- Ay – se quejó Brian cuando Justin colocó una bolsa de hielo en su frente.

- Oh, vamos, no seas maricona. No ha sido para tanto.

Brian sonrió a la sonrisa juguetona y burlona de Justin. Podía haber dicho alguna mariconada del estilo sólo me estoy quejando para que me cuides, en realidad no ha sido para tanto.

No obstante, se lo guardó. Como era de esperar.

Él era Brian Kinney, él no decía ese tipo de cosas. En realidad, ni siquiera las pensaba, pero hacía ya horas que se había abandonado a sus pensamientos cursis, al menos si estaban relacionados con Justin.

El muchacho limpió con cuidado la herida de Brian y sonrió con aquella sonrisa que sólo aparecía cuando él estaba cerca. Lo había llamado su Justin y si aquel no era motivo para sonreír, no sabía cuál podía ser.

Estaba llegando a la parte final de su plan y aunque se moría de ganas por quedarse allí toda la noche, debía comprobar si Brian estaba preparado para amarle, por lo que se levantó y, tras colocarse la chaqueta, murmuró:

- Será mejor que me vaya…

Brian lo observó mientras éste se dirigía hacia la puerta, convencido de que sólo sería una broma de mal gusto. Mas Justin no parecía por la labor de detenerse…

Mierda, no lo hagas, Brian, ten orgullo…

- ¡Espera!

Justin se detuvo a unos pasos de la puerta con una sonrisa en el rostro, una sonrisa que no había mostrado a Brian, por supuesto.

- ¿Qué? – preguntó Justin dándose media vuelta lentamente, queriendo probar suerte.

Brian no suplicaba, no repetía. Lo había hecho una vez. ¿Lo haría dos?

Al parecer, sí.

- Quédate, por favor – murmuró tan bajo que apenas se escuchó a sí mismo.

El muchacho caminó hacia él y se sentó a su lado en el sofá, Brian acercó sus labios a los de Justin y éste apartó el rostro utilizando toda su fuerza de voluntad.

Brian necesitaba sufrir un poco más, necesitaba estar seguro de que el dragón no despertaría de un día para otro, de que permanecía bien muerto.

- ¿Por qué lo hiciste?

- ¿Hacer el qué?

- Pegar a Tom.

- Oh, así que tiene nombre y todo – manifestó su irritación Brian, apartándose de Justin bruscamente.

- Yo no soy como tú, Brian. Yo me acuerdo de los nombres de los tíos a los que me follo… - sonrió divertido.

- Oh, cállate – exigió masajeándose las sienes.

Justin se acercó a Brian y rodeó su cuello con sus brazos, provocando que éste le mirara a los ojos.

- ¿Por qué? – repitió despacio.

- Porque eres mío.

- ¿Sí?

- Sí.

Y Justin no pudo evitar sus labios aquella vez, la ferocidad y pasión con la que Brian lo había besado había sido brutal, imposible de ignorar. Durante unos segundos Justin correspondió a sus besos con la misma desesperación, sediento por las semanas que llevaba sin el sabor de Brian.

No obstante, se apartó. El dragón parecía resistirse a su espada y él no estaba dispuesto a dejarlo semiinconsciente estando tan cerca de la victoria.

- Tú también eres mío, ¿sabes?

- Oh, pequeño, qué equivocado estás. Yo soy un ser libre, como el aire y todas esas mariconadas.

- ¿De verdad?

- Ajá.

- ¿A cuántos tíos te has follado estas semanas?

Brian lo separó de él durante unos segundos sin soltar su cadera, enarcando las cejas. Maldito crío. Al fin y al cabo, podía estar en lo cierto, podía ser que Brian Kinney por fin fuera de alguien.

Joder, estaba perdido.

- Ya me lo imaginaba – murmuró Justin justo antes de besarle.

No necesitaba sus palabras. Brian hablaba más por lo que no decía que por lo que decía, así que no necesitaba nada más.

Tal vez una única cosa más…

La ropa desapareció antes de que ambos pudieran darse cuenta de ello. El colchón bajo sus cuerpos desnudos, la habitación en penumbra cómplice de sus más oscuros deseos. Brian se preparó, Justin se detuvo para mirarlo a los ojos.

- Quiero hacerlo yo.

- ¿Cómo?

- Quiero ser el activo.

Brian rió con ganas.

- ¿Estás loco?

- No – dijo muy serio -. Quiero hacerlo.

- Ni de coña.

- Está bien.

Se levantó de la cama y comenzó a vestirse a la velocidad de la luz. Justin sabía que aquella era la prueba de fuego y estaba nervioso. El dragón había caído, se encontraba sobre él esperando temerosamente a que reaccionara de un momento a otro o sucumbiera para siempre.

¿Y si el dragón sólo se hacía el dormido? ¿Y si, antes de que se diera cuenta, despertaba y volvía a ser lo mismo de siempre?

Justin no podía andarse con juegos, no en aquel momento. Brian lo observaba confundido y aterrorizado. Nunca, jamás había permitido ser el pasivo. Ni siquiera con aquella estrella del porno a la que se tiró años atrás… ¿Por qué iba a permitir que un mocoso le diera por culo?

Tal vez porque te horroriza que se esté marchando, porque has vuelto a sentir ese vacío en tu pecho cuando ha comenzado a vestirse, porque sabes que le perderás y no puedes soportar la idea de tenerlo lejos de ti…

Justin cerró la puerta de un portazo, decepcionado. Todas aquellas semanas no habían servido para nada, había hecho sufrir a Brian y a él mismo en vano.

El corazón de Brian Kinney era inalcanzable. En aquel momento lo sabía.

Una lágrima se escapó de sus azules ojos y cayó libre por sus mejillas. Se sentía derrotado, cansado y patético. No obstante, no se arrepentía de su propuesta, si Brian no estaba dispuesto a hacer lo único que Justin le pedía, significaba que no lo amaba, por lo cual no merecía la pena luchar.

Una causa perdida, una misión fallida.

Fue a cruzar de acera cuando escuchó la puerta del portal abrirse tras él.

- ¡Justin! – gritó Brian en calzoncillos.

El aludido volteó para verle, lo que vio lo dejó sobrecogido: Brian, su Brian, en calzoncillos, en la calle en plena madrugada gritando su nombre, con el rostro abatido y aterrorizado bañado por las lágrimas que surcaban sus ojos.

Brian no iba a dejarlo marchar, no podía permitir que Justin se fuera de su lado.

- ¡Lo haré! ¡Haré lo que sea! – exclamó desesperado acercándose a él – Pero no te vayas.

El rubio sonrío.

El dragón había caído, el corazón de Brian Kinney era suyo.


Siento la tardanza, he estado muy liada últimamente. Espero que os haya gustado :) Aún queda el epílogo (L)