Lunática

capítulo ocho y final.


Tecleé rápidamente y trataba de aguantar la risa que eso me provocaba, escribía líneas diciendo que estaba bien, que había conocido a alguien y que me preguntaba cuándo iría a vernos y, de paso, conocer a mi novio. Imaginaba la cara de cierto rubio estadounidense cuando leyera tanta información junta; fuimos muy amigos hasta que él decidió estar formalmente con otra que no era yo. Ahora, escribía de mí en una especie de reivindicación para recuperar mi alma. Firmé elegantemente el correo electrónico y lo mandé, riéndome, esta vez, a carcajadas; Izzy se percató de la locura que tuve de un momento a otro, reírme de un aparato sin vida, por lo que levantó la cabeza de todos los papeles sobre su escritorio, alzando las cejas en forma de sorpresa.

Me tapé la boca con la mano y guardé silencio, tenía que estar así mientras lo esperaba para salir a pasear; no quería ser la clase de novia absorbente que no le dejaba hacer su vida, así que me entretuve escribiendo correos en su computador hasta que terminara.

—Lo siento. —expresé y me fui a sentar en la punta de su cama.

—Ya terminé. —dijo, como si se disculpara él por mi aburrimiento, y se paró de su escritorio. No era su culpa, yo había llegado más temprano a buscarlo sabiendo que tenía mucho trabajo por lo de su titulación; qué envidia, yo ya me imaginaba en un programa de televisión cocinando algo, pero falta mucho para eso. —¿Lista? —habló otra vez, tomando su chaqueta colgada sobre la silla de su escritorio, salté de un brinco y llegué hasta donde estaba el pelirrojo más agradable del mundo, con ningún pelo rubio sobre su cabeza, debo decir.

—Siempre. —levanté una sola ceja, exagerando una mueca para que se notara lo linda y femenina que era, además de ser excesivamente graciosa y coqueta. Sonrió captando la idea y, con un brazo envolviendo mi espalda baja, me guió caballerosamente hasta la puerta de la habitación, como si yo no supiera donde estaba la salida, pero me agradaban todos los detalles de sus gestos.

—Estará Tai allá. —comentó y yo asentí con la cabeza, claro que estaría él, junto con toda la tropa de amigos a su lado, incluso Joe y esperaba que estuviera feliz de verme. —Me refiero a que la pasarás bien. —reiteró y se sonrió con algo de burla, casi imperceptible. Hablaba del encuentro en que me vio acostada en el asiento trasero del auto del novio de Sora, con las piernas tan abiertas como una ventana y descubiertas hasta los calzones; reí, seguro de que esa prenda de ropa le gustaba mucho, sino, no lo mencionaría de aquella forma, creo yo.

—Nunca más. —dije en forma de repuesta, no volvería a hacer el ridículo. Bebería unas cuantas copas amistosas, nada más, tenía que estar conciente para lo que sería mi segundo encuentro del campamento y mi presentación a sociedad como la señorita novia del señor inteligente. Debo admitir que estaba ansiosa y preocupada por cómo reaccionaría toda la gente ahí; Sora quizás se enojaría, pero no veo el porqué, a Tai se le rompería la mandíbula riéndose de lo que había conseguido, Joe probablemente me ignoraría con cortesía y el resto no debería decir algo al respecto. —Me portaré bien. —concluí y con un salto bajé las escaleras que me faltaban para tocar el piso mientras que soltaba un pequeño grito, propio de una niña de doce años, y él, por su parte, siguió bajándolas como se debía hacer, una por una y con la seguridad que eso conllevaba.

Cuando llegué a la puerta, me detuve y me giré hacia él a la espera de que llegara hasta la perilla y él la abriera, mientras yo me colgaba de su cuello sólo para entorpecer su camino hasta el auto. Yo jamás tocaba las perillas, con Izzy eso ya no me estaba permitido; cuando llegó a nuestro destino con sus pies arrastrando ya que estaba conmigo como un parasito que atacaba su cuello, me reí y lo solté para entrar sin mucho esfuerzo al vehículo pero él me detuvo.

—Mimi. —comenzó, y yo me volví a mirarlo con una expresión de sorpresa, pero aún así seguía entretenida con todo lo que hacía a su alrededor, me sentía como una niña queriendo jugar a cada segundo del día. Sonrió un tanto y miró la puerta que estaba al lado y atrás del copiloto. —Creo que deberías esperar en el asiento trasero.

—¿Por qué? —indagué curiosa, y de una pequeña niña pasé a ser una joven adulta, comprendiendo a lo que se refería. —También sirven los puesto de adelante ¿sabías? —puntualicé, pero aún así me instalé en el asiento trasero, esperando a que el auto se detuviese en algún terreno baldío a mitad de camino del encuentro del campamento.


Cuando llegamos, todos estaban instalados en el mismo lugar que Sora había elegido para el encuentro anterior, reconocía el árbol en el que me abracé una vez, la cabaña y el estacionamiento en donde estaba el auto negro cuidando mi sueño y resaca posterior. Suspiré y me desabroché el cinturón de seguridad, dispuesta a salir, no sin antes mirar a Izzy en busca de consuelo, puesto a que no quería ver a Joe.

—Vamos. —dijo sereno y yo asentí derrotada, prefería estar en quién sabe donde mientras compartía tiempo de relajo extasiado con el pelirrojo.

—Podríamos volver, me entretuve más cuando estábamos solos. —murmuré como un último recurso para salir corriendo. Él sonrió.

—No es posible. —dijo y yo me contraríe, todo es posible en esta vida. Quise preguntar el porqué de su comentario pero se me adelantó. —Porque ya nos vieron, Tai viene para acá.

—¿Dónde? —alcancé a decir, volviendo mi rostro al vidrio que tenía a mi lado y vi que el antiguo líder estaba mirándonos desde afuera, solté un grito y exclamé furiosa mientras bajaba el vidrio que nos separaba: —¡Qué pretendes!

—Saludar. —dijo simplemente y le extendía el brazo por la ventana abierta a Izzy para saludarlo. —¿Cómo estás?

—Bien, ¿y tú? —replicó, comenzando una conversación conmigo en medio, pero sin mezclarme entre los comentarios. Me quedé callada, con los brazos cruzados, seguía enojada por el susto que me dio al estar tan cerca del auto sin que yo me diera cuenta.

—Bien, ¿cómo está la novia? —indagó nuevamente Tai, esta vez, levanté una ceja en señal de victoria y miré a Izzy con una sonrisa tan grande que mostraba todos mis dientes perfectamente blancos, él hizo lo mismo, pero con la tranquilidad que lo caracterizaba. La complicidad no la notó Tai hasta mucho después.

—Estoy perfecta. —respondí a lo que Tai abrió los ojos como platos. El silencio invadió todo e Izzy decidió que era mejor salir y sociabilizar con el resto, por lo que lo seguí, saliendo del auto a la par. El castaño se hizo a un lado para que abriera la puerta y antes de que mi novio estuviese lo suficientemente cerca para escuchar, Tai hizo lo suyo y me susurró un par de palabras al oído.

—Mis condolencias para Yolei. —dijo y se rió mientras me abrazaba con la excusa de saludarme como era debido. Molestándome más de lo necesario, Izzy sólo sonrió, pensando que Tai me susurraba lo mucho que me extrañó porque Matt no lo dejaba acercarse a las botellas de cerveza que habían comprado.

—Ella lo dejó. —y levanté la ceja para que notara un poco de picardía en mis palabras. —El resto, sucedió solo.

—Entiendo. —respondió el castaño y me sonrió. Izzy llegó a nuestro lado. —Me alegra que llegaras, princesita.


Estaba sentada con un vaso de jugo de naranja en la mano y escuchaba entretenida todas las ocurrencias que la hermana menor de Tai tenía en la cabeza; fue en esos momentos en que encontré lo tonta que fui al pensarla la pesadilla de mis fantasías sentimentales. La niña era simpática y bastante madura para su edad, incluso más de lo que yo lo era en estos momentos. Miré sobre mi hombro y me encontré con Sora mirándome sentada a un lado de su novio rubio, me sorprendí pero desvié toda clase de inseguridades levantando mi mano y saludándola de la forma más sincera que podía, el miedo de que me reprendiera estaba todavía presente. Ella se levantó y caminó hacia mí.

—Ven conmigo. —dijo cuando llegó, se inclinó para hablarme al oído. La obedecí como si fuera mi hermana mayor y la seguí hasta la cabaña que en esos momentos estaba desierta. Se detuvo en una puerta y la cerró tras de sí, con una sonrisa que jamás pensé que ella tendría.

—¿Qué sucedió? —pregunté imitando su sonrisa, sabía que era bueno y me alegré antes de tiempo. La pelirroja sacó algo de su bolsillo del pantalón y me lo mostró con cierta timidez que me sorprendió más que el objeto que brillaba intensamente.

—Me voy a casar. —exclamó ella y mi mandíbula quiso caerse del agarre firme de mis músculos faciales, sabía que hace un tiempo le recomendé mentalmente que nunca de los nuncas terminarías uniéndote en matrimonio con tu primer novio, que obviamente quieres más que cualquiera sólo por ser el primero.

—Eres demasiado joven. —pude decir después de eternos segundos de mutismo en los que ella pedía mi opinión con gestos faciales. Miré el anillo y me distraje un poco, quería recomendarle que esperara unos años más, pero era evidente que me he equivocado en el pasado. —Que bonito.

—Lo sé. —expresó aprisionándolo en su pecho, y quiso guardarlo otra vez en su bolsillo, lo que me pareció un poco raro, si fuera yo, mi mano con el anillo estaría en una vitrina para que todos lo admiraran.

—¿Y por qué no te lo pones? Una sugerencia. —volví a hablar, tratando de no sonar muy afectada con el tema; no era de todos los días ver a una novia comprometida ocultar las pruebas que la enlistaban para la vida matrimonial y acabada.

—No, no, no. —exageró en su respuesta y se sonrojó de sobremanera. —No queremos hacerlo oficial todavía, no sabemos cómo reaccionaría Tai.

—¿Tai? A él le encantará la idea. —le quité la importancia de tal delicada situación, su mejor amigo estaba más que enamorado de ella, tanto que aceptaba que el mejor amigo de él se la robara. Sora pareció quitarse un enorme peso sobre los hombros y me pidió que se lo asegurara al instante. —Lo juro por todo lo que quiero.

Sora se relajó enseguida, me abrazó y corrió a encontrarse con su prometido. Pensé por unos segundos, recordando las pequeñas conversaciones que sostenía con el castaño, y con horror repasé mis palabras, a él le encantaría la idea. Claro, Tai tenía esperanzas que lo que tenían sus amigos se terminaría algún día y que él llegaría con pegamento a buscar los pedacitos del corazón de la pelirroja y le armaría uno totalmente nuevo y funcional, la idea del matrimonio lo dejaría más destrozado que aliviado; el día en que tenía que esperar con su pegamento se haría inexistente y el corazón de él necesitaría algo más que simple pegamento.

Me paseé por la cabaña, buscando a mi pelirroja amiga por el lugar, pero por más que la buscaba, sólo encontraba las botellas que Matt había ocultado para que el castaño le dejara bebida al resto. Miré por la ventana y los vi conversando, a Sora y a Matt, y ella todavía no tenía el anillo en la mano, deduje que no lo dirían hoy y que cuando lo hicieran, yo no estaría allí para ver la expresión de horror de Tai, lo que significaba que no tendría culpa. Algún día tenían que decirle y debía recuperarse solo.

Tomé una botella en mis manos; mi mejor amigo llamado vodka, eso le hacía falta a mi jugo de naranja, me lo llevé a los labios para ver cómo sabía y si era el indicado para mi bebida que me esperaba afuera.


Volví y me senté a un lado de Izzy, le di un fugaz beso en la mejilla y noté que Joe estaba mirando absorto la situación y cuando cayó en cuenta que mis ojos estaban sobre él, se excusó y se fue al baño a ocultarse. Sentí que mi percepción de mi misma se volvía horrible pero lo peor estaba por ocurrir: Matt tomó una cerveza y la alzó para captar la atención de todos, mientras rodeaba a su pelirroja novia con un brazo. Yo estaba algo más que petrificada así que me bebí todo lo que había en mi vaso de una bocanada, apreté mis parpados con un intenso ardor bajando por mi garganta y seguí escuchando mientras miraba hacia otro lado como si el tema no me incumbía y que su decisión no era a causa de uno de mis comentarios.

—Conozcan a mi futura esposa. —anunció y el ambiente terminó por ser una celebración más que un simple encuentro. Sora se puso el anillo en la mano indicada para demostrar lo que el rubio ya había dicho. Todo estaban felices, todos menos un castaño.

—¿Qué? —exclamó con un aliento alcohólico y sorpresivo. No lo quería decir tan fuerte y terminó por captar toda la atención que estaba dirigido hacia la pareja. Se sonrojó y alzó su botella al cielo. —Por Sora y Matt, que sean felices por siempre, y…

—Y por todo lo que les queda por delante. —dije yo, cortando al amigo resentido que sería si seguía hablando, lo había salvado, pero ahora todos me miraban a mí y un sonrojo visible surcó todo mi ser, en parte mi vergüenza, en parte el vodka. —Sora es la mejor amiga que he tenido desde que llegué devuelta al país, y espero que sea muy feliz con su novio, que aún no conozco muy bien, debo decir. —me corté un poco cuando vi que Tai se levantaba y se iba del lugar. —Lo preferiría menos rubio, pero es como es. —reí con la broma que sólo yo entendí y le senté a petición de Izzy.

—Mimi, es mejor que nos vayamos. —empezó el pelirrojo. —Ya te divertiste lo suficiente. —habló con algo de risa y me quitó el vaso de vodka de mis manos, pero yo me sentía mejor que nunca, un poco mareada pero no es un problema ¡pásame un pedazo de pan!

—Estoy portándome bien. —dije y oculté mi cara en su cuello. Vi que mi amiga murmuraba un agradecimiento a las bonitas y casi espontáneas palabras que salieron de mi boca, yo sólo sonreí y suspiré. —Tengo que ir al baño. —dije, y fui en busca de un castaño. Repasé las tonterías que dije y a la única conclusión que llegué fue: el mundo pensará que uso como baño los árboles del bosque, como una chica salvaje; nunca estuvo en mi cabeza lo borracha e inestable que podían pensar que soy.

—Mimi. —expresó mi novio y supe que me había seguido, estaba tan sorda, ciega y bruta en mi andar ebrio que no lo noté cerca y pegué un grito de susto cuando caí en cuenta que estaba a mi lado. Luego, me eché a reír a carcajadas. —¿Qué sucede?

—Lo eché todo a perder. —expresé, embelesaba con su cabello rojo, tomé un pequeño mechón entre mis dedos finos y me quedé hipnotizada hasta que su voz me trajo de vuelta al mundo real.

—¿De qué hablas? —respondió con una ceja alzada, me encanta cuando hace eso, me hace sentir inteligente si lo hago dudar y no sabe la respuesta de todo.

—Le dije a Sora que no importaba que le dijera a todo el mundo que estaba comprometida, que a Tai no le afectaría. —terminé y dejé caer pesadamente mi cabeza sobre su hombro, no sé si le dolió pero no me importó. Mi novio me envolvió en un abrazo y trató de consolarme, creo que sabía que estaba a punto de llorar.

—Claro que no es tu culpa. No podías saber lo que le afectaría a Tai o no.—me excusó y lo miré atentamente, sabía que no estaba del todo bien, de hecho, estaba completamente mal. Yo sabía todo lo que implicaba al castaño y el tema tratado, por el rubio, instantes atrás. Asentí, pero para olvidarme un rato del tema, acomodé mi cabeza en su hombro nuevamente y luego sentí que me atravesaba un líquido ácido por la garganta. —¿Mimi? —indagó el pelirrojo cuando supo que no me encontraba bien puesto a que me separé de él rápidamente y comencé a vomitar todo lo que había bebido.

Estuve eternos segundo vaciando mi estómago y el color abandonó mi cuerpo, dando paso a una debilidad intensa en las rodillas. Izzy terminó sujetándome de los hombros mientras tenía salpicaduras de bilis en toda su ropa.

—¿Mimi? —gritaron desde un costado y apareció Tai heroicamente. —¿Estás bien?

—Perfectamente. —expresé desvaneciéndome y volviendo a la vida casi instantáneamente. Jamás volvería a beber en mi vida.

—Mimi, te he visto en peores situaciones, debes haberte intoxicado. —resolvió el estudiante de leyes y yo me asusté.

—Eso es verdad. —dijo mi novio, e intercambiaron anécdotas de mi estómago de hierro entrenado con pasteles con toneladas de azúcar y mezclándolos con terribles combinaciones. —Debemos ir donde Joe.

—No, no, estoy bien, exageran. —dije con seguridad.

—Izzy, iré por Joe. —concluyó Tai haciendo caso omiso a mi comentario y salió trotando hacia la cabaña nuevamente, olvidando completamente la situación anterior en la que estaba involucrada su frustración más grande en la que mi mejor amiga era la actriz principal. Mi novio me tomó de la cintura y me obligó a caminar hacia el médico.

—Vamos con cuidado. —expresó y me ayudó paso a paso hasta que volvimos a la civilización.

—¡Mimi! —me socorro mi amiga, horrorizada por lo que me podía haber pasado, una pierna rota o algo por el estilo, puesto a que Tai gritaba por el médico con urgencia. Palpó toda mi cara y comprobó que estaba bañada en sudor. —Qué te sucedió. —tomó una de mis manos y caminó junto a nosotros hasta la cabaña. —Debes recostarte.

—Arruiné el encuentro. —dije avergonzada, parecía cuerda nuevamente y es que tanta atención podía preocupar a cualquiera. Ella tiró de las sábanas de la cama en la cabaña mientras que el pelirrojo me ayudaba a tenderme ahí. Acto seguido me tapó y acomodó las almohadas.

—Claro que no, Mimi, esto le puede pasar a cualquiera. —repuso Sora, maternalmente.

—¡Calentaré agua! —expresó la hermana pequeña de Tai cuando corrió con el rubio menor a ver lo que estaba sucediendo. Tantos pares de ojos sobre mí hicieron que mis facciones se perdieran en un rojo intenso. Finalmente, Tai llegó con Joe, y el silencio en la habitación se hizo sepulcral, todos se abrieron para que la eminencia pudiera atravesar la estancia.

—¿Qué sientes? —preguntó Joe, palpándome la cara como lo hizo mi amiga, casi como lo había visto en el aeropuerto cuando llegué del país extranjero.

—Nada, estoy bien.

—Mimi vomitó en el bosque, no nos explicamos porqué. —intervino Tai y mi novio lo secundó.

—No es normal que lo haga. También se desvaneció por unos momentos.

—Cualquiera vomita cuando se toma unas copas demás. —contesté casi molesta por la sobreprotección que estaba sufriendo. Me crucé de brazos y miré un punto fijo de la habitación vacío, fue difícil encontrarlo, ya que con ocho personas transitando el lugar no había muchas opciones, por lo tanto, lo encontré en el techo.

—Mimi, no has bebido mucho, estás perfectamente sobria ahora. —refutó Sora con los brazos cruzados sobre su pecho.

—Puedo llegar a ser buena actriz. —bromeé pero nadie rió, Joe aclaró la garganta.

—¿Has tenido relaciones últimamente? —y todos aguantaron la respiración de asombro.

—No responderé eso.

—¿Eso significa que…?—Kari lanzó la primera exclamación de felicidad, estaba claro que amaba a los bebés. Pero claramente no era eso, comencé a negar con la cabeza pero nadie estaba prestándome atención, todo giraba en torno al bebé imaginario.

—No, significa que estoy intoxicada. Explícales, Joe. —pedí, no, le rogué al estudiante de medicina.

—Es una posibilidad descartable. —y le di palmadas al casi médico en la espalda, él realmente me entendía, no podía llegar y establecer un hecho sin tener en cuenta todos los síntomas, es decir, cuando una mujer de mediana edad tiene reflujo ¿es bebé instantáneo? No lo creo, quizás nunca me habrían visto en estas condiciones sólo porque disfruto la privacidad de un baño. El grupo parecía estar alborotado por la noticia de matrimonio y pedía por lo siguiente: familia.

—No me esperaba esto, princesita. —resolvió después de unos momentos el castaño y fue directo al otro involucrado en el asunto, Izzy. No se me había ocurrido verlo a él después de esta escándalos, y por cierto, falsa noticia; estaba sereno, casi riéndose, por lo que no estaba para nada enojado, lo que me asustó. Llevé mi mano a mi estómago por si podía tocar algo distinto en mí, como una nuez, pero nada había. Escuché que Sora suspiraba enternecida por el acto y yo sólo fruncí el entrecejo.

—Joe, qué pasa si con Matt vamos a buscar de esos test comerciales para confirmarlo. —propuso mi mejor amiga a lo cual, Joe asintió, aunque era bien sabido por todos que esas cosas no identifican a las nueces hasta unas semanas de crecidos. Ese pensamiento me asustó.

—Mimi, esto puede ser una intoxicación o esta otra opción. —explicó el médico, pero yo ya sabía la respuesta que era la primera opción, debía ser la primera. Sonrió y me ordenó mi pelo cariñosamente, ya no estaba enojado. Se incorporó y le habló a la gente. —Dejémosla descansar. —y así todos abandonaron la habitación, la exhibición de esta fenómeno se había terminado, todos menos mi novio. Levantó una de sus cejas prominentes y caminó hasta la cama con una mano en el mentón, pensativo.

—Intoxicación. —resolví, auto convenciéndome, ¿te has dado cuenta que si vez un montón de personas corriendo despavoridas en una dirección, te dan ganas de seguir a la estampida sólo por si acaso, aunque no sepas por qué corren? Es esa clase de miedo tenía.

—Eso debe ser. —respondió, no había dicho nada con el tumulto de gente mirando, o quizás lo había hecho, pero como yo nadie lo escuchaba. Conclusión: no era que le gustara la idea del bebé imaginario, sólo se reía porque nadie lo escuchaba. —Es un diagnóstico apresurado.

—Claramente. —y ya no sentía ganas de seguir hablando de lo mismo, pero simplemente no abandonaba mi cabeza. —¿Y si fuera verdad?


Sora apareció en una media hora en la puerta, mostrando sonriente una pequeña bolsita traída de alguna parte civilizada. No me gustó mucho esta imagen, ya que había estado todo el tiempo con Izzy en su ausencia, hablando de cosas que nada tenían que ver con lo que había dentro de la bolsita, y eso me tranquilizaba. Odié el tema en que mi simple intoxicación se había convertido. Izzy aclaró la garganta y me hizo un gesto, indicándome el baño, mientras que a cada segundo, una nueva cabeza de los integrantes del grupo aparecía asomándose en la puerta.

—¿Tienes ganas? —preguntó finalmente, y claro, había bebido suficiente jugo con vodka como para seis de esos test. Sora se acercó y leyó las instrucciones en voz alta, lo usual, había que orinar en cierta parte del palito en el que aparecería un signo menos en una punta para indicar que nada pasa dentro de mí, o un signo más…

—Tendré que tener. —expliqué y fui hasta donde mi amiga para recibir el arma letal sin una gran sonrisa.

Me encerré en el baño, suspiré largamente y me senté en la tina para observar la caja. Estaba segura de que daría negativo pero aun así estaba asustada y no quería hacerlo. Imaginé que afuera estaban todos agolpados en la puerta para oírme orinar, y eso era algo que me hacía tener menos ganas de tomar la prueba, es incómodo que te escuchen hacer tus necesidades. Vi fotografías en la caja que mostraban ejemplos de cómo se vería la barita en cualquiera de los dos casos, y me horroricé, de estar encerrada en un baño debía ser Sora.

En poco tiempo, ella sería que se iría del nido familiar para casarse, y lo siguiente, en la mayoría de los casos, era un bebé, aunque para Tai sería un golpe más grande. Pero en mi tragedia parecieron llevarse excelente.

Joe también estaba distinto, en su papel de médico habló sus primeras palabras en semanas y fue tan generoso como para dedicarme una sonrisa en su diagnóstico. Y como lo hubiese sido para Tai, ese debió un golpe terrible para su ego, más si su mejor amigo es el padre.

Reí un poco, ni siquiera Izzy creía en lo que el médico había insinuado. O quizás no quería creerlo. En cualquiera de los casos, tomé el test y llevé a cabo la prueba: le eché agua del grifo, oriné y salí triunfante. Afuera, me encontré con lo que esperaba, casi todo el grupo agolpado, le pasé la barita al médico y salí de la habitación.

—Izzy, me dio hambre, ¿qué hay de comer? —empecé una vez afuera, el pelirrojo rió y me siguió hasta la cocina, explicándome lo que habían estado haciendo para alimentarnos mientras yo me embriagaba con un poco del vodka que había encontrado en una despensa.

—Mimi, ¿no verás el resultado? —indagó Kari, un poco descolocada al ver la escena. Me asomé por la puerta y les dediqué una cándida sonrisa.

—Claro que no, ya sé el resultado. —indiqué y me eché a reír a carcajadas, vi a la chiquilla, era igualita a Tai y justamente él no estaba presente. —¿Y tu hermano?

—Afuera. —expresó y me pareció extraño, miré a Izzy y con un gesto le hice ver que quería saber qué tramaba el estudiante de leyes, quizás, todavía estaba deprimido por la primera noticia del día. Cuando salimos, y todo el grupo restante nos imitó, estaba bebiendo la botella que yo había encontrado hace un rato y que había provocado todo el alboroto.

—¡Qué haces, idiota! Te dije que no traeríamos tragos fuertes. —regañó el rubio mayor y le arrebató el trago de las manos.

—Yo no lo traje. —se excusó, y lo supe, ese trago había estado desde la junta pasada y yo bebí mucho de licor malo. Reí internamente, por vergüenza, y sin decir nada me escabullí hasta la cocina, pensando el lado positivo de la historia, mi pequeño escandalo sirvió para arreglar todo lo malo del grupo.

—Mimi, ¡el resultado! —gritó la pelirroja. —Es… negativo.

—Te dije.


¡Terminó! Sin problemas para la pobre protagonista =), espero que les haya gustado, porque como este fic tenía tantas cosas cliché de la vida cotidiana-o almenos para mí- tenía que terminar con algo tan cliché como una alarma de bebé. Algo extraño, pero bueno (:

Gracias a: Herm weasl y livi chan7.

Nos leemos en otra historia, otra trama pero la misma protagonista ;D