Disclaimer: Dissidia Final Fantasy no es mío.
Personajes: Zidane Tribal, Warrior of Light (Guerrero de la Luz)
Género: Amistad, algo de Humor
Clasificación: G / K
Advertencias: Ninguna.
Palabras: 524
Beta: Halfwolf, Yin tiempo
Nota: Para el histeria fandom de livejournal.
No que el líder de los guerreros de Cosmos no le agradase, muy por el contrario, pero Zidane no podía dejar de pensar que si el Guerrero de la Luz no se comportara de una manera tan fría y distante, su relación con el grupo sería mucho mejor. Y, a decir verdad, al estar tan poco acostumbrado a que la gente lo tratase de aquella manera (incluso Squall podía acercarse de vez en cuando), la presencia del mayor podía resultarle… incómoda.
A pesar de considerarse una persona bastante positiva y alegre que siempre veía el vaso medio lleno, el ladrón maldijo su suerte cuando supo que no le quedaba otra más que acompañar al Guerrero de la Luz en una travesía. La maldijo aún más cuando supo que su destino no era otro que la zona que rodeaba al antiguo Monte Gulg, aquel volcán inactivo cubierto de nieve.
La ropa de Zidane estaba diseñada para el combate aéreo, su especialidad. Saltar, correr, esquivar; básicamente estar alejado de la tierra, despegar sus pies de ella, gran parte del tiempo. Todo requería que lo que llevara puesto no se convirtiera en un fastidio a la hora de patear traseros malvados.
Y por primera vez en su vida envidió la vestimenta de sus otros compañeros: capas que les llegaban hasta poco más arriba de los talones, armaduras de grueso espesor, capas y capas de tela.
No obstante, cuando esa orden le había sido dada, Zidane había aceptado sin chistar. Si bien prefería quedarse a coquetear con Tifa o Yuna, o a jugar con Bartz, él era un guerrero invocado por Cosmos; su deber estaba por sobre todas las cosas. Además, no podía abandonar a una dama tan bella como su diosa, ¿verdad?
Unas horas después de haberse puesto en marcha, el Monte Gulg empezaba a divisarse. El frío se hacía cada vez más y más intenso, al punto de que el ladrón pronto comenzó a tiritar y a frotar sus manos enguantadas contra sus brazos descubiertos, mientras su rabo se enrollaba. El Guerrero de la Luz no tardó en caer en la cuenta de ello, y, con su rostro típicamente imperturbable, dijo:
—No has traído más abrigo que lo que llevas puesto, ¿verdad?
Zidane negó con la cabeza, encogiéndose, tratando de conservar el poco calor que su cuerpo tenía. "De haberlo tenido, ya lo tendría encima, genio" pensó, ligeramente cuestionando la capacidad mental de su líder. Pero antes de que pudiera seguir con ello, un manto amarillo apareció cerca de su rostro.
—Deberías habérmelo comunicado antes —dijo el mayor, entregándole su capa—. Somos camaradas, debemos ayudarnos entre nosotros. No importa de qué se trate.
Un tanto estupefacto, Zidane aceptó el largo pedazo de tela y se quedó unos segundos mirándola, todavía analizando lo que acababa de ocurrir. Reaccionó y levantó la vista, sólo para ver al guerrero sin capa alejarse.
Colocándosela encima, sonrió anchamente. Dio unos pasos rápidos y aminoró la marcha cuando se halló caminando a la par del de cabellos grises.
Debajo de todas esas capas de aparente comportamiento distante, disciplinado y frío, el Guerrero de la Luz acogía una actitud amistosa, servicial y cálida.
