Okey, despues de una eternida completa, me di cuenta de que no habi subido esto, rodaran cabeza...una es mia por supuesto.
Ahi Warnings para la primera parte: No leas a menos que estes conciente de que puedes vomitar leyendolo - Sensibles mentes, ¡Fuera! - Ahi una escena que raya en lo canibalistico y necrofilia, asi que han sido advertidas.
Final Dos
- ¿Ahora eres adivino? – le espeta, con odio, celos, rabia, y todos esos malos sentimientos en su cuerpo. - ¡El mocoso sabe diferenciar emociones!
Sam le mira incrédulo, su expresión crispada, como si nunca nadie le hubiera alzado la voz de esa manera.
- ¿Qué?
- Oh dios…eres tan estúpido… ¿Cómo…? ¿Cómo pude ser tan estúpido, como para pensar…que serias…mío? – la voz de Dean se hace un susurro, disperso en la oscuridad, su cuerpo tiembla, de dolor, su corazón se parte, y no puede creerlo.
- Dean…no digas eso… - Sam se sujeto la cabeza con las manos, presionando duro de ambos lados, como si intentara compactar su cerebro en una sola idea, literalmente.
- ¿Por qué me haces esto Sam? – pregunto casi sin voz, retrocediendo un poco. – Te amo…puedo ver eso ahora…
Dos días después.
Sam abrió sus ojos avellana, grandes, nublados por esa capa de sueño que se negaba a abandonarle, pero aun así se removió en la cama, buscando despertarse. Gimió desorientado, cuando algo le impidió moverse de la cama, bajo su vista a su torso y vio que estaba manchado de rojo, y que su espalda estaba conectada por ese liquido seco.
Sangre.
Sangre que manaba del cadáver que reposaba a su lado, con sus ojos verdes abiertos, sin emoción. Sus labios abiertos, lo suficiente para que Sam pudiera colar su lengua en un beso de buenos días. Tal y como lo hace ahora, sus manos recorriendo los fuertes brazos del cadáver de Dean.
Se ve tan hermoso allí, abierto en canal, con su corazón a la vista, al igual que todos sus órganos internos, sus costillas perfectamente cortadas, con la sierra de mano, su piel rajada con su perfecto cuchillo, ese que es capaz de rajar la carne tan perfectamente que pareciera que la carne se hubiese abierto naturalmente.
El cuerpo de Dean es simplemente, perfecto.
Su lengua recorre su frio cuello, el cual no solo se encuentra así por la muerte de su dueño, sino por la increíblemente baja temperatura de su cuerpo. Aun sabe delicioso, y eso solo provoca que Sam gima, y su mano se entierre en el abierto abdomen, impregnándose de la sangre aun liquida que permanece allí.
Succiona sus dedos, deleitándose con lo delicioso que sabe su hombre, no puede evitarlo, y se inclina a lamer las aberturas del cuerpo, esa piel cortada tan perfectamente, incluso, en un movimiento atrevido, aunque no para el, se inclina y lame su quieto y frio corazón, la sangre pegajosa, pegándose a su lengua, pero no parece importarle; por que eso solo le ocasiona un orgasmo.
Dean están perfecto así…tan jodidamente perfecto… y lo será por siempre; le dará una habitación para el solo, le pondrá en un altar, y se alimentara poco a poco de ese cuerpo.
- Siempre fuiste mío…
Final Tres
Su mente no puede concebir lo que ha visto, su propio rostro devolviéndole una sonrisa gentil, con arruguitas, esas que su esposa tanto adoraba, esas que solo se formaba cuando sonreía con verdadera gentileza.
Tiene su viejo sombrero de policía, e incluso se ve parte de su uniforme, no tiene idea de como ha pasado, de como el ha conseguido eso, puede que sea simplemente la imagen de un periódico, pero no lo es, no cuando sus manos la toman entre ella, es dura, como las fotos normales, incluso tiene el sello de la policía en su dorso.
¿Cómo puede tener Sam esto?
- No… - susurra, pasando una mano por su cabello, cuando ve dos grandes libros al lado de donde esta la foto, puede ver claramente, cada uno de ellos forrados impecablemente.
El nombre del primero, se puede leer en letras doradas, dice, con letra cursiva, "MIO". Eso le da un escalofrió, se muerde el labio y acerca sus manos temblorosas hacia el, abriéndolo sobre la mesa.
Su rostro le devuelve la mirada en muchas de ellas, pero en la mayoría esta con su traje de detective, con muchas, quizás demasiadas personas a su alrededor, en el interior de su borrosa mente puede reconocer la mayoría de los rostros, y de las espaldas, incluso su misma espalda aparece en muchas de ellas, su traje, su rostro de lado.
Pero una en especial le llama la atención, una de las ultimas que puede visualizar antes de cerrar el álbum de golpe, es el, con Helena y Emily, justo el día antes de que desaparecieran y su vida se rompiera, estaban en el parque, y la sensación de ser observado nunca se quito de la nuca de Dean,
Nunca lo hubiese sospechado.
Gira su vista al otro libro, forrado en cuero negro, y las palabras Enemigos, grabadas a mano sobre el mismo cuero, como si las hubiesen rasgado con un cuchillo en un arrebato de rabia.
La abre con temor, de encontrar fotos mas reveladoras de lo que es capaz de soportar, pero solo hay rostros, entre ellos su esposa y Kane, su mejor amigo en la comisaria, puede ver a Ian también, su tercero al mando; pero no hay ninguna de su hija, ni una sola, no sabe por que eso le alivia, al menos hasta que recuerda que su corazón puede estar en cualquier lado de esa habitación.
Se separa del altar, en el cual reposan flores, marchitas, que le dan un aspecto si es posible, mucho mas macabro al lugar, aun esta en shock, aunque no se le note, al menos a simple vista, por que sus pupilas se han dilatado, y su corazón late desaforado en su pecho como si quisiera salirse de allí, como si quisiera huir y esconderse en un cajón de basura como debería haberse quedado haciendo.
De repente, sus piernas se están moviendo a toda velocidad por el frio pasillo, sus su corbata cuelga de su cuello mientras se balancea de un lado a otro, tratando de llevar su muerta alma a la cocina.
No va a escapar.
Va a matarle.
Hacerle pagar por todo.
Coge el mejor cuchillo de la cocina, con mango de algún cuero exótico y lo empuña, fuerte casi rompiéndose los dedos de la fuerza inusitada que usa.
La puerta se abre, aproximadamente dos horas después, y la dulce voz, por no decir repugnante, del asesino se deja oír por toda la habitación.
- Dean, regrese. ¿Dónde estas?
- Aquí, tu hijo de perra.
No toma tan de sorpresa al asesino como de verdad querría, Sam es rápido para lo grande que es, y no tarda en un forcejeo quitarle el cuchillo y enviarlo al suelo.
- ¿Qué pasa contigo?
No hay vuelta atrás, los psicópatas no toleran las amenazas, y sabe que si se detiene Sam le matara sin dudarlo un segundo.
- ¡Fuiste tu! – le grita, empujándolo hacia la pared, y girándose a buscar el cuchillo, pero las manos de Jared se aferran a su muñeca, y le demuestra, que no es solo un habilidoso con el cuchillo, sino un buen luchador.
El gancho que le da directo a la mejilla del ex detective, le manda al suelo, haciéndole caer de espaldas, lo cual es bastante desventajoso con un asesino, que le deja con la mirada borrosa.
- No me importa, hice lo que tenia que hacer para tenerte conmigo, para hacerte mio. – Sisea en su oído, sentado sobre sus caderas, reteniendo cualquier movimiento del hombre bajo el. – Puedo ser tuyo Dean, pero la única forma que eso pase es que las olvides, y te redimas a ser mío.
- Nunca seré tuyo, tu hijo de puta, ¡planeaste todo!
- ¡Cada maldito detalle! – respondió Samuel, quien por lo que podía ver Dean de su incomoda posición sostenía un cuchillo en su mano.
Para cuando quiso detenerlo, forcejeando por su vida, el cuchillo se encajo en su espada, arrancándole un gemido de dolor.
- Quizás deba cortar tus manos…quizás tus piernas… - La lengua de Sam hace formas sinuosas sobre la piel de su cuello. – Eres mío, solo mío, desde el primer momento en que te vi, eras mío.
La letanía de "mío, mío, mío" se mete hasta el fondo de la mente de Dean, haciéndole doler las sienes, y el hígado, seguramente por que le ha cortado allí, justo allí.
- Sam…tu las mataste… ¿Por qué? – solloza, por que es inútil, no puede quitárselo de encima.
- Te lo digo, eres mío…solo mío…
Con un rápido movimiento, que ni Sam puede prevenir, Dean le golpea en las costillas, desestabilizando la fuerza con que sujeta el cuchillo y sus brazos, aunque quitárselo de encima no es tan fácil como Dean piensa, Sam es pesado y por ello muy poco manejable.
- ¡No soy tuyo! – le grita, retirando el cuchillo de su espalda, lo cual el mejor que nadie sabe que es un terrible error, que solo ayudara a que su herida sea aun mas mortal.
Puede ver el dolor en el rostro de Sam al notar lo que ha hecho, al notar como le ha dañado, pero parece ser momentáneo, y después de todo Dean entiende que Jared no puede enamorarse.
- No soy tuyo…no cuando mataste a mi familia…
- No la mate… - Intenta decir algo mas, pero Dean se lo impide, aprovechando la distracción del asesino, encaja el cuchillo en su pecho, justo en el corazón. – Dean… - le escucha gemir, sus manos sujetándole el rostro, y a Dean le duele, por mas que le odie le duele, por que el si se ha enamorado de verdad.
- ¿Por qué lo hiciste? – pregunta, por que necesita saberlo, encajando aun mas el cuchillo en el fuerte pecho que da espasmos de dolor bajo el, dejando que mas sangre brote de la herida.
- Eras…
- ¡No! ¡No soy tuyo!
- Eras mío…siempre fuiste mío.
No lo recuerda, probablemente nunca lo haga, pero Sam si nunca lo olvidara, ese día lluvioso donde Dean le prometió ser suyo.
FEIN!
