Aquí el capitulo de esta historia. Hemos llegado a una parte un tanto…bueno, ya verán. Como siempre espero que sea una historia no muy difícil de leer, entendible. Y eso, este fic del mal no lo quería subir pero bueno, aquí está. Y hay muchas cosas que no he mencionado en el trascurso de los meses en cautiverio, después lo haré creo.
Advertencia: Termino de la guerra.
Los segundos se hacían minutos, los minutos se hacían horas, las horas se hacían días, los días se hacían semanas. Y las semanas alcanzaron a ser meses. Ya habían pasado cinco de ellos.
Sí, cinco meses. Arthur vagaba en sus pensamientos. Su mente no procesaba mucho. Pero sabía que algo iba terriblemente mal o era muy sospechoso. Estados Unidos aún no regresaba de la batalla, ni siquiera un momento. Sin embargo, aún estaba en su cautiverio. Aún estaba en aquella deprimente habitación completamente encerrado. Nadie le hablaba, los guardias se limitaban a su trabajo y los que le servían comida a dársela. Había días en que Arthur no comía. No tenía las ganas ni la voluntad para hacerlo.
Un sonido interrumpió sus pensamientos. Atinó a ver el reloj, era una hora imprecisa para que llegara alguien ¿Sería Alfred quizá?
Pero era diferente. Notó en el hombre empresario que iba entrando algo familiar. Era uno…uno de sus jefes.
—Arthur, es hora de salir de aquí. —le dijo el hombre apenas entró a la habitación.
El europeo no sabía como reaccionar. No sabía si moverse o no. ¿En verdad saldría de allí? ¿Todo había acabado? El sentimiento de felicidad no alcanzó a llenar su opaco ser, aún no lo sentía muy real, muy nítida la posibilidad de salir de allí. Cada día le era más abstracta pero justo en aquellos momentos podría hacerlo. El inglés asintió con la cabeza y se arregló un poco la ropa que traía puesta para salir de aquella habitación en la que había estado durante meses.
Al salir los guardias le miraron, una cara de desolación recorrió sus rostros. Inglaterra no supo que significaba ni quería averiguarlo. Su mente no se coordinaba del todo bien. Todo era muy confuso y variado.
Sin embargo, cuando estaba pensando en todo eso ya estaba parado en frente de uno de sus aviones, realmente no cabía en sí aquel hecho. Por fin libre. Nunca había sentido tal satisfacción por la "libertad", la… ¿libertad?, repitió en su mente. Luego, segundos después botó asqueado esas palabras, por un ligero momento las asimiló con Alfred, cuando él deseaba y añoraba su "libertad", y compartir aquel deseo, aquella alegría de ser libre lo hizo sentirse denigrado.
Subió al avión acompañado de su jefe sin cavilar en ningún otro asunto, o al menos eso esperaba.
El avión comenzó a moverse y el viaje daba marcha. Iban saliendo de Estados Unidos, de aquel maldito y traicionero país.
Miró hacia abajo, un extraño sentimiento se apoderó de su pecho al verlo. La zona en que estaba él se mantenía intacta sin embargo… el resto. No quedaba resto. Gran parte de Estados Unidos estaba simplemente… destruido. Miró impactado la escena. El hombre que estaba a su lado miraba también con preocupación hacia abajo. Pero no como si estuviera intranquilo o algo por el estilo, sino que su seguridad… allí, en Estados Unidos de Norteamérica no eran garantizadas.
El tiempo trascurrió, Inglaterra era libre y ya estaba en su país.
Tres meses más. Había estado todo ese tiempo en su país, de nuevo, sin hacer mucho, sólo en su territorio, sus ciudadanos, aquellos conocidos políticos, aquella bandera flameando sin compañía aparente, pero algo no lo dejaba en paz.
—Quiero salir del país—decía desesperado. Era igual que antes. No sabía nada. ¿Por qué Francia le sonrió de aquella manera tan triste hace un rato atrás en su visita? ¿A qué se refería con "perder para proteger"?
Una intuición recorrió el cuerpo del inglés. No soportaba la situación. Sentía el sudor pasando a través se su frente, un sudor frío. Breves estremecimientos recorrían su cuerpo hasta el punto de hacerlo temblar como si estuviera desnudo un día en que blanca nieve caía afuera. No sabía que le pasaba. Sentía como si en cualquier momento iba a perder el control.
"Alfred"
Algo sucedía con él. Siempre lo supo, pero esta vez era diferente. Ahora que estaba en su país, con la gente que le era de confianza y ni aún así podía saber que era lo que realmente pasaba.
—No puedes.
—¿Por qué no? —dijo serio el británico.
—No puedes. —repitió aquel importante señor.
—¿Qué mierda sucede? ¿Es por Alfred verdad? ¿Qué pidió que me ocultaran ese hijo de puta?
El sujeto en cuestión bajo la cabeza mientras trataba de ocultarse en sí mismo encogiendo los hombros. Inglaterra miró asqueado la situación.
—¿Qué fue maldición? ¿Eres un inglés no? ¿Sientes algo de respeto hacia tu patria? —le preguntó. A pesar de que esa persona era quien debía decir como le correspondería actuar a Inglaterra era éste el que tomaba el control.
—Sí…
—Entonces dilo…—susurró entrecerrando los ojos. De una manera seria y destruida. Como si hubieran acabado con gran parte de sus emociones.
Su superior comenzó a ponerse nervioso mientras iba de aquí y para allá. Pero luego, al fin y al cabo tomó asiento. Se refregó las sienes y miró al británico que estaba esperando con cierta impaciencia la respuesta a su interrogante. Se tomó con sutileza la corbata y se la aflojó un poco para volver a suspirar esta vez de una manera más prolongada.
—Esto es algo… para lo que deberías tomar asiento Arthur—le dijo dispuesto a explicarle.
Arthur asintió y tomó asiento en el sofá contrario. Lo que sea que escuchara allí quizá cambiara todo, y en efecto, lo haría.
—Estados Unidos… es el responsable de esto. Que estés encerrado incluso ahora.
Una expresión se notó en el rostro del inglés. Era fácilmente legible. Era obvio que estaba pensando "Lo sabía maldita sea, lo sabía".
—Es la última promesa que le hicimos…
—¿Promesa? ¿Prometer algo con esa escoria? ¡Me mantuvo meses encerrado en esa casa! ¿Y ustedes le hacen promesitas de dejarme nuevamente encerrado? ¿Por qué demon-
Su superior le había interrumpido. Arthur parecía estar colérico—Una forma infalible de protegerte… a ti y a nuestro pueblo. Como él había dicho "Si nadie se entera todo estará bien"
—¿Por qué? ¿De que no debía enterarme? ¿Protegerme? ¿Violar es un sinónimo extraño de proteger?, hablas igual que el afeminado de Francia. Me estás decepcionando como inglés…—le decía no midiendo sus palabras con quien era su superior llevado por la rabia y frustración que comenzaba a inundarlo.
El empresario suspiró dando un silencio para continuar. —No podía contárselo a nadie. Hay cosas que Alfred ocultó hasta a su propio gobierno. Todo para que… nadie sospechara que alguien te estaba protegiendo Inglaterra.
—¿De qué? ¿Del maldito lío en el que se metió con Rusia? ¿De eso?
—¿Lío con Rusia? —rió brevemente su superior—Eso sólo queda en las películas Inglaterra, Alfred no tenía ningún problemas con "Iván"
—Lo tenía, por eso él…
—No, No Arthur, te equivocas —cerró sus ojos.
Ese político cual era su cargo juntó sus manos y miró fijamente el rostro del inglés, confundido, sus gruesas cejas arqueadas levemente y su boca suavemente abierta con angustia, muchos meses así, no lo soportaba.
—Rusia, Rusia…—repitió mirando hacia arriba —Él nunca tuvo problemas con los norteamericanos, lo tuvo con nosotros…
—¿Con nosotros? ¿Qué es esta maldita farsa? ¿Acaso tú también estás con Alfred? ¿Eh? ¡Responde! —gritó alterado mientras su corazón se agitaba, todo era mentira, todo era una mismísima mierda, el odiaba a Alfred, era un grandísimo desgraciado, no podía ser nada más ahora ni nunca.
Porque amaba y amó a Alfred, y él había quebrantado aquel cariño con sus actos, no merecía si quiera un rastro de compasión, sólo quería poder a costa de lastimar a cualquiera que estaba en su camino, un maldito enfermo, un maldito obsesivo.
—Un descontento de Rusia no fue ni siquiera mirado por nuestro gobierno…
—¿Qué? —su voz estaba en un hilo, sofocada de la desesperación.
—Nuestro gobierno…nos derrumbó, no lidió con el problema que habíamos sostenido e incluso ocasionado en contra de Rusia, lo ignoramos. Eso causo el descontento de éstos, decidieron empezar mandando pequeñas fuerzas ubicadas en sectores de nuestro país.
—¿Empezar qué? —decía escuchando casi atónito.
—Una guerra contra nosotros… el problema que ignoramos no era tan insignificante.
El inglés agachó la cabeza con amargura abriendo los ojos con dolor, demasiado dolor, en su pecho, en su garganta, una suave sonrisa de Estados Unidos llegó a su mente y sintió ganas de gritar, también aquel rostro nublado por la tristeza cuando acababan el obligado acto sexual, luego otra en la que su cara se deformaba al maldito infeliz que utilizaba al antojo su cuerpo, la imagen le retumbaba en la mente causándole un fuerte dolor, quería gritar, gritar y gritar.
—Mientes…—dijo a penas, murmurando, las fuerzas desaparecían de su cuerpo.
—No había indicios aún, los norteamericanos se enteraron incluso antes que nosotros, un par de espías nos dieron la información, pero Alfred F. Jones dio un cambio radical a su propia nación, un intercambio, no nos dejaría pelear nuestra propia batalla, cuando el decidió aquello este conflicto no era sólo entre nosotros y Rusia, se había convertido en algo mundial, una guerra mundial…
—No…eso no es pos-
El superior de Arthur respiró hondo de nuevo interrumpiendo cada pensamiento de Arthur —Movió a su país, a su ejercito, a su pueblo, todo para poder intervenir en esta disputa, nos ofreció un acuerdo secreto si tú… si tú le pertenecías a su gobierno ellos estarían tranquilos y se podría mover más fácilmente…
—No—repitió mientras su cara se retorcía con dolor casi maniático.
—Otros países decidieron luchar apoyando a diferentes bandos, y se produjo inevitablemente este encuentro, pero Inglaterra estaba a salvo, era neutral por ordenes de Estados Unidos y era protegido por un contrato, no podían tampoco traer soldados ni armas o guarecer a nadie en Reino Unido durante el trascurso de esta guerra…
—Eso significa que…—abrió los ojos Inglaterra, horrorizado.
—Él tomó nuestro lugar, pero como dije el gobierno necesitaba una garantía para que Alfred procediera a aceptar tal acto…
—M-i…mi cuerpo—decía llevándose las manos a su rostro.
El viejo y agotado inglés pareció agachar la cabeza, no era fácil explicarle algo como eso. Era un compromiso que había hecho con Estados Unidos.
— Cuando vuelva a Londres…, acordamos que Inglaterra no se enteraría de nada…no quiero que lo haga…
—Pero…¿No será eso más doloroso para ti? Él terminara odiándote…
—¿Y eso qué? Él estará bien, estará seguro. No sufrirá, no tendrá que cargar ningún peso más.
—Aún así…lo mejor sería si tú…
—No quiero que sufra más…, es suficiente—cerró los ojos con dolor—Ya es suficiente para Inglaterra…él será feliz.
Aquel humano cerró los ojos guardando silencio.
—Porque la guerra pronto acabara… y todos estarán muy felices…—sonrió Alfred. La última sonrisa que aquel inglés vio y vería del muchacho.
Un sonido opaco y un gemido doloroso escapó de la garganta del británico mientras se sujetaba la cabeza, adolorido. Una autodefensa en contra del dolor, se negaba a creerlo, porque si así fuera… si lo que decía su superior era verdad.
El silencio imperturbable se deshizo tan rápido como había llegado por un corto y breve anuncio en una radio un tanto antigua acomodada en la esquina de la pieza en un fino mueble.
"La guerra ha terminado, todos deben estar muy felices…"
Sonó en la radio, una voz familiar, una voz que nunca podría olvidar desde aquel momento el inglés, era la voz de Alfred F. Jones. Ambos pudieron escucharlas. Arthur abrió los ojos impactados mientras que su superior sólo atinó a mirarlo con angustia.
—Todo… ha acabado… —suspiró.
—¿A-Alfred ganó verdad? —dijo en afirmación, porque en esos momentos se negaba a creer algo diferente.
El superior no dijo nada y una risa extraña salió del cuerpo del inglés, reía una y otra vez mientras su cuerpo comenzaba a dolerle, porque todo era una mierda, por que su vida era una literal mierda, porque sea quien fuera el que eligiera su destino jamás le daba a él una oportunidad para ser feliz, siempre le arrebataba todo lo que amaba.
—No…, él no ganó.
—¿Cuáles fueron los términos? —insistió.
—No hubo términos…—desvió la mirada mientras ponía sus arrugadas manos sujetando su cabeza.
Si la guerra acabo…sin términos, sin un contrato, sin un maldito papel de por medio eso significaba sólo una cosa, evidente, clara. Todo aquel tiempo en que no había visto a Alfred era porque…
Era una lastima, inevitable, así acababa todo, realmente los que podían dar una sonrisa por el termino de la guerra eran muchos, pero el rostro de Inglaterra se desfiguró. No quedaba ya nada en él, nada. Sólo un terrible sentimiento de angustia.
Porque muy en fondo cuando estaba a merced de Alfred aún seguía creyendo en él, porque muy en el fondo lo amaba, porque muy pero realmente muy en el fondo de aquel pequeño corazón que tenía siempre lo quiso. Pero dejo de creerle, lo llego a odiar, justo como el americano lo quería.
Lo odiaba, lo odiaba…
Lo odiaba por no decírselo…lo odiaba, por que se negaba a creer que Alfred simplemente desaparecería con el termino de la guerra. El inglés se paró mirando fijamente a su superior y se dio la vuelta marchándose sin decir palabra alguna.
—¿A dónde vas Arthur? —preguntó el mayor preocupado pero sin intentar detenerlo.
Arthur le devolvió la mirada, un leve gesto amargo salió de su cara, un gesto sumamente roto y destrozado, porque tristemente para Arthur las cosas nunca tenían aquel final de hadas que deseaba, aquella vida feliz, un trascurso fácil y placentero, desde que nació su vida era dura, difícil e injusta, quería al menos creer aquella vez que podría hacer algo al respecto, por eso se fue directo a un vuelo para lo Estados Unidos, porque Arthur siempre creía…que algún día como sus hadas le decían, la vida le sonreiría y sería por fin feliz.
El viaje se le hizo eterno. El mensaje había llegado a todo el mundo. Todo el mundo incluyendo su país. La desesperación comenzó a inundar su cuerpo ¿Ese avión no podía ir un poco más rápido?
Su pecho dolía, demasiado como para poder soportarlo. Trató de controlar su angustia pensando que llegaría a tiempo. Que no estaba perdido como siempre le sucedía…como todo lo que él ama se pierde. Alfred se había convertido en aquella persona importante para él. Había sacrificado mucho para protegerlo, mentirle, hasta tratar y lograr conseguir su odio por unos momentos. Quería verlo y restregarle en la cara que NO lo odiaba, ¡que no lo había conseguido el muy imbécil!
Se bajo del avión aterrizando en un lugar… extraño, desconocido. A pesar de que había estado tantas veces en aquel lugar ya simplemente no era el mismo. Allí ya no había nada, allí ya no existía Alfred.
Y fue en ese preciso momento que todo el mundo del británico se empezó a venir abajo, fue allí cuando lo poco y nada de corazón que le quedaba se rompía a pedazos.
Sabes Arthur…
Siempre estuve observándote.
Durante mucho, mucho tiempo.
Te veía cada vez que dabas un paso cercano adonde yo estuviera.
Cada vez que sonreías ante pequeñas cosas
También las veces en que me mirabas,
Agachabas la cabeza y te ibas.
Nunca podré olvidar aquellos momentos
Aquellas pequeñas felicidades que me brindabas con tan sólo tu presencia
Y adivina, siempre estuve esperando…
Y Arthur llegó hasta el lugar y lo vio, a Alfred allí parado mientras se volteaba suavemente y dedicaba una pequeña sonrisa.
—No creía que vendrías Iggy…—sonrió—Vete a tú país, eres libre, libre al fin…
Inglaterra se llevó una de sus manos a la boca mientras sus ojos comenzaban a cristalizarse.
—¿Q-Qué has hecho? —le pregunta con su voz rota. Completamente destrozada.
—¿No lo ves, Arthur? —Abrió sus brazos—Por fin pude salvar algo…por…fin pude proteger algo. A ti mi amado Arthur…ya no…no me siento tal inútil como siempre. Porque al final de cuentas, de tanto intentarlo pude protegerte, luché hasta el final. —sonrió, con la sonrisa más hermosa que alguna vez viera aquel inglés.
El anglosajón sintió que el corazón le daba un vuelco no pudiendo soportarlo más.
—¿No es sorprendente? —rió con dulzura mientras poco a poco moría todo de él, incluso su sonrisa.
Arthur asintió—Claro eres genial... —casi gimió para llegar hasta él.
Alfred volteó levemente su cabeza abriendo sus ojos —Hahahaha…Es una de las primeras veces que tú me dices que soy genial. ¡Estoy tan feliz Inglaterra!
Que al final de cuentas, de tanto esperar...
De tanto esperar a que tú me amaras
Tuviéramos aquel momento mágico.
Un encuentro casual.
En el cual nos confesaríamos entre pequeñas palabras.
Nuestro amor sería correspondido por ambos…y yo…
Y yo sería tan feliz.
Te aferraría en mis brazos y te susurraría "I love you"
Así comenzaría nuestra historia.
América se dejo caer a los brazos del mayor ya no pudiendo soportar su peso. El británico lo tomó entre sus brazos con fuerza sollozando levemente. Alfred estaba…sencillamente muriendo.
—¿Qué suce-de… Inglaterra? —preguntó con una pequeña risa el menor—¿Por qu-é has venido?...tú me odias…—le miró riendo un poco tratando de hallar una respuesta, Arthur quebraba en llanto mientras trataba de siquiera devolverle una sonrisa a Alfred, pero no podía, ni siquiera eso podía hacer por él—Siento que ya no puedo…moverme….¿Ingla-terra?
Una risa opaca y tremendamente dolorosa esbozó el americano con las pocas fuerzas que le quedaban —Después de esta guerra… quería pedirte matrimonio Iggy…pero pensé que estarías muy mo-lesto conmigo, ¿qué tal aho-ra?…
Volvió a sonreír mientras el cuerpo del inglés se aferraba dolorosamente al suyo—Arthur kirkland ¿Aceptarías…
—Cállate…—gritó con dolor llorando más.
—…cazarte conmigo?
—A-Alfred…—habló con la voz rota entrecerrando sus ojos jades y esbozando una dolorosa sonrisa— ¿Te cuento algo vergonzoso? —desvió el tema, no quería sufrir más.
El menor no respondió, pero movió su cabeza un poco asintiendo.
—Siempre me pregunte por qué me había enamorado de ti, y en la juntas ¿lo recuerdas? —le tomó la mano con delicadeza cerrando sus dedos con los de él.
—Lo…lo recuerdo…—sonrío observando al inglés perdiendo cada vez más el brillo en sus ojos. Si Arthur era lo último que vería…no tendría de que quejarse.
—Siempre quise tenerte a mi lado, que tú me llegarás a querer. Créeme idiota—subió un poco su tono.
Ambos rieron, por un momento, por un pequeño momento pareciera, que ambos eran felices. No necesitaban de nada más, no querían nada más. Inglaterra sólo deseaba que estuviera allí, a su lado por siempre. Que dijera e hiciera estupideces, que comiera helado todo el día cuando hacia calor, ¿Lo seguirás haciendo verdad Alfred? ¿Dime que sí? ¿Alfred?...¡Alfred!
—Eres mi verdadero héroe Alfred…por siempre—le tomó la mano y esbozó una sonrisa mientras lágrimas caían de su rostro.
—Es-toy feliz…quería que vinieras…que-ría verte una vez más…Arthur…gracias…por todo. Fue realmente maravilloso…, realmente hermoso…haberte conocido…—sonrió dulcemente cerrando sus ojos.
—¡Iggy, bye bye! —
Fue cuando ya no sintió peso sobre sus piernas, fue cuando ya nadie le sonreía, fue cuando él desapareció.
[Simplemente había desaparecido. Ya no quedaba nada en aquella zona de tierra. Porque cuando llegaron los británicos a ver todo estaba destruido, la desastrosa guerra pareciera haber acabado con todo. Rusia al igual que Estados Unidos también quedó destruida.]
Y así, finalmente nos casaríamos
Y seríamos muy, muy felices.
Pasaría el tiempo, tendríamos nuestra casa
Me da igual si es grande o pequeña con tal de estar contigo
Luego, tendríamos un pequeño angelito.
¿Qué te parece un hijo Iggy?
¿Hombre o mujer?
Como me hubiera gustado…
Alcanzado a hacer todo eso contigo mi amor.
No sabía donde estaba, todo era confuso. Alfred, Alfred…Alfred,
Arthur movió rápidamente su cabeza hacia todos los lados mientras de su garganta quería salir a modo ahogado el nombre del norteamericano
Y lo vio.
Y sonrió, entre lágrimas Inglaterra sonrió. Allí estaba Alfred. Esperándolo con esa sonrisa media en su rostro extendiendo sutilmente su mano. Corrió levemente, sintió que su cuerpo estaba débil ya que casi se tropezaba tratando de llegar pero lo consiguió. Mañana se casarían y todo sería perfecto…
Se dejo caer entre sus brazos. ¡Era tan feliz! ¡Tan tan feliz!
—No llores Inglaterra. Recuerda que tú para mí siempre serás el mejor del mundo —le sonrió para tomarle el rostro con sutileza.
Arthur no lloraba, Alfred estaba allí. Era feliz…—Promételo….esta vez, tú y yo… por siempre juntos…
—Con que "por siempre" ¿he? —río un poco mientras miraba dulcemente el menor—¡Eso sería realmente genial!
Arthur golpeó un poco el brazo del estadounidense sacándole un leve quejido.
—¿A qué ha venido eso? —se quejó juntando sus labios como un niño pequeño.
—¿Por qué dices "sería"?
El americano dejo de sonreír y guardó silencio por unos momentos. Un triste, e inaguantable silencio. —I love you—sonrió levemente el americano aferrando a Inglaterra en sus brazos.
El mayor se acurrucó y sonrió ya olvidando su pregunta, pero él en el fondo, no quería una respuesta porque esta en realidad era…
—Me...too—respondió con una sonrisa entrecerrando los ojos.
—I love you—volvió a repetir.
—Me too
—I love you…
—Me too
—I…lo-ve…you—la voz cada vez parecía más lejana.
Inglaterra seguía sonriendo mientras de sus ojos brotaban cristalinas lágrimas. Había abierto los ojos.
—Me too…me too…me too…me too...me too… —repitió una y otra vez con voz quebrada a pesar de que ya nadie le respondía, nadie le acompañaba.
Estaba parado sobre ruinas sujetando con fuerza la chaqueta de Alfred, porque no había más nada, lo que había pasado hace tan sólo segundos atrás era su mente tratando de estabilizarse, quería ser feliz por unos minutos, aunque fuera una mentira, aunque fuera sólo un sueño quería serlo.
Ese día, Inglaterra repitió y repitió hasta el amanecer "me too" esperando, vana e incluso ingenuamente que ese alguien especial al que anhelaba ver y escuchar le respondiera, pero eso nunca paso, por mucho que rogó y pidió que fuera mentira, nada paso.
Fui feliz.
Por haberte conocido yo fui feliz.
Amaba cuando sonreías.
Odiaba cuando llorabas.
No me arrepiento de nada,
A pesar de que ya no pueda verte,
A pesar de que he dejado de existir,
No me arrepiento.
Porque para mí Inglaterra eras simplemente…
Más importante que mi vida.
Alfred F. Jones.
Día de su muerte, 24 de enero.
Próximo capitulo: Olvidando
Murió Alfred y Rusia… sí, hafff ;_;, sólo les puedo decir…!hasta el próximo capitulo amados/as lectores/as! ;O;, no sé cuando sea ya que a este fic no le tengo mucho amor, pero si a ustedes les gusta avísenme.
Ahora actualizaré "Coming Out Day" creo...y voten en mi perfil por mis nuevos proyectos (?)
