Summary: Adrien ha estado demasiado asustado ante la posibilidad de tomar una decisión difícil, así que comete un par de errores, en primer lugar; como Chat Noir, finge su muerte.
Disclaimer: Todos los derechos están reservados a sus respectivos creadores, ninguno de estos personajes me pertenece. Fanfiction sin fines de lucro ni pretensiones de infringir derechos de reproducción, realizado sólo con fines de entretenimiento.
Capítulo 4: Gritar.
Escondo mi dolor con estás melodías
Con algunas notas que salven mi vida
Escondo mis esperanzas, las disimulo.
Tengo mucho miedo de que no alcen vuelo…
-M- Un Monstre à Paris.
.
Ha estado mirando fijamente la viga sobre el escritorio de su padre -mientras su padre habla acerca de cosas que ni siquiera le importan- pensando en todas las formas en las que podría suicidarse. No es como si fuera a suicidarse, pero el pensamiento le resulta extrañamente reconfortante.
Es verdad, la primera media hora ha estado aterrado, mirando sus manos con ansiedad y oyendo el sermón de su padre encogido de culpa. El resto se ha vuelto fácil. Es simple cerrarse ante el exterior, los sonidos se vuelven un murmullo en el fondo y los colores borrosos, no existe nada más que la viga sobre el escritorio de su padre. Aquella elegante, cara y hermosa viga.
Adrien quiere golpear su cabeza contra la pared.
No sabe que es lo que su padre le está diciendo, se ha perdido demasiado como para tratar de ponerse al corriente, a esas alturas probablemente su padre ya le habrá decidido su vida completa. Adrien está demasiado cansado para discutir, nada sale como lo planea, no tiene el control de nada y todo su futuro parece demasiado difícil de contemplar.
Tiene sueño, sus ojos se comienzan a cerrar a pesar de intentar mantenerse despierto y el sonido arrullador de su padre culpándolo de todo no ayuda mucho. No sabe en qué momento pasa, no puede recordarlo, pero él en realidad se duerme. En algún momento siente que alguien lo recoge -está tan delgado que no le sorprendería si Nathalie es la culpable- y cuando le dejan en sus suaves sabanas siente un beso fantasma en su frente y un bajo deseo de buenas noches, él va a recordar lo que dice, pero no a quien pertenece la voz, la voz baja y preocupada de su padre.
Los días posteriores los va a sentir como un infierno, no sabe que rayos le dijeron sus psicólogos a su padre, pero parece que de alguna manera lo convencieron de que dándole un horario apretado y ajetreado es lo mejor para tratar su supuesta "depresión". Adrien no sabe mucho sobre psicología ni tratamientos, pero está bastante seguro que aun si tuviera depresión esa sería una pésima opción.
No quiere hacer nada, quiere acurrucarse en el suelo y no moverse en todo el día, pero sabe que es una mala idea por experiencia, sí, lo intentó y no salió muy bien. Terminó todo el día traduciendo cincuenta poemas en alemán al francés, y puede no está seguro de muchas cosas, pero si está bastante seguro de que no quiere volver a repetir esa experiencia.
Adrien no quiere comer, no tiene hambre y, sinceramente, no podría importarle menos, y no sabe bien por qué -el supone que es por su disminución de atención a su entorno- pero todos parecen alertados por eso. Está exhausto y quiere su vida de vuelta, pero sabe que es algo imposible, y que, si lo hiciera, terminaría lastimando más a las personas que ama.
En algún día de la semana su padre se ha ausentado, Adrien se da cuenta de inmediato, y a pesar de que no está para nada sorprendido no puede evitar una punzada de dolorosa decepción. Se ha autoimpuesto silencio, está harto de que intenten hacerlo charlar de cosas sin importancia, así que deja de hablar totalmente. No le resulta muy difícil y de cierto modo resulta un poco relajante, Nathalie luce cada vez más desaliñada.
Adrien comienza a preguntarse cosas que nunca se ha preguntado, ¿Cómo murió su madre? ¿Cuáles son los objetivos de su padre? ¿Desde cuándo su padre ha poseído un miraculous? ¿Su madre también era una portadora? ¿Ladybug estará bien? ¿Cómo lo estará llevando Plagg? ¿Cuántos miraculous hay? ¿Quién es el encargado de los miraculous? ¿Por qué no hay chocolate en la cocina?
Comienza a recordar cosas más claras de su pasado, cosas que pudieron o no ser señales. Hay una cierta tristeza inundándolo cuando se da cuenta que si bien tenía una buena relación con sus padres en el pasado ellos casi nunca estuvieron presentes para él. Nunca asistieron a ninguno de sus torneos y siempre estaba demasiado distraído con todas las clases y tareas particulares que le dejaban como para notar su ausencia.
En realidad, puede recordar claramente muchas noches en las que despertaba a mitad de la noche, víctima de una pesadilla, llorando y llamando a sus padres. No hace falta a decir, nunca recibió una respuesta. Siempre lo había atribuido a que el cuarto de sus padres estaba demasiado lejos del suyo, pero… ¿Era así? Ugh, le dolía pensar en todas las posibilidades, porque las más probables no eran las más bonitas.
Una semana después, Adrien simplemente se ha dedicado a ignorar a todos groseramente con éxito, su padre no ha vuelto y él lo quiere de vuelta, en parte porque ¡Él no sacrificó todo por nada! y en parte porque siente un poco de temor al pensar en lo que podría estar planeando como Hawk Moth. Cuando su padre vuelve su paranoia es demasiada y se aferra a él como una sanguijuela, no lo deja solo, en todo el día sin importarle a donde su padre tenga que ir, lo espera fuera del baño y se sienta en el suelo cuando están el estudio. Adrien sigue sin hablar, pero su padre sólo parece más alterado que antes. Adrien cree que a su padre no le agrada mirarlo y sólo verlo acostado en el suelo mirando el techo, perdido en sus pensamientos.
Que extraño.
De todos modos, no pasa mucho tiempo antes de que su padre explote.
"¡Bien!" Él dice, dejando el papel que ha estado leyendo por la última media hora. "Puedes volver a la escuela, mientras dejes de sentarte a seguirme y no hacer nada, pero tienes que comer y espero que te pongas al corriente con tus estudios."
Adrien lo mira con desconcierto desde el suelo, pero asiente rápidamente antes de que cambie de opinión.
Adrien vuelve a la escuela un lunes, maquillaje de larga duración en su rostro, sentándose donde se ha sentado desde que entró a esa escuela. Es temprano, pero Nino llega poco después, audífonos en los oídos y un cabeceo que Adrien supone que es al ritmo de la música. Hay un sentimiento de envidia que lo ataca durante un momento antes de controlarlo.
Está bien Adrien se dice Está bien.
La cara de Nino se divide en una sonrisa cuando lo ve.
"¡Creí que tu padre ya no te iba a dejar venir!" Nino habla con sorpresa genuina, dejándose caer a su lado. "¿Qué pasó?"
Adrien finge una sonrisa, siente todo menos felicidad, pero no quiere preocupar a su mejor amigo.
Hay un silencio largo antes de que Nino se dé cuenta de que no va a contestar.
Adrien sigue sonriendo, señala su garganta y niega la cabeza.
Nino parpadea antes de que la comprensión ilumine su rostro.
"¿Enfermo de la garganta?" Su amigo pregunta con curiosidad.
Adrien hace un gesto, algo así, el da a entender.
La clase llega poco después mientras Adrien finge prestarle atención a su amigo, lamentando la decisión de volver a la escuela. Está cansado, no quiere hacer nada y tantas personas en un lugar tan pequeño -¿Cómo no lo había notado antes?- le hace sentir nervioso y tenso.
Aquella clase que antes le parecía completamente normal ahora es diferente, no sabe cómo explicarlo, es como si estuviera presente y ausente al mismo tiempo, de repente el ya no es parte del cuadro, es un espectador. Esperando por algo que no sabe que es.
Adrien quiere volver a casa.
Él ve de reojo a sus compañeros y los saluda con felicidad fingida.
Es un cuadro colorido, que ha recuperado la vida. Adrien vuelve su vista al frente, y lo siente, una presencia gris. Voltea, Marinette entra al salón.
Parece normal, pero hay algo fuera en ella, algo que no encaja. Adrien saluda, pero ella sólo parece verlo como si no hubiera nada ahí, como si estuviera mirando a la nada, hay algo es sus ojos que hace retorcer su estómago con preocupación. Están vacíos, ella no lo saluda, ella no lo ve. Se sienta atrás de él y habla con Alya, un casi imperceptible tono de apatía.
Adrien quiere decir algo, pero en realidad no está tan estable emocionalmente como para confrontar y apoyar a alguien. Eso sería bastante hipócrita.
El día pasa, Adrien cuenta los minutos para volver a casa.
Las tareas se vuelven más ligeras, Adrien las hace todas por control automático. Es obligado a hablar con terapeutas y psicólogos -a través de notas, por supuesto, porque sigue negándose a hablar-, no le gusta, pero les suelta algunas cosas para dejarlos tranquilos. Habla sobre la muerte de su madre -algo que ha superado recientemente- y los retiene ahí, dándole vueltas al asunto sin salida, sólo para verlos como perros persiguiendo sus colas.
Adrien no cuenta el tiempo que pasa, sus días se vuelve monótonos, y, si bien, la escuela es mucho mejor que estar hasta el tope con sermones, no puede negar que siente atrapado. Atrapado en un engaño, como en el que siente que ha estado durante toda su vida.
Es viernes, el sol brilla, los pájaros cantan y Adrien vuelve de la escuela con un horrible dolor de cabeza. Llega a casa y automáticamente se dirige al estudio de su padre, no está.
Hay una sensación de pánico subiendo por su garganta.
Deja caer su mochila e ignorando los llamados de Nathalie prende la televisión sentándose, hay un akuma.
Hay un akuma.
Se levanta bruscamente y por un momento tiene la ilusión de que Plagg sigue con él, que va a salir, que va a saltar por los tejados sintiéndose libre y luchando contra el. La ilusión se rompe y la realidad lo golpea, él no es más que un espectador. Él mira la televisión, cuando su lady aparece y comienza a luchar. Ella no parece estar en todos sus sentidos, parece triste, parece desanimada, parece cansada.
Ella está perdiendo, y las implicaciones en ello son aterradoras.
Adrien apaga la televisión, se traslada al inicio de las escaleras ignorando las preguntas de Nathalie y se sienta en un escalón.
"No voy a parar hasta que padre llegue." Él dice sus primeras palabras desde hace semanas, su voz un poco ronca por su desuso. Nathalie parece demasiado sorprendida como para reaccionar.
"¿Qué vas a hac-?"
Adrien no la deja terminar, se tapa los oídos y grita.
Grita todo lo que puede.
Grita aunque sus pulmones ardan.
Grita hasta que todo se vuelve intrascendente.
Grita hasta que su garganta arda.
Él sólo… grita.
Proverbio de hoy: Si lloras por haber perdido el sol las lágrimas no te permitirán ver las estrellas.
Le prometí a un lector que iba a cambiar algo del anterior capítulo, ahora me siento culpable por no hacerlo, pero enserio, es malo tener un proyecto para dentro de una semana en el que vas atrasado y que se ha trabajado durante todo el semestre. Para ser justos ni siquiera debería estar escribiendo, pero tiendo a escribir cuando me siento muy tensa.
Uh, buenas noticias para ustedes, supongo(? xDD
Escribí esto es clase, un profesor no vino y no tenía nada que hacer porque uno de mis amigos comenzó a leer un libro y cada vez que intentaba interrumpirlo me miraba feo, terminó yéndose a sentar al otro lado del salón :'v
En cuanto a este capítulo, me ha costado un poco llevarlo adelante, pero al menos escribí algo. Intenté retratar como lo va llevando Adrien, mucho mejor que Marinette (aunque, claro, el no vio a su mejor amigo "suicidarse") y como enfrenta las cosas que se le van poniendo en frente.
Una lectora me comentó que uno de mis capítulos le pareció oscuro, no presté mucha atención y poco después caí en la cuenta de que todos mis fics abordan temas oscuros xDD Fue un poco sorprendente darme cuenta, sobre todo porque me considero una persona demasiado optimista y alegre… But well, a veces la ironía me supera.
De todas formas, sus comentarios, favoritos y seguimientos me hacen realmente feliz!
Voy a intentar terminar este fic cueste lo que cueste. (Sin garantias, por supuesto) :DD
¡Hasta el próximo capítulo! :D
Me.
