Lunática

capítulo seis.


La noche pasó tranquila, me hizo dormir en su cama de sábanas limpias y yo no tardé en caer inconciente. Cuando abrí mis ojos la luz del sol se hacía ver tímidamente y él ordenaba un par de hojas mientras le removía restos de goma de borrar con pequeños golpes en el papel blanco. Sintió que me movía en la cama y me erguía lentamente, susurró una disculpa y dejó el montón de cálculos en el escritorio para dirigirse hasta a mí.

—No quise despertarte. —habló una vez más y yo me reí para estirarme sin pudor en la cama. —No podía dormir. —comentó y luego miró por la ventana que se encontraba sobre la cabecera de la cama, notando que ya comenzaba a amanecer. —Podríamos irnos.

Me tapé la cara con la sábana y bostecé, jamás despertaba tan temprano. Normalmente era a la hora que volvía después de salir a bailar. Él se rió y se excusó diciendo que iba a ir a la cocina por algo de comer y que volvería en seguida. Sentí su ausencia a los segundos, y me invadieron unas ganas de ir al baño a orinar, conociendo mi casa conocería perfectamente la de él. Por lo que salí cuidadosamente de la habitación para encontrarme al final del pasillo con el baño y, como lo suponía, otra habitación se encontraba a un lado. Por la puerta entreabierta noté que dentro había una cama matrimonial y los padres de él se encontraban durmiendo allí. Entré en pánico, Yolei era la novia de Izzy, y sería incómodo encontrármelos en el pasillo tan temprano.

Después de hacer mis necesidades, con pasos sigilosos, me encaminé hacia mi escondite.

—¿Koushiro? —indagó una voz femenina desde la habitación entre abierta. No podía imitar su voz y contestarle que si, era su hijo caminando tan temprano por la casa, aunque no me sorprendería que lo hiciera. Lo llamó una vez más y me petrifiqué cuando oí que los resortes del colchón matrimonial se contraían, diciéndome que la mamá se levantaba para ir a investigar del porqué el mutismo de su hijo. Se abrió la puerta y apareció una mujer madura en bata, con los ojos como platos cuando se encontró con esta desconocida.

—Hola, soy Mimí. —dije sin esperar que los segundos transcurrieran. —Vivo en la casa de en junto. —seguí hablando, con la esperanza de que si noparaba de hacerlo, no tendría tiempo de pensar cosas horribles de mí. Me miró de pies a cabeza, traía la ropa arrugada y mal puesta por las sábanas, el maquillaje corrido y asustada a más no poder, lista para correr cuando la señora no estuviese mirando.

—Hola Mimí. —dijo casi sin habla y el silencio nos envolvió. Me sentí incómoda y con un gesto le indiqué que volvería a la habitación de su hijo, la peor idea pero al menos dejaría de mirarme tan perpleja. —No te preocupes, ve tranquila. —me dijo amablemente y sin pestañar, volviendo a su habitación casi tan pasmada como yo.

Me tapé con las sábanas una vez más y a los minutos llegó él con una taza de café en la mano y un pequeño pan dulce para mí, decidí no decir nada así que desayuné sin mencionar el tema ni ningún otro. Izzy me miraba de forma dulce mientras tragaba los pequeños pedazos del pan y dejé de comer para sonreír con la mirada clavada en el piso. Acaricié una de sus manos con la punta de mis dedos y él rió de vuelta. Iba a comenzar lo que había empezado esa noche en los escalones a fuera de mi casa. Todo iba bien hasta que tocaron la puerta de la habitación. Era su mamá.

—Koushiro, ¿podemos hablar? —indagó la mujer madura, a lo que el mejor hijo del mundo respondió abriendo la puerta de la habitación para escucharla, ella se negó a pasar y antes de llevárselo al pasillo volvió a mirarme de pies a cabeza, ésta vez estaba acostada en la cama. Me quise morir.

Su madre cerró la puerta para conseguir la privacidad que yo le había robado y pronto pude escuchar sus murmullos. Imaginé qué era de lo que conversaban por que escuché un par de veces el nombre de la ex de Izzy, quizás su madre pensaba que yo había sido la culpable de su ruptura, que era una mala influencia y que no le gustaba que yo estuviese dentro de la cama de su hijo. Quise ir a escuchar apoyando la oreja en la madera de la puerta, pero cuando junté las fueras para ir hasta allá, Izzy entró nuevamente y su madre miraba por última vez mi rostro, me sonreía y luego se retiraba a sus aposentos. Qué era lo que habían hablado, no tengo idea, pero no quiero conocer a su padre.

—¿Lista para irnos? —indagó el pelirrojo y yo asentí algo incrédula, lo único que quería era salir corriendo de ahí.

Estacionó el auto en frente de mi casa y luego salió para abrirme la puerta y pasarme las llaves. No quería salir por que dejaríamos de estar juntos hasta otra emergencia en donde me salve. Esperó a que lo mirara para dejar las llaves en la palma de mi mano y ver cuál era mi próximo movimiento. Lo miré y le sonreí tímida por la extraña noche que habíamos tenido, casi no hablaba, lo cual era extraño viniendo de mí, pero me cohíbo desde que lo quiero más como un amigo que un compañero para compartir el asiento trasero de un auto, pero a la vez quisiera ser más de lo que somos. Ya llevamos un beso bajo las estrellas, hay que dar otro paso, ¿no lo crees? Quizás otro beso en un escenario distinto.

—¿Vas a salir? —preguntó el pelirrojo al verme debatirme entre salir, quedarme ahí o cualquier otra cosa.

—¿No me dirás nada aún?

—¿De qué hablas? —indagó de vuelta él, no se imaginaba lo que yo tenía en mente. Lo curioso es que tampoco sé definir lo que busco preguntando eso. Mis palabras quedaron atascadas en mi garganta y miré al frente, buscando la casa de Yolei para comprobar que todos los flancos estaban despejados, tras ver por el espejo retrovisor y a un lado, en la vereda de en frente. Estaba lista para disparar.

—No sé. —dije al acobardarme. Quizás no estaba lista. —Bueno, si sé, pero no sé cómo decirlo.

—Dilo. —rió por lo bajo y quedó expectante a mi respuesta. Inspiré aire y cerré los ojos para negarme rotundamente una vez más, volviendo a mirar al frente buscando un indicio de aquella ex que yo tanto quería y me preguntaba si le había resultado lo del chico del que me habló, por que de ser así, estaría eximida de cualquier culpa. Podría parecerme en alguna de esas reuniones como la novia oficial del ingeniero. —¿No me vas a decir?

—¿Qué piensas de mí? —pregunté lenta y dolorosamente, sólo para ponerlo nervioso, pronuncié cada palabra a la vez que lo miraba con unos ojos grandes y expectantes, su madre ya me conocía por lo que parecía algo oficial, casi. Noté que se rindió al mutismo y que la incomodidad lo inundó enormemente: sus mejillas se colorearon un poco y guardó sus manos en los bolsillos, quizás le sudaban y trataba de ocultarlo. Aclaró la garganta y echó la vista al cielo.

—Eres linda…—comenzó y yo suspiré, claro que me gustaba que dijera que soy linda pero esa respuesta ya la había escuchado de alguien y realmente era decepcionante pensar que sólo te vieran así. Levanté las cejas y alargué una m en señal de protesta. Lo hizo reaccionar y se preocupó de tratar de explicar lo anterior dicho. —Pero en el sentido bueno. —balbuceó y comprendí que hablaba de la Mimí que tenía dentro. Un punto a favor, el médico jamás explicó bien lo que quiso decir. Asentí de una forma que le daba a entender que si, aprobaba su pequeña explicación, silencié otro rato a la espera de que algo más saliera de su boca, pero la presión fue más de lo que él estaba acostumbrado a sobrellevar. Yolei no era una novia convencional.

—Creo que está bien. —dije mientras me disponía a salir del auto que tantos sustos y rabias me hizo pasar. Desde ahora me movilizaré en autos ajenos, como el de mi Izzy, es un conductor calmado y jamás bebería algún licor si sabe que yo iría en ese auto con él, además vivimos al lado, sería un viaje necesario. —Qué vas a hacer ahora. —indagué cuando estuvimos frente a frente.

—No lo sé. —dijo todavía algo acalorado, con las palabras atoradas en su mente tormentosa. Cerré la puerta del auto y me apoyé en ella y me crucé de brazos. Su respuesta había estado bien, pero no perfecta, mi Izzy de mis sueños era perfecto con respuestas aun más perfectas. Miré al suelo y suspiré, como un vago recurso que extendiera su respuesta a una más completa. Él rió y bajó la vista. —Qué quieres hacer.

—¡Que bueno que preguntas! —me volví hacia él con una sonrisa y posé mis manos en su cintura. —Por que tampoco sé que hacer. —y ronroneé, volviendo a ser la chica que adoraba los asientos traseros. Aclaró nuevamente la garganta y por el rabillo del ojo miró hacia la casa de su ex.

—Mimí. No deberíamos hacer esto ahora. —murmuró al momento en que se separa de mi y resguardaba sus manos en los bolsillos. Crucé mis brazos sobre mi pecho, enojada, y terminé balbuciendo algo que no tenía sentido fuera de mi cabeza.

—No sé de qué te preocupas tanto. —respondí con la mandíbula apretada.

—Hay que tener un poco de respeto, Mimí. —dijo el pelirrojo con un toque de condescendencia en su voz. Traté de mantener calladas las verdades golpeando dentro de mi mente como mil martillos gritando por ser escuchados pero tenía esa extraña manía de joder todo lo que alguna vez había construido.

—Ella ya está bien.

—No podemos saber eso. —replicó como si hablara con alguien que estuviera teniendo un berrinche y hablara tonterías con tal de defender su punto de vista.

—Como no lo va a estar si ya tiene a otra persona. —hablé y lo procesé cuando ya era tarde, Izzy había cambiado la expresión completamente. Me mordí la lengua, maldiciéndome. —Me imagino, quiero decir.

—Creo que iré a dormir un rato. —se excusó y guardó sus manos en los bolsillos para emprender viaje hasta su casa. No comprendía por qué jamás aprendí a dejar de ser impulsiva. Se veía devastado, quizás todavía no digería el hecho de comenzar a decirle ex a su novia de toda la vida, me sentí mal, por haberle echado limón a una herida abierta y por que no me trataban como yo quería. Ella es el pasado, yo soy el presente.

—Izzy. —grité y con una mano lo tomé del brazo para que se girara hacia mí. —No debí decirlo, pero lo supe de ella. —dije al terminar, si soy mala omitiendo la verdad, soy peor mintiendo deliberadamente.

—Lo sé, no es tu culpa. —dijo con un toque de ternura en su voz.

Batí las claras de huevo frenéticamente, lo había olvidado cuando me puse a hablar por teléfono y ahora les pedía que doblaran su volumen para que por fin el pie estuviese listo. Mamá entró canturreando con un ramo de flores en un brazo y una pequeña bolsa de dulces en la otra. Me analizó por un rato y notó que el horno estaba calentando la casa durante horas, murmuró algo pensativa hasta que finalmente habló.

—¿Joe vendrá a comer con nosotros? —dejó las flores a un lado y llenó un florero con agua. Dejé de batir un momento y la miré negando con la cabeza, no sé de donde habría sacado esa idea. —Es que no lo veo hace tiempo y tú nunca cocinas a menos que sea para alguien más. —volvió a hablar y se fue a la mesa del comedor a dejar el colorido florero. —extraño a Joe. —volvió a decir ella. —Necesito que me recete algo para el dolor de cabeza.

—Anda a la farmacia y consigue algo. —murmuré de vuelta, ella no pararía hasta que le dijera que qué había pasado con el estudiante de medicina.

—Pero ellos no son médicos. —replicó entrando otra vez en la cocina con una notoria victoria en su rostro.

—Joe tampoco, sigue estudiando. —dije cuando metía todo el merengue en una manga de repostería y la miré por el rabillo del ojo para ver lo que le había parecido mi comentario. Ella silenció y comenzó a lavar todo lo que había ocupado para el pie y aclaró la garganta.

—Todavía no entiendo por qué lo dejaste, era un buen chico. —rió por lo bajo y se secó las manos.

—Por que no estábamos juntos. —dije algo molesta.

—Michael debería venir a vernos, es un mal agradecido. —siguió con el chico que pasó por mi vida anteriormente. —Los pasajes no están tan caros en estos días. —la miré de manera desaprobatoria y ella se rió una vez más.


dedicado a mis reviewers :D especialmente a Crizz ¡me encantas!