Bueno Rubygen, probablemente no la leas puesto que seguro no seguiras el fic, pero solo me queda decirte que no, no es plagio, en primer lugar esta no es una historia Wincest, de hecho es como la version oscura de un fic de elghin, una de mis amigas que escribio una belleza de fic donde Jensen es un indigente y Jared le recoje, segundo, la historia de Mslyth es larga, esta es una cosa corta que se me ocurrio luego de hablar con elghin y esta basada en un episodio de la serie Criminal Minds; un episodio de asesinos seriales y todo eso. El fic de Mslyth se basa mas en la relacion sentimental de los personajes, en esta me fijo solamente en la necesidad de amar que Sam no tiene, siendo Sam no un Winchester, sino Sam Wesson. Tercero, gracias por el aviso, pero te lo aseguro,no es plagio, que tengan la misma linea de trama de asesinos es una cosa, pero no son iguales; dejando de lado claro que Mslyth es conciente de la existencia de esta historia, y de que en ingles hay miles de historias de Sam Winchester asesino y de Dean Winchester huyendole, te lo dice alguien que sigue mas el fandom en ingles que en español, como dije, gracias por el aviso.
Camina rápido por el pasillo que conducía del ascensor hasta su auto, en el oscuro y macabro estacionamiento, no le asusta la oscuridad, el nació de esa oscuridad, de esa suciedad imperfecta que se acumula a sus pies.
Sus pasos son rápidos y precisos, ningún paso en falso, todos premeditados.
- Mr. Wesson es un placer verlo. – el vigilante le saluda, viene con una linterna encendida que ilumina sus lúgubres ojos verdes grisáceos.
- Es un placer verlo también Randall, ¿Cómo esta su familia? – pregunta por cortesía, terminando de llegar a su auto negro, no el sedan donde ha traído a Dean, no, sino una pequeña Chevy.
- Pues muy bien, ya sabe, como siempre, mi mujer estuvo peleando muy fuerte para ir a esa fiesta que hay en el Consejo…pero ya sabe como son las cosas para nosotros los pobres.
Sam sonríe con eso, ya sabe donde obtendrá su próxima victima.
- Es mejor así Randall, juntarse con la gente rica es muy malo, ellos no son tan perfectos como dicen… - "Algunos de ellos ni siquiera aguantan tres segundos por su vida, son cobardes e inútiles" – así que mejor mantenerse lejos…regresare en poco tiempo, mi invitado me espera, vigile que no salga solo.
- Si, señor Wesson.
- Nos vemos Randall.
No se siente cómodo con que alguien le haya visto saliendo, y sabe que quizás hoy cometa ese error que tanto ha estado evitando durante catorce años de matanza, ya perdió la cuenta de las victimas que lleva, pero duda que bajen de los cien, y también duda que cualquiera de ellas le haga sentir eso que sintió con Dean.
Se pone duro de pensarlo, las sensaciones que Dean pudo haberle provocado, la manera en que sus callosas manos hubiesen acariciado todo su cuerpo una y otra vez, su piel dañada por los arañazos, los golpes, el dolor de una infancia dura y de una madre que le odiaba. Aun le arde la piel al recordar los maltratos que sufrió, aun se estremece al recordarlos, pero ya no le tiene miedo.
La asesino tan lentamente, la hizo pasar un mes en una sala, reviviéndola una y otra vez para acabar con su cuerpo, asegurándose de descuartizarla poco a poco, bebió de su sangre, comió de su cuerpo, se alimento de ella por meses, y sus huesos los uso para construir parte de su habitación de colección. No se quedo con su corazón, por que ya había dejado de latir cuando lo toco por primera vez.
Le gustaban los corazones que el tocaba, de los que el sentía morir lentamente. Esa era la sensación mas increíble que había experimentado, al menos hasta hoy, cuando Dean, ese simple humano, le hizo sentirse…
Vivo.
- Hey Mrs. Mannilan. – su voz es alegre, cordial como siempre, con su rostro de niño bueno mientras le sonríe a la señora Mary Mannilan, con su abrigo negro con rayas moradas que llegan hasta el suelo, parece ser algún animal coloreado, disecado.
Su pequeña niña le saluda con un poco de desconfianza. El odia a los niños, por que ellos pueden sentirlo, cuando roto esta, con su bendita inocencia que tanto le saca de quicio, pero le asustan también, por que los niños son los únicos capaces de ver a través de el y eso le asusta, que alguien sepa lo que piensa.
- ¡Oh mi querido! ¿Cómo esta señor Padalecki? – la mujer le da la mano, un poco huesuda por la edad, esta casi en sus cincuenta, con una hija heredada, una hija que no quiere cargar pero que debe, es bien conocido por todos como su sirviente se la cogía a espaldas de su esposo, el difunto señor Mannilan. Aun nadie sabe como diablos ha conseguido el dinero de la pensión para hacerse una buena cirugía en los senos, cadera, labios y toda piel que haya estado fuera de su sitio.
Va a disfrutar abrirla lentamente, romperla, mostrarle que toda la perfección que buscaba la llevaba por dentro.
- Muy bien, nunca he estado mejor… - contesta suave seductor, besando la mano de esta mujer, su figura le es vagamente familiar, pero no recuerda por que.
- Usted recogió a ese vagabundo. – la pequeña niña interrumpe la conversación, haciendo que las pupilas asustadas de Sam se muevan tan rápido hacia ella sin un simple parpadeo, ocasionando que la pequeña niña de un salto y se quede sin aliento.
- Mi amigo no es un vagabundo. – responde un poco cortante, como un afilado cuchillo.
- Luce como uno…le pedí a mi mami que le diera su abrigo pero ella no…
- ¿Es su amigo? – pregunta la mujer mirándole incrédulo. Su voz llena de asco y desagrado, cosa que hace temblar a Sam de manera casi incontrolada.
- Tiene problemas, pero si es mi amigo…señora Mannila le gustaría…
- Señor Padalecki… - una voz le interrumpe su dialogo, el dialogo que llevaría a una muerte segura a esta mujer.
Se da la vuelta para encararse con el, y solo el. Ese jodido bastardo que lleva detrás de el tantos años, buscando una buena follada en algún callejón oscuro. Ese jodido de Ian Somehalder, con su voz de mocoso insolente y sus dientes blancos perfectos.
- Me gustaría hablar con usted. – dice con toda la seguridad del mundo de que Jared se arrodillara a lamerle las bolas y algo mas.
- Estoy ocupado. – contesta seco, levantando sus hombros en una pose amenazante que solo excita al otro hombre.
- Se que lo esta. Es un hombre ocupado, pero unos segundos de su tiempo no le dañara ¿cierto?
Esa sonrisa le esta matando de la mala manera, le repugna, necesita borrarla, necesita cortar esos preciosos labios, quiere arrancarlos con sus propias manos, despellejarlos hasta que nada mas quede allí y luego destrozarle los dientes uno por uno, todo mientras escucha ese corazón latir.
Así lo hace.
Escucha durante dos horas los gritos de Somehalder, mientras su sangre corre por el suelo hasta llegar a su propia alcantarilla que le tomo seis meses construirla, allí es donde caen todos los residuos de sus matanzas.
Después de todo es un jodido obsesivo compulsivo que debe tener todo organizado, incluido su propio matadero.
- ¿Te gusta eso? – su voz es suave casi melosa, sus dedos acariciando el hermoso cabello negro lleno de sangre y sudor…
- Por favor…por favor… - aun puede hablar, incluso si no queda ni uno de sus perfectos dientes, incluso si no hay labios que ayuden a modular el sonido, solo piel despellejada y deforme.
- ¿Qué? ¿Necesitas mas? – su mano cubierta por el guante acaricia el rostro de su victima limpiando las lagrimas que siguen brotando. – Quizás…oh…¿Quieres que corte tu lengua? Adoro las lenguas…las adoro…
Tararea una canción muy suave, una balada de amor, mientras los gritos e intentos de gritos de Ian se escuchan por todo el edificio abandonado, le esta cortando la lengua, la mandíbula y pronto…ya no hay mas rostro que romper…
Esta muerto.
- Es una lastima…de verdad me hubiese gustado sostener tu corazón Ian…de verdad me hubiese gustado.
Es tarde, casi las tres de la mañana. Ha escuchado la reja del edificio cerrarse desde el frio balcón, donde paso casi todo el tiempo que Sam se marcho. Solo, sentado sobre el cómodo sofá que el rico bastardo guardaba allí.
Comió todo lo que Sam el dejo en la mesa, alimentándose rápidamente, como si fuera su ultima cena o algo, lo disfruto, especialmente por que noto que Sam había cocinado todo.
Luego de eso exploro un poco la casa, mirando las fotografías que mostraban siempre paisajes con Jared en ellos, siempre tomadas desde otras perspectivas que demostraban que alguien las tomaba, Dean esperaba que fuera algún turista y no una victima.
Cuando satisfizo su curiosidad, de conocer mas de Sam, de saber mas de es hombre, de averiguar su modo operandis, cuando su corazón estuvo tranquilo, fue cuando decidió volver a la habitación, casi tan grande como el resto de la casa junta. Con muebles, un baño y escaparates a montones, con libros en estanterías, como si no le bastaran los que tiene en la sala.
- Moonlight, moon light…Little moon…little moon…Little light…Moonlight…Little moon light…come protect me…from the wolf… the…old bad wolf…
- ¿Quien es tu lobo malo? – la voz de Sam le sobresalta, haciendo que su corazón de un apretón doloroso al verle allí, tan pálido, tan muerto.
- Sam…regresaste… - trata de sonreír mientras se pone de pie, dejando que Sam se acerque a el, esta vez puede verle claramente debido a la luz encendida de la habitación.
- Lo hice…me gusta tu voz…nunca había escuchado…esa canción.
- Mi madre solía cantármela, y yo se la cantaba a Em. – Dean sonríe con el recuerdo, metiendo sus manos en el bolsillo trasero de su pantalón de dormir. – No hay lobo malo en si…es una metáfora para describir…
- El mal. – termina Sam, ganándose una mirada triste de Dean.
- Si.
- Te comiste todo. – afirma mirando nerviosamente a la cama.
- Lo hice, estaba hambriento…espero no te moleste pero use la pesa de tu baño, estoy casi pesando setenta kilos…lo cual es mucho menos…
- De lo que pesabas cuando tenías una vida normal…
- Exacto.
- ¿Por qué no dormiste? Debiste hacerlo.
- Quería agradecerte…por todo esto….por tu hospitalidad…gracias Sam.
Ahí esta esa sonrisa de nuevo, se esta volviendo adicta a ella. Enfermamente adicto.
- No tienes por que…no tienes por que agradecérmelo. – se acerca cautelosamente, dejando que Dean se acostumbre a su cuerpo. Limpio y pulcro, por que Sam es demasiado inteligente como para aparecerse allí de la nada lleno de sangre y fluidos, que incluyen su propio semen.
- Quería hacerlo…además no estaba seguro de donde dormir…
- Puedes dormir conmigo en la cama…
- No creo…
- Por favor…
Luce como un jodido niño, con esa carita de ángel que tiene, sus ojitos bajos, suplicantes y brillantes de ilusión por una respuesta positiva, y su boca torcida en un puchero de lo mas adorable. ¿Cómo es que puede ser así?
- Esta bien…dormiré contigo. – ni siquiera ha pasado un segundo desde que dijo eso y ya tiene a Sam contra sus labios, haciendo que su corazón casi estalle en su pecho de lo rápido que late.
Se besan, labios sobre labio, con suaves chupetones sobre los labios del otro, enrojeciéndolos, excitándolos. Mordiscos suaves sobre la delicada piel, lamidas juguetonas que solo encienden el deseo entre ambos cuerpos. La barba de Sam rapándole las recién afeitadas mejillas a Dean, haciéndole presionar su polla contra el muslo que el alto tiene entre sus piernas.
- Sammy…
Los susurros son solo audibles entre ellos dos, con Dean acorralado contra la pared y con la camisa enrollada contra su pecho, dejando que su piel desnuda se restriegue contra la piel caliente de Sam, que sus pezones se enrojezcan con el roce de la camisa.
Los labios de Sam le comen la boca lentamente, afortunadamente para Dean no literalmente, este solo se separa del mas bajo por segundos para luego volver a atacar sus labios, que por fin después de varios minutos se abren dejando entrar la lengua apasionada de Sam, su lengua es como una serpiente o al menos se mueve como una mientras acaricia su paladar y sus dientes.
Se la muerde con maldad escuchando el gemido necesitado de Samuel que aprieta sus caderas.
- Follame…necesito que me folles…
Oh dios…
Ahí esta de nuevo esa proposición tan irresistible para el, pero a la vez tan peligroso. No puede permitirse esto, ir tan rápido, al menos no por ahora.
- Dean, te necesito…
- Háblame de el… - sabe que pisa un terreno peligroso, un terreno que no debería haber pisado nunca, joder de hecho nunca debería haber cruzado esa calle ni haberse montado en ese maldito auto.
Sam se tensa como es de esperarse. Sus manos congeladas al igual que sus piernas, que antes causaban un alivio temporal al cazador frotándolo.
- Háblame Sam…no tienes por que tener miedo de mi…
- No tengo miedo de ti…siento por ti…pero no se lo que siento…no puedo saberlo Dean… - esta llorando, nunca había visto esto antes, a un asesino, romperse.
- Shh…no llores Sammy…no tienes por que pensar en eso hoy…podemos dejarlo para mañana… ¿por favor?
Sam asiente, recuperando el control de sus acciones completamente.
- ¿Vas a dominarme? – pregunta anhelante dejando salir su aliento sobre el rostro de Dean.
- Sam… - necesita hacer algo, antes de que Sam pierda el control, antes de que tenga otra recaída como la de ahora, o peor, como la que tuvo hace unas horas atrás.
Piensa, maldita sea…¡piensa!
- Dean…
- Sobre tus rodillas.
Su voz es gruesa, fuerte, como la voz que uso en el auto para bajarse, aquel momento donde se sentía asustado de Sam, y hablando de Sam, su reacción a la orden es bastante inesperada para Dean.
El chico, por que eso es lo que es en esos momentos, se coloca sobre sus rodillas luego de soltar un casi sollozo.
Se queda allí, paralizado sin saber que diablos hacer realmente, solo viendo como Sam le ve suplicante.
- Bájame el pantalón…lento… - es lo mejor que se le ocurre, nunca ha hecho esto con un hombre, ¡Diablos! Nunca había pensado en hacerlo con un hombre, y ahora esta allí, con un posible asesino en serie sobre sus rodillas, ruega a dios por que Sam no sea caníbal, por que seguro que va a darle algo.
Sam le obedece, sus manos enrollándose en la cinturilla del pantalón, tomándolo de los lados y comenzando a bajarlo, dejando a la vista esos poderosos muslos, llenos de vellos ligeramente rubios. Le da la oportunidad a Jared de ver sus pecas mas de cerca, hasta le dan ganas de contarlas.
- Chúpame…mis testícu...los… - la siguiente orden le deja temblando de deseo, su boca llenándose de saliva inmediatamente; nunca había deseado nada como esto, ni siquiera asesinarla a ella le había causado tal sensación, era demasiada, y no podía explicar el por que.
Dean y el, tuvieron una noche que a Sam le hubiese gustado hacerla mas ruda, debido a toda la necesidad que se acumulaba en su interior, esa necesidad que debía haber quedado saciada, al menos temporalmente, con la muerte de Somehalder.
Tal y como siempre pasaba, justo después de un asesinato, la calma que sentía era como un sedante, no solo calmaba sus ganas de matar, sino que le ayudaba a convivir con las personas que el rodeaban.
El alivio que Dean le había provocado, le había provocado un sueño ininterrumpido, un sueño que por primera vez en años, no había estado lleno de pesadillas.
Dean se despertó temprano esa mañana, sin el calor de Sam alrededor, solo una fría sensación de estar necesitado. No había rastro de miedo en su cuerpo, como la noche anterior, y todo lo que su mente podía procesar, era la ultima vez que se levanto con esa necesidad. Fue la primera mañana que despertó en la calle, con esas necesidad, necesidad de amor, de tener a alguien en quien confiar, después de todo lo que había sucedido.
Era martes, lo recuerda perfectamente, por que los martes, Helena siempre se levantaba temprano, le hacia su desayuno y se lo llevaba a la cama, colocándolo en una bandeja sobre sus piernas, siempre se levantaba los martes con el olor a café, por que eran los días que Helena, la mejor fiscal del distrito, no tenia que ir a trabajar temprano.
Ella siempre le besaba la frente, para despertarlo lento, y después de varias caricias de sus labios, el estaba completamente despierto.
Pero, ese día, el no se levanto con ella a su lado, no lo hizo, por que Helena no estaba alli, no estaba en ningun lado, y le tomo veinticuatro horas reportarla perdida, en la agencia, agencia en la que el mismo trabajaba. pero fue demasiado tarde, demasiado, ella se había ido para siempre, por su negligencia, por ser un mal esposo, y no poder averiguar donde estaba, apareció veintiséis horas después de que Dean la reportara, después de que convenciera a medio mundo de que ella no era capaz de irse asi.
Apareció solo su cabeza, y su corazón.
Para el trauma de Jensen, quien solo se aferro a ella hasta que uno de sus hombres se la quito, alejándolo de ella; No había huellas en el corazón, o en el cráneo, no había nada, mas que la expresión de terror que ella tenia.
Nunca encontró el asesino, nunca tuvo una oportunidad, por que dos horas después de que Helena fuera encontrada, su hija desapareció, solo para aparecer de la misma forma que su esposa, con una pequeña nota, una pequeña e insignificante nota.
"Eres mío, siempre fuiste mío"
No había nadie, nadie capaz de hacer eso.
Supuestamente.
Después de la muerte de su esposa e hija, Dean entro en ese mundo, del que nadie, ni siquiera una simple alma pudo sacarlo, alcohol. Perdió todo, su casa, su auto, su arma, todo lo que alguna vez tuvo.
Al principio dormía en el cementerio, entre la tumba de su hija y su esposa, pero luego de que el guardia lo descubriera, corrió, huyendo de todo, termino varios kilómetros lejos de donde venia, aquí, en esta ciudad de muerte.
- Piensas demasiado.
Dean pega un salto en la cama, sus ojos verdes abriéndose sorprendidos ante la sorpresiva invasión de Sam a su mente. Ni siquiera esta allí, en la habitación, pero puede escucharle claramente, en algún lugar de su mente.
- Estoy justo aquí... - la voz ronca, proveniente de el suelo le hace taparse con las sabanas, dándose cuenta de que esta desnudo.
- Sam...¿Que haces ahí? - le pregunta, asomando la cabeza por la orilla de la cama.
- Me tiraste. - esta sonriendo, eso tiene que ser una buena señal... ¿verdad?
- ¿lo hice?
- No me quejo, soy demasiado pesado, soy molesto.
- No lo eres...tengo frio, ven a la cama.
Luce como si hubiese estado llorando, o sufriendo. Su rostro se contrae de dolor cuando toca el caliente cuerpo de Dean, que pare decir estar frio, esta quemándose en comparación con Sam, que parece venir del polo norte.
- ¿En que pensabas? - pregunta, con esa voz peligrosamente melosa.
- En el Pasado...como eran las cosas...
- Me hubiese gustado que estuvieras en mi pasado...
- Lo se... me hubiese gustado estar ahí también...cuidarte, evitar que pasaras por eso.
Siente a Sam tensarse antes de que se levante como un huracán de donde esta, apartando las sabanas de Jensen, golpeando con su fuerte mano la lámpara de la mesita de noche, esta respirando como toro, totalmente descontrolado, fuera de si.
- Sam...no quise decir...
- ¿COMO LO SABES?
- Solo...
- Cállate...no quiero escuchar una palabra de ti...
- Sam...
- Dije que te callaras...
Su mirada se oscurece, como si estuviese poseído o algo, sus ojos lucen tan fríos cuando miran a Dean, quien no sabe de donde Sam ha sacado ese cuchillo, que sostiene en su mano, empuñándolo con tal fuerza que sus nudillos están blancos y las puntas de sus dedos rojas por la sangre.
- Sam... no quieres hacer esto...
- ¡No me dirás que hacer!
- Sammy por favor...
¿Por qué esta rogando? ¿Por qué esta suplicando? ¡Quiere morirse!, Solo deja que san lo haga, que Sam lo haga...
- Eres como ellos...eres como ellos...ellos...
- ¿Ellos que, Sammy? - pregunta, levantándose de la cama, desnudo, perfecto.
- Perfecto... - el cuchillo cae de sus manos, tan rápido como Sam cae de rodillas...
- No... no soy perfecto..
- Lo eres...
Es como un jodido dejavu, solo que esta vez no tendrá a Sam tan fácil.
- Sammy...quiero ayudar.
- No, no, no, no, no... - la secuencia de "no" parece infinita, mientras el asesino toma el cuchillo de nuevo entre sus manos. - Ellos quisieron ayudar...los mate...
- Entonces mátame...
- No...eres perfecto... ¿Por qué esto esta pasando?... Quiero irme a casa... - luce tan roto, tan triste, tan débil, tan débil, no luce como el Sam de la noche anterior, como el psicótico, es mas profundo de lo que Dean pensaba.
- Sam...estas en casa.
Se mueve tan rápido que Dean no puede detenerlo, ni siquiera lo ve venir, para ser un hombre tan grande es como una leopardo persiguiendo a su presa, presa a la que tiene bajo sus garras, con el filoso cuchillo encajado en su ante brazo, justo en medio del hueso.
Dean grita, es doloroso, incluso unas lagrimas de dolor salen de sus ojos, por que Sam esta...le esta cortando, deslizando finamente, casi con gracia, el cuchillo hacia abajo, abriendo la carne de su brazo.
- Sam… Detente... - solloza, con su otro brazo intentando alejar a Sam de encima, sus pies se encojen por el dolor que esta sintiendo, su brazo esta siendo cortado en dos de manera vertical, con Sam deslizando el cuchillo sobre la carne caliente, justo al lado de donde su hueso pasa.
Un grito continuo resuena en toda la sala cuando Sam corta su estomago, con otro cuchillo que Dean no sabe de donde salió, y le esta abriendo, lento y doloroso.
- Eres delicioso Jensen, tan perfecto afuera como adentro...no sabes cuanto...deberías despertar.
Sus ojos se abren desesperados, rojos y llenos de lagrimas, para encontrarse de frente con los avellana de Sam.
- ¿Estas bien? - escucha su ronca y aun adormilada voz preguntar.
- Sam...
- Es solo una pesadilla...solo una pequeña pesadilla.
No parece tan pequeña cuando Sam recuesta su cabeza en su pecho, y Dean da un pequeño saltito en la cama, abrazándose de la fuerte espalda del hombre que duerme a su lado.
Es martes, cinco años desde que lo perdió todo.
Sam se despierta, sintiendo el cuerpo de Dean bajo su cuerpo, se le siente tenso, no es para menos, Sam sabe que asi se sienten todas sus victimas cuando el esta cerca, pero también sabe, que supuestamente Dean no sabe nada acerca de el, aunque aparente saber mas de lo que Sam cree.
- ¿No dormiste bien? – le pregunta, separándose de su cuerpo y mirándole desde arriba, viendo como los nerviosos ojos de Dean se abren.
- Si…dormí bien.
- No me mientas. – y suena como una orden.
- No me acostumbro a volver a dormir en una cama. – le responde, dándole una sonrisa, mientras estira su mano pecosa a acariciar el rostro del asesino.
- Lo harás, te acostumbraras. – se inclina a besarle, un beso suave al principio, que luego se torna demandante, dejándolos a ambos sin aliento cuando Sam decide que es demasiado para sus pulmones.
- Eso es un buenos días.
- Iré por el desayuno.
Parece como una vida normal, como una mala broma de DaVinci, una nueva edición llamada "Como vivir con un asesino y no ser asesinado, descuartizado, devorado y violado en el intento". Si, es justo así. Eso jode a Dean, quien recién empieza a valorar la vida nuevamente.
Lleva una semana con Sam, viviendo con ese hombre que sale temprano en la mañana, no sin antes despertarle, siempre fogoso, luego psicótico, y para cuando se ha marchado, lo hace con una suave sonrisa en el rostro, no han tenido ningún accidente; pese a la constante tensión en el cuerpo de Dean, quien no es capaz de relajarse ni un momento, especialmente desde que tuvo esa pesadilla, la cual se ha repetido millones de veces.
Odia eso, sentirse tan vulnerable, ahora que ha comenzado a recuperar su fuerte personalidad. Esa que escapo de el, cuando nada le importaba, cuando el mundo solo era el lugar mas miserable del mundo, aunque esto ultimo parece no haber cambiado, nada mas basta encender la Tv, y darse cuenta de que el mundo sigue estando podrido.
Esta de pie allí de nuevo, por quinta vez, en frente de la puerta, esa que reza "Locus Colletion", sigue siendo tan aterradora la primera vez, tan oscura, tan tétrica, pero sobre todo aterradora.
- ¿Qué haces? – la voz de Sam le hace aguantar la respiración. Odia que el maldito asesino haga eso, caminar tan sigiloso, que Dean no pueda escucharle.
- Estaba…esperando por ti. – responde, sin aliento, con Sam acercando su respiración en la nuca.
- ¿Aquí? – la oscura pregunta le golpea como una cachetada.
- Sam…yo…estoy curioso…por saber que hay allí…
- No hay nada allí. – abre la puerta, y es verdad, no hay nada, solo una habitación vacía. - ¿Satisfecho?
- Si… ¿Qué vamos a cenar? – pregunta, girándose de inmediato a Sam, ofreciéndole lo que mas a Sam le agrada, esa sincera sonrisa.
- Todo lo que quieras…vivo para servirte… - sus fuertes manos se enrollan en la cintura de Sam, atrayéndole contra su cuerpo, llenándose con el calor que el humano le ofrece.
- ¿Sabes Sam? – pregunto Dean, empujando su nariz contra la de Sam.
- ¿Qué? – le pregunta, suave, cariñoso, como pocas veces le ha oído, y en esos momentos, se siente cómodo con Sam, sin ninguna tensión en su cuerpo.
- Me gustaría comer afuera…con personas. – sonríe, pero esta desaparece rápidamente cuando ve a Sam negar, su mandíbula tensándose.
- No…
- Sam.
- ¡Dije no! – grita, furioso, observando como Dean se separa de el.
- Esta bien…cenaremos aquí.
Dean puede ver como el asesino parece meditar su respuesta, y sus ojos le juegan la mala pasada de ver brillar algo plateado en la mano de Sam.
- Cenaremos afuera. – Sam anuncia, después de unos minutos de silencio. – Vístete. Espero por ti afuera.
Cenan afuera, en un lujoso restaurant, Dean sorprende a Sam por la forma tan refinada que tiene de comer, y una sonrisa se extiende por el rostro pecoso, halagado de tener toda la atención del asesino en el, mirándole con algo que Dean no puede saber que es.
- No has tocado tu comida. – señala cortando la carne frente a el, alzando sus ojos verdes a Jared, que solo le mira con mas intensidad.
- La manera en que cortas la carne…es magnifica. – su voz suena profunda, y Dean deja su comida a medio comer, cuando Sam le confiesa el porque le ha estado viendo, se siente asqueado, y de repente la comida no se le hace tan apetecible.
- Gracias, ¿Por qué no comes?, esta deliciosa. – miente a medias, alzando una mano para acariciar la de Sam, que solo se la toma, entre sus largos dedos, estirándola para besarla en el dorso de su mano.
- Lo hare. Solo que verte…es…me distrae…de todo. – Dean se deleita con esa sonrisa suave.
- Es…
- Mr. Padalecki. – la voz de una mujer interrumpe las palabras de Dean, quien se queda callado de inmediato, bajando su mirada a su plato, como si ese tan cercano y lejano contacto le hiciera daño.
- Señora Mannilan. – Sam alza una mano, tomando la de la mujer y besándola, pero el asesino no se pierde los celos irrefrenables e irrazonables del hombre frente a el.
- Oh, mi querido, eres tan caballeroso, venia a invitarte…a un baile de caridad, sabes lo mucho que disfruto de bailar contigo. – su voz es pastelosa, demasiado dulce para el gusto de Dean.
- Voy al baño. – susurra Dean, levantándose, y huyendo, hay una gran opresión en su cuerpo, que daña su corazón, haciéndole sangrar, como si con ese simple gesto, su vida estuviera rota de nuevo.
Se apoya en lavabo de cerámica, reposando su alma allí, definitivamente el estar con Sam esta haciendo estragos con su carácter, haciéndole vivir una montaña rusa de emociones, que van y vienen a tan discordes tiempos que lo tienen volviéndose loco.
No sabe por que los celos le han atacado, no le pasaba eso desde que estuviera casado, pero incluso en esa época no era así, no se sentía así, tan vulnerable.
Cuando sale del baño, Sam esta sentado en la mesa, estoico, silencioso, con su mirada fija en el, y se ve tan aterrador, tan furioso, Dean solo puede pensar que quizás esa sea su ultima cena, y se da el lujo de desaprovecharla.
- Quiero irme. – susurra cuando llega a la mesa, temeroso de que Sam le degollé allí mismo.
- Bien…esta bien.
Parece tan fácil, el estar allí, sentado, con Sam a su lado, manejando a…casa. Es una situación tan absurda, que si se lo hubiesen dicho a Jensen cuando estaba en su época agente, le hubiese disparado allí mismo.
No intenta hablar, y Sam tampoco. Es como si a ninguno de los dos les preocupara su relación, una relación que Dean no tiene ni idea de a donde los llevara, a menos a largo plazo, a corto plazo…será…espantoso.
El apartamento se siente tan familiar, que se le revuelve el estomago, asqueado, de que ese lugar sea ahora su casa. Al menos es mejor que dormir detrás de un basurero.
- Estas enfadado. – es una afirmación, una horrible afirmación.
Dean le ve, pensativo, dudoso, de cómo reaccionar ante el asesino; ante ese psicópata que parece dispuesto a matarle; pero se lo piensa muy bien, respira hondo, mientras se acerca con delicadeza hacia Sam, sus manos rodeando los hombros del gigante, quien sustituye su expresión seria por una mas relajada.
- Sammy… no me gusto esa mujer. – Es como si con sus palabras, le pusiera fin a la vida de esa pobre mujer; pero, ¿A quien le importa?, el sufrió mucho por esa gente.
- ¿Mrs. Mannilan? – pregunto, un tanto confundido, un tanto calculador.
- Realmente no me agrado. – No esta para usar palabras del estilo "eres mío", por que los psicópatas no tiende a tolerar eso muy bien.
- Dean…
- Hazlo por mi Sammy… ese mujer hirió mi corazón… - con esas suaves palabras, Dean no puede creer lo que ha hecho, incluso siente las lagrimas recorrer sus mejillas, con el cuerpo tenso de Sam bajo el suyo.
A Sam le toma un poco reaccionar, no puede pensar muy bien, con su cuerpo tenso y su mente maquinando toda clase de torturas a las que puede someter a ese imbécil, ni siquiera le importa que esa mujer sea horrible, por dentro por fuera, por todos lados.
No le importa.
Por que el corazón de Dean es suyo, es suyo y de nadie mas, de absolutamente nadie mas, solo el tiene derecho a herirlo, a tocarlo, a hacerlo suyo.
Su cuerpo parece por fin relajarse, y una dulce sonrisa aparece en ellos, su mano se alza para acariciar la mejilla de Dean.
- Tengo algo que hacer… - susurra contra los labios de Dean, que se abren, dejando que su cuerpo se llene de Sam.
- ¿Regresaras hoy? – pregunta suave, devolviéndole la sonrisa a Sam. – Quiero despertar contigo…siempre despertar contigo.
Samuel asiente, con expresión segura en su rostro, determinado a lo que va a hacer, cosa que estremece a Dean; ¿Cuándo se torció todo esto?, quizás en el momento en que abrió una caja con la cabeza de su hija.
- Sammy…quizás…si haces un buen trabajo, pueda encargarme de ti. – se atreve a agregar, por que adora ver esa expresión de niño bueno en ese rostro tan macabro.
- ¿Lo harás? – y ahí esta su recompensa, o al menos eso quiere pensar, por que su traicionera mente le regala las imágenes de esa mujer gritando de dolor.
- Lo hare por ti…
- Por que eres mío, siempre fuiste mío…
El sentimiento que le recorre es de miedo, miedo, tan intenso que se ha dado de bruces contra la mesilla del recibidor, se ha golpeado la cabeza, y su sangre brota de la pequeña abertura; es inútil ponerse de pie, es inútil articular palabra.
Vomita, toda la comida de la noche, incluso pudiendo ver entre los residuos, un montón de carne mal digerida, o a medio digerir; eso solo lo hace arrastrarse hacia el sofá, arrastrándose inútilmente sobre su trasero, lo que le lleva a llevarse por el medio uno de esos animales disecados, que están por todas partes.
Grita, de miedo, aterrorizado, su pecho temblando por el esfuerzo de respirar, la adrenalina recorre su cuerpo violentamente, eso es lo que provoca que pueda ponerse de pie, huyendo a su habitación, a la habitación de el, que parece tan aterradora; quizás por eso escoge meterse en esa Locus Colletion, después de todo no hay nada allí.
Para su terror, cuando atraviesa la puerta, se cae de bruces, tropezándose con el papel que envuelve la entrada; es como una película de terror, de esas que daban en su época.
Un sollozo se escapa de sus labios, al ver que la habitación sin duda esta llena, de hecho es como un jodido congelador, con neveras de vidrio transparente, dejando a la vista toda clase de órganos, o al menos así lo ven sus ojos. Pero en realidad solo hay corazones, con etiquetas de nombres, muchos corazones.
No le toma mas de dos segundos en desmayarse, cuando sus ojos se fijan en un pequeño y extraño altar en el medio de la habitación, que el puede ver claramente.
Tiene una foto suya.
Asesinar a esa mujer, es pan comido, pero, solo un leve problema surge, un problema que sin duda tiene que resolver.
Todo se reduce a cuando se apareció frente a la puerta de los Mannilan, de los cuales, el señor de familia nunca estaba en casa.
- Buenas noches Jared. – la dulce voz, y falsamente sensual, de la dama de la casa, es quien le atiene, acercándose a el con cuidado... - ¿Qué viniste a buscar hoy? ¿Placeres ocultos?
- Quería invitarle a cenar. – responde Sam inmediatamente, con una sonrisa lobuna en sus labios, pero aun queda rastro de su inocencia.
Es tan espantosa, que Sam tiene ganas de vomitar, de morirse allí mismo, e incluso de sencillamente matarla, pero en su mente tienes planes de tortura que no le abandonaran.
- ¡Oh mercy! – prácticamente exclama, rodeando los brazos de Sam con los suyos. – Por supuesto que si, hermoso. – le dice con una sonrisa que asquea mas al asesino, quien se ve forzado a sonreír amablemente.
Sus ojos, afilados, inteligentes, captan un pequeño movimiento de reojo, un movimiento lento y tímido, algo asustado.
- ¿Su hija esta en casa? – pregunta de inmediato, lo mas natural que sus técnicas de actuación le permiten.
- Oh, lastimosamente si… no pude dejarla con su tía, así que… ahora, no me queda mas que…
- Puede traerla consigo. – La sonrisa de Sam se extiende por su rostro, no será la primera vez que cobre la vida de una inocente; y no le molestara hacerlo, esta demasiado ansioso, pero ni siquiera puede pensar si esta será la noche en que cometa un error.
- Pero…
- Solo tráigala. – exige, errático, pero ella no parece notarlo, por lo que entra en la casa, llamando a la pequeña para que se vista.
No tardan mucho para que estén dentro del Suv negro, la madre envenenada con cloroformo, y la pequeña durmiendo en su regazo, respirando lentamente, mientras Sam maneja lo mas normal que puede, controlando el temblor de su cuerpo cada vez que ve el cuerpo de la mujer por el retrovisor.
Llegar a las viejas fábricas se le hace eterno, manejando con toda la velocidad del auto justo cuando faltan pocos centímetros; el matadero esta justo al frente, y Sam casi respira aliviado cuando por fin lleva el cuerpo de la madre sobre su hombro, y el de la niña en su mano izquierda.
Prepara todo, tan rápidamente que varias veces tiene que ir a donde conserva sus herramientas, pero, la verdad, no pierde tiempo para despertar de dos fuertes golpes en su rostro a la mujer, que yace atada en la camilla de metal.
- Es bueno que despierte. – sisea con odio, viendo como la mujer se da cuenta tan rápido donde esta, como de rápido se mueve el cuchillo de Sam sobre su pecho desnudo, cortando, no con el bisturí, sino con un simple cuchillo de plata, esta mujer no merece ser tratada con delicadeza, esta mujer merece ser tratada como la animal rastrera que es. – No eres mas que una zorra…¿Cómo pudiste hacerle eso a el?... – ella no puede responderle, por que el no quiere escucharla gritar, no quiere escucharla decir nada. – Perra desvergonzada…pagaras por todo lo que has hecho… - no va a morir así de fácil, no la dejara, así que trabaja rápido, rajándola por el medio, como a un cerdo.
- Así es como morirás… - viendo como tu corazón se apaga… - su voz odio, toda esa psicopatía hablando por el, dejando salir su insanidad mientras rompe con sus manos las costillas, la adrenalina en su cuerpo actuando como una droga que le da la fuerza para arrancar la sangre.
- ¡Te atreviste a tocarlo! – le grita con lagrimas en los ojos, desesperado por encontrar su corazón. - ¡Te atreviste a herirlo! - Sus gritos son de impotencia por no haberlo evitado, de odio. – Perra... –cuando al fin logra sacar el corazón de su sitio, y sostenerlo frente a los ojos de su victima, este da sus últimos latidos, hasta quedarse quieto, inmóvil para siempre.
El corazón lo lleva al pequeño congelador portátil que siempre lleva consigo, mientras que el cuerpo lo deja caer en la trituradora sin ningún cuidado, ya se ha llenado de sangre, y ni siquiera se ha puesto los lentes protectores que a veces le da por usar.
Ve el cuerpo de la mujer ser devorado por la maquina tritura carne, que la vacía en el cuarto de los perros, que se alimentan hambrientos de días sin comer, y que seguramente lo harán or unos días mas.
- Señor Padalecki… - una suave voz le llama desde atrás, y el no tarda en girarse de forma lenta, casi premeditada. - ¿Nos vamos? – pregunta suavemente, saltando con emoción. – Quiero ver a papi…
- Lo veras, tan pronto como lleguemos a casa, cariño.
Fin
A quien no piense que es plagio, aun faltan dos finales cortos pero reveladores xD
