La mayoría de los personajes no me pertenecen, son de Matt y Trey (suertudos). Este fic está dedicado a Gene, conocida como Coffig aquí en fanfiction :).
2.- Kyle Broflovski
Kyle Broflovski estaba harto de los cambios. No le gustaba la idea de una nueva escuela, de nuevas personas, y un ambiente distinto, mas sabía que en su situación era algo considerado necesario. Inclusive se atrevía a decir que en su nuevo colegio y aquella pequeña ciudad en Colorado, South Park, estaba mejor que en San Francisco, donde residía anteriormente.
Le gustaría también poder decir que era un adolescente normal, que tenía amigos normales y su única preocupación era decidir a qué fiesta iría, con qué chica o chico salir, de qué nueva manera podía desafiar a sus padres, y las nuevas combinaciones de ropa que podía hacer.
La verdad, era que desde que comenzó la escuela media, dejó de ser sólo un chico. Entonces comenzó a cargar cosas con las que no debería. Con las que nadie debería, todo aquello no se lo deseaba ni a su peor enemigo.
Y se arrepiente de su estupidez e ingenuidad de aquel entonces. No obstante dudaba que pensando en el pasado todo se solucionara por arte de magia. Estaba mejorando bastante, y era lo único que importaba de momento.
Sería estúpido negar que todo estaba en orden, cuando cualquiera con dos ojos podía notar que claramente no lo estaba. Tenía buenas calificaciones, sí, de hecho, se atrevía a decir que era de las personas que tendrían las notas más altas cuando los exámenes se avecinaran. Por el lado social no era tan afortunado y admitía que siempre fue así.
En parte porque quería, y por otro lado, tampoco dependía de él. Sus compañeros de instituto solían burlarse por cualquier motivo que encontraran, si no era por su religión, era por su cabello, si esto tampoco les era relevante, entonces salía a la luz su orientación sexual. Si no encontraban más motivos, entonces se metían con cosas irrelevantes como su ushanka verde o baja estatura. No siempre fue así. Se defendía. Respondía a las burlas e insultos como una persona segura del todo de sí mismo lo haría.
Después, dejó de encontrarle sentido a hacer eso si las cosas sólo empeoraban. Lo mejor era ignorar lo que otros decían o hacían, hasta que se hartaran de molestarle.
Podía no ser bueno en la mayoría de los deportes, pero era un experto ignorando.
Miró su vaso de agua y el plato de comida. Se llevó el primer bocado a la boca, y esperó. Se sintió aliviado al notar que no hubo nauseas. Sus hábitos alimenticios eran exigentes. No le era posible darse el lujo de comer todo lo que él quisiera, y en gran parte suponía su culpa. Su estómago seguía delicado, si llegaba a comer grandes porciones o cantidades fuera de lo que se le indicaba, eventualmente terminaba vomitándolo todo.
Y si aquello ocurría habría problemas.
Suspiró, intentado no pensar demasiado y procurando terminar pronto su almuerzo. Le dolía levemente la cabeza, sus medicamentos estaban agotados y al día siguiente debía ir a la biblioteca con Bebe Stevens para comenzar el trabajo asignado de historia. ¿Qué podía ser mejor? A la chica parecían no entrarle en la cabeza los datos históricos, y Kyle podía asegurar que se encontraría pensando en zapatos antes que en el proyecto. No la culpaba, ni siquiera a él le gustaba esa asignación.
Tweek, quien estaba junto a él tomando una taza de café y revisando sus apuntes de matemáticas, lo observaba.
—¿Seguro que estás bien? —Preguntó, hablando más rápido de lo necesario.
—Sí. ¿Por qué lo dices? —Inquirió, dando un pequeño sorbo al agua.
—N-no terminaste de comer. —Tweek señaló su plato, que seguía conteniendo comida.
—Ya me he llenado. —Respondió, restándole importancia al asunto.
—Pero casi no has comido. —Insistió, con un leve tic en el ojo derecho.
—No es que pueda hacer mucho más —Kyle se encogió de hombros— además has venido para que te explique ecuaciones, ¿no es así? —Tweek asintió con rapidez aproximadamente cinco veces— bien, es sencillo. Si la incógnita es esta, lo único que hay que hacer es hacer el despeje y las demás operaciones... —Señaló.
—P-pero, ¿y estos números de la derecha?
Kyle tuvo que aclararle cada duda a Tweek unas diez veces hasta que logró entender.
Su compañía no le desagradaba, eran buenos compañeros y se sentaban juntos en el descanso, pero no sabía si podía considerarle un amigo. El chico lo ponía bastante nervioso con todos sus temblores y tics constantes, pero él no era nadie para juzgar a los demás, por lo que intentaba ser paciente.
Era buena compañía, no su favorita, aunque había ocasiones en las que pasaba momentos entretenidos. No se quejaba.
Trabajar con Bebe Stevens no resultó tan malo como pensaba que sería. De la única manera en la que renegaba era rodando los ojos cuando Kyle le decía que hiciera algo o buscara algún concepto. Siendo novia de Clyde Donovan, imaginó que sería de la clase de chicas que no tienen la cabeza bien posada sobre la tierra. Fue una sorpresa ver que no era así; si bien no era lo que se dice inteligente, resultó ser bastante espabilada.
Era la clase de compañera de trabajo con quien le agradaba hacer proyectos. No intentaba sacar tema de conversación, hacía lo que él le pedía, y no le molestaba o hacía preguntas que no tuviesen que ver con el tema.
—Podríamos terminar la siguiente semana con esto si todos los días a partir de mañana avanzamos. —Comentó Kyle. Estaba seguro que ella deseaba tanto como él terminar lo más pronto posible, y si eso significaba un esfuerzo extra, lo valía.
—De acuerdo. Quiero terminar esto tan pronto como tú, Kylan, así que por mí bien. —Bebe comenzó a recoger sus cosas esparcidas por la mesa de la biblioteca, Kyle asintió, ignorando el error al decir su nombre. No se molestó en corregirla, y ninguno dijo nada más.
Y de un segundo a otro, Clyde Donovan apareció, probablemente para marcharse a casa con Bebe. Se tensó un poco al notar que lo observó. El muchacho llevaba el cabello castaño mojado, y él supuso que se debía a que los integrantes del equipo de fútbol americano acababan de terminar el entrenamiento y se habían duchado.
No era fanático para nada de aquel deporte. Conocía a sus integrantes por una razón desagradable: eran quienes solían burlarse de él. Le extrañó un poco que Clyde le dirigiera un par de miradas y no agregara algún comentario ofensivo como lo hacían cuando se encontraban en grupo.
Se marchó de ahí antes de que pudiera toparse con Dean o Brent. El único miembro del equipo al que nunca había escuchado burlarse de él era Stan el futuro capitán del equipo Marsh. Nunca cruzaba palabra alguna con él, y no era que pensara hacerlo, pero si tuviera que mencionar a alguien quien le agradara en lo más mínimo, sería él.
Al salir de la escuela, no notó que Tweek se hallaba esperándolo hasta que lo tuvo cara a cara.
—¿Qué haces? Te hubieras marchado, ahora te has retrasado por esperarme. —Preguntó, comenzando a caminar con Tweek a su lado.
—No importa. L-la verdad es que no me gusta regresar solo a casa. —Admitió, con cierta incomodidad.
—Ya, está bien. —Le ofreció una sonrisa tranquilizadora— aunque esta semana, y quizás parte de la siguiente estaré saliendo una hora después, tú sabes, por el trabajo de historia.
—Oh. Entonces quizás vuelva con Butters...
Butters era un chico menor con quien Tweek y Kyle se llevaban regularmente bien, a pesar de que no se sentaran juntos en el almuerzo, pues este tenía otro grupo de amigos conformados por estudiantes que Kyle no lograba reconocer.
A la mitad del camino, y habiendo dejado a Tweek en casa, se detuvo en una pequeña tienda con servicio las veinticuatro horas para comprar los medicamentos que le hacían falta. Era el lado bueno de vivir en una ciudad pequeña, no había grandes centros comerciales ni aglomeración de personas en un mismo sitio. Y él odiaba que alguien le viera comprando sus medicinas.
Sacó la receta médica de su mochila y lo entregó en la farmacia. La mujer se quedó observando durante unos cuantos segundos la hoja, y Kyle se mordió el labio inferior. Casi le sangra, mas se detuvo cuando le entregaron en una bolsa el pedido.
Pagó con la cantidad exacta, y después de darle las gracias a la mujer, intentó regresar rápidamente a casa. Justo al salir del establecimiento, chocó con alguien. No tropezó... Pero lo que sucedió tuvo suficiente para alterar su paz. El pequeño frasco con pastillas cayó al suelo. Su gorro se resbaló, y el cabello le quedó al descubierto.
Alzó la vista y se encontró con Stan Marsh y otro chico rubio que no pudo reconocer. Sólo lo había visto sentado en la mesa con Butters y otros chicos en los almuerzos.
-Lo siento. -Pronunció Stan. Lo miró a los ojos como si estuviera asegurándose de que era el mismo Kyle, su compañero.
El rubio recogió su gorro y se lo extendió, con una sonrisa. Stan por otro lado, tomó lo que menos quería. El frasco de pastillas. Por si fuera poco, se detuvo a leer la etiqueta. Kyle sintió las mejillas enrojecer de la vergüenza y los ojos vidriosos. Hizo lo primero que se le ocurrió; arrebatarle de un tirón el recipiente y volver a colocarse el gorro.
Notó que el rubio durante esos segundos no había despegado la vista de su cabello, pero estaba demasiado molesto y ansioso por salir huyendo de ahí como para detenerse a pensar demasiado en eso. Stan lo examinaba con curiosidad.
-Idiota. -Murmuró, incapaz de moverse de ahí, a pesar de que lo único que quería era salir corriendo.
-De verdad lo siento... No me fijé que... Quiero decir...-Volvió a disculparse, como si no conociera otras palabras además de esas.
Y cuando sus músculos reaccionaron, se marchó de ahí lo más velozmente posible.
Si a Stan se le ocurría contarle lo sucedido a sus amigos del equipo, estaría perdido. Por completo. Todo se volvería ir a la mierda.
Esa noche no pudo dormir muy bien.
La experiencia de llegar a clases al día siguiente no fue nada grata. Las manos le sudaban, tenía la respiración irregular y una enorme sensación de nervios. Hacía bastante que no sentía aquello y volver a experimentarlo no era satisfactorio.
Sin embargo, quedó consternado al notar que no sucedió nada. En toda la jornada. Ni en el almuerzo. Más bien, durante ningún momento del día se cruzó con Brent o Dean, para su gran alivio.
¿Qué había sido eso? ¿Stan Marsh no había dicho nada? Quizás, a pesar de parecer un egocéntrico al que le gustaba la atención de los demás puesta sobre él, era la única persona del equipo de la que tenía buenas expectativas. Sólo había sido una falsa alarma.
Se encontró sonriendo levemente, y tuvo que leer de nuevo el párrafo del libro que tenía enfrente.
Por otra parte la rutina con Bebe se repitió. Trabajaron, sin hablar mucho, y después de una hora salieron cada quien por su parte. No se asombró al ver que Tweek volvió a esperarlo.
—¿No ibas a ir a casa con Butters? —Quiso saber.
—S-sí. Pero quería pedirte un favor.
—¿Qué sucede?
—¿Conoces a Stan Marsh? —Kyle asintió— e-es mi compañero para el proyecto. Vamos a comenzar hoy, en mi casa, pero no quiero quedarme a solas con él, ¿entiendes? ¿Podrías, por favor, acompañarme? —Preguntó, dudoso— si no puedes no hay problema, es sólo...
—Iré, no te preocupes. —Le cortó, antes de que Tweek terminara de hablar.
Y volvió a sonreír sin razón aparente.
