En cuanto el pelirrojo le dio las gracias se fue corriendo, dejando al mayor atontado y sonrojado. Siguió al pequeño con la mirada hasta que estuvo tan lejos que lo perdió de vista.

Se quedó ahí, estático, viendo hacia el infinito hasta que se dio cuenta de que seguramente tendría cara de idiota en ese momento. Y todo por un pequeño niño.

Siguió caminando tratando de no pensar en nada de lo que había ocurrido hace apenas unos minutos … más no podía sacárselo de la cabeza. (Sai dándose de golpes en la cabeza contra una pared de ladrillos) La imagen de la encantadora expresión asustada del niño de hermosos ojos no se iba. Sus mejillas coloradas, su pequeño cuerpo …

Se sonrojó de golpe solo de pensarlo. Se sentía como un pederasta. (gotita)

Caminaba con la mirada perdida por la calle en dirección a donde había ido el chico con la esperanza de poder alcanzarlo.

-¡Sai!- el moreno sintió unos brazos que le rodeaban el cuello y lo sostenían con una fuerza estranguladora.

- … Sakura- tomó los brazos de la pequeña pelirrosa y los separó de él con delicadeza.

Haruno Sakura, cabello rosa, ojos verdes, muy linda. Había pasado una noche con ella hace unos años, pero era una amistad lo que tenía con ella, y nada más

-¿Qué haces aquí?- le agarró las manos y empezó a saltar- ¡Hoy hay fiesta!-

-Ahora no me siento con animo, Sakura- le sonrió y siguió caminando.

La chica se quedo sorprendida por la actitud del moreno, que estaba con cara de angustia y caminaba de forma apresurada.

-¿Te ocurre algo? Sai- lo siguió intentando seguir su acelerado paso.

-¡No me ocurre nada! ¡Absolutamente nada!- Sakura se asustó cuando el joven gritó, él se dio cuenta y se giro ante la mirada asustada de la chica y suspiro.

-Lo siento, Sakura … no se que me paso- se paso la mano por la cabeza- he tenido una, muy rara, noche y me parece que me he desquitado contigo-

-Nunca te había visto así- se acercó con expresión preocupada- parece como si …-

Estaba nervioso y … tenso … no era él en absoluto. Y seguramente Sakura lo haría hablar, por más que el se negara. Por eso era mejor alejarse de ella.

-Parece como si … algo te inquietara mucho- lo miró fijamente- algo que no quieres contar y menos a mi-

¡Maldición! Es demasiado lista.

-Para nada …- (gotita) La joven se acerco haciendo que el otro retrocediera.

-Sai, cariño, si pasa algo me lo puedes decir-

Se imaginó que la cara que tendría en ese momento sería la de una persona trastornada a la que se le habían acabado los medicamentos para los nervios.

Solo de pensar que lo que lo tenía así era un pequeño niño lo hacía querer suicidarse.

La joven rosa lo miraba atenta esperando alguna respuesta por parte de aquella persona que tenía un caos mental.

El moreno sintió como el calor comenzaba a acumularse en sus mejillas a lo que se quedo estático.

Era un espectáculo de un chico con el rostro como un semáforo y una chica con los ojos como platos.

-Sai-kun también se sonroja- se puso roja y empezó a temblar- siempre pensé que eras una especie de semental robot al que no le circulaba la sangre-

El otro se tapó la cara con la mano intentando inútilmente que no viera su expresión en ese momento.

-¡Oh! ¡Rayos! Ahora si que me muero de curiosidad-una Sakura chibi agitaba sus brazos incontrolablemente- ¿Será una chica tal vez?- daba vueltas ilusionada- Me pondría bastante celosa, lo admito, pero igual sería tía después y … ¿Sai?-

El chico se había esfumado dejando una estela de humo.

Había aprovechado la distracción de la pelirrosa para, prácticamente ,huir de ella.

-Sai malo-


Eran las 21:45 cuando llegó a su casa corriendo, abriendo la puerta frenéticamente y entrando corriendo quitándose la roa y dejándola tirada por el suelo para después acostarse su cama.

Tenía la respiración agitada y el corazón saliéndosele del pecho. Se pasó la mano por el cabello, intentando calmarse y miró distraídamente el techo.

Se inclinó para tomar un cuaderno de debajo de la cama junto con un lápiz y comenzó a dibujar todo lo que sus recuerdos le permitían.

Terminó uno y siguió con otro y otro, hasta llegar a hacer más de 20 dibujos en menos de una hora.

Captando cada detalle del pequeño pelirrojo, sus ojos, sus labios..

No quería olvidarlo.

Incluso empezaba a tener miedo de olvidar a ese precioso ser, por eso ni 20 dibujos eran suficientes.

Al terminar el último dibujo se quedo observándolo, sorprendiéndose de lo marcado que estaba en su mente el recuerdo con tan solo haberlo visto una vez durante unos minutos.

Pasó su dedo por todos los trazos que completaban el cuerpo del niño, deteniéndose en su rostro.

-Tengo que encontrarte- Se quedó dormido sin darse cuenta.

Era la primera vez en años que Sai dormía en su cama.