DISCLAIMER: Los personajes no me pertenecen, son de Hajime Isayama.

ADVERTENCIAS: AU, yaoi, Riren, palabras altisonantes, agresiones, violaciones, lemon, Ooc (quizás).


Eren estaba acurrucado en el sillón mientras escuchaba a Armin en el baño preparando la tina para Levi.

El rubio le había llevado otro par de pantalones y le pidió disculpas por no poder ayudarlo antes. Eren le dijo que no había sido su culpa, en especial cuando vio su ojo morado, y que era normal que eso pasara, que él era alemán –es decir, era su enemigo.

Armin le replicó que eso no era excusa para tratarlo así, y procedió a entrar al baño, murmurando algo de que el capitán volvería sucio, cansado, y querría sacarse toda la mugre de encima.

De eso, debía haber pasado media hora. Quería acurrucarse bajo las mantas de la cama y dormir para siempre, pero sabía que, antes de eso, debía agradecerle a Levi de alguna manera que lo salvara de una violación colectiva.

Un hombre es mejor que un ejército, se repitió tratando de convencerse.

Armin salió del baño y lo vio en el sillón.

—¿Quieres algo para comer? —le preguntó el rubio amablemente.

—No, gracias —murmuró Eren.

Lo único que quería era acostarse al lado de su mamá, hacerse una bola a su lado, y que le cantara como solía hacerlo antes.

Pero era un deseo imposible. Y no lo iba a decir en voz alta.

—Eren, el capitán–

El soldado no acabó de hablar cuando la puerta fue abierta.

Eren se giró, y contempló la camisa ensangrentada de Levi, su ceño fruncido y su mirada de muerte.

Tembló visiblemente.

—Fuera —fue lo único que dijo mirando a Armin.

El rubio no dudó en obedecer.

Levi no dijo nada mientras pasaba de largo, directo al baño, cerrando la puerta de un portazo y dejando a Eren solo en el dormitorio.

Debo darle asco, pensó sonriendo con amargura, ¿y a quién no le daría asco? ¿Cuántos hombres me han violado? ¿Cuántas veces lo hicieron conmigo? Hasta yo me doy asco.

Acarició su nuca, y de paso su cabello largo y desordenado, que estaba por llegar a sus hombros. Debía cortárselo pronto.

Recordó a su mamá cuando le cortaba el pelo en la cocina de su casa, haciéndole cosquillas con la fría tijera, mirando por la ventana hacia el cielo azul.

Did... did... did... did you... see the frightened... ones...? —murmuró con la voz temblando, recordando el canto delirante de su mamá cuando enfermó de tifus un año antes de morir—. Did... did... did... did you... hear the falling... bombs...? Did... did... did... did you ever wonder... why we had to run for shelter... when the promise of a... of a brave new world unfurled beneath a... a clear blue sky?

La puerta del baño se abrió de golpe, y Levi salió solo con la ropa interior puesta.

Eren se ruborizó y desvió la vista.

—Ven —ordenó el capitán con voz monótona.

El castaño no dudó en obedecer, no luego de todo lo que hizo por él.

Levi le tomó de la mano y lo metió al baño. Sin decir nada, comenzó a desvestirlo. Eren no se había percatado de eso antes, pero el capitán era un poco más bajo que él.

—Entra a la tina —dijo cuándo lo desnudó por completo.

Eren tampoco dijo nada cuando hizo caso, el agua caliente relajando sus músculos.

Se tensó al ver a Levi meterse a la tina, detrás de él, sus cuerpos rozándose.

—Sigue cantando —le murmuró el azabache antes de besarle la espalda.

El muchacho ladeó la cabeza, volviendo a relajarse al sentir el jabón limpiándolo, las suaves manos de Levi acariciándolo como si fuera un objeto precioso.

Did... did... did... did you... see the frightened... ones...?—susurró tímidamente—. Did... did... did... did you... hear the falling... bombs...? The flames are all long gone but... but the pain lingers on... Goodbye... blue sky... Goodbye... blue sky... Goodbye... Goodbye…

Se quedó en silencio, su suave voz perdiéndose en la habitación.

—¿Eso es todo? —dijo Levi, tomándolo de la cintura. Eren solo asintió—. Es una canción triste(1).

Volvió a asentir silenciosamente, dándole la razón por ello. No sabía de dónde la había sacado su madre, solo la había murmurado una de sus noches delirantes. El tifus –que nunca se curó por completo– y el hambre terminaron por matarla. Carla siempre le había dado su ración de comida porque, en el fondo, sabía que Eren tenía más probabilidades de vivir que ella.

—Canta otra —Levi lo volteó en el pequeño espacio, quedando frente a él.

—Me sé solo una estrofa —masculló viendo como los grises ojos de Levi lo examinaban.

—No importa —Eren mordió su labio inferior—. Me gusta tu voz.

Enrojeció, pero aun así comenzó a cantar con voz tiritona.

The cleaners have done their job on you... They're hip to it... man... they're in the groove... —Levi le acarició el cuello con una mano, sin dejar de observarlo—. They've hosed you down, you're good as new... They're lining up to inspect you... O children... —soltó un jadeo al sentir un beso en su cuello, pero se forzó a continuar—. Poor old Jim's... white as a ghost... He's found the answer that we lost... We're all weeping now... weeping because... —su voz se quebró y Levi se alejó con una expresión de lástima—, because... There ain't nothing we can do to protect you...(2)

Levi le dio un beso en los labios, igual al que se dieron esa mañana: inocente, suave, sin doble intenciones.

—Otra en tu idioma —susurró el azabache con deseo.

Si lo tengo contento, pensó Eren rebuscando en su mente alguna canción, va a querer quedarse conmigo y no me botará.

Die Erde dröhnt wird rot… —tartamudeó recordando la suave voz de su mamá, enferma y delirante—. Die Leute erinnern… sich an diese Tragodie… —Levi no dejaba de mirarlo mientras cantaba en voz baja, viendo sus labios moverse—Ist das der… der Zerstorer oder der… der Schöpfer? Mit der Glut des Hasses… schwenken wir die Schwerter… —¿cuánto llevaba sin hablar en alemán? No fue necesario intercambiar palabras en inglés con chicas como Historia, Petra o Rico. Pero con el resto de las personas… el inglés había sido la única forma de comunicarse con ellos—. Ist das… das unser Schicksal… oder unser Wille…? Wir werden kämpfen, bis… dieser heiβe Wind… unsere Flűgel nimmt…(3)

—Me gusta tu voz —comentó Levi cuando se quedó callado.

Quiso darle las gracias, pero las palabras se morían en su lengua. Desvió la vista, sin saber cómo preguntarle… cómo decirle… que estaba dispuesto a hacer lo que sea para tenerlo feliz. Que podía hacer con lo que quisiera con su cuerpo, siempre y cuando no lo devolviera a todos esos soldados.

Levi volvió a besarlo con suavidad, acariciando el cabello largo en su nuca.

—Mañana te cortarás el pelo —comentó al separarse unos centímetros antes de volver a besarlo—. ¿Dónde… aprendiste esas canciones? —preguntó el capitán luego de unos segundos.

—En Auschwitz —contestó Eren antes de recibir otro beso.

Hizo una mueca cuando Levi le acarició la mejilla, en la zona donde le habían pegado y tenía hinchado, y el azabache se alejó con una expresión oscura.

—¿Te duele? —preguntó Levi suavemente.

—No. No lo siento.

—Debe dolerte.

Eren desvió la vista, sus ojos como vidrio roto.

—Ya no siento nada.

El azabache no dijo nada por unos segundos, contemplando al castaño con una expresión de lástima.

Lo deseaba. Deseaba poseerlo completamente, hacerlo suyo, quitar la marca que otros hombres había hecho. Y si quería, podía tomarlo en ese momento, sabía que el chico no se iba a resistir, sin embargo… quería el consentimiento de él. No quería romperlo más de lo que ya estaba.

Pero su lascivia aumentaba a cada momento en que lo veía. La lujuria, la excitación.

—Ponte de pie —ordenó echándose hacia atrás.

Silencio, Eren obedeció.

—Date la vuelta.

El castaño hizo caso cerrando sus ojos. Dio un respingo al sentir las manos de Levi sobre su trasero, tocándolo con delicadeza, como si le estuviera dando un masaje. Enrojeció, tratando de controlarse para no jadear por el miedo.

Levi lo observó temblar, por lo que ladeó la cabeza, sin alejarse un poco. Sabía qué era lo que el chico buscaba de él, que era lo que quería: protección, que lo cuidara de los otros soldados. Y estaba dispuesto a hacerlo, pero a cambio de algo. Y Eren parecía entenderlo bien, porque le obedecía en todo.

Eren apretó su mandíbula al sentir como el capitán separa sus nalgas.

Gimió sonoramente al sentir algo húmedo allí.

Cubrió su boca, avergonzado, y miró de reojo hacia atrás.

Levi lo observó con una expresión divertida antes de acariciar su ano con su lengua.

Eren tuvo que morder su lengua para no jadear por la excitación.

—Inclínate —ordenó Levi besando su trasero con placer—, y sujétate del borde de la bañera.

El turco asintió, sus piernas como gelatina, colorado por sentirse tan expuesto ante el azabache, y se aferró a la bañera al sentir la lengua de Levi en su interior.

—¿Te gusta? —susurró el capitán.

Eren se limitó a asentir, respirando aceleradamente.

No era como los otros hombres tocándolo. El capitán era suave, lento, tanteando el terreno de a poco. Si lo hubiera querido, lo habría puesto de a cuatro en cualquier momento y se lo habría follado de una, sin importarle si le hacía daño o no, pero no lo estaba haciendo.

Levi metió un dedo en su interior, y Eren gritó por el dolor.

El azabache estaba seguro que si no lo hubieran violado tan brutalmente con anterioridad, Eren no habría gritado. Con toda seguridad, debía seguir rasgado en el interior.

—¿Duele mucho? —preguntó sacando el dedo.

Eren lo miró por sobre el hombro, con los ojos lagrimosos, y se limitó a asentir con miedo de hacerlo enojar.

—Todavía no estás listo, entonces —gruñó Levi soltándolo.

El muchacho se quedó quieto, para luego sentarse en la bañera bruscamente, ruborizado, mirando a los ojos del capitán.

—¿Hay algo… —buscó las palabras correctas para expresarse—, algo que pueda hacer para… para darle las gracias?

Levi se le acercó nuevamente, tomándolo de las mejillas para dejar ambos rostros juntos.

—¿Quieres que te proteja, mocoso de mierda? —preguntó seriamente—. ¿Quieres que nadie más que yo te toque? —Eren lo miró a los ojos y con timidez asintió—. Ya te declaré como mío frente a mis tropas, pero te lo pregunto a ti, ¿quieres ser mío? Si dices que sí, sabes lo que eso significará.

—Un hombre es mejor que un ejército —fue lo único que contestó Eren, dándole a entender que estaba dispuesto a todo para que nadie más lo tocara.

Sin decir nada más, Levi se puso de pie.

El turco enrojeció al notar la obvia erección que el capitán tenía.

—Los soldados me han dicho que muerdes todo lo que te ponen en la boca —dijo Levi con una sonrisa burlona—. No quiero que la muerdas. Quiero que la chupes.

El hombre contempló como Eren abrió la boca como un pez, perdiendo el color del rostro. Por su expresión, no era necesario saber que jamás había hecho eso. Bueno, ¿y quién lo haría? Las relaciones entre personas del mismo sexo estaban castigadas con la cárcel, y no pareciera que Eren, antes de ser violado y humillado por tantos hombres, se haya planteado ser realmente gay. Si estaba con él, era solo para sobrevivir dentro de toda esa desolación.

Y él… bueno, él era otro tema que al chico no debía importarle.

Solo admitiría que le gustaba ser el dominante en la cama, y correrse en la boca de sus amantes más jóvenes.

Y quería que Eren se la mamara. En ese momento.

Pero tampoco es como si fuera a obligarlo.

—Si no quieres hacerlo —dijo con voz amable—, siempre puedes volver con esos otros hombres.

O bueno, tal vez sí.

En realidad, no iba a dejar que nadie más lo tocara, a menos que llegara a cansarse de él. Pero por ahora, no estaba en sus planes dejarlo. Al principio se habría resistido. Se habría negado a tomar un amante bajo su brazo para protegerlo. Sin embargo, esa inocencia, ese maldito comportamiento de niño pequeño que ese mocoso tenía… bueno, lo estaba encandilando más de lo que esperaba. Eren demandaba sin ser consciente que alguien lo hiciera suyo.

La mano del castaño tembló cuando tocó su miembro, duro como una roca.

—¿Cómo lo hago? —preguntó Eren con un hilo de voz.

—Un helado —trató de explicar Levi—, chúpalo como si fuera un helado.

Podría haberle dado una mejor explicación, pero no tenía deseos de hacerlo; además, tampoco es como si fuera tan difícil de entender.

El chico lo miró como si no lo entendiera.

—¿Te has tocado alguna vez? —preguntó exasperado.

—No, yo… eh… uh… No tuve… uhm… tiempo para hacerlo… —se excusó Eren de forma titubeante.

Levi quiso reír por la estupidez de su pregunta. Por supuesto que no lo había hecho. Si sus cálculos no le fallaban, Eren tuvo que entrar a Auschwitz a los trece años, apenas consciente de sus cambios sexuales, y en el campo de concentración no iba a hacer nada de eso.

Diecisiete años de edad.

Se sentía como un pedófilo.

Más aún al ver la expresión perdida del castaño.

Ese chico definitivamente lo iba a hacer morir de ternura.

—Como una paleta, Eren —masculló irritado.

Mordió su labio inferior, nervioso y ansioso, y lamió toda la extensión de Levi.

El capitán lo observó con una ceja enarcada, ordenándole que se esforzara más en silencio, y volvió a lamer, ahora su lengua quedándose en la punta del miembro.

Recordó que, cada vez que un hombre lo estaba violando, el resto se estaba tocando, sus manos acariciando sus pollas.

Imitó el movimiento con suavidad, y besó la punta del pene de Levi antes de que sus labios se encerraran en el glande, su lengua jugueteando con la punta.

—S-sí —farfulló Levi acariciándole el cabello—, a-así…

Eren se enderezó un poco más, animado de estar haciéndolo bien. Aunque por dentro era un manojo de nervios, de desprecio por sí mismo.

Menos mal mamá murió, pensó volviendo a lamer el miembro, sino, estaría avergonzada de mí. Soy la puta de un ruso. La puta de un hombre. Y no me importa. Si así puedo vivir, lo haría mil veces más.

—Más… más abajo —soltó Levi—, chupa también…

Sin dejar de mover su mano, llevó su boca hacia sus testículos, lamiéndolos primero para luego chuparlos de a uno. Los atendió unos minutos, hasta que sintió que era suficiente, y volvió a su polla, lamiendo su glande para luego metérsela a la boca. Pudo solo hasta la mitad antes de sentir arcadas, y se alejó tosiendo, la saliva uniendo sus labios con el miembro de Levi.

—Lento —gruñó el capitán sin soltarle el cabello, acercándolo—, usa tú… tú saliva…

Lamió sus labios, asintiendo, sintiendo un sabor salado en su boca gracias al líquido preseminal que el miembro del azabache dejaba salir. Abrió la boca otra vez, llevando la polla de Levi adentro, y el capitán comenzó a marcar el ritmo, sin meter demasiado profundo, excitado por el sonido de chapoteo que la boca del chico hacía, viendo como goteaba la saliva por la barbilla del castaño.

—Mírame —susurró Levi acariciándole la mejilla.

Eren levantó sus ojos dorados, aquellos inocentes orbes brillantes como el sol, sin dejar de mover su cabeza, chupando y sacando, y Levi sintió corrientes eléctricas recorriendo su columna vertebral.

Sacó su polla de la boca del chico, y acto seguido se corrió en su mejilla, sorprendiéndolo.

En otras circunstancias, habría hecho que se lo tragara. Pero Eren, con toda probabilidad, lo terminaría vomitando, no acostumbrado a hacer aquello.

Eren acarició su mejilla e hizo una expresión de asco al ver sus dedos manchados con semen. Levi sentía que podía ponerse duro al ver su rostro sucio con su esencia.

Pero no era el momento.

Se sentó otra vez en la ducha, respirando a bocanadas para recuperarse del orgasmo, y procedió a limpiarle la cara al castaño con suavidad.

—¿Lo hice… lo hice bien? —preguntó Eren con voz tímida.

Como respuesta, recibió un beso brutal, que lo obligó a abrir la boca por la sorpresa, y sintió la lengua de Levi en su cavidad bucal.

Cuando sintió que el aire le faltaba, el capitán se alejó con una mirada de suficiencia.

—Si mejoras —ronroneó Levi a su oído—, es posible que nunca me aburra de ti —Eren mordió su labio inferior, logrando que Levi volviera a desearlo—. Ahora, a dormir.

Sin decir nada, el chico observó como el azabache se secó y vestía, y prosiguió a imitarlo, dócil y sumiso a cualquier orden que el capitán pudiera darle.

Por algún extraño motivo, no se sentía culpable por lo que hizo, a pesar de haber sido… antinatural y extraño. Lo sintió excitante, y si Levi le ordenaba volver a hacerlo, no dudaría en hacer caso.

Es porque necesito sobrevivir, pensó mientras se ponía el pijama, si no fuera por ello, me sentiría culpable. Cualquier otra persona en mi lugar lo habría hecho.

Observó el escritorio mientras el capitán se sentaba para trabajar en sus papeles.

Recordó el anillo.

—Eh… ¿Capitán Levi?

—Solo Levi.

Eren sintió su corazón latiendo con rapidez.

—¿Es… es usted… tiene a alguien…?

—Soy gay, por si no lo notaste, Eren.

Enrojeció ante la confesión sin tapujos del hombre.

Pensó en las persecuciones que observó antes de que fuera a parar a Auschwitz, a judíos, gitanos, turcos… a homosexuales. Si mal no recordaba, había rumores de que uno de sus vecinos era gay. Un día, luego de volver del colegio, vio su departamento con la puerta rota, todo destrozado, y la palabra Schwuler(4) en una pared.

Y eso fue solo en Alemania.

Quiso preguntarle sobre el anillo. Saber qué significaba. Si era suyo o de alguien más. Pero hacerle una pregunta sobre ello significaba decirle que revisó sus cosas y… eso podía molestarlo.

No dijo nada mientras se sentaba en la cama, confundido con sus propios sentimientos.

—¿Sientes asco por habérsela chupado a un gay, mocoso de mierda? —preguntó Levi fríamente, sin voltearse a ver.

—No —contestó, sorprendiendo a los dos—. ¿Por qué debería?

Recordó al vecino que se llevaron, que siempre le regalaba un dulce cuando lo veía lleno de barro, a sabiendas de que su mamá lo iba a regañar por ello. Que le regaló un helado luego de encontrárselo en la calle, llorando, porque los niños alemanes en el colegio lo llamaron negro turco asqueroso.

Su vecino siempre fue bueno. Fue amable. Fue alegre. Y se lo llevaron.

—Dije… dije que prefería a un hombre que a un ejército —agregó jugueteando con sus manos—, pero… ¿usted… ellos saben…?

—Eso no te importa —Levi se volteó y miró al castaño, impasible, aunque sus ojos chispeaban—, pero si le dices a alguien que admití que soy gay, mocoso, no voy a dudar en entregarte a todo un ejército para que te violen, ¿entendido?

Eren se puso pálido.

Levi recordó, por un leve momento, los años de encierro, los trabajos en el Gulag(5), la ejecución de su amante, mayor que él. A Mike lo condenaron a muerte por ser mayor; a él solo le condenaron a trabajos forzados por ser considerado como un joven influenciable que se dejó engañar.

Pasó cinco años en el Gulag, hasta que cumplió los veinticinco y entró al servicio militar, donde sería reformado y rehabilitado de aquella enfermedad llamada homosexualidad.

A los veintiocho, llegó a ser el honorable Capitán de la Compañía 104, Levi Ackerman, considerado el soldado más fuerte del Ejército Rojo y líder de la compañía que no sufría ninguna baja, con el privilegio de escoger a sus soldados, condecorado por el mismo Stalin luego de la batalla de Moscú.

Y que, a escondidas, se acostaba con hombres de vez en cuando, muy pocas veces para no llamar la atención.

No iba a volver al Gulag porque un mocoso alemán abrió la boca. Antes, lo mataría.

—¿A quién voy a decirle? —preguntó Eren con la voz temblando.

Levi dejó de mirarlo, volviendo a trabajar.

—Es solo una advertencia —contestó el azabache—. Si quieres dormir, utiliza la cama. Yo iré en un momento más.

Tiritando por las palabras del capitán, Eren no dudó en meterse bajo las mantas, dándole la espalda, mirando la pared, y tratando de despejar su mente para dormir.

Pero iba a tener que irse con cuidado. Con mucho cuidado para no enojar a Levi.


Eren soñó con el campo de concentración. Con las expresiones cadavéricas de sus compañeros. Con los cuerpos huesudos de sus amigos. Con la muerte flotando en el lugar. Con el humo negro que salía de la cámara de gas. Con el olor asqueroso de los cuerpos quemados. Con los soldados violándolo mientras se llevaban el cadáver de su mamá.

Despertó vomitando, llorando, sudando.

Cuando pudo orientarse, notó que estaba solo en la habitación. No sabía qué hora era, pero no le importaba mucho; en ese momento, lo único que quería era que alguien lo abrazara.

Pero no había nadie.

Armin entró de golpe, asustado al verlo en ese estado; más aún al notar que el castaño vomitó en las frazadas.

—Eren, ¿qué pasó? —preguntó el rubio acercándose con rapidez, tocándole la frente para ver si no tenía fiebre.

—Una pesadilla —jadeó aferrándose a la chaqueta del soldado—, fue eso. Lo siento. Lo siento.

—No, está bien —Armin suspiró aliviado de que no estuviera enfermo—, está bien. Pero… vamos a tener que cambiar las frazadas. Quizás… quizás el capitán no se dé cuenta.

Eren se percató, entonces, del desastre que era. Llorando, aferrándose a un ruso, con vómito encima. Levi lo iba a matar, con sus propias manos, si veía que dejó todo sucio.

—Lo siento —repitió avergonzado, bajando la vista—, lo siento mucho.

—Oye, no te preocupes —Armin suspiró y le acarició el cabello—. ¿Por qué no vas a limpiarte al baño? Iré a buscar tu desayuno y otras frazadas. Luego, entre los dos, ordenamos y te llevaré después a cortarte el pelo.

—¿Mi pelo? —Eren lo miró—. ¿Qué tiene de malo?

Armin sonrió al verlo tan dulce e inocente.

—¿No te molesta? Está muy largo.

—No, ya me acostumbré a él.

—Bueno —Armin bajó la voz mientras el chico se ponía de pie—, el capitán ordenó que te cortaras el cabello.

Eren mordió su labio inferior, enrojeciendo al recordar lo que hizo en la bañera con Levi. Recordando también la conversación que mantuvo después con el hombre. El azabache le dijo la verdad para luego amenazarlo, haciendo que temblara de miedo. Sin embargo, podía entender ahora un poco que lo hiciera: decir abiertamente que eras gay era condenarte a ir preso –o peor.

—Sigue dándome miedo —murmuró yendo al baño.

—Oh, a mí igual —Armin se rió—, pero no te preocupes, en algún momento el miedo va a disminuir.

Entró al baño y procedió a limpiarse el rostro.

Al salir, Armin lo estaba esperando, pero al parecer fue rápidamente a buscar el desayuno y otras frazadas. Además, también llevó…

—¿Zapatos? —vio los objetos, atónito. Hasta el momento solo le habían dado calcetines, pero zapatos… le extrañaba que le pasaran un par.

—El capitán no quiere que tus heridas se vuelvan a abrir —explicó Armin sonriendo.

Los últimos zapatos que había tenido estuvieron con él hasta unos meses después de que salió de Auschwitz. Los tuvo que botar debido a lo desgastados que estaban.

Mientras comía algo, Armin se dedicó a sacar las mantas que había manchado producto del vómito y luego procedieron a armar la cama otra vez, entre conversaciones amenas y tranquilas.

A Eren le gustaba la compañía del rubio. Era amable, dulce y tranquilo, sin malas intenciones, con una sonrisa amigable que lo hacía confiar inmediatamente en él.

—Ven, vamos con Mikasa, ella te ayudará con tu corte.

Asintió sin decir nada, siguiendo al rubio. Al salir de la habitación, se dio cuenta de que los dos soldados que el día anterior lo llevaron al cuarto luego de que trataran de violarlo estaban apoyados en la puerta, enderezándose al verlo salir.

Eren miró extrañado a Armin, más aún cuando comenzaron a caminar y los soldados –uno rubio con una barba pequeña y el otro moreno con cabello castaño– los siguieron en silencio.

—Armin —murmuró llamando la atención del rubio—, nos están siguiendo…

—¿Ah? —el chico se giró y le miró con una sonrisa—, oh, es que el capitán Levi ordenó que te acompañaran a todos lados para evitar que quieran violarte otra vez.

—No necesito… no es necesario…

—El capitán lo estimó conveniente —Armin lo observó—. No está mal que te dejes–

—Está bien mientras le dé lo que quiera —le interrumpió Eren frunciendo el ceño.

Armin se quedó en silencio mientras bajaban al primer piso. Eren se percató de que estaban yendo donde había estado antes, con el resto de mujeres, y sintió las náuseas en su estómago. Si los hombres no lo estaban utilizando a él, significaba que tuvieron que haber estado violando a las mujeres que se llevaron.

Sintió que su corazón se detenía al entrar al cuarto y ver a Hannah llorando en una esquina, con el cuerpo lleno de moretones mientras Annie trataba de ayudarla con las heridas sangrantes.

—¡Eren! —se volteó, y Petra se lanzó a sus brazos, enterrando su rostro en su pecho. Al menos, parecía que no la habían tocado a ella, aunque tenía los ojos rojos e hinchados—. Estás a salvo —suspiró aliviada la muchacha en alemán—, por un momento creí que… ayer no volviste… pensé que…

—Te dije que el capitán se lo había llevado —dijo Sasha también en alemán, acercándose.

—No te hicieron nada, ¿cierto? —Petra lo miró urgida—. Oí comentarios de que el capitán es un monstruo —los ojos de la chica se llenaron de lágrimas—. ¿Por qué no se van, Eren? Ya pasó todo. La guerra acabó. Perdimos. Perdimos. Déjenos en paz.

Eren sostuvo a Petra mientras rompía a llorar, desconsolada. Podía entender su desesperación, su alma rota, todo el dolor que estaba sintiendo. ¿Cuánta muerte tuvo que presenciar? ¿Cuántas violaciones tuvo que soportar? ¿A qué se estaba aferrando para mantenerse en pie?

Él apenas podía hacerlo. Solo se aferraba al hecho de ser manejado por un hombre y así poder seguir vivo. Pero, ¿qué pasaría con el resto de mujeres? Todas iban a ser utilizadas por veinte hombres y luego asesinadas, tiradas a un lado como la basura que eran.

Basura, mierda alemana, le susurraban los hombres al oído mientras lo embestían sin cuidado.

—Lo siento —murmuró Eren, mirando a los guardias a su lado—, no puedo ayudarte, no puedo hacerlo. Sé que no quieres que te sigan tocando, que sigan abusando de ti, pero a veces es necesario —ella lo miró sin entender—. Un amante, necesitas un–

—Zorra de los rusos.

Eren se tensó al escuchar el insulto.

Escondió el rostro de Petra en su pecho, levantando la vista. Una de las mujeres, Rico, que tenía un bebé en brazos, lo miraba con asco, con desprecio.

—Mikasa ya está aquí, Eren —dijo Armin llegando con la pelinegra, en inglés—. ¿Te parece si cortamos tu cabello aquí–?

Schlampe —le gruñó otra mujer, Hitch, poniendo una mueca de repugnancia al mirarlo.

Puta. Lo había llamado puta, con el peor insulto que un alemán pudiera recibir. La fulminó con la mirada, sin entender por qué reaccionaban de esa forma con él siendo que antes le habían mirado con agradecimiento.

Tal vez se debía al hecho de que ya no estaba. Y si no estaba, las iban a utilizar a ellas. Porque Eren se estaba dejando violar para protegerlas, y eso divertía a los soldados.

—Eren, ¿ocurre algo? —preguntó Armin al ver su expresión.

Schwanzlecker russisch —escupió Nanaba con repulsión.

Bajó la vista, sintiéndose humillado. Chupapollas de los rusos.

No lo estaban ofendiendo porque por su culpa ahora las estaban violando a ellas.

Lo estaban despreciando porque suponían que era el amante del capitán. Que se estaba entregando de buena gana a un ruso.

Fick 'mich ins Knie! —le escupió Anka con rabia.

—Eren, vámonos —murmuró Sasha que había permanecido callada hasta ese momento.

—¡Déjenlo en paz! —gritó Petra con la voz temblando.

—¿Ah? —Hitch la miró con asco también—. ¿Acaso igual quieres ser la perra de un ruso? Son unas mierdecillas. Prefiero que me violen a la fuerza que entregarme a estos monstruos —hizo un mohín de desprecio—. Schlampes —repitió antes de soltar una carcajada—. Son igual que estas dos —señaló a Annie y Sasha—, unas putas que disfrutan que los rusos las penetren. Y tú —señaló con su barbilla a Eren—, pequeña marica, no sabía que te gustaba que te dieran por el culo. Nunca debiste salir de Auschwitz, zorra.

Armin, Mikasa y los otros dos soldados no entendían la conversación que mantenían las mujeres alemanas con Eren, pero por sus expresiones, parecían hacerse una idea de lo que estaba ocurriendo.

—Vámonos, Eren —murmuró Armin tomándole la mano.

Schwanzlecker!

Fick' dich imArch!

Schwule! (6)

Eren se soltó de la mano de Armin mientras salían, arrastrando a Petra consigo, sintiendo como su garganta ardía por algún extraño motivo. Quería gritarles que lo hizo por necesidad. Que si esos hombres lo seguían tocando, iba a romperse definitivamente. Que ya no soportaba que lo destrozaran. Que prefería ser el amante de un ruso a la de un ejército.

Pero las palabras murieron en su boca al salir de la habitación. Petra le dio un apretón de manos en señal de apoyo, pero apenas lo sintió.

Puta de los rusos. Perra de los rusos. Zorra de los rusos. Chupapollas. Marica. Puta, puta, puta.

Armin lo sentó en una silla, hablándole con suavidad, tratando de llamar su atención, pero los insultos dentro de su cabeza no lo dejaban pensar, no lo dejaban reaccionar.

La noche anterior había aceptado ser el amante de Levi porque lo necesitaba para sobrevivir. Porque no quería que lo siguieran violando.

¿Cómo ellas… cómo ellas podían preferir que las violaran?

Mordió su labio inferior.

Petra le dijo algo tembloroso a Mikasa, que aceptó en silencio, y le entregó las tijeras a la chica castaña.

—Ellas no lo entienden —dijo Petra en alemán, comenzando a cortarle el cabello—. Ellas… odian a los rusos por lo que nos hicieron. Por lo que te hicieron, y no pueden entender que te entregues a uno tan fácilmente —Eren apretó sus manos en puños—. Si pudiera, lo haría también —prosiguió ella con amargura—. ¿Sabes cuántos hombres me han tocado? Papá fue a la guerra y no volvió, quedé solo yo con mamá, y ella murió en la batalla de Berlín gracias a un soldado ruso. Me encontraron y no dudaron en violarme. ¿Cuántos habrán sido? Perdí la cuenta luego del número veinte. No sabía si contarlos por los hombres que me lo hicieron o las veces que lo hicieron.

—Cincuenta y tres —jadeó Eren—, cincuenta y tres veces me violaron —sintió el estómago revuelto.

—Igual odio a los rusos —Eren casi rió al escuchar aquello debido a que estaban con tres rusos en el lugar. Agradecía que no los entendieran—, pero quiero vivir. Si debo ser el amante de uno, lo sería. Todos esos hombres, en mi interior… hace que sienta asco hacia mí.

—Algunos… algunos son amables —contestó el castaño sintiendo las tijeras cortando—. El capitán ha sido amable. No me ha forzado.

—Ojalá tuviera tu suerte.

—Mi suerte —la risa de Eren fue como un ladrido—, estuve en Auschwitz cuatro años. Mi madre murió de hambre. Vagué por meses hasta llegar acá. Violaron primero a mi amiga y luego a mí. Más de cincuenta veces. Ahora soy el amante de un ruso para sobrevivir. Eso no es suerte.

—Estás vivo —respondió Petra tranquila—, eso ya es tener suerte.

Enmudeció.

Tenía razón. A pesar de todo, seguía vivo. Eso era lo importante.

—Es divertido —comentó Armin en inglés cuando se quedaron en silencio—, ver cómo actúas distinto con ella. Pareces más maduro. Frente al capitán actúas como un niño.

Eren enrojeció, haciendo que Armin se riera.

—¿Está bien… ahí? —preguntó Petra en un torpe inglés.

—Ah, sí, ahora no pareces un vagabundo —alagó Armin con una sonrisa.

—Cortas… cortas el cabello bien —dijo uno de los soldados, el de cabello rubio, a cargo de Eren.

Petra sonrió nerviosamente, bajando la vista.

—Gra-gracias —tartamudeó con las mejillas sonrosadas.

Eren miró de una forma sugerente a Petra, quien chilló una maldición en alemán haciéndolo reír para luego darle un manotazo.

A Eren le dolieron las mejillas producto de la risa. No reía… ¿desde hace cuándo? No una sonrisa cansada, una risa amarga, una risa de verdad.

Había olvidado lo que era reír, y eso lo hizo sentir una profunda tristeza en su interior.

—Oh, Eren —Armin llamó su atención mientras se ponía de pie—, el capitán almorzará fuera y mandó a llamarte.

—¿Salir? —su expresión se iluminó levemente—. ¿De verdad?

—Sí. Erd y Gunther van a llevarte donde está. Irán a caballo.

Eren se giró hacia los dos soldados, sus ojos brillando por la emoción. Se despidió de Petra, diciéndole que iría a verla más tarde, y siguió a los hombres hasta la salida. Todavía quedaban ruinas del hotel, pero ya pocas, y las calles vacías, solo con presencia de los rusos tratando de retirar los escombros era el único sonido que inundaba el lugar.

No había presencia de más gente –alemana– en el bulevar Unter den Linden. La guerra había hecho que la mayoría emigrara a los campos. Sino, debían estar muertos.

Una ciudad de ruinas y fantasmas, en eso se había convertido Berlín.

Fuera, otro soldado ya los esperaba con dos caballos. Eren se subió junto a Gunther, el soldado moreno, y en silencio, partieron a donde debía estar el capitán con sus tropas.

En el camino, Eren iba reconociendo las tiendas a las que iba con su mamá a comprar. Allí estaba la farmacia, a su lado, la vieja zapatería; un poco más allá, pudo reconocer la florería a la que su mamá adoraba ir; en frente, estaba la ferretería; otros pocos pasos, y pudo ver la juguetería, donde su papá le compró el soldadito de madera que se resbaló de sus manos cuando subieron al tren que los llevó a Auschwitz. Fue el último juguete que tuvo.

Notó a donde estaba yendo al ver que siguieron derecho. Pudo ver como se erigía, más adelante, la Zeughaus, la fachada del Museo Histórico Alemán, en ruinas gracias a las bombas. Vio a los soldados sacando los escombros, y de pie al lado de una mesa, viendo unos papeles, se encontraba el capitán.

Al estar más cerca, el hombre levantó la vista, posándola en Eren que fue bajado con la ayuda de Erd. Al lado de ellos, el chico parecía un muñeco.

Se veía mucho mejor y menos delgado que los últimos días. Sin embargo, aún le faltaba mucho que recuperar.

—Erd, Gunther, supervisen el trabajo —gruñó el capitán acercándose—. Mocoso, acompáñame.

Sin chistar palabra alguna, Eren siguió al hombre que comenzó a caminar por la calle en silencio, sus ojos yendo de un lado para otro, observando que los trabajos se estuvieran llevando bien.

Siguieron caminando por el bulevar hasta llegar al puente Schlossbrücke. Eren, sin decir nada, fue hasta el parapeto, subiéndose a él, mirando hacia abajo, pensando en cuanta altura debía tener.

Antes de hacer algo más, Levi lo agarró por la cintura, pegándolo a su pecho.

—¡Uwaaaaaaaah! —gritó Eren al tambalearse en el parapeto.

—¿Qué carajo planeas, mocoso de mierda? —gruñó Levi a su oído.

—¿Uh? —lo miró por sobre el hombro, encontrándose con su ceño fruncido—. Caminar.

El capitán resopló, soltándolo pero tendiéndole la mano que agarró tímidamente. Sin decir nada más, caminó por el parapeto, Levi a su lado en la calle, agarrados de la mano. Eren miraba el canal Spree, y contemplando todos los escombros que podía notar bajo el agua.

—No le has dicho a nadie sobre lo de ayer, ¿cierto? —preguntó Levi luego de unos segundos en silencio.

—No —negó con la cabeza, recordando la amenaza, y un escalofrío recorrió su columna vertebral.

—Bien —el hombre no aligeró su ceño fruncido, y lo miró de reojo—. ¿Cuántos años tienes?

—Diecisiete —murmuró pasando por sobre un escombro en el parapeto.

—Pareces de catorce —masculló Levi. Eren lo contempló, ofendido—. Todo un mocoso.

—No soy un mocoso —protestó el castaño—. ¿Cuántos años tiene usted?

—Treinta y cinco.

Eren se quedó quieto. Pálido. Atónito.

—¿Qué? —farfulló.

—¿Cuántos creía que tenía?

—No sé. ¿Veinticinco?

Levi sonrió con burla, volviendo a caminar, tirando al chiquillo.

—¿Te dio asco habérsela chupado a un viejo?

—¿Usted no siente asco por querer acostarse con un chico que podría ser su hijo?

Silenciosamente, el capitán enarcó una ceja con lentitud.

—Hoy estás hablador, mocoso.

—No soy un mocoso.

Los ojos desafiantes del castaño le llamaron la atención. Parecía más entero, menos destruido que el día anterior. Aquel cambio le gustó bastante, e incluso pareció excitarle un poco. Pero allí no iba a poder hacer nada.

Antes de que el chico pudiera reaccionar, tiró de él y lo envolvió en un abrazo posesivo, que lo hizo ruborizarse debido a la cercanía.

—Sí eres un mocoso —gruñó Levi sin dejar de mirarlo—, mi mocoso.

Eren se sintió como una tetera hirviendo por la declaración del capitán. Y más aún porque, en lugar de haberlo molestado, una sensación tierna se instaló en su estómago.

Quería besarlo. Pero un beso era demasiado íntimo. Y peligroso a plena luz del día. Una cosa era declararlo su amante –y que todos creyeran que se lo estaba follando duramente– pero otra era besarlo frente a todos. Si lo hacía, corría el riesgo de que algo pudiera llegar a los superiores.

—Esta noche, mocoso de mierda —ronroneó antes de alejarlo—, te haré mío. ¿Entendido?

Eren boqueó por la sorpresa y solo asintió, tragando saliva, sintiendo los nervios a flor de piel y una ansiedad que lo hacía temblar.

Pero si temblaba de placer o angustia, era algo que no podía saber en el momento. No cuando Levi le dio un apretón en el trasero haciendo que enrojeciera a más no poder y aquel sonrojo permaneciera el resto del día en su rostro.


(1) Goodbye, Blue Sky: canción de la famosa banda Pink Floyd, del álbum conceptual The Wall. La canción es contemporánea a la época, pero no me pude resistir a ponerla, es una de las que más me gusta del álbum y me ayudó un montón con la historia. Si no han escuchado a esta banda, por favor, óiganla, es buenísima, en especial el disco mencionado, con algunos temas que tratan sobre la 2° Guerra Mundial.

(2) O'Children: canción interpretada por Nick Cave y The Bad Seeds. Al igual que la canción anterior, es contemporánea a los hechos narrados, y tampoco pude resistirme. Es una canción triste que trata sobre el Gulag o incluso se puede interpretar como los trabajos forzados en los campos de concentración. Tal vez la han escuchado, aparece en Harry Potter, en la última película, cuando Ron abandona a Hermione y Harry y ellos dos bailan en una escena muy triste.

(3) Por tercera vez, no pude resistirme, es del soundtrack de Shingeki no Kyojin. Es la canción del titán colosal, la primera, que canta Mika Kobayashi.

(4) Shwuler: Maricón, en español.

(5) Gulag: campos de trabajo forzado que fueron instalados en la URSS luego de que la Rusia Zarista cayera, especialmente para los políticos que estuvieran en contra del régimen socialista/comunista de Lenin y Stalin, aunque también se usó para albergar a presos comunes, cabe decir ladrones, asesinos, violadores, y, por supuesto, homosexuales. Para los que no sabían, la URSS, y posteriormente, Rusia, ha sido un país fuertemente homofóbico hasta la actualidad, con poquísimas leyes que amparen a homosexuales y una fuerte represión a estas comunidades. Si desean saber más, les recomiendo ver el documental Ser Joven y Gay en la Rusia de Putin. Les digo desde ya que es un tanto fuerte.

(6) Palabras en alemán: Schlampe, significa Puta; Schwanzlecker russisch, que significa Chupapollas de los rusos; Fick 'mich ins Knie, que quiere decir Que te Follen; Schwanzlecker, significa Chupapollas; Fick' dich imArch, que significa Que te den por Culo; y Schwule, que mencioné anteriormente que quería decir Maricón.


Me costó montones terminar el capítulo, siempre que iba a trabajar en él mi mamá me decía que fuera a comprar algo o no me sentía inspirada o tenía que estudiar :v

Pero bueh, aquí lo tienen xDDDD Lo he estado pensando, y creo que lo alargaré un poco más para desarrollar mejor a los personajes. Espero que no sean más de diez capítulos y un epílogo, andarán rondando más o menos en esa cantidad.

Muchas gracias a las personas que siguen el proyecto, ¡me alegran el día!

Y ando sin tiempo para contestar reviews (lo malo de actualizar en días de semana xD), además de que me incitaron a subir el capítulo YA, así que muchas gracias especiales a luciakkss, a Lluery, a AstridHatakeAckermanJaeger(ya sabrán lo del anillo :v), a Sweetvioleth, a Hbl (todo a su debido tiempo, ya sabrán xD), a Bossenbroek, a Charly Land, a Monse-Uchiha (no, solo Sasha, Mikasa y Annie tienen amantes en la Compañía 104, el resto no. Y los que quisieron violar a mi bebé fueron los primeros que lo hicieron, es decir, los mismo que violaron a Historia y luego abusaron de él. ¡Espero que te quedara claro! Me avisas si te vuelves a perder xD), a Solenaru, a gatitafelinaonca, a AngelGefallen, a KathKolmer, a PaolaCoca92 y a NarubyScarlett (espero aquí haber aclarado un poco los sentimientos de cada uno. Levi ve a Eren como un amante para pasar el tiempo mientras que Eren aprecia a su manera a Levi por haberlo salvado, ¡ojalá se pueda notar eso, me avisas si no es así xD)

¡Muchas gracias a todas/os por la lectura, si siguen leyendo, les daré amor virtual :3!
Nos vemos~