2) Indiferencia.
La negación había sido aceptable (sí, ya), pero la indiferencia… La indiferencia fue brutal, catastrófica, hiriente y dolorosa. Brian aún no atinaba a comprender qué había ocurrido durante aquellas semanas, qué era lo que estaba mal con él para que Justin lo ignorara así.
Se miraba en el espejo más veces de las que estaba acostumbrado (y, entended que no eran pocas) y no encontraba nada que hubiera dado pie a Justin a alejarse de él de aquel modo.
Ya no lo buscaba, ya no lo perseguía, ya no suplicaba. De hecho, Brian había pasado a convertirse en la presa en lugar del cazador que siempre había sido. Era él quien buscaba a Justin –para pedirle más y más favores a los que él se negaba-, quien lo perseguía –para asegurarse de que estaba bien, por supuesto. Él no era ningún insensible, ¿está claro?
Cuando se hubo recuperado de la negación (más o menos), comenzó a darse cuenta de que Justin era un muchacho inteligente, casi tanto como él.
Claro, nadie hace nada gratis. Si quiero que haga algo por mí, tendré que ofrecerle algo a cambio dedujo Brian.
Se acercó a Justin en el Liberty mientras trabajaba, lo agarró del brazo en un término medio entre brusca y dulcemente y acercó sensualmente sus labios al oído del chico.
- ¿Por qué no te pasas mañana por casa para prepararme ese manjar tan suculento que preparaste hace tiempo? Prometo recompensarte.
Sabe Dios cuánto tuvo que sufrir Justin en aquel preciso instante, cuando contemplaba los labios de Brian a escasos centímetros de los suyos y la recompensa con la cual pensaba premiarle Brian sería tan placentera que hubiera estado dispuesto a regalarle un pedazo de nube con tal de tal compensación a su trabajo.
No obstante, cerró los ojos un segundo, sólo un segundo para auto convencerse de que su plan estaba en marcha y no podía dar media vuelta y huir como una maricona. Luego clavó sus azules iris en Brian y se encogió de hombros, poniendo cada milímetro de su fuerza de voluntad, antes de contestar:
- No.
Y se alejó, por supuesto. Antes de comerle la boca a Brian o reír a carcajadas a causa de la expresión de su rostro.
¿Qué cojones está pasando? se preguntó Brian siguiendo con la mirada a Justin, que atendía a un grupo de chicas unas mesas más allá.
Se olió los sobacos y el aliento disimuladamente, pero no era aquello. Entonces, ¿qué cojones era? ¿Qué estaba mal con él?
Se levantó del asiento y prácticamente corrió a refugiarse a su apartamento. El suelo lejos estaba de resultar cómodo, pero Brian no sentía deseos de tumbarse en la cama (la cual le recordaba a Justin, a todas y cada una de las veces que lo había follado sobre aquel colchón, entre aquellas sábanas) ni en el sofá (el cual también le recordaba a ese maldito crío, las veces que había dormido allí, las veces que le había abierto las piernas para tirárselo).
Todo estaba patas arriba, no podía quitarse de la cabeza a ese niñato de ojos azules intensos y cabello rubio. Ya no se sentía adorado, ni admirado, ni deseado, ni querido.
Brian debía reconocer que, durante los primeros meses, le había irritado la insistencia de Justin, le había agobiado su amor, encarcelado su persecución… Pero en aquel momento, lo echaba de menos.
Vaya si lo hacía. Por Dios, en vez de estar en las saunas del Babylon follándose al primer desconocido que pasara esta allí, en su casa, sólo. Pensando en un crío de dieciocho años que le estaba volviendo loco con sus jueguecitos.
Brian tragó saliva observando el techo de su casa y pensó qué era esa sensación que le cruzaba el pecho, tal vez fuera que sin Justin a su lado se sentía… ¿perdido?
- Joder – maldijo pegando un puñetazo al suelo.
Él no era así, él no pensaba aquellas mariconadas… ¿O sí? ¿O tal vez fuera que Justin le estaba ayudando a descubrir su verdadero yo?
Aquella noche, Brian se dirigió al Babylon como cada Viernes, ver allí a Justin no le sorprendió. Que no le dirigiera ni una triste mirada cuando se acercó a él y a Emmett, Ted y Michael, lo asustó. ¿Dónde estaba el niño que no podía quitarle los ojos de encima porque se sentía embriagado por su presencia? En aquel momento un tío se había cruzado en el camino de los amigos, enviando a Brian miradas plagadas de deseos y promesas.
Éste había dudado por un segundo, enviando una mirada pícara a Justin sólo para comprobar si lo estaba observando. El que el crío no lo observara lo puso frenético, de nada servía echar un polvo si Justin no podía sentir celos, si Justin no deseaba estar en su lugar.
Así que, Brian levantó las cejas y con una sonrisa de indiferencia había pronunciado:
- No me interesa.
Lo que hizo que Justin sonriera disimuladamente. El dragón estaba rindiéndose a sus órdenes poco a poco. Ya se encontraba más cerca del corazón de Brian Kinney, sólo tenía que aguantar un poco más, sólo un poco…
Y eso mismo hizo.
Cuando Brian apareció, minutos después, en el centro de la pista de Babylon donde sus amigos danzaban entre drogados y excitados, Justin no perdió tiempo en bailar a su propio ritmo, una sutil mezcla entre sensual y obsceno que, sin duda, atrajo rápidamente la atención de Brian.
- Hey, Justin – se acercó a él, colocando las manos en su culo y atrayendo su cadera a la suya, provocando que su erección quedara pegada contra la cintura del chico.
Justin creyó morir en aquel mismo instante.
- ¿Qué te parece si tú y yo vamos a montarnos la fiesta a otro lado?
El muchacho tragó saliva como nunca antes, haciendo acopio de todas sus fuerzas para respirar otra cosa que no fuera el perfume de Brian embriagándole, o rozar otra cosa que no fuera su erección, espléndida y magnífica, restregándose contra él.
Con toda su fuerza de voluntad se encogió de hombros y fingió la más absoluta y brutal de las indiferencias.
- Bleh – soltó en un murmullo incomprensible.
Brian se separó de él violentamente, con aquella expresión tan extraña y graciosa cruzándole el rostro. No puede estar pasando de verdad, no puede estar rechazándome, diciéndome que le da igual pasar o no la noche conmigo.
Sintió que se ahogaba, que el aire no llegaba bien a sus pulmones.
Él, Brian Kinney, conocido homosexual, reconocido conquistador, impasible seductor… Rechazado.
No dudo un segundo en dar media vuelta y alejarse de Justin con maldiciones incomprensibles saliendo despedidas de sus labios. Le costaba respirar, le costaba reaccionar. Sentía ganas de llorar y preguntar por qué, de arrodillarse en el suelo y suplicarle que pasara la noche con él, dejándole permanecer a su lado.
Y aquel simple pensamiento le aterrorizó tanto, tantísimo, que se alejó del Babylon a grandes zancadas, esperando que la calidez de su casa y una buena ducha le ayudara a aclarar sus ideas.
Porque él era Brian Kinney y ni suplicaba ni pedía explicaciones, entonces ¿qué cojones hacía pensando en aquellas cosas? ¿Qué coño era aquella sensación de vacío en su pecho? No obstante, si algo continuaba como siempre, aquel era su orgullo.
Por nada del mundo iba a permitir que Justin lo viera en aquel estado de desesperación y shock mental.
Justin, aún en el interior de la discoteca, se alejó hasta el cuarto de baño para saciar su sed de Brian masturbándose al tiempo que se preguntaba si estaría haciendo lo correcto.
Había visto a Brian tan vulnerable y perdido como él mismo había estado durante meses. Le habían entrado ganas de abrazarlo y susurrarle al oído que sí, que se marcharan a su casa y dejaran a su pasión dar rienda suelta, había deseado besarlo hasta la saciedad y hundirse en su piel mientras te quieros entrecortados salían de sus labios.
Pero no podía echarse atrás en aquel momento, no cuando ya había destruido muchas de las cabezas del dragón y cortado sus zarpas. No había llegado tan lejos para rajarse en aquel momento.
Quería llegar al corazón de Brian Kinney y demostrarle que en realidad le quería, que su atracción por el rubio no era un mero ataque pasional, que realmente lo amaba.
Quería destruir al dragón y llegaría hasta el final.
Un poco de su propia medicina ;)
