¡Dedicación! a Hiro Makimashi :).
Lunática
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Capítulo cinco
Salí a trotar todas las mañanas desde el incidente bajo las estrellas, quizás para despejarme de la culpa o, tal vez, para ser más que una simple otra. Siempre traté de alejar todo lo relacionado con ser la otra pero la vida encontraba el camino para hacerme todo más difícil, ya que en esa semana no vi a Izzy y Yolei aparecía en todas partes. Trataba de ocultarme, de hacerme la desentendida e incluso hacerme pasar por otra persona, pero ella era una genio y no podía escapar de ese hecho.
Es por eso que ahora salía a trotar conmigo, por que un día no pude negarme por la culpa que sentía y ella pecaba por ingenua. Ahora jamás podría destacar por que ambas estábamos ejercitándonos para una misma persona. Yolei era simpática y parecía recalcarlo cada vez que la veía, como si realmente hubiese visto lo que pasé con su novio y quería venganza por su propia cuenta, mantén a tu enemigo más cerca, dicen. A menudo quería dejarla atrás, pero ella simplemente tenía buena condición física, o yo era peor trotadora que ella, lo que significaría que en todo aspecto me ganaba.
— ¡Aire! —exclamé sujetando mis costados con las manos mientras aspiraba repetidas veces, estaba rosada por la asfixia y trataba de sostener mi peso sobre mis rodillas temblantes. Por supuesto, ella no compartía ningún síntoma.
—Mimí, ¿quieres agua? Traje por si acaso, creo que le acerté. —sonrió ella tratando de tranquilizarme. Deja de ser tan buena conmigo, ¡Deja de torturarme! Siento como me miras, sé que lo sabes todo.
—Estoy bien, sólo que… — ¡estuve a tu novio! Soy muy mala. Muy mala. —estoy resfriada. Eso es todo. —mentí, claro que no podía llorar por cualquier cosa, eso sólo resulta con hombres.
—Entonces deberías beber más líquido ¡Toma! —habló con una sonrisa que me mató en seguida, ésta mujer es cruel. En ese momento me golpeó la realidad, debía espantar al cuervo de la culpa y para matarlo, hay que confesar.
—Yolei, tenemos que hablar. —ella no pareció entenderme. —Debo confesarte algo.
— ¿Vamos a contarnos secretos? —comentó ella de pronto, tan ingenua que titubeé. — ¡Bingo! Mimí, no puedo creer que seamos tan amigas en poco tiempo, mis hermanas deberían ser como tú
— ¿Nunca te has sentido tan culpable de algo, que no querías hacer pero que lo hiciste? —pregunté a la genio de computadores. Ella, al escucharme hablar, pasó de la alegría incontenible a una tristeza desgarradora, al parecer sí sabía. —No quieres hacerlo, pero hay algo en ti que te obliga.
—Lo sé, Mimí, sé de lo que estás hablando. —murmuró mi nueva hermana con amargura, se había sentado en la vereda y miró al infinito como una computadora apagada. —Sé que no es culpa de Izzy, es totalmente mía.
—No, Yolei, es mía, no quería hacerlo. —expresé con terrible culpa en mi voz, ella levantó la vista contrariada. Tan buena es que no reconoce mi error.
—Por qué sería tu culpa.
— ¿De qué estás hablando tú? —pregunté después de largo segundos de silencio, Yolei estaba apunto de soltar algo desconocido para mí y estaba expectante en saberlo, quizás era mi boleto a una vida sin culpa ni karma ¡juro que jamás caeré en estas cosas otra vez!
—Yo… creo que me interesa otro chico. —me quedé muda y me senté a su lado, casi pegué un grito de alegría pero lo ahogué en mi garganta para volver mi rostro a la pena que sentía. Consolarla era mi tarea ahora.
— ¿Y eso qué tiene de malo? —indagué como una completa cínica, ya que lo que le estaba pasando era de mi total conveniencia, pero Yolei estaba de muerte, apunto de las lágrimas siguió hablando.
—Izzy ha sido el mejor de todos, ¿así le voy a pagar?
—Seguro que ha sido el mejor. Y, dime, cómo pasó esto con el otro chico. —volví a entrometerme y me reprendí mentalmente por eso.
—El es de antropología forense, quiere ser detective, lo conocí por un amigo. No ha pasado nada todavía, es muy callado, pero no dejo de pensar en él ¡Incluso si estoy con Izzy! —y con aquello la chica rompió en llanto y se lanzó a mis brazos, traté de acariciarla para calmarla pero no se sentía bien si pensé todo lo que pensé de ella.
—Tranquila, siempre pasan estas cosas, aparece otra persona y cambia todo. —dije yo pensando nada más que en mí, Izzy y ella, no en el otro chico. —Además, no te ibas a casar con Izzy. —ella me miró con esos grandes ojos llorosos e inocentes.
— Yo pensaba que sí. —y rompió en llanto una vez más. Comencé a preocuparme, estábamos en la calle del vecindario, en cualquier momento podría pasar el pelirrojo y ver esta engorrosa situación, con mi mala suerte, él pensaría que yo había confesado y hecho llorar a su novia, causando su odio de por vida.
—Pero, piénsalo de esta forma, si te casaras con Izzy, jamás volverías a sentirte emocionada por alguien nuevo, como el detective. —no podía creer lo que recién había salido de mi boca, pero ella sonrió y lo consideré como una victoria para la entrometida, o sea, yo.
—Tienes razón, pero tenemos una bonita relación, eso es lo que me molesta. —había dejado de llorar y ahora calmaba sus sollozos en mi pecho. Mi mente, por mientras, maquinaba una forma para hacer que nos fuéramos de la calle, pero no llegaba a algo concreto. Los autos pasaban, de distintos tipos y colores, y yo me asustaba pensando en que en cada uno de ellos, podría estar el pelirrojo.
—Siempre hay relaciones bonitas y malas, así es la vida. —comenté con sabiduría y ella pronto se secó las lágrimas y se paró.
—Gracias, Mimí, realmente agradezco tus consejos, eres la mejor amiga que tengo. —me sonrió y yo me sentía podrida por dentro. Ella recordó algo de la nada, maldición. —Lo siento, tenías que contarme algo y yo me puse a llorar. Dime por favor.
—No era nada importante, no te preocupes.
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Salí de la ducha envuelta en toallas después del estresante trote con mi amiga, y mi mamá me llamó desde la puerta principal, hablando de que alguien estaba abajo buscándome. No le tomé importancia, si era Sora, me vendría a regañar, si era Tai podía esperar… Mientras tanto, fui a mi habitación a ponerme decente. Mamá insistió muchas veces, hasta que subió y abrió la puerta sin mucha delicadeza.
—Tu amigo está acá, no seas grosera. —bramó mi madre con su voz angelical, lo cuál no se notó como si estuviese reprendiéndome. No parecí entender y ella volvió a expresarse: —El vecino de al lado, ¡lleva mucho tiempo abajo!
Mi corazón dejó de latir, o latió más rápido, no pude notarlo por que lo que sentí fue un remezón que involucró todo mi cuerpo, era Izzy, al que no veía desde nuestro beso bajo las estrellas. No podía imaginar si estaba enojado, feliz o avergonzado y yo seguía en trapos menores.
— ¡Bajo enseguida! —grité con desesperación, saltando al armario a buscar ropa. Mamá asintió y dejó mi habitación sonoramente, avisándole al vecino que bajaría enseguida.
El proceso de buscar ropa me tomó más tiempo del que planeaba, nada me parecía apropiado, así que cuando estuve casi lista, grité escaleras abajo para que subiera a mi habitación y no perder más tiempo. No quería que se enojara más de lo que creía que estaba.
Tocó la puerta y yo abrí, era Izzy y no traía la mejor cara, es más, no podía ni verla ya que traía la cabeza gacha, signo evidente de que no podía verme desde lo que pasó. Él entró con un paso adelante y se quedó quieto. Yo enmudecí cuando cerré la puerta tras él y permanecimos así segundos eternos.
—Hola. —hablé finalmente, retrocediendo para sentarme en mi cama, él sólo asintió y se quedó clavado en su lugar. —Cómo estás.
—Bien. —respondió rápidamente y calló.
—Genial…—exclamé sin mucha emoción en la voz, Izzy no ponía de su parte. —Y qué te trae por aquí.
—Hablaste con Yolei. —dijo después de un rato pensando en qué decir, y con esa pregunta vi su rostro, ya que posó sus orbes oscuras en mí para captar cada facción en mí, quizás para saber si mentía.
—No puedo decirte. —dije incómoda, ahora era yo la que no lo podía mirar. —No puedo traicionar la confianza de Yolei. —sentí que mentía, pero sabía que eso no era cierto.
—Ella fue a mi casa y me dijo que necesitaba tiempo. —dicho eso, se dirigió a la ventana con las manos resguardadas en sus bolsillos del pantalón, lo vi por el rabillo del ojo y traté de descifrar lo que pensaba, cosa imposible. — ¿Tuviste algo que ver?
—Puede ser. —él se sorprendió de mis palabras, se volteó a verme con los ojos como platos no pudiendo comprenderlo. Quise defender mi posición, pero si lo hacía, Yolei quedaría al descubierto, fue entonces cuando supe que él se había decepcionado de mí. —No dije nada, sólo la escuché. —él sólo asintió para sí mismo, como si ya hubiese escuchado suficiente.
—Nos vemos, Mimí. —dijo el pelirrojo con el ademán de salir de la habitación. Yo, como una completa estúpida, lo detuve.
— ¿Y qué hay de mí? —él silenció con mi pequeña pregunta.
—No crees que es muy pronto para hablar de eso. —expresó él y yo me sentí totalmente egoísta con el mundo ¿puedo, algún día, dejar de ser tan mala?
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Llamé a Sora en cuanto dejé de lamentarme por la vida, tomé prestado el auto de mi papá y nos encontramos en un Pub concurrido. Ella se veía más radiante que nunca, hablaba todo el tiempo de su novio rubio y de su futuro con él, de Tai no había rastros. En cambio, yo, no le había contado nada de lo ocurrido con Yolei e Izzy, se había quedado con la idea de que era mi pasatiempo molestándolo, sabía que ella me odiaría por haberle hecho eso a su amigo.
—Mimí. —llamó ella y yo me turbé, por un momento pensé que me leía la mente. —Dime, ¿qué es lo que te pasa?
—Nada, por qué estaría mal. —hablé con delicadeza y una sonrisa, ella sólo levantó una ceja.
—No dije que estuvieras mal. — ¡atrapada! —Además, no querrías haber salido si algo no te pasara.
—Sólo quiero pasarla bien, estar contigo, eso es todo. —resoplé como si hablara con mi madre y tomé un sorbo de licor rosa, estaba suave, no quería volver a ser la misma de antes. Y eso implicaba no más borracheras y cosas que me sacaran del camino, por algo había pasado todo lo que pasó con Izzy. —Háblame de Tai. —ella sonrojó.
—No creo que sea la mejor conversación. —y volvió a su cerveza en silencio, al igual que yo.
—Dime lo que les pasó. —insistí y ella terminó su cerveza, me contempló y luego desvió la mirada.
—Nada, desde que estoy con Matt, mi relación con Tai no es buena. —suspiró y yo la imité, mis relaciones de amistad están tanto o más confusas. —No quiero darle a Matt disgustos, pero Tai insiste en que debemos ser como antes.
—Te entiendo…—dije cuando terminó, echándome hacia atrás con la silla y el trago en la mano. Ella me miró expectante. —Yolei terminó con Izzy y él piensa que es mi culpa. —la amorosa chica con la que estaba sentada comenzó a prepararse para un nuevo regaño atacando mi comportamiento autodestructivo, pero yo la detuve adelantándome a su comentario. —Pero ella lo hizo por que le interesa otro. Siguió mis brillantes consejos. —tomé un nuevo sorbo y esperé su respuesta.
—Maldición. —dijo ella, condenando todo lo que giraba entorno a nosotras y dimos la noche como terminada.
Sora y yo salimos hacia fuera en espera del novio de mi amiga que venía como todo galán a buscarla en la madrugada. Hacía frío afuera, nos quedamos cerca de la puerta para que el calor de adentro nos cobijara. Yo admiré a Sora desde mi posición, éramos casi de la misma estatura, pero tan diferentes que no parecía real vernos juntas en una noche como esta, y comprendí que desde que la conocí cambié para volver a ser la misma de antes.
—Dice que está llegando, pero que una grúa le está impidiendo pasar. —dijo la pelirroja al momento de cortar la llamada que estaba haciendo desde su celular. —Si quieres, puedes irte, yo lo espero acá.
—No puedo dejarte sola. —comenté para mí misma y me envolví en una bufanda. Después de unos minutos el auto negro había llegado y se había estacionado frente a nosotras, en el volante estaba el rubio y se asomó por la ventana para llamar a mi amiga quien rápidamente se despidió de mí. —Adiós.
— ¿En serio no quieres que te llevemos? A Matt no le costaría desviarse.
—Estoy bien, llegué sola en auto, por qué no podría hacerlo de vuelta. —opiné muy segura de mi comentario y comencé a caminar hacia el auto de mi papá estacionado una cuadra más allá.
Caminé en silencio y el auto negro desapareció detrás de mí, traté de alejar todo lo que vi dentro de ese auto en el momento en que la pelirroja entró. No quería que la envidia me corroyera, por lo que traté de desviar esos pensamientos ridículos y convertirlos en mensajes de ánimo para seguir con mi vida amorosa, cosa que trajo a la pareja de ingenieros a mi mente y sólo hizo que me sintiera peor de lo que ya estaba.
Apenas estuve a un lado del auto familiar noté algo extraño, una de las ruedas de atrás estaba totalmente desinflada causando que el auto se inclinara de manera extraña. Maldije, con la imagen de la grúa alejándose de mí mientras veía a Sora subiéndose al auto negro, pensando en que debí haberle dicho que sí cuando me preguntó si quería que me llevaran y que Izzy no me quería cerca, o eso pensaba.
Miré a mi alrededor por un poco de ayuda, no llevaba llanta a cuestas como para cambiarla y si la tuviera, no sabía cómo hacerlo. La calle estaba vacía, pocas personas caminaban en la vereda y venían desde el bar del que salí en no muy buenas condiciones. Finalmente, tuve miedo de pedir ayuda, la noche estaba oscura y la borrachera estaba en todas partes, cualquier cosa me podría pasar si hablaba con un extraño. Me encerré en el auto, apagué todas las luces que le indicaran a alguien que estaba dentro y esperé.
Pensé en llamar a papá, pero no quería que él y mamá se decepcionaran de mí por lo que preferí dejarlos al último en la lista de números de rescate. Tai, él era mi salvación, busqué su número en el registro del celular y llamé. Su celular estaba apagado. Pensé en Joe, pero había borrado su teléfono hace mucho, y me odié.
Estaba con la frente apoyada sobre el volante, dispuesta a usar mi último número de rescate, cuando me iluminó una brillante idea, llamar a Izzy, pedir rescate, estar a solas con él y arreglarlo todo. Pero esa iluminación se fue atenuando por el miedo que sentía al ver su número grabado en el celular, me aterraba que me diera una negativa y luego dijera que no estaba interesado en gente como yo, para terminar la tortura cortando el teléfono abruptamente. Por que, sinceramente, él está acostado en su cama cuando yo estoy en una bar atascada, qué clase de relación disfuncional resultaría con esa combinación. Sería la novia alcohólica atrasando al genio en su trabajo.
Sentí que mi regazo vibraba de pronto, seguido por una luz iluminaba desde ahí todo el interior del auto y me apresuré a tapar mi celular, brillante y vibrante, con mi bufanda para que los depredadores de los alrededores no supieran de mi existencia dentro del vehículo. Contesté el aparato con la prenda envolviéndolo.
—Aló. —dije yo mientras trataba de esconderme, escurriéndome en el asiento.
—Mimí, hola. —escuché al ser tímido detrás del celular.
—¿Izzy? —pregunté incrédula, y dejé resbalar el aparato entre la bufanda con el aturdimiento que me invadió al darme cuenta de ese pequeño detalle. Cada vez más pensaba que leían mi mente todo el tiempo, y que todos lo podían hacer. No oí respuesta ya que el celular estaba perdido en algún lugar entre mis pies y los pedales del auto. —¡Izzy!
Tras un breve momento en el que me desesperé para encontrarlo, lo tomé y lo puse en mi oreja, lo escuché nuevamente para confirmar lo que parecía ser una broma.
—¿Estabas durmiendo? —me preguntó retraídamente, quizás buscaba una excusa con la cual podía colgarme, pero qué estupideces pensaba ¡Él llamó!
—No, ¿por qué? —indagué sólo para que no dejara de hablar y perderlo en el intento. Claro que no iba a dormir, jamás duermo en horarios que no sean la mañana y parte de la tarde.
—Por que la luz de tu habitación está apagada. —silencié por unos segundos eternos, procesando, si él sabía la ubicación exacta de mi centro de inteligencia, sección espionaje, me veía mirándolo. Y luego caí en cuenta que él también miraba, lo que lo hacía psicópata, tanto como yo. Sonreí. —¿Mimí?
—¡Sigo acá! —exclamé contenta, causando risas al pelirrojo detrás de mi celular. —¿Estás en pie?
—Sí, ¿quieres que vaya a tu casa? —me preguntó de pronto él y tuve que aguantarme las ganas de gritar de la emoción. Realmente era tierno su intento de verme en persona y hablar las cosas, ya que eso es lo que creo que quiere hacer.
—No, exactamente.
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Estaba jugando con el celular, lanzándolo hacia arriba y tomándolo nuevamente, cuando tocaron la ventana de mi puerta. Tuve miedo de ver quien era ya que varias veces la habían tocado para ofrecerme ayuda unos tipos extraños, me negaba y esperaba a mi príncipe pelirrojo. Volvió a tocar y lentamente volteé la cabeza y di con la cara de Izzy. Suspiré aliviada y le saqué el seguro a las puertas.
—Hola, ¿cuál es el problema? —me preguntó al entrar y sentarse a un lado mío, en el lugar de copiloto, yo reí atontada.
—Una rueda se pinchó. —dije finalmente y dejé de mirarlo para apoyar mis manos en el volante y fijar mi vista al frente, no sé por qué pero no podía verlo por mucho tiempo. Yolei aparecía atormentándome en mis pensamientos.
—¿Tienes un repuesto? —indagó y yo negué con la cabeza. —¿Un número de una grúa? —volví a negar y luego suspiré, no tenía remedio en lo que estaba metida. —Entonces, ven, mañana conseguiremos grúa.
—No puedo dejar el auto solo. —articulé temerosa, si lo dejaba, alguien se lo robaría y no tendría ni el perdón de Tai, aunque tampoco sabía si él tenía el derecho de hacer eso.
—No le pasará nada, ¿o planeas cuidarlo toda la noche y dormir en el asiento de atrás? —replicó el pelirrojo y no pude evitar recordar las imágenes en las que, en otros tiempos muy distintos a este, me planteaba los posibles usos del asiento trasero. Me sonrojé.
—No. —concluí finalmente, también era peligroso quedarse al momento hipotético que robaran el auto.
—Entonces, ven, te llevo a tu casa. Mañana temprano venimos a recogerlo con un repuesto. —dijo él y abrió la puerta del copiloto, yo lo seguí en silencio, despidiéndome mentalmente del auto. Y una contradicción me golpeó fuerte en la cabeza, yo realmente no quería eso, esa era la razón por la que no llamé a papá en un principio.
—Izzy, gracias pero no quiero ir a casa.
—¿Otra vez? —rió él, y supe que todavía recordaba el incidente en su auto, allá en la reunión de campamento, cuando lo acosé verbalmente. Quise morir, como antes. —Mimí, tienes que querer llegar a tu casa de vez en cuando.
—No es eso. —dije con toda la sangre palpitándome en la cara. —Definitivamente no es eso, es por que no volveré con el auto y prefiero quedarme acá esperando a que puedan venir a arreglarlo que decirles a mis padres que se me pinchó la rueda.
—Entonces…—dijo él, dudoso en lo que terminaría diciendo. —Ven conmigo, duermes en mi casa y lo arreglamos a primera hora.
Notita: Gracias por leer hasta aqui, besitos. Agradezco mucho a Hiro y a Crizz :D.
La tierra me quiso matar pero le dije tengo que subir el fic, asi que no jodas moviéndote tanto.
