La canción mencionada más adelante es Carry on my wayward son. Seguro la conocen gracias al capítulo de guitar hero.
Este fic sigue siendo regalo para Gene, Coffig, y south park sigue sin pertenecerme.
8.- Adelante
Vale. Que admitía que Stan Marsh no era tan desagradable como creía. Pero joder, qué físico tenía. Podía enumerar fácilmente en una enorme lista cada aspecto que le gustaba de él y no terminaría nunca. La desventaja, fue que al aceptar ser su amigo tendría, por regla, no tener ese tipo de pensamientos hacia él. Pero, por ese instante, que se fuera a la mierda el resto del mundo y las normas que no estaban escritas y todos seguían como protocolo.
Porque cuando Stan Marsh se acercó a revisar el moretón que tenía en las costillas, sintió como si la piel le quemara. No podía decir si era la suya o los dedos del otro, pero podía jurar que sintió un cosquilleo agradable y seguido una sensación de quemazón. Lo que hizo fue apartarlo. Stan Marsh no tenía ni idea de que si se quedaba un segundo más en esa posición, tan cerca de su piel, una erección no tardaría en nacer de su pantalón. Y no quería espantarlo, porque era de esos chicos súper heterosexuales que ni en mil años se les ha cruzado por la cabeza tener un contacto más allá de la amistad con otro chico.
Pero en la soledad de su habitación, nadie además de él podía saber lo mucho que le ponía. Tal vez por eso aquella mañana había terminado con la mano colándose entre sus pantalones de dormir, siguiendo el mismo ritmo lento y acompasado. Arriba, abajo, arriba, abajo. Y un poco más. Tampoco se paró a pensar en ese momento que odiaría limpiar el desastre que dejaría en sus sábanas. Y ya que no estaba siendo racional, ¿qué más daba?
Con la respiración entrecortada, aceleró el compás hasta terminar corriéndose en su mano. Soltó un gruñido, satisfecho, y se quedó un instante observando el techo de su habitación, deseando quedarse bajo las tibias mantas y con esa sensación de relajación todo el día. Sólo hasta que escuchó el grito de su madre al otro lado de la puerta, llamándolo para que saliera de una vez por todas, se levantó con pereza de la cama. Enrrolló las sábanas para después poder meterlas en la lavadora, y después de una rápida ducha, comenzó a vestirse para asistir a clases.
Lo que irremediablemente llevaba preguntándose desde el día anterior, era si Stan Marsh se comportaría como su amigo frente a los demás, o sería más bien algo como soy tu amigo pero nadie más lo sabe. Al parecer se trataba de lo segundo. No le sorprendió, y aún así no pudo evitar sentirse levemente decepcionado. Por otro lado, comprendía un poco el por qué lo hacía. Y es que no podía simplemente llegar de un día a otro y comportarse como si fuera su amigo de toda la vida. Ni siquiera podía ser de esa forma estando a solas, y era totalmente consciente de ese hecho. No es como si fuese a llegar y contarle toda su vida a alguien que, prácticamente, seguía siendo apenas un conocido.
Por lo que temía, era que Stan Marsh ya había demostrado ser esa clase de persona que hace romper los estándares, aquellas reglas que con el tiempo, en silencio, se forman gracias a lo vivido.
Y cuando Stan lo miró, con sus enormes ojos azules que resaltaban gracias a su cabello oscuro, y le dedicó una fugaz sonrisa, desde el otro lado del aula de clases, sentía que quizás, sólo quizás, valía la pena arriesgarse. Sólo un poquito.
Eso, o ya tenía el juicio bastante nublado y era demasiado tarde para arrepentirse.
Lo que no le resultó extraño, fue que Brent y Dean no le molestaran. En realidad, aquel día estaba pasando con bastante tranquilidad. Más de la normal. Sospechaba que tenía que ver con Stanley, porque, aunque ni loco le imaginaba defendiéndole cual príncipe a una princesa en apuros (y él no era una jodida princesa que necesitara ser rescatada. Ni Stan un puto príncipe. Estaba muy, muy lejos de serlo.) ,probablemente fuese que encontrara un modo de mantenerlos ocupados con otros asuntos. Y le agradecía, porque era lo mínimo que Stan Marsh podía hacer por él en ese momento.
Durante el almuerzo se sentó en la misma mesa de siempre, con Tweek ya sentado y bebiendo un café de forma apresurada. El chico se encontraba tranquilo, cosa rara en él. No existía día en el que los ligeros temblores en su cuerpo no hicieran presencia. Por eso, cuando unos cuantos minutos después, lo observó removerse en su asiento con inquietud, derramando algunas gotas de café en la mesa en el proceso, no le tomó demasiada importancia. Hasta que con la mano libre, con la que no sostenía el termo de café, empezó a dar tirones nerviosos a su cabello, viendo algo en específico de lo que Kyle no se percataba gracias a la posición en la que estaba sentado.
Cuando volteó la cabeza por curiosidad, hacia el mismo punto que Tweek veía, lo único que pudo pensar es que la tranquilidad del día estaba por terminar en unos cuantos segundos. Vaya suerte. No era nada inusual: los dos más imbéciles del equipo de futbol miraban en su dirección con una sonrisa burlona. Dieron un paso hacia ellos. Y dos. Y tres.
Y antes de que se formulara otro pensamiento en su mente, Stan Marsh apareció de algún lado de la cafetería. Se paró frente a ellos y parecía haber comenzado a hablar sobre algo que arrancó risas en los otros. Para entonces su atención ya estaba desviada y ni siquiera parecían recordarlos.
Suspiró y una tímida sonrisa se formó en sus labios.
Tweek dejó de tirar de su cabello y arqueó una ceja. Kyle podía jurar que era la primera vez que le veía hacer ese gesto. Los temblores volvieron a detenerse.
—¿Estás bien? Luces —hizo una breve pausa, como si pensara cómo continuar— d-de mejor humor que de costumbre.
—Oh —murmuró— no es nada. Supongo que estoy aliviado porque no falta mucho para terminar lo de historia, ¿sabes? Es bueno pensar que finalmente me libraré de eso —removió con un tenedor la ensalada que apenas y había probado. Tweek asintió, al parecer satisfecho con su respuesta.
Nadie notó que él volvió a sonreír.
Las tutorías de química y física con Stanley comenzaron dos días después. Y como el día anterior Bebe y Kyle habían terminado su trabajo, Kyle se permitió volver a casa temprano justo al finalizar las clases para ordenar las cosas que utilizaría.
Era normal para él enseñar alguna materia. Con sus buenas calificaciones siempre hubo quien le pedía de favor ayuda para recuperar asignaturas. Quizás de mayor podría ser un buen profesor.
Ya lo pensaría luego.
Sacó de su mochila los libros que necesitarían, lápices y hojas en blanco. Sólo quedaba esperar. Se sentó en una de las sillas y cerró los ojos un instante.
Su pie comenzó a golpear el suelo al ritmo de una melodía que sonaba en su cabeza.
—On a stormy sea of moving emotion —tarareó, aumentando el volumen de a poco—, tossed about I'm like a ship on the ocean... [1]
—I set a course for winds of fortune... But I heard the voices say [2] —Otra voz terminó por él.
Y Kyle se sobresaltó como nunca en la vida, abriendo los ojos de golpe para encontrarse con Stanley mirándolo con una sonrisa, parado en el marco de la entrada hacia la cocina.
—¡Eh, no te detengas por mí! —rió.
—¿Qué haces tan temprano? ¿y quién te dejó entrar? —preguntó, todavía sobresaltado.
—Ya terminó la práctica. No es tan temprano. Tu hermano me dejó entrar, dijo que estabas aquí.
—Ah. Y... Espera, ¿conoces la canción? —frunció el ceño, cayendo en cuenta de que, de hecho, Stan había cantado la línea correcta.
—¡Claro que sí! En realidad es gracias a mi padre. Solía tocarla en una vieja guitarra eléctrica que tenía —mencionó, acercándose hacia Kyle y tomando asiento en la silla de al lado. Dejó su mochila en el suelo, a su costado, y lo miró con sus ojos azules. Tan azules como el mar cuando comenzaba a anochecer.
—¿Tu padre toca la guitarra? —Kyle dejó escapar un suspiro asombrado.
—Algo así. Quiero decir, algunas canciones. Incluyendo esa, claro. La he escuchado tantas veces que podría cantarla al revés.
—Asombroso... —musitó.
—No tanto. No dirías lo mismo si lo conocieses en persona —volvió a reír levemente y seguido se aclaró la garganta—. ¿qué me dices tú?
—Es bastante más aburrido. Sólo... Me gusta la canción. Y la música en general, de hecho. Tengo una guitarra acústica con la que tocaba de vez en cuando.
En esa ocasión fue turno de Stanley se asombrarse.
—¡Genial! ¿Cuándo me dejarás escucharte?
—Ha pasado un tiempo desde la última vez que he tocado. Pero supongo que puedo, si quieres —recordó.
—Sería fantástico. También me gusta la música, pero te admitiré que no soy un experto, así que tendrás que enseñarme algunas canciones —Stanley no paraba de sonreír. Y Kyle no sabía cómo reaccionar ni qué decir.
Se encogió de hombros y carraspeó.
—Entonces, ¿comenzamos con física o química?
—¡Ah, cierto, lo había olvidado! —rió. Kyle pensó que podría acostumbrarse fácilmente a escuchar la risa de Stanley—. Física está bien.
Asintió. Y le sonrió de vuelta.
Si Stan en realidad no comprendía sus explicaciones, no lo demostraba. Todo fue demasiado tranquilo, y Kyle no le respondió más de tres dudas. Los ejercicios planteados estaban igualmente bien hechos. Lo que él podía notar era que ciertamente no es que el chico fuera tonto. Todo lo contrario. Parecía captar rápido, así que, o el método de enseñansa de la escuela no le estaba sirviendo o no sabía cómo ordenar los conocimientos. Tal vez ambas.
—No puedo creer que ya esté por anochecer. El tiempo se ha pasado muy rápido, ¿no? —Stanley estiró los brazos en lo que Kyle recogía sus propias cosas.
—Puedes quedarte a cenar si quieres —comentó Kyle. Por educación. Y porque realmente podía hablar con Stanley Marsh y no aburrirse o entrar en estado de alerta. Era agradable.
—¿Tus padres no tienen problemas con eso? —Stan también comenzó a guardar sus útiles y a colocarlos dentro de la mochila.
—Para nada. De todas formas, la cena la hago yo.
—¿Cocinas? —Stan volvió a poner esa expresión de impresión. Con los ojos bien abiertos y la boca ligeramente curvada en una "o". A Kyle le entraron ganas de sonreír.
—Eso creo. Quiero decir, sí. Pero no es que lo haga estupendo ni nada. Si lo hago es sólo porque... —Kyle dudó unos segundos antes de continuar—. No como lo mismo que mi familia.
—¿Eres vegetariano o algo así? —Stan se tocó distraídamente el cabello con una mano y la otra estaba posada sobre la nuca. Kyle se removió sobre la silla.
—No. Es... Es complicado —suspiró— no siempre puedo comer lo mismo que mi familia. Algunos alimentos restringidos y cosas por el estilo.
—¿Qué tipo de alimentos? —el chico lo observó. Le estaba prestando su completa atención, y Kyle se sintió abrumado. Jamás se había sentido escuchado de esa manera, excepto quizás con su hermano. Parecía que no podía estar sucediendo.
—Comida rápida, tú sabes, cosas fritas y demás. Pero mi doctor vigila mi alimentación, así que aunque mi madre prepara 'comida sana', tengo que seguir el régimen. Es un fastidio. —rió suavemente.
—Ya. ¿Es por eso que aquel día, en el local, no quisiste ordenar una hamburguesa? —Kyle asintió, con la vista clavada en el suéter que traía puesto y jugando con las pelusas sueltas— lo siento —murmuró Stan.
—No lo sabías, eso no importa —negó con la cabeza.
—Es una lástima. Ahí la comida es realmente buena —se detuvo un momento y después se acomodó en la silla, con una expresión diferente. Kyle no pudo decifrar de qué se trataba—. ¿sabes? No sé qué es lo que te sucedió para que sea así, y no tienes que decirme, lo entiendo. Pero confío en que pronto eso cambiará, y cuando suceda, lo primero que haré será llevarte ahí de nuevo, y probarás las papas fritas, una hamburguesa y la maldita mejor malteada del lugar.
Kyle no sabía cómo sentirse. De verdad que no. Con la media y decidida sonrisa de Stan, mirándolo fijamente, dejándolo sin escapatoria, simplemente no podía apartar la vista por más que era lo que en ese instante deseaba. Era como si siempre regresara hacia el mismo punto. Tragó saliva, y no le salieron palabras de los labios. Asintió.
—¿Cenarás aquí, entonces? —murmuró, seguido de un corto silencio.
—Seguro.
El contacto visual no se rompió hasta que Stan bostezó y Kyle aprovechó la oportunidad para escapar. Porque así se sentía; atrapado.
[1] En un mar tormentoso de emociones en movimiento, estoy sacudido como un barco en el océano...
[2] Tracé un camino para los vientos de la fortuna, pero escucho a las voces decir...
¡Saludos a todos y gracias por sus comentarios que me animan mucho!
Pd: ¿Tengo que volver a recalcar que Kyle no está enamorado de Stan? Espero que se note que, ya, vale, el chico le gusta, es obvio. Pero no así.
