—Sasuke, durante un año estarás bajo la vigilancia de Naruto —dictó la autoridad máxima de Konoha, como una sentencia—. ¿Tienes algo qué objetar?

El chico sonrió.

—No —respondió casi complacido.

"Un año."

Un año eran doce meses. Doce meses siguiendo cualquier paso de Uchiha Sasuke.


GIRA LA BOTELLA

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Sentimientos Compartidos


Sentado en el techo, mirando el cielo que era adornado por infinidad de estrellas. La luna, grande y redonda parecía emitir la tranquilidad en la oscuridad de la noche. Sus ojos azules reflejaban aquel enorme satélite, trasladándolo a un lugar donde imperaban sus pensamientos, que últimamente lo hacían distraerse demasiado.

Todo lo que había pasado en el día le parecía una mala broma de la vida, pensó por un momento, que debía tratarse de un sueño y que, en cuanto se despertara al día siguiente todo se desvanecería y se olvidaría por completo del juego, del beso, del reto y de la vigilancia de Sasuke... Pero era hora de que cayera en la realidad, y la realidad pedía que se enfrentara al Uchiha.

No podía evitar tener miedo, miedo de perderlo por completo, de perder el único lazo que lo ataba a él, la amistad... si es que aún Sasuke lo consideraba como un amigo.

Jamás se había sentido tan vulnerable como ahora, jamás. Si el juego lo obligó a confesar su pequeño secreto, esta misión-sentencia que Tsunade le otorgó lo llevaría... ¿a qué?

—Oe, dobe —enunció la voz de Sasuke que lo arrastró de nuevo a la realidad—. Vigilarme no conlleva que te quedes en el techo de mi casa —dijo, parado en una de las esquinas del tejado.

Naruto le dedicó su atención.

—No puedo ignorar la misión que Tsunade me dio... —contestó Naruto— no haré ruido, si es lo que te preocupa.

El azabache se acercó al rubio.

—No me refería a eso, aquí pescarás un resfriado, deberías entrar a la casa, de ese modo cumplirás mejor con tu 'misión'.

—Aquí estoy bien —declaró el chico, muy seguro de sí y sin intensión alguna de un cambio de opinión.

Naruto se volteó para ver de nuevo a esa luna plateada y comenzar a indagar en sus pensamientos, tratando así, de ignorar a Sasuke, sin embargo, si por algo se caracterizaba al Uchiha, no era por dejarse dominar. El crujir del tejado se escuchó y para cuando los ojos de Naruto quisieron mirar a sus espaldas los brazos del otro ya lo estaban cargando y llevando sobre aquel techo.

Te-temme.. ¡¿Qué haces?! —replicó el chico, forcejeando para bajarse.

—No quiero que por mi culpa te enfermes —dijo sin hacer gesto alguno por los pequeños golpecitos que el rubio le daba.

El chico dejó su pelea. Sasuke aún actuaba igual con él, parecía que aquel beso y esa declaración jamás tuvieron lugar... no sabía si eso le tranquilizaba o le enojaba, su mente en sí era una contrariedad. Naruto renunció a forcejear y se dejó llevar, aunque un pequeño rubor sobre sus mejillas amenazaba con ser permanente y a pesar de que al principio intentó bajarse, el rubio, se aferró por un momento al mayor.

Sasuke lo llevó dentro de su hogar, caminó por la sala y pasó directo a su habitación, ahí colocó al rubio en una cama, la única que tenía.

—Puedes dormir aquí —permitió tranquilo.

—Pe-pero...

—No hay objeción alguna que admita —dijo cruzando los brazos y mirándolo serio.

No obstante, el ojiazul no era de las personas que aceptan las cosas de buena manera y sin replicar, así que se levantó y encarando al Uchiha dijo sus argumentos.

—Es tu casa, es tu cama y no estoy aquí de visita, mi misi… —sus palabras se vieron interrumpidas por una mano blanca que tapó su boca y otra que lo empujó sobre la suave cama.

Era sorprendente la habilidad que el Uchiha tenía para actuar de un modo rápido y eficaz, pues no pasaron ni segundos cuando el joven se encontraba sobre Naruto, impidiéndole a este alguna oportunidad para levantarse y escapar.

—Sa-Sasuke… —dijo el Uzumaki con torpeza y tratando de empujar a cierto moreno para que se quitara— no es gracioso, apártate.

—No lo haré, tú no me escucharás de otra manera... aquí no te doy opciones. No quisiste por las buenas, entonces será por las malas.

—¿Qué?

—No pienso pasar todo un año sin terminar lo que no quisiste escuchar.

—Sasuke... no quiero hablar sobre eso.

—Qué lástima, yo no pregunté si querías, te estoy obligando a escuchar.

—No puedes obligarme —el rubio intentó colarse por alguno de los lados.

Sasuke al ver que su pequeño rubio no desistía decidió tomarlo por ambas muñecas, dejándole con posibilidad nula de moverse.

—¿Tan difícil te resulta escucharme un momento? —preguntó— ¿de qué tienes miedo?

Los ojos de Sasuke le miraban buscando una respuesta, respuesta que Naruto no dio y simplemente evadió esa mirada oscura.

—No pienso lastimarte —el azabache dejó una de las muñecas del rubio libre, para que pudiera tomarlo de la barbilla y hacerlo que lo mirara de nuevo—. Herirte me afectaría a mí de la misma manera.

Sinceridad, sinceridad es lo que el rubio parecía ver en aquella mirada bruna.

—Entonces... por qué... ¿por qué haces esto? ¿Por qué no me dejas en paz? ¿Por qué no solamente ignoras lo que dije y dejas de burlarte? —una capa cristalina apareció en aquellos iris azules.

El azabache le miró confundido ¿Burlarse él? ¿De qué?

—Naruto, ¿de qué hablas? —preguntó concreto sin estarse enredando más en pensamientos.

—¿De qué?... es que no te parece que vas muy lejos con esto, siempre... pasando de mi y burlándote —el chico apretó sus dientes, si no lo hacia las lágrimas que retenía con esfuerzo saldrían como un mar sin represión.

—Naruto, no sé que es lo que este pasando en este momento por tu cabeza de dobe, pero yo...

—¡Sí! ¡Eso soy! —Interrumpió con un grito— un dobe y uzuratonkachi, ¿verdad?... siempre he sido eso para ti...

—¡Naruto, deja de enredar las cosas de una vez! —esta vez gritó el Uchiha.

—No Sasuke, te odio —dijo el rubio con los ojos cerrados fuertemente y aferrado a querer irse— te odio por burlarte de mi, te odio por besarme y por...

De nuevo, sus palabras fueron interrumpidas pero esta vez no fue una mano que lo calló, sino unos suaves labios sobre los suyos, abriendo sus ojos descubrió que Sasuke lo besaba, su mano libre se colocó sobre el pecho del moreno, empujándolo ligeramente y yendo en contra de lo que en verdad quería, pues aquel sabor dulce lo llevaba a una locura total y más que nadie lo deseaba. Mientras los minutos corrían, aquello se estaba alargando y el Uchiha parecía tener más resistencia que cualquier otro ser humano, mientras que los pulmones del rubio pidieron a gritos aire y abrió su boca para recuperar algo de oxigeno, Sasuke sacando provecho de ello, infiltró su lengua sobre la oquedad del chico, teniendo más libertad y dominio sobre el rubio.

No hubo quien midiera el tiempo, pero después de unos minutos el azabache por fin como el ser humano que es, se dio a la tarea de tomar aire.

—Na... Naruto... tú no me odias —dijo con la respiración acelerada.

¿Debía responder? Pues la verdad no sabía cómo.

—Sasuke, yo no quiero que nuestra amistad se acabe.

—Deberías saber ya que no te veo como un amigo, yo no volví porque el lazo de amistad que dices tener conmigo se haya fortalecido.

Por efímeros momentos, Naruto se sintió debatido, pero antes de que su garganta dejara salir algunas palabras, Sasuke se apresuro a terminar su oración.

—Yo regresé porque te amo —declaró el muchacho, sin quitar su vista de aquel rubio, cualquier gesto que él hiciera quería presenciarlo.

Aquellos ojos azules se abrieron ante tal declaración, como acto reflejo sus pupilas se clavaron directamente en la mirada oscura del Uchiha.

—¿Q-qué? —preguntó aún sin asimilar lo escuchado.

—Oíste bien, te amo, Naruto —Sasuke repitió esta vez más lento y con más claridad en su voz.

—¿De... de verdad? —dijo el Uzumaki con la voz quebrada.

—De verdad.

—No es... u-una broma... ¿verdad? —Naruto decía con dificultad y unas cuantas lágrimas comenzaban a escapar de sus ojos.

—No, no lo es —aseguró Sasuke—. ¿Desde cuando te volviste tan inseguro? —inquirió al ver que Naruto parecía querer preguntar lo mismo que hace un segundo ya le había aclarado.

El rubio se llevó la única mano libre que tenía a la cara, tratando de limpiar las lágrimas que comenzaban a escurrir por su rostro, tal como un niño pequeño.

—Por... ¿Por qué lloras? —ahora era el Uchiha que se estaba poniendo nervioso.

—E-es solo que... nunca creí que... tú...

—¿Aún no me crees? —Sasuke le sonrió divertido— esta bien, tengo la forma perfecta para demostrártelo.

Ni un segundo espero, el azabache colocó sus labios sobre el cuello del rubio, dando pequeños y suaves besos en él.

—Sasuke... —sus mejillas se tiñeron de rojo al sentir esas pequeñas caricias.

—Después de todo... recuerdo que justo cuando huiste dejaste un reto inconcluso —formuló mientras bajaba el cierre de aquella chamarra negra y naranja.

—¿Re-reto? —el rubio tragó saliva.

—Dime… ¿Me lo darás?

—N-no sé de que hablas, temme —Naruto colocó sus dos manos, ya libres sobre el pecho de Sasuke, poniendo de esa manera, una barrera entre ambos.

Sasuke sonrió.

—Esta bien —se acercó al rostro de Naruto y cuando éste cerró los ojos, el azabache deposito un besó en la frente del joven jinchuriki—. Esperaré hasta que sepas a qué me refiero.

Naruto le miró un poco extrañado, no era costumbre ver a un Sasuke ¿dulce?... sí, le parecía que el azabache actuaba un poco diferente a cuando ambos se consideraban 'amigos', este Sasuke le hacia sentirse protegido y más que todo, amado. Los dos por fin, sabían que compartían el mismo sentimiento.

El Uchiha se dirigió a la ventana y mientras él caminaba, dos ojos azules seguían su trayecto. Para Naruto era todavía inesperado que aquel chico haya desarrollado los mismos sentimientos que él, pero esos ojos y aquellas palabras que no denotaban vacilación ni mentira le hicieron creerle. Naruto sonrió, pensó que se había enredado en mar de confusiones falsas y que efectivamente, de idiota tenía algo o todo.

(...)

El día llegaba en la aldea de Konoha, los rayos del sol entraron por la ventana anunciando que ya era hora de despertarse. Unos ojos tan negros como la obsidiana se abrieron lentamente y al instante se posaron en una segunda silueta que ocupaba su cama, su rubio compañero aún no despertaba, verlo tan tranquilo, como no tantas veces se le podía apreciar, le hizo sentirse bien, ahí, junto a él estaba la persona que ahora más que nunca podía catalogar como suya y, nada ni nadie le quitaría ese título, aquello se lo llevaría hasta la muerte.

Alzó su mano y la colocó sobre las marquitas que el chico tenía en cada mejilla, siempre, desde que conoció a ese rubio, le dio una tremenda curiosidad por tocarlas y ahora, no solo tocarlas, también besarlas. Se acercó un poco para cumplir aquel pequeño deseo y al hacerlo por impulso sus manos comenzaron a explorar el cuerpo de su compañero y fue así que llego a la parte abdominal. El rubio se movió un poco, tenía un sueño profundo pero aquellas caricias no eran intangibles y muy bien podía sentirlas.

Sasuke se levantó de la cama, colocó su mano en la frente y trató de controlarse.

"Vamos Sasuke... soportaste todo este tiempo, esperar un poco más no debe ser tan difícil...", se dijo a sí mismo.

En esos momentos se escuchó que llamaban a la puerta y justo a tiempo, de otro modo no aseguraba que Naruto saliera ileso de su casa. Se dirigió a la puerta y al abrirla se encontró con cuatro personas, ahí estaba Sakura, Ino, Gaara y Sai.

—Buenos días, Sasuke-kun —dijo la de ojos jade—. Me enteré por Shizune que Naruto se encargará de vigilarte por unos meses y ya que eso conlleva que se quede contigo todo el tiempo, pensé que si los dos están aquí solos se podrían aburrir.

—Sí, así que salgamos todos como los amigos que somos —agregó la rubia.

—Y mmm… ¿y Naruto? —Cuestionó la pelirosa, tratando de mirar dentro de la casa.

—Esta durmiendo —contestó.

—Ah, ya veo... ¿podemos entrar? —preguntó Ino.

Como no queriendo pero viéndose obligado se hizo a un lado y fue así que aquellos cuatro se metieron en su casa.

—Con permiso —enunció el pelirrojo, serio, como siempre.

Naruto, al escuchar tantas voces hablar se despertó, bostezó un poco y se frotó los ojos.

—¿Por qué tanto ruido-tebayo? —preguntó y se levantó, con pasos lentos se dirigió a la sala.

Ahí, sentados en el sillón encontró a sus amigos, lo que se le hizo extraño, sabía que Sasuke no era de los que hacían fiesta cada domingo.

—Chicos, ¿qué hacen aquí?

—Buenos días, Naruto-kun —saludó Sai.

—Oh... buenos días, Sai —respondió y buscó a Sasuke.

El moreno que había permanecido cerca de la pared no había sido visto por Naruto, el chico aprovechó aquello para abrazarlo por detrás.

—Ya despertaste —enunció y besó la mejilla izquierda del rubio.

—Sasuke... —nombró el chico, sonrojándose por aquel detalle.

—Ya sabes, quiero que todos en la aldea sepan que eres mío —dijo posesivo y mirando a los dos que creía iban tras su Naruto: Sai y Gaara.

Sai le miró y sonrió como siempre solía hacer, por otra parte, Gaara si captó el mensaje, pero siguió con su seriedad.

—Sasuke, no soy de nadie —aclaró el rubio.

—Sí, de nadie que no sea yo.

—No me escuchas ¿verdad? —expresó mirándolo de reojo.

—Bueno, ya que estamos todos despiertos, salgamos un rato ¿no? —Propuso la peli-rosa.

—¿Salir-tebayo?

—Sí, ya que todos los miembros del equipo siete estamos aquí excepto Kakashi-sensei y Yamato-taichou y que Gaara esta de visita e Ino tiene tiempo libre, pues aprovechemos este momento.

—Entonces —los ojos de Naruto se vieron iluminados— entonces vayamos a Ichiriaku-ramen —dijo feliz y se dirigió a la puerta— muero por un plato de ramen.

—Naruto, espera —Sasuke fue tras el chico, pensaba cambiarse pero... su rubio era muy impaciente.

—Mmm... pues a comer ramen se ha dicho —enunció Ino, que nada más estaba ahí para asegurarse de cubrir el chisme.

—¿Ramen? ¿No hablan de aquel platillo hecho con fideos? —preguntó Sai.

—Sí, es el preferido de Naruto —contó Sakura mientras caminaba junto a Ino.

—¿Los conoces Gaara? —preguntó Sai, volteando para mirar al pelirrojo.

—Yo... volveré a mi aldea —Gaara se había parado de repente—. Iré a anunciar a la Hokage que estoy de acuerdo con las fechas del examen chunnin.

—Te acompaño —se ofreció Sai.

—No es necesario —el pelirrojo juntó sus manos para hacer un sello y la arena lo envolvió para después desaparecer del lugar.

El de ojos negros se quedó un poco pensante ante esa actitud hostil que tenía ese chico, misma que desaparecía cuando se trataba de Naruto.

(...)

—Qué dicen si volvemos a jugar Botella —propuso la peli-rosa mientras todos comían su respectivo plato de ramen.

—Sí, yo me apunto —dijo la ojiazul de cabello rubio y largo.

—No... yo ya no quiero jugar otra vez eso —expresó Naruto sin dejar de comer. Ese juego era del demonio.

—Vamos... ¿es que acaso Naruto Uzumaki, el futuro Hokage le tiene miedo a ese insignificante juego? —Desafió Sasuke.

—No le tengo miedo, teme —Naruto le miró de lado— pero tú mismo lo dijiste, es un juego sin sentido.

—Es cierto que dije eso... pero también pienso que jugarlo con las personas adecuadas puede convertir el juego en algo interesante —argumentó el muchacho en un intento de convencer al otro.

—No, no pienso aceptar —Naruto se negó rotundamente.

—Está bien, no te culpo por tener algo de miedo.

—¡Ya dije que no es miedo!

—¿Cobardía entonces?

—¡Es suficiente! Esta bien... jugaré para la siguiente ocasión —contestó no muy seguro.

—Bien, será a la siguiente —Sasuke sonrió triunfante.

Las dos únicas mujeres se sintieron excluidas de la plática, el mundo de Sasuke y Naruto parecía que solo era para ellos y que no pensaban admitir a nadie más. La pelirosada volteó a su izquierda, donde Sai miraba su platillo sin siquiera tocarlo.

—¿No tienes apetito, Sai? —preguntó.

—No mucho —contestó, y era verdad, su apetito se había marchado hace algunos minutos, junto con alguien.

(...)

—Ah, estoy satisfecho~ —enunció el rubio, sobándose la tripa.

—Si sigues comiendo de esa manera me dejarás pobre —Sasuke se quejó.

—Tú fuiste el que quiso pagar la cuenta —Naruto se defendió frunciendo el ceño.

—Si te hubiera dejado pagar te hubieras quedado empeñado.

—No exageres... si no me gasté tanto.

—¿No? ¿Pues es que no viste todo lo que comiste?

—Bueno, bueno... me vas a seguir criticando o qué, teme.

Sasuke cerró los ojos, pero no dejó de caminar.

—¿Te enojaste? —preguntó Naruto y se acercó al moreno.

Una sonrisa casi imperceptible se dibujó en el rostro del chico, Naruto era tan inocente e ingenuo, y eso le gustaba, lo aprisionó entre sus brazos.

—¿Qué… qué sucede? —las acciones de Sasuke desde que se habían aclarado los sentimientos de ambos, eran muy impulsivas.

—Gastar en ti no me importa, puedes comprar todo el ramen que quieras, pero claro dobe, yo quiero una recompensa —dijo con esa expresión característica en él.

—¿Qué-qué clase de recompensa...?

—Tú dime, ¿ya has pensado sobre el reto? —susurró a sus oídos— sobre lo que quiero.

—Eh... ¿Cómo voy a saberlo?, lo dices cómo si fuera un acertijo, temme —enunció el rubio, sonrojado por ese susurro que le hizo cosquillas.

—Si no tienes idea, entonces... ¿Qué es ese sonrojo? —Sasuke lo señaló con los ojos.

—E-es por tu mirada... —contestó.


Notas:

Me pedían capítulos más largos, pero creo que estoy forzando cosas que no tenía pensado incluir. Una disculpa si comienza a ser tedioso de leer.

Gracias por los comentarios aksdjhaksjd -lanza hearts-. Hasta otraaaaa.