¡Qué bien había dormido!
Solito en la cama kingsize. Había olvidado lo cómoda que era su cama.
Agradeció que nadie lo hubiera visto hace unas horas, como se había ido de su casa pensando que era un hotel. Lo que hacía que menos ganas tuviera de levantarse.
Su cuaderno de dibujos estaba tirado en el suelo junto a la cama, a lo que lo recogió viendo al mismo tiempo los dibujos que había hecho la noche anterior. Veía una y otra vez al ser que estaba en los dibujos con todas las expresiones que había podido apreciar en los 2 minutos que lo había visto.
Se levantó de la cama con desgana, se vistió y salió de la casa rumbo al supermercado. Caminó, bajo las miradas de las chicas, distraídamente hasta que llegó a su destino.
Tenía que comprar pan, mucho pan, le encantaba el pan, desde muy pequeño, recordaba como de pequeño le robaba las barras de pan al señor panadero y como este lo perseguía como un energúmeno, mientras el corría y comía a la vez.
Miró a la panadera fijamente y le dijo una sola frase.
"Quiero pan"
La chica rápidamente (y muy colorada) le dio unas 10 barras de pan.
-Muchas gracias- le sonrió y pagó
Salió del supermercado con paso ligero, como acariciando el suelo en vez de pisarlo. Tenía sueño, hambre y una sensación de que le faltaba algo. Mordió la punta de la barra de pan con aburrimiento, mientras caminaba hasta su casa.
El camino hasta su vivienda hacía que pasara junto a un parque todos los días. Por lo que se puso a observar todo lo que pasaba: unos niños jugaban a las canicas, una señora paseaba a su bebe en una carriola, en una de las bancas estaba un anciano hablando con un pequeño niño pelirrojo, una rana en…
¡Un pequeño niño pelirrojo!
Vestido de blanco entero, cabellos rojos como el más vivo fuego, ojos delineados en negro y de color claro.
¡Era él!
(Sai casi atragantándose con la barra de pan que sujetaba)
Vio como el niño se despedía del anciano para después irse corriendo, lo que hizo que el moreno saliera corriendo como loco, con el bocado de pan en la boca, tras el chico.
Estaba ahí. Era él. Lo había encontrado.
-¡Espera!- gritó con todas sus fuerzas haciendo que el niño se detuviera de pronto y se volteara fijando su mirada aguamarina en el mayor con sorpresa.
Se quedó observándolo.
Tan lindo y pequeñito, con esos ojos tan hermosos.
"Como un ángel"
Se quedaron viéndose a los ojos durante 5 minutos o más.
-Ah…-parpadeó un poco y sonrió- usted es quien me salvo ayer-
Tenía una sonrisa preciosa (babas)
-Muchas gracias- hizo una reverencia (la clásica japonesa)- me alegró verlo de nuevo- se giró dispuesto a irse.
Sai rápidamente poso su mano en la cintura del menor y lo giró de tal manera que quedó pegado a él, mirándolo fijamente a los ojos. El chico era muy pequeño, comparado con él, que medía 1,87m, por lo que inclinó su rostro hasta quedar casi pegado al del otro.
-¿Cómo te llamas?-
El pelirrojo tragó saliva muy rojo y respondió.
-Gaara-
El moreno lo miró con ternura.
-Gaa-chan- le pareció un nombre hermoso…
-Y usted ¿cómo se llama?-
Verlo y escuchar su voz era todo un…alivio…
-Me llamo Sai, pequeño-
-Sai-san ¿qué edad tiene?- pregunto lleno de curiosidad.
-Tengo 22 años-lo miraba fijamente
-Yo tengo 10 años…así que tenemos 12 años de diferencia- alzó uno de sus deditos en señal de descubrimiento.
Sai no quería apartar los ojos de ese ángel pelirrojo y pequeño, le inspiraba mucha ternura y el deseo de protegerlo crecía en su interior sin que él pudiese evitarlo. Sentía como ese sentimiento parecía algo enfermizo.
-Gaa-chan es tan pequeño y frágil- lo fue soltando suavemente- ¿Qué haces aquí solito?...no querrás que vuelva a pasar lo de ayer-
-¡Para nada1- exclamó con una adorable expresión molesta- no me gusta nada que las personas me acosen-
-Creo que, hasta para mí, es totalmente tentador acosarte- se tapó la boca al darse cuenta de lo que acababa de decir.
El pequeño sonrió sonrojado.
-Si Sai-san me acosara no me importaría- junto sus deditos índice tímidamente.
Sai se preguntaba ¿Cómo podía ser tan lindo y puro? Iba a explotar de lo rojo que estaba.
-Aún no has contestado mi pregunta- dijo intentando cambiar de tema.
-Es que…me escape del orfanato- bajó la mirada-Soy huérfano-
Tan pequeño, tan frágil, tan solo…el solo pensamiento de esa criatura sola en una habitación de orfanato donde todos se comportarían crueles con él, lo hacía recordar como hace unos años, un pequeño moreno lloraba rogándole a dios que eso acabara…El sabía lo que era eso, lo había vivido…
Una idea un tanto descabellada cruzó por su mente. Se inclinó para quedar a la altura del menor.
-¿Quieres venir conmigo a mi casa?...no quiero dejarte solo…no soportaría- su voz se convirtió en un susurro
Sai sentía que era algo atrevido por su parte pedirle que se fuera con él, sin ser familiar, sin noviazgo y sin propuesta de matrimonio (gotita)
La proposición tomó por sorpresa al menor.
-No quiero molestar a Sai-san- se mostró un poco triste.
-¡Para nada!- elevó al pequeño entre sus brazos como si fuera una novia, haciendo que el rostro del otro adquiriera un tierno tono carmesí- No serás ninguna molestia, Gaa-chan- apoyó su cabeza en la cabecita pelirroja mientras caminaba hasta su casa, disfrutando de la compañía del pequeño ángel que tenía entre sus brazos.
Al llegar, el pequeño se puso a admirar la casa, sorprendido.
-¡Sai-san! Su casa es muy grande y bonita- sonrió emocionado.
Ese niño lo hacía derretirse de lo adorable que podía llegar a ser.
-Me alegra que te guste- sonrió con ternura mientras se quitaba la chaqueta y la dejaba en la entrada-Puedes hacer lo que quieras, mientras voy a bañarme- dejó el pan en la cocina.
-De acuerdo, Sai-san- le sonrió.
-Ahora vuelvo- se dirigió al baño con el corazón a mil por hora.
Su baño tenía azulejos negros y blancos, y todo estaba tan limpio que reflejaba.
El moreno entró como ráfaga de viento, cerró la puerta y se desvistió rápidamente.
Se encontraba bajo la regadera cuando empezó a pensar que había sido una idea realmente descabellada vivir con la única persona que hacía que se pusiera nervioso de esa manera. El agua fría que salía de la regadera no le quitaba el sonrojo de sus mejillas pálidas, lo que hacía que se notara aún más.
Por un momento se odio a sí mismo por ser tan débil ante la inocencia y pureza de ese niño (Sai golpeándose la cabeza con el bote de champú hasta sangrar)ßdesesperación
Terminó de bañarse y se puso su pijama de color negro. Al salir observó como a la entrada de su habitación estaba en el suelo la ropa blanca del niño.
(Sai con ojos como platos)
Al entrar a su habitación se quedó sorprendido.
El niño estaba acostado en su cama, vistiendo una de las camisas negras de manga larga del mayor, que le quedaba muy grande, lo que hacía que le llegara hasta los muslos, dejando ver unas encantadoras piernas pálidas.
Era la primera vez que Sai se desangraba en el suelo…
Estaba dormido placidamente. El mayor le miró maravillado por la belleza que poseía. Se acostó junto a él, mirándolo dormir.
Tomó el cuaderno de debajo de la cama y se puso a dibujar al pequeño durmiente.
El delineado perfecto de sus ojos, un leve sonrojo en sus mejillas, los labios rosas un poco entreabiertos, las curvas de su cuerpo casi celestiales bajo la holgada camisa.
A pesar de ser un niño, su rostro, su cuerpo, su respiración casi inaudible…eran un espectáculo sumamente lleno de erotismo, que apenas podía soportar…
Mientras dormía soltaba tiernos gemiditos, lo que ponía nervioso al mayor que estaba terminando el dibujo. Miró al niño por un momento admirando sus aguamarinas para después seguir dibujando.
(Sonido de disco rayado)
…si podía ver sus aguamarinas…significaba que…
En ese momento de razonamiento el niño lo miraba con un intenso sonrojo y los ojos muy abiertos.
-Sai-san… ¿Por qué me miras de esa manera? –Desvió los ojitos- tan fijamente-
-Por nada- rápidamente escondió el cuaderno detrás suya- Solo me daba cuenta de que te cambiaste de ropa- sonrió nervioso.
-¡Ah! Lo siento por ponerme esta ropa sin permiso- se incorporó y la camisa era tan holgada que cayó un poco, dejando ver su cuello y sus pálidos hombros.
-¡No! Si te queda de maravilla (tomate)- "¡¿Cómo es que le queda tan bien?!"
-Gracias, Sai-san- sonrió inocentemente. Sai se quedó mirándolo embobado, acarició una de las mejillas del niño.
-Eres una preciosidad-
Al ver como el chico se ponía totalmente rojo, supo que había pensado en voz alta.
Algo muy raro le ocurría Ese chico hacía que él se comportara de una forma extraña.
-Es la primera vez que me dicen algo así- sonrió ruborizado.
Sai no entendía lo que le ocurría, el no se ponía nervioso nunca, ni pensaba en voz alta, ni se sonrojaba.
Solo de acercarse al pequeño, se ponía a temblar como una gelatina y se le aceleraba el corazón. De pronto sintió como el menor se acurrucaba contra su cuerpo.
-Sai-san ha sido muy bueno conmigo- puso una de sus manitas en el pecho del mayor, que empezó a ponerme mucho más nervioso que antes- Muchas gracias-
-No es nada, pequeño- acarició la mano que descansaba en su pecho.
Minutos después, se quedó dormido ante la mirada del moreno que lo observaba como si fuera un cuadro sublime.
Era una auténtica obra de arte.
