma es producto de esa vivencia traumática, pero en ningún momento es violenta con nadie, lo de Regina es todo de boca para afuera. Si hubiera sido otra, Ruby y Lily se hubieran llevado una buena, en cambio las únicas dos bofetadas de la historia se las lleva Regina, no las da ella. La primera que se equivoca en la historia, para mí, es Emma. Sabe desde un principio que Regina odia las mentiras, y se calla, no confía en ella, prefiere huir antes que hablar con ella. Regina peca de orgullo, de dejarse engañar por Ruby y por su pasado, y no marcha a buscarla. Lo de Lily, ¿quién no hubiera pensado que su mujer está con otra si esa otra abre la puerta casi desnuda con una camisa de su mujer puesta? Todos lo habríamos pensado, y más con el pasado de Regina, otra cosa es la forma de reaccionar. Quizás lo más sano hubiera sido actuar violentamente, entrar en la casa chillando y llamando por Emma. Regina, al igual que en la serie, es vengativa, se sintió herida y quiso herir. Lo que pasó en la escuela estuvo mal, sí, pero Emma después de huir y llorar, tuvo que haber hecho como Zelena, enfrentarse a Regina y decirle "¿Qué coño te pasa? ¿Ayer follábamos y hoy esto?" Una buena discusión a lo mejor habría evitado todo lo demás. En fin, no creo que los personajes de este fic se alejen mucho de la vida real. Todo nos equivocamos, y todos estamos un poco locos, todos tenemos nuestras cosas, y una vez leí que todos deberíamos ver a un psicólogo, pero, ¿quién lo hace de verdad?

Con respecto al fic de 80 capítulos, no se preocupen, no tengo intención de traducirlo a corto plazo. Aquel sí es un fic mucho más "peliculero". La Regina que vemos en esa otra historia es al principio más odiosa que la de este, aunque después veremos las razones que la empujan a actuar de ese modo, y cambiamos nuestro punto de vista. La trama es más oscura, porque hay venganzas, mucha cizaña, alguna que otra muerte, celos, pasión, y si mal no recuerdo, más sexo que en este. Si alguien quiere el link en portugués se lo dejo.

Y después de toda esta parrafada, que creí necesaria, porque ya sabéis que yo no soy de extenderme mucho en las introducciones, os dejo con el último capítulo del fic. Nos seguiremos viendo en Yin & Yang y en el próximo que comience, que aún no sé cuál será porque tengo tres o cuatro posibles.

Capítulo Final

«Emma, ¿qué estás haciendo?» preguntó Regina al abrir la puerta del cuarto y encontrarse con dos maletas abiertas sobre la cama

«Estoy haciendo nuestras maletas. Mañana mismo volvemos a Augusta» dijo ella

«Pero, ¿por qué? Creí que nos quedaríamos hasta el fin de semana»

«Ya estás casi recuperada. David nos dejará en el aeropuerto y cogeremos un vuelo para la capital. No harás ningún esfuerzo»

«Está bien, pero ¿por qué esas prisas?»

«Ya te has quedado demasiado tiempo aquí. Además, no me ha gustado esa intimidad con la veterinaria»

«¿Estás celosa?» preguntó Regina, sin contener la sonrisa

«¡No, claro que no…mi mujer de hielo!» exclamó ella, y como respuesta, Regina soltó una sonora carcajada

«¡Por Dios! ¡Eres todo un espectáculo cuando te pones celosa!»

«Estoy hablando en serio, Regina»

«Yo también…a propósito» dijo, rodeando su cintura con el brazo derecho «Tengo unas ganas locas de hacerte el amor…»

«No estás en condiciones. Y no cambies de tema…»

«No estoy cambiando de tema»

«¿Has tenido algo con ella?»

«Pues claro que no, Emma. Solo nos hemos hecho amigas…»

«¿Una amiga tan importante hasta el punto de hacerte quedar aquí por tanto tiempo?»

«¿Tanto tiempo?»

«¡Regina, llevas aquí más de un mes! Todo ese tiempo con ella…»

«¡No señora!» Regina la interrumpió «¡Todo este tiempo buscando una forma de arrancarte de mis pensamientos, eso sí!»

«Disculpa…» dijo Emma «Confieso que morí de celos cuando la escuche llamarte "mía" con tanta seguridad. Y tuve miedo de que te hubieses liado con ella intentando olvidarme»

«Hice eso una vez y no resultó. No hay nada ni nadie en este mundo que me haga olvidarte, Emma»

«¡Qué bien! Porque no quiero que me olvides» dijo ella, llevando una mano al rostro de Regina «Te amo, y ya estaba siendo insoportable no saber de ti. Tuve miedo a perderte, a que me dejaras de amar…»

«Eres de una sensibilidad impresionante y no podrías hacer nada para que me enamorase todavía más de ti…te amo, Emma…y mañana mismo volvemos a Augusta, pero con una condición»

«¿Por qué siempre impone condiciones?»

«Porque sí»

«Está bien…¿qué condición?»

«Te vienes a vivir conmigo y con mi hijo»

«Regina…»

«Si no es así, me quedaré en la hacienda hasta Navidad»

«¡Eso es chantaje!»

«No…esa es mi condición»

«Está bien…acepto tu condición»

A la mañana siguiente, conforme a lo planeado, Emma y Regina dejaron la hacienda de Storybrooke y volvieron a la capital. Aunque estuviera feliz por la felicidad de Regina, Aurora no escondió su desagrado por verla marcharse antes de la fecha prevista.

Pasaron algunas horas y finalmente llegaron a su lugar de destino. Cora y Zelena fueron avisadas del regreso anticipado y al anochecer, las dos aparecieron acompañadas de Henry.

Algunos días después…

«¡Menos mal! Ya no aguantaba estar en casa por culpa de esto» decía Regina tras haberle quitado los puntos del hombro.

«Pensé que te estaba gustando que te mimasen» dijo Emma

«Sí, pero tú te pasas todo el día en aquella universidad, y por la noche te niegas a hacer al amor conmigo»

«Regina, por favor…no podías hacer esfuerzos»

«¿Y por qué tendría que hacer esfuerzos mientras hacemos el amor?»

«Voy a fingir que no he escuchado la pregunta»

«¿Qué te parece que Henry duerma hoy con Zelena?»

«Vamos a poner hoy el árbol de Navidad, ¿lo olvidaste?»

«Sí, se me había olvidado»

«No te preocupes…prometo no hacer tanto "ruido" esta noche» dijo Emma esbozando una sonrisa maliciosa

«El problema es que adoro escuchar tus "ruidos". Cuando más alto, mejor. Por eso, estaría bien que él durmiese con su tía»

«Regina, definitivamente eres un caso»

Al caer la noche, Emma y Henry comenzaron a "trabajar" en el enorme árbol de Navidad, mientras Regina discutía algunos asuntos relacionados con el trabajo por teléfono. A petición de Emma, Regina se unió a ellos y finalmente, ella se sintió en casa e incluida en una verdadera familia.


Emma atravesó el cuarto, se arrastró por la cama y sin pedir permiso, cerró el portátil y separó las piernas de Regina para, enseguida, subirse en su regazo.

«Tienes suerte de que ya hubiera terminado lo que estaba haciendo en el ordenador» dijo Regina

«Tus palabras suenan a una amenaza, ¿sabes?» replicó Emma «¿Acaso pretende dañar mi cuerpo, señora Mills?»

«Quizás si implora que le propine algunas maldades a su cuerpo…acabe haciéndolo» dijo ella, enlazándola por la cintura

«¿Quiere decir que tengo que pedirlo?»

«Sí…y que quede claro que esto es un castigo por haberte negado a hacer el amor todos estos días»

«No es ese el tipo de castigo que quiero…» dijo Emma, echándose sobre el cuerpo de Regina, tomarle el rostro con ambas manos y besarla en la boca. A pesar de serle familiar, el beso de Regina siempre era una novedad, algo nuevo que explorar con cada toque.

«Te amo…» susurró Regina, empujando delicadamente el cuerpo de Emma hacia un lado «Puede parecer un tópico, pero mi vida sin ti no tiene sentido…no tiene…» añadió. Sus ojos se colmaban de ternura, y sus manos paseaban por el cuerpo de Emma, arrancándole las ropas, mientras sus labios probaban el sabor de la suave piel, besándole las costillas, los pechos y los hombros, absorbiendo cada glorioso centímetro de lo que le pertenecía.

«Haz el amor conmigo como la primera vez…» pidió Emma, poniendo su boca en su oreja, lamiendo el lóbulo, rozando sus labios por su mandíbula.

Regina hundió sus dedos en sus largos y rubios cabellos, y el cuerpo de ella se estremeció cuando los cabellos fueron agarrados con fuerza y los labios chocaron con una cierta presión. La lengua cálida de Regina se deslizó de forma lenta por sus labios entreabiertos, alojándose dentro de su boca.

«Estoy enganchada a tu sabor…» murmuró Regina al interrumpir el beso. Su nariz se hundió en los cabellos de Emma, en seguida, descendió por su cuello y subió por las ruborizadas mejillas. El sonido de ella aspirando su aroma precipitó una sensación de necesidad que se alojó entre sus piernas, humedeciéndole las bragas «Pretendo probar cada centímetro de tu cuerpo sobre esta cama…» dijo ella, palpando el enganche del sujetador que Emma llevaba.

En segundos, Regina ya le había abierto la pieza íntima, liberando los pechos de su confinamiento. Sus ojos castaños contemplaron el cuerpo parcialmente desnudo y solo entonces, sus manos se apoderaron de los pechos, palpándolos, apretándolos suavemente. Su boca hambrienta rozó el cuello de Emma, subiendo y bajando, mientras sus oídos eran regalados con el excitante sonido de los gemidos de ella.

Con la punta de la lengua, Regina acarició uno de los pezones endurecidos, y con una de las manos le acarició las bragas y masajeó el clítoris haciendo lentos y suaves círculos. Tomada por el deseo, Emma se aferró a los cabellos cortos y negros, presionando su rostro contra su pecho. Su respiración rápida y entrecortada resonaba por el cuarto, mientras Regina la penetraba con los dedos.

«Más fuerte, Regina…más fuerte…» susurró Emma entre gemidos, mientras un placer abrasador la rasgaba por dentro, y el calor se intensificaba entre sus piernas con cada embestida.

Mirando fijamente los ojos verdes de Emma, Regina se fue deslizando por su cuerpo, bajando lentamente hasta que su rostro se encontró entre sus temblorosas piernas. Como un animal hambriento, rondando a su presa, Regina se detuvo uno segundos antes de tomar su sexo con su boca y saborearlo con lentos y profundos lametones.

Como si el aire hubiese sido extraído del cuarto, Emma no pudo respirar. Estaba ebria de placer, loca de excitación a causa de la lengua de Regina que exploraba su intimidad con movimientos circulares lentos y lánguidos, y de sus dedos que entraba y salían abriéndola por entera.

«¿Tienes idea de cuánto te amo?» preguntó Regina, alzando la vista y concluyendo las caricias «Eres mi razón…me vuelvo loca sin tu presencia…» añadió, besándole delicadamente sus muslos.

Emma se estremeció ante aquellas palabras. Sin aliento, humedeció sus labios mientras sus ojos capturaban cada movimiento de los labios de Regina sobre sus muslos. Incontable e intensas emociones la dominaban, y el placer se irradió como electricidad por todos sus músculos cuando una vez más, Regina colocó su boca en medio de sus piernas. La lengua se movió de forma rápida y suave por el clítoris entumecido, y los escalofríos recorrieron su piel con cada embestida, provocando una feroz onda de éxtasis. Sus caderas se movían, se arqueaban, empujado su húmedo calor hacia la boca hambrienta que la estaba devorando.

Los gemidos de Emma le atizaban los sentidos, y el deseo la enloquecía a medida que los gemidos se volvían gritos y los gritos se disolvían en un lloriqueo. Emma le apretaba el pelo a la vez que le empujaba su cara hacia su sexo, y eso solo contribuía a que Regina enloqueciera y la torturase aún más.

«Córrete para mí, amor…» pidió Regina, hundiendo dos dedos en la empapada hendidura, sintiendo cómo la necesidad de hundirse cada vez más adentro crecía sin ningún control «Quiero beber tu placer…lo quiero todo» añadió chupándole la carne mojada de forma más rápida y con más fuerza, mientras sus dedos aumentaban la presión de las estocadas en su interior.

Emma dejó escapar un largo suspiro en respuesta a la seductora voz de Regina. Su piel hormigueaba, los pezones estaban duros como piedras preciosas y su sexo latió violentamente cuando el orgasmo la arrebató, sacudiendo su cuerpo con una enfurecida ola.

Regina se deslizó por su cuerpo y le dio un beso cargado de pura tensión. Al sentir su propio sabor en la boca de ella, Emma gimió, le succionó la lengua con intensidad al mismo tiempo que atraía su rostro hacia el de ella.

Perdiéndose en las sensaciones y en los sonidos de los dos cuerpos fundiéndose, Emma abandonó sus labios para que sus ojos pudieran mirarse profundamente. Regina le devolvió la mirada con una intensidad que Emma ya conocía. Aprisionada por su encanto, Emma la aferró por los cabellos y atrajo su rostro de nuevo hacia el suyo. Una vez más los labios se encontraron, las lenguas se enroscaron, y los cuerpos se restregaron con locura.

«Te amo Regina…eres mi vida» dijo Emma, empujándola hacia un lado y cubriendo su cuerpo con el suyo.

Emma deslizó la punta de sus dedos por el rostro de Regina, al mismo tiempo que su boca descendía hasta sus pechos. Su lengua se deslizó por los hinchados y endurecidos pezones, y su mano derecha trazó una línea hasta mitad de sus muslos.

«No pares…» susurró Regina. Su cuerpo estaba en llamas y sus ojos fijos en los de Emma «Por favor, Emma…no pares» añadió ella, mientras su sexo se contraría en pequeños espasmos, cerrándose alrededor de los dedos de Emma, que los hundía con más fuerza y deprisa.

Con los músculos tensos, Regina intentaba respirar a cada estocada que recibía, y aunque intentara prolongar el propio placer, no consiguió aguantar mucho tiempo y se corrió. De la forma única, violenta y arrebatadora que solo Emma era capaz de proporcionarle.


«Buenos días, mi reina…hora de despertar» dijo Emma, mordisqueándole la oreja

«Buenos días, mi princesa…no quiero despertar ahora» respondió Regina, manteniendo los ojos cerrados

«Mi amor, tenemos que ir a comprar los regalos de Navidad»

«Todavía falta para la Navidad…»

«Claro que no, Regina. Faltan pocos días»

«Vamos a la tarde, entonces…quiero quedarme la mañana entera en la cama contigo. Tengo que aprovechar mientras estás de vacaciones, porque cuando comiencen las clases, te pasarás todo el día en aquella bendita universidad»

«¿Por qué siempre sufres anticipadamente? Las clases solo empezarán en marzo, aún tenemos dos meses…»

«Dos meses es poso. Además…»

«Además, nada. Sé perfectamente a dónde quieres llegar y no voy a dimitir»

«No he dicho nada»

«¡Pero lo ibas a decir! Ahora, levanta porque quiero comprar los regalos ahora por la mañana»


«Pensé que no iban a levantarse hoy» dijo Henry

«Tu madre quería quedarse todo el día en la cama» dijo Emma

«Hace frío…nada mejor que estar bajo las sábanas» dijo Regina

«Dudo que quieras quedarte bajo las sábanas sin Emma»

«¿Qué estás insinuando, muchachito?»

«Ustedes dos…estoy esperando. Vamos» interrumpió Emma, y en seguida, salieron juntos para hacer las compras de Navidad.

Una semana después…

El sol comenzaba a ponerse y todo brillaba con las deslumbrantes lucecitas de Navidad colocadas en los árboles de los parques y en las casas. De repente, ya era Navidad. Emma, al lado de Cora, terminaba los últimos detalles de la cena que sería servida en la mansión de la matriarca de la familia.

«¿Qué estás haciendo aquí solita?» preguntó Emma, caminando lentamente hacia Regina

«Revisando unos asuntos de trabajo» dijo ella, y al ir a quitarse las gafas de lectura que llevaba puestas, Emma le agarró la muñeca.

«No te las quites…estás irresistible cuando te pones estas gafas…»

«¿Lo crees?»

«Sí…» susurró, besándole los labios delicadamente «Me excita, ¿sabes?»

«¿Ah sí? ¿Estás excitada ahora?»

«Mucho…»

«Entonces…»

«¡Entonces apaga el ordenador y ven! Nos están esperando para cenar»

«¡Emma! ¡Eso no se hace! Me provocas y cambias de asunto…»

«Ven, mi amor…¡prometo que más tarde te compensaré!»

Además de la familia, Víctor y Lily fueron invitados por Regina a petición de Emma. Animados con la música navideña y satisfechos con la deliciosa comida casera, todos conversaban animadamente y de forma tranquila.

«Ya es tarde y mamá me pidió que nos quedáramos a dormir. ¿Te parece bien?» preguntó Regina, tras despedirse de los pocos invitados.

«Claro, mi amor. Cualquier lugar a tu lado, para mí es perfecto»


De repente, ya eran fin de año. Mientras en el cielo se irradiaba una fiesta de colores gracias a los fuegos artificiales, Emma miró a Regina a los ojos, y su boca formó una de las sonrisas más lindas y dulces que hubiera visto.

«Regina…necesito tu fe en todo aquello que estamos destinadas a ser» dijo Emma acariciándole el rostro «Necesito que seas más fuerte que tus temores y miedos. Nunca desistas de mí, porque yo nunca desistiré de ti»

Emma la besó con la esperanza de conseguir barrer todo los resquicios de tristeza que habían ocupado el más mísero espacio de su corazón. Queriendo eliminar cada momento doloroso y recuerdo desagradable que sus ojos hubiesen presenciado, Emma la atrajo más cerca, mostrándole que la protegería de los demonios contra los que venía luchando desde hacía tanto tiempo.

«Feliz Año Nuevo, mi amor» dijo Emma

«Feliz año Nuevo, mi vida» respondió Regina, entrelazando sus dedos con los de ella

Un nuevo año había comenzado para ellas, y juntas, cerraron las puertas a los momentos que jamás deberían haber ocurrido, apagaron todos los recuerdos de un pasado implacable, dejando solo que aquel magnifico comienzo quedase grabado para siempre en sus respectivos corazones.

FIN