South Park es de Trey y Matt... Todos lo sabemos... Y este fic está dedicado a Gene/Coffig. :)
4.- Algo que me de ese aliento
Aún tenía pesadillas. No podía controlar ese hecho, por más que quisiera. Siempre existían esos días en los que el recuerdo era inevitable y volvían a él como abejas a las flores. Y siempre eran parecidos, en todos veía algo similar. La visión borrosa de inconfundibles rostros y sus voces, mientras él se encogía en el suelo, incapaz de hacer algo, a pesar de que en su cerebro resonaran las palabras "paren" una y otra vez. Se sentía tan débil, tan indefenso, sin ser capaz de tomar el control del asunto y deshacerse de todo aquello de una vez.
Entonces despertaba a mitad de la noche, con la respiración alterada, y tenía que bajar a la cocina por un vaso de agua. Normalmente después nunca podía volver a dormir, y pasaba el resto de la madrugada observando el techo de su habitación.
Tenía una leve esperanza, de que algo podría mejorar pronto. Y por más pequeña que fuera, era eso lo que le seguía dando fuerzas para seguir adelante. Todo mejoraría en algún punto.
No existía peor día que los viernes. Agradecía que las burlas de parte del equipo de fútbol americano se limitaran a palabras estúpidas que podía ignorar. Pero siempre estaba la clase de educación física. Y él realmente odiaba esa clase. Le traía de los peores recuerdos que su mente era capaz de soportar.
Echándole una mirada a sus pantalones deportivos y la camiseta de manga corta que debía llevar, Kyle salió de los vestidores hacia las canchas, con la esperanza de que su profesor hubiese faltado por cualquier razón. Su suerte no fue exactamente buena en ese aspecto, cabe decir.
—Broflovski, fuera gorro —señaló el profesor hacia su cabeza. Una razón más para odiar la clase; con su ushanka al menos se sentía protegido. Algo inquieto, obedeció, poniéndolo en una de las bancas.
Ni siquiera se sorprendió cuando no tardó en escuchar risas en el fondo. Ya sabía de quiénes se trataba, por lo que ni siquiera se molestó en voltear su cabeza hacia atrás. No les daría el gusto de que le vieran a los ojos. Sabía que eso sólo les provocaría más satisfacción.
—¿Tu acondicionador se ha acado, Broflovski? Por poco y olvido que le das a tu cabello aún más cuidados que una chica —soltó Woods. Él apretó los puños, y cuando el silbato del profesor sonó, se concentró en dar las comunes diez vueltas a la cancha.
Claro que no sería tan fácil como eso. No se rendirían. Y lo comprobó cuando recibió un empujón que le dio directamente en las costillas.
—¿Así que no miras cuando te hablo? —Kyle lo ignoró. Pese a todo en ningún momento dejó de correr. Tampoco cedió la mirada, y se sintió orgulloso de eso.
La clase transcurrió de la misma manera en los siguiente cuarenta y cinco minutos. La diferencia entre esa ocasión y las anteriores, fue que su mirada se cruzó repetidas veces con la de Stan Marsh, quien, por mucho, era el mejor de la clase. Aquel chico lo ponía de los nervios. ¿Quién se creía para aparecerse de la nada y disculparse con él cuando no había nada que perdonar? Las personas rara vez se disculpaban, y era un momento extraño para comenzar a recibir disculpas de parte de quien ni siquiera consideraba un amigo.
De hecho, las primeras semanas de clases ni siquiera había reparado en su presencia. ¿Por qué, entonces, de repente lo notaba?
Cuando sonó el timbre, sintió un enorme alivio, que desapareció en cuanto cayó en cuenta en el sudor que tenía en el cuerpo, provocándole una sensación que le desagradaba bastante.
Se disponía a darse una buena ducha para, de paso, revisar si le quedaría una hematoma gracias al golpe recibido. Procuró aminorar el paso para no ir al ritmo de sus compañeros, y, concentrado del todo en eliminar la mirada azulada de un chico con el que jamás habría imaginado que cruzaría palabra, apenas y sintió el tirón que su brazo recibió.
Al voltear la mirada descubrió a su hermano menor, apenas unos cuantos centímetros más bajo que él, mirándolo sonriente. Él arqueó una ceja.
—¿Qué haces aquí? —preguntó, sintiéndose extrañado, pues Ike nunca lo saludaba en la escuela, ni cuando tenía la oportunidad.
Su relación con su hermano menor era la mayor parte del tiempo buena, y agradecía enormemente tenerlo a su lado. Sabía que podía contar con él, y era una de las personas que se mostraba más comprensiva en todo lo que le respectaba.
—Vamos, no me digas que no puedo pasar a saludar a mi hermano —su sonrisa se ensanchó y le colocó un brazo sobre los hombros.
—Y lo que esta vez quieres es... —comenzó, esperando que Ike terminara la frase.
—¡Nada! De verdad, sólo te vi por aquí y quería pasar a saludar —entonces algo hizo click en la mente de Kyle, y entendió por qué Ike estaba ahí, preguntándole cómo se encontraba en lugar de estar sus clases.
—Por favor dime que no has visto... —pero era inútil, pues Ike ya había dejado su sonrisa, reemplazándola con una mueca que hacía cada vez que dudaba en decir algo.
—Y también oí todo —asintió—. Ky... Has dicho que aquí todo estaba bien. ¿Por qué mentiste? Sabes que esto puede hacer que tú vuelvas a... —calló, mordiéndose el labio inferior para contener las palabras que Kyle menos quería escuchar.
—Es que de verdad está todo en orden, Ike. Son sólo palabras. No pueden hacerme daño. Además, los únicos que dicen algo son los imbéciles del equipo de fútbol americano -rodó los ojos.
—Lo que yo he visto no han sido palabras. Y tú lo sabes —Ike le dirigió una mirada reprobatoria y se sintió patético: siendo reprendido por su hermano menor. Se suponía que eso no tenía que ser de esa manera.
—Mira, estoy bien. De verdad. Sólo te pido que no le digas a mamá. Nuestros padres ya han hecho suficiente esfuerzo al mudarnos a otra ciudad como para darles más problemas, ¿entiendes?
Ike dudó, y al cabo de unos segundos, pareció entender el punto de Kyle.
—Bien. Pero por favor, si sucede algo dime y no te quedes en silencio —no apartó los ojos de Kyle, y calló unos instantes en los que parecía estar eligiendo las palabras adecuadas para concluir su frase—. Recuerda que así comenzó la última vez. Con palabras.
Un escalofrío recorrió la espalda de Kyle y, sin saber de qué manera responder a Ike, se limitó asentir.
—Ahora dime quién era ese chico alto de cabello negro y ojos azules —añadió Ike, intentando cambiar de tema. La sonrisa volvió a formarse en sus labios y Kyle sintió alivio al comprender que la conversación 'importante' había llegado a su fin.
—¿Por qué? —preguntó, intrigado.
—Es muy extraño, me refiero. No paraba de mirarte, y cuando los demás hacían algún comentario, parecía apunto de intervenir. Abría la boca pero no decía nada, simplemente se quedaba ahí, como un idiota total.
Kyle rió.
—El otro día se disculpó conmigo por... Sinceramente no entiendo por qué. Quizás es porque no acepté sus disculpas de buena gana, y como es Stan soy fantástico Marsh, no consciente que alguien no acepte tal honor —Ike se le unió en su risa.
—Pero no me digas que no tiene una increíble figura, ¿eh? Tanto entrenamiento le ha servido de algo... —comentó, sin poder contenerse de darle un suave empujón a Kyle.
—Bien, admito que ese es un buen punto... Espera, Ike, ¿de qué hablas? Jamás te había escuchado hablar así de alguien que... Tu sabes, que no sea una chica. —frunció el entrecejo, confuso por el reciente comentario.
—Ya, pero eso no quiere decir que no pueda mencionar algo así con el fin de convivir con mi hermano favorito
—Soy tu único hermano —le recordó Kyle, mirándolo con un gesto de genuina extrañeza.
—Lo sé —Ike volvió a sonreír, y antes de que alguno volviera a articular palabra, el timbre sonó.
—Maldita sea Ike, ahora tendré que esperar a llegar a casa para poder ducharme —replicó, soltando un suspiro.
—Oh, vamos, como si no pudieras soportar un par de clases más... —le proporció unos golpecitos en el hombro y le miró—. Nos vemos. Ya perdí la clase de lengua. Cuídate, ¿sí?
Kyle asintió, y mientras Ike se perdía de su campo de visión entre algunos árboles y salones de clases, evitó analizar con profundidad las palabras dichas instantes atrás.
No podía culpar a su hermano por preocuparse, sin embargo, eso no significaba que se sintiera inútil por completo. Odiaba no tener el completo control de la situación.
Odiaba seguir sintiéndose solo. Odiaba desear tener más compañía además de Tweek. Odiaba saber que, en el fondo, seguía sin estar completamente bien. Seguía siendo una mierda, para qué negarlo.
El lado bueno era que tenía a su familia, y dentro de su pecho, después de todo lo que le había ocurrido tiempo atrás, sentía que podía mejorar. Que pronto agradecería haber luchado. Que todo volvería a tener sentido y esa sería una historia más.
Sonrió débilmente, con la mirada perdida hacia ningún punto en específico.
No era sorpresa que recibiera una "A" en química. Siempre le gustaron las ciencias, y, cuando la profesora lo felicitó por su excelente trabajo, incluso olvidó que tenía la urgente necesidad de darse un baño con agua tibia.
Pero cuando les ordenó a Wendy Testaburger y a él apoyar a algunos de sus compañeros que requerían de ayuda, deseó no haber finalizado primero que todos el trabajo.
Como Tweek era uno de aquellos que "necesitaban apoyo", fue de inmediato hacia él. En ocasiones como esa, agradecía infinitamente llevarse bien con el chico, e incluso le explicó con gusto las veces que fueron necesarias para que comprendiera la manera correcta de realizar las fórmulas y procedimientos.
Wendy Testaburger, además de ser la perfecta chica del curso, la presidenta del grupo de debate, y la maravillosa novia de Stan Marsh, era quien mejor nota obtenía en todas las materias. Al igual que él. Entre ellos existía una relación cordial. Casualmente se daban los buenos días, no obstante, en el aula de clases era diferente. Entre ambos existía algo así como una pequeña rivalidad, en la que ambos esperaban contestar mayor número de preguntas que el otro cada vez ninguno de los demás era capaz de responder.
Ese día, olvidó su pequeño desafío y se resignó a ayudarle sólo a Tweek. No quería tener que acudir con nadie más, pues los demás estudiantes que requerían ayuda eran, sino quién más, los integrantes del equipo de fútbol.
Y como había tenido suficiente en la cancha durante la clase de educación física con aquel empujón, decidió que ya habría otro momento en el que pudiera volver a su habitual rutina de 'competir' con la chica. Y ella tampoco parecía muy interesada en ver a quiénes ayudaba Kyle. Estaba demasiado concentrada tratando de explicarle a Stan Marsh un concepto que parecía no entrarle a la cabeza.
Sonrió, divertido. Parecía tener incluso más problemas que Tweek en la materia.
