—Diálogos—
Capítulo 3: "Descontrolado" [1/2].
El constante dolor que sentían sus caderas al caminar lo torturaba, pues, el prestamista lo jaloneaba del brazo sin tomarse el tiempo de verificar que el menor estuviese bien. Los dedos del prestamista estaban haciendo presión en la delicada y tersa piel de Ayase, pero, con ese fuerte agarre, la piel del menor comenzaba a tornarse más blanquecina.
El corazón del menor se aceleró extremadamente rápido al plantarse frente la puerta del apartamento, los brazos y piernas de Ayase temblaban descontroladamente. Tenía que ser fuerte, pues, él se había decidido para preguntarle al prestamista qué tan importante era para él. Ayase quería saber con exactitud que tanto significaba estar en la vida del mayor, si a este le importaba su sola presencia, ó, que al menos significara algo.
El mayor al abrir la puerta, jaló al menor y lo introdujo al apartamento sin que éste protestara. El mayor había notado desde que estaban en su oficina cómo Ayase temblaba, cómo estaba tan nervioso que se sumergía en sus pensamientos sin tomarle importancia a su alrededor. El sonido seco que hizo la puerta al cerrarla, provocó que Ayase jugara más con sus dedos. El menor comenzó a lamer sus labios con el fin de que estos estuviesen hidratados para formular ese cuestionario que rondaba en su mente. Esas preguntas taladraban su cabeza, cómo bombardeaban una tras otra, pero, ninguna estaba siendo emitida por esos carnosos y rosados labios, que mostraban costras yaciente por lo reseco.
Ayase poco a poco comenzó a levantar la vista, topándose con unas pupilas tas oscuras que lo hicieron tener un ligero temblor en cada extremidad, esa mirada del prestamista estaba clavada solamente en Ayase, pues, el mayor no se distraía y no pasaba por desapercibido algún movimiento del rubio.
En ese momento sólo esos dos individuos tomaban en cuenta el color azul y negro. Como esos ojos chocaban entre sí, expresando infinidad de sentimientos. El prestamista aunque no lo expresara, estaba desesperado, pues, al saber que era lo que su Ayase le quería decir lo tenía inquieto. El mayor caminó y se sentó en el sillón de la sala, sin despegar ningún momento la mirada en el menor, quién tampoco despegaba su vista de él.
— ¿Y bien, qué es lo que querías preguntarme, Ayase?—. La gruesa voz de Kanou resonó en toda la sala provocando que el menor diera un respingo.
—Y-Yo, yo sólo…, quería preguntar… ¿si ya soy una molestia para ti?..., por qué yo, si lo soy, solo dímelo y no molestare en lo absoluto…
— ¡¿Eres un tonto?!... ¡Claro que no, Ayase!—. Kanou al ver como el chico temblaba al formular cada palabra, hizo que arrugara él entre cejo. Era como si una daga se clavase en su pecho hasta lo más profundo, pues, también al ver cómo al menor se le cristalizaban los ojos le daba una opresión en su corazón más notoria.
Ayase se quedo sorprendido y cohibido por la respuesta que recibió, eso no era lo que se esperaba, su mente había formulado tantas preguntas que lo torturaban, pero, resultó ser una respuesta que él ni siquiera esperaba que fuera emitida. Ayase se sonrojo por sentirse tan torpe, tan tonto por lo que había preguntado, esa no era la pregunta que más quería cuestionar, pero era la única que había salido de sus labios. Ayase comenzó acercarse al mayor cuando vio que el prestamista estaba haciendo un ademan de que lo acompañase a su lado. El rubio se posiciono ha lado del prestamista, sin dejar de lado ese notable sonrojo en sus mejillas, ese color carmín era tan cautivador, que no sería de extrañarse que alguien más se enamorase de él.
El prestamista suspiró. Y, en un movimiento del mayor que no fue notado por Ayase, lo colocó en horcajadas en su regazo. Su respirar se entrecortaba, su corazón palpitaba aceleradamente, sus mejillas tan rojas que le daban una vista al mayor tan encantadora y tierna. Ese niño que quería el mayor, ese joven ahora, que, lo había olvidado cuando se conocieron. Esa cruda realidad devastaba la mente del mayor. Era tan protector con ese chico, con su Ayase, pero poco le había importado al mayor que no lo reconociese si ahora era el centro de todos los pensamientos del menor.
Ayase estaba tan nervioso, era un sentimiento indescriptible, pues, sentía cómo su pecho se alojaba esa grata sensación de calidez, con sólo la cercanía del prestamista su cuerpo reaccionaba. El menor estaba un poco inquieto, pues, aunque el miembro del mayor no estuviese despierto, estaba sintiéndolo en su trasero, ese gran musculo de la anatomía del mayor, era simplemente notable. La impotente figura delante de él hacía que se sonrojara, puesto que ver al prestamista con una media sonrisa era abrumador. Ayase se sentía acalorado y, terriblemente avergonzado, puesto que sentía pequeños pinchazos en su entre pierna. El mayor sin esperar, acerco sus carnosos labios hacia el hueco entre la cabeza y el hombro de Ayase, succionando y lamiendo esa tersa piel, el menor sentía esa calidez en su cuerpo, tan húmedo que lo hacía estremecerse cada vez más.
Sintió cómo pequeños besos estaban tomando recorrido por todo su cuello, dejando chupetones, saliva, que, con cada vez, el miembro del menor palpitaba.
Kanou comenzó a lamer y succionar el lóbulo del menor, provocando pequeños escalofríos en éste. Los suspiros y, pequeños gemidos no se hicieron esperar por parte de Ayase.
—K-Kanou-san…, yo
—Te vez impaciente, Ayase, ¿Acaso estas muy desesperado porque te toqué otra vez?—. Lo antes mencionado por el mayor, hizo que Ayase se sonrojara más, imposibilitando alguna respuesta por el rubio. Esa ronca voz había sido susurrada en su oído. Ayase lo admitía mentalmente, estaba excitado. Su camiseta se fue despojando poco a poco, dejando a la vista sus dos pequeños y rosados pezones.
—No…, pero. Kanou-san, no he…no he t-terminado de preguntarte…—. La voz apenas audible de Ayase se notaba llena de deseo. Cosa que el mayor noto e hizo que también su miembro comenzara a despertarse. Esto ya era extraño, Ayase nunca se había comportado así, pero eso hacía que el mayor se sintiera contento y, a la vez infeliz, pues, su Ayase estaba mostrando una faceta más que tal vez ya no vería.
—Entonces pregunta mientras te toco—. Aunque el mayor no quisiera, ansiaba ese cuerpo, deseaba, anhelaba poseerlo cuantas veces sea necesario. Pero, ya serán pocas y, las únicas veces que degustaría esa piel tan exquisita, pues, Ayase estaba alejándose, ya no sería suyo en cuestión de tiempo.
Delicadamente el mayor recostó al menor en el sillón, posicionándose encima de él, tomando distancia con sus brazos para no aplastar ese delicado cuerpo yaciente delante de él. Sin esperar más, el mayor bajo su rostro plantándolo frente a las tetillas del menor. Con su lengua, el mayor comenzó a lamer ese botoncito rosado, que, en cuestión de unos cuantas más lamidas, se volvió duro.
—Ah… Ahh…Kanou-san—. Los suspiros que soltaba la cavidad bucal de Ayase, era un deleite para los tímpanos del mayor. Sin esperar más, lamió y succionó el otro pezón, haciendo que Ayase se arqueara un poco y soltara un pequeño gemido. La camisa del menor le había sido despojada, mientras que también sus pantalones blancos lo estaban siendo, puesto que Kanou con una mano comenzó a bajar la prenda, sin dejar de chupar y lamer esos botoncitos rosados.
Al haber despojado ya las ultimas prendas, el mayor observo detenidamente cada detalle de la cara del menor, no quería perderse ninguna reacción ó gesto mientras posaba sus yemas en esa tersa piel.
—Vamos, Ayase ¿Qué más es lo que querías preguntar?
Sí, soy mala. Corte lemon :v
Pero no se preocupen, que no tardare para la próxima semana en actualizar, sino, que mañana actualizaré la segunda parte del tercer capítulo, pues, lo único que les diré, es que será un suculento lenmon, es por eso que me tomaré mi tiempo para que sea bien explicito (?)
Y sobre el fic del SasuNaru, publicaré el prólogo mañana, espero —a los que les guste—, que lo lean :3 será uno de mis más grandes proyectos, pues, será tan… no lo sé, yo explicarlo con mis propias palabras sería extraño, así que mejor me espero y me den su opinión crítica.
(Si ven una falta ortográfica, si algo no concuerda, ó, si está mal la redacción, no duden y díganme, que ustedes me ayudan a mejorar)
