DISCLAIMER: Los personajes no me pertenecen, son de Hajime Isayama.
ADVERTENCIAS: AU, yaoi, Riren, palabras altisonantes, lemon.
—Eren, necesito que soples en esta botella.
—Va a dolerle, cuatro ojos de mierda.
—Tiene que hacerlo, para que sus costillas vuelvan a su posición original y puedan cicatrizar mejor. Tuvo suerte de que ninguna alcanzara algún órgano, sino, estaría muerto, pero si no quiere que queden secuelas muy graves, debe hacer esto.
—¿Va… a-a… do-doler…. mu-mucho? —jadeó el chico con la voz temblando.
—Como el infierno —Levi fulminó con la mirada a la enfermera—, pero luego te daré un sedante para que deje de doler, ¿te parece?
—Bu-bueno…
Levi se sentó en el borde de la cama y acarició el rostro de Eren, sus moretones de color amarillo en ese momento, y soltó un suspiro, tomando la botella que Hanji le tendió. Con suavidad, la puso entre los labios de su solnyshka.
—Bien, hazlo.
Eren tomó aire y comenzó a soplar. Unos segundos después, gimió por el dolor y sus ojos se llenaron de lágrimas.
—Sigue soplando, Eren —ordenó Hanji seria.
El muchacho volvió a gemir pero obedeció, comenzando a llorar unos segundos después, negando con la cabeza.
—No… no pu-puedo…
—Si puedes, Eren.
—Mierda, Hanji, lo estás haciendo sufrir.
—La pasará peor si sus costillas no curan bien y con algún golpe vuelven a romperse. Otra vez, Eren.
Sollozando, el muchacho obedeció mientras las lágrimas caían por sus ojos. Hanji tocaba su costado hasta que sintió como algo se removía y supo que todo estaba bien cuando el castaño gimoteó una vez más, sin dejar de llorar.
—Listo —masculló la mujer—. Siéntalo, Levi, envolveré la venda a su alrededor.
—Ya pasó, solnyshka, todo está bien ahora —le murmuró el capitán obedeciendo, echando la botella a un lado para luego darle un pequeño beso con la intención de calmarlo.
Habían pasado dos días desde que Levi lo llevó a su habitación otra vez, y recién en ese momento pudieron tratar bien sus costillas rotas debido a la poca fuerza que tenía Eren para hacer algo.
El chiquillo siguió llorando en silencio mientras la enfermera le ponía la venda en el torso, apretando con suavidad, y luego le tendió un calmante junto con el agua.
—Báñate con ayuda —dijo Hanji poniéndose de pie—, trata de dormir boca arriba. Y, por supuesto, nada de sexo. ¿Entendido, enano?
Eren enrojeció mientras Levi lo ayudaba a acostarse. El azabache, con una expresión impasible, se volteó y golpeó a la mujer en la cabeza, haciéndola reír con diversión. Sin dejar de reírse, Hanji salió de la habitación negando con la cabeza.
—¿Te metí en problemas? —preguntó el castaño luego de unos segundos en silencio.
—No —Levi le acarició el cabello—, no te preocupes de nada. Estarás bien mientras esté acá. Tú e Isabel… van a estar a salvo.
—Pero Erwin…
—No te tocará nunca más —se inclinó, dándole un suave beso—, lo prometo. Pronto vas a ser libre de nosotros.
Al separarse, vio los tristes ojos de Eren.
—¿Cuándo?
—Doce días.
—No… no te vayas.
Hubo un momento de silencio entre los dos, solo mirándose, cada uno pensando con cuidado las palabras que diría a continuación.
—Llévame… llévame contigo —susurró Eren.
Levi cerró sus ojos un momento, besándolo otra vez.
Por mucho que quisiera, por mucho que lo deseara, era imposible hacer eso. No iba a arrastrar a Eren con él al Gulag. No lo obligaría a ir de nuevo a un campo de trabajo donde solo sería maltratado y terminaría, con toda probabilidad, muerto gracias a la amenaza de Erwin.
El rubio le había dicho, el día anterior, que no diría nada de esto a los superiores si dejaba a Eren, si no lo llevaba al país ruso. Dijo que lo mejor era olvidarse de él, porque no había otra cosa que hacer.
—Lo voy a pensar —murmuró contra sus labios, viendo como sonreía con suavidad.
Se sintió fatal por mentirle, sin embargo, ya vería la manera de dejarlo allí, en Berlín, a salvo de las garras de otros monstruos que terminarían por despedazar lo poco que quedaba de él.
Levi tocó la puerta y dos segundos después abrió sin preguntar, arrepintiéndose inmediatamente de su decisión al ver a su mejor estratega, Armin Arlet, terminando de ponerse los pantalones.
La imagen no habría sido tan traumática si no hubiera sido porque estaban en la habitación de Erwin. Y el comandante estaba desnudo en su cama.
—¡Mierda! —gritó Armin enrojeciendo. Levi enarcó una ceja lentamente y el muchachito lució mortificado—. Lo siento Capitán, no fue mi intención, lo juro, yo solo–
—Haremos como que esto no pasó, Arlet —masculló el azabache antes de mirar a Erwin—. ¿Puedes cubrirte aunque sea con la sábana, cejotas de mierda?
—No es mi culpa que entres sin avisar —contestó Erwin, sin embargo, se levantó y puso ropa interior. Luego le revolvió el cabello al estratega, sonriendo—. Ven a verme esta noche, Armin.
El pobre muchacho enrojeció con más fuerza, sin mirar al capitán a los ojos, quien solo frunció el ceño con irritación.
—Ven a atender al comandante más tarde, Arlet —gruñó Levi con un resoplido—. Ahora, fuera.
—Sí Capitán —chilló Armin saliendo rápidamente.
Hubo un silencio tenso, en el que Levi se sentó en una silla cercana, cruzando sus brazos y piernas, mirando al rubio sin dejar de arrugar el entrecejo. En tanto, Erwin se sirvió un poco de whisky, ofreciéndole al capitán quien solo negó con la cabeza.
—¿Qué pensarían tus superiores si dijera que te estás acostando con mi subordinado? —preguntó Levi tranquilo.
Erwin enarcó una ceja, sentándose sobre la cama.
—Terminaremos yendo los dos al Gulag —dijo Erwin sonriendo irónicamente.
—No —Levi soltó un chasquido—. Los tres. Armin igual pararía allí solo por acceder a consentir tus caprichos. Es por ello que no voy a denunciarte. No haré que un mocoso que no sabe nada de la vida termine allí por tu culpa.
—Armin es inteligente, sabe en lo que se estaba metiendo al acceder a esto —contestó Erwin—, es por ello que tomó a Annie como amante para disimular las cosas —el rubio ladeó la cabeza—. ¿Se ha acostado con ella?
Levi sonrió burlón.
—¿Celoso, Erwin? —el comandante hizo una mueca—. La vida sexual de mis subordinados no me interesa. Si quieres saber si se ha acostado con la chica, pregúntale a alguno de sus amigos. Pero por lo que he oído… Armin al parecer es un buen dominante.
Erwin lo observó unos segundos sin decir nada, bebiendo un poco, y luego comenzó a reírse con ganas, negando con la cabeza.
—Por supuesto que sí. Armin parece un niñito, pero por dentro… Bueno, dicen que los más pequeñitos son seres oscuros y llenos de odio. Solo hay que mirarte a ti.
La mirada de Levi se ensombreció ante las palabras del rubio, pero no se movió de su lugar.
—No vine a hablar de mi subordinado, cejotas —el capitán tensó su mandíbula—. Sino del castigo que planeas darme por el tema de… Eren.
—Levi, no habría ningún problema si solo te lo tiraras —contestó Erwin suspirando—. Pero lo quieres. Y eso no lo puedo permitir.
—¿Y tú y Armin?
—Es solo sexo casual.
—¿Y cómo sabes que quiero a ese mocoso?
—Se nota en tu mirada.
Levi ladeó la cabeza, sin decir nada, y soltó un chasquido.
—No te preocupes —gruñó—. Nos iremos en unos días. Esto se pasará cuando deje de verlo.
Erwin suspiró, sin dejar de observarlo, y dejó el vaso sobre la mesa.
—Nunca te había visto tan encandilado de un amante, Levi. ¿Quién pensaría que el frío, horrendo y cruel Capitán Levi Ackerman caería enamorado de un muchachito alemán enemigo de nuestro país?
—Tú no, por supuesto —contestó el azabache impasible, poniéndose de pie—. Envíame al Gulag, Erwin, y un día amanecerás con la polla cortada.
—Encantador, Levi.
Silencioso, el azabache se sirvió un poco de whisky.
—Así que solo deja que disfrute mis últimos días con ese mocoso, él no se meterá en tu camino y yo callaré que te estás acostando con mi mejor estratega.
—Bien —Erwin puso una expresión pensativa—. Oh. Se me olvidó comentarte que quieren comprometerte.
—Diles que se metan su compromiso por el culo —replicó Levi, y antes de que Erwin pudiera decir algo, el azabache le lanzó el whisky que tenía en su vaso a la cara—. Y esto, es por violar a Eren y golpearlo aprovechándote de su situación —el rubio parpadeó mientras Levi salía, tranquilo—. Nos vemos luego, cejotas.
Salió antes de que Erwin pudiera decirle algo.
Contempló unos segundos la pared frente a él, suspirando, y negó con la cabeza, dirigiendo sus pensamientos hacia su solnyshka, que debía estar durmiendo gracias a los somníferos de Hanji.
Iría a verlo más tarde. Verlo siempre hacía que sus problemas desaparecieran y lo relajaban completamente.
Cerró sus ojos, tratando de no pensar en la inminente separación que se daría en unos días y lo difícil que sería dejarlo ahora que el chico quería partir con él.
Empujó abajo esos pensamientos. Ya después se preocuparía de ellos. Por ahora, solo se limitaría a disfrutar esos días.
—Quiero jugar contigo.
—Isabel, no puedo moverme.
—Los hermanos mayores siempre deben jugar con sus hermanitas.
—Juguemos mañana.
—¡Lo mismo me dijiste ayer!
—¿Sí? Pues te dije que jugaríamos mañana. Todavía no es mañana.
—Yo puedo jugar contigo, Isabel.
—¿Ves? Tía Petra quiere jugar contigo.
Isabel hizo una mueca de disgusto, que eliminó unos segundos después para poner una expresión de pena y besar la mejilla de Eren, sacándole una risa suave.
—Por mi culpa estás así, ¿verdad? —murmuró Isabel mientras sus ojos se llenaban de lágrimas, acariciando el rostro del castaño.
Eren trató de ocultar los estremecimientos que causó aquel toque en su piel. Quedaban pocos moretones en su rostro, pero aun así, los que quedaban, dolían bastante. Ya no dolía demasiado respirar –pero todavía dolía– y necesitaba ayuda para bañarse. Y ni hablar de su trasero y su brazo. Al menos, los dedos en su mano ya estaban ligeramente arreglados y el corte en su cabeza cicatrizaba bien.
—Claro que no, Isabel —contestó suspirando.
—Claro que sí —replicó ella mientras Petra negaba con la cabeza—, ellos querían… ellos querían… herirme a mí, y tú no los dejaste… tuviste que haberlos dejado…
—No digas eso —espetó Eren serio—, no se te ocurra volver a decirlo.
—Pero–
—Si lo vuelves a decir, me enojaré contigo y no te hablaré —regañó el castaño—. Isabel, está bien. No importa. Ya pasó, y estoy bien, contigo.
—Vamos a jugar, Isabel, Eren necesita descansar. En la noche volveremos —dijo Petra con suavidad.
Isabel había estado durmiendo en la habitación de Petra mientras Eren se recuperaba, ya que el chico necesitaba estar tranquilo y con la enérgica niña alrededor no lo lograba mucho. Además, Levi prefería un poco de privacidad en esos momentos, ya que también bañaba al castaño y aprovechaba a bañarse con él. Quería aprovechar esos pocos días que le quedaban.
Seis días. Debía convencer a Levi en seis días para que se fueran juntos. No quería estar lejos de él, nunca más, y si debía marcharse a otro lugar, entonces se iría.
—Nos vemos más tarde, hermano mayor —dijo Isabel besándole la mejilla otra vez.
—Nos vemos. Gracias, Petra —se despidió Eren tranquilo.
—Hasta pronto, Eren —dijo Petra saliendo con la niña tomada de su mano.
Cerró sus ojos para dormir, pero unos segundos después la puerta se abrió y sintió una caricia en su cuello. Sonrió sin mirar, haciéndose a un lado para que unos segundos después sentir un peso extra en la cama y el cuerpo caliente de Levi a su lado.
—¿Cómo estuvo tu mañana? —preguntó Eren en voz baja.
—Agotadora —masculló el azabache—. Hoy llegó el mariscal de campo británico, Bernard Montgomery, y mañana llegaran los mariscales de campo soviéticos —suspiró—. Además viene también el general, y es un encanto.
—¿Cómo tú?
—Yo soy un pastelito comparado con él —murmuró Levi. Eren soltó una risita baja, abriendo los ojos para mirarlo—. ¿De qué te ríes, solnyshka?
—No sabía que conocías la palabra pastelito —se burló el castaño antes de recibir un beso suave—. Levi.
—¿Qué ocurre? —susurró.
—¿Lo has pensado?
Levi desvió los ojos, sin dejar de acariciar la mejilla del mocoso.
—No he tenido tiempo —mintió.
Pero no había nada qué pensar. Levi no cambiaría de opinión, tenía su decisión ya tomada, y aunque aquello le rompiera el corazón, lo haría para proteger a Eren, para que pudiera tener un futuro donde le correspondía. Y llevárselo a su país solo traería desgracias para él.
—De verdad que quiero estar contigo, Levi —dijo Eren tranquilo.
—Yo también quiero estar contigo, solnyshka —contestó Levi besándolo otra vez—. Todavía nos quedan días. Así que no te preocupes por ahora.
—Si me llevas —siguió insistiendo el castaño—, seré solo tuyo, de nadie más. Podríamos tener una casa en el campo y vivir solo los dos, alejados del resto —Eren levantó su brazo bueno, acariciando el rostro del azabache—. Tú irías a trabajar, y yo aprovecharía para aprender a cocinar —Levi le dio otro beso suave—. Entonces, cuando llegues, voy a estar con un plato de comida quemado, pero tú te lo comerás y dirás que estaba delicioso aunque tenga sabor a vómito.
Levi soltó un resoplido parecido a una risa, negando con la cabeza, sin dejar de mirar a los ojos de Eren.
—Sabes que yo jamás te mentiría —contestó suavemente.
—Sí —concedió Eren—. Pero tú dirías eso para no herirme. Tú mentirías para así no herirme, Levi.
El azabache lo contempló, impertérrito, y esbozó una media sonrisa.
—¿Y por qué crees que haría eso, mocoso de mierda?
Eren también sonrió, calmado.
—Porque me quieres. Y porque yo te quiero. Y si estamos juntos, seremos muy felices.
—Sí —masculló el azabache—. Juntos, seríamos imparables —agregó haciéndolo reír.
A Levi le encantaba su sonrisa. Le encantaban los hoyuelos que se formaban, sus ojos brillantes, su boca sonriente, sus dientes perfectos. Le encantaba, y eso hacía que doliera.
Que doliera cuando pensaba en que los días en los que despertara sin esa sonrisa a su lado estaban prontos a llegar. Muy prontos para su gusto.
La ceremonia llevada a cabo el 12 de julio de 1945 entre los mariscales del ejército soviético, Gueorgui Zhúkov y Konstantín Rokossovski, junto con el general Vassili Sokolovski, y el mariscal británico, Bernard Montgomery, se llevó a cabo sin ningún problema. Montgomery dirigió la premiación de medallas, otorgándoselas a los generales soviéticos por haber logrado tomar Berlín dando fin a la guerra –claramente, olvidando el hecho de que la URSS había sido partícipe a comienzos de la batalla como aliada de Alemania– para luego caminar junto a ellos, cruzando la puerta de Brandeburgo, conversando sobre las acciones a realizar durante las próximas semanas(1).
Gran parte del Ejército Rojo iba a retirarse en unos días para seguir combatiendo en Oriente, la ciudad quedando en manos de soviéticos e ingleses hasta que se realizara la conferencia de Postdam(2) el 17 de julio, donde se reunirían la Unión Soviética, Reino Unido y Estados Unidos para decidir la administración de Alemania.
Levi y Erwin iban detrás de los generales, observándolos en silencio, cuidando de que todo fuera en orden a lo pre-establecido. Los alemanes se mantuvieron alejados, sin intervenir, tratando de ocultar las miradas de rabia y odio.
Levi estaba cansado de la guerra. Estaba cansado de seguir batallando. Y todavía quedaban los conflictos en China, y las cosas no se solucionarían con facilidad luego de ello. No en especial ahora, que se estaban oyendo rumores de conflictos con Estados Unidos por intereses de orden mundial.
Por unos momentos, se imaginó esa vida de la que Eren había hablado, en un campo, solo los dos, sin nadie más. Lejos de la guerra, de la sangre, del dolor.
Era un buen futuro. Un buen sueño.
Unas horas después, fueron despedidos. Levi se apresuró en volver al hotel, a los brazos de su solnyshka, que lucía ya bastante mejor, aunque iba a tener que andar con su brazo en cabestrillo por un mes por lo menos y utilizar las vendas en su torso por varios meses más junto con el no hacer movimientos demasiado bruscos. Pero los moretones casi desaparecían por completo junto con los rasguños y cortes.
Al entrar, vio a los hombres relajados, algunos recogiendo varias de sus pertenencias. Al día siguiente se iría la primera tanda de soldados junto con Nile. En dos días, se marcharía Erwin con la segunda tropa. Y en tres días, el resto de soldados se iría con él.
Suspiró. Eren había estado más insistente que nunca con respecto a acompañarlo.
—¡Levi! —gritó Isabel al verlo llegar, saltando. El azabache sonrió imperceptiblemente, tomándola en brazos y haciéndola reír. La chica seguía hablando en alemán, pero pronunciaba algunas palabras en inglés para comunicarse con él e incluso aprendió a decir otras en ruso—. Eren… —frunció el ceño—, mueve.
El capitán también arrugó el entrecejo, subiendo al segundo piso, viendo el movimiento de las tropas, guardando sus cosas en las mochilas. Abrió la puerta de su habitación, encontrándose con el castaño de pie, sujetándose a la mesa y expresión culpable.
—¿Qué mierda haces de pie, solnyshka? —preguntó Levi molesto, dejando a Isabel en el suelo.
—Uh… planeaba acostarme antes de que llegaras —balbuceó Eren sonriendo nerviosamente.
—¡Schlimm große Bruder! —regañó Isabel mientras el azabache lo ayudaba a volver a la cama.
—Los soldados están arreglándose para irse —trató de explicar Eren haciendo mohínes de dolor en tanto Levi lo recostaba—, quería arreglar algunas cosas para cuando debiéramos irnos.
Levi trató de ocultar su mueca.
—Isabel —llamó a la niña, la pelirroja mirándolo—, ve con Petra —pidió, y la muchachita hizo un mohín, sin embargo, obedeció con rapidez. Había aprendido a hacerle caso a Levi luego de varios gritos.
Cuando se quedaron solos, hubo un silencio tenso entre ellos.
—Eren, ¿dónde piensas dejar a Isabel cuando nos vayamos? —preguntó el azabache con suavidad—. La chica está encariñada contigo.
Vio como tragaba saliva y supo que el castaño no lo había pensado.
—Puede quedarse con alguna de las chicas —masculló—, con Rico o Nanaba. Ellas la van a cuidar mejor que yo —Eren le tomó la mano—. Petra, Mikasa, Annie y Sasha se irán con ustedes, yo también quiero ir. Quiero estar contigo, Levi. Con nadie más.
Suspiró, poniéndose de pie, viendo el escritorio, y entonces notó la cajita que guardaba el anillo que su madre le había dado hacia bastante tiempo.
Parpadeó, tomando la caja, abriéndola y viendo el anillo. Luego se giró bruscamente, viendo la expresión avergonzada de Eren. Soltó un chasquido, quitándose la chaqueta, respirando con profundidad.
—¿Te lo regaló tu amante? —preguntó el castaño con un hilo de voz.
Levi cerró sus ojos, recordando esas noches que pasó con Mike, el día que había deslizado ese anillo en su dedo meñique, sonriendo porque en los dedos enormes de Mike no entraba y solo lo podía poner allí. Recordó también cuando salió del Gulag y Erwin lo miró, entregándole el anillo ensangrentado.
Por dentro, grabado, estaba el apellido Ackerman, demostrando que era una vieja reliquia familiar.
Su mamá, al entregarle dicho anillo, le había comentado que solo debía regalárselo a la persona que más quisiera en ese mundo, con quien quería compartir el resto de sus días, a nadie más.
—Es mío —contestó simplemente guardando el anillo y la caja en el bolsillo de su pantalón.
—Lo siento, no quería–
—Olvídalo, no importa, solnyshka —se sentó a su lado y trató de relajarse—. Solo preocúpate de descansar, yo me haré cargo de todo lo demás.
Eren asintió, relajado, y Levi se sintió como un hijo de puta por mentirle. Pero a estas alturas, no importaba. No mientras el mocoso estuviera a salvo.
Hanji había acabado de ponerle las vendas a Eren, que se recostó, y Levi salió con su amiga en tanto Armin terminaba de guardar la tinta, papeles y carpetas en una caja, hablándole al castaño para distraerlo un momento.
La mujer, apenas estuvieron lejos del alcance del oído del mocoso, empezó a hablar.
—Levi, ¿cómo es eso de que Eren se va con nosotros? —preguntó tratando de no llamar la atención debido a que los soldados se estaban moviendo por los pasillos, transportando cajas y sacos, deshabitando el lugar de a poco—. En primer lugar, ¡sabes lo que pasará si se enteran de que tienes de amante a un chico! Y en segundo lugar, Eren no está capacitado para hacer un viaje como este, lo debes sa–
—Hanji —gruñó Levi tranquilo—, ¿tienes algún somnífero potente?
La enfermera enmudeció de golpe, contemplando el rostro decidido del azabache. No dijo nada por varios segundos, sin dejar de observarlo.
—Deberías… convencerlo… —balbuceó—. Levi, eso… esto… le romperás el corazón…
—Lo sé —convino el capitán—, es por ello que debo hacerlo. Tú deberías comprenderlo mejor que nadie.
Otro silencio entre ellos. Parecían mantener una discusión solo con los ojos, ordenándole al otro a ceder primero.
—Te ama —masculló Hanji con la voz ronca—, ese chico te ama.
—Sí, y es por ello que no va a querer dejarme partir —contestó Levi calmado, aunque por dentro era todo un manojo de dolor—. Eren querrá ir conmigo. Y su condición… eso solo haría que todo empeorara —la mujer desvió la vista, derrotada—. Hanji, no te estoy pidiendo esto como capitán. Te lo pido como amigo.
Silenciosa, la enfermera abrió su maletín y rebuscó por entremedio, sacando un frasquito y tendiéndoselo a Levi.
—Es zolpidem. Dos pastillas y dormirá hasta las doce del día —contestó antes de girarse.
—Gracias —murmuró—. Oh, y antes de que nos vayamos, ¿puedes pasarte por la habitación y dejarle vendas al mocoso? Las va a necesitar.
—¿Isabel? —preguntó Hanji asintiendo.
—La llevaré a dormir con Eren también.
La mujer dio por terminada la conversación y se marchó con los hombros caídos. Levi miró el frasco, mordiendo su labio inferior, volviendo a la habitación. Vio a Armin saliendo, por lo que le ordenó que no entrara de nuevo. El rubio asintió.
Entró, cerrando la puerta, y Eren le sonrió con emoción.
—¿Cómo es Moscú? —preguntó contento—. ¿Cae mucha nieve allí? Me encanta la nieve, mamá siempre…
—Solnyshka —Levi se sentó—, ¿no te gustaría que lo hiciéramos una vez más, aquí? —su voz era baja, suave.
El castaño frunció el ceño, desconcertado.
—¿Cómo? —negó con la cabeza—. No puedo, Hanji me dijo que no podíamos hacer eso —puso una expresión de regaño—. Levi, cuando esté mejor lo haremos las veces que quiera.
—Lo sé —contestó el azabache sintiendo como algo dolía en su interior—, pero… tenemos buenos recuerdos aquí. Prometo ser cuidadoso. Y apenas te duela, me detendré.
Vio como mordía su labio inferior, indeciso.
—Bueno… —concedió el alemán—, pero no le digas a Hanji o me matará…
—No te preocupes —Levi sonrió, quitándose la chaqueta—, será nuestro secreto.
Escuchó su risa baja, quitándose la ropa, y luego, con suavidad, se puso sobre el castaño. Su brazo en cabestrillo le impedía hacer muchas cosas al igual que sus costillas reparándose, pero para él estaba bien.
Eren le devolvió el beso, delineando sus labios con su lengua, y jadeó al sentir las manos de Levi quitándole la ropa interior, acariciándolo con suavidad.
Gimió cuando los dedos del azabache acariciaron su entrada.
Levi se alejó, viendo el rostro ruborizado de su solnyshka, y pudo sentir como algo se quebraba dentro de él.
Sin dejar de mirarlo, chupó sus dedos para luego volver a su trasero a prepararlo.
Vio su expresión contraerse por el dolor, escuchó su jadeo y se detuvo, preocupado, viendo las lágrimas salir de sus ojos.
—Eren, ¿quieres que me detenga? —susurró besando sus mejillas.
—No —murmuró el castaño—. No duele. No mucho. Es solo que… —Eren lo besó, sonriendo—, es solo que olvidé cómo se sentía.
El capitán lo volvió a besar, moviéndose otra vez, metiendo un segundo dedo y comenzando a embestirlo, oyendo sus gemidos bajos. Abrió más sus piernas, poniéndose entre ellas, sus miembros rozándose, los jadeos del mocoso aumentando.
Entonces, Levi puso su polla contra el agujero de Eren, besándole la frente, los párpados, la nariz, las mejillas, y volviendo a sus labios mientras se deslizaba en su interior, sintiendo su garganta vibrar debido al gemido atrapado allí.
Entró por completo y separó su rostro, observando su cara contraída por el placer y un poco de dolor.
Comenzó a embestirlo, jadeando contra su boca, dejando que esas estrechas y calientes paredes lo apresaran, Eren tratando de ahogar sus gemidos. Le tomó la mano buena, dándole unos apretones mientras lo besaba, con cada embestida, dando en su próstata, sin alejar sus labios ni un poco. Con la otra mano lo empezó a masturbar, logrando que sus gemidos aumentaran, ahogándolos entre sus besos.
Su solnyshka llegó primero al orgasmo, gimiendo.
—Le-Levi… ngh… ah… t-te… a-amo, Levi… —balbuceó agitado.
Levi lo observó, sintiendo sus paredes contraerse, y al ver sus ojos iluminados por el amor, se corrió también, besándolo una vez más.
—Te… te amo… —susurró contra sus labios, notando como su expresión se iluminaba con aquellas simples palabras.
Pero no eran tan simples. Levi no se las había dicho a nadie más, solo a él.
Entonces, tomó una decisión.
Se quedó quieto luego del orgasmo, y salió con suavidad de su interior.
—¿Tienes sueño? —preguntó tranquilo, sirviendo agua en el vaso.
—Sí… —farfulló Eren amodorrado, sonriendo.
—Hanji me dio unos calmantes para ti —dijo sacando el frasquito de sus pantalones—. Dijo que era necesario para el viaje. Así no sentirás tantas molestias.
—Está bien —obediente, Eren tomó las dos pastillas y tragó con rapidez, bebiendo agua—. Te amo, Levi —agregó mientras el capitán lo arropaba con cariño.
—Sí, sí, no te pongas cursi —respondió Levi rodando sus ojos, besándole la frente—. Mañana comenzará un nuevo día, así que duerme bien.
—Mhn —el chico cerró sus ojos—. Seremos muy felices.
Algo más pareció quebrarse en su interior.
—Sí —no sabía si su voz temblaba o eran alucinaciones suyas—, sí, Eren, seremos felices.
Se quedó quieto, allí, a su lado, hasta que sintió que estaba profundamente dormido.
Luego, se puso de pie, y vio el papel y la pluma que Armin le había dejado por indicación suya.
En silencio, se puso a escribir.
Su cabeza dolía.
Sus párpados pesaban.
Su cuerpo se sentía como cemento.
Gimoteó, tratando de abrir sus ojos.
—¿Hermano mayor?
Parpadeó, gruñendo, y abrió los ojos, la luz llegando a sus ojos, obligándolo a cerrarlos otra vez. Cuando pudo acostumbrarse, enfocó su vista en Isabel, de pie frente a él, asustada.
—¿Qué…?
Volvió a gemir.
Abrió sus ojos de golpes, mirando por la ventana.
El sol estaba en su cenit. Era mediodía.
Levi le había comentado que saldrían en la madrugada.
¿Habían retrasado el viaje?
Su estómago dolió.
—¿Dónde está Levi, Isabel? —preguntó, el pánico creciendo en su voz.
La niña se encogió, nerviosa.
—Se fueron —balbuceó—. Los rusos, se fueron.
Eren sintió como si lo hubieran golpeado en su rostro.
—¿Dónde está Levi? —repitió con la voz temblando.
Recordó a Levi la noche anterior, haciéndole el amor de esa manera tan suave, mirándolo a los ojos, susurrándole que lo amaba. Él no pudo… Levi le había dicho…
Recordó a Levi dándole unos calmantes.
No habían sido calmantes. Habían sido somníferos.
Jadeó y sintió sus mejillas calientes.
Tambaleante, se puso de pie.
—¡No, hermano mayor! —chilló Isabel—. ¡Levi dijo que debías descansar, que debía cuidarte!
Eren la ignoró.
Entonces, vio el papel sobre la mesa.
Desesperado, lo abrió, el anillo cayendo al suelo.
Lo lamento, solnyshka, pero era lo mejor.
Si hubiera podido, habría ido contigo hasta el fin del mundo de ser necesario.
Pero no puedo, y eso me rompe el alma.
Lo lamento.
Algún día volveré por ti.
Te amo. Te amo tanto que duele.
Tuyo, por siempre, Levi.
Las lágrimas mojaron el papel.
Eren, angustiado, con su corazón encogiéndose por el dolor, con su estómago contrayéndose por la desesperación, se puso los zapatos tan rápido como pudo, ignorando las súplicas de Isabel, ignorando el dolor en su torso, ignorando su hombro quejándose, y salió lo más rápido que pudo de la habitación.
Todo estaba en un espeluznante silencio. No se oía nada. Si los soldados se habían marchado, también se fueron las mujeres utilizadas. El hotel Adlon había sido abandonado por segunda vez.
—¡Hermano mayor! —sollozó Isabel, pero la ignoró.
Quizás, quizás podía alcanzar a Levi. Quizás podía alcanzar a los soldados, y cuando estuviera frente al capitán, le iba a gritar, a golpear, a zarandear, a decirle que cómo se le ocurría abandonarlo así, que ellos tenían que estar juntos, que lo amaba. Y luego, luego le llenaría el rostro de besos, llorándole, diciéndole que nunca más volviera a hacerle eso. Levi solo rodaría los ojos, exasperado, para luego darle un suave manotazo, ordenándole que deje de ser un mocoso, y luego lo abrazaría, protegiéndolo solo con ello.
Y Eren lo iba a perdonar, porque estaba al lado de él. Y con solo estar a su lado bastaba.
Las calles estaban también deshabitadas.
Isabel volvió a gritar detrás de él.
Todo su cuerpo dolía, se quejaba, lloraba con él.
Pero no importaba. No si podía alcanzar a su capitán.
Llegó al puente Schlossbrücke, el puente en donde había caminado con Levi, y tropezó.
Todo su cuerpo dolió con esa caída.
Se enderezó y comenzó a llorar a gritos.
Y cuando comenzó a llorar, no pudo parar.
Ni siquiera cuando Isabel lo abrazó, también llorando, murmurándole que todo iba a estar bien.
Pero era mentira, porque Levi no estaba a su lado.
Y su corazón dolía como nunca antes había dolido.
Y dolía tanto que pensó que nunca dejaría de doler, que ese dolor iba a permanecer para siempre en su corazón.
Lloró con más fuerza y dejó que la pequeña niña a su lado lo consolara de alguna manera, aunque fallara catastróficamente. Pero era lo único que podía hacer en ese momento: aferrarse a ella o romperse más de lo que ya estaba.
(1) Hay una fotografía de dicha escena en que los cuatro hombres mencionados están paseando por la puerta de Brandeburgo
(2) Acá se decidió la administración de Alemania en los siguientes años, surgiendo así la República Democrática Alemana (URSS) y la República Federal Alemana (EEUU, Reino Unido y Francia), provocando también más adelante el ya conocido Muro de Berlín.
Terminé esto a las 3 de la mañana y estaba sollozando con el final. Luego me fui a acostar, y ahora que lo reviso para subirlo, me dieron más ganas de llorar :'v
Ay, por la mierda, no sé por qué escribo cosas tan tristes y eso que les prometí fluff ;_;
Pero ya tendrán su fluff, se los juro, quedan dos capítulos y el epílogo, y ahí pondré tanta felicidad que van a terminar vomitando arco iris :3
Como siempre, ando con poco tiempo :v salgo de viaje en un par de horas, así que no puedo contestar reviews porque ni siquiera he hecho mi maleta, y adivinen a quién le llegará la chancla :D Por lo que muchas gracias a la gente que sigue leyendo, y en especial a las que dejaron comentario en el capítulo anterior. Gracias a
ChrisNovx
Bossenbroek
Lena Snow
aramirezg
Lluery
MariChan224
PaolaCoca92
Mr Bum
AstridHatakeAckermanJaeger
Hbl
luciakkss
Fujimy
Miri-Anath97
MaryLynx
lamontsilla
Olivia Ainsworth
Charly Land
gatitaphantera
Eso sería todo, lloren conmigo o las odiaré :')
Las amo, un beso enorme a todas, nos vemos cuando vuelva (?)
~Cotota
