Lunática
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Capítulo cuatro
Era un día demasiado caluroso, incluso para ser de mañana, y no estaba segura si usar sandalias con vestido o con un pantalón. Nunca me había vestido para una ocasión tan especial como tal, cuidar que un par de universitarios no se transfirieran información durante su último examen. Izzy dijo que era fácil y un tanto aburrido por que lo que me sugirió que era mejor que no lo acompañara por que era una pérdida de tiempo pero, hay que aceptarlo, no tengo mucha actividad, menos en las mañanas. No iba a perder nada, ya que siempre pierdo mi tiempo.
Oí que tocaban la puerta, debía ser él, estaba muy atrasada y supuestamente nos íbamos a encontrar en el jardín. Tomé el pantalón y corrí escaleras abajo, mi mamá gritó diciendo que alguien me buscaba y, para mi sorpresa, una pelirroja se encontraba en el umbral de la puerta.
—Mimí, hola. —me dijo un poco apenada, no sé por qué está así, bueno, me lo imagino, sólo no entiendo por qué tanto drama por ello. Estaba sola, sin su novio que la escoltara en su carroza negra. No quiero saber porqué. — ¿Tienes tiempo? Hay algo de lo que quiero hablarte.
—De hecho, voy saliendo ¿Te gustaron las galletas?
—Si, gracias. —dijo algo apenada, quizás ella no probó ninguna y, sólo tal vez, Tai se las comió todas. —Necesito aclararte lo que pasó ayer. Nada pasó, no pienses que soy este tipo de persona.
—Lo sé, pero no me incumbe. Tienes que tener más confianza en ti misma, que no te importe lo que los demás piensan. Es por eso que todos piensan que soy lo que tú pensabas que soy, pero no importa. Yo sé que no soy así. — ¡Bingo! Ahora podré salir con Izzy tranquila por que Sora no sentirá que soy una amenaza. Y bueno, ahora hacia su gran entrada el genio, con un montón de papeles bajo el brazo. Demasiado sereno, demasiado tranquilo como para ser real, cualquier fulano se enojaría conmigo por los minutos de atraso que traía a cuestas. — ¡Sorry!
Sora se volteó para ver quién se aproximaba a mis territorios y para su sorpresa era quien menos se esperaba, si, lo había hecho posible con mi impulsividad y mi obsesiva psicopatía. Pero, lo recalco, no tenía malas intenciones, ahora no. Se saludaron amistosamente y, luego, nos fuimos caminando hasta el examen.
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Me sentí poderosa, hermosa y poderosa. Estaba sentada frente a un montón de estudiantes asustados y totalmente callados. Izzy dijo que podía sentarme allí mientras él iba a hablar y ajustar los últimos detalles con el profesor encargado. Supuestamente, el curso era tan grande que se tuvo que separar en dos para que todos pudieran rendir el examen al mismo tiempo. Izzy se encargaba de una de las dos y yo los estaba mirando mientras tanto, eran un par de mujeres entre todos esos hombres, al parecer la ingeniería no era del interés femenino.
Izzy llegó con los exámenes, los papeles que anteriormente llevaba bajo el brazo, y los puso sobre la mesa en donde yo me encontraba para quitarle los elásticos que los sujetaban. Le sonreí y me preguntó si quería repartir exámenes a la mitad del curso.
— ¡Claro! —dije esperando a que me extendiera los papeles y echarles una miraba antes de entregarlos, quizás quería ser ingeniera y debía ver lo que me esperaba si quería serlo, me interesó desde que entré al lugar, casi ninguna mujer, algún mérito especial debía tener si hacías lo que casi ninguna hacía. El examen consistía en tres preguntas, cada una con quince puntos, todas con símbolos extraños y que nada me decían. Tengo una duda ¿para qué sirven, exactamente, éstos cálculos, señor?
—El examen durará ciento diez minutos y, como todo el semestre, no hay dudas. —dijo él como una última sentencia y sentí que me leyó la mente. Claro, en los primeros años aprenderé el lenguaje matemático, no tengo que ser una genio antes de entrar ¿o si? Dime que no ¡He estado ausente todo el semestre!
Él se fue a una esquina y comenzó a repartir, yo en mi drama interno capté mucho después lo que debía hacer. Pero luego de unos segundos de desastre mental y de una mirada proveniente del pelirrojo, reaccioné y me dirigí a la otra esquina a repartir. Estos niños traían unos años menos que yo, unos dos o tres diría yo, y ya estaban en estos cálculos casi imposibles. Creo que también soy muy vieja para esto, dicen que al ser más joven más fácil entra la información. Miré a Izzy y compartimos una especie de complicidad que me tranquilizó.
Al terminar, me dirigí a la mesa y me senté, iba a observar a los ingenieros de adelante e Izzy se quedó merodeando por toda la sala, para cuidar a los de atrás. Caminaba con una mano en el mentón, con aires de sabiduría, mientras observaba las hojas de cálculo de algunos y con vagos gestos les daba a entender que no estaba bien lo que hacían o que siguieran así, puedo decir que fue mi parte favorita de todo el tiempo que duró el examen.
No hubo mucho que reportar en las casi dos horas en las que sólo observamos callados y compartimos un par de gestos cómplices. No mucho hasta que comenzaron a entregar, todos iban hacia mí y con un pequeño gracias se despedían. Apilé los exámenes uno a uno, hasta que Izzy se me acercó.
—Todos piensan que eres otra ayudante. —reí, el poder me hace feliz ¿A quién no? Pero, debo decir que, la ingeniería no es para mí.
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Caminamos bajo el calor durante un rato, no era nada especial, Izzy había entregado los exámenes al profesor encargado y se declaró oficialmente de vacaciones. Lo miraba de reojo cada cierto tiempo y estaba segura de que él hacía lo mismo, no había duda, había algo entre nosotros, sólo debíamos esperar el siguiente paso que, por cierto, no daré yo.
—Sentémonos un rato, no aguanto mucho el calor. —dije yo, cuando me tope con una silla en el camino, bajo un frondoso árbol que hacía una sombra perfecta. Izzy asintió y nos dirigimos allá. Estaba muy callado, creo que piensa que es el momento de decirme todo lo que siente. —Y qué vas a hacer en tus vacaciones.
—Creo que un curso de verano —levanté la ceja ¡No dejaba de estudiar! Él, por supuesto, entendió mi gesticulación y rió por lo bajo. —Quiero adelantar un año y salir para comenzar el doctorado. —mmm, interesante, pero Joe es que debería hacer eso, quiero decir, él es el que está estudiando en el área de la salud. Comencé a reír.
— ¿Ahora quieres ser médico? —me miró silencio, no creo que le hizo gracia mi comentario.
—Mimí, el doctorado es un postgrado, después de sacar mi título. Doctor es un término mal usado para los médicos.
Sentí que el mundo se caía a pedazos, no puedo creer lo estúpida que puedo llegar a ser a veces, pero la verdad es que realmente no sabía eso de los doctorados, no me hace estúpida ¿o si? Sentí que mis mejillas se volvían coloradas y recordé a esas rubias taradas que sólo aparecen en la televisión. Mi querida vecina, Yolei, se nos acercó de pronto ¡Salvación!
— ¡Mimí! No esperaba encontrarte por estos lugares —me dijo al llegar, como es usual, estaba emocionada de verme. Izzy, por su parte, se levantó enseguida para cederle su puesto en el asiento junto a mí, un caballero como me gusta a mí.
—Estaba acompañándolo a un examen. No sabía que se podía hacer —comenté, estaba anonadada, todavía estaba con la cabeza puesta en el incidente anterior. —No te vi en ese examen ¿qué fue lo que te pasó?
—Es por que ya pasé ese ramo, no necesité dar ese examen. —sonrió y yo me quedé muda ¿es que todos quieren decirme lo tonta que soy, o simplemente lo estoy imaginando? Mi amor la veía con una expresión calmada y de total orgullo, claro que ella jamás lo notó ya que estaba comentándome de algo que no le había prestado atención desde un principio. Hay algo que me huele mal, y es bastante apestoso. Ella se volvió hacia él de un momento a otro, como si se hubiese acordado de algo mientras me hablaba —Izzy, tenemos que ir a la casa de mi tía a las ocho, allá estarán mis papás esperándonos para la cena.
—Lo recuerdo. —dijo y silenció enseguida, aún con la sonrisa estúpida adornando su rostro. Me horroricé ¿será realmente lo que pienso que es? Una relación más que de una simple amistad. Era evidente, ambos eran totalmente iguales, con esa fascinación, o adicción, por los computadores, ambos con esos cerebros brillantes que me hacían creer que, con una mente normal, carecía de inteligencia ¿es que acaso no existe esa ley en la que los polos opuestos se atraen? Esa es la razón por la que la ciencia no es de mi interés, la naturaleza nunca ha hecho lo que se supone que debería hacer.
— ¿Y por qué motivo es la cena? —dije yo, por el simple instinto que me lleva a ser masoquista. Toda mujer tiene ese lado animal, querer sufrir cuando no debería, mm, pero creo que tú, Yolei, no lo tienes, eres un robot.
—Premiaron a Izzy por su desempeño en la facultad ¡Vamos a celebrar! Mimí, tú puedes venir si quieres. Eres amiga de Izzy también.
—Fascinante. —dije yo, con un tono algo sarcástico, algo que ninguno de los dos tórtolos notó. Su actividad mental atrofia la interacción social ¿sabían? —Pero no puedo, mañana estoy ocupada.
—Pero es hoy. —dijo ella, contrariada.
—Hoy, digo. —y reí algo neurótica. Los celos me invadían y me dejaban aturdida, mi lado despechado siempre lanzaba lo peor de mi ser. Traté de evadirlo mirando hacia un lado, quizás dándoles un poco de privacidad para que hablaran de su cita y ¡Sorpresa! Mi amigo Tai pasando por allí, era como si una reunión de campamento se llevaba a cabo, sólo que Yolei sobraba, sorry. — ¡Tai!
Lo llamé bien fuerte, haciendo que Izzy entrecerrara sus ojos tratando de soportar la cantidad de decibeles que salieron de mi boca. El aludido me escuchó y se extrañó como si algo desencajara en la escena que acababa de ver, yo. Me encaminé hacia él, llevada por el incontenible deseo de escapar. Llevaba un pequeño libro bajo el brazo y con sorpresa leí lo que decía en la tapa cuando estuve a cerca de él, La política de Aristóteles. Extraño.
— ¿Viniste a verme? —dijo él mientras con la otra mano saludaba a los ingenieros que había dejado atrás, allá en el asiento, estaría loca si me quedaba otro segundo con ellos. Sonreí y le devolví la broma sin mucho reparo.
—Moría por verte. —solté algo así como un ronroneo, ¿es que no puedo parar, por qué siempre que estamos despechadas comenzamos a coquetear e insinuarnos a todo lo que se mueva? Pero no hubo problemas, Tai siempre me vio como esa clase de chica, esa que siempre anda con las feromonas activadas y que no hay que tomar muy en serio. Pero él es mi versión masculina. —Y qué estás estudiando.
—Ciencias políticas ¿Tú? —odiaba esa pregunta, siempre trataba de evadirla pero la curiosidad que ese libro me ofrecía era mucho mayor. Debo admitir que no me lo imaginé como un humanista, menos como un político, lo veía como un futbolista nada más, sin ostentar otro título, pero eso fue en los tiempos del campamento y ya quedó atrás, soy la única que se quedó allá.
—Nunca sabrás.
—Interesante ¿Qué vas a hacer ahora?
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Sentí su espalda apoyarse en la mía nuevamente, había ido a abrir un poco la ventana para que el humo saliera y ventilar un poco mientras que yo encendía un incienso para aplacar el olor peculiar. Estábamos sentados en el medio de la habitación, con una fuente llena de distintos tipos de galletas en su interior a un lado, sólo por si nos daba hambre.
—Y qué cuentas, Mimí. —me dijo mientras aspiraba un poco y yo extendía la mano para que me pasara el cigarrito artesanal, era mi turno, o al menos eso creía yo.
—Nada nuevo ¿y tú?
—Tampoco tengo algo que decir. —dijo él, exhalando largamente antes de volverse algo pensativo. — ¿Sora te ha dicho algo de mí? —pareció algo preocupado, y yo no terminaba de entender por qué querían ventilarme su vida, ya le había dicho a ella que no me importaba lo que hicieran mientras estaban solos, no quería repetírselo a él. Negué con la cabeza, no tenía más palabras para el mismo tema. —Es que ella y tú parecen ser buenas amigas.
—Lo somos.
—Me imagino, ella nunca habla de mí.
—Tiene novio, es obvio que no le va a gritar al mundo lo de ustedes, la gente tiende a ser un poco discreta. —terminé y él se dio vuelta algo disgustado.
—Ni siquiera somos algo. —y empecé a confundirme, Tai no hablaba con claridad y quizás Sora reaccionaba dramáticamente. —Apenas me habla cuando voy a su casa, trato de recordar por qué se enojó para arreglarlo pero siempre llego a la misma conclusión. —dijo él y no logré entender. — ¡No hice nada!
Entonces lo comprendí y me eché a reír tan fuerte que me pareció que comencé a gritar, me acosté en el suelo para no tener que contorsionar mi cuello sólo para mirarlo a los ojos. Respiré hondo para que mis mejillas volvieran a su color natural por la falta de aire en mis pulmones, él estaba más que molesto.
—A ti te gusta, pero ella está con tu amigo. Eres tan obvio que la incomodas y ya no sabe que decirte para que te olvides de ella. Lo que pasó contigo, pasó y ya no volverá. —me reí un poco y él estaba de muerte, pero bueno, tengo que sacar mis dudas yo también, es mi turno. Además, debo distraerlo un poco: —Y qué pasa con Izzy y Yolei, ¿son novios o algo?
—Si, desde que tengo memoria, no sé cómo se han soportado tanto tiempo. Por qué preguntas.
—Mera curiosidad. Se ven mal juntos. —dije enseguida, esperando que me diera la razón, pero no fue así. —Qué.
—Son iguales, yo creo que son perfectos juntos. Nadie le aguantaría a Izzy todo ese tiempo pegado a la máquina. Incluso tú lo regañaste en el campamento por eso. Ella está interesada en todo lo que hace por que ella está metida en ese mundo, además, es tan inteligente como él, pueden hablar horas de… muchas cosas. —chasqueé la lengua y puse los ojos en blanco. Él rió. —Qué pasa.
—Mucho de lo mismo es monótono, aburrido, constante ¿Entiendes? Por eso dicen que los polos opuestos se atraen, yo creo que ellos están en una etapa de su relación que todo es rutina, no puede ser sano estar todo el día en lo mismo.
—Eres muy obvia. Y supongo que ese polo opuesto eres tú.
—Podría ser. —le respondí, no tenía más remedio, no podía salir del hoyo en el que me había metido sola y el camino más fácil erala dolorosa verdad, además, no estaba del todo lúcido, quizás se le olvidaría de un momento a otro. Espero.
—Sería interesante, Yolei me aburre un poco. —dijo esa última confesión en susurros, como tratando de añadirle un poco de comodidad al asunto y yo preferí permanecer en silencio. —Pero ya no importa, estamos jodidos desde cualquier punto de vista. —rió un poco y me miró serio. — ¿Y si nosotros…?
Tai me miró de esa forma y yo le devolví el gesto, irguiéndome para quedar sentada casi en la posición inicial. Nos miramos unos segundos, para luego acortar la distancia que separaba nuestros rostros, casi como por reflejo. Era de esos momentos, de esos momentos que han sido brutalmente asesinados con una distracción que nos volvió alertas y nos separamos enseguida, evidentemente no era algo que realmente deseáramos. Kari había abierto la puerta de la habitación de pronto y nos descubrió.
—Lo siento. —se sonrojó y cerró nuevamente la puerta dejándonos en el molesto silencio que acostumbrábamos tener.
—Nosotros nada. —dije y él me secundó sin dudar.
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Cuando llegué a mi casa, era de noche y mis delirios habían desaparecido casi por completo, Tai y yo hicimos el juramento de jamás revelar lo que había pasado en su habitación, nadie sabría a menos que su hermana le dijera a medio mundo y, según él, ella no era de ese tipo de persona. Me senté en los escalones de la casa y me dediqué a espiar las estrellas, en busca de una estrella fugaz tal vez. La sicopatía ya era parte de mi vida, y una estrella que me brindara un pequeño deseo en el lado pasional no me parecía mala idea, no tanto, ya que sería feliz con ese prototipo de hombre tan extraño para mí, pero él ya estaba ocupado, por lo que pasaría a ser la otra, la maldita que se metió en donde solo caben dos. Y es que siempre me gustó ser la princesa de la historia, no la bruja.
—Mimí. —me llamó el pelirrojo, saliendo oportunamente desde las sombras, o mejor dicho, de la parte de la vereda en donde la luz no alcanza a llegar, él no era psicópata, yo sí. Por otro lado, mi pequeño y simple deseo de había hecho realidad, sin la necesidad de encontrar una estrella. Quizás estaba ahí por que llegaba de su maravillosa cena con lo que sería una nueva familia. —En qué estás.
—Viendo las estrellas, es evidente ¿no lo crees? —respondí a su pregunta entre risas, realmente no sabía de qué era lo que me reía. Si era por nerviosismo, mi psicopatía o el asunto de ser la otra, pero, enfrentémoslo, sólo somos vecinos y todo lo que ha pasado entre nosotros está en mi cabeza.
—Interesante. —dijo y me sonó parecido a Tai, es decir, es la clase de cosas que suele decir cuando no hay mucho que comentar, pero en él parecía tener fundamentos, como si realmente creía que era interesante. Eso me dejó algo pensativa y él fue a sentar a mi lado. Me tiene confianza, eso es algo como para tener el pecho hinchado de aire. — ¿Buscando estrellas fugaces?
—Sí. —dije con la frente en alto. Por muy inteligente que sea él, no me iba a cohibir por supersticiones ridículas. No soy un robot, yo puedo fantasear con ridiculeces y cosas que carecen de una base científica.
—Tienes que mirar bien, muchas veces son satélites que pasan por ahí. —me dijo mientras se volvía a mirar al cielo y me relajé, por lo menos no soné como una completa tonta frente a él, sólo como una persona normal. Y comencé a preguntarme qué era lo que pensaba al sentarse a mi lado, es decir, soy peligrosa y puedo intentar cualquier cosa con tal de robármelo, no es algo conciente en todo caso. Pobre Yolei, soy la peor persona del mundo.
— ¿Cómo te fue en la cena? —pregunté al rato después, si traía a Yolei a la conversación en todo momento, no haría algo indebido y, de paso, él no sospecharía de mis anteriores intenciones, así es, Izzy ya no es mi objetivo. ¡Cambié!
—Bien. —y repentinamente tuve un presentimiento, algo no andaba bien, o sea, nadie es tan breve en temas así, a menos que su relación es rutinaria y prefiere no tocar el tema de su novia ¡Peligro, peligro! —Estuve pensando en la pregunta que me hiciste y creo haber encontrado la respuesta. —quedé atónita, no recuerdo la famosa pregunta pero, sólo significa una cosa, piensa en mí ¡Más peligro!
— ¿La pregunta?
—Sí, te veo como una repostera. —dijo esto último dejando de tener la vista perdida en el cielo para llevarla hasta mí, estaba satisfecho con su comentario o, al menos, eso parecía por que estaba sonriendo. Siempre tan lindo en su forma y yo me derretí como un bombón con relleno cremoso ¿Qué? Me encantó su idea, pero no estaba del todo convencida.
— ¿Tú lo crees?
—Sí, es algo que te gusta y mucho. Algo así es lo que tenías que buscar. —tiene razón y, bueno, yo perdí mi propia razón. No pensé en Yolei, ni en todo el asunto de ser la otra, tampoco pensé en él con los problemas que le traería si Yolei se enterara, ni en el hecho de que ella vivía a un par de casas más allá, y lo peor de todo, tampoco pensé en lo mal que me sentiría después. Sólo reaccioné de la forma mas impulsiva que, desde hace un par de días, llevaba a cuestas. Bueno, técnicamente junté mis labios con los de él, de la forma más torpe y tonta en la historia de mi vida, pero ya saben lo que dicen, una mujer se vuelve virgen otra vez cuando pasan años de abstinencia, es como si su himen les volviera a crecer, supongo que en el asunto de los besos es igual.
Así fue como la jodí, y la larga lista de las peores ideas se alargaba más y más, pero no todo en este cuento es malo, él también me besó y eso se podría considerar una victoria, aunque no le quita el hecho de que soy la otra oficial. Y el karma es lo único que jamás se ausenta, eso quiere decir que vienen un millón de años de mala suerte.
Notita: Me demoré, lo siento, pero me quedé sin anecdotas ridículas y psicopatías que podrían adaptarse al fic. Mi vida llegó hasta el capítulo anterior :3
Eso, cariños y besos.
