Dedicado a Gene, Coffig. South Park sigue siendo de Trey y Matt.
5.- En el momento exacto
A Stan le encantaba salir con su novia, de verdad. Pero había que admitir que no era divertido cuando invitaba a Bebe, una de sus amigas, a salir con ellos. En especial si le encargaban cuidar sus bolsas de compras mientras seguían comprando aún más. Creía que no tenía sentido, al ser sólo ellas las que se divertían.
Él moría por ir a la tienda de videojuegos que se hallaba cerca. Observando las compras de las chicas, se lamentó no poder moverse de su lugar. Incluso habría preferido pasar el día en casa de Tweek Tweak avanzando el trabajo de historia.
Después de mandarle un mensaje de emergencia a Kenny, en el que demandaba que se presentara en su ayuda, no quedaba más remedio que seguir esperando. Todo eso valía la pena por una razón: después Wendy estaría feliz y satisfecha con él. Tamborileó los dedos en su muslo, observando como caía el agua en una fuente cercana a sus asientos.
Comenzaba a hacer frío y gemía en forma de queja, lamentando haber pasado por alto las réplicas de su madre, quien le insistía en llevar un suéter. El cielo estaba parcialmente cubierto de unas cuantas nubes grises, y pensó que pronto la temperatura comenzaría a bajar tanto, que sería casi imposible tener las prácticas del equipo al aire libre.
El invierno era una mierda. Que se fuera al infierno quien dijera lo opuesto.
Se frotó las manos en busca de algo de calor cuando Kenny apareció.
—¿Qué hay? Creí que saldrías con Wendy —comentó Kenny, sentándose a su lado en una de las sillas vacías.
—Sí, pero... —señaló las bolsas cercanas y su amigo rió.
—Claro, casi olvido que cuando una chica dice 'vamos de compras' —dijo, imitando pésimamente una voz chillona— se refiere en realidad a 'yo compro, tu esperas y cuidas las cosas'
—Si ella es feliz con eso, está bien —murmuró.
—¿Y tú lo eres? —Kenny arqueó una ceja.
—¡Claro que sí! ¿Estás loco? Wendy es la chica más linda de todo el curso, además es amable, tiene excelentes notas y... —se sobresaltó enormemente al sentir una suave mano acariciando su cuello.
Al voltear hacia atrás y ver a Wendy resplandeciendo de felicidad, sonrió.
—¿Hablando de mí? —le dijo la chica, riendo.
—Justamente eso hacíamos —respondió Kenny, al mismo tiempo que se levantaba de su asiento para saludar a Wendy.
Stan sabía que su amigo sólo era cortés, porque él y Wendy no eran exactamente cercanos. Cuando le comentó que había empezado a salir con Wendy, casi pega un grito en desacuerdo. Él le respondió con sinceridad, y le dio la opinión que todo buen amigo daría: una honesta, y no sólo con palabras vacías, como hubiera sido el caso si éste sólo hubiese dicho lo que él quería escuchar.
Kenny decía que Wendy era buena chica, pero que no sabía si lo suyo realmente llegaría a funcionar a largo plazo, como algo estable, que era lo que Stan buscaba. "Como amigos ustedes se entenderían muy bien, ya lo creo", le había dicho. El rubio se resignó cuando decidió que ya llevaban juntos un tiempo considerable. Stan le agradecía esto. Kenny era de aquellos en los que sabía que podía confiar, y que le dijese eso no le cayó en gracia, a pesar de saber que lo decía por su bien. Principalmente porque él estaba seguro que él estaría bien con Wendy. Todo iba de maravilla.
—¿Cómo estás, Kenny? ¿pasabas por aquí? —preguntó. Stan le envió señales con la mirada a su amigo para que respondiera afirmativamente. Porque claro, no quería que su chica pensara que se aburría. Aunque eso tuviera un poco de verdad.
—Ya sabes, pasando el rato —suspiró, estirando los brazos.
—¿Dónde está Bebe? Creí que vendría contigo —inquirió Stan, mirando con curiosidad los ojos azul cerúleo de ella.
—Ehh... Verás, justo por eso he venido —comenzó ella, mordiéndose el labio inferior. Stan tuvo que hacer un gran esfuerzo para no interrumpirla y robarle un beso—. Ella se ha sentido un poco mal desde la mañana y creo que lo mejor será que regrese a casa pronto. Está en una banca frente a la tienda de ropa de la esquina, esperando a su padre para que venga por ella —paró unos segundos, en los que observó a Stan a los ojos con genuina preocupación—. El punto es que sólo he venido por sus cosas y a despedirme, de verdad lo lamento.
—No pasa nada. Ya saldremos en otra ocasión. Manda saludos de mi parte, ¿sí? —se acercó, y tomándola por la cintura, le dio un suave beso en los labios.
Kenny los observaba enarcando una ceja.
—Te lo agradezco, no sabes cuanto. La verdad es que me siento un poco culpable porque en primer lugar yo la invité... —suspiró.
—Tranquila. Otro día podemos ir a almorzar, ¿te parece? —ella asintió y le besó la mejilla.
—Hasta luego Kenny —se despidió, alzando una mano.
—Suerte —murmuró su amigo, aún con esa mirada que a Stan no terminaba de agradarle.
Y cuando la chica se hubo alejado con sus bolsas de compra, y ambos chicos se hubieron quedado solos, Kenny rió.
—Vaya mierda, ¿eh, amigo? —se burló.
—No es gracioso —frunció el ceño—, demonios, ya sé que tengo una horrible suerte, no tienes que recordármelo —bufó.
—Sí lo es. Anda, dime, ¿cuántas veces en estos siete meses han salido ustedes dos solos? —su sonrisa se ensanchó y a Stan le entraron ganas de darle un buen golpe, porque sabía que Kenny tendría la razón.
—...Cuatro —murmuró, de mala gana.
Kenny volvió a reír, esta vez con mayor intensidad.
Stan se encogió de hombros, incómodo, sin poder negar que aquello vaya que era un gran motivo de burla. Ni se imaginaba la cara que pondría Dean si se enteraba.
—Bueno, muero de hambre, ¿vamos a comer algo, por lo menos? —propuso, ya sin reír.
—Venden unas hamburguesas increíbles por aquí cerca... Yo invito, sólo porque te hice venir para nada
Stan sabía que Kenny no solía visitar centros comerciales como aquel. Su familia no era de grandes recursos económicos, por lo que evitaba frecuentar lugares donde los precios fueran muy elevados. También había que tener en cuenta que Kenny detestaba pensar que sentían lástima hacia él. Sin embargo, nunca rechazaba las invitaciones de Stan, quizás porque sabía que no lo hacía por lástima, sino por su naturaleza amable.
—Vamos, no importa, hombre. Pero si dices que son tan buenas, que remedio... —sonrió.
Hacía media hora que habían pedido su comida y seguía sin estar lista. Stan estaba a punto de levantarse con furia y mandar al demonio a todas las cadenas de restaurantes de supuesta comida rápida. Le gruñían las tripas y su boca suplicaba por un vaso de agua. Lo único que conseguía mantenerlo quieto, en su lugar, esperando pacientemente su jodida hamburguesa, era la latente y casi palpable intriga que le daba el chico sentado unas cuantas mesas a la derecha de ellos.
Reconoció su gorro desde que entraron al local y le era imposible apartar la vista durante mucho tiempo. ¿Qué hacía ahí? ¿Por qué estaba solo? ¿por qué no había pedido nada mas que un té helado?
—Otra vez solo... ¿por qué será? Creí que tendría al menos un par de amigos... —comentó Kenny, sobresaltándolo. Apartó la vista, dirigiéndola ahora hacia la mesa, como si fuera suficientemente interesante.
—¿A qué te refieres? -preguntó, a pesar de haber comprendido desde un primer instante.
—¿Que si a qué me refiero? —Kenny soltó su típica risa burlona- has pasado todo el rato con la mirada puesta en él, Stan. Pero —de un instante a otro la expresión de Kenny cambió. Dejó de ser divertida para cambiar a un aire serio. Eso nunca significaba nada bueno—, no te comprendo. Dejas que todo tu séquito de cabrones a quienes te atreves llamar amigos le jodan aún más la existencia, pero sientes culpa y curiosidad por el chico. ¿Quién te entiende, amigo?
—Entonces, según tu maravilloso criterio. ¿Qué más puedo hacer? —y Kenny abrió la boca para responder, no obstante, Stan lo calló en el último momento—. Exacto, ¡nada!
—Lo que a ti te pasa —empezó su amigo, señalándo con un dedo—, es que te importa demasiado lo que los demás dicen de ti, compañero.
—¿De qué hablas? Claro que no, es que...
—Por favor Stan, ¡en la escuela ni siquiera me hablas a mí! A mí que soy como tu puto hermano!
Oh no, y ahí iban otra vez. Evitaba lo más posible hablar con Kenny de aquel tema. La última ocasión en la que salió la conversación, terminó en un desastre. Y podía jurar por todos los cielos que no lo hacía a propósito. Si fuera por él, se iría a la mesa a la hora del almuerzo con Kenny. Pero era necesario que el equipo estuviera unido. Funcionaba de esa manera; entre mejor fuera su relación, el desempeño en los partidos y prácticas sería fantástico.
Mas Stan nunca llegó a plantearse si lo que realmente quería era relacionarse demasiado con aquellos como Dean, Brent, o incluso Clyde.
—Es diferente, te he dicho que... —Kenny volvió a callarlo.
—Basta, ¿quieres? Sé lo que dirás. Olvídalo —hizo un gesto de apatía, y tras unos segundos de silencio en los que Stan no sabía si debería de hablar o no, el rostro de Kenny volvió a formar su usual sonrisa, y agregó— ¿y si lo invitamos a que venga con nosotros? No lo he visto que haya comido, debe de estar esperando como nosotros.
—¿Qué? ¡No! —Kenny lo miró con desdén, alzando una ceja, y se corrigió—. No es por nada. Sino que me odia y —Kenny soltó una risa sarcástia— ¡es enserio! Parece que quiere matarme con la mirada.
—Estás exagerando. Además, si no le agradas... En ese caso iré yo —confiado, se levantó de la mesa y se dirigó hacia donde Kyle, ante la mirada desconcertada de Stan por haberlo dejado solo, como si aquel fuera la mejor idea que se le hubiera ocurrido en años.
Sin saber de qué otra forma responder ante aquello, lo siguió, algo inseguro.
...Y hasta aquí. Iba a seguir con el capítulo porque realmente no ha ocurrido mucho, pero estaba quedando largo a mis usuales 1600 palabras, y era cortarlo aquí o hacer un capítulo como de 5,000 palabras que iba a tardar más tiempo en estar listo.
