Tan bello era dormido, que a pesar de haber dormido más de 7 horas, Sai no se atrevía a despertarlo. En vez de eso, lo observaba con total atención.
Gaara…
El pequeño niño pelirrojo al que había llevado a su casa, y que ahora estaba durmiendo en su cama.
Estaba empezando a anochecer, por lo que Sai encendió la lámpara de la mesilla de noche para poder seguir observando al niño. El pelirrojo, aun dormido, agarró una de las almohadas y la abrazó con fuerza. El mayor ante este gesto, reaccionó y se dio cuenta de que no se había ido de esa habitación desde que el niño había caído dormido. Algo en su cabeza le gritaba con fuerza una única palabra.
"MIRÓN"
Sudó frío al pensar que no se había dado cuenta de la situación.
Un adulto acostado junto a un niño, observándolo durante 7 horas seguidas, mirando cada parte de su rostro y su cuerpo como quien mira una escultura.
Se incorporó rápidamente, saltando de la cama y saliendo de la habitación cerrando la puerta con un estruendo impresionante.
-Sai… ¿qué estabas haciendo?-se preguntó a sí mismo caminando hacía la cocina chocando contra las paredes. Se sirvió un té helado en un vaso de cristal, le puso un popote (una pajita) y se sentó en la mesa perezosamente.
Pensaba en todo lo que había pasado hasta ahora…hasta hace solo un día había sido el mismo Sai de siempre. Tranquilo, frío y distante, pero al ir al salir de su casa era como si hubiera dejado a ese Sai en la calle y hubiera vuelto a casa siendo una persona distinta. Todo por Gaara. Al volverlo a ver, todo su ser dio un altísimo salto de alegría y no pudo evitar querer tenerlo junto a él.
Quizás…ese niño…hacía que él…
¡¿Tuviera alguna especie de instinto paternal?!
No lo veía posible, no se veía como el padre de Gaara. Sentía una especie de sentimiento de protección hacía el niño, no quería que le pasara nada, que nadie le hiciera daño, que nadie lo hiciera llorar, que nadie lo tocara…
Cuando se dio cuenta, estaba mordiendo con furia los hielos que quedaban de su té helado. Y había destrozado el popote (pajita) con las manos inconcientemente. Escupió los cubos de hielo rápidamente haciendo que chocaran contra el suelo. Se jaló los cabellos con desesperación.
-¿Qué me estás haciendo, Gaara?- suspiró.
- …Sai-san…-
Al escuchar esa voz el moreno agarró el vaso y lo tiró lejos sorprendido.
-Gaa…Gaara-
El pequeño estaba parado en la puerta, vestido con la camisa del mayor, que le llegaba hasta la mitad de los muslos, le quedaba muy grande por lo que dejaba uno de sus hombros descubierto. Su cabello rojo estaba desordenado y se frotaba con la manita su ojo.
-Buenos días-sonrió soñoliento.
El moreno sonrió con ternura y se acercó al niño acariciándole la cabeza.
-Gaara…aun no es de día...buenas noches-
El niño abrió los ojos como platos.
-¡Ah! ¡He dormido demasiado!- agitó sus bracitos frenéticamente.-Sai-san, lo siento muchísimo-se sonrojó.
-No tienes por que disculparte, no has hecho nada malo-sonrió y se agachó para quedar a la altura del menor.- estabas muy cansado y te dejé descansar-puso su mano en la mejilla del niño y la acarició- Gaara es muy lindo cuando duerme- el pequeño se sonrojó y agachó la mirada.
....
….. (Gotita)
-Gaara… ¿por qué no vas a ver la televisión?...enseguida estaré contigo-dirigió al pequeño hasta la sala para luego encerrarse en la cocina.
Se quedó callado durante unos minutos.
"Gaara es muy lindo cuando duerme"
"Gaara es muy lindo cuando duerme"
"Gaara es muy lindo cuando duerme"
"Gaara es muy lindo cuando duerme"
¡NO! ¡NO! ¡NO! ¡NUNCA, NUNCA!
Su cara se puso como un tomate. ¡¿Cómo le había podido decir eso?!Podía pensarlo, podía escribirlo claro… ¡pero no decirlo! En serio, Sai, eres imbécil, fuiste al concurso de "¿Quién es el más imbécil?" y perdiste, por imbécil. Como podía meter la pata sin parar y decir frases como esa sin darse cuenta, lo ponía de los nervios. No debía decir cosas como esas a Gaara, por muy lindo que se viera durmiendo… (Desesperación)
Salió con paso fantasma de la cocina y se dirigió a la sala donde estaba el pelirrojo entretenido viendo un programa concurso en la televisión. El mayor se sentía extraño al tener a otra persona en casa, se sentía bien saber que había alguien con él haciéndole compañía, sentía una calidez difícil de explicar.
Tenía que controlar sus comentarios en frente de Gaara. Su sinceridad y forma de expresarse le estaban jugando una mala pasada. Tenía que intentar controlar. Se sentó junto a Gaara y lo observó por unos minutos, hasta que éste se dio cuenta y se cruzaron sus miradas.
Negro contra aguamarina.
-Sai-san- rompió el silencio sin dejar de mirar al otro-¿puedo preguntarle algo?-
-Puedes-
-¿A Sai-san le gusta dibujar? –esa pregunta sorprendió al mayor. Lo había visto dibujándolo mientras Sai lo creía dormido.
-…Si, soy pintor, me dedico a dibujar, es más una profesión que un pasatiempo- se paso la mano por su cabello.
-Ah…ya veo-sonrió-Sai-san no debería dejar de dibujar…creo que los pintores alguna vez en su vida ven a la autentica inspiración que hará que sus dibujos tomen vida propia solo al observarlos, por lo que Sai-san tendrá que encontrar aquella inspiración para poder disfrutar su trabajo como un pasatiempo-
Sai observaba al niño con esa expresión serena en su rostro mientras decía todo aquello. Inspiración…
Ahora que lo pensaba…cuando vio a Gaara tuvo el enorme deseo de dibujarlo sin importar que…. Nunca había deseado tanto dibujar a alguien…
¿Sería Gaara…su auténtica inspiración?
No podía ser…era imposible que algo así pudiera existir…la auténtica inspiración residía un alguna experiencia o suceso…no en una persona.
-Quizás algún día Sai-san la encuentre y sea feliz-le sonrió.
-También lo espero-devolvió la sonrisa al menor.
De repente se dio cuenta de algo.
-¡Gaara!-tomó sus hombros-¿tienes hambre?-preguntó preocupado.
-Un poquito…-se sonrojó mientras sonreía avergonzado. El moreno se fue corriendo y empezó a buscar algo comestible. Recordó el pan que había comprado y cortó un poco y se lo dio al pequeño.
El otro lo observó un momento a él y al pan, alternativamente, hasta que extendió su manita y tomó el trozo de pan y le dio un mordisco. Masticó con lentitud.
-Gracias, Sai-san-sonrió mientras lo comía-me encanta el pan, esta muy rico-
Sai se sonrojó ante ese comentario.
-Si-tragó saliva-a mí también me gusta-desvió la mirada.
Permanecieron callados durante por lo menos 20 minutos. El mayor intentaba no mirar al menor, ya que sabía que si lo miraba no iba a poder quitarle la vista de encima. Se levantó bruscamente.
-Gaara, tengo que salir un momento, adiós-salió prácticamente corriendo hacia la puerta, se puso la chaqueta y se fue, dejando al niño confundido y sorprendido.
El moreno caminaba por las calles con pereza y un poco de sueño. Tenía que comprar más comida para Gaara, solo de haber visto comer a esa pequeña persona quería verlo comer muchísimas veces.
-Soy un pervertido- caminaba más rápido para despejar sus ideas vouyeristas, tan rápido iba que chocó con una chica y la hizo caer.
-¡Lo siento! Estaba distraído-la ayudó a levantarse.
-No es nada, yo también lo estaba- la chica soltó una risa nerviosa y se volteo a ver al otro- ¿Sai?- el moreno se sorprendió que la mujer lo conociera.
-¿Te conozco?-la miró confundido.
-¡Soy yo! Tenten- se señaló a sí misma sonriendo.
¡Claro! Tenten…se había acostado con ella las navidades del 2005, lo recordaba por que lo habían hecho debajo del árbol navideño, y mientras estaba en el "asunto" se le cayó la estrella de la punta del árbol en la cabeza.
-Tenten, no te reconocí-
Estaba muy cambiada. Antes tenía unas colitas de peinado y ahora tenía el pelo suelto y largo, pero su cara permanecía igual de infantil. Linda, tiene una bonita sonrisa, pero es muy llorona e infantil, como Sakura.
-Te extrañe mucho, no te veo desde aquellas navidades-habló con voz melosa.
-Estoy demasiado ocupado, Tenten-le sonrío con falsedad-Fue un placer verte, pero tengo que irme-siguió caminando. La chica empezó a seguirlo.
-¡Te acompaño!- tomó el brazo del moreno con fuerza para evitar que se fuera, que es lo que el chico pensaba hacer.
Entró al supermercado con una chica pegada a él como un chicle. Tenten no se despegó de él, mientras éste compraba la comida para su pequeño huésped. La joven hacía mucho que no veía a Sai, aquellas navidades de 2005 habían sido…excitantes, el moreno era el hombre más atractivo y experimentado que había conocido, no había podido olvidarlo. Mientras pensaba en ello apretaba más el brazo del otro.
-¿Vas a estar así todo el rato?-preguntó seriamente mientras elegía si llevarse el queso amarillo o el manchego.
-Me gusta estar así- apoyó su cabeza en el hombro del moreno- es como sí fuéramos novios-al escuchar eso el chico se paró en sexo-Sai y yo, queriéndonos mucho bajo la luz de la luna-(ojitos de corazón)
El joven trató de zafarse de la castaña en un intento de huir de ella, pero lo tenía bien sujeto y no creía que lo dejara ir, ninguna lo hacía… No podía tardar mucho. No quería dejar al pequeño Gaara solito y… ¡¿Pero que estaba diciendo?! Le estaba haciendo mal tanto estrés…
Sin darse cuenta estaba tratando de cortarse las venas con un paquete de salchichas, lo dejó rápidamente en el estante antes de que alguien se diera cuenta.
-¡Sai!-besó los labios del chico-¿Te pasa algo?-
-Lo siento, Tenten-la apartó delicadamente de él-pero debo irme-
La castaña lo miró con ojos de cachorrito.
-¿Puedo ir contigo?-
-¡NO!-dijo bruscamente, segundos después se dio cuenta de que había sido muy rudo sin querer- es decir, no puedes, porque…-intentaba buscar una excusa para decirle-porque voy a estar muy ocupado…, tengo que….-pensó un momento-…pasear a la cacatúa de mi prima-(gotita)
-¡Ah! Entiendo-se entristeció
-Nos vemos luego, ¿si?-caminó rápidamente hasta la caja registradora rogando por que el pitido de la luz roja que reconoce los códigos de barra fuera más rápido.
-Hasta luego, cariño-la chica se despidió de él con la mano y con una enorme sonrisa.
Sai salió corriendo guardando todos en las bolsas y saliendo agitado del supermercado.
-¿Por qué una cacatúa?- se dijo a sí mismo con cara de "soy imbecil".
Caminó tranquilamente hasta casa, había comprado muchas cosas: queso, más pan, jamón, carne, pollo, más huevos, etc. Por fin la comida del refrigerador no estaría solo de adorno.
¡No sabía por qué lo hacía tan feliz la idea!
Entró a la casa y se apoyó en la pared de la entrada, estaba cansado y nervioso.
-¡Sai-san!-el niño llegó corriendo hacia él y se estampó contra su cuerpo- Ya llegaste-le sonrió.
El moreno sonrió con ternura. Nunca lo había hecho tan feliz que alguien lo estuviera esperando en casa.
Acarició la cabecita del pequeño, a lo que el otro cerró los ojos disfrutando de la caricia del mayor. No podía ser tan malo tener un pequeño huésped.
-Fui a comprar cosas para comer-caminaba hasta la cocina y Gaara se ofreció a ayudarlo a guardar las cosas. Estuvieron guardando la comida hasta que Sai se acordó de una cosa, metió la mano en una de las bolsas.
-Gaa-chan-el niño se sorprendió al oír que el mayor lo llamaba-traje esto para ti-sacó una enorme galleta con un lado de chocolate blanco y el otro lado de chocolate negro.
-¡Ah! Gracias, Sai-san-agarró la galleta emocionado-no debió haberse molestado-sonrío sonrojado.
-Gaa-chan se ha portado muy bien y ha estado haciéndome compañía-sonrió al ver los ojitos iluminados del niño-así que quise comprarte algo-se sonrojó un poco desviando la mirada del pequeño.
El niño se abrazó al mayor.
-Muchas gracias-susurró muy bajito.
Se apartó un poco, abrió el envoltorio de la galleta y tomó un trozo de ésta.
-Sai-san ¿Se puede acercar?- Sai se estaba sirviendo un vaso de agua y se acercó curiosamente, se inclinó para quedar a la altura del menor. El niño le metió el trozo de galleta en la boca y le dio un beso en la mejilla.
-Muchas gracias, Sai-san-sonrió con un rubor en el rostro.
El niño se fue corriendo a la sala todo ruborizado, dejando al mayor plantado con la mirada perdida.
Sai soltó el vaso de cristal haciendo que se rompiera contra el suelo, se sonrojó al extremo al punto de parecer un semáforo en rojo. Casi se atraganta con el trozo de galleta que tenía en la boca.
Un inocente besito de un ángel.
Posó su mano en la mejilla donde aún sentía el beso del menor y se sonrojó aún más.
No sabía porque…se sentía tan feliz…
