Todos los personajes que aparecen pertenecen a Fairy Tail, cuyo creador es Hiro Mashima.
Capítulo 8: Extraños sentimientos.
El atardecer hacia que el lugar tuviera un ligero toque anaranjado. El sol se encontraba muy bajo, casi escondiéndose por el horizonte, creando unas sombras muy alargadas y cierta sensación de frescor. Las aguas de aquel pequeño lago apartado de Magnolia se encontraban calmadas parcialmente. Ligeras olas se creaban en su superficie transparente debido al hilo de las cañas de pescar que alteraba aquella tranquilidad. Dos sombras, una más grande que la otra, estaban de espaldas a aquel atardecer observando con tranquilidad y concentración sus respectivas cañas, a la espera de que algún pez picara. Tras varias horas sentados, aún no habían tenido éxito.
Un suspiro pesado llamó la atención del más grande, que desvió su mirada de las aguas hacia su compañero. Happy miraba su caña con una mezcla de concentración y preocupación, perdido en sus pensamientos. Había estado muy callado desde que habían sentado en la orilla del lago, cosa extraña en él. El Exceed azulado estaba siempre hablando, no había momento en que cerrara el pico.
-¿Qué pasa, Happy?-Preguntó el chico al Exceed, volviendo su mirada hacia la caña, un movimiento había llamado la atención de Natsu. Pero era una falsa alarma, hoy los peces no tenían hambre. No se cenaría pescado.
-Nada.
-Vamos, compañero, no me mientas- Insistió un poco más el Dragon Slayer. Otro suspiro por parte del ser azulado hizo que otra vez desviara sus ojos de las aguas hacia él, Happy parecía ahora más preocupado, dejando atrás la máscara que se había colocado para no preocupar al chico de pelo rosa. Pero ya no lo podía soportar más. Iba a explotar.
-Solo hemos ganado 10 puntos, Natsu…-Mustió con dificultad tras unos segundos en silencio, bajando sus orejas y los hombros, desanimado- No he podido demostrarle a Charle cuanto la quiero y la conozco…Soy un desastre, debería retirarme del concurso y que otro ocupe mi lugar- El Exceed, de repente, soltó la caña de pescar haciendo que se hundiera en lo más profundo del lago asustando a algún que otro pez que rondaba por ahí, ninguno de los dos se inmutó por ello, y con sus patas se tapó su rostro desesperado. Le agobiaba el hecho de haber perdido y ser los penúltimos, llevaba todo el día así. Con el corazón encogido, aguantó las lágrimas que se formaban en sus enormes ojos.
El rostro de Natsu no mostraba ninguna emoción mientras observaba como su compañero se derrumbaba progresivamente delante de sus ojos, aguantando las lágrimas. El Exceed le confesó, hace mucho, su amor por Charle, y hace unos días, lo estaba emocionado por el concurso y estar junto a ella más tiempo. No le gustaba verlo así de decaído, no era Happy, Happy era feliz. Como su propio nombre indicaba. Siempre tratando de demostrar a la Exceed que era lo mejor para ella.
Levantó la mano y la posó sobre la cabeza azulada del Exceed, provocando que el pequeño se quitara las patas de la cara y lo observara a través de un velo de lágrimas. Natsu le sonreía levemente.
-¿Charle te ha dicho algo?-Preguntó el Dragon Slayer acariciándolo suavemente, tratando de tranquilizarlo.
Happy parpadeó varias veces, comprendiendo su pregunta. Negó con la cabeza, aun con las lágrimas en el rostro. Sin entender muy bien a dónde quería llegar.
-¿Se ha comportado raro contigo?-Siguió preguntando Natsu.
-No.
-¿Entonces, por qué te preocupas por nada?- Concluyó el chico de pelo rosa con una enorme sonrisa, haciendo que sus ojos se achinaran ligeramente. Para él, las cosas eran muy simples. O era blanco, o era negro. No existía un gris oscuro o un gris claro. Por ahora- Si no está enfadada ni te ha dicho nada, es porque no le dio importancia.
-¿Seguro?- Le dijo Happy, secándose las lágrimas con el dorso de las patas, no muy seguro de la conclusión del Dragon Slayer. Era verdad, Charle no había mostrado signos de enfado o decepción, todo lo contrario. Se habían puesto nada más levantarse a preparar la siguiente prueba. Pero aun así…
-¡Por supuesto! No creo que Charle sea de las que se enfaden porque no hayan ganado nada. Recuerda, que es una maga de Fairy Tail…-Natsu quitó su mano de la cabeza de Happy, con la sonrisa en los labios, y miró al horizonte, donde comenzaba a oscurecer.
-Y ningún mago de Fairy Tail conoce la palabra rendirse-Finalizó lo que su compañero quería decir, contagiándose de la felicidad de Natsu, quitándose un peso de encima. Su compañero era la esperanza que iluminaba los momentos más oscuros. Happy también dirigió su mirada hacia donde Natsu lo hacía- ¿Y Lucy?-Preguntó tras unos segundos callados.
Natsu giró su rostro hacia el Exceed, con una nueva expresión de confusión en el rostro. No entendía que quería decir su compañero. Inclinó un poco su cabeza hacia un lado, provocando que su cabello se moviera levemente.
-¿Y Lucy, qué?
-¿Qué si ha dicho algo de quedar en segundo lugar?-Preguntó el felino, observando detenidamente al chico del pelo de color rosa, con una pequeña sonrisa en sus labios.
El joven parpadeó varias veces, y recordó cuando los jueces del concurso anunciaron las clasificaciones de cada pareja. Nada más decir que habían quedado en segundo lugar, Natsu se había emocionado, no era primero pero era un buen puesto para remontar, la victoria sería más dulce y el ego de Gray sería bajado al instante de su altar. Ya podía ver la cara de sorpresa del mago de hielo cuando anunciaran su victoria. En cambio, cuando giro su rostro para sonreír a su compañera y felicitarla, esta se encontraba muy seria. Sus labios formaban una línea perfecta mientras que sus cejas formaban un ceño fruncido. Se cogía las manos delante de su cuerpo, con la mirada hacia otro lado, como si evitara verlo a los ojos. Natsu no comprendía por qué no se alegraba y lo dejó pasar cuando en la fiesta del gremio la vio soltarse poco a poco, hasta tener el mismo comportamiento de siempre. Cosas de chicas, supuso en aquel momento.
-Nada, no ha dicho nada- Contestó a la pregunta de Happy, con un tono serio, perdido en sus pensamientos.
-No parecía muy feliz-Comentó el ser azulado, apoyando ambas manos en el suelo, inclinando su cuerpo para observar el cielo de varios colores.
-Lo sé, y no comprendo por qué.
-Era como si se sintiera culpable…-Dejó caer el Exceed, lanzando una mirada de reojo a su acompañante. Observando como reaccionaba.
-¿De qué?-Preguntó Natsu, frunciendo el ceño. ¿De qué se podía considerar culpable Lucy? No había robado nada, aunque sí que lo había acompañado durante las misiones que había causado grandes destrucciones. A lo mejor a los ojos de la ley se veía culpable…Pero eso no tenía nada que ver con el concurso.
Dándose cuenta de que su compañero se había perdido por completo, Happy suspiró y sonrió.
-¡Vamos, Natsu! ¿De qué va a ser? Si tú no fallaste ninguna pregunta y ella sí…-Siguió insistiendo, no iba a rendirse.
-¿Se culpa de haber quedado segundos por ella?... ¡Espera! ¿Cómo sabes que no fallé nada?-Exclamó tras darse cuenta. Happy saltó en el sitio, lo habían pillado. Aunque realmente dijera Max que las preguntas solo las vería la pareja, las juezas tenían otra lacrima con las preguntas… Más les valía que nadie se enterara, porque había algunas cuestiones de lo más interesantes…
-Esto…-Juntó sus dedos índices mirando a todos los lados menos a Natsu- Ah, sí. Me lo mostraste… ¿No-no te acuerdas, Natsu?
Se quedó pensando durante unos segundos. No. No se acordaba. Pero eso era normal en él, nunca se acordaba de las cosas sin importancia. Ni las de importancia. Se encogió de hombros, causando un suspiro de alivio en Happy. Había colado.
-De todos modos, aun así, no entiendo por qué se tiene que sentir culpable… Nadie sabe todo de la otra persona…-Dijo lo último no muy seguro, frunciendo el ceño otra vez.
Happy soltó una risita por lo bajo.
-Tú, si- Le recordó su amigo, con una sonrisa maliciosa. En la mente del Exceed podía escuchar su propia voz diciendo "Te guuuusta" pero decidió callarse y dejar que el Dragon Slayer se calentara la cabeza.
El silencio reino en aquel lugar, dejando disfrutar del momento a ambos compañeros. Conforme pasaban los minutos, los dos comenzaron a sentir como la luz del sol había sido sustituida por el resplandor de la luna y el calor del atardecer por el frio del anochecer. El chico pelirosa se levantó del suelo y se estiró en el sitio, haciendo que algunos huesos chirriaran y algunos músculos se destensaras. Su acompañante lo miró y se levantó, imitando sus movimientos. Ambos comenzaron a recoger en silencio todo el material traído para la pesca, en silencio.
-Bueno, será mejor ir marchándonos. Comienza a hacerse de noche y seguro que Lucy ya habrá hecho ya la cena- Anunció Natsu, colocándose la mochila en la espalda, de esta sobresalía un extremo de la caña de pescar. Su compañero azul lo miró desde el suelo, también con la mochila a la espalda. Pero esta, no contenía la caña. Error del felino.
-Aye, Charle también- Estuvo de acuerdo Happy, levantando la pata. A ambos les rugió el estómago, provocando que soltaran unas risas.
Caminaron por el sendero que se desviaba hacia ese lago escondido entre el bosque, acabando en un camino principal y transitado que se dirigía hacia la ciudad, saludando en el proceso a un par de conocidos. Magnolia desde la lejanía era iluminada por las farolas y las luces de las casas que se preparaban para cenar, el humo de cada hogar se elevaba hasta perderse en los cielos estrellados. La brisa de la noche refrescaba a los caminantes que andaban en silencio, sus cabellos se movían levemente.
Tras unos minutos, el camino principal volvió a partirse haciendo que ambos se tuvieran que separar. Happy debía ir a su casa, alejada de la ciudad, mientras que Natsu tomó el camino que se dirigía hacia ella. Se despidieron con la mano y cada uno inició la caminata.
…
No era extraño que a esas horas la gente de Magnolia saliera a cenar por ahí y a ir de fiesta. Las calles de la ciudad habían bastantes personas, unas residentes, otras; turistas, otras; comerciantes y otras; los que habían ido a Magnolia para ver el concurso y a los magos que participaban en él, que eran los que más llenaban los bolsillos de los taberneros del lugar. Conforme caminaba en dirección a la casa de Lucy, algunas personas le paraban para hacerse una foto con él o pedirle un autógrafo; Natsu aceptaba, aunque no estuviera acostumbrado a hacerlo. El chico de pelo rosa no se sentía tan famoso como para esas cosas.
La casa donde llevaba viviendo por una semana apareció tras doblar la esquina, las ventanas de esta estaban iluminadas. La calle Strawberry no era muy transitada por lo que no tuvo ningún improvisto en llegar hasta el portal, excepto por los barqueros que siempre pasaban por el río que estaba al lado de la casa, preguntando por Lucy. Desde la puerta, alzó la cabeza y miró la ventana que daba al dormitorio de la chica la cual estaba abierta. A pesar de que se ganaría una reprimenda, no se lo pensó dos veces, y comenzó a escalar por la pared hasta la ventana. Se agarró con fuerza en el alfeizar dejando su cuerpo colgando, y con impulso, se metió dentro de la casa, cayendo sobre la suave cama de la rubia, que desprendía su agradable olor.
Levantó la cabeza y observó el lugar, el cual, estaba extrañamente vacío y silencioso. No había ni rastro de Lucy. Sin embargo, hacía poco que había estado en aquella habitación. Su olor aun perduraba, al igual que otros, que no conseguía asimilar a las personas portadoras. No se acordaba…
Comenzó a olfatear el aire en busca del rastro que llegaría hasta su amiga, arrugando con cada inspiración la nariz, y como un perro, olió el suelo. A cuatro patas, se arrastró siguiéndolo, por el camino se chocó, se tropezó e incluso rompió –y esperaba que Lucy no se enterara- algunos muebles u obstáculos que le impedían el paso. Cruzó la habitación hasta que se golpeó la cabeza contra la puerta del baño, donde el rastro se internaba. Sobándose la zona dañada, alzó la cabeza y observó con el ceño fruncido el pomo, recordando todas las veces que Lucy le había golpeado, gritado y gruñido por haber entrado a aquella habitación mientras estaba ella dentro. Debatió por unos segundos, teniendo en cuenta las consecuencias que traería entrar dentro- una de ellas era dormir en la calle- y al final su curiosidad ganó, cogió el pomo con firmeza y lo giró haciendo que la puerta se abriera emitiendo un sonidito, aun en el suelo.
Una ola de niebla le dificultó la visión cuando se abrió completamente la puerta. Del baño surgía un frescor y el olor a Lucy y a su champú. Junto con el aroma de las otras personas que había estado con ella. Al cabo de unos segundos, la densidad de la niebla helada se fue disipando hasta dejar que Natsu pudiera ver lo que estaba pasando dentro de aquel baño. Cosa que lo impresionó un poco.
Lucy se encontraba en medio de la habitación- de espaldas a él-, vestida de sirvienta y con una banda en la boca para evitar que hablara, llorando exageradamente. A su lado, Virgo estaba metida dentro de la bañera –vacía- con su vestido de sirvienta todo mojado. La espíritu esteral temblaba ligeramente de frio pero su sonrisa de satisfacción contrastaba bastante, bajo sus mejillas había un ligero sonrojo. En las manos de la rubia había un cubo de agua con muchos hielos. Otro olor hizo que el Dragon Slayer girara su cabeza y viera a Loke, con su traje elegante y una cara de pervertido, viendo el espectáculo sentado en el retrete. Tenía la corbata desatada y parecía como si hubiera corrido un maratón viendo como su piel estaba perlada por gotas de sudor.
-¿Qué demonios está pasando aquí?-Habló el mago de fuego sin emoción alguna, completamente en blanco, provocando que las tres personas le miraran. Totalmente impactado.
-¡Oh, Natsu, hola! Nada, Lucy está cumpliendo con la promesa que le hizo a Virgo- Le explicó Loke un extraño brillo en los ojos, mientras soltaba unas risitas muy lentas.
Lucy se puso toda roja y comenzó a gritar, pero como tenía la banda no se le entendió nada. La chica se señaló a ella misma- con el cubo en el suelo- , después a Virgo que seguía sonriendo de manera extraña en la bañera y finalmente a Loke, que seguia saludándolo medio ido. A continuación, se puso de rodillas e hizo un gesto de súplica mientras señalaba la banda que estaba en su boca. Natsu seguía sin procesar nada. Aquello era muy raro…
-Y… ¿Qué haces tú aquí, Loke?-Preguntó el Dragon Slayer, aun sin entender nada de nada, ignorando completamente los ruegos de su amiga.
-Pues… Asegurándome de que la cumpla. ¡Si, eso es! Un mago celestial debe hacerlo, si no perderá la confianza de sus espíritus- Se inventó una excusa mientras sudaba frio, mientras Lucy le gritaba cosas que nadie entendía, un poco enfadada.
Natsu giró su cabeza y miró detenidamente a Lucy, serio. Esta al instante paró de gritar y se quedó muy quieta, con un enorme sonrojo en las mejillas, esperando a que el Dragon Slayer le quitara la banda que se le había prohibido retirar. Una sonrisa maliciosa escaló en el rostro del chico de pelo rosa y aun con ella, se sentó en el suelo al estilo indio- con los pies cruzados- e hizo una señal para que Lucy continuara con lo que le estaba haciendo a Virgo. La chica entendió perfectamente las intenciones que tenía el mago y con toda la rabia del mundo, le lanzó el cubo en toda la cara, gritándole cosas que solamente ella entendía.
…
-¡Vamos, Lucy, por favor! ¡Hazme caso! ¡Ya te he dicho mil veces perdón!-Exclamó medio lloriqueando el mago de fuego, siguiendo de aquí para allá la rubia, que no le dirigía la palabra. Lucy estaba poniendo la mesa mientras hacia la cena.
Sobre el mueble que estaba en medio de la cocina había dos platos, dos cubiertos y dos vasos. Para Natsu y ella. En la encimera, había una multitud de ingredientes y desperdicios empleados para hacer la cena.
El chico de pelo rosa se acercó mucho al rostro de la chica, mientras esta colocaba las servilletas, en un intento de que lo mirara y viera cuan arrepentido estaba, pero esta lo giró de manera brusca hacia otro lado, evitando el contacto visual. Natsu resopló fastidiado y se cruzó de brazos cruzados, observándola mientras caminaba. Llevaba enfadada casi una hora. No soportaba verla así con él. No había hecho algo tan grave como para merecer aquel castigo silencioso… ¿Verdad?
Lucy ignoró a Natsu una vez más, comenzó a hacer una omelette en la sartén, lanzando de vez en cuando la masa amarillenta hacia arriba y recibirla con un movimiento ágil, evitando que se manchara o se perdiera. El sonido que emitía al freír aquella masa inundó el silencio de la estancia. La joven había tenido que aprender a cocinar a la fuerza, ya que al mudarse a aquella casa, no disponía de servicio que le hiciera la comida cada vez que su estómago gruñera. Al cabo de unos meses, ya cocinaba meramente bien, por supervivencia más que nada –y porque se gastaba una pasta al comer en el gremio-. Ahora como habían pasado los años, ese "meramente bien" se había convertido en "excelente". Pero no lo decía solamente ella –ya que quedaría un pensamiento un poco egocentrista- si no el resto de sus amigos también lo hacía.
-Lucyyy- Volvió a intentar, sin muchas esperanzas, poneindo un tono empalagoso. Tras su reclamo, en la cocina solo se escuchó como la rubia hacia la cena, en silencio y con movimientos que indicaban cuan cabreada estaba. Natsu sentía que se la estaba jugando, pero él no era un joven que dijera que no al peligro.
Una idea de lo más maligna cruzó por su mente mientras observaba a Lucy, provocando una sonrisa maliciosa en sus labios. Ya que insistía tanto en ignorarlo, veamos hasta qué punto aguantaba. Casi se le escapó una risita ante su plan. Se alejó sigilosamente de su compañera y se marchó de la habitación dejándola sola con la comida. Lucy echó una mirada de reojo al sentir que ya no había nadie junto a ella, provocando un fruncimiento de ceño, normalmente Natsu no paraba hasta que finalmente se cansaba y lo perdonaba. Mentiría si dijera que no le dolió.
Lucy dirigió otra vez su mirada a la sarten, con los ojos entrecerrados y los labios formando una línea recta.
El chico de pelos rosas volvió a aparecer justo cuando Lucy retiró su vista de la puerta, con un objeto en sus manos y con una sonrisa malvada. De puntillas, tras pasar la entrada, se acercó a la chica rubia, sin que ella lo notara. Casi escapando se le una risita, se situó detrás de Lucy, oliendo con más intensidad su delicioso aroma y el de la omelette. Enchanchó más su sonrisa y con el brazo libre, rodeó su cintura, atrapando sus brazos y su pequeño cuerpo, haciendo que soltaba con un gritito la sartén. Por suerte, esta no cayó donde estaba el fuego, sino al lado, encima de la encimera.
Lucy al sentir el calor familiar de Natsu rodeándole, se sonrojó hasta arriba, mientras su corazón comenzó a latir con fuerza y velocidad. El Dragon Slayer podía escucharlo, pero no le dio importancia, estaba en pleno juego. Y él, conseguiría la victoria, definidamente.
-¡Na-Natsu! ¿Qu-qué demonios estás haciendo?-Preguntó con una voz chillona y entrecortada la chica, que se retorcía entre el brazo del chico. Natsu sonrió aún más y soltó una risita.
El pelirosa acercó su boca al oído de Lucy y el objeto, a su cintura. Oliendo la victoria cada vez más y más cerca.
-¿Qué, ya te has cansado de ignorarme?-Preguntó burlón, con una extraña voz profunda. A veces, le pasaba esas cosas. O hablaba con voz profunda o de repente, su vista se le hacía borrosa. Y todas esas cosas, le sucedían cuando estaban junto a la rubia, solos, sin que nadie los viera.
-¡Na-Natsu, haz el favor de soltarme!-Ordenó la rubia tratando de recobrar el control de la situación y de su torpe cuerpo, pero cuando Natsu se proponía algo, lo conseguiría. La confusión de sentir como su cuerpo había reaccionado de esa manera le nublaba la mente.
-Nooooope- Dijo tras una carcajada fresca y juguetona, apretando más su brazo. El cuerpo de Lucy se pegó al de Natsu, haciendo que ella sintiera cada pedazo de piel del chico, provocando una reacción en cadena. Todo su vello volvió a erizarse y el choque eléctrico corrió por sus venas- No te escaparas, ahora voy a vengarme de que te dedicaras a evadirme- Natsu no se daba cuenta de la sensaciones que corrían por Lucy, y por él mismo.
La chica lo malinterpretó todo por completo, por supuesto. Su mente nublada y nerviosa se dejó llevar por su imaginación de escritora haciendo que comenzara a abrir los ojos mucho.
-¡NATSU, HAZ EL FAVOR DE SOLTARME! ¡NO PUEDES HACER ESO!-Exclamó la chica gritando de repente y con un rostro muy asustado, retorciéndose en el brazo de Natsu con tal de salir.
El Dragon Slayer no se enteraba de que la maga había malinterpretado la situación y se lo tomó los gritos de ella como un juego.
-Oh, sí, claro que sí que lo haré- Giró su cabeza y observó con malicia el objeto que tenía entre sus dedos.
-¡NOOOO!
-¡SIIIIIIIIII!
-¡NOOO-¡ ¿Espera? ¿¡QUE!?- Lucy comenzó a reírse a carcajada limpia por culpa de su compañero de piso, que le hacía cosquillas en la axila con la pluma que ella utilizaba para escribir.
Ahora, la chica se retorcía de risa mientras el chico carcajeaba malvadamente, viendo el "sufrimiento" de Lucy. La maga de espíritus se sonrojó con brutalidad cuando se dio cuenta de que había imaginado cosas extrañas.
-¡MI VENGANZA SE HA CUMPLIDO!- La soltó tras unos segundos atacándola a cosquillas sin compasión. Natsu la observó mientras Lucy se colocaba bien la camiseta. Tras arreglarse, la chica se levanta la cabeza y le lanza una mirada seria- ¿Qué? ¿Ya me perdonas y me haces caso?-Preguntó con una sonrisa en los labios el Dragon Slayer, arqueando una ceja. Se cruzó de brazos, inclinando un poco su cuerpo.
Su amiga bajó la cabeza, haciendo que su rubio flequillo le ocultara los ojos y una pequeña sonrisa se formó en sus labios. Acto seguido, comenzó a arremangarse las mangas y tras tenerlas por la altura del antebrazo, lanzó una mirada de depredadora a Natsu. Este se temió lo peor y se dio a la fuga en cuanto vio un movimiento de la chica.
-¡AHORA TE VAS A ENTERAR, CABEZA DE LAVA!-Gritó Lucy corriendo tras Natsu por toda la cocina.
-¿POR QUÉ ACABO DE ACORDARME DE LA "PRINCESA DE HIELO"?-Lanzó una pregunta retórica gritando el otro, poniéndose en un extremo de la mesa con los cubiertos puestos.
Al otro extremo, Lucy lo observó con una sonrisa pícara.
-Querido Natsu…-Le murmuró con una no-tan-angelical sonrisa, y con un tono "dulce", que para los oídos del Dragon Slayer significaba la muerte- Ahora. Me toca vengarme a mí.
…
Por suerte para Natsu, Lucy no estaba tan cabreada como pretendía estarlo, así que su venganza solo se redujo a que él tuviera que hacer lo que quedaba de cena, mientras ella le observaba, como si fuera su esclavo. Ahora ya no le ignoraba y podían hablar tranquilamente, más calmados.
Una carcajada se escuchó en toda la cocina. El buen humor de Lucy hacía que el pelirosa sonriera levemente, a la vez que hacía la maldita omelette, de espaldas a la chica. La maga se encontraba sentada en la silla, con las manos en la mesa y la cabeza apoyada en estas, mirando al mago.
-En serio...Aún no puedo creer que Happy se quedara en aquel tronco atrapado…-Volvió a reír con ganas, imaginándose la escena- Aunque si lo piensas bien, es muy típico de él. La verdad es que es bastante torpe.
Hacía rato que Natsu hablaba con monosílabos o solo se dedicaba a escucharla hablar. En su cabeza algo rondaba todo el rato, impidiéndole mantener una conversación fluida con la maga. Lucy hacía unos segundos que se había dado cuenta de la ausencia mental del pelirosa.
-Natsu.
-¿Si?
-¿Te pasa algo?
-Nop ¿Por qué lo dices?
-Porque pareces más ausente de lo normal.
-¡Oye! Eso ha dolido-Se quejó, lanzándole una mirada de reojo. Colocó con mucho cuidado el intento de omelette en un plato que había al lado.
-Dime que te pasa.
El Dragon Slayer apagó la cocina y cogió un trapo para limpiarse las manos. Giró su cuerpo y se recostó en la encimera, mirando a los ojos a la chica. Lucy no parecía que estuviera bromeando, estaba muy seria y esperando a que él le contara lo que pasaba.
Natsu suspiró.
-Tú…-Comenzó tratando de organizar sus pensamientos, los cuales estaban hechos un auténtico desastre.
-¿Tú…?
-¿Tú te sientes culpable por haber quedado en segundo lugar?-Al final, lo soltó todo directamente. Sin anestesia ni nada. No tenía sentido decir las cosas suavemente, si lo único que quería era respuestas y en seguida. Entrecerró sus ojos, mirando bien a su compañera.
Tras unos segundos de procesión, Lucy abrió los ojos y la boca muchísimo, para después desviar su mirada hacia otro lado. Natsu vio como la chica evitaba el contacto visual y sin rendirse, cruzó la estancia y se sentó en la silla que estaba al lado de ella. Manteniendo sus ojos sobre Lucy.
-Dime.
-Yo…
-¿Yo…?-Insistió, esta vez, él, sin quitarle ojo de encima.
El silencio fue lo que llenó el vacío de la conversación. Los dos se comenzaron a poner nerviosos, uno; porque quería respuestas y no las estaba obteniendo, y una; porque era complicada la situación.
De repente, Natsu volvió a suspirar, llamando la atención de la chica. Ella giró su rostro y observó el de él, que ahora, miraba a un punto fijo en el horizonte, como perdido en sus pensamientos.
-Sabes… No pasa nada…No todos sabemos todo de alguien- "Excepto tú" pensó Lucy con el corazón prendido, de un sentimiento extraño en ella-Pero…-De repente, Natsu sintió como sus mejillas se calentaban. Su nerviosismo pasó de un motivo, por otro- Yo…Yo puedo…Yo puedo ayudarte…Es decir…Puedo decirte cosas a cerca de mí… ¡Claro que solo por el concurso!- Exclamó sintiéndose terriblemente estúpido y avergonzado, sin atreverse a mirar a Lucy.
Los ojos marrones de la chica enfocaron el rubor, por un momento, del Dragon Slayer. Pero solo por un parpadeo, para después desaparecer del mundo, excepto del recuerdo de la chica. Y por algún motivo, ver eso le hizo sentir terrible y enormemente feliz. Verle sonrojarse era algo extraño, ya que Natsu nunca lo hacía.
Aunque…Las palabras fueron hirientes para el pobre corazón de la chica. Aun así, extendió una sonrisa al sentir los ojos de él sobre ella.
-Claro.
