Dedicado a todos los que esperaron tanto.

Lunática

Capítulo siete.


Miré al reloj instintivamente, estaba más emocionada de lo que mi rostro podría resistir sonriendo. Dejé que las manillas de mi reloj siguieran su curso para que pasara más rápido el tiempo sin que yo lo estuviera supervisando, y posé mis ojos en lo que sería la sala en que mi querido amigo estuviese haciendo sus últimas prácticas del año, pero al parecer no quería salir. Repasaba mentalmente mis líneas del monologo que haría cuando estuviera en frente mío, diría lo feliz que estaba y que era la alumna estrella en mi curso de repostería, todo esto, en mi primer día de clases. Me sonreí a mi misma, como si estuviera felicitándome por lo que había ocurrido esa mañana, mi dicha me cegó y no noté cuando se pusieron a mi lado y me llamaron.

—Mimi, ¿cómo estás? —sonrió la chica que decía bingo cuando estaba feliz, me sobresalté; había atraído a la persona que menos quería ver mi querido amigo, por que estaba a un lado de su nuevo novio. Era flaco, un poco más alto que Izzy, y más callado de lo que había podido ver en una persona.

—Bien. —tartamudeé, olvidando completamente que, por cortesía, uno le preguntaba a la persona en cuestión sobre su salud. Ella no pareció notar mi poca educación y me siguió sonriendo ampliamente por unos segundos, después, y un tanto sonrojada, me presentó a su nuevo novio.

—Él es Ken. —habló tímida y yo asentí, mirando hasta donde estaba la sala, y a mi reloj, pidiéndole mentalmente que atrasara los segundos para la salida de Izzy y que no viera con horror lo que estaba viendo yo misma en esos momentos.

—¿Qué están haciendo? —indagué tratando de ser lo más simpática que podía, pensando seriamente en que debía llevármelos de allí, dejando planteado al futuro científico. Debía entenderlo, era por su propio bien.

—Vamos a almorzar. —dijo ella y se abrazó al brazo del chico callado a lo que él se sonrió un poco. Me enternecí, pero estaba decidida a enterrarlos bajo seis metros de profundidad sólo para evitarle el mal rato a Izzy, me aterraba la idea de que pensara que fuera otro de mis trucos para que él aceptara abiertamente lo que teníamos hace unos meses.

—Deberían hacerlo. —dije hablando fuerte. —Ya se está haciendo tarde. —y me paré del asiento en que estaba para guiarlos de vuelta al camino que los llevaría a su destino. Yolei protestó, pero a su manera.

—Por qué no vienes con nosotros, hace tiempo que no hablamos. —replicó pero yo estaba mirando por encima de mi hombro con horror, una multitud estaba saliendo de la sala que anteriormente estaba espiando. Izzy venía con un par de personas hablando de lo que sería la materia de ese día.

—¡Por que ya almorcé! —exclamé, ella contrajo sus cejas puesto a que era mediodía. —Otro día será, es más, yo los invito a comer a mi casa. Estoy haciendo un curso de cocina ¿sabías? —me contenté hablando de mi nueva profesión y olvidé el por qué de mi urgencia de que desaparecieran esos dos.

—Izzy. —dijo Yolei y se detuvo, tiesa como una tabla. Un incómodo momento, él la miraba con una imperceptible sorpresa y ella estaba sin palabras. Los intrusos, Ken y yo, estábamos invariables; yo seguía en mi manía de desaparecerlos de la faz de la tierra y él no decía nada, es más, creo que ni siquiera estaba al tanto de la situación.

—Hola. —dijo simplemente y me miró como si buscara respuesta. Comencé a reír.

—Nos encontramos aquí, es una coincidencia ¿cierto? —hablé con un tono más fuerte del recomendado, excusándome antes de la interrogación. Yolei asintió, supongo que ya había olvidado los horarios de Izzy, en cambio yo, los tenía todos memorizados: los lunes y miércoles salía temprano, por lo que podía ir a molestarlo, los martes no tenía tiempo y los jueves y viernes...

—Cierto. —me cortó la ex, y yo volví a la realidad, tenía que hacer algo.

—Izzy, deberíamos irnos, se nos hace tarde. —dije seria, actuando como la adulta que debía ser, me sonrió como pudo y se despidió con la mano de todos los presentes, no pudiendo articular alguna palabra. Una vez lejos, me tomé la libertad de seguir hablando. —Adivina quién es la alumna estrella. —murmuré cerca de su oído, el cambio de tema era necesario, no era que mi ego estuviese interponiéndose en el medio.

Volvió la vista hacia mí y me sonrió por primera vez en toda la jornada, y por unos instantes sentí que lo merecía tanto como alguna vez lo hizo la ingeniera con buenas calificaciones, claro que no estudiaba números y que mezclaba cosas en una cocina, pero era mejor destacarse en su área que en ninguna ¿verdad? Le sonreí complacida y miré por encima de mi hombro para investigar: Yolei estaba sentada donde me había encontrado y estaba siendo consolada por Ken, al parecer le había afectado esa primera impresión de Izzy, más tarde iría a dejarle un pastelito expresando mis condolencias.

Cuando volví al mundo real, caminando junto a él, sentí que su mano tomaba la mía, evidencia refutable que ahora me aceptaba abiertamente.


Cuando salí del auto de los papás de Izzy, nos habíamos estacionado frente de su casa, Izzy lo había llevado a la universidad por la mañana y aprovechó de traerme a la casa en él. Bajé más contenta de lo normal, en ese viaje cotidiano de no más de un cuarto de hora, pasé de ser una simple amiga a la novia oficial del señor Izumi. Quería reírme a carcajadas por lo feliz que estaba pero la madre de mi novio estaba plantando unas flores en el patio delantero de la casa, y nos vio llegar, así que quedé muda casi al instante. Esperé con todos los músculos inmovilizados a que Izzy se pusiera a mi lado y me dijera qué hacer.

—¿Mimi? —me llamó cuando notó que no respondía a ningún estímulo, sólo miraba a su madre sin expresión alguna.

—¿Si? —intenté parecer serena pero el resultado fue lo contrario, tenía la expresión de una persona que apenas había visto a un fantasma salir del cuerpo de alguien. No era tímida, pero en ese momento lo parecía.

—¿Qué quieres hacer? —preguntó con la sonrisa que a mi me faltada, como pude, dejé de sostenerle la mirada a su progenitora y la volví hasta él. Disminuida, le dije que haría lo que él quisiera hacer.

—Koushiro ¿Por qué no la invitas a comer con nosotros? —expresó su madre y yo me quería enterrar a mi misma unos siete u ocho metros bajo tierra. La madre parecía más complacida de que estuviera rondando los alrededores de su hijo y la figura de la perfección de nuera representados por Yolei desaparecían con mi presencia, claro que todo eso podría ser producto de mi imaginación y no era la mala influencia que creía que ellos creían.

Y estuvo hecho, conocería al padre ese mismo día.

Me senté tan petrificada como antes en el lugar que me indicó Izzy, pensé en las veces que Yolei se sentó en este lugar. La mesa estaba ordenada para tres personas y pronto la madre de él comenzó a poner en mi puesto todos los utensilios necesarios para comer de su comida. Todo pasó amenamente, con mi figura tan tiesa como maniquí.

El padre hizo su entrada triunfal, comentándole a su esposa lo que tuvo que hacer toda la mañana en la oficina, dejó su chaqueta colgada en la silla que llevaba su nombre en la memoria colectiva de la familia completa y en ese momento fue cuando recién me notó sentada a un lado de su silla. Saludé tímida.

—Hola, señorita. —comenzó y con un gesto obvio le preguntó a su esposa de quién se trataba esta intrusa, digo, señorita. La señora se le acercó con su respuesta en la punta de la lengua.

—Es la novia de Izzy, Mimi. —expresó y yo me sonrojé. Él murmuró algo de mi timidez y lo secundé en el comentario, ni yo me reconocía en esos momentos, nunca había tenido problemas con los padres de los novios que había tenido. Normalmente me levantaría de la mesa preguntando se podía ayudar en algo y lanzaría comentarios divertidos para agradarles más de lo que podían hacerlo.

—Muy bonita. —me complació el padre y se sentó a mi lado. —¿Qué estudias, Mimi? —indagó y me alegré de que hoy era el día en que me presentaba a la sociedad, podía responder algo más de lo que hice por mucho tiempo y decir que ahora tenía futuro. Sonreí.

—Cocina. —respondí y sentí que los músculos se me relajaron poco a poco, caí en cuenta de que me aterraba la idea de que pensaran que no era lo suficientemente buena para su hijo como lo era Yolei, la ingeniería era algo que daba muchas oportunidades.

Vi que Izzy tomaba asiento a mi lado y me sonreía, era suficiente con ser simplemente Mimi.


Ese día, mamá lo invitó a cenar cuando supo que había almorzado en su casa y me dijo que yo haría el postre. Cuando estaba poniéndole los últimos detalles a mi pieza de arte tocaron la puerta y yo grité mientras corría para abrirla, Izzy estaba detrás de ella, con las manos en los bolsillos y con su expresión serena de siempre.

—Pasa. —dije tironeándolo de la tela de su chaleco para luego tomarlo de la mano y guiarlo hasta mi habitación. —Mamá todavía no termina la cena, tendremos que esperar.

—Entiendo. —habló formalmente y dejó que lo aprisionara en mi habitación, cerrando la puerta detrás de mí. Sonreí, provocando lo mismo en su rostro, lentamente hice nula la distancia entre nosotros dispuesta a hacer lo que cualquier persona en su sano juicio haría si estuviera en mi posición. Mamá tocó la puerta de pronto y mi concentración se me fue de las manos, tropezando tontamente en mi actuación.

—Qué. —pregunté algo molesta, pero lo suficientemente respetuosa como mi sonrojo me lo permitía. Creo que no hablé muy fuerte por que siguió tocando la puerta.

—Joe está en la puerta, ¿lo hago pasar a tu habitación o bajas tú? —indagó inocente, claro que no quería que abriera la puerta y me viera mordiéndole los labios a uno de sus amigos de la infancia. Mi sonrojo se hizo más visible e Izzy se rió por mi reacción, aún así no se explicaba el por qué de la visita repentina de Joe.

—¡Bajo enseguida! —exclamé hacia la puerta y me giré para verlo a él, excusas salieron de mi boca. —Joe es muy amigo de mi mamá, siempre lo invita a comer. —él asintió mudo y yo salí corriendo por las escaleras.

El estudiante de medicina estaba en el umbral de la puerta, tan nervioso de estar ahí y más al verme. Lo saludé con la mano cuando desaceleré el paso por las escalas, estaba tan nerviosa como él, no quería que Izzy pensara alguna cosa que involucraran al de los anteojos y a mí.

—Mimi. —empezó al verme, acomodando sus anteojos en el lugar correcto del tabique de su nariz, se sonrió un poco y su expresión cambió a sorpresa cuando vio a mi acompañante. —¡Izzy!

—Hola, Joe. —dijo con un tono ameno en su voz, desconociendo las intenciones que tuvo alguna vez su amigo conmigo, o quizás las obviaba como el adulto que era. Mamá se nos acercó como siempre.

—Izzy es un nuevo amigo de Mimi. —explicó y caí en cuenta que no le había dicho las nuevas noticias, había dejado de ser mi amigo esa misma tarde. —¡Te extrañaba, mi querido Joe! Quédate a cenar.

—No es necesario, sólo quería hablar con Mimi. —respondió el estudiante de medicina y mamá se sintió satisfecha y se fue nuevamente a la cocina a terminar lo que estaba haciendo. Me quedé petrificada y miré a Izzy en busca de una respuesta, no quería molestarlo de alguna forma en el día uno de nuestra historia.

—Esperaré en la mesa. —dijo simplemente y se fue sin problemas a sentar. No parecía estar molesto de ninguna forma, era como un extraterrestre entre nosotros, yo lo habría fulminado con la mirada si una chica viniera a exigir una palabra con él, aunque, en realidad, no sabía cómo actuaría en esa situación.

Joe dio un paso hacia atrás y me dio la espalda, seguro de que había arruinado algo. Lo seguí, muda, juro que jamás volveré a hacerle algo parecido a una persona con sentimientos y amigo de Izzy.

—Me gusta tu personalidad. —dijo simplemente, refiriéndose a la pregunta que le hice tiempo atrás, la que me sirvió para deshacerme de la posibilidad de que Izzy lo pensara mi novio, y se fue, dejándome destrozada por dentro. Ya no soy tan mala.


Bueno, siento haber tardado tanto en actualizar, pero debo confesar que la persona que me inspiraba con tantas locuras dejó de interesarme. Tuve que empezar a darme inspiración sola y ¿saben qué? resulta demasiado bien ¡Independencia es lo que mueve el mundo!

Nos vemos en el final de Lunática.