DISCLAIMER: Los personajes no me pertenecen, son de Hajime Isayama.

ADVERTENCIAS: AU, yaoi, Riren, palabras altisonantes, agresiones, violaciones, lemon, Ooc (quizás). Ligero Eruren.


El comandante Erwin Smith llegó antes de lo esperado. El tiempo esa mañana del 19 de junio de 1945 era refrescante, con un brillante sol iluminando las calles de Berlín y un ligero viento que aliviaba el calor.

La tropa que Erwin Smith lideraba era pequeña, pero todo el mundo sabía quién era el hombre que iba a la cabeza por lo que esa simple tropa se imponía frente a todos. Hicieron ingreso al bulevar por la puerta de Brandeburgo, frente al resto del Ejército Rojo que aplaudió al ver llegar a uno de los comandantes más importantes de Rusia. Por supuesto, los alemanes que estaban por allí solo fruncieron el ceño con molestia, aunque unos pocos aplaudieron amenamente.

El capitán Levi Ackerman fue a recibirlo unos metros después de la puerta de Brandeburgo, con su uniforme implacable y seguido de su compañía, ordenada y recta, saludando al comandante al unísono.

Con un movimiento de la cabeza, Erwin comenzó a caminar junto a Levi por el bulevar, mirando la calle con sus fríos ojos azules.

—¿Cómo van los trabajos? —preguntó el comandante viendo los edificios cercanos llenos de escombros.

—Avanzando —contestó monótonamente Levi—, hemos despejado los principales caminos, pero se van a tener que derribar un montón de edificios —frunció el ceño—. No te esperaba acá todavía. Dijiste que vendrías a finales de junio.

—Hubo un adelanto de planes —Erwin suspiró—. Habrá una ceremonia de medallas el doce de julio, por lo que tendremos que apurar el trabajo un poco, y me enviaron para ver que todo esté correctamente.

—Tsk, ¿esos pendejos no confían en mí? —escupió Levi con desprecio.

—Estás manchado, Levi —le recordó Erwin.

—Ni que fuera a convertir a todos los edificios en antros homosexuales de la perdición —gruñó rodando los ojos.

Erwin soltó una risa baja, negando con la cabeza, y echó una mirada hacia atrás, hacia sus tropas y las de Levi. Distinguió a Armin, quien le dirigió una mirada inocente, y le guiñó un ojo con una sonrisa divertida.

Vio como el chico se ruborizaba, desviando la vista, y al girarse chocó con los ojos grises de Levi, que enarcaba una ceja con lentitud.

—¿Entonces tú vas a convertir los edificios en un antro, Erwin? —preguntó burlonamente el azabache sin dejar de caminar.

—No sé de lo que hablas —Erwin fingió demencia, encogiéndose de hombros.

—Solo no le des tan duro, lo necesito todos los días —espetó llegando a la parte frontal del hotel Adlon, donde los soldados esperaban recibir a Erwin.

El rubio se detuvo, mirando el destrozado edificio, arrugando un poco las cejas.

—Pareciera que se va a caer —masculló.

Levi lo miró con lentitud, entrecerrando los ojos.

—El primer y segundo piso están habitables —se defendió ofendido—, no hay peligro de derrumbe y logramos estabilizar esos pisos. Además, pudimos activar las cañerías de agua y el gas. Si no quieres dormir ahí, siempre puedes ir con Nile Dawk. A todo esto, ¿la cuatro ojos viene contigo o no?

—Llegará mañana —contestó el comandante sin dejar de ver el edificio—. ¿Seguro que resistirá?

—Mejor para mí si no quieres quedarte aquí —contestó Levi impasible.

Erwin soltó un resoplido, cruzándose de brazos y entrando al hotel, viendo los arreglos que le habían hecho. Las ventanas, obviamente, seguían sin tener vidrios y el concreto tenía grietas y roturas, pero por lo demás no se veía tan mal. Claro, las paredes estaban grises producto del hollín que se había pegado gracias al incendio que sufrió hace meses, sin embargo, tenía claro que Levi no se habría quedado allí si no hubiera limpiado antes. Entró al salón principal, viendo la torpe mesa instalada que hicieron los soldados para cenar por la noche junto con el tarro donde hacían el fuego para calentarse, y luego partió a la cocina, sintiendo un ligero olor a carne que salía de allí. Levi iba detrás, indiferente, pero pudo notar una ligera expresión de preocupación.

Se asomó, viendo la gran cocina que había allí, y escuchó un parloteo en alemán, seguido de una pequeña risa. En los quemadores de la cocina había una olla cerrada, la tapa moviéndose gracias al vapor que salía del interior.

—Sasha, Eren —llamó Levi con voz fría.

Un pequeño silencio, y entonces del borde de la mesa se asomaron dos cabezas, que se pusieron de pie inmediatamente, inclinando la cabeza con rapidez.

Erwin vio primero a la chica, de cabellera castaña rojiza, ojos cafés y piel pálida. Su boca tenía rastros de papas, por lo que solo frunció el ceño, reconociéndola como la amante de uno de los soldados de Levi. Luego se giró hacia el chico, contemplándolo en silencio y sonriendo de lado. Era un chico bonito, como diría Levi, con esos ojos dorados brillantes, esa piel color canela y ese desordenado cabello castaño que caía sobre su rostro.

Se giró hacia el azabache, que tenía cara de aburrido.

—Lo quiero —provocó señalando al muchacho.

Levi se enderezó mientras Eren solo ladeaba la cabeza, sin comprender la conversación que llevaban en ruso. Las facciones del capitán se endurecieron, apretando su boca en una mueca de molestia.

—Es mío —gruñó lentamente, sin mirar al castaño.

—¿Ahora te gustan los chiquillos alemanes? —se burló Erwin.

—Cállate.

—Anda, Levi —Erwin dio unos pasos, alcanzando al chico, y tomándolo del brazo, atrayéndolo a su cuerpo, arrancándole un chillido—, prometo ser suave con él —los ojos llenos de pánico de Eren miraron al azabache, quien no le devolvió la mirada—. Las mujeres alemanas no son de mi gusto. Pero este chico es bonito.

Levi se quedó un momento en silencio, viendo la expresión de Erwin, contemplando el cuerpo tembloroso del castaño.

—Es mío —repitió—, y tiene mi protección. Si lo sigues tocando, Erwin, voy a golpearte y no me importará ser tu amigo.

Erwin soltó una risa suave, soltando al muchacho, que seguía tenso, con una expresión nerviosa, mordiendo su labio inferior.

—Lo quiero esta noche en mi habitación, Levi —dijo el rubio firme—, que me entretenga un par de horas. Luego puede volver contigo —el capitán hizo una mueca de desagrado ante las palabras—, y no aceptaré un no como respuesta.

Antes de que pudiera decir algo, Erwin salió de la habitación, dejando que Armin tomara las riendas del paseo, quien terminó de mostrarle los arreglos hechos al hotel. Levi se había quedado viendo a Eren, y con un movimiento de manos, le dijo a Sasha que saliera de la habitación.

Eren no se acercó a abrazarlo, sabiendo que estaban en un lugar demasiado público, solo bajó la vista.

—Vas a tener que–

—No. No lo diga —le interrumpió Eren en inglés, con la voz temblando—. Está bien. Puedo hacerlo. Pero no lo diga.

Levi volvió a hacer una mueca, conteniendo los impulsos de ir a darle un abrazo.

—Es mi superior, así que no puedo desacatar sus órdenes —explicó con un chasquido.

El castaño se quedó en silencio unos segundos, sin mirarlo directamente ahora.

—Si soy el amante de él, ¿estaré más protegido? —preguntó sin rodeos.

Con fuerza, el azabache apretó su mandíbula junto con sus manos hechas puños. Eren se arrepintió inmediatamente de lo que dijo, pero las palabras de disculpa no salieron de su boca.

—Por supuesto que sí —escupió Levi dándose vuelta para marcharse de allí. Lo hubiera hecho, si no hubiera sido porque Eren lo tomó del brazo, deteniéndolo. Lo miró por sobre el hombro, viendo sus tristes ojos.

—Pero quiero ser solo suyo —murmuró el castaño tragando saliva.

Levi tuvo que contenerse otra vez para no abrazarlo y decirle que todo iba a estar bien cuando no era así. Era difícil que las cosas estuvieran un poquito bien en toda esa maldita situación.

—Será solo una vez, lo prometo —dijo Levi—, cuando termines, ven a verme. Una vez.

—No soy una cosa que pueden usar y desechar, Levi —masculló el castaño sin mirarlo.

El azabache lo contempló en silencio unos segundos, de arriba hacia abajo, viendo su expresión triste, su mueca de dolor.

—Lo siento, mocoso de mierda, pero en este momento, sí lo eres —fue lo único que dijo antes de salir de la cocina, dejándolo con las palabras en la boca, con el corazón más apretado de lo que ya estaba.

No quería darle la razón, sin embargo, sabía que Levi estaba en lo cierto.

No era más que una triste cosa a la espera de ser utilizada por el resto, con la esperanza de que no fuera demasiado dura con él.


Armin lo llevó a la pieza habilitada para Erwin Smith.

Su amigo rubio no dijo nada, con la boca apretada, solo llevándolo hacia la habitación, su cuerpo tenso y el ceño fruncido. Supo, sin necesidad de preguntar, que Armin no estaba de acuerdo con esa situación, pero él, como subordinado, no podía hacer nada para evitarlo. Incluso quizás el comandante y su amigo…

—Te esperaré fuera —fue lo único que dijo cuándo se detuvo frente a una puerta.

—No es necesario–

—El Capitán me pidió que te llevará luego con él.

Por supuesto. De seguro también querrá utilizar a esta cosa, se dijo con una sonrisa amarga antes de que el rubio tocara la puerta y la abriera pidiendo permiso.

Con una seña de cabeza, Armin le dijo que entrara y Eren obedeció.

La habitación era parecida a la de Levi, quizás solo más iluminada y un poco más decorada.

Erwin estaba sentado en el escritorio, anotando algo con expresión concentrada, y no levantó la vista para ver al muchacho, que solo se quedó de pie ante la puerta recién cerrada.

—Tu nombre es Eren, ¿cierto? —preguntó Erwin en inglés sin dejar de escribir.

—Sí.

—Sí, señor.

—Lo siento, señor —se apresuró a corregir.

—Estuviste en Auschwitz, ¿no? —prosiguió el rubio.

—Sí, señor.

—Supongo, entonces, que aprendiste por las malas a obedecer.

Eren frotó su brazo, mordiendo su mejilla por dentro, sin levantar la vista.

—Sí, señor —repitió.

Hubo un pequeño silencio, donde Erwin levantó la vista, analizando el cuerpo del chico, viendo su expresión temerosa, sintiéndose atraído por esa mirada asustada y esos grandes e inocentes ojos dorados.

Pudo entender por qué Levi lo quería solo para sí.

—No quiero tratarte mal, Eren —dijo Erwin—, pero si no obedeces, si te resistes, no me portaré bien contigo. ¿Entendido?

Asintió con rapidez, sintiendo su corazón latiendo a mil, conteniendo las ganas de llorar. Erwin podía ser guapo con ese cabello rubio y esos ojos azules intensos, pero Eren no quería que nadie que no fuera Levi lo tocara. Solo le gustaba el tacto de Levi sobre su piel, el de nadie más.

—De rodillas.

Eren obedeció, bajando la vista, respirando aceleradamente.

—Gatea hasta debajo del escritorio y ubícate entre mis rodillas.

Palideció, adivinando lo que quería hacer con él, y con todo el cuerpo temblando, obedeció, tragando saliva, tratando de no dar rienda suelta al pánico, tratando de no salir corriendo, sabiendo que si lo hacía iba a terminar siendo golpeado y, probablemente, violado con brutalidad.

Desde el suelo, entre las piernas de Erwin, miró hacia arriba, chocando con los fríos ojos del rubio. Tenía una sonrisa amable, pero aparte de eso, no había nada en su rostro que mostrara compasión.

—Sabes que hacer, Eren —dijo antes de ponerse a escribir otra vez.

Sus ojos viajaron hacia su pantalón, viendo su bulto, y sintió ganas de llorar.

Silencioso, desabrochó el pantalón, cerró sus ojos y abrió su boca.

Mientras más rápido terminara, más rápido podría irse, y podría ir a algún lugar a llorar sin que nadie lo viera, a sentirse sucio, usado, miserable.

Después de todo, ¿qué otra cosa podía hacer?


Apretó con fuerza las sábanas, gimoteando en voz baja, apretando también sus párpados al sentir una nueva embestida. Sus caderas estaban levantadas gracias a las grandes manos de Erwin, por lo que llegar a su próstata era más fácil en esa posición, y se corrió con un jadeo tembloroso, manchando su pecho, agotado.

Gimió con la siguiente embestida, unos segundos después sintiendo el semen caliente llenando por segunda vez su entrada. El rubio sobre él le dio una palmada fuerte en el trasero, arrancándole un chillido, y se rió contra su oído, divertido.

—El semen en tu rostro queda bien —gruñó Erwin saliendo de su interior.

Lo miró por sobre el hombro, fatigado. El comandante se había corrido en su cara luego de hacerle sexo oral y le había prohibido sacárselo, por lo que sentía su rostro pegajoso y espeso.

No sabía qué hora era, lo único que sabía es que estaba muy cansado y que quería irse de allí pronto. No le gustaba como Erwin lo tocaba, como apretaba sus caderas, como le dio bofetadas al principio por no gemir.

—Puedes irte si quieres, ya me descargué —dijo el rubio desinteresado.

Con las piernas temblando, Eren se puso de pie, sintiendo el semen escurriendo por su trasero. Dio unos pasos en dirección al baño, pero entonces Erwin lo tomó de la cintura, dándolo vuelta y deteniéndolo.

—Toma tus cosas y márchate así como estás —dijo con una sonrisa pequeña—, la escoria alemana no merece menos, ¿no crees? —bajó la vista, sin decir nada—. Espera, te falta algo.

Le tomó de la barbilla, levantando su rostro, y Eren cerró sus ojos al recibir dos fuertes bofetadas, conteniendo después las ganas de llorar al sentir el escupo en su mejilla.

—Vete ahora.

Estaba acostumbrado a que le escupieran, lo que lo hizo sentir miserable y deprimido. En el campo de concentración los soldados solían escupirles a todas las personas, incluso a los niños más pequeños. Los rusos que abusaron de él también le habían escupido. No era una sensación desconocida, pero a pesar de estar acostumbrado a ello, no significaba que no sintiera algo al recibir ese trato.

Recogió sus ropas en silencio, sin dejar de sentir el semen en sus muslos, y abrió la puerta.

Armin lo contempló en silencio con una expresión de sorpresa y desconcierto. Eren salió de la habitación sin decir nada, cubriendo su zona delantera con la ropa, y la puerta se cerró.

—¿Puedo… —la voz le temblaba y sabía que pronto comenzaría a llorar— to-tomar un… un baño?

¿Cuánto tiempo llevaba sin llorar? Un mes, aproximadamente. Levi no lo había hecho llorar en ningún momento.

—El Capitán quiere verte —fue lo único que contestó Armin con la voz llena de lástima.

Sin hablar, comenzó a caminar hacia la habitación de Levi, dejándose llevar por Armin. Pudo escuchar unas risas burlonas junto con las miradas puestas en su rostro y trasero, pero estaba tan cansado que no le importó en ese momento.

La habitación de Levi estaba custodiada, ese día, por Reiner y Berthold, quienes contemplaron al alemán con gestos de sorpresa. Armin les murmuró algo en ruso y procedió a tocar la puerta que se abrió unos segundos después.

Bajó la vista. No quería ver los ojos de Levi, ver el asco y desprecio allí. Estaba cubierto de semen, con las mejillas rojas debido a los golpes y un escupo en su rostro. Debía verse asqueroso.

Levi dijo algo en ruso y los tres soldados se retiraron.

El capitán le tomó la mano en silencio, entrándolo a la habitación y llevándolo al baño enseguida. Vio la tina llena de agua, por lo que apretó su mandíbula, conteniendo el llanto atorado en su garganta.

—Mírame, solnyshka.

Levantó la vista, chocando con los grises ojos de Levi, y sintió las lágrimas bajando por sus mejillas. El azabache suavizó su mirada, llevándolo a la tina, donde Eren se sentó. Con un paño húmedo, Levi le limpió el rostro con ternura.

—¿Te golpeó? —murmuró viendo sus mejillas rojas y el labio partido.

—No —jadeó Eren—, solo me abofeteó. Tampoco fue violento. Pero…

—Te humilló, ¿no es así? —asintió en silencio, hipando—. Ese cabrón sabe cómo quebrar —fue lo único que dijo molesto.

—No quiero que me toque más —sollozó destrozado—, por favor, Levi. No me pidas otra vez que vaya a su habitación.

Sin importarle cuán sucio debía estar, si el chico estaba mojado, Levi lo abrazó por el cuello, dejando que rompiera a llorar en su pecho, enterrando su rostro en la camisa del pijama. Le acarició el cabello, sin decir nada, solo permitiendo que llorara en silencio.

—Lo prometo —murmuró contra su cabeza—, no te tocará más, solnyshka. Nunca más.

Eren asintió, alejándose un poco, pasando el jabón por su piel para eliminar el sucio toque de Erwin sobre su piel. Levi le ayudó, tranquilo, aunque conteniéndose por dentro para no ir a la pieza del comandante a gritarle la sarta de groserías que se acumulaba en su boca. En especial cuando el muchacho se puso de pie y notó que todavía salía semen de su ano.

Aquello le recordó el primer baño que le dio a Eren, lo desnutrido que estaba, como se aferraba a él, todo lo que lloró, las heridas y moretones en su cuerpo, su agujero maltratado por las violaciones. Y ese líquido blanco manchándolo por todas partes.

Le dio un beso en la parte baja de la espalda, sobresaltándolo, pero el chico no dijo nada.

Cuando se aseguró de dejarlo limpio, lo secó también para luego llevarlo a la cama.

—Erwin suele acostarse con las amantes de sus soldados —dijo Levi mientras lo arropaba—, quebrándolas también. Así, les recuerda…

—Que no son personas —susurró Eren, viendo al azabache meterse a la cama—, que solo son agujeros donde descargarse.

—Tú no eres solo un agujero. No para mí, solnyshka.

Eren le acarició el cabello, cerrando sus ojos al recibir un beso en la mejilla.

—Pero esas mujeres sí —masculló Eren triste—, para todos esos soldados, solo son agujeros. Y nosotros somos cosas que humillar. Nada más.

El azabache soltó un suspiro, sin dejar de acariciar su mejilla, sin desviar sus ojos.

—Por una vez en tu vida, mocoso de mierda —contestó en voz baja Levi—, no te preocupes del resto. Solo de ti. Nadie te llamará egoísta por eso.

Lentamente, Eren asintió con la cabeza, dándole un abrazo y dejando que el aroma del capitán eliminara los malos recuerdos de esa noche.

Le susurró que lo quería, y en la bruma del sueño, escuchó el murmullo de Levi diciéndole lo mismo.


Habían pasado varios días desde ese episodio.

Eren se había ido con cuidado entonces: evitando toparse con el comandante, acatando siempre las órdenes de los rusos, limitando sus conversaciones con Armin para no salir pillado. Dejando, además, que Levi hiciera algunas humillaciones en público, como recibir sus bofetadas, sus gritos, incluso sus tirones de pelo.

Cuando estaban a solas, Levi le susurraba unas torpes disculpas. Le había explicado que, con la llegada de su comandante, las cosas estaban más vigiladas, en especial porque a principios de julio iban a llegar representantes de diversos países para la condecoración que se haría en las puertas de Brandeburgo.

Eren lo comprendía claramente. Si a los superiores les llegaba el rumor de que el capitán Levi Ackerman tomó a un amante hombre alemán, y que lo trataba con cariño frente a todos, iban a empezar a sospechar. Quizás no vieran con buenos ojos el follar con un muchacho, pero si solo era un polvo, podían pasarlo por alto. Sin embargo, si sospechaban un poco que su capitán estaba enamorado de un hombre…

Suspiró, mordiendo su labio inferior, preparando la masa para hacer el pan de esa noche.

Aparte de esas pequeñas humillaciones, todo había estado tranquilo. Levi estuvo cumpliendo su palabra, siempre detrás de él cuando estaban juntos y mandándolo a su habitación si tenía que conversar con Erwin.

—¿Qué haces?

Frunció el ceño al oír la infantil vocecita que le habló en alemán.

Se giró con una expresión de desconcierto, contemplando a la pequeña y escuálida niña pelirroja que estaba bajo el marco de la puerta, observándolo con esos inmensos e inocentes ojos verdes.

Se vio a sí mismo a esa edad, jugando en el parque, riendo en el colegio, tratando de no quebrarse en Auschwitz.

Una sensación desagradable se asentó en el estómago.

—Oh —miró sus manos llenas de harina y trató de sonreír. Estaba solo en la cocina—, hago pan.

—¿Pan? —los ojos de la niña se iluminaron—. ¿Tienes un poco para mí?

Sus labios temblaron al notar su ropa desgarrada, sus mejillas sucias. Otra vez, pudo verse a sí mismo.

—Claro que sí —caminó a la despensa y sacó un pan que sobró del día anterior junto con un pedazo de queso—. ¿Cómo te llamas?

—Isabel —dijo la niña entrando, tomando el pan para comenzar a devorarlo—. ¿Y tú?

—Eren —le revolvió el cabello, sacándole una risa—. ¿Qué haces por acá?

Lentamente, la muchachita dejó de comer, ladeando la cabeza, y frunciendo los labios con pena.

—Espero a mamá —contestó—, unos soldados… que hablan raro… se la llevaron —hizo una mueca—. Acabamos de llegar del campo y… —sus ojos se llenaron con lágrimas—. Dijo que volvería por mí. Pero ya pasó un día y quiero verla y me trajeron aquí y quiero a mamá…

Eren se puso nervioso y una enorme tristeza inundó su corazón. No necesitaba indagar más para saber que su madre había sido, probablemente, violada y asesinada, en especial si estaban las dos solas, sin un hombre que pudiera defenderlas.

Abrió la boca para decir algo, pero se vio interrumpido.

—¡Ahí estás! —Petra se asomó y al verla con Eren suavizó su mirada—. Hola Eren.

—Hola Petra.

Le sonrió mientras entraba, aunque pudo notar sus ojos preocupados y tristes.

Su amiga había logrado enganchar a uno de los subordinados de Levi, el rubio que había estado a cargo de proteger a Eren, un hombre llamado Erd, librándose así de las violaciones colectivas que sufrían el resto de las mujeres. Lucía mucho mejor que antes, igual que Eren, y parecía realmente feliz.

—Isabel, no desaparezcas así —le reprendió la joven con la voz temblando.

La chica hizo un puchero, yendo hacia la mesa y viendo la masa de pan.

Eren tragó saliva, girándose hacia Petra.

—Llegó hace unas horas —balbuceó la chica con el rostro lloroso—. Los soldados la trajeron. Van… quieren… —Petra se puso verde y Eren no necesitó más para comprender lo que quería decir—. Le pedí a Mikasa que la sacara, que no podía… es solo una niña… pero… m-me dijo que no sería la primera niña a la que le hacen eso… —su voz se quebró—. Dijo que lo hicieron hasta con… con niñas de ocho años… Ocho años, Eren… ¿Qué clase de monstruo hace eso?

Tuvo que volver a tragar para no vomitar el almuerzo.

Los monstruos que la guerra había creado. Una guerra que tomó a hombres y los destrozó hasta convertirlos en unos monstruos horribles y atroces, que actuaban sin sentimientos, sin culpa.

—Uno… alguien podría tomarla bajo su protección —trató de decir cerrando sus ojos.

—¿Y quién lo haría? Es… una niña…

Levi. Levi podría hacerlo. Él jamás la tocaría, la podría proteger.

Pero yo soy su amante. Yo estoy bajo su protección.

—¿No hay más pan, Eren?

Se giró, viendo a Isabel, mirándolo con esos bonitos ojos verdes.

Por una vez en tu vida, mocoso de mierda, no te preocupes del resto. Solo de ti. Nadie te llamará egoísta por eso.

Las palabras de Levi se repitieron en su mente. Podría mirar hacia otro lado, ignorar lo que estaba pasando, y protegerse. No cuidar de nadie más. Dejar que fuera el capitán quien lo protegería. Dejar que una niña fuera violada por soldados para luego ser asesinada a sangre fría, su nombre pasando al olvido como los miles de nombres de todos esos niños muertos en la guerra.

—Hoy en la noche voy a darte la porción más grande —dijo con la voz temblando.

—¡Sí! —Isabel lo abrazó, sonriendo—. ¿Puedes ser mi hermano mayor? Adam se fue a la guerra y no ha vuelto y tú eres un bonito hermano mayor.

Su estómago se encogió al verla salir con Petra, que sonreía amablemente con todas las palabras que Isabel decía sin detenerse a tomar una pausa.

Egoísta. Se egoísta, se dijo queriendo llorar.

El resto de la tarde trató de distraerse en la cocina, concentrándose solo en dejar el pan bien preparado, y cuando fue a repartirlo donde las mujeres, Sasha y Annie preparando la cena en silencio, le dio a Isabel un gran pedazo de pan con queso.

Ninguna del resto de las mujeres se quejó, incluso ninguna dijo algo sobre la presencia del castaño. El ambiente era claramente depresivo, y no había necesidad de preguntar el por qué. Todos sabían lo que pasaría esa noche. Todos sabían qué sería de esa niña. Y nadie podía hacer nada para ayudarla.

Comenzó a rogar que Levi lo fuera a buscar pronto, que lo llevara a la protección de su pieza. No quería estar allí cuando todo ocurriera, quería que el capitán lo envolviera en sus brazos y calmara su conciencia de alguna manera.

El sol se había ocultado cuando los hombres comenzaron a llegar y recibir las porciones de cena. Levi siempre solía llegar detrás de ellos, tomando su porción, yendo a buscarlo y partiendo a la habitación.

Su estómago se revolvía más y más al ver como las horas pasaban.

El capitán llegó.

—Vamos, mocoso de mierda —dijo con expresión cansada, sus ojos brillando un poco al verlo.

—Levi —jadeó desesperado—, ¿no puedes tomar a otra persona bajo tu protección?

El azabache se echó hacia atrás, frunciendo el ceño. Unos segundos después, su expresión pasó de confusión a comprensión, junto con una pequeña mirada de lástima. De seguro, ya estaba al tanto de la presencia de la niña.

—No. Solo una. Es un código —contestó firmemente—. Eren, comprendo que…

—¿Para dónde voy?

La infantil voz resonó en los pasillos, y Eren vio como un soldado tomaba la mano de Isabel, llevándola al salón, arrastrándola con facilidad. La chica arrugaba el entrecejo de manera graciosa, tratando de resistirse, pero no podía hacer nada frente a esos hombres. Era solo una niña. Una pequeña niña de diez años.

—Quiero a mamá —protestó, y Eren pudo oír unas carcajadas de burlas.

Cerró sus ojos, sintiendo como se desestabilizaba todo, viéndose a sí mismo entre todos esos hombres, lo brutal que eran con él, como se reían y no había nada de pena ni culpa en sus miradas.

Eren podía resistir a treintas hombres antes de caer desmayado. ¿Cuántos podría resistir una niña? No quería la respuesta a esa pregunta.

Egoísta. Egoísta. Se egoísta.

Pero no podía serlo. No con una niña.

—Levi, protégela —susurró con la voz temblando—. Protégela. Por favor.

Levi entrecerró los ojos, apretando su mandíbula.

—No. Si la tomo, tú quedarás libre y podrán hacer lo que quieran contigo, solnyshka.

—Tómanos a los dos. Por favor.

—No puedo, Eren. Si rompo el código que tenemos, van a poder tocar a Mikasa, a Annie, a Sasha, a Petra, a todas tus amigas, y quedaría en evidencia.

Sentía el corazón desbocado, sus manos temblorosas; veía la compasión en el rostro de Levi, sus ojos desesperados en hacerle entender que las cosas no funcionaban de manera fácil. Levi no quería dejarlo, no quería soltarlo. No quería ver como lo destrozaban y él no podía hacer nada para evitarlo.

—¡No quiero! —chilló Isabel—. ¡Hermano mayor! ¡Tía Petra! ¡No quiero! ¡Hermano mayor! ¡Mamá! ¡Hermano mayor!

—Tómala —murmuró Eren con la voz quebrada—, tómala, Levi.

—No. No lo haré. No puedo dejar que ellos–

—¡Mamá! ¡Hermano mayor! ¡Papá!

—¡Tómala! —gritó Eren—. ¡Es una niña! ¡Solo una niña! Lo siento, Levi —y antes de que el capitán pudiera tomarlo del brazo para detenerlo, para llevarlo a su habitación a la fuerza, Eren corrió al salón.

No puedo ser egoísta. No con una niña. No con alguien inocente.

Entró, y vio a Isabel llorando en el centro mientras se retorcía, los hombres riéndose, rompiéndole la ropa.

El pequeño cuerpo de la niña temblaba, se sacudía por el llanto.

No lo pensó dos veces: corrió hacia ella, ignorando el grito de Levi, tomándola en brazos, protegiéndola con su cuerpo.

Ustedes, monstruos. No la toquen, quiso decir pero las palabras murieron en su boca al sentir decenas de ojos en su cuerpo, al ver esas sonrisas asquerosas en sus rostros.

—Hermano mayor —susurraba Isabel sollozando—, hermano mayor…

La apretó con más fuerza, dispuesto a morir por ella si era necesario. No quería que la tocaran. Que rompieran a alguien tan puro, tan inocente.

La multitud, entonces, se dispersó un poco y Levi entró en el círculo, con la mirada más fría que Eren había visto hasta entonces, con los ojos entrecerrados por la rabia, con su rostro tenso gracias a la ira.

Con lentitud, Levi miró primero a Eren para luego dirigir sus ojos hacia la pequeña figura flacucha en sus brazos que lloraba.

Por unos segundos, el castaño pensó que los tomaría a los dos y los llevaría a esas cuatro preciosas paredes que encerraban su cuarto. Pensó que el capitán rompería las reglas y ellos iban a estar bien, a salvo, lejos de esos monstruos que pisoteaban sueños y rompían a las personas en miles de pedazos.

La ilusión se destruyó cuando, bruscamente, tomó a Isabel en brazos.

Se sintió roto primero, pero luego un pequeño alivio lo invadió. Levi y él tenían bastante claro que, si lo hubiera escogido a él, no habría podido vivir consigo mismo. No habría podido volver a sonreír nunca más.

Por mucho que doliera, por mucho que se quisieran, era la mejor decisión.

En ruso, Levi gruñó que la niña era suya.

—Ich… Ich liebe dich —dijo Eren en voz alta con la voz temblando.

Levi lo observó unos largos segundos para luego girarse, marchándose sin mirar atrás, la niña llorando en sus brazos.

Escuchó unas carcajadas burlonas y cerró sus ojos antes de sentir como un montón de manos se apoderaban de su cuerpo, comenzando a desvestirlo, a golpearlo, a toquetearlo.

Estaba bien. Si podía dejar esa sonrisa inocente y alegre en el rostro de una niña, entonces todo iba a estar bien.


Ando puro escribiendo cosas terribles :'v

Me gusta Eren de pasiva uwu Puedo shipearlo con todo el mundo si es pasiva :v Arriba el Riren, arriba el Faren, arriba el Eruren, arriba Eren pasiva lml

Estoy corta de tiempo en este momento, por lo que no puedo contestar reviews, así que salúdenme porque hoy es mi cumpleaños y quiero muchos regalos :v

Muchísimas gracias a las personitas que dejaron review en el capítulo pasado, sé que les gustó mucho porque tiene fluff, pero ya era hora de angst :D Así que muchas gracias a PaolaCoca92, a Bossenbroek, a AngelGefallen(en el siguiente capítulo te prometo una escena ErwinxArmin, ¡lo prometo!), a Charly Land(ya te pondré una escena fluff al final, no te preocupes xD), a aramirezg, a ChrisNovx(quería decirte que haré tu trío FarenRiren porque amo a Eren de pasivo :v), a luciakkss, a Hbl, a gatitafelinaonca, a AstridHatakeAckermanJaeger, a anisama, a Miri-Anath97, a Olivia Ainsworth, a Monse-Uchiha y a Fujimy.

Eso sería todo por hoy, tengan una linda semana, las amo montones :3

Cotota~