DISCLAIMER: Los personajes no me pertenecen, son de Hajime Isayama.
ADVERTENCIAS: AU, yaoi, Riren, palabras altisonantes, agresiones, violaciones, lemon, leve Eruren.
Levi cubrió su rostro con sus manos, sintiendo su corazón retumbar en sus oídos, mientras su estómago se encogía al escuchar en el baño el llanto suave de Isabel, Petra tratando de consolarla de alguna manera aunque su voz temblaba con fuerza. Estaba seguro que si él decía algo, se quebraría como nunca se había quebrado antes.
Su mente rememoraba a cada momento a su solnyshka entremedio de todos esos hombres, abrazando a Isabel, cubriéndola con su cuerpo, tratando de protegerla de alguna manera. Como lo había mirado con esperanza, esperanza rota cuando tomó en brazos a la pequeña niña, para luego ver una especie de resignado alivio que solo hizo que las cosas empeoraran. Y las palabras alemanas que dijo después, aquel te quiero soltado que logró estremecerlo más aún.
Y la niña llorando en sus brazos, llamando después a su hermano mayor, desesperada, llamando luego a su mamá.
Le había susurrado a Armin que fuera en busca de Petra, la muchacha llegando unos minutos después y cubriendo su boca para no gemir al notar a Isabel a su lado, dándose cuenta de lo que había pasado.
Sin decirle palabra alguna, Petra comprendió que le estaba pidiendo que la bañara, y ella obedeció enseguida, yendo al cuarto de baño, dejándolo solo en su mutismo.
Isabel no tenía la culpa de nada, pero no podía evitar odiarla por su presencia.
Sin ella, Eren jamás habría hecho lo que hizo.
Sin ella, Eren estaría en ese momento a su lado, sonriéndole con esa preciosa sonrisa que traía siempre encima.
Sin ella, Eren se habría acostado a su lado, durmiendo tranquilo, abrazándolo, su sola presencia confortándolo.
Escuchó un nuevo sollozo de Isabel, y cerró sus ojos, sintiéndose enfermo.
¿Qué culpa tenía esa niña de esos monstruos? ¿Qué culpa tenía Eren de que esos soldados se hubieran encaprichado con él? ¿Qué culpa tenían los niños y jóvenes?
Había estado a unos segundos de tomar el brazo de Eren y arrastrarlo a su habitación entre sus gritos, diciéndole que ignorara a la niña, que la dejara entre aquellos soldados, que de seguro a la mañana siguiente estaría muerta porque una niña no podría soportar tantos abusos. Levi podía cargar con esa muerte. ¿Cuántos niños murieron en los campos de concentración, en los pueblos invadidos, en las ciudades bombardeadas? Él no habría tenido problema en agregar un muerto más a la lista. Pero Eren no podría soportarlo. Era solo un muchacho que todavía tenía una pequeña esperanza en su interior. Esperanza que sería rota pronto, lo tenía claro.
Podría ir al salón y sacarlo de allí, llevarlo a su habitación y protegerlo junto a esa niña pequeña. Podría hacerlo, sí, y de paso, exponerse y derrumbar un código entre soldados por un chiquillo. Un código que cada soldado respetaba firmemente, y que si lo rompía no solo iba a afectarlo a él, sino también a sus subordinados, a las amantes de ellos. Y sí lo hacía, además, lo estaría haciendo frente a la fría mirada de Erwin. Podían ser amigos, pero eso no quitaba que el rubio lo denunciaría frente a sus superiores si notaba un comportamiento anormal en uno de los mejores soldados del Ejército Rojo.
Petra abrió la puerta, todavía conteniendo las lágrimas, con la chiquilla en brazos, sus ojos rojos de tanto llorar, pero ya no seguía sollozando.
—Capitán, ¿me la llevo? —preguntó la muchacha con la voz temblando.
Levi miró a Isabel, que hipaba y frotaba sus ojos. Pudo ver a Eren en esa niña, y algo dolió en su interior.
—No, déjala —una pausa—. Yo me hago cargo.
Petra asintió, cansada, y recostó a Isabel en su cama, marchándose con una despedida dada en voz baja. Un incómodo silencio llenó la habitación.
Levi se estaba arrepintiendo de su decisión.
—Eren… —aquello llamó su atención, por lo que la miró, y la niña dijo algo más. Pero en alemán. Apenas le entendió algo, así que suspiró, agotado de ese día.
—Isabel —llamó, logrando que la chica prestara atención—. Schlaf.
El castaño le había enseñado algunas palabras alemanas fáciles de memorizar.
La muchacha asintió, arrastrándose por la cama, y en silencio, Levi la arropó para que durmiera.
Se recostó a su lado, su cabeza doliendo.
—Es tut mir leid —susurró la niña, y Levi cerró sus ojos—. Es tut mir leid.
Por supuesto que Eren le había enseñado esa palabra.
Lo siento mucho.
—Mikasa, ¿tienes más vendas? No puedo detener el sangrado.
—Lo rasgaron por dentro.
—Sasha, ve a buscarle algo para comer.
—Annie, creo que le rompieron una costilla.
—Petra, trae agua caliente para limpiarlo.
Eren abrió sus ojos, gimiendo, parpadeando, tratando de enfocar su vista. Su mirada chocó con los ojos azules de Annie, quien mordía su labio inferior, rompiendo una sábana antes de acariciar con ella su agujero por fuera, arrancándole un grito de dolor.
—Lo siento —susurró la rubia con la voz temblando—, lo siento, Eren.
Volvió a gemir, apretando sus párpados, sin ser capaz de moverse. Su mente viajó a los recuerdos de la noche anterior, y soltó otro gemido. Su boca tenía un sabor extraño y no quería saber por qué.
Le habían dicho que si seguía mordiendo, iban a arrancarle los dientes uno por uno. Por lo que terminó, prácticamente, con tres pollas en su interior: una en su boca y dos en su interior, rompiéndolo con facilidad.
No supo en qué momento se había desmayado. Había caído inconsciente varias veces, para luego volver a despertar y darse cuenta de que lo seguían utilizando. De seguro, cuando se desmayó definitivamente, no se detuvieron por completo.
Petra apareció, dejando el balde con agua caliente, mojando otro pedazo de sábana y pasándolo por su rostro, llorando en silencio.
—¿Isabel? —murmuró antes de gemir gracias a Annie, que volvió a limpiarle el ano con toda la suavidad posible, sin dejar de mascullar disculpas.
—Está bien —contestó Petra tratando de sonreír—, el capitán la llevó afuera, con él, para cuidarla. Está bien, lo juro.
Asintió, dejando que siguiera limpiando su rostro para proseguir con su cuerpo. Soltó un nuevo grito de dolor cuando le acarició el costado, un dolor punzante que recorría todo su cuerpo, haciéndolo respirar con dificultad.
Sasha apareció en su visión, con los labios temblando.
—Traje agua, Eren —susurró. Las manos suaves de Mikasa levantaron su cabeza lo suficiente para que Sasha le pudiera dar de beber sin dificultad.
—Fue… —masculló Mikasa detrás de él—, fue va-valiente… lo… lo de a-anoche…
Cerró sus ojos, recordando cómo lo pusieron boca abajo, rompiendo sus ropas, penetrándolo sin preparación, riéndose, acariciando su cuerpo, tirando su cabello, frotando su cara contra las entrepiernas, escupiéndole en el rostro.
—Fue valiente —concedió Annie con su voz aliviada al ver que ya no salía sangre de su interior—. Valiente y estúpido.
—Pero… Isabel… ella está bien —replicó Eren antes de que Annie acariciara su costado, arrancándole un gemido de dolor.
—Voy a vendarte —farfulló la rubia mojando en el agua caliente las gasas—, y va a doler. Creo que tienes una costilla rota, por lo que tengo que fijarla de alguna manera.
Asintió en silencio, y Petra le puso los restos de la sábana en la boca para que mordiera y sus gritos no se escucharan en el hotel. Eren lo prefería de esa manera: no quería que Levi lo oyera, que en algún acto irracional fuera a buscarlo y se condenaran.
Mikasa lo sujetó de los pies mientras Sasha sostuvo uno de sus brazos, Petra haciendo lo mismo con el otro. Annie comenzó a pasar las vendas calientes por su torso, y luego de dos vueltas, empezó a ejercer presión. Una fuerte presión que lo hizo gritar, el sonido ahogándose en las sábanas, y llorar por el dolor, las punzadas insoportables de soportar. Su cuerpo temblaba, moviendo sus extremidades a pesar de que eso solo empeorara el dolor, e incluso llegó a perder la conciencia por varios segundos, tal y como había ocurrido en la noche. Solo cuando Annie selló el vendaje, murmurando suaves disculpas, pudo dejar de tensar su cuerpo y tratar de relajarse.
—¿Qué hora es? —murmuró antes de abrir la boca, dejando que Sasha lo alimentara.
—Mediodía —contestó Petra cubriéndolo con una sucia manta—. Descansa por ahora. Puedo decirle al capitán que venga…
—No —susurró cerrando sus ojos—, no quiero que me vea así. Cuando esté mejor.
Vio cómo su amiga mordía su labio inferior, pero no dijo nada más, y él tampoco agregó otra cosa. Ambos sabían que era poco probable que se pusiera mejor. No si esa noche lo volvían a tocar.
Rezó a cualquier dios en ese mundo que lo dejaran en paz, por lo menos, unas horas.
Recordó la noche en Auschwitz en que había querido escapar.
El lugar estaba lleno de niebla cuando salió del barracón pasada la medianoche, su corazón latiendo a mil, rogando que los guardias estuvieran demasiado cansados para vigilar bien. La niebla ayudó bastante, por supuesto, para ocultarlo; sin embargo, también hizo que anduviera dando tumbos e incluso llegara a perderse.
Había tomado esa decisión semanas después de que su madre muriera. No lo había hecho antes por el estado delicado en que la mujer se encontraba, pero ahora que estaba solo… debía intentarlo. Aunque terminara muerto.
Sin embargo, solo falló, perdiéndose entre los distintos barracones, en la niebla, y cuando llegó a un lugar lo bastante claro, terminó vomitando.
Encontró una montaña de cadáveres desnudos, de gente que había conocido, y que estaban quemando en ese momento, al otro lado de los cuerpos. Y el olor que llegó a su nariz, aquel putrefacto olor, hizo que su estómago se revolviera y saliera corriendo, vomitando segundos después, para luego volver al barracón que le correspondía, mareado, llorando, tratando de contener las náuseas en su estómago.
No estaba seguro, nunca volvió a ese lugar, pero creyó ver el cuerpo de su mamá allí, entre todos esos cadáveres.
No sabía por qué cuando el tercer hombre comenzó a follar su boca su mente viajó a ese recuerdo triste y doloroso que lo hacía tener pesadillas por las noches.
Apretó sus párpados, forzándose a respirar pausadamente a pesar de sentir el semen acumulándose en su boca, cayendo por su barbilla, mientras otros dos hombres entraban en su agujero.
Basta. Por favor, basta. Ustedes ganaron, ¿por qué hacen esto? ¿Por qué me odian tanto?
El hombre se corrió en su boca, pero no lo aguantó más, y vomitó luego de alejarse de su boca, escupiendo el semen de los otros hombres también. Escuchó unas carcajadas seguidas de una patada en su abdomen que le cortó la respiración, haciéndolo gemir de dolor, nuevas carcajadas resonando en el lugar.
Jadeó cuando lo agarraron del cabello, levantando su rostro, sin dejar de embestirlo, y recibió un par de bofetadas que hicieron que su cabeza diera vueltas.
Los hombres se detuvieron, un repentino silencio llenando el salón, y respirando entrecortadamente, levantó la cabeza.
Deseó que todo fuera una terrible pesadilla. Que no fuera Erwin Smith el que le devolvía una mirada burlona.
Casi rompió a llorar al ver como se acercaba, desabrochando sus pantalones.
El rubio lo tomó también del cabello, levantando su rostro, y lo acercó a su polla erecta. Cerró sus ojos, separando sus labios, el miembro llenando su boca unos segundos después.
Sintió como alguien lo tomaba de la cadera, pero al parecer Erwin gruñó en ruso que nadie más lo tocara en ese momento, por lo que lo soltaron unos segundos después. Abrió sus ojos, chocando con los ojos azules del comandante, fríos e intimidantes. Movía su cabeza con fuerza, su polla entrando y saliendo al ritmo que marcaba el rubio, sin darle tiempo para respirar lo suficiente, indiferente a los ruidos atragantados que Eren soltaba.
Llévame, suplicó con sus ojos, deja que sea tu amante. No me importa que me rompas tú, pero no dejes que nadie más me toque.
Erwin pareció leer sus ojos, enarcando una ceja antes de correrse en su boca, el espeso semen acumulándose en su lengua.
—Trágalo —ordenó Erwin tomándolo de la barbilla, sin dejar de mirarlo.
Obedeció, conteniendo las náuseas, y Erwin Smith se acercó más, impasible.
—Tienes claro lo que eres, ¿no, Eren? —se burló antes de escupirle en la mejilla—. Solo una puta de los rusos. Un agujero que utilizar —apretó su mandíbula, recibiendo otro escupo—. Solo sirves para esto.
La ira lo llenó, inundó su cuerpo, y antes de detenerse a pensar en lo que estaba haciendo, miró el rostro del comandante y le escupió, observándolo sin ocultar su rabia.
Por supuesto, por ello recibió una lluvia de golpes en todo su cuerpo.
Mientras Erwin le pegaba sin compasión, se dio cuenta de por qué estaban haciendo eso con él. La guerra había acabado, pero el odio seguía allí. El odio hacia la nación que inició todo el conflicto, el odio hacia las personas del país que comenzó la guerra. Y si podían hacerlo, si podían humillarlos de alguna manera, lo harían sin pensarlo. Matarlos no era suficiente, era algo demasiado simple, preferían aplastarlos, destrozarlos con sus propias manos, hacerlos sentir tan patéticos para que nunca más pudieran ponerse de pie.
Soltó un sollozo, acurrucándose, recibiendo los golpes, tratando de pensar en un futuro alegre donde todo ese sufrimiento no existiera nunca más.
—Capitán, ¿dónde… Eren? —preguntó Isabel cuando llegaron al hotel Adlon, dándole la mano, mirándolo con sus enormes ojos verdes.
—Trabajando —fue lo único que contestó, buscándolo con la mirada entre las mujeres que estaban sirviendo la cena.
No estaba, y sabía muy bien lo que significaba aquello.
—Verlo —balbuceó la niña mientras subían al segundo piso.
Él igual quería verlo. Habían pasado cinco días desde que se separaron, y estaba desesperado por saber cómo estaba, por saber si no lo odiaba por su decisión. Apenas sabía algo de él gracias a las mujeres de sus subordinados, que solo le decía que estaba vivo –vivo, pero no a salvo. Y aquello lo estaba volviendo loco.
Pero no podía ir a verlo, ir a decirle algo, porque notó la forma en que Erwin estaba sobre él, como lo vigilaba, viendo cada uno de sus movimientos. Y si lo veía ir a su antiguo amante, si veía que le importaba su estado, si veía que lo quería, sería peor para los dos.
Erwin podría matar a Eren sin pensarlo, y denunciarlo a él frente a las autoridades.
—Capitán.
Levantó la vista, encontrándose con Armin.
—¿Qué ocurre?
—Hanji llegó hace unas horas, Capitán Levi.
Dejó salir un chasquido de fastidio, girándose hacia Isabel, que lo contemplaba con una mirada de lástima.
—Ve con Armin —dijo firme, dándole la mano de la niña a su subordinado—. Llévala a mi habitación. ¿Dónde está la cuatro ojos?
—Con Eren.
Cerró sus ojos un momento, soltando un suspiro de cansancio. No hizo falta preguntar qué estaba haciendo su compañera allí: Hanji estuvo en el campo de batalla como enfermera, así que si estaba con Eren… debía ser porque una de las amantes de sus hombres le pidió ir a verlo.
Pero podía utilizar aquello como una buena excusa para verlo unos segundos.
Le dio las gracias a Armin, que simplemente asintió y se marchó con Isabel, el azabache dirigiéndose a la habitación donde estaban las mujeres, sin verlo. Frunció el ceño, y escuchó entonces una conocida risa estruendosa venir de la pieza de al lado. Fastidiado, fue allí, viendo a la mujer todavía riéndose, ahora con más suavidad, sentada frente al cuerpo desnudo del chico, que lucía avergonzado.
—Cuatro ojos.
Eren se giró y Levi sintió como la sangre le hervía. Su solnyshka tenía el rostro destrozado, con sus dos ojos negros, sus mejillas llenas de cardenales y el labio roto. Su cuerpo, por supuesto, no lucía mucho mejor: una venda cubría su torso y sus brazos, muslos y piernas estaban con enormes moretones, raspaduras y cortes.
El chico bajó la vista, y se recostó sin decir nada, tratando de no llorar por el dolor en sus costillas y el ver a Levi frente a él.
—¡Enano! —saludó la mujer en ruso, poniéndose de pie y yendo a abrazarlo a pesar de la horrible mirada que tenía puesta el azabache—. ¿Me has echado de menos?
—Quita tus sucias manos, cuatro ojos de mierda —gruñó alejándola de un poco. La castaña se rió, negando la cabeza, para luego girarse a Eren.
—Mañana vendré a verte, Erencito —dijo Hanji con la voz más suave, en un torpe inglés, y el chico asintió con la cabeza gacha—. Vamos, Levi, necesito conversar contigo —murmuró en ruso después, tomando la mano del azabache.
—Pero quiero…
—Erwin sabe que estoy aquí.
Soltó un chasquido de rabia, asintiendo, y dándole una última al castaño. El chico lucía triste, pero solo lo miró, esbozando una sonrisa temblorosa, tratando de decirle que todo iba a estar bien.
Desvió la vista y salió, siguiendo a Hanji, que tenía los hombros tensos.
—¿Cómo está él? —preguntó luego de unos segundos.
—Herido —contestó su amiga suspirando—. Destrozado. Tiene dos costillas rotas y su… agujero está desgarrado —negó con la cabeza—. Su muñeca derecha tiene los ligamentos rotos también y apenas puede mantenerse de pie. Si lo siguen utilizando…
—Le dije que no lo hiciera —escupió tratando de que su voz no temblara.
—Podrías dejarlo ir —contestó Hanji—, enviarlo a otro lugar. Que se las arregle solo.
—No lo entiendes —respondió Levi frotando su frente—. Cualquiera entonces lo podría tomar, utilizar y luego matar. Y sus propios compatriotas…
—Lo han rechazado, ¿no es así? —Hanji sonrió con pena—. ¿Lo quieres, Levi?
Cerró sus ojos un momento, pensando en la preciosa sonrisa de su solnyshka, como hablaba y hablaba sin detenerse, en sus bonitos ojos dorados que se iluminaban al verlo, en su expresión ruborizada cuando alcanzaba el orgasmo, cómo le susurraba al oído que lo quería por las noches.
—Sí —contestó en voz baja.
Hanji lo miró unos segundos en silencio, su expresión suavizándose inmediatamente. No sentía asco por los sentimientos del azabache, no luego de que el hombre la hubiera sacado viva de la batalla de Stalingrado donde quedó en medio del fuego. En ese momento quedó asignada como la enfermera de la Compañía 104, pero al finalizar la guerra se quedó en Polonia unas semanas para atender a los heridos. Y ahora que llegó a Berlín y se encontró con Mikasa, que le pidió su ayuda con un chiquillo, no pudo negarse. Más aún al ver el número en su brazo, al ver sus ojos suplicantes. Un pequeño intercambio de palabras y supo todo lo que había ocurrido.
—Tienes que sacarlo de ahí —dijo recordando el cuerpo moreteado de Eren—, no lo va a soportar mucho más.
—No puedo hacerlo —gruñó—, sabes lo que eso significaría. Sabes que Erwin me tiene vigilado.
La castaña dejó salir otro suspiro, quitándose los lentes unos segundos.
—Levi, te irás en cerca de dos semanas —dijo con tono persuasivo—, deberías aprovecharlo —el capitán la miró, impasible—. Mikasa me comentó que nunca antes te había visto tan feliz como ahora. Incluso Armin dijo que parecías más relajado con ese chico. Eren te hace bien, y deberías pasarlo con él.
Arrugó el ceño, fastidiado, y desvió la vista. Por eso no había querido encariñarse tanto con ese mocoso, porque sabía que iba a ser difícil después soltarlo, dejarlo ir, hacer como si nunca hubiera pasado nada entre ellos. Pero ya no podía hacer nada, sin embargo, sus sentimientos se desarrollaron más de lo que esperaba y solo podía asumirlos.
—Sea cual sea tu decisión, enano —agregó Hanji luego de ver que el azabache no iba a contestar—, sabes que te apoyaré en lo que sea.
Asintió en silencio, abriendo la puerta de su habitación, viendo a Isabel reír por algo que le dijo Armin, y Hanji se acercó a la niña chillando de la emoción, asustándola.
Si solo Eren estuviera allí, la escena habría sido perfecta.
Mordió su labio inferior, suspirando, y trató de pensar en cualquier otra cosa para distraerse un poco.
—Hey you…out there in… in the cold... getting lo-lonely… getting old… can you… you feel me…?
—Zakroi ebalo —gruñó el ruso antes de tirar de su brazo hacia atrás, con tanta fuerza que gritó al sentir un crujido que solo indicaba una cosa clara: le dislocó el hombro.
Escuchó unas carcajadas, sintiendo otra embestida en su interior, y ocultó su cabeza en el suelo mientras todavía tiraban de su brazo inútil, arrancándole gemidos de dolor.
—Hey you… standing in… in the aisle… with itchy feet and… and fading smile, can… can you feel me…?
—Zaktnís, súka! —espetó otro ruso antes de pisarle la mano, haciéndolo llorar cuando escuchó otro crujido y una punzada de dolor recorrió su cuerpo.
Levantó la vista, mareada, buscando algo de compasión, algo de luz, pero solo podía ver ojos llenos de crueldad, de odio.
—Hey you… don't help them to… to bury the… the light… don't gi-give in… without a-a fight...
—Zakróy svóy rot, shliuja!
Salieron de su interior, pero no pudo soltar un suspiro de alivio ya que acto seguido recibió una patada en el estómago que le cortó el aire. Cerró sus ojos, sollozando, sintiendo la sangre acumularse en su boca, y trató de acurrucarse para proteger su cuerpo un poco.
—Hey you… out there on… on your own… sitting na-naked by… by the phone… would you… touch me…?
—Govnyuk, juy tebye na postnom maslé!
Alguien lo tomó del brazo bueno, levantándolo, su cuerpo laxo apenas capaz de mantenerse de pie, y enfocó su vista, viendo si era alguien que iba a ayudarlo, sin embargo, al ver la sonrisa diabólica del soldado, desvió sus ojos, viendo la pared, tratando de concentrarse otra vez en la canción para no perder la cabeza y terminar volviéndose loco.
—Hey you… with your ear… ear aga-ainst the wall… waiting for some-eone to... to call out… would you… you touch me…?
Alguien lo empujó al centro, entre las botellas de alcohol, el vidrio enterrándose en sus pies, e hizo una mueca de dolor, tambaleándose, tratando de no caerse.
—Nemnogo potantsevat'.
Miró al hombre que le habló, extrañado, sin comprender un poco lo que dijo. Recibió un empujón, por lo que agitó sus manos para no caerse, el vidrio rompiendo su piel, la sangre manchando el suelo.
—Hey you… would you… you help me to… to ca-carry the stone…? Open your… he-heart… I'm co-coming home…
Otro empujón, y de alguna manera comprendió lo que querían que hiciera. Querían humillarlo más. Querían que bailara frente a ellos. Quería verlo convertido solo en alguien que obedeciera ciegamente, que le importara poco si se veía patético o no.
Negó con la cabeza, cerrando sus ojos, comenzando a llorar.
—But it… it was… only fa-fantasy…The wall was… was too high… a-as you can see…
—Tanets, súka!
Comenzó a balancearse, sin dejar de llorar, de balbucear en voz baja para concentrarse solo en la canción, en nada más, para no ver los terribles ojos burlones que le devolvían la mirada.
—No matter how… how he tried… he co-could not… not break free... And… and the wo-worms ate… i-into his brain…
Recibió un empujón más y se balanceó, cayendo al suelo, el vidrio enterrándose en las palmas de sus manos, y al levantar la vista sintió como algo se quebraba en su cabeza. Gritó por el dolor, aturdido, bajando la vista, viendo los restos de la botella que rompieron en su coronilla. Sintió algo caliente escurriendo por su cara, y no necesitó de más para saber que era sangre.
Lo tomaron del cuello y lo estamparon contra el suelo, una mano asfixiándolo.
—Shliuja! (1)
—Hey you… out the-ere on… on the road… always do-doing… what you're told… can you… you help me…?
Apenas podía cantar con la mano haciendo presión en su cuello, por lo que sus palabras salían con debilidad, casi sin oírse. Lo levantaron de la cadera y recibió una penetración dura, profunda.
Algo húmedo empapó su cabello ensangrentado y no levantó la vista. Si lo hacía, lo harían tragar… tragar la…
Su estómago se revolvió al recordar el sabor de orina en su boca.
—Hey you… out there be-beyond the… the wall… bre-breaking bottles in… in the hall… ca-an you… help me…?
Miró hacia los lados, con la vista perdida, y pudo jurar que su mamá le devolvía la mirada a lo lejos, sonriendo, sus ojos con una expresión amable, esperándolo. Esperando a que la alcanzara. A que la tomara de la mano y se aferrara a ella para nunca soltarla.
Detrás pudo distinguir a su padre, esperándolos a ambos, esperando a tomarlo en brazos y llevarlo sobre sus hombros al parque para jugar.
Y más atrás, vio a Levi recostado en la pared, sus bonitos ojos grises observándole, susurrándole solnyshka con ternura en voz baja. De seguro, cuando estuviera a su lado, Levi le diría aquello al oído, haciendo que se ruborizara, para luego burlarse de él. Y él... él solo le susurraría que lo quería, y no recibiría una sonrisa, pero no importaba, porque con sus ojos, Levi le decía todo lo que sentía.
Extendió su brazo bueno hacia allá, queriendo alcanzarlos.
—Hey yo-you… don't tell me… there's no ho-hope at all… (2)
Aplastaron su mano abierta a la espera de que alguien la tomara y las visiones desaparecieron.
Se dio cuenta de que no se sabía el final de la canción, porque Ymir, la chica judía que se la había enseñado en Aushwitz, había sido llevada a las cámaras de gas antes de poder enseñarle la última frase. Cantaba una frase por cada vez que se salvaba de ser llevada a su inminente muerte.
Jadeó. Recordaba el cuerpo de Ymir en la pila de cadáveres que encontró.
Como el de su madre también.
No sabía cómo terminaba la canción. No sabía, y eso lo llenaba de una profunda tristeza.
Cerró sus ojos y perdió el conocimiento, sin dejar de llorar en silencio.
Levi estaba viendo como Erwin mandaba a los soldados a terminar de despejar la puerta de Brandeburgo, Hanji parloteando a su lado mientras le arreglaba una venda a Auro, quien se accidentó luego de que la viga de un edificio en ruinas cayera sobre su cuerpo, cuando Sasha llegó corriendo, jadeando.
Isabel, a su lado, jugueteaba con las rocas y las ramitas de los árboles. No se atrevía a dejar a la niña sola con el temor de que alguien la tomara y todo el sacrificio de Eren hubiera sido en vano. Cuidar a esa niña parecía ser lo único que lo mantenía de pie, porque pensar en el castaño hacía que la culpa pesara sobre sus hombros, quedándose allí por horas y horas, sin desaparecer nunca por completo.
—¡Señorita Hanji! —resolló Sasha presionando su costado—. Por favor, por favor, venga conmigo. Es urgente.
Tensó su cuerpo, sin voltearse a las mujeres, sin desviar su vista de Erwin. Los representantes llegarían en unos días para comenzar con la organización del lugar, por lo que el rubio estaba apurando los trabajos para tener lista las embajadas de la URSS e Inglaterra decentes para el momento en que los mariscales hicieran su aparición junto con los encargados de cuidar la zona luego de que gran parte del ejército se retirara.
—¿Qué ocurre, Sasha? —preguntó Hanji poniéndose de pie.
—Es Eren —sollozó la alemana—, no despierta. No despierta. Respira todavía, pero… está lleno de sangre y… no despierta…
Levi ni siquiera lo pensó. Esas simples palabras que esperó no escuchar en algún momento hicieron que reaccionara por completo, negándose a seguir allí de brazos cruzados. Tomó a Isabel en brazos, arrancándole un chillido de sorpresa, y sin importarle si Erwin lo miraba, si lo estaba vigilando para tenerlo controlado, corrió con la chiquilla hasta el hotel, Hanji siguiéndole detrás.
Habían pasado tres días desde esa conversación que mantuvo con la mujer. Su mente pensó durante todos esos días la decisión que tomaría, pero al escuchar a Sasha ahora, diciendo eso… Mandó a la mierda a Erwin, a todos sus malditos superiores. Que se metieran su estúpida homofobia y Gulag por donde mejor les cupiera. No dejaría que nadie más tocara a Eren. A su solnyshka. Nadie más le iba a hacer daño. Lo iba a proteger con su vida de ser necesario, no permitiera que ninguno de esos malditos cerdos volviera a siquiera ponerle un dedo encima. Los iba a matar con sus propias manos de ser necesario.
Entró al cuarto donde lo había visto antes, y vio primero a Mikasa terminando de ponerle una venda en la cabeza, su rostro lleno de sangre. Luego vio a Annie poniendo tablillas en los dedos de su mano izquierda y a Sasha atendiendo su brazo derecho, que parecía tener… parecía…
—Große Bruder!(3) —chilló Isabel al ver el brazo flácido, el hombro dislocado de Eren. Petra le estaba poniendo hielo con las manos temblando.
—Fuera —le gruñó a la amante de Erd. La muchacha se puso de pie, llorando, y tomó a Isabel en brazos, que se retorció tratando de ir donde Eren, sin embargo, Petra la sacó lo más rápidamente posible. Esa no era una escena que la niña pudiera ver. No si Eren también estaba terriblemente herido en la parte baja.
Se puso de rodillas frente al brazo del chico, y vio su respiración lenta, forzosa.
—Le rompieron otra costilla —susurró Annie.
—Mierda.
Levantó la cabeza, viendo a Hanji llegar, y la mujer le gritó que le ayudara con el brazo dislocado. Puso el brazo lesionado un poco alejado del cuerpo, ordenándole entonces que jalara para generar tracción, que ella se haría cargo del resto. Era una fortuna que el chico estuviera inconsciente, porque si comenzaba a gritar, a retorcerse del dolor, todo habría sido más difícil aún.
Al estabilizar el brazo, al devolverlo a su posición original, Hanji le dijo que tenían que inmovilizarlo porque podía volver a dislocarse.
—Necesita descanso, mucho descanso —murmuró la mujer con lentes y le pidió las vendas a Annie—. Necesito que traigas hielo, ahora.
La rubia asintió, saliendo lo más rápido posible.
—Rompieron una botella en su cabeza —masculló Mikasa limpiando con un paño mojado el rostro ensangrentado de Eren—, ya le saqué los vidrios pequeños de la cabeza y revisé el corte.
—Animales —espetó Hanji con el rostro tenso.
No. No son animales. Son monstruos. Y yo permití esto, pensó Levi mareado, viendo la cara del castaño.
La enfermera comenzó a vendar el torso del chico con fuerza y Annie llegó con una tela envolviendo hielo. Hanji lo puso sobre el tronco de Eren, murmurando por lo bajo.
—Deben evitar moverlo —dijo Hanji mirando a la rubia mientras hacia un cabestrillo para el brazo herido del chico.
—No —gruñó tomando la mano de su solnyshka—. Eren se irá conmigo. A mi habitación. Y también Isabel. Y si alguien se queja, lo voy a matar con mis propias manos de ser necesario.
Hubo un momento de silencio en el lugar, cada mujer mirando al azabache, que tenía una mirada firme y el rostro impasible, sin intención alguna de aceptar una posible réplica. Luego, lentamente, Hanji se puso de pie, y asintió, sonriendo de lado.
—Muévanlo con cuidado —comentó—, y cuando despierte, denle de beber agua. Mucha agua. Luego, vas a buscarme.
Levi movió su cabeza en señal de asentimiento, sin dejar de ver el rostro de Eren, para luego acariciarle las mejillas heridas con suavidad y darle un suave beso en los labios, rogando que su solnyshka despertara pronto para entregarle todos los cuidados necesarios y llenarle el rostro de besos.
No lo dejaría ir mientras él estuviera allí. No permitiría que siguiera sufriendo por culpa de esos monstruos.
Jean y Marco acababan de dejar a Eren recostado en su cama, quién todavía seguía inconsciente, cuando Erwin llegó con el ceño fruncido.
Levi no le permitió entrar a la habitación. Cerró la puerta, sacando al chico de la visión del rubio, y le devolvió la mirada, inmutable.
—¿Qué necesitas, Erwin? —gruñó sin dejar de observarlo.
—Espero que estés consciente de tu decisión.
Los ojos azules del comandante eran fríos, helados, sin una pizca de empatía. Arrugó el entrecejo, soltando un chasquido, y levantó la barbilla.
—Sabes bien que soy gay, Erwin Smith —escupió—, y sí, quiero a ese chico. Y no voy a permitir que ni tú, ni el resto de asquerosos cerdos que tenemos por soldados, le pongan otro dedo encima.
Erwin se cruzó de brazos, estrechando sus ojos, molesto con la actitud del azabache. Conocía muy, muy bien a Levi, y todo el potencial que tenía como soldado, después de todo, fue quien lo llegó a convertir en capitán de la mejor compañía del Ejército Rojo.
—Cuando la guerra acabe —dijo Erwin lentamente—, te mandaré unos años al Gulag. Quizás así recuerdes, Levi, lo enfermo que puede llegar a ser ese sentimiento por un hombre.
—Entonces quizás tú deberías acompañarme —escupió Levi abriendo la puerta—, porque tú igual te la pasas acostándote con Armin.
Y antes de que Erwin pudiera contestarte, cerró de un portazo, soltando una maldición. Isabel debía seguir con Petra, y había mandado a Erd y Gunther a vigilarla para que no pasara nada malo; así, además, tenía un tiempo a solas con Eren.
El chiquillo todavía dormía, su expresión tranquila. Le había puesto su pijama, dejando su torso desnudo por ahora, y antes de vestirlo Hanji le revisó por detrás, diciendo que tendría que descansar durante muchos días antes de sentirse mejor, y que tratara de permanecer acostado hasta que sus pies, llenos de heridas por los vidrios, sanaran por completo.
Estaban a treinta de junio. Los representantes llegarían en cinco días. La ceremonia era el doce de julio. Y ellos se irían el quince. Dos semanas. Solo dos semanas.
Se sentó al borde de la cama, tomando la mano izquierda del chico, besando su palma, tocando con cuidado sus dedos entablillados.
—Te quiero —susurró—, te quiero tanto, solnyshka.
Vio como el chico apretaba sus párpados un momento, para luego abrir sus ojos con lentitud, desorientado. Al verlo, sonrió con suavidad, débil y temblorosamente.
—… Le-evi… —masculló volviendo a cerrar sus ojos.
—¿Qué ocurre, solnyshka? —murmuró sin separarse un poco.
—… No… no me… de-dejes… —balbuceó antes de caer dormido otra vez.
Lo contempló en silencio, acariciando su mejilla, volviendo a inclinarse para darle un beso suave en la frente.
—Nunca —susurró contra su oído—, nunca más.
Eren sonrió en sus sueños, sintiéndose feliz por primera vez en mucho, mucho tiempo.
(1) Zakroi ebalo: Cierra tu puta boca; Zaktnís, súka: Cállate, perra; Zakróy svóy rot, shliuja: Cierra tu boca, puta; Govnyuk, juy tebye na postnom maslé: Que te jodan, bastardo; Nemnogo potantsevat': Baila un poco; Tanets, súka: Baila, perra; Shliuja: puta.
(2) Hey, You, de Pink Floyd. Canción contemporánea a la época.
(3) Große Bruder: Hermano Mayor.
Sé que me odian :D Pero yo vivo de eso, así que no me importa :3
Ustedes se preguntaran, dos actualizaciones en una semana, qué onda con esta tipa (?) Y bueno, estoy llegando a la recta final de la historia: me quedan tres capítulos y el epílogo. Y como el final ya lo tenía planeado desde hace tiempo, solo era cosa de ponerme a hilar mis ideas y listo :D El siguiente capítulo lo subiré el martes, posiblemente, y les digo que las cosas no van a empeorar, así que devuelvan los pañuelos :'v
Igual, quería hacer un comentario un tanto general (?) Me sorprendió el odio de algunas personas hacia Isabel :v Les digo desde ya, que Eren no va a morir ni Levi se casará con Isabel, no, iugh, que asco xD Pero deben comprender a Eren, digo, si hubiera dejado que tomaran a Isabel no habría podido vivir consigo mismo, habría sido algo que le pesaría de por vida porque tuvo la oportunidad de salvarla y no lo hizo, es por ello que tomó esa decisión.
Pero ahora todo está bien :D
Muchas gracias enormes a las personas que comentaron el capítulo pasado, las amo montones y a las que me desearon un feliz cumpleaños, se ganaron, ¡un dulce! Les llegará a su casa el año 3000, así que espérenlo :D Así que gracias a
AstridHatakeAckermanJaeger: ¿te reparé el corazón con el final? Yo le pongo pegote para que no se siga rompiendo :3
Bossenbroek: ¡ahora todo está bien, deja de llorar! Levi sabía que Eren lo iba a odiar si no tomaba a Isabel, por ello lo hizo, pero ya lo tiene de vuelta consigo y todo estará bien, lo juro *corazones*
Lluery: gracias a ti por comentar :3
Lena Snow: aaaaw, gracias por tus palabras preciosa *muchos corazones* de verdad que muchísimas gracias, ¡me alegra el poder hacer que a una persona que no le gusta la OTP pueda leer esto! Me emociona hasta casi las lágrimas :') Un lindo saludo, ya tendrán su dosis de fluff, lo juro c:
Mr Bum: uf, lo más triste es que estas cosas siguen ocurriendo :c Estaba leyendo varios testimonios de soldados soviéticos y de verdad que me llega a dar escalofríos la indiferencia existente durante esos años :(
Monse-Uchiha: Eren está vivo, todavía, y ahora está con Levi, así que por ahora todo está bien :3
luciakkss: su maldito buen corazón le impide dejar a Isabel, ay, maldito, deja de ser tan impulsivo estúpido :'c espero que este capítulo te haya dolido más (? :D
: amo a mi bebito porque es tan humano, tan compasivo y lindo, ay, lo merece todo :') un saludo, gracias por comentar c:
Minha SG: ya se acabo el sufrimiento para mi bebé, lo juro a medias (?) besos bonita, gracias por el review :3
ChrisNovx: todas quieren matar a Erwin, yo también :D No encuentro la oportunidad del ErwinxArmin, pero te juro por mi vida que en el próximo tendrán una escena, quizás ahí lo odien menos (? Y yo te iba a decir, maldita, QUE CONTINÚES CON TUS PINCHES FICS WEY, O AL MENOS CON TU FIC FAREN, LO NECESITO YA. Eso sería por ahora (?) Wey, de verdad, termínalo :( Un saludo preciosa *corazones*
Hbl: Eren tiene corazón de abuelita, además, es demasiado puro para este mundo, nadie lo merece *corazón roto* Eren no lo hace porque es tonto, simplemente, no puede soportar ver como violan a una niña de diez años y quedarse de brazos cruzados, aquella muerte lo iba a perseguir para siempre y se habría sentido culpable porque además era el amante de un capitán ruso que no hizo nada para impedir aquello :v Saludos
PaolaCoca92: ya se reparó el kokoro, ¿cierto? Anda, di que sí :'c gracias por tus palabritas, ¡un fuerte abrazo!
MariChan224: aaaaw, gracias por tus palabras lindas, me ruborizan asdfghjklñ Eren uke lo merece todo, el cielo y el infierno, es tan lindo, ains, me dan ganas de darle tanto amor *u* gracias por comentar bonita :3
Miri-Anath97: si tuve piedad, no maté a Eren (? xD Ahora tendrá amor, lo prometo, Levi le dará todo lo que necesita :3
NarubyScarlett: pensé en que Erwin lo tomara como amante, pero eso habría intervenido con el final planeado, es por ello que tomé esa decisión, era una manera de que Levi se diera cuenta, también, de cuanto quería a Eren consigo, no hago todo a ciegas, todo tiene un motivo, lo juro xD
Suzaku Namikaze: exacto, las guerras son crueles y hacerle daño al otro sin sentir nada ya es algo demasiado común, quise retratarlo aquí. Gracias por tu review, Eren va a sobrevivir, lo juro, no lo voy a matar, ha sufrido demasiado y merece ser feliz :') Un lindo saludo, ¡nos vemos!
Olivia Ainsworth: es bueno si lloras, porque significa que estás en sintonía con Eren (? xD gracias por comentar, un fuerte abrazo :3
Y eso sería todo por ahora, nos vemos en el próximo capítulo :D
Cotota~
